Capítulo 39; Mejorando...
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Finn Hudson… Aquel pequeño niño, que conocí a la edad de 14 años… Aquel que vi con su madre-no-tan-madre. Aquel que tenía varios moretones y heridas… Aquel chico, que sabía era maltratado, y sin embargo no hice nada hasta mucho tiempo después… Aquel chico al que decepcioné cuando los problemas regresaron. Aquel chico al que dejé huir. Aquel al que ya había olvidado…
Pero él no nos olvido.Y en aquel momento se encontraba en casa, en su casa, sentado frente a un Kurt recientemente operado y salvado por él. Bebiendo leche con chocolate como si tuviera 10 años, y sonriendo con orgullo y felicidad…
Al igual que todos…
¿Como agradecerle tanto a aquel chico? ¿Como, luego de tantas cosas, no comenzar a sospechar que aquel chico era un ángel del cielo? ¿Como saber que no me fue enviado por algún dios divino que escuchó mis súplicas cuando todo parecía perdido?
Y me era totalmente imposible no creerlo. Finn Hudson, era un ángel… Era nuestro pequeño guarda, y había regresado para salvar a Kurt.
La operación fue un éxito. Kurt había logrado recuperarse al 100%, algo que parecía imposible, en un caso que parecía perdido. Y por eso mismo los doctores lo llamaron "un milagro". Sabía que no lo era. Sabía que probablemente solo había sido una suerte que el cuerpo de Kurt haya reaccionado bien al trasplante, y que los medicamentos hubieran comenzado a dar resultados positivos. Pero, era genial pensar que había sido un milagro. Que era un caso extraño de recuperación. Pensar que algo o alguien había decidido darle más tiempo. Me gustaba pensar así.
Y ahora mismo Kurt sigue recuperándose. Luego de las estrictas dietas para combatir su enfermedad, debía comenzar a comer como una persona sana. Y eso le costaba. Pasó de desayunar tres bocados de huevos revueltos, a una pila enorme de hotcakes, dos porciones de tocino, huevos, un vaso de leche y otro de jugo.
A Finn le gustaba decir que como él fue el donante, también se encontraba en rehabilitación por la cirugía, y que debía comer lo mismo que Kurt (o el doble de comida, ya que era mayor). Y yo no podía negarselo. No podía decirle "no" a Finn, a nada de lo que quisiera (excepto tal vez fumar… ¡O inyectarse!).
En este mismo momento, el ver a Kurt sentado en la mesa desayunando era un deleite. A pesar de que el castaño apenas había terminado uno de sus hotcakes y rogaba por no comer más, nada podría hacer que me sintiera más feliz en todo el mundo.
-Blaine, porfiiiiiiiiiiiiiis, ya no quieeeeerooooo… -Decía él, con voz lastimosa mal actuada. Sonreí, sin poder contenerme.
-Kurt, tú mismo escuchaste al médico, debes comer bien y recuperar todo el peso que perdiste el tiempo que estuviste enfermo… y esos son 16 kilos… -Le dije, volviendo la vista al periódico, fingiendo desinterés, cuando en realidad estaba atento a cada movimiento.
-Pero, puedo recuperarlos de a poco… Porfis, ya comi taaaantoooo…
-No comiste nada… Además, ¿Qué haremos con toda la comida? No podemos desperdiciarla -Dijo Nick, y yo asentí a sus palabras.
-Podemos dársela a Finn, el es como el perro de la casa, se come todas las sobras… ¡Y ni siquiera le importa! -Dijo él, al parecer el mismo se encontraba sorprendido con lo último. Reí con ganas, como hacía tiempo no lo hacía.
-¡Oye! -Dijo él ofendido -Yo no soy ningún perro…
-¿Seguro? Porque ayer mordiste mis zapatos -Dijo Jeff casualmente. En ese momento todas las miradas se posaron en el castaño más grande.
-Finn… ¿Que?... ¿Por qué mordiste sus zapatos? -Preguntó Nick.
-¡No fue aproposito! Estaba… yo era sonámbulo y… Me los comí por accidente… -Dijo él. Todos nos quedamos mirándolo fijamente, sorprendidos, excepto Kurt que se echó a reír, deleitándome con aquel hermoso sonido. Esta vez las miradas se dirigieron a él.
-Lo mejor fue cuando lo atrapamos… Finn no sabía qué hacer -Mencionó una vez que se calmo, pero esta vez todos los demás comenzamos reir. Incluso Finn.
-Okey, bueno, si me comí tus zapatos, pero no soy un perro… Aunque si quieres puedo comerme eso -Dijo Finn, tomando el plato de Kurt. Pero yo le di un pequeño golpecito en la mano.
-No Finn, Kurt debe comerlo todo -Le dije, y luego miré al ojiazul -¿Entendido?
-... Si termino vomitando será tu culpa… -Concluyó él, tomando su tenedor y atacando furiosamente los huevos. Sonreí con victoria, y con amor, y no separé mi vista del pequeño castaño en lo que sobró del desayuno.
-Estoy muy feliz de que estés bien -Le dije a Kurt. Ambos nos encontrábamos abrazados en el sofá, viendo una película. Y dios, me sentía tan… en paz. Su cuerpo, a pesar de ser más pequeño y delgado, seguía transmitiéndome aquella calidez de siempre. Lo mantenía firmemente abrazado, su cabeza descansaba en mi pecho, sentado en mis pernas. Acariciaba su cabello al igual que siempre lo hacía.
-También yo -Admitió Kurt. Separó su vista de la pantalla y me miró directo a los ojos -Creí que era el final… Así parecía…
-Así parecía -Estuve de acuerdo, ¿Para que mentirle? No me creería de todas formas.
-¿Me hubieras extrañado? -Me preguntó. Alce las cejas ante esto, sorprendido de lo que acababa de decir.
-Kurt… -Suspiré pesadamente antes de responderle -No solo te hubiera extrañado… -Le dije -Yo me habría ido contigo -Le aseguré. Él se sorprendió, lo noté por el leve cambio de expresión en su mirada. Casi indescifrable, pero claro, era Kurt, y yo era Blaine, y lo conocía mejor que nadie.
Kurt abrió levemente la boca para responderme, pero nada salió de entre sus labios. En lugar de eso, se quedó callado y centró toda su atención en la T.V. Yo hice lo mismo, me concentré en la película. Todo iba bien, cuando de repente el castaño se levantó de un salto y apago el televisor.
-¡Oye! ¡Estaba en la mejor parte! -Me quejé, aunque en realidad me encontraba intrigado por saber que estaba planeando.
-Vámonos -Dijo él, plantandose frente a mi. Yo lo miré, aún sentado en el sofá, y fruncí un poco el ceño.
-¿A donde? -Pregunté. Él se encogió levemente de hombros, sonriendome de forma hermosa, que ya no recordaba.
-No lo sé, a algún sitio que tu decidas… -Respondió.
-¿Para qué? Yo estoy muy cómodo aquí -Me queje.
-¡Para aprovechar la vida Blaine! -Me dijo él. Sentí un leve escalofrío con sus palabras, pero eso no fue todo, ya que continuó hablando -Como sobreviviente estoy decidido a no pasar el resto de mi vida sentado en un sofá viendo la misma película todos los días. Y ya que no sé cuánto tiempo significa "el resto de mis días" hay que empezar ahora -Dijo con entusiasmo. Yo lo miré, sorprendido y admirado. Me sentía orgulloso, al igual que siempre. Orgulloso de él, de su fortaleza y su valentía para afrontar sus problemas, y de cómo lograba recuperarse siempre, y más aún, como todas esas experiencias solo lograban animarlo y alentarlo a seguir viviendo. Hoy en día, Kurt se sentía más fuerte y vivo que nunca. Y eso solo lograba enamorarme aún más.
-Te amo -Le solté de repente. Él se desconcertó un poco, frunció el ceño levemente y sin embargo me sonrió aún más que antes.
-También yo -Respondió simplemente.
-No, en serio, te amo -Afirmé -Tú eres tan… Dios, eres… Te amo -Repetí por tercera vez.
Kurt me miró fijo un momento, sus ojos me transmitían mucha calma, al igual que antes. Brillaban con pureza, con inocencia robada, y con amor. No hizo falta que me levantara, ya que el castaño se acercó y se arrodilló en el sofá frente a mi cuerpo, sentándose sobre mi. Sus piernas se encontraban rodeando las mías. Y automáticamente nuestros labios se unieron como hace mucho no lo hacían. Pasional y desesperadamente. Había pasado tanto tiempo desde la última vez… Y durante un tiempo pensé que jamás podríamos volver a compartir un momento así. Pero aquí estábamos, ambos, solos, besandonos, finalmente reencontrandonos.
Y sin embargo me separé de él -No Kurt, tú estás aún débil y… -No pude terminar. Sus labios estaban nuevamente sobre los míos -Kurt… -Luché una vez más por separar nuestras bocas pero era inútil. Traté de resistirme un poco más, pero no tardó mucho hasta que finalmente me rendí ante las sensaciones que comenzaban a crecer en mi. Lo tomé por la parte de atrás de su cabeza, enredando mis dedos en su cabello, y atrayendolo mas a mi, a mis labios, y a mi cuerpo.
No pasó más de un minuto cuando mis manos se encontraron con el borde de su camiseta. Comencé a levantarla lentamente, mientras que con mis manos recorría la suave piel. Me encantaba, me enloquecía aquella piel de porcelana, y más aún el saber que yo era y sería el único en tocarla. Su piel, su cuerpo era mío.
Ese último pensamiento me hizo sentir una leve electricidad, que recorrió mi espalda, y llegó directo hasta mi miembro. Tomé la camiseta y terminé de quitarsela, separandome un momento para observar aquella hermosa pieza de arte que se encontraba frente a mis ojos, antes de volver a besarlo. Joder… era simplemente perfecto…
Entonces sentí sus manos en mi camisa, y sus dedos comenzaron a abrir los botones, uno por uno, con una lentitud y una paciencia que se me hacía casi insoportable. No podía simplemente esperar, por lo que tomé su cinturón y lo desabroché torpemente. Mis labios nunca dejaron los suyos, por lo que noté su sonrisa.
Él estaba ganando, lo sabía. Y sin embargo, no pude detenerme. Una vez que me encargué del maldito cinturón, comencé a abrir el cierre de sus jeans, y hasta ese simple ruido logró excitarme.
-Blaine… -Escuché un suave gemido justo en mi oído. El suave aliento de Kurt me causó un leve escalofrío. Me separé un poco solo para observar su expresión. El castaño tenía sus ojos cerrados, y su rostro reflejaba placer. No había notado que sus manos se habían detenido, exactamente sobre el último botón de mi camisa.
Por un momento me extrañé, preguntándome que le había causado tanto placer. Y entonces, me encontré a mi mismo frotando mi erección sobre su dulce, dulce trasero. Al parecer comencé a hacerlo de manera inconsciente, aunque la verdad no me sorprende. Esta vez fue mi turno de sonreír. Tome con firmeza sus caderas, sorprendiéndome un poco. Al estar más delgado, podía sentir sus huesos más definidos que antes.
No dejaba de ser hermoso, sin embargo.
Continué frotandome en él, hasta que escuché un gruñido por parte del ojiazul. Y me puse aún más duro (si es que eso era posible). El tomó mi camisa y finalmente terminó de abrirla, comenzando a acariciarme casi desesperadamente. Sus manos recorrían mi espalda, bajando hasta mi espalda baja, y subiendo, al tiempo que marcaba sus uñas en mi suave piel.
Pero si íbamos a hacerlo, lo haríamos con suavidad y con amor.
Ya luego habría tiempo para disfrutar de nuevas experiencias, pero por ahora el castaño aún se encontraba recuperándose. Débil, tratando de recuperar sus fuerzas.
Así que aferrandome aún más a su cintura, me levanté. Automáticamente, Kurt envolvió sus piernas en mi cintura, soltando un pequeño ruido de sorpresa. Separó su rostro, que hasta el momento se encontraba oculto, muy cerca de mi oído, y en su lugar me miró, como queriendo averiguar que iba a hacer. Pero no duró un segundo antes de que aproveché la oportunidad para volver a besarlo.
Me dirigí a las escaleras prácticamente a ciegas. Una vez que mi pie chocó con el primer escalón, comencé a subir muy lentamente, asegurándome de no tropezar. En ningún momento sus labios abandonaron los míos, y para cuando llegué a la habitación Kurt ya se encontraba besando mi cuello, mordiendo y succionando, de seguro dejando grandes marcas rojas, y calmando el leve ardor con su lengua.
Lo amaba, dios, lo amaba tanto…
Llegué hasta la cama, y me acosté suavemente, dejando a Kurt sobre mi. El castaño se encontraba aún muy entretenido con mi cuello, excitandome con cada mordisco que daba, cada vez que su caliente lengua hacía contacto con alguna parte de mi piel fría, dejando un rastro húmedo y deliciosamente refrescante, comparado con el fuego ardiente que sentía en todo mi cuerpo. Jugueteo un rato con mi nuez de Adán, hasta que al fin se digno a seguir un poco más abajo. Descendió hasta llegar a mi pecho, y se inclinó a la derecha hasta atrapar mi pezón.
No pude evitar soltar un gemido, que a mis propios oídos era casi desesperado. Supe que estaba riendo, a pesar de no poder verlo. Siguió con esos tortuosos movimientos de su lengua sobre mi pezón, hasta que de repente, atrapó mi bolita de carne entre sus dientes. Grité de placer, pero no se detuvo allí. Él comenzó a succionar, casi insaciablemente. Sostuve con fuerza su cintura, sabiendo (y deseando) que probablemente mis dedos quedarían marcados en su cintura.
Suavidad y amor, me repetí.
Afloje mi agarre, y sostuve con fuerza las sábanas debajo de mi. Kut le dió un último beso tierno a mi pezón y continuó dando pequeños besitos por mi vientre, luego a un lado de mi ombligo, y siguió descendiendo hasta toparse con el elástico de mis boxers. Tomó mi pantalón, y lo quitó del camino con tanta velocidad, que ni siquiera me di cuenta de que ya no lo llevaba puesto, sino hasta que sentí sus labios besando mi pierna, abajo de la tela de mi ropa interior. Se encontraba arqueado sobre mi, por lo que podía distinguir a la perfección su columna vertebral sobresaliente. Casi parecía que en cualquier momento atravesaría su piel. Pero entonces, sentí sus labios en mis muslos y cerré los ojos.
Mierda, se sentía bien… muy bien… Kurt… también quería hacerlo sentir bien… muy bien…
No lograba pensar con mucha lógica, debido al placer. Sin embargo ese último pensamiento me hizo abrir los ojos, y dar vuelta nuestros cuerpos repentinamente. A Kurt no le gusto. Él quería controlar la situación, pero yo quería exactamente lo mismo. Tuve que sostener sus manos firmemente alrededor de su cabeza. Y comencé a besarlo… De forma suave y dulce, pero al mismo tiempo pasional. Besé todo su cuerpo, desde el cuello hasta su cintura. Me encargué de quitarle el pantalón, pero también su ropa interior.
Besé sus muslos internos, acercándome cada vez más a su miembro. Continué con mi trabajo, hasta que me encontré con su base. Mis labios se dirigieron inmediatamente a esa parte de su cuerpo, pero él se removió incómodo, y me obligó a separarme de él. Tomó mi rostro entre sus manos suavemente, y me atrajo de nuevo hasta sus labios.
-No me gusta… -Dijo él, besándome nuevamente.
Recordé el pasado de Kurt. Él me contó que lo obligaban a masturbar a los amigos de su padre con su boca. Obviamente no con esas palabras, pero eso era lo que le hacían hacer. Tal vez también era un mal recuerdo para él verme hacer lo mismo. No me molestaba, podía vivir con eso.
Sentí sus manos en mi ropa interior, y de un momento a otro me despojó de ella. Ahora ambos nos encontrábamos totalmentes desnudos. Por primera vez, contaba con un pequeño frasco de lubricante guardado en el cajón de mi mesa de noche. Me estiré, y revolví todo lo que se hallaba dentro, hasta encontrar el frasquito. Lo abrí, y empapé uno de mis dedos. Con mi rodilla separé sus piernas, e introduje un dedo en su entrada. Él gruñó un poco. Sin duda su cuerpo estaba desacostumbrado, habían pasado meses desde que no hacíamos el amor. Sin embargo, poco a poco su cuerpo se acostumbró, y comenzó a relajarse.
Con mi dedo entraba y salía de él lentamente, y una vez que lo consideré oportuno, introduje un segundo dedo. Ésta vez un gemido de placer escapó de sus labios, y tuve que resistir el impulso de olvidar todo el asunto del lubricante e introducirme en él.
Suavidad y Amor.
Comencé a hacer movimientos de tijera, y entonces un tercer dedo se hizo espacio. Luego de unos minutos, Kurt comenzó a suplicar por mi. Sonreí victorioso, porque ahora era yo quien estaba ganando.
-P-por favor... ¡Blaine!... -Suplicaba él, retorciéndose de placer, arqueando su espalda, tratando de que mis dedos llegaran más profundo.
-¿Por favor que… Kurt? -Pregunté, inclinandome y quedando a escasos centímetros de su rostro. Su agitado aliento chocaba con el mío. Mientras que el castaño trataba de alcanzar mis labios, yo aún esperaba la respuesta -¿Que necesitas… Kurt? -Le dije con voz grave, y lo más sensual posible.
-A … a ti… -Dijo él. Comencé a embestirlo con mis dedos, haciéndolo gemir como hace mucho no lo hacía.
-¿A mi…? Estoy… justo… aquí… -Dije, acercandome más con cada palabra.
-No… -Negó él, sus ojos cerrados, y su rostro reflejando placer -Yo… te necesito… en mi…
-Se más específico -Le exigí, besándolo suavemente, y volviendo a alejarme.
-A ti… -Dijo de forma casi incoherente -A ti… en… mi… dentro de mi -Trataba de explicarme.
Dios estaba tan excitado. Decidí acabar con su sufrimiento, y una vez que me aseguré de que mi miembro estuviera bien lubricado, me alinee con su entrada.
-Kurty… bebé… -Traté de llamar su atención, cuando me dí cuenta de que no lo había penetrado hace mucho. Su cuerpo estaba desacostumbrado, y probablemente le dolería. Decidí que entraría de una sola vez, por lo que lo primero que se me ocurrió hacer fue distraerlo.
-Kurty… te amo -Le dije dulcemente. Él abrió los ojos, me miró con un brillo especial, y me sonrió.
-Yo también te amo -Dijo él.
-¿Como dices?
-Dije que te a..¡Ahhhh! -Un grito de dolor escapó desde su garganta cuando me enterré en el de una sola embestida.
-Te amo -Complete yo, besándolo nuevamente. Tardó más de lo que recordaba en acostumbrarse. Al menos unos 8 minutos, cuando sentí que su cuerpo comenzaba a relajarse. Salí casi por completo de él, para volver a entrar lentamente. Aún se encontraba medianamente tenso, pero con la 3ra embestida soltó un gemido de placer.
Seguí haciéndolo suavemente, aunque cada vez con un poco más de fuerza e intensidad. Ambos gemiamos ahora, y fue el momento de dejar de lado la amabilidad, y me dejé llevar por el placer. Lo extrañaba. A él, a su cuerpo, sus caricias, sus labios… La forma en que su cuerpo parecía encajar perfectamente con el mío…
Así continuamos, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, ambos gritabamos de placer, diciendo el nombre del otro, y otras cosas incoherentes. Le dije que lo amaba una y otra vez, mientras él me repetía lo mismo.
-Kurt...t-te...te… -Y no pude continuar, llegué al climax con un grito de placer. Al mismo tiempo, Kurt también llegó, gritando al igual que yo… Me desplome. Caí sin fuerzas sobre su cuerpo. Ambos respirabamos con dificultad, irregularmente. Había pasado tanto tiempo desde nuestra última vez…
Y no sentía otra cosa más que amor, felicidad y placer… Pero sobre todo amor. Un amor tan grande y desbordante, que se apoderaba de mi cuerpo, y era casi angustiante el tenerlo guardado. Lo único que quería hacer era besarlo, abrazarlo, susurrarle palabras de amor hasta que se quedara dormido.
Di media vuelta, y dejé que Kurt descansara sobre mi pecho. Él me abrazó, hundiendo su rostro en mi,suspirando felizmente al tiempo que enredaba sus piernas con las mías.
-Te amo… -Le dije suavemente.
-Yo más -Respondió.
-Yo más…
-Yo más…
Ambos continuamos con lo mismo, hasta quedarnos dormidos.
Hola Klainers!
Aquí yo nuevamente! Les vengo a dejar este pequeño capítulo y ¡Yeeeey! ¡Klaine (and Klexx O.O) Its comebaaaack!
Espero hayan disfrutado leyendo esto casi tanto como yo disfrute escribiendolo (Eso me hizo sonar como una pervertida, right?)
Klisseeeeesssss!
