Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.
Capítulo 12: Annabeth XII
Ocho días después del incendio, Annabeth, Percy, Grover, Rachel y Quirón estaban sentados alrededor de la habitación quemada. El olor a humo aun persistía y el hollín cubría las paredes. Annabeth gruño a la vez que rodaba sobre su espalda, sosteniendo un libro encima de su cara, leyendo atentamente. De repente, se sentó.
-Creo que tengo algo.
Los otros cuatro dejaron lo que estaban haciendo y volvieron su atension a la bruja.
Annabeth comenzó a leer:
"El año era 1605 y las Fae habían instituido la Gran Purga. Las brujas era demasiadas, tomando resistencia en los continentes de todo el mundo. más que en cualquier momento de la historia, no había balance y debía ser restaurado. La tarea recayó en las Fae, que eran los más poderosos de los sobrenaturales. Hera, el Hada Superior, decreto la guerra contra todas las brujas. Envió a su gente con la orden de que debían quedar solo cuatro brujas en cada continente. Lo que las Fae no esperaban era que las brujas contraatacaran. Siempre se había aceptado que el balance debía permanecer y cuando demasiado mal lleno el mundo, este debía ser purgado.
Las Faes están inmersas de magia. Sus mismos seres son mágicos. Las brujas, sin embargo, conjuraban magia. Es antinatural y solo logrado a expensas de la sangre de otro. Y así, la Gran Purga fue una masacre. Las Faes eliminaron a las brujas en cuestión de días, con un gran costo para ellos mismo. El mundo sobrenatural contuvo la respiración mientras esperaban por las repercusiones del balance una vez más siendo desequilibrado.
Los días pasaron y nada sucedió. Hera se reunió con los Alfas de las manadas, buscando problemas que podrían haber ocurrido como resultado de la purga. Nada. Se decidió en la reunión de los Alfas que la única explicación era que el mal no había sido erradicado. Una bruja, de alguna manera, en alguna parte, había sobrevivido."
Annabeth se sentó y miro fijamente el libro mientras continuaba ojeando.
-¿Hay algo más?- pregunto Rachel.
Annabeth negó.
-Este es el fin de este volumen- cerro el libro y miro el tomo. Volumen III, leyó- necesito el Volumen IV.
Todos empezaron a buscar a través de los libros en el suelo y los estantes.
-Lo tengo- anuncio Grover un minuto después. Le entrego un tomo pesado a Annabeth.
Ella lo abrió y lo empezó a ojear. Todos esperaron. Finalmente lo cerró.
-¡Nada! Ningún nombre, solo menciones de una bruja desconocida dejando su marca a lo largo del mundo.
-¿Cuál era su marca?- pregunto Percy a su compañera.
-Muertes sobrenaturales. Y no creas que no estoy notando que hay un montón de "sobrenaturales" allá afuera que no te molestaste en mencionar, hombre lobo- Annabeth lo fulmino con la mirada.
Percy levanto las manos en rendición.
-Si recuerdo correctamente, Luna, me dijiste que querías seguir solo con los hombres lobo.
Annabeth gruño.
-¿Y desde cuando me das lo que quiero?
Percy se rio entre dientes.
-Estoy aprendiendo.
Ella puso los ojos en blanco y continuo escudriñando a través de libros y papeles.
Por varias horas continuaron buscando información de la bruja. Cada tanto, uno de ellos encontraría algo y lo leería en voz alta al grupo y luego seguirían en silencio. La noche había caído cuando Annabeth decidió que ya no podía ignorar su estómago dolorido.
-Me muero de hambre. ¿Alguien más está listo para comer?
-Estoy contigo- dijo Rachel en tanto se ponía de pie desde su lugar en el suelo. Estiro los brazos por encima de su cabeza y dejo escapar un sonoro bostezo.
Los otros murmurón su aceptación y todos se dirigieron de regreso a la superficie de la mansión.
-Entonces, Quirón, ¿no recuerdas el nombre de la bruja que sobrevivió a la purga?- Annabeth hablaba entre cucharadas de sopa caliente que ella y Rachel habían preparado.
-Siento que debería recordarlo, pero simplemente no hay nada- su voz salió gruesa con frustración. Había estado tratando de llenar los espacios en blanco de su mente desde el día que los otros llegaron, pero nada ayudo.
Annabeth sacudió la cabeza y gruño.
-Lo juro, si llego a poner mis manos en esa malvada bruja, voy a abofe-bruja-tearla.
Rachel resoplo ante el cambio de la frase de Annabeth, casi sorbiendo su bebida por la nariz.
-Buena esa- le sonrió a Annabeth.
Annabeth le guiño un ojo.
-Fue débil, pero lo estoy intentando- miro a Percy- ¿tu padre escucho algo de los demás?
-No. Cuando hable más temprano con él dijo que las cosas han estado en calma. Aunque, dijo que de vez en cuando has estado sintiendo algo de dolor filtrándose a través del vínculo de la manada hacia él. Cree que tiene algo que ver con Lucas y Thals. Algo ha sucedido, pero no hay nada que pueda hacer. No lo dijo, pero puedo decir que está inquieto de no ser capaz de tomar medidas. Su lobo esta agitado con la manada tan dividida.
-Bueno, voy a volver a hacer algo que investigación antes de llamarlo esta noche- anuncio Annabeth mientras terminaba su comida.
-Luna, creo que necesitas descansar. Hemos estado viendo un libro tras otro. Tienes que tomarte un descanso.
-Me tomare un descanso cuando encuentre el nombre de la bruja- le gruño, lo cual no le gusto a ella parada nada. Irritable, si… gruñona, para nada.
Cuando Percy se puso de pie y le gruño, acercándose, ella dio varios pasos hacia atrás.
-No- le susurro ella- no empujes esa mierda Alfa sobre mí, Percy. No ahora.
Percy puso escuchar el dolor en la voz de ella. El tomo por la mano, y sin mirar a los otros, dijo:
-Vamos a volver a esos documentos- el mensaje implícito para todos los demás fue descansar y dejar al príncipe y su compañera solos.
Percy camino enérgicamente hacia los archivos, sin mirar detrás de él mientras estrechaba la mano de Annabeth, llevándola junto a él. Cuando alcanzaron finalmente la habitación en la que habían pasado los últimos ocho días, se volvió abruptamente y presiono a Annabeth contra la pared. Ella soltó un agudo jadeo ante su repentino movimiento. Su respiración se aceleró cuando Percy continuo presionándola hacia adelante, sus cuerpos tocándose desde la punta de los pies al pecho.
-¿Por qué me cuestionas, Luna? Es mi trabajo cuidar de ti- la voz de Percy era baja a medida que le hablaba directamente en el oído. Sus labios rozaron la piel sensible con cada movimiento. Annabeth cerró los ojos contra la sensación.
-Soy una mujer adulta, Percy. Puedo decidir cuándo necesito dormir- gruño a través de sus dientes apretados, se resistió contra el deseo que empezó a estallar cuando su compañero puso una mano en la parte baja de su espalda y la acerco un poco más. Su otra mano fue a su barbilla, levantando su rostro hacia él. La miro fijamente a los ojos y ella observo como los suyos brillaban más y más de color verde.
-Percy- nombre pronunciados de sus labios sono a suplica.
Él se agacho y presiono sus labios en los de ella. No respondió inmediatamente y él le gruño suavemente. Annabeth respondió a esto pasándole las manos por el cabello a la vez que profundizaba el beso. Cuando Percy le soltó la barbilla y puso su mano sobre la cadera de ella, debajo de su camiseta, su calidez la sorprendió y gimió dentro de su boca. Percy se retiró abruptamente, su propia respiración trabajosa.
-Déjame amarte, Luna- susurro Percy a la vez que empezaba a depositar suaves besos por todo su rostro, cuello y clavícula. Annabeth gruño y trato de sacudirse la niebla inducida por la lujuria.
-Deja de intentar distraerme, no funcionara- murmuro entre medio de respiraciones cortas.
-A mí me parece que está funcionando- Percy se rio mientras ella se presionaba contra él.
Su risita irrumpió en su estado brumoso cuando ella lo empujo lejos.
-¡Grrrr! ¡Percy! no dejare que intentes llevarme a la cama seduciéndome.
-¿Por qué no? Necesitas descansar y yo te necesito. Ganamos los dos- Percy se agacho, intentado volver a besarla, solo para encontrarse con la mano de ella.
-Escúchame, Don Juan- Annabeth le clavo el dedo en su pecho, puntualizando sus palabras- si crees que estas necesitado ahora, solo mantén esta mierda de Alfa y seducción adelante. Veremos cuan necesitado puedo ponerte.
Percy dio un paso hacia atrás, enderezándose la camiseta, y pasándose las manos por el cabello. Luego de arreglarse, le sonrió.
-¿Un acuerdo?- le pregunto dulcemente. Annabeth no pudo reprimir la risita ante la ceja levantada de él.
-Ve al punto*
-Eso estaba intentando. Dios, mujer, decídete- le dijo Percy, sus ojos brillando.
Ella levanto una mano para frenarlo.
-Me refería a tu idea, bola de pelos, no a tu delicioso cuerpo.
Percy soltó un gruñido.
-¿Delicioso?
-Oh, supéralo. ¿Cuál es el acuerdo?
-Te doy dos horas más, luego vienes a la cama conmigo-
Annabeth negó a la vez que ponía los ojos en blanco.
-¿Me darás? ¿En serio, Percy?- camino a su alrededor- bien, dos horas, luego a la cama. A dormir- aclaro ella y rio cuando Percy gruño y le tiro del cabello.
Cayeron en un cómodo silencio cuando comenzaron a leer.
Una hora y media más tarde Annabeth se puso de pie y se acercó a Percy. Ella no alzo la vista del libro que tenía en las manos mientras se acerca a él.
-Lo encontré. La encontré- las palabras de Annabeth fueron casi un susurro cuando alzo la mirada hacia Percy, finalmente apartando los ojos del nombre en la página- Desdémona- Annabeth se estremeció cuando lo dijo en voz alta.
Percy aparto algunos mechones del rostro de Annabeth mientras le preguntaba que decía.
-Dice que ella es la única sobreviviente de la purga. El reporte es de un miembro de la manada en Serbia en 1711. Está hablando de como un mujer desconocida llego a su manada y le oscuridad la siguió- Annabeth alzo los ojos para mirar a Percy- ¿ha estado trabajando con la manada se Serbia desde 1700?- su voz estaba llena de temor ante la compresión de cuan vieja era Desdémona, y cuanto tiempo tenía la alianza entre ella y la manada Serbia.
Annabeth continúo leyendo el documento, explicando en voz alta lo que estaba leyendo.
-Ella empezó la guerra entre los hombres lobo. Después de que las guerras terminaran, ella desapareció- le entrego a Percy el libro y dejo que él lo leyera mientras ella pensaba en lo que acababa de leer. Desdémona, una bruja poderosa, probablemente la más poderosa de la historia.
Percy cerró el libro con suavidad y envolvió en sus brazos a Annabeth.
-Buen trabajo, amor. Ahora ya sabemos quién es ella. Hay poder en tener un nombre. Creo que deberíamos dejarlo por hoy. Podemos compartir con los demás lo que encontramos mañana. Luego podremos continuar buscando una manera de romper la maldición.
Annabeth asintió y le permitió llevarla fuera de los archivos hacia sus habitaciones.
-Entonces… ¿dormir, eh?- pregunto Percy, solapadamente.
Annabeth puso los ojos en blanco.
-Acabamos de encontrar el nombre de la bruja más poderosa de la historia, la bruja que maldijo al Beta de tu manada, ¿y sobre que hablas?
Percy se echó a reír.
-¿Quién dijo algo sobre hablar?- susurro contra su cuello a la vez que la llevaba a la cama. Percy empujo suavemente a Annabeth sobre su espalada y la cubrió con su propio cuerpo.
Annabeth soltó un pequeño gemido mientras su compañero la besaba. Cuando él se apartó y le miro a los ojos, ella sonrió.
-Hablar definitivamente está sobrevalorado.
Ella cerro los ojos y dejo que su compañero la amara, encerrando las pesadillas arremolinándose alrededor de ellos.
10 Días Desde la Partida.
Pasaron otros dos días cuando otro avance ocurrio.
-¿Qué podría romper la maldición de Luke?- le pregunto Annabeth a Percy a medida que buscaban a través de las pilas de pergaminos viejos.
-¡Lo tengo!- grito Rachel. Todos dejaron lo que estaban haciendo.
-¿Qué dice?- pregunto Percy desde el otro lado de la habitación.
-Amor- respondió Rachel solemnemente.
-¿Amor?- pregunto Annabeth con incredulidad- ¿esa es la respuesta? ¿Eso es lo que hará a Luke recordar?
Percy empezó a poner a un lado los documentos que reunión en su regazo.
-Rachel, trae ese papel. Luna, agarra los libros con referencia a Desdémona por su nombre. Grover…- Percy empezó a dirigirse al pasillo que los llevaría de regreso a la sala principal- es momento de volver a la taberna. Tenemos una bruja que cazar.
*Ve al punto: juego de palabras, que puede ser escúpelo, dilo o con referencia sexual a que se lo tire, se le eche encima.
