Hinata y Kiba venían siendo amigos hace ya bastantes años, y a pesar de eso, ella había preferido guardarse y no confesarle lo que hacían ella y su hermano por las noches. Y no es que ahora mismo fuera a salir para contárselo, pero Kiba era hombre, de seguro tenía opiniones al respecto, mientras ella le contaría de manera camuflada lo que sucedía. Chicas por todos lados, se acercaban a Sasuke para hablarles, mientras él seguía caminando como si nada. Hinata se sentía indefensa, e inconscientemente apretaba aún más la mano de su hermano, para sentirse algo más segura. Otro montón de chicas lo miraban a él, y a ella dirigían una mirada fulminante, quizás no todas estaban enteradas de que eran hermanos. A pasos lentos, pero seguros, Sasuke quería permanecer todo el día tomado de la mano con Hinata. A ratos también aparecían chicos, mirando a Hinata de arriba hacia abajo, le lanzaban besos y en cierta ocasión uno de ellos le dijo un piropo tan indecente que Sasuke se enojó, y de golpe y de manera brusca, acercó a Hinata aún más a él, desató sus dedos entrelazados y la agarró desde la cintura, mientras que con su mano libre, volvió a unirla con la de la chica por su espalda, obligándola a abrazarlo. Hinata muy poco comprendía esto, mucho menos las actitudes tan bipolar que solía tener su hermano, y simplemente se dignó a mirar el piso, levemente sonrojada.
- ¿Cómo puedes estar con una chica como ella? – le gritaron a Sasuke, a minutos antes de llegar a la casa de Kiba.
La muchacha se había deprimido, ya estaba acostumbrada que la trataran de fea cuando su hermano estaba presente, pero era humano, y como a todos a ella también le dolían que se refirieran a ella de aquella forma. El peliazul, ya enfadado, hizo caso omiso a lo que le decían, pero esta vez se dirigió a su hermana, que aun permanecía mirando el suelo, tristona, que por cierto se encontraban frente a la puerta del amigo de ésta.
- No tienes por qué tomar en cuenta lo que dicen, tú eres muy hermosa – le señaló el mayor, tomando uno de los mechones de la chica y acomodándolo tras su oreja. Tomó luego ambas manos de la menor y le dio un beso en su mejilla, a sólo centímetros de sus labios. Ella no pronunció nada, y prefirió callar. Golpeó la puerta y esperó a que su amigo la abriera.
- Ah, hola Hina-chan – le dijo Kiba al abrir y encontrarse con la chica – Sasuke…
- Sólo vine a dejarla, espero la cuides.
- Como siempre – dijo el castaño sonriéndole, apoyado en el marco de la puerta de su casa.
- Bien, yo me voy, no vayas a llegar tarde pequeña.
- No lo haré, gracias por traerme onii…
Sasuke dio media vuelva, volviendo al hogar, Kiba miró extrañado a Hinata, notaba la tensión que había entre ellos, pero prefirió no preguntar. Animado, entró a su amiga a la casa, su enorme amigo peludo tras escuchar la voz de la chica, no dudó en correr hacia ella y saltarle encima.
- ¡Akamaru! – Exclamó Kiba moviendo su cabeza hacia ambos lados – esa no es forma de recibir a las visitas.
Pero el animal ni se inmutó, y siguió sobre la muchacha, quien le pasaba suavemente su mano sobre la cabellera del perro. ¿Es que cada día crecía más? Ya después de un rato, Akamaru volvió al sitio de donde había salido y continuó con lo que estaba haciendo: dormir.
- ¿Qué te trae por acá, amiga? – preguntó el castaño, ofreciéndole asiento en un sofá de la casa, a su vez que él hacía lo mismo.
- Te ves más animado que otros días, ¿Ha ocurrido algo que no esté enterada? – le respondió ella, evadiendo su pregunta, y que otra manera de evadir, preguntándole algo a él.
- Es que Hidari…
- ¿Te gusta Hidari? – preguntó su amiga impresionada, sabía que cuando llegó esa chica, había llamado la atención de Kiba, pero jamás pensó que Kiba fuese a gustarle ella tan rápido, sin siquiera conocerla al 100%
- Jamás dije que me gustara… el punto no es ese, yo te había preguntado por qué estabas acá.
- Necesitaba un abrazo – le mencionó Hinata mirando a Akamaru que ahora se revolvía entre sus piernas.
- Ese muchacho necesita cariño, podrías haberle dicho, y él te hubiese abrazado sin pensarlo. – le dijo Kiba, entre risas, para animar el ambiente.
- ¡Kiba! – Regañó la muchacha pegándole un codazo a su amigo – hablo enserio…
-¿Y qué? Yo tampoco lo dije por decir, iba enserio… vale, qué te ha pasado – le decía ya más tranquilo el chico, acercándose a ella.
Hinata logró incorporarse en el hombro de Kiba, mientras él pasó una de sus manos por la espalda de ella y la abrazó, tal como lo había pedido. Y por más que estuvo evitándolo, la menor terminó por derramar una lágrima silenciosa, que ni el mismísimo amigo se había percatado. Una lágrima tras otra, hasta tener su rostro bañado en ellas, entonces Kiba cayó en cuenta de lo que en realidad sucedía, su amiga no estaba bien y necesitaba más que un abrazo. Se dio media vuelta quedando enfrente de la chica, y ahora sí la abrazó como se debía de hacer en esa situación, la chica no dejó ni un segundo de derramar sus lágrimas, y con la respiración agitada, se le hacía bastante difícil responder lo que Kiba le preguntaba.
- ¿Qué ha sucedido, mujercita? – le preguntaba el castaño, acariciándola por la espalda, y apartándola de él, para secar su rostro. Estaba empapada en llanto. Hinata esperó tranquilizarse un poco, con tanta impotencia no le saldrían bien las palabras.
- ¿Es que acaso todos los hombres son iguales? – protestó recostándose nuevamente sobre el hombro del chico, que se dedicaba a acariciarla para hacerla sentir mejor. – ¿O es que acaso nunca llegará el indicado?
- ¡Hina-chan! – mencionó el castaño - ¿Qué ha ocurrido? Jamás creí que eso te importara…
- Kiba kun – le dijo la ojiperla golpeándolo levemente.
- Es que… nunca noté que te interesaran esos temas, como al resto de las chicas. Supuse que algún día llegarías a este punto, pero jamás creí que sería hoy.
- Pero…
- Ahora dime, ¿quién ha sido el chico que te ha desilusionado, eh?
- Qué te hace pensar…
- Conozco sobre estos temas, pequeña. – Interrumpió – He desilusionado a chicas, y otras a mí, y cuando uno se siente como tú lo estás ahora, es por eso. Aunque sí debo confesar que me extraña que no me hayas contado sobre esto, pensé que éramos amigos.
- Ese no es el motivo por el cual no te había contado, Kiba kun.
- ¿Entonces…?
- Es que no quería contarte hasta estar segura. – respondió la chica, pero en realidad no había sido por eso, o quizás si lo fue pero en menor grado, porque la verdad era que le daba vergüenza confesarle que había empezado a sentir cosas extrañas por su hermano, la creería loca. Aunque suponiendo que Kiba era su mejor amigo, debería acompañarla en todas sus estupideces y locuras.
- Pensé que ya no confiabas en mí. – Le dijo el chico un tanto resentido, mientras Akamaru se subía a sus piernas, pobre chico, el animal apenas cabía allí.
¿Por qué estaba llorando? Ni ella misma lo comprendía. De seguro había sido porque Sasuke le tomó la mano en la calle sólo para evitar que las chicas se le acercaran. De seguro era porque después de que Sasuke le había dado unos besos, aparentaba como si eso no fuera relevante para él. De seguro era porque en casa Sasuke actuaba de cierto modo, y en la calle y colegio era diferente. Cualquiera de las razones anteriores podía ser la causa de la tristeza de la chica. De eso no estaba segura ni ella misma, pero de lo que todos estamos consientes es de una cosa: Sasuke era el culpable.
- ¿Ya has parado de llorar? – preguntó Kiba, de manera brusca y directa.
- Creo que hay un chico… - comenzó Hinata, ignorando lo que le había preguntado.
- Un chico, eh. – interrumpió. – Es un buen paso para iniciar, Hina chan. Ahora… qué te hizo ese chico.
- Es que él… digamos que siento que me está utilizando.
- Pero sólo lo sientes, puede que en realidad le gustes.
- Y puede que no.
- Cierto.
- La cosa es que él es muy diferente cuando estamos solo, que cuando estamos en público. Como que por cosas de magia, olvida todo lo que pasó cuando estamos juntos, y actúa extraño frente a otras personas cuando yo estoy presente.
- No me digas que es Naruto. – Dijo el chico sonriéndole – porque a él si que se le nota que le gustas, yo que tú no dudaría…
- No es él, Kiba kun.
- A bue… entonces es distinto.
- ¿Es lo único que dirás?
- Es que Hina chan, si no sé quien es, no puedo decir nada más.
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