Y al final el hecho de haber ido a la casa de su querido amigo no había servido para nada más que desahogarse y soltarle por fin a su amigo aquello que la mantenía tan deprimida. Suponía que Kiba lo ayudaría, pero le encontraba razón en dos cosas: primero que Akamaru sí necesitaba un abrazo, y segundo, que si él no conocía la persona que la hacía sentir mal, poco podía entenderla, y menos aun darle uno que otro consejo. Después de tanto insistir Kiba, desistió. Sabía que su amiga no le contaría quien era el dichoso, pero se conformaba con saber lo que le sucedía y lo alegraba aún más el hecho de que ella confiara en él. Finalmente, la convenció para que se quedara a comer algo y ver una película para pasar el rato. Hinata, no muy de acuerdo, aceptó. Suponía que Kiba haría de todo para subirle el animo, pero también tenía claro que ver una peli implicaba cerca de tres horas en la casa del castaño, comprar algo para comer, escoger la película, instalarse cómodamente, y sumarle a eso la duración de las películas, porque no todas eran de dos horas.

Sasuke se encontraba en casa. Llegar a ella había sido una tremenda odisea, evitando chicas, peticiones telefónicas, incluso lo habían invitado a comer un helado, pero se negaba rotundamente. No podía dejar de pensar en la estúpida situación en la que estaba atrapado. ¿Qué pasaría si un día, por alguna de las cosas de la vida, su madre los pillara en pleno beso a él y su hermana? Sería el fin. De seguro su mamá lo echaba de la casa, total, estaba lo suficientemente grande como para valerse de él mismo. Finalmente abrió la puerta del hogar, eran cerca de las seis de la tarde cuando miró el reloj que colgaba de la pared en el living.

- Qué estúpido. – gritó golpeando el puño contra la pared.

Ya estaba cayendo convencido de que era asexual, hasta que se dio cuenta de que en realidad había algo más con su hermana, observó su mano, pero el dolor era tan leve que decidió golpear nuevamente la pared. Esta vez con más fuerza, más potencia. Sus nudillos habían quedado completamente rojos, pero nada que no se pasara con el tiempo. Conociendo a Hinata, al verlo, querría únicamente sanarlo, curarlo, si quiera ponerle un pañito con agua para calmarle el dolor, pero ese no era su objetivo. Lo que quería Sasuke, eran respuestas. Sin contenerse más, se dirigió a su habitación, se recostó sobre ella mirando el techo y poco a poco sus ojos fueron cayendo.

Toc, toc. Escuchó el chico, abriendo lentamente los ojos, con cierto aire de estupidez, aun no caía en cuenta de lo que estaba sucediendo. Toc, toc. Insistieron, y Sasuke abrió los ojos, ahora sí comprendiendo lo que pasaba. Dirigió su mirada a la mesita de noche que estaba al lado de su cama, eran las ocho de la noche. Solamente cuando estaba enfadado o estresado solía dormir dos horas seguidas. Aun permanecía con la ropa que traía cuando fue a dejar a Hinata, incluso había dormido con zapatillas puestas. Si su hermana o madre lo hubiesen visto, ya se las hubiesen quitado, y además le habrían tirado una manta encima para que no se resfriara. Eso sólo le indicaba una cosa, ni su hermana ni su mamá estaban en casa. Todo permanecía tal cual como había llegado, estaba completamente solo.

- ¡Ya voy! – Respondió Sasuke a la nueva tocada de puerta, ya iban tres. Y no se extañaría al ver a su hermana asomarse por la puerta, era tan despistada que de seguro había olvidado las llaves. – ¡¿M-mamá?!

- ¿Qué ya no quieres ver a tu pobre madre? – preguntó la señora, entregándole unas bolsas, había pasado a comprar mercadería, y de tan cargada que venía, no había podido abrir la puerta por sus propios medios.

- No… no es eso. – Le respondió inútilmente el peliazul, tomando lo que su madre ofrecía - ¿Y dónde está…? – "Hinata", habría querido decir, de no ser porque su mamá lo había interrumpido antes de que él pudiese finalizar.

- Tu padre aun está trabajando, quizás pase la noche en el trabajo.

- No me refería a él… - murmuró bajo, entrando cargado de cosas, a su mamá si que le gustaba alimentarlos bien.

- Entonces… oye Sasu, ¿y tu hermana?

- Creí que era quien tocaba la puerta, pero… - se dirigió a la puerta, esta vez para cerrarla, la comida ya estaba toda dentro del hogar.

- ¡No vallas a cerrar la puerta! – Gritó la mayor – Aun falta algo que entrar…

- ¿Qué? – preguntó Sasuke, sin comprender muy bien de qué se trataba. Había revisado cada rincón del maletero del auto, porque su madre era muy distraída, siempre se le quedaba algo. Y lo más probable era que Hinata había salido igualita a ella en ese sentido.

- ¡He traído visitas! – le dijo, entrando de la mano con una chiquilla menor, aparentaba tener algo así como 8 años, de cabellos largos.

- Ha-Ha… - Sasuke estaba impactado. ¿Es que acaso su madre tenía un amante? No, no se la imaginaba como ese tipo de mujeres, sin embargo aún no comprendía que estaba sucediendo. Recordaba aquella muchacha, pero apenas. Y a pesar de que quiso llamarla por su nombre, no le salían las palabras. Tampoco era que recordase su nombre a la perfección, con tantos años lo más seguro era que se le había olvidado.

- Ha-na-bi – respondió la menor con cierta sinfonía en sus palabras, soltando la mano de la madre de Sasuke, y acomodándolas en su propia cintura, como si estuviese reprendiendo al chico. – Qué acaso no me recuerdas…

- ¡Hanabi chan! – Recordó finalmente el chico, la única hija del jefe de su madre. La había visto cuando tenía 5 años, y ahora apenas unos 3 años después la notaba demasiado diferente. Su cabello, de seguro era eso. - ¿Qué haces acá? – le preguntó, intentando demostrar interés, pero la menor salió corriendo hacia los brazos del chico, abrazándolo. Sasuke podía ser el chico más serio de universo, pero a ella le permitía que lo abrazara, por cuestiones del trabajo de su madre, nada más.

Hanabi era la hija del jefe de la mamá de Sasuke y Hinata. Sasuke no comprendía como es que un señor de tanta edad, con tantos lujos y dinero, podía tener solamente una hija. De seguro era una muchachita muy mimada, con todo a sus pies. Él, simplemente se dejaba querer por ella. Todo era estratégico. Si el jefe de su Mikoto, su madre, prefería que ella se hiciera cargo de la menor, significaba preferencias, más dinero para la familia, y así todos estaban felices. Lo único que detestaba Sasuke, es que justo a él le tocara ser el hombre de la casa, el único hijo varón que había tenido su madre, y del que obviamente la menor estaba completamente enamorada. Por eso, siempre que su padre tenía que salir, Hanabi prefería ser cuidada por Mikoto, o sea, por Sasuke. Mikoto simplemente agradecía ese gesto a Sasuke, y obviamente le daba más mesada que a Hinata cuando le tocaba cuidarla, pero ya hace tiempo que no se daba la situación. Sasuke hasta llegó a pensar que habían dado la menor en adopción y que el jefe de su madre prefería el dinero antes que una cría.

- Ya es suficiente – dijo Sasuke un tanto harto de la menor, pero su mamá dirigió una mirada fulminante al chico. – Es que tengo que ir a buscar a Hinata. – se excusó.

- Es cierto… ¿dónde está esa pequeña? – preguntó Mikoto, acariciando la cabeza de Hanabi, que aun seguía abrazando al peliazul.

- Había ido con Kiba, no sé a qué, pero ya se está haciendo tarde y…

- Ve a buscarla – le respondió la mamá, tomándole el hombro.

- También puedo ir yo, ¿verdad Mikoto san?

- Ah, pues… - miró a Sasuke suplicándole para que aceptara, a su jefe no le gustaría para nada ver a Hanabi llorando.

- Vamos, pequeña. – le dijo el chico, acariciándole el cabello, y acto seguido tomó su mano, lo que hizo levemente sonrojar, pero sonreír a la vez, a la menor.

Kiba y Hinata habían optado por una película de miedo. Aunque a la chica no la convencía mucho, sabía que iba a quitarle por un momento la preocupación que tenía, y le subiría el ánimo de alguna u otra forma. Muy cómodamente, y con mucha comida, se habían sentado frente a la enorme pantalla del living de la casa del castaño, contaban con palomitas, gaseosas, dulces, chocolate y papas fritas. El tiempo ya había pasado rápido. Eran las siete de la tarde cuando recién empezaron a verla. De no ser por Kiba y Akamaru, no habrían tardado tanto en el supermercado. Al parecer, ese canino era demasiado regodeón cuando se trataba de comida para perros.

La película avanzaba. A Akamaru le habían servido su propio plato, junto con la comida que él mismo había escogido, y unos pocos dulces que habían comprado los otros dos. Hinata estaba asustada. La escena mostraba dos chicos viendo televisión tranquilamente, tal como ellos se encontraban ahora.

- Hinata… - le decía Kiba acercándose a ella, como ya la había visto muchas veces, se la sabía de memoria y no le asustaba tanto como a la chica. A continuación en la escena, se suponía que alguien tocaría la puerta, pero al abrir no habría nadie, Kiba, preparado para asustar a Hinata, acomodó sus manos para darle un leve toque, y provocar que ella llegara a saltar de miedo, pero al llegar ese momento en la película, habían golpeado la puerta de la casa del chico.

Se miraron al mismo tiempo. Kiba ahora sí estaba completamente asustado. Se incorporó rápidamente, y se puso de pie, dispuesto a abrir la puerta. Akamaru ya había empezado a ladrar como loco, al parecer otro más que estaba asustado. De nada servía tener un perro, si se asustaba igual que el dueño.

- Que cobarde – le dijo Kiba al animal, mientras se encontraba parado frente a la puerta.

- ¡Espera! – le mencionó Hinata, poniéndose de pie y alcanzándolo.

El castaño abrió la puerta de a poco, milímetro, tras milímetro, y luego, de golpe la terminó por abrir completamente. Akamaru salió corriendo a tirarse encima de quien estaba tras la puerta. Hinata había cerrado sus ojos y Kiba permanecía allí, observando como idiota la situación. La chica escuchó los pasos del canino, sin embargo al no oír sus ladridos, decidió abrir los ojos.

- S-sasuke kun… - murmuró bajo y luego cayo en cuenta de que venía acompañado con una menor.

- Hey… puede que aparentes ser frio… pero jamás pensé que te interesaran… los bebés.

- ¡No soy un bebé! – regañó Hanabi, ocultándose tras Sasuke.

- ¿Hanabi chan? – preguntó Hinata, recordándola inmediatamente.

- ¿La conoces Hina chan?

- Claro, es la hija del jefe de mi madre.

- La hija del jefe de… - Kiba le costó analizar las palabras de su amiga. – oh, ya veo.

- Hinata, - dijo Sasuke fríamente, llamando la atención de ella que estaba mirando a Hanabi, la chica dirigió la mirada a Sasuke, y se enrojeció levemente. – Mikoto ya llegó y quería que te viniera a buscar, ya es tarde.

- Cierto – respondió bajo, mirando ahora a su amigo – será para otra ocasión, Kiba kun. – sonrió como nunca lo había hecho con su hermano, pero siempre solía hacerlo con Kiba, cosa que hizo que el peliazul se enfadara un poco, apretando la mano de Hanabi.


*-* Aquí actualizando ^^~ Por ahí me preguntaron en los comentarios si es que la historia tendría un final triste, & pues ... bueno, mi idea no es adelantarles ni tampoco quiero andar pasando spoilers, pero les diré: tendrá un final feliz ^^!

Espero que le halla gustado este capítulo nwn 3