- ¡Hidari! – gritó el castaño tocando desenfrenadamente el timbre, hasta que vio a la chica salir de la casa.
- ¿Por qué tan apurado? – preguntó ella inocentemente. – Mientras tú tocabas, yo detenía a mi papá porque quería salir a golpearte…
- ¿Verdad? – Preguntó con miedo - lo siento, yo no que..
- ¡Caíste! – se burló la menor, con cierta sonrisa pícara en su rostro. – Sólo me dirigía unas miradas extrañas, seguro es enfadó, pero no creo que sea para tanto…
- Pequeña mujercita malvada, me hiciste sentir de lo peor… -volvió a mencionar el castaño, acercándose a ella para acariciar su cabello en forma de reproche. - ¿Quieres que lleve tu mochila?
- ¿Y eso por qué?
- No lo sé, luce pesada… - le respondió Kiba cruzando ambos brazos tras su nuca, como si en realidad no le importara.
- Está bien. – le dijo ella sin entender mucho sus intenciones, pero sabía que eso le facilitaría el recorrido, se lo haría más liviano. Sin más rodeos, se la entregó.
Definitivamente estaba pesada, la expresión en el rostro de Kiba lo decía todo, pero prefirió ser caballero y evitarse más problemas. Buscó entonces a Akamaru, su perro fiel, pero no lo pilló en los alrededores. La noche anterior tampoco lo vio en su casa, ni siquiera pudo dormir con él.
- ¿Qué? Qué buscas tanto.
- Ah, es que Akamaru no apareció anoche, y ahora tampoco lo veo… pensé que andaría por las calles, pero parece que no.
- ¿Verdad? Vaya… ¿eh?! Mira, Hinata y Sasuke… ¿Son ellos? – preguntó extrañada.
- Sí, espera… veo algo extraño…
- Están de la mano… - murmuró lo suficientemente audible.
- No… - mencionó el castaño mirando más allá y no tomando muy en cuenta las palabras de Hidari, la tomó de la mano. – Vamos, creo que están con Akamaru.
- ¡E-eh! – se sonrojó notablemente, pero agradeció el hecho de que Kiba no mirara en ningún instante hacia atrás, hacia ella, sino que seguía caminando a pasos rápidos, arrastrando con él a la menor, hasta que lograron llegar donde estaban los tres chicos: Hinata, Sasuke y Hanabi. - ¡Allí está, es Akamaru!
Y con esas palabras, los tres se percataron que tras ellos estaban Hidari y Kiba, al parecer en busca de Akamaru. Sasuke soltó rápidamente la mano de Hinata, la miró de reojo, un poco molesto por la llegada de los amigos de su hermana. Pero no dijo nada, si eso la hacía feliz a ella, entonces él también lo era… o trataba de estarlo. En cuanto Akamaru, al escuchar su nombre, partió corriendo y se tiró sobre Hidari. Era algo extraño, por lo general era a Kiba a quien se le arrojaba primero.
- ¿Ya me han remplazado? Gracias Akamaru, por tu culpa anoche dormí con frio. – se manifestó el dueño en tono de broma, pero el perro no le hizo esperar más e intentó desplomarlo en el piso, lo cual logró. – ¡Encima con la pequeña amiga de Hinata! Te has portado mal, amigo.
- ¿Amiga? – preguntó Hidari, para luego encontrarse con la pequeña Hanabi.
- Ah, sí… ella es Hanabi, la hija del jefe de mi madre, Hana-chan, ella es Hidari, es nueva en el colegio. – las presentó, mientras Sasuke sólo se quedaba en silencio, ¿qué más podía hacer? Después de todo él no pertenecía a ese grupo de amigos.
- Oye Hina, me pareció haberte visto de la mano con tu hermano.
- Ah… es que… - no sabía que decir, era cierto, todo el camino venían de la mano, pero no pensaban que alguien los fuera a ver.
-¿Qué has dicho Hidari? – preguntó Kiba, incorporándose de la abatida que le había proporcionado su mascota.
- Lo mismo que oíste, y te lo dije antes de…
- Ya nos vamos, se hace tarde y además tenemos que dejar a Hanabi en su escuela. – interrumpió, pero era más que obvio que lo había dicho para salvarla.
- Cierto, lo siento por retrasarlos… vamos Hidari.
- Hai… nos vemos en el colegio chicos, adiós Hina-chan.
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Cuando ya se habían perdido mutuamente de vista, y luego de dejar a Hanabi en su colegio, Sasuke decidió por fin romper el incómodo silencio que había entre ambos.
- ¿Sucede algo? Haz estado bastante rara desde que nos despedimos de tus amigos. – le preguntó mientras se detenía y posicionaba delante de ella. Alzó su rostro para que se encontrara con el suyo, podía ver, e incluso sentir la preocupación de Hinata, de seguro había sido por lo que Hidari les había preguntado hace un rato.
- S-suéltame, Sasu-onii, onegai. – le respondió, quitando las cálidas manos del mayor de su rostro, sí, le dolía, pero no quería que la vieran en una situación extraña con su hermano. – te imaginas… No, esto está mal… no quiero que me vuelvas a tocar…
- P-pero Hinata… - sonó sorprendido, sus ojos lo demostraban, iba a acariciarle la cabeza a la chiquilla, acercarla a él, darle uno de esos abrazos que logran calmarte por completo, pero ella inmediatamente lo apartó de sí.
- Te dije… t-te lo dije… n-no… - se acercó a él con lágrimas en los ojos, tenía miedo, miedo de que Hidari supiera que había algo más entre ellos, miedo de que le fueran con el chisme a los demás y que así se enteraran sus padres, miedo de la reacción de los demás. Finalmente agarró con mucha fuerza la camisa de Sasuke. – N-no me dejes nunca, pase lo que pase… por favor.
Sasuke abrió aún más los ojos. ¿No recién le había dicho que no quería que la tocara nuevamente? Y ahora era ella quien había roto tus mismas palabras, sentía como la pequeña se aferraba cada vez más a él, como queriendo buscar protección, mientras que las lágrimas se le escapaban de los ojos, y empapaban su camisa. Hinata había apoyado su rostro sobre el pecho de Sasuke, y él sólo atinó a acariciarla como lo habría hecho anteriormente. Nuevamente, le tomó el rostro, tenía los ojos rojos por haber llorado. El simple hecho de haberle visto la cara, lo impulsó a besarla. Hinata se dejó, interiormente había estado rogando por ese beso para calmarla y, evidentemente, lo había logrado. El azabache le tomó las manos y la obligó a entrelazar sus pequeños dedos con los de él.
- No tienes que preocuparte, yo jamás te dejaré, no dejaré que te dañen, y si es Hidari la que te tiene así de nerviosa, con miedo… déjamelo a mí, tengo la excusa perfecta para…
- Sasuke…
-¿Qué pasa? ¿Hay algo más…?
- A-a… arigato – estaba feliz, solamente escuchar esas palabras alentadoras la habían hecho sentir mejor, protegida, querida. Miró a otro lado, sonriendo, y sonrojada, lo que había dicho le sonó tan lindo, que jamás se imaginó que su hermano las fuera a decir algún día, mucho menos a ella. Miraba el piso, y su cabello y flequillo mantenían su rostro avergonzado oculto. – Te amo.
Y eso lo pilló desprevenido. ¿Acaso se le había confesado? ¿O era simple amor fraternal? No supo cómo responder a eso, y, al igual que Hinata, se le subieron los colores a la cabeza. Sentía que su rostro irradiaba más calor que el mismo sol. Ni el mismo lo entendía. Muchas chicas antes le habían dicho lo mismo, cuando pasa por las calles se lo gritan, pero jamás había reaccionado de esa forma. De seguro era porque ese "Te amo" en realidad le llegaba, en realidad le importaba, y quizás el sentía lo mismo.
- Bien… vamos, sino llegaremos más tarde al colegio.
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El resto del día Hinata se sintió extraña. El hecho de que Sasuke no le hubiese respondido de igual manera la había tenido desconcentrada y distraída todo el día. Pero había algo peor, se sentía decaída y dudaba mucho que fuese por lo anterior. Le dolía la cabeza, y sentía un poco de fiebre. Sus ojos le pesaban y el sueño ya comenzaba a dominar sobre ella. Fue tanto, que pidió permiso para ir al baño en una de las clases, a ver si la salida del salón y el nuevo aire la despertaba.
Salió apenas de su aula, con paso lento, casi moribunda. ¿Acaso el desayuno le había caído mal? No, de seguro debía ser algo más grave. Se iba afirmando de la pared mientras caminaba, sentía que los pies no llegarían a ser tan fuertes como para llevarla al baño. Ya a medio camino, se detuvo, no podía más. Se sentó sobre el suelo como pudo, de tanta fiebre, sus mejillas estaban un poco sonrojadas. Cuando sus ojos ya no pudieron aguantar más, calló en el sueño.
Al despertar, un poco atontada, se dio cuenta de que su cuerpo se movía, pero no era ella quien caminaba, sentía sus pies en armonía a medida que avanzaba de lugar. A penas pudo abrir sus ojos, sentía su cuerpo pesado, cansado, débil, su cabeza le dolía como nunca y su respiración estaba tan agitada como si hubiese corrido dos veces seguidas a Suna. Con el poco sentido que le quedaba, logró percatarse de que alguien la cargaba, su hermano. El olor de Sasuke era único, y esa cabellera azabache era inconfundible. Se aferró a él con más fuerzas que antes, apoyó su pecho sobre la espalda de Sasuke, dejando su rostro justo al lado del cuello del azabache. Lamentablemente para el muchacho había sido demasiado. El sentir la respiración de Hinata lo hizo estremecerse como nunca, ¡hasta llegó a dar un salto!
- O-onii – musitó ella apenas. – lo siento…
- Así que estás despierta. Me has asustado, pequeña, ¿te encuentras bien?
- La verdad, no. ¿Por qué me cargas? Rayos… no recuerdo qué pasó.
- Agradécele al rubio de mi amigo, si él no te hubiese visto, seguro seguirías tirada como una borracha.
- ¿Eh?! – se sonrojó notablemente y entonces recordó que había estado todo el día pensando en que Sasuke no le había dicho nada luego de que ella le había confesado que lo amaba. Se sintió fatal, más de lo que ahora estaba y sin darse cuenta, golpeó levemente con el puño al azabache – Maldito… - musitó en voz baja.
- ¿Quién? ¿Te ha hecho algo Naruto? Me juro por su vida que no te había tocado un pelo.
- N-no, no es eso, lo siento. – pidió disculpas y volvió a recostar sobre la cálida espalda del mayor, sus ánimos estaban por el suelo y encima tenía calor.
- En cuanto Naruto te vio, me llamó de inmediato. Le pedí permiso a la directora para poder irnos a casa, y me dio la autorización. Los demás siguen en clases… Kiba estaba preocupado, y la muchacha que estaba con él, también lo estaba.
- Hidari…
- Ella. No sé si seré yo, pero creo que ambos…
- ¿O-nii? – interrumpió ella apenas.
- Dime.
- ¿Cuánto falta para llegar? Me siento mal… sólo quiero recostarme.
- De haberlo dicho antes, hubiese ido corriendo. – le respondió apresurando el paso.
El resto del viaje fue silencioso. La ojiperla no tenía ni ganas de seguir hablando. Se sentía tan cansada que volvió a dormirse en la espalda de su hermano. La fiebre no se quería ir, y un color rojizo se apoderaba de sus mejillas. Al llegar, Sasuke tuvo que ingeniárselas para poder entrar, ya que tenía sus manos ocupadas cargando las piernas de su hermana. Con sumo cuidado entró a su habitación y la dejó descansando allí, sobre la cama que habían compartido los últimos días, por otro lado, la habitación de Hinata aún estaba repleta de las cosas de Hanabi.
- ¿Estás mejor? – le preguntó entrando a la habitación, al percatarse de que estaba sentada sobre la cama. Traía consigo un traste con agua y un paño.
- No. – respondió ella de manera fría.
- Al menos despertaste, llevas todo el día durmiendo. – le dijo mientras se sentaba a su lado.
- Sí, es que…
Sasuke se acercó tanto a su rostro, que Hinata se quedó sin habla, nerviosa cerró sus ojos. Agradeció a todo lo posible el hecho de que la fiebre le enrojeciera las mejillas, sino, su sonrojamiento hubiese sido más notorio. Pero el acto de su hermano era simplemente para tocarle la frente, y saber si es que aún tenía temperatura, o no.
- Se te ha bajado un poco... – le dijo para terminar depositando un beso sobre su frente. – pero debes seguir descansando, pequeña.
- ¡Hai! ¿Ya llegó mamá?
- No.
- ¿Y Hanabi? – miró a todos lados, recordando que tenían que ir a buscarla.
- Ya fui a buscarla.
- Lo siento – murmuró bajo – yo debí acompañarte… - insistió, tirando las sábanas a un lado, dispuesta a ponerse de pie. – Seguro que aún no almuerzan… debo preparar algo para…
- Relájate, niña. – La empujó de los hombros, obligándola a sentarse nuevamente. – Ya lo he hecho, la fui a buscar, le di almuerzo, la ayudé con su tarea y ahora se está dando una ducha.
- G-gracias…
- No me des las gracias. – le agarró las puntas de su cabello. – Ahora, abrígate. Debes cuidarte bien si quieres amanecer mejor, recuerda que siempre has sido débil en cuanto a salud. Un pequeño resfrío en personas comunes a ti te podría llevar al borde de…
- Lo sé, Onii – interrumpió cabizbaja. – Gracias por preocuparte por mí…
- Como digas –respondió de manera fría, dispuesto a irse de la habitación.
En cuanto abrió la puerta, volvió su mirada hacia atrás, a Hinata, quien se estaba recostando bajo las sábanas para continuar durmiendo. Sasuke recordó que debía ponerle el pañuelo humedecido sobre su frente, así que cerró nuevamente la puerta, esta vez con seguro. Tomó y depositó con sumo cuidado sobre la blanquecina frente de su hermana. Luego con ambas manos le tomó la cara y acarició sus sonrojadas mejillas, era tan pálida que parecía una muñeca de porcelana.
- Descansa, pequeña. – se acercó de improviso a ella para besarla en los labios, lo que a Hinata no le dio tiempo de reaccionar.
Se acomodó apoyándose con ambas manos de la almohada para poder besarla con mayor facilidad. La fiebre de Hinata estaba volviendo a subir, la hacía perder la razón y no estaba muy segura de si estaba soñando o no, así que simplemente se dejó llevar. Con delicadeza, comenzó a bajar hasta su cuello, lamiéndolo reiteradas veces.
- Onii – dijo apenas la menor, entre caricias y besos que le impedían hablar de corrido. – Sabes que estoy enferma… s-si sigues, seguro t-tú también te enfermarás luego…
- No me interesa, Hinata – le respondió él, mirándola ahora fijamente a los ojos. – Quiero que tú seas mía, sólo mía. No quiero compartirte, no quiero que otros chicos te miren como lo hago yo, no quiero que te bese nadie más que yo.
- Que egoísta… - bromeó ella, aferrándose a su cuello con ambas manos, no quería soltarlo. Estaba tan risueña que parecía drogada, como si la fiebre la llevara a eso. - … y que gracioso, yo tampoco quiero compartirte. – volvió a sonreír.
Ahora fue ella quien tomó la iniciativa. Con ambas manos se impulsó para poder acercarse a los labios de su hermano mayor, Sasuke, por su parte, estaba sorprendido. De ser así, ahora estaba pensando drásticamente en enfermar a su hermana más seguido. Pero antes de que la menor completara su acto, se detuvo en seco, lo miró a los ojos, y aún risueña, le dijo:
- Sasu-onii, hoy… - su corazón estaba latiendo a mil por segundo, pero la fiebre le impedía pensar, le impedía medir sus actos, y no se daba cuenta de lo que hacía. En una situación normal, seguro nos encontraríamos con una Hinata bien sumisa y sonrojada. Buscó la mano de su acompañante y la entrelazó con la suya. – Hoy quiero que me hagas tuya.
Baaaau, tanto tiempo sin actualizar ._. perdónenme ~ había estado tan ocupada u.u Una lectora (supongo que eres chica, si no, discúlpame!) Nanii.98 me pidió que lo siguiera. Yo creí que nadie lo estaba esperando... seguro que tendré pocos o quizás ningún comentario, pero bueno~ incluso un sólo comentario me hará feliz y me animará a seguir escribiendo! Espero les guste a mis queridos lectores n_n 33 los amo.
