Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad del maestro Tadatoshi Fujimaki. La imagen tampoco es mía, nunca podría dibujar algo así, es de su respectivo autor.
Advertencias: Kuroko versión moe, están advertidos.
Dedicatorias: a los y las Kagakuro lovers :D
Notas al Final
Las cosas no están claras para mi, ni siquiera sé en qué parte del globo estoy, después de como me dejaron en la prisión de la noche estuve durmiendo todo el viaje hasta pisar tierra, después de ello fue un viaje bastante confuso en coche de dos horas entre árboles.
En resumidas cuentas, estoy perdido.
Me siento tan cansado y eso solo ha sido el primer día, nunca imaginé que tendría que cuidar a un niño, podría decir que comprendo que aquel mocoso seguro será el heredero de la futura fortuna que deje esta familia. Pero a pesar de que no se mucho de estas cosas de ricos sé que es más eficiente contratar a un servicio especial en vez de un matón a sueldo como yo.
Este tema da vueltas en mi cabeza y antes de darme cuenta ya hemos llegado a lo que será mi habitación, al parecer está al lado que la del niño. La sirvienta parece nerviosa ante mi presencia, yo no tuve la culpa de nacer con esta cara, me indica que debo tomar un baño y bajar a cenar con todos en la casa cuando den las siete.
De pronto se me ocurre una idea graciosa, con el índice de mi dedo toco con cuidado la piel de su cuello que está libre bajo su chongo, es una caricia ilegal, ella se sonroja y sale corriendo. Comienzo a reirme a carcajadas por su reacción mojigata, incluso siendo menor que ella puedo manejar mis emociones mucho mejor.
Antes girar el pomo de la puerta siento una clase de presencia detrás de mí, mi instinto me hace voltear pero no parece haber nadie, después de lo que pasó me siento un poco paranoico como si en cualquier momento fuera de nuevo a ser privado de mi libertad.
El ver la habitación me hace sorprenderme, es enorme y muy final desde el piso al techo, me tiro en la cama y es como estar en el cielo, estas personas deben tener un montón de dinero. Sin cuidado me despojo de mi ropa y voy al baño.
Me meto en la tina, es tan agradable de ser posible estaría aquí unas cuantas horas pero conociendome terminaré teniendo hambre en cualquier momento. Las burbujas parecen estar masajeando mis músculos, cierro los ojos y me dejo llevar un rato.
¿Qué habrá sido de los demás? éramos tres cuando entramos en la prisión, no es que les tuviera mucho afecto a los otros dos pero lo que vivió esos días no fue precisamente lo más hermoso. Seguro que a esta hora del partido todos ya lo darían por muerto, eso estaba bien, no esperaba que le lloraran o algo por estilo. Recordó las palabras del hombre que lo acogió.-"una razón para aferrarse a la vida ¿eh?.-hasta ahora solo se sentía al igual que en la prisión, solo, con la única diferencia de que aquí todo era cinco estrellas ¿Cuál sería esa razón? se preguntó, buscando una respuesta volteó la cabeza y se acostó en el borde la tina. Cuando trató de enfocar el techo unos traviesos y curiosos ojos se atravesaron en su camino.
-Taya.-le llamó el dueño de esos enormes ojos.
Del susto se hundió en la tina y ahogó un grito ¿qué le pasaba a ese niño y desde cuando estaban ahí?
-¿Qué haces aquí mocoso?-contestó con mucha molestia, de alguna manera sentía que le habían arruinado sus momentos de inspiración y reflexión.
El pequeño infló sus mejillas y frunció su pequeño ceño.
-Tesu no motoso, Tesu limpia su nadiz diadio.-contestó enojado.
Casi se le sale una carcajada al ver que el niño no entendía el sustantivo.
-Tesu ayuda a Taya.-dijo agarrando mostrándole la botella de shampoo.
-No, yo puedo solo. Tetsu debe irse con su abuela y hacer sus cosas de bebés.-dijo tratando de ser lo más amable posible.
-Tesu no bebé, tesu gande y ayuda a Taya.-contestó y se negó a irse.
Esto no funcionaba, quería estar solo y bañarse sin mirones, no era bueno con esto de cuidar y tratar con niños. Este en especial estaba siendo una molestia, y él no era un santo y pacífico joven así que hizo una mirada amenazante, de esas que usaba con sus enemigos para intimidarlos.
-No lo repetiré de nuevo, lago de aquí enano.
-¡Taya tonto!-dijo lanzando la botella de shampoo, hay que aclarar que era de vidrio, y dando justo en el centro de su frente, tan eficaz fue el golpe que le dio a Tetsuya tiempo para poder huir y no enfrentar la ira creciente de Taiga.
Ese primer día que le pareció agotador fue un juego de niños con lo que vino después.
En su mente imaginó que sería preparado para poder proteger al enano pero en vez de eso parecía que querían educarlo como un perro. Pasaba seis horas al día siendo instruido de manera intelectual matemáticas, historia, español, geografía, ciencias y un montón de otras cosas que ahora no quería recordar; si le hacían memorizar otro nombre y fecha más iba a vomitar. Ren, el señor de la casa, le había dicho que ya tenía fortalecido los músculos y que debía ahora hacerlo con su mente, vaya sarta de basura.
Su entrenamiento físico estaba constituido por una hora de calentamiento en la mañana y otra hora de artes mixtas por la tarde, lo que era en realidad nada para él. Necesitaba un poco de acción.
Después de eso tenía que cuidar al niño fantasma, como él le llamaba, el sobrenombre se lo había ganado a pulso ya que se la pasaba apareciendo desapareciendo todo el tiempo a veces dudaba de que fuera humano.
Cuidar al niño era una molestia tras otra, primero tenía que enfocarlo bien para no perderlo de vista, siempre quería estar en la biblioteca mirando libros de imágenes. No salía al exterior, tampoco miraba la televisión, en ese lugar ni siquiera había una tv. No podía intimidar a Tetsu porque sus ojos no tenían ningún efecto en él, y siempre terminaba con un golpe después de cada discusión con el infante porque el pequeño era un experto en el lanzamiento de objetos dolorosos y vaya que tenía puntería. Se empezaba a preocupar de la situación.
Esta noche en especial era muy sencilla, tenía que cuidar a Tetsu, los Kuroko habían salido a una reunión con unos amigos pero a diferencia de otras veces no tenía que lidiar con la cosita azul que tanta lata daba.
Cerró los ojos tratando de conciliar el sueño, realmente quería descansar. Escuchó un sonido chillón venir de la habitación contigua, sus sentidos se encendieron rápidamente, era de la habitación del niño. Se levantó de golpe y caminó con sigilo. No podía ser Tetsu, el pequeño había quedado dormido hace ya hace horas después de que fue arropado por sus abuelos, no despertará hasta el día siguiente e incluso si lo hiciera llamaría a alguien para que viniera a su lado, al peliazul le daba miedo la oscuridad. Tampoco podía ser de la servidumbre, nadie entraba sin tocar e incluso en las noches los únicos que accedía a ese cuarto eran los abuelos o el mismo Taiga.
Cuando entró al cuarto todo estaba normal, el niño dormía bien hundido entre sus sábanas abrazando a su preciado peluche. Se acercó a mirarlo, su imagen lograría enternecer a cualquiera, e incluso lo hizo con él, lucía tan pacífico que se preguntó si realmente era ese enano el que se dedicaba a darle tantos dolores de cabeza. Pasó su mano por sus cabellos, eran suaves y sedosos como siempre, y ahí estaba…
Un golpe rápido vino detrás de él, pero ya estaba preparado solo hizo falta que moviera un poco la cabeza para evitar ese puño que no esperó a que regresara para tomarlo.
-Tan predecible.- habló por debajo.
Usó más presión y escuchó una queja en su atacante.
-¿Cómo te diste cuenta?-gruñó débilmente en otro idioma, no quería despertar al niño sino se armaría más alboroto.
-Este niño huele a flores y lluvia, en cambio tú hueles a podrido.-respondió en la misma lengua.-sabía que si bajaba la guardia ibas a atacarme, los cobardes como tú siempre atacan por la espalda.
En un certero movimiento giró y mandó al suelo al atacante. Éste estaba vestido todo de negro, de los pies a la cabeza. Se posicionó por encima de él para inmovilizarlo, una tarea muy sencilla.
-¿Ahora qué debería de hacer contigo?-preguntó cantarín.- mis jefes no están, podría deshacerme de ti y listo, nadie nunca lo notaría. Pero antes de eso deberás decirme lo que viniste a hacer y el nombre de la persona que te ha mandado.
-Si vas a deshacerte de mí después de eso ¿Cuál es la distinción en no decirlo?
-En los métodos que ocupe, entre más rápido hables menos te dolerá lo que haga contigo.
El sujeto tembló ante las palabras, quería liberarse pero no lo podía lograr. Le costaba pensar que ese chico tenía tanta fuerza y habilidad, ni siquiera pasaba los veinte.
-Espera un momento, yo he observado esta casa por mucho tiempo e incluso a ti, he visto tu mirada llena de aburrimientos, esos ojos vacíos y sé lo mucho que detestas estar aquí. Eres como yo, alguien de acción.-Taiga por un momento dejó su aura asesina.-no eres un niñero.
El enmascarado sabía que sus pláticas estaban funcionando perfectamente, la presión era menor por parte del joven. Por lo que en dos segundos ya tenía un arma en la sien de Taiga, aunque no estaba cargada.
-El problema no es contigo, me han enviado para matar a ese niño y a los señores.-respondió con seguridad, mientras picaba la cabeza con el arma.-por eso voy a darte una oportunidad.
Necesitaba hacer algo esta misión fue planeada con mucho tiempo, y él había sido seleccionado como el mejor para el trabajo, pero viendo con qué facilidad había sido derrotado se dio cuenta que ninguno podría lograrlo si ese chico pelirrojo estaba ahí. Su mente inteligente le hizo maquinar un plan que sabía que no podía fallar.
-Tu puedes hacer mi trabajo, nosotros podemos recompensarte aún mejor que lo que recibes aquí solo tienes que eliminar a esas tres personas, nada muy elaborado solo algo casual.
Las palabras taladraron su cerebro, era sencillo, demasiado en realidad y es que era cierto, él no era un jodido niñero, quería su libertad y su vida. Ren prometió que le daría una razón para vivir pero no tenía nada más que una habitación linda y dolores de cabeza y un montón de tareas absurdas.
-Vale, voy a hacerlo.
El sujeto sonrió bajo la tela negra.
-Eso me agrada, pero ahora no. Sigue jugando su juego, gana su confianza y cuando ellos confíen ciegamente en ti hazlo así no tendrás miles de personas tras de ti.-explicó y Taiga asintió con una sonrisa.
Por fin podría liberarse.
Seguía haciendo las cosas como normalmente lo hacía, nada nuevo solo que ahora trataba de pasar más tiempo junto a los Kuroko, tratando de ganar su confianza, como le habían dicho. Estaba ansioso por dejar ese lugar, últimamente era eso lo único que ocupaba su mente.
Hoy habían salido al centro comercial, habían cosas que comprar y los repartidores no llegaban hasta la casa. Era un lugar grande, nunca había estado en un sitio como ese lleno de cosas tan caras y deslumbrantes. Los señores le habían indicado que si quería algo podía pedirlo y se lo comprarían.
Miró una tienda de electrónica, sin dudarlo entró en ella. Lo más llamativo fueron los teléfonos móviles y los precios, ahora podía leerlos, una suma muy grande. Se sintió tonto, después de todas sus clases se dio cuenta que lo él llamaba una gran fortuna era nada y que lo que tuvo en su vida de asesino fueron solo miserias, que el mundo era más vasto y había estado encerrado en la ignorancia creyendo que un plato de sopa enlatada era un festín. Sus jefes le habían enjaulado en algo peor que una prisión.
-Disculpe, usted no puede estar en esta tienda.-murmuró un hombre de traje negro y lentes que me veía con superioridad al joven.
Enseguida le quitó el aparato que tenía entre los dedos y que revisaba. Para el gerente del lugar, aquel muchacho no poseía clase ni elegancia que tenían los clientes que frecuentaban la tienda, solo era un chico vulgar con ropa gastada.
Taiga frunció el ceño, esa mirada siempre se le había sido dada desde que tenía memoria, una mirada llena de desprecio. Estaba por romperle la cara al sujeto, tenía el puño alzado con la clara dirección de ese perfecto rostro, fue a solo unos centímetros que alguien se pegó con fuerza a su pierna.
-¡Tai!-el pequeño Kuroko lo llamó.
-Bien hecho Tetsu, lo has encontrado.-la voz sofisticada de Ren se oyó.
Ignoró la cara de susto del gerente, fue a los aparadores y agarró otro movil y se lo extendió a Taiga.
-Este es un mejor modelo, es nuevo con esas aplicaciones que le gustan a los jóvenes, cámaras y todo.-rió.- ¿Te agrada Taiga?
El muchacho bajó su puño y examinó el aparato, sin duda se veía mucho mejor que el que tenía hace unos momentos.
-Si, está muy genial.-respondió.
De entre su saco tomó una tarjeta de color dorado y se la extendió al hombre austado.
-Nos llevaremos este equipo, espero que este incidente no vuelva a ocurrir porque.-miró la placa del gerente.-Sr. Malcem sería una pena que perdiera su trabajo por menospreciar a un importante cliente.
Asintió exageradamente, aquel hombre de traje era más terrorífico que el muchacho de pelo rojo. Llamó a una encargada para que pudiera darle servicio a Ren, por lo pronto necesitaba escapar o se desplomaría de la impresión.
Durante todo el camino Taiga fue curiosiando su nueva adquisición, leía el instructivo para poder aprovechar al máximo su teléfono celular mientras Tetsu iba arriba de sus hombros acariciando sus cabellos e intentando peinarlos sin ningún resultado favorable.
Ya en casa.
Miró el paisaje por la ventana, terminaba la tarde y ver como el sol se iba por los árboles le tranquilizaba solo un poco, agarró su nuevo móvil y tomó una foto de ese ocaso.
Las risas de Tetsu irrumpieron su descanso, lo miró corriendo en el jardín mientras Ren lo perseguía sonriente. Sintió una gran punzada en el pecho. No entendía como podía cambiar de ser un hombre duro y serio a un cariñoso y amable abuelo, era como ver a dos personas diferentes, nadie podría jamás creer que el gran Kuroko Ren podía poner muecas ridículas solo para hacer que esa matita de pelo azul sonriera. Luego estaba el niño, que sonreía siempre, era molesto que pudiera ser tan despreocupado, todos le amaban en la casa y también le trataban como un tesoro casi como un cristal que pudiera romperse en el primer toque; la vida que tenía el pequeño era muy distinta a la que él tuvo cuando era más joven, nadie cuidaba de él y lo más cercano que tuvo al contacto físico con alguien más fue un golpe por haber sido descubierto robando comida.
Alguien llamó a la puerta de manera sutil, gruñó como una afirmación para poder pasar a quien fuera que interrumpiera.
Era Lyla, la abuela de Tetsuya.
-Lamento molestarte, sé que estás descansando.-habló de esa manera tan fina como siempre lo hacía.
Era una mujer muy hermosa, a diferencia de Ren ella se veía realmente joven y eso que todos juraban que era mayor que su esposo. Tenía una piel blanca de porcelana, el cabello largo y lacio que siempre traía en una coleta, siempre vestía con vestidos. Su aura emanaba tranquilidad y sinceridad, y era quien más quería acercarse a Taiga.
Taiga no mostraba signo de interés en platicar con ella, así que la mujer caminó hasta donde él para poder llamar su atención, siempre era hosco con ella pero en este momento le parecía que había algo más que lo molestaba.
-Escuché lo que pasó en el centro comercial por Ren.-prosiguió.-¿Te molestó? Lamento que te hayas sentido incómodo en aquel lugar, yo insistí en llevarte.
La escena regresó a su mente, la mirada llena de desprecio del gerente y del personal. También como todos los demás en el lugar se reían por como hablaba y vestía.
-No es nada, me interesa un bledo la gente de ese sitio.-dijo restando interés.-como a usted yo no debería importarle de igual manera.
Lyla se preocupó, Taiga miraba vacío y con nostalgia en los ojos hacia un punto, no quería despegar la mirada del paisaje por lo que buscó el objetivo que atrapaba la atención del muchacho, miró al jardín principal y pudo ver a las personas que más amaba jugando con una pelota.
Su blanca mano se deslizó hasta el mentón del moreno y le obligó a mirarle en un suave tirón.
-Claro que me importas, de otra manera yo no estaría aquí.-dijo con seriedad.-si tu tienes algún problema yo puedo ayudarte.
Taiga miró las orbes de Lyla, azules como el reflejo del mar mirarle con un sentimiento que no sabía describir, así que pensó que lo que más se le acercaba era la lástima. El pelirrojo tomó su muñeca con rudeza, dirigió la mano que estaba en su cara hasta su pecho y siguió bajando.
-Pues ya que lo mencionas.-dijo cambiando su mirada de desinterés a una de burla.-tengo muchos problemas, los más importantes de índole fisiológico así que tal si vemos un poco de eso que me has mostrado en educación sexual.
Se puso de pie y lanzó a la mujer a su cama.
Era un ave enjaulada por culpa de estas personas, no conforme con esto venía esta señora y le veía como algo peor que un cachorro callejero, le haría pagar por su atrevimientos sin importar las consecuencias que podrían venir.
Fue hasta ella sacando su playera.
-¿Sabe? nadie ha cuidado de mi todo este tiempo y he logrado sobrevivir y me he vuelto fuerte así que puede guardase su lástima de millonaria por donde le quepa.
Las lágrimas cayeron por los orbes de Lyla, él se sintió extasiado.
Saludos :)
