Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad del maestro Tadatoshi Fujimaki. La imagen tampoco es mía, nunca podría dibujar algo así, es de su respectivo autor.
Advertencias: Kuroko versión moe, están advertidos.
Dedicatorias: a los y las Kagakuro lovers :D
Notas al Final
Sintió ese delicado cuerpo bajo su propio peso, era tan frágil aquella mujer y la vez hermosa como una flor primaveral. Escuchó su respiración agitada, sus sollozos y palabras sin decir ¿Qué le sucedía? si ella quisiera, podría gritar y los sirvientes vendrían sin siquiera dudar un segundo. Cuando repartía besos por su pálido cuello sintió como unos brazos en vez de esforzarse en apartar su cuerpo, atraparon su espalda desnuda.
-Debiste sentirte muy solo, debió ser frustrante.-le susurró Lyla en sollozos.- la frustración de que todo el mundo te mire desde arriba, que te juzgue por algo que tu no decidiste, nadie desea nacer en el infierno de la soledad.
¿Era estúpida? realmente sabía de lo que estaba hablando, ella no entendía ni carajo de él, ella no…
Su vista se nubló, no entendía qué pasaba y tampoco sabía cual era el origen del agua que caía agua sobre el rostro de la mujer. Tocó su rostro con sus dedos y se dio cuenta de que eran sus propios sentimientos desbordados por aquellas orbes rojas. Trató de limpiarse con rapidez, llorar era para los débiles y las mujeres, no para él, él no…
Lyla evitó la acción, entre más se limpiaba, las lágrimas caían.
-Ese sentimiento que ronda en tu corazón de no lograr pertenecer a un lugar, te fuerza a huir de los demás, ya no tienes que hacerlo más, Taiga este puede ser tu hogar, tu lugar al cual pertenecer.
-¡¿Cómo puedo hacerlo?! ¡Si el mundo se ha burlado de mí muchas veces, yo no puedo confiar en nadie cuando hasta mi propia madre me abandonó en un basurero!-gritó llorando.
La peliazul besó con cariño su frente.
-Solo deja ir el pasado, no tienes que olvidarlo, solo dejarlo ir y así lograrás un nuevo y brillante presente. Ren, Tetsu y yo podemos ser esa familia que nunca has tenido, solo danos la oportunidad de caminar a tu lado, no te niegues a tu propia felicidad.
Con mucho cariño ella comenzó a acariciar sus hebras rojizas, el tacto fue sutil que caía en lo perfecto, la acción, aunque pequeña, confortó a su corazón herido y por fin pudo poner fin a ese huracán de emociones encontradas, que tanto le carcomía esas semanas.
Por eso no podía querer al niño, por eso se sentía tan molesto todo el tiempo. Todo lo que tenía Tetsu él siempre soñó tenerlo cuando era niño, una casa que le resguardara del frío, comida abundante en un plato que nunca faltara, atención de los demás, un padre que jugara con él a la pelota y una madre que le confortara en su lecho.
¿Realmente podría confiar en esta oportunidad?
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Todos estaban en la sala de estar, la motita azul estaba en el regazo de su abuelo viendo un libro de dibujos mientras el mayor está tecleando algo en su ordenador portátil, seguro será algún negocio, y Kagami hacía sus deberes del día.
Después del incidente se disculpó con el señor de la casa, pero sobre todo con Lyla que era quien se había llevado todo el susto. Por un momento creyó que el hombre le echaría de su casa después de tal falta de respeto, pero no, solo se sentó con él sin decir nada, fue muy extraño, en su pasado estaba acostumbrado a que cuando algo no salía bien era golpeado por sus fallas.
-En serio Ren, me he sorprendido, el cuerpo de Taiga era tan varonil.-dijo la mujer con emoción mientras trataba de ocultar su cara con sus manos en muestra de vergüenza.
Contó por enésima vez, en vez de dejarlo pasar ella se la pasaba haciendo bromas sobre lo ocurrido.
El hombre solo asiente, no parece importarle el relato de ella y eso le frustra a la mujer.
-Recuerdo que alguna vez tuviste ese cuerpo.-suspiró recordando.-si, hace tanto tiempo ya.-impregnó un poco de dramatismo en su voz.
-Aún lo tengo, cielo.-contraataco Ren.
Había aprendido que esa dama tan elegante y refinada cambiaba completamente cuando estaba con su esposo, en esos momentos dejaba su faceta seria y parecía volverse una niña pequeña que solo disfrutaba de burlarse y sacar de sus casillas al serio hombre que al final terminaba por perder los estribos.
-Lo que digas ci-e-li-to, después de todo ese tiempo sentado en la oficina lo único que tienes es una enorme barriga.-ahí está, lo ha logrado, hacer que su esposo deje ese horrible aparato y se concentre en ella.
-La única que está ganando peso aquí eres tu, quizas la edad.-de nuevo Ren se vuelve conversador y empieza a debatir los comentarios de su esposa.
-¿Me estás diciendo vieja?-deja la risa de lado, tuche, él también sabe dónde picar y el comentario ha sido por demás atinado sabiendo que cinco años los separan.
-Tu dime ci-e-li-to.-le dice sonriendo.
Kagami se ríe bajito y de manera disimulada, pero Lyla con su super oído lo escucha y no tarda ni dos segundos y está jalando la oreja del muchacho.
-¿De que te ríes jovencito?
El niño cierra el libro de un estrepitoso golpe, sus mejillas están rojas, está molesto y todos lo saben, odia que peleen cuando él está presente.
-¿Qué pasa Tetsuya?-pregunta el abuelo.
-Tesu quiele jugal afuela con pelota.
El hombre asiente y le indica al pequeño que ande a buscar tan afamado objeto y que valla al patio a probar si esta vez puede ganarle su super velocidad de abuelo, el niño feliz se echa a correr prometiendo que esta tarde el será el único campeón.
Taiga los mira correr, cualquier persona normal dejaría ganar al niño pero Ren parece de lo más infantil queriendo siempre llegar en primer lugar. La abuela le acaricia la cabeza con cariño, pero no sin dar otro pequeño tirón en su enrojecida oreja.
-Anda...ve a mostrarle a ese viejo tramposo quien es el más rápido de la casa.- dice guiñandole un ojo.
Deja los cuadernos abiertos y los instrumentos sin juntar y se pone a correr, aunque los otros dos le hayan sacado ventaja sabe que puede darle la vuelta si se esfuerza sólo un poquito más. Cada zancada su sonrisa se ensancha más, esto se está volviendo divertido.
Ahí se queda la abuela, juntando el computador, el libro y los útiles escolares, este es el trabajo de las sirvientas y que ella no debiera hacer pero que de alguna forma no deja de ser una costumbre. Más tarde alcanzará a eso tres, ahora solo dejará que se diviertan un poco.
Escucha el bufido de su marido, el jovencito le ha arrebatado su marca implecable de victorias, ella ríe por debajo, se lo merece por decirle vieja.
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Es hora de comer y el enano no ha regresado, le han mandado a buscarle. Le grita pero el niño no parece mostrar signos de presencia. A lo lejos escuchó unos sollozos, corre sin dudar un segundo y ve a una cara que se le hace terriblemente familiar.
-¡Eso es raro!-dice un niño con cejas tupidas y cabello negro.
Es Makoto, el hijo de una sirvienta nueva en la casa. Es de la misma edad del mocoso pero con una mente malvada y perversa aún y para un niño, se la pasa dando problemas a todos cuando está ahí.
-¡No es lalo!-dice Tetsu con los ojos húmedos.
Taiga decide que es hora de entrar a escena y ver que sucede porque no entiende porque están discutiendo esos niños, y lo más preocupante es que el peliazul está llorando lo que indica que nada buena la situación. Al verlo, el pequeño corre y se aferra a su pierna.
-¡Taya!-le llama llorando.-¿veldad que no es lalo que Tesu viva con sus buelos?-pregunta hipando.
Taiga no dice nada.
El llanto de Tetsuya no parece ceder, nunca lo había pensado pero eso era cierto ¿Dónde estaban los papás del niño? desde que había llegado solo los abuelos y los sirvientes estaban en la casa, tampoco había algún indicio de los progenitores del peliazul, en las paredes los únicos cuadros que colgaban eran de Ren, Lyla y Tetsu pero nadie más. Tampoco llamadas o conversaciones sobre ellos.
-Claro que es raro, seguro no tienes mamá y papá.-se ríe el pelinegro.-seguro te abandonaron porque eres tonto.
Y eso hizo aún más alboroto, su corazón se comprimió cuando las lágrimas caían por los ojos azules de Tetsu, se miró a él mismo cuando en el barrio los niños también se burlaban de que él no tenía papás, que aborrecían la idea de tener a un hijo como Taiga y por eso lo dejaron tirado entre la basura. Los niños pueden ser muy crueles.
-¡Claro que no!-gritó enojado Kagami.-¡Ren y Lyla cuidan a Tetsu porque lo aman y no hay nada de raro cuidar a un ser amado, aunque no sean tus padres!-cuando cayó en cuenta de lo que dijo el muchacho se sonrojó por sus propias palabras, eran muy vergonzosas.
El grito asustó al otro chiquillo que se marchó derrotado por aquel gigantón de cabello rojo, pero no por eso mientras se alejaba seguía diciendo que era un tonto el pequeño peliceleste.
-Qué niño más molesto.- gruñó.-¿Tetsu estás bien?-le preguntó el pelirrojo a niño incandose para ponerse a su altura.
El niño le miró con infinita tristeza.
-Si soy lalo, pol no tenel papás ¿es polque soy malo?
¿Raro? ¿Malo? cpor supuesto que…
-No, ese chiquilllo no sabe nada, no es raro no tener papás. Lo que pasa es que a veces… eto… pues.-Taiga no encontraba las palabras.-yo tampoco tengo papás.
El niño se sorprendió cuando escucho esas palabras.
-Pero no soy… bueno si soy raro.-no entendía porqué era tan malo.- pero el punto es que eso no importa, porque tienes a tus abuelos que te cuidan y te aman desde el fondo de su corazón, si tu lloras seguro que ellos también llorarán ¿Quieres eso?
El pequeño negó y trató de respirar por la nariz.
-Tonces etá bien no tenel papás si hay alguien que quiela a Tesu?
-Por supuesto.-dijo sonriendo.-ahora a comer que muero de hambre.
El niño tomó de la mano al mayor y caminó junto a él hasta la casa, Taiga lo dejó ser y se concentró en el firme y cálido agarre de esa pequeña mano.
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Ese día fue más raro que los anteriores.
Ren lo había llevado a comprar un poco de ropa nueva ya que su guardarropa comenzaba a quedarle chico, pero durante todo el viaje solo se había limitado a responder muy poco e incluso hubo un momento en el que le había dejado solo. No es que le tratara mal pero había algo en su actitud que le preocupaba.
En la casa había sido lo mismo, nadie lo fue a despertar, esa era la tarea de la abuela o del niño que disfrutaban de sacarlo de su letargo pero hoy ese acto no fue representado.
Durante el desayuno tampoco hubo mucha conversación, él mismo nunca se consideró muy hablador pero desde que llegó la lengua se le iba con más fluidez, además disfrutaba de hablar inglés con Ren.
Tal vez se habían enterado de sus recientes notas en lengua japonesa, no eso no podía ser, tal vez, solo tal vez…¿Se cansaron de él? Era lo único que venía a su mente, es que no pensaba que poseyera buenos atributos, era impulsivo, grosero y torpe para los estudios cualquiera lo dejaría tirado…
-Taiga.-le llamó Ren.
-Las luces de la casa.-señaló su hogar tan pronto el carro llegó a su destino.
Estaban apagadas, ninguna ventana brillaba y la puerta principal estaba abierta… sus sentidos se dispararon. Salió del auto corriendo, esto no podía pasar, solo fueron cinco horas el tiempo que dejaron solos a esos dos, en ese tiempo nadie pudo...
-"Lyla, Tetsu"-pensó.
Sintió algo extraño en su pecho, algo que creyó nunca sentiría otra vez...miedo.
No dudó para entrar, quien fuera que intentara algo contra la familia de los Kuroko tendría el más horrible de los destinos, si alguien siquiera…
Las luces se encendieron de par en par y ruidos coordinados llenaron el ambiente cuando un montón de papeletas de colores cayeron sobre su persona.
-¡Sorpresa!-gritaron.
Su mente tardó más de unos minutos en procesar lo ocurrido. Kuroko traía un cono colorido en la cabeza y un silbato en la boca. Lyla cargaba una tarta blanca con muchas velitas encendidas.
-¿Qqq..qué?-balbuceó.
Una carcajada cantó detrás de él.
-Ren te dije que era demasiado, le causamos un paro.-dijo la mujer.
El hombre miró como el pelirrojo no se movía ni un milímetro.
-Tal vez tengas razón. Taiga.-le llamó.-feliz cumpleaños, hijo.-dijo Ren entregando una caja de color roja con un enorme moño dorado.
Lyla no se quedó atrás y acercó más la tarta hasta que le quedó muy cerca del rostro dándole a entender que era momento del soplido.
Pero fuera de eso, los ojos del joven se aguaron. Estaba realmente feliz no solo por el pastel, no por celebrar que él había llegado al mundo, sino por entrar en la casa y poder ser capaz de volver a encontrar sus sonrisas sanas y salvas. Feliz por haberles conocido y estar ahora con ellos disfrutando este momento.
Hoy a sus diecisiete años de vida por primera vez, supo lo que era una familia.
Hola! (Limpia su lágrima)
Soy un ente abandonado por los lectores... aún así no me arrepiento de nada gracias a quienes me leen (se que hay algunos) quienes me hay regalado un follower y favorite, los aprecio de verdad y a SunSet especialmente que aquí me comenta en cada capítulo, este va para ti :). El Kagakuroko no ha muerto, lo seguiré shipeando hasta el final (saca su bandera).
Enhorabuena! ¿Por? pues porque en una semana actualicé tres historias (fin del mundo, lo sé) pueden darse una vuelta para leerlas.
Saludos, espero leernos pronto.
