Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad del maestro Tadatoshi Fujimaki. La imagen tampoco es mía, nunca podría dibujar algo así, es de su respectivo autor.
Advertencias: Kuroko versión moe, están advertidos.
Dedicatorias: a los y las Kagakuro lovers :D Porque el Kagakuro no ha muerto :)
Notas al Final
Nosotros no decidimos dónde nacer y a que familia pertenecer.
Cuando era pequeña perteneció a una familia bien acomodada de apellido Reit, vestía con hermosos vestidos y asistía a las mejores escuelas. Aunque siempre sintió que no pertenecía ahí, en la casa las miradas que recibía tenían odio y pena, incluso la que llamaba su madre no le prestaba el mínimo de atención, aunque lo atribuía a su pequeña hermana que necesitaba más atención por ser la menor.
El tiempo pasó y las cosa se iban volviendo más extrañas, cuando sus padres salían a fiestas o reuniones ellos nunca la llevaban; cuando llegaban visitas a la casa la dejaban en su habitación. Los elogios y regalos eran todos para la más chica. En la escuela siempre era víctima de sus compañeros, y también de la niña con la que compartía su misma sangre. Pero no le importaba mucho, solo se concentraba en estudiar el doble o el triple de lo normal, solo para recibir unas pocas caricias de su padre, quien era el único que demostraba sentir algo de amor por ella.
Cuando cumplió ocho años supo la verdad de la forma más cruel, junto al ataúd de su padre y frente a todos los invitados a la triste despedida, la señora de la casa le gritó que ella no era su hija y que a partir de ese día sería rebajada a el estatus de una simple sirvienta, porque ese siempre había sido su destino ya que ella había sido el producto de una relación entre el señor de la casa y una mujer de la servidumbre.
Aprendió a lavar, fregar, limpiar y todo lo que una sirvienta debía de hacer, pero no dejó de estudiar aunque tuvo que asistir a un colegio público ya que fue lo único que podía costear. Ahí pudo ser más libre de lo que logró ser en todos los años en la casa, nadie la molestaba ni estropeaba sus cosas y por fin logró hacer amigos que se preocupaban por ella. En la casa también los sirvientes tenían mucho afecto por ella, ayudaban a realizar la lista infinita de tareas que le era encargada por la señora de la casa, que resultaba ser dos o tres veces más grande que la de cualquier sirviente, no había que ser un genio para saber que la mujer le guardaba odio a la inocente niña.
Lyla creció para volverse una jovencita hermosa e inteligente, de carácter duro y mente abierta. Después de trabajar muy duro fue aceptada en una universidad en el área de economía, aunque la escuela estaba bastante lejos nunca se quejó ya que ella quería graduarse para salir de esa prisión, como ella le llamaba.
Un día mientras llegaba de la escuela encontró a un chico trepado en las ramas de un árbol, leía pacíficamente un libro pequeño, tenía una estatura y talla corta por lo que intuyó que seguro estaba en la secundaria aún.
-Lyla.-le llamó desde la puerta una chica.- ¿Has visto a un chico enano con cara de aburrimiento?-preguntó.
-Buenas tardes también, hermana.-saludó con una media sonrisa.
-¡Sabes que no debes de llamarme así! yo nunca sería la hermana de una sirvienta.-respondió enojada.-Solo dime si lo has visto o no.
Su mirada viajó al muchacho en el árbol ¿es que en realidad no lo estaba viendo? nadie podía ser tan tonto. El chico puso un dedo sobre sus labios y le hizo una seña de que no dijera nada, lo meditó unos segundos, si se enteraban de que había mentido seguro la castigarían a lo grande, pero por otro lado también sintió pena por el muchacho que sería obligado a estar al lado de su hermana, que ciertamente era una molestia.
-No, no lo he visto, hermana.
Como contestación un portazo tuvo.
Unos segundos más y viendo que la molesta chica se había marchado sin posibilidad a regresar el pequeño muchacho bajó de un salto de la rama.
-Gracias.-dijo con seriedad.-Mi nombre es Kuroko Ren, gracias por salvarme.
-No te preocupes, se que ella puede ser un poco, muy, difícil.-rió ella.-Lyla, solo llamame Lyla.
No fue una escena extravagante, ni siquiera pareció que fuera importante pero para ambos sería el inicio de lo que en un principio sería una amistad.
…
Era de noche, hacía frío y como siempre ella tenía que ser la encargada de la molestia más grande de la casa. Una suerte que supiera donde encontrar a su presa.
En el árbol, de esmoquin negro y con su inseparable libro estaba ahora un muchacho de unos veintidós años camuflado entre la oscura noche y el follaje.
-¡Dios, Ren deja de ser un inmaduro y entra a la cena de una vez por todas que estoy congelándome!-gritó con cierta desesperación.
Ren solo volteó la página y continuó leyendo.
-No veo la necesidad de estar ahí, es sólo una cena.-dijo él con tono simplón.
Lyla se masajeó las sienes, buscando en su interior un poco de autocontrol y no llamar a los sirvientes para cortar ese árbol y poner fin a esta ridícula situación. Extrañaba al niño que era callado y adorable, que obedecía siempre sus instrucciones, el amable que la ayudaba pero solo de él quedaban los recuerdos guardados en sus corazón porque el que tenía enfrente era un incordio molesto que se la vivía causando problemas, fuera y dentro de la oficina… porque señores, ella era su asistente en la empresa donde estaba trabajando.
-No es solo una cena, es la celebración de compromiso de mi hermana.-dijo ella.- y no habrá brindis porque el novio está aquí jugando a las escondidillas como un crío.
-Pero el brindis ya está hecho, no necesitan que esté ahí.
Con la cabeza echando humo ella fue con dirección al garaje por una hacha con la intención de echarlo abajo. Sin muchas opciones Ren decidió bajar por las "buenas" evitando el desquiciado plan de la peliazul. Sabía que no debía de pagar con ella todo lo que quería pero verla con ese rostro adorablemente enojado hacía que sus buenas intenciones se fueran por la borda.
Miró como temblaba levemente, aunque ahora ya no por coraje sino por frío, pudo haberle dicho que entraran o darle su saco pero por alguna razón abrazarla fue la opción que eligió. La quería, la adoraba y desde que era un chiquillo tonto lo supo, admiraba a la mujer que a pesar de todo lo que vivió era capaz de sonreír, que luchaba por su propio futuro…
-Quisiera que fueras tú la persona que pasara toda la vida conmigo.-le dijo avergonzado, esta era la primera vez que dejaba mostrar lo sentimientos que tenía guardados.
Para ellos no había un futuro, no uno donde ambas empresas que estaban hundiéndose sobrevivieran, por eso él aceptó tomar la responsabilidad de unir su vida a una mujer que no quería y abandonar un futuro feliz con la chica que tenía enfrente.
Sintió como su gesto fue correspondido, los brazos de Lyla lo rodearon fuertemente.
-Lo sé, bobo, lo sé.-dijo ella bajito y con voz quebrada.
Bajo el árbol de testigo que los vio crecer, se dieron su primer beso que sería el único en muchos pero muchos años.
…..
-¿Por qué no?-preguntó Ren firmando unos contratos.
-Porque señor Kuroko, usted ya está casado.-replicó ella dando otros tantos para firmar.-y tiene una hija.
Su jefe le extendió una hoja, Lyla pensó que era un documento de nómina pero los archivos que tenía en las manos se desplomaron cuando miró el contenido de las letras. Un acta de divorcio, firmada y legal que lo separaba oficialmente de su esposa.
-No me gusta hacerlo pero lo preguntaré nuevamente ¿Quieres casarte conmigo?-dijo él poniéndose de rodillas frente a ella, mientras le ofrecía un anillo.
Con toda la euforia del mundo saltó contra él en un gran "sí".
…..
La gente la volvía a mirar raro y mal, siempre cuchicheando a sus espaldas que había sido una ramera por meterse con su jefe, que todo lo que tenía ahora era producto de abrir las piernas pero eso poco podía importarle, porque dentro de su corazón ella sabía la verdad y eso era que nunca hizo algo indebido con Ren. Ella podía portar con orgullo el apellido de su marido son honor, muy diferente a su hermana que se la pasaba de cama en cama cuando salía Ren de viaje de negocios.
Tampoco importó mucho que el abuelo después de casarse le quitara a su marido sus acciones y la dirección de las empresas, con lo que tenían ambos eran muy felices.
El único problema era la niña hija de Ren, era muy rebelde y se la pasaba dando problemas cada vez que podía. Había que decir que ya había sido corrida de tres escuelas por revoltosa, y estaba en riesgo de una cuarta en esos tiempos. Kimi le echaba toda la culpa a Lyla de que el matrimonio entre sus dos padres no hubiera funcionado, y también de que ahora ella viviera con ellos en lugar de estar con su madre que todo le complacía con tal de que no la molestara. Pero la peliazul no podía ser de esa manera, ella quería lo mejor y esperaba que en algún momento recapacitara.
Estaban en la oficina revisando unos asuntos cuando del hospital llamaron diciendo que Kimi había sido ingresada al hospital. Cuál fue su sorpresa cuando el médico les explicó que la chica de dieciséis años había intentado practicarse un aborto en la escuela. Por suerte ambos, mamá y bebé, estaban a salvo de milagro. No fue nada agradable que cuando llegara la mamá de la muchacha una semana después, por ella estaba muy ocupada vacacionando, le dijera lo inútil que era al no poder deshacerse de la criatura.
Ese día su hermana menor tuvo una cama junto a su hija después de que la misma Lyla se encargara de intentar hacer que en la cabeza hueca de la ex esposa de Ren le viniera ideas. Lyla no entendía cómo podían despreciar tan a la ligera la vida de un ser inocente, que ella daría todo por poder concebir, porque ella nunca tendría la oportunidad de ser madre, ella era estéril.
Después de negociar llegaron a un acuerdo, Kimi aguantaría al bebé en su interior y lo daría a luz con la condición de que su padre costeara sus clases para volverse modelo en el extranjero y una compensación económica para su querida madre que ya había despilfarrado la herencia que su padre le dejó.
Un día de enero nació una pequeña criatura, blanca con su cabello azul apenas brotando de su cabeza, era tan hermoso como un ángel pero a los ojos de Kimi no sería más que la desgracia más grande en su vida. No le dedicó ni una mira, un beso o un gesto, tan pronto pudo caminar se fue de ese país a perseguir sus sueños dejando a su hijo atrás.
Desde entonces Lyla y Ren decidieron cuidarlo, no quisieron volverse sus padres con la esperanza de que un día Kimi recapacitara y volviera por su niño.
Tetsu corre para todos lados, demasiada energía acumulada dentro de un diminuto cuerpo, después haber dormido toda la tarde y estar encerrado en casa por cinco días, es una máquina que no piensa detenerse ni un segundo mientras las sirvientas tratan de atraparlo para poder ponerle sus zapatos. La lluvia ha caído sin dar tregua desde el inicio de la semana y no ha permitido a nadie la libertad de dejar la casa.
Justo hoy hay una clase de reunión donde los abuelos deben hacer presencia, la abuela piensa que no es un buen día y que le apetece quedarse en sala leyendo junto a Taiga y el pequeño latoso lleno de energía, que ellos no son necesarios y que su esposo estará bien solo. Pero Ren firme dice que nadie se quedará en casa y que todos irán a la dichosa reunión aunque tenga que llevarlos a rastras.
Taiga se mira al espejo, pareciera otra persona ahora que lo nota. Su cabello, recién cortado hace unos días, hace que ahora pueda verse su morena frente pero sobre todo sus ojos de rojo tan intenso al igual que sus tupidas cejas. Su ropa, suave, limpia y cara no dejan rastro del chico de la calle que era hasta no hace mucho. Elige sus zapatos con cuidado y va directo al recibidor donde ya deben estar los abuelos listos para marcharse.
-¡Tetsu!-escucha un grito cansado de la sirvienta que ya ha perdido el aliento de tanto corretear al infante.
El muchacho mira que el niño se escuda tras de él, lo utiliza como poste para poder huir de la mujer que ya no puede correr más, en un acto de bondad atrapa al enano de su esponjoso suéter y lo alza por los aires.
-¡Te tengo! pequeño renacuajo.-le dice Taiga mientras lo coloca en sus brazos y le hace cosquillas en la panza.
Sin poder evitarlo, Tetsu suelta carcajadas mientras intenta tapar evitar los dedos morenos del mayor pero solo queda en eso, intentos.
El pelirrojo le pide los zapatos a la mujer y le indica que él se hará cargo de esa faena, ella le agradece y se retira a sus deberes. Muy distinto a la situación anterior, el niño permite que él le coloque las botas en sus pequeños pies, sin escapar ni hacer pucheros lo cual que el chico le agradeció internamente. Piensa en que últimamente su tarea ha sido preparar a Tetsu pues ha estado renuente a cooperar con la muchacha que se encarga de vestirlo y bañarlo, alguna clase de rechazo por parte del pequeñito que se hace más notable estos días que ha estado encerrado.
En la entrada, el mayordomo indica que el chofer ya tiene el coche esperando por ellos. Los sirvientes les llevan hasta el vehículo con una sombrilla para evitar que se mojen y los despiden con una reverencia deseando que su camino vaya con bien.
Dentro del auto van los cuatro sentados, Taiga va escuchando música en el teléfono mirando como cae la lluvia sin pausa alguna, pero voltea su vista a los Kuroko, abuelo y nieto van durmiendo de forma graciosa juntos, y Lyla, que va más que despierta, es quien llama su atención.
Está muy tensa, lo estuvo toda la semana desde que Ren avisó de la reunión que acontecería, su mirada no tiene su brillo habitual y eso no le agrada, pareciera que está en otro mundo. No sabe si preguntar sea correcto, más después de que el tema provocó una pelea con su esposo porque ella se negaba a ir, y más a llevar al niño lo cual era muy sospechoso.
Sabe que no debe inmiscuirse en los problemas que no le corresponden, pero cuando se trata de la mujer que está a su lado, no puede quedarse con los brazos cruzados y sin hacer nada porque para él ella pudo ver a través de esa gran pared de frialdad que puso, y le brindó el más cálido de los amores, el amor maternal. Con ella podía platicar de cualquier cosa, si tenía problemas con las lecciones ella se encargaba de disipar sus dudas, y ¡qué decir de su comida! era deliciosa, aunque también si se pasaba de listillo Lyla era quien más le llenaba de sermones.
La sentía tan cercana que si ella sufría, él sufría.
Cuando por fin se decidió a decir algo se dió cuenta de que la cabeza de Lyla descansaba en su hombro, la respiración acompasada le hizo darse cuenta que también había caído dormida, no la movió ni un milímetro la dejó descansar, porque además de sus ojos tristes y mortificados, había en su rostro un par de bolsas causadas por la falta de sueño que eran cubiertas de forma maestra por una capa de maquillaje para ocultarlas.
Él pensó que la lugar donde vivía era grande pero este sitio estaba fuera de su imaginación, no podía creer que fuera una casa. Ni siquiera podía contar todas las habitaciones y solo pidía ver un montón de gente entrar en carros muy llamativos. Iba caminando por los pasillos en una actitud solemne, iba tras de Ren y Lyla que iban agarrando al pequeño de ambas manos. Y un hombre de edad mayor les abrió la entrada a la sala principal donde habían distintas personas que al instante no fueron de su agrado.
Al instante se sintió fuera de lugar, su mente viajó al centro comercial y a sus días en las calles. Las personas en aquella sala solo lo miraban de arriba para abajo para después regresar a su círculo a conversar. Muy distinto a él, el abuelo fue rodeado al instante de muchas personas que lo miraban con admiración, todos peleaban por adquirir un poco de su atención.
-¿Cómo se atreve a traerla? ¿Es que no sabe lo que es la decencia?-escuchó a una mujeres hablar, no necesitó ser un genio para saber qué se referían a Lyla.
Pudo notar su cara hacer una mueca, pero no dijo nada solo se concentró en lo que el niño decía. En un poco de tiempo el más chico ya había salido corriendo a jugar con los que podrían llamarse sus primos dejando a la señora sentada sola en un lujoso sofá blanco. Muchos la veían pero nadie se acercaba, todos la evitan por alguna por una razón extraña, las personas ricas podían ser muy extrañas.
Miró a una chica, bonita de ver pero con una peculiaridad de que sus ojos azules como el cielo de acuarelas, los mismos orbes que tenía una motita de pelo azul. Sus ojos se conectaron por unos minutos ¿Esa chica tendría su edad? realmente parecía muy fina, pero a la vez su instinto le decía que no era una buena persona.
La voz de la abuela le hizo regresar a la realidad, le llamaba para invitarlo a tomar asiento junto a ella. Sin resistencia él fue hasta ella, después de todo no había necesidad de estar parado durante tanto rato.
Un sirviente le hizo la indicación de que las cabecillas podían pasar a la sala de reunión. El abuelo hizo un ademán a Lyla quien enseguida se acomodó a su lado con elegancia y mirada hostil para los demás, como si fuera una advertencia a no meterse con ella, Ren sonrió cautivado, esa era su esposa.
Todos los niños, menos Tetsu, fueron con las mucamas a tomar su siesta definitivamente al niño no lograrían siquiera que cerrara los ojos dos minutos con la energía que cargaba por lo que fue dejado al cuidado del pelirrojo que se dedicaba a lanzarlo por los aires y atraparlo.
….
Un hombre con la severidad en los ojos, y el pelo pintado completamente de blanco esperaba a todos en la gran sala. Ninguno se distrajo, todos sabían que ese hombre odiaba que la gente lo hiciera esperar más de la cuenta. Este imponente viejo era nada menos que la cabecilla de la familia.
Una vez todos sentados tomó la palabra.
-Sé que a muchos les tomó por sorpresa la razón por la cual les hice venir sin anticipación alguna.-comenzó.- pero es de vital importancia decirles que mi salud no es la más óptima, esta semana se me ha detectado cáncer y cabe decir que no pienso someterme a ningún tratamiento.
Todos comenzaron a hablar atemorizados, definitivamente nadie daba crédito a lo que oía.
El señor alzó la mano para invitar a todos a estar en silencio.
-Prefiero morir entero que lleno de tubos.-continuó.- por lo que antes de que me lleve la muerte quiero dejar claro cómo será dividida la gran fortuna que esta familia ha construido.
La vista del viejo se posó en Ren y Lyla que estaban juntos del brazo, no sentían que fueran buenas noticias. La fortuna que había era demasiado grande aún después del hundimiento décadas atrás, y todos seguro estaban interesados en la parte que creían merecer.
-Después de pensar mucho y ver los hechos hasta ahora he decido una cosa, la mitad de todo será dividido en partes iguales para todos ustedes menos para alguien en esta sala… Ren, tú no tendrás nada de ello.-todas las miradas se centraron en él, claramente divertidas al saber que el hijo que más contribuyó en el crecimiento no obtendría un centavo.-tú no lo tendrás, pero si tu primer y único nieto sí.-nadie estaba preparado para lo que venía a continuación.- declaro a Tetsuya de los Kuroko, heredero a la otra mitad y total de la familia.
Saludos!
Muchas gracias por sus lecturas, espero que les agrade este.
SunSet: Siento decirlo pero no todo será miel sobre hojuelas :S comienza una de las partes más duras en estos momentos, pero este capí estuvo relajado para darles paz a los personajes. Gracias por darte tu tiempo y comentar.
