Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad del maestro Tadatoshi Fujimaki. La imagen tampoco es mía, nunca podría dibujar algo así, es de su respectivo autor.
Advertencias: Kuroko versión moe, están advertidos.
Dedicatorias: a los y las Kagakuro lovers :D
Notas al Final
Dio un disparo, justo en el blanco.
Desde la reunión en esa casa los abuelos habían estado muy tensos los últimos días, Ren se la pasaba telefoneando la mayor parte del tiempo y trabajando en el ordenador mientras la abuela parecía estar en otro mundo. La situación era tan densa que incluso el pequeño lo notaba al preguntar sobre sus abuelos al chico.
Cuatro disparos más y de nuevo acertó de manera perfecta.
Pero qué podía decirle a Tetsu cuando ni siquiera él sabía exactamente lo que pasaba, solo intuía que no podía ser nada bueno al mirar a los mayores estar tan alertas en cada momento. Al regreso a la casa Ren le había dicho a Taiga que comenzaría con sus lecciones para aprender a disparar, no era que no supiera pero el abuelo quería que aprendiera lo más que pudiera en esa área lo que también se le hizo un tanto perturbador, no por la razón sino por la expresión afligida que tenía Ren cuando lo dijo.
Escuchó aplausos tras de él, Lyla lo miraba con una sonrisa.
-Has acertado a todos.
-Nunca fallo.-respondió un tanto avergonzado.
Ambos se miraron y sonrieron, no necesitaban decirse otra cosa. La peliazul dio la vuelta y caminó a la casa, esperando que el joven la siguiera.
Caminaba pensando en otro dilema que lo atormentaba de una manera horrible, hace unos días había llegado un mensaje a su teléfono que le preguntaba sobre el "avance" para terminar con los residentes de la casa. Había ya sido tanto desde el atentado para el niño que olvidó sin querer que aceptó ser parte del plan para matar a los abuelos. Quería decirle a Ren sobre el tema, su parte más c se lo gritaba pero otra parte de él temía a perder la confianza que había construido.
Se palmeó la cara, no sabía qué hacer, esperaba que al menos en los próximos días pudiera tomar una decisión sobre la situación.
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Las olas mojaban de manera acompasada la arena, que era débil ante la inminente fuerza de las aguas y se dejaba arrastrar. El viento salado golpeaba su rostro agradablemente mientras observaba con su familia el hermoso atardecer.
La playa, ciertamente era hermosa.
Lyla había convencido a su esposo que era un buen momento para poder salir a pasear y tomar un buen descanso de la cotidianidad y que mejor manera de hacerlo que visitando el mar y su hermoso paisaje. Ren, sin poner mucha resistencia, aceptó ya que le apetecía mucho pasar tiempo con su ellos después de tanto ajetreo.
Miraba a Tetsuya, era tan guapo, tenía la cara tan fina de Kimi pero sus expresiones inmutables muchas veces iban más allá de las que el propio abuelo podía crear ¿Será de su padre? posiblemente. Durante los meses que estuvo viniendo del hospital donde se encontraba su hija, nunca pudo hacer que la muchacha soltara una sola palabra de aquel otro que había participado en la concepción de Tetsu. Nadie entre sus conocidos perfilaba para poder ser su papá, era casi como si ese hombre hubiera sido un fantasma.
-Buelo.-dijo el niño llamando a Ren pues por un momento parecía que se había esfumado a otro lugar.
Ren aterrizó de nuevo en el mundo de los mortales y le regaló una suave sonrisa.-¿Es un castillo?-preguntó.
El la arena, una pequeña obra fue creada por las manitas de su nieto. Sin duda para muchos era una cosa horrible y de mal gusto que no eran más que intentos fallidos de moldes de arena con un balde, sin embargo, para él, tal pieza merecía un premio.
-¡Shiii!-sonrió con ganas, sin duda su abuelo sabía apreciar su trabajo duro.
De pronto y sin previo aviso la marea se llevó en un solo movimiento la estructura que con trabajo el peque construyó, y de paso mojó hasta el ombligo al niño. Tetsu al ver lo sucedido se soltó al llanto, su hermoso castillo se había reducido a nada.
Preocupado de la reacción el pelirrojo llegó al rescate.
Ren no perdió ni un segundo de su atención en la escena, primero, Taiga cargó al niño en brazos y lo alejó un par de metros del lugar en el que estaba construyendo; seguido se puso junto a él y le ofreció hacer un nuevo castillo, mucho más grande y más bonito. Al niño le brillaron los ojos.- "¿Taya sabe haced catillos?"-preguntó emocionado.
Con alarde el pelirrojo se jactó de ser un super experto en la construcción. Tetsuya olvidó el incidente y no dudó en seguir al muchacho y comenzar con la tarea de hacer ese castillo maravilloso.
Ren meditó un momento, cuando recogió a ese chico del infierno en el cual había sido sumido no pensó que las cosas podrían tornarse de esta manera. Su búsqueda inició con el objetivo de encontrar un hombre que fuera capaz de proteger a su familia de los peligros que su mundo representaba. Fue una tarea ardua, sabía que para ese trabajo no podía conformarse con cualquier persona que tuviera unos cuantas cintas de artes marciales, y por ello se concentró en buscar a alguien que no fuera convencional. "El tigre" llamó su atención completamente, así que sin dudarlo emprendió un viaje para encontrarlo, en su imaginación figuraba un hombre, mercenario y sin escrúpulos, no un muchacho desorientado y abandonado. Al mirarlo supo que en sus ojos solo había rencor y resentimiento contra el mundo, algo que podía usar. Más nunca imaginó que que llegaría a ver a ese rudo Tigre sonreír como un niño mientras construía un castillo de arena, que ese tigre se volviera Taya para el pequeño Tatsuya.
Pero no solo la transformación de joven le dejó sorprendido, también lo hizo la de Lyla y la suya propia. Aquel pelirrojo les entregó algo único e invaluable.
El abuelo tuvo que contener una gran carcajada cuando las habilidades del joven resultaron igual o peor que las de su pequeño nieto, la figura de arena se deshacía nada más era liberada del cubo plástico.
-Patético.- se escuchó el bufido de alguien.-pensar que resultarías tan inútil.
Era Makoto que veía la escena, regresaba al lado de Lyla después de una visita rápida al el w.c. El pelinegro los había acompañado en su viaje puesto que Tetsuya había insistido hasta el cansancio, en los últimos días parecía haberle agarrado mucho cariño, no era de sorprenderse cuando en la casa Makoto era el único infante con el cual el peliazul podía convivir.
Apartando a Tetsu del pelirrojo el chiquillo comenzó a moldear arena y dejar en ridículo los vanos intentos del joven. Después de unos minutos una perfecta y limpia estructura fue elaborada por el menor, no es necesario mencionar que se ganó un par de aplausos por el otro pequeño que solo podía pedirle que le enseñara.
Enojado y frustrado Taiga inició una pelea con Makoto que, aún siendo tan chico, podía llevar el flujo de la conversación y vencer verbalmente a Tai.
La abuela los dejó ser, a pasos cortos se colocó al lado de su esposo que admiraba la disputa entre los dos "niños". Recargó su cabeza en el hombro de Ren mientras suspiraba, no con tristeza o con nostalgia más bien era una muestra de la tranquilidad que le transmitía el momento.
Ahí en la arena, junto a su hermosa esposa, sus hijos y ese bello atardecer que parecía infinito, pensó que desearía poder detener el tiempo y poder disfrutar a su familia sin nubes que oscurecieran el camino.
Ese pensamiento permaneció aún cuando estrechó la mano de Lyla entre la suya, aún cuando la pelea dio fin reclamando como ganador a Makoto, aun y cuando el bello atardecer fue reemplazado por la inmensidad de la noche y su manto de estrellas.
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Aquel día era inhóspito, frío, oscuro y hasta un poco sombrío. No era el clima, pensaba, el encargado de hacer emerger en él tal sentimiento, sino la idea de la partida del abuelo a un lugar lejano por causa de sus negocios. Aún después de tanto tiempo con ellos no podía acostumbrarse a esa sensación de vació en su pecho que ocasiona decirle adiós al hombre.
El carro se detuvo, por fin había llegado.
Ren, como pocas veces, hizo que Taiga le hiciera compañía hasta el área de despegue. Con cortesía el muchacho ayudó con el equipaje del mayor, llevando las maletas lo más cerca del jet. El piloto hizo una seña graciosa y el abuelo comprendió que era momento de subir.
Taiga lo miró alejarse por aquellas escaleras de metal, se dio cuenta de que en todo este tiempo hasta la pista no cruzaron ninguna palabra, el abuelo y él, ahora que ni siquiera le había dicho adiós se sintió aún más inquieto.
-¡Ren!-le gritó.
Sorprendido por aquella acción el abuelo dio medio giro y miró con profundidad a los ojos borgoña de Taiga. Él también tenía muchas palabras que no dijo, que deseaba expresarle durante los últimos días pero la vergüenza o, quizás, la ausencia del momento indicado impidieron que esa charla nunca fuera realizada. Ahora, tampoco era el tiempo ni el lugar pero no quería quedarse con esa sensación de insatisfacción. De manera resumida intentaría poder transmitir todo lo que deseaba decirle.
-Taiga.-le llamó al ver que el muchacho se había quedado mudo.-los cuidarás ¿cierto?-preguntó el abuelo refiriéndose a los dos que esperaban en casa.
-¡Por supuesto!-contestó sin ningún ápice de duda.- ¡Con mi vida lo haré!
Ren bajó con inusual rapidez las escaleras directamente hasta el pelirrojo, en un solo movimiento lo atrajo y lo abrazó con fuerza.
Taiga no supo cómo reaccionar a aquello, era la primera vez que Ren lo abrazaba de esa forma tan cercana, tan íntima y cálida.
-Ese es mi muchacho.-le dijo revolviendo sus cabellos rojizos.-definitivamente te has vuelto un hombre. Dejo en tus manos a mis dos tesoros. Pero también, te dejo a ti mismo a tu propio cuidado, no mueras, tonto.
-Vale.-dijo devolviendo el abrazo con más fuerza.
Y como un deja vú el muchacho volvió a llamarlo antes de que pudiera entrar en su transporte.
-¡Ren!, ¡Gracias por todo, gracias por salvar mi vida, gracias por darme un techo y comida, gracias por darme una razón para vivir pero sobre todo… gracias por darme una familia!-gritó aún más fuerte que la primera vez.
El hombre esbozó una sonrisa pero no contestó nada, esas palabras llegaron hasta lo más profundo de su corazón y por un momento se sintió padre nuevamente, desvaneciendo ese sentimiento de culpabilidad que Kimi dejó en él.
La sonrisa de Ren se grabó en su mente, sincera y hermosa sería, tristemente, la última vez que podría verlo.
Hola!
Después de mucho tiempo he traído la actualización. Gracias por sus lecturas y especialmente a SunSet que me sigue y que comenta siempre mis actualizaciones, Sun-chan me alegra que te gustara la historia de los abuelos porque a mucha gente le desespera el desarrollo de personajes secundarios. Este será quizás de los capítulos que más ha hecho sufrir a mi corazón **llora** pero que me enorgullezco porque no se me da bien escribir cosas tristes ni dramáticas.
Vuelvo a agradecer por las lecturas, saludos!
