Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad del maestro Tadatoshi Fujimaki. La imagen tampoco es mía, nunca podría dibujar algo así, es de su respectivo autor.
Advertencias: KiyoHana ¡Están advertidos!
Notas al Final
Ese domingo era bastante agradable, estaba solo en la casa mientras que Tetsuya y Taiga compraban la despensa del mes en el centro de la ciudad. No los había acompañado por dos razones, en primer lugar su bola de algodón le pidió espacio para confesarle al pelirrojo que había comenzado a salir con Aomine, y en segundo porque deseaba poder tener un tiempo a solas para él después de una temporada fastidiosa de exámenes.
En el baño reflexionaba un poco sobre lo de Tetsuya, estaba sorprendido por haber aceptado tan de buenas a primeras al as de baloncesto del instituto. Aomine era sumamente popular en su escuela pero eso no era lo que movía al otro a estar con él y lo sabía, pero no imaginaba que en ocho horas de cita hubieran sido suficientes para que su amigo pudiera ponerle punto final a los sentimientos por Taiga.
Si, él conocía perfectamente de los sentimientos de su amigo. Después de todo el peliazul era claro como el cristal respecto a sus emociones, al menos así era para Makoto, era tan evidente al ver como miraba al Taiga, como respondía ante cada gesto o palabra que él otro le dedicaba. Tetsuya estaba completamente enamorado de ese descerebrado.
¿Le molestaba eso? no, por supuesto que no lo hacía.
A él no le causaba problemas la homsexualidad, de hecho pensaba que aquellos que la repudiaban contaban con un bajo nivel de inteligencia y tolerancia a las demás personas, no es que él fuera precisamente muy tolerante y condescendiente pero no iba por la vida juzgando a los demás por sus preferencias.
Se secaba el cabello cuando la puerta se abría, asomó la cabeza para ver quien era, dudaba que el par de despistados pudieran hacer tan rápido las compras, sólo habían otras dos personas que tenían la libertad de entrar de tal forma a la casa.
-Buenas, Hanamiya-kun.-saludó con una enorme sonrisa el castaño.-¿Taiga está en casa?
Hablando de descerebrados, uno de ellos entró en sus dominios.
-Kiyoshi.-dijo en un gruñido.-no, han salido a comprar unas cosas, volverán enseguida.
El hombre no dudó ni un segundo en aceptar pasar. Con la confianza que ya se tenía se fue directo a la sala sin zapatos y se despilfarro en el sillón.
- Si que ha sido un día pesado.-dijo estirando los brazos.-¿cómo te va en el instituto, Hanamiya-kun?
No se explicaba como podía ser tan tranquilo, este sujeto lo sacaba de quicio en muchas formas distintas.
-Perfecto como siempre, soy el primero de la clase.-respondió sentándose al lado.
Todo lo que engloba a ese castaño le molestaba, desde su estúpida sonrisa despreocupada hasta sus enormes manos.
-Supuse que sería de tal manera, después de todo eres brillante.
También que fuera tan denso y cabeza de chorlito.
-¿Qué haces?-preguntó Teppei cuando sintió como el pelinegro se ponía a horcajadas sobre él.
El joven lanzó un bufido.
-Es lo que yo me estaba preguntado ¿Qué haces preguntando mierdas cuando deberías estar besandome?
Ni siquiera dejó que le contestara cuando Makoto estrelló sus labios contra los del castaño. No había suavidad ni ternura en aquel contacto, solo desesperación y pasión. Kiyoshi le correspondió el contacto con la misma intensidad, añadiendo, por supuesto, un poco- realmente mucho más- de lengua. No de daban ni un segundo de porroga para inhalar aire antes de comenzar una fiera danza de ver quien era el que dominaba al otro. Hanamiya decidió que un beso ya no era suficiente, así que sin pudor metió la mano en la parte trasera del pantalón y apretó su glúteo.
-¡mnh!-se sobresaltó el mayor.-¡Alto!-dijo intentando romper el beso.-dijiste que regresarían pronto.-algo bastante inútil.
Las manos maestras de Makoto ya tenían el cinturón fuera de jugada.
-Mentí, fueron por la despensa.-contestó jugando un poco con el miembro de Kiyoshi que aún yacía guardado bajo la tela de sus boxers.
-Podrían volver en cualquier momento.-trató de mantener la cordura.
-No lo creo
El jugueteo no ayudaba a mantener su mente… ¿Estable? ni siquiera podía ponerle un nombre coherente a esto.
-Simplemente podrían regresar por… ¡Oh, maldición!-jadeó cuando los finos dedos del pelinegro entraron en contacto con su extensión-¡Alto pequeño sádico!-lo tomó de las manos.
Sabiéndose atrapado no tuvo más remedio que ingeniarselas con lo que tenía. Dejando besos cortos y provocativos, nacidos de sus labios hasta el oido ajeno.
-¿Desde cuándo eres tan aburrido? Si he dicho que tardaran, van a hacerlo.-se dedicó a hacer su trabajo en el oido suspirando de manera sensual sabiendo lo sensible que era el castaño en esa zona.- ¿Alguna vez me he equivocado?- preguntó.
-Nunca, pero…
-No traigo nada debajo de este pastoso suéter.-ronroneó.
No necesitó nada más que eso para levantarse y dirigirse a la habitación del pelinegro, quien se aferraba con la piernas a su tronco.
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Depositó a Makoto en la cama con suavidad para quitarse la ropa, lo que menos deseaba era que terminara sin poder ser usada después de este encuentro.
Fuera de molestarse, el pelinegro se dedicó a observar cada uno de sus movimientos con interés, se le hacía excitante ver como con cada prenda que caía al piso un poco más de la piel era expuesta. Se permitió deleitarse con su vientre plano y marcado, cada cuadro en ese cuerpo era un maldito pecado.
Podía seguir mirando sino fuera por la erección que se formaba en él, realmente necesitaba tocarlo y ser tocado.
De uno de los cajones sacó una botellita de color azul, y se la lanzó al castaño.
-Más te vale usar bastante, no quiero perder mi domingo tirado en la cama.-dijo frunciendo el ceño.
La estúpida sonrisa que tanto odiaba y adoraba -lo último jamás lo admitiría.- invadió la cara de Kiyoshi.
-¿Aprendimos de la última vez?-contestó con sacarroneria.
Él también podía ser un chico malo. Makoto solo alcanzó a sonrojarse al recordar que por la desesperación ambos lo hicieron sin las preparaciones adecuadas y terminó con tanto dolor que pescó hasta fiebre.
Destapó la botella y dejó caer el líquido viscoso de olor a melocotón en sus manos. A Teppei le pasaba algo cuando estaba junto a ese muchacho, ver el menudo pero bien definido cuerpo de Makoto le hacía olvidarse de lo irracional que era toda esta situación. Las piernas pálidas e infinitas del menor le tentaban a tal punto de que no sentía remordimiento en hacerlo con un chico que era mucho menor que él y que, por encima de lo legal, era el hijo de su amigo. Sus labios eran finalmente la perdición de su vida.
-Qué te parece si te abres para mi Hana.-usó su común tono pasteloso.
Aunque el menor pudo gritarle un sin fin de insultos por como lo llamó prefirió hacer lo que le pedían. Estiró las piernas en lados contrarios dejando una magnífica vista de su entrada.
Kiyoshi se relamió los labios al ver como ese agujero se contraría deseoso por ser llenado, tenía tantas ganas de estar dentro de él.
Makoto pronto sintió como un dedo se abría paso dentro de él, había pasado tanto ya desde su último encuentro que su cuerpo sobre reaccionaba a ese pequeño toque, provocando que se arqueara. Un dedo más y ya estaba gimiendo ¿Cómo era eso posible? oh… si, ese hombre frente a él tenía unas manos enormes que no eran para nada inocentes en estas situaciones.
Aún cuando el tercer dedo se unió al juego no se sintió satisfecho con lo que tenía ahí dentro, para desahogar un poco de la frustración que le causaba tener que esperar a estar listo, tomó su propio miembro entre sus manos y comenzó a masturbarse frenéticamente lo cual, obviamente, tampoco fue efectivo al cien por ciento.
Ver esa expresión enoja deformada en un rostro de frustración total le dijo a Kiyoshi lo que Hanamiya quería, pero aún no podía dárselo, al menos no sin causar estragos que después le costarían bastante caro. Así que solo se limitó a besarlo para contener un poco las ganas de Makoto, y las suyas propias, hasta que llegara el momento.
-¡Olvidálo! ¡Hazlo ya!-gimió.
-Pero si lo hago ahora después tú…-dijo el mayor mientras besaba su cuello.
-¡A la mierda todo eso, quiero que me la metas ahora!-dijo jalando sus hebras castañas con desesperación.-¡hasta el fondo, duro, muy duro!
Sin protección, sin aviso -justo como a su amante le gustaba- lo penetró, en un solo y certero movimiento.
-¡Joder!
Ni siquiera el castaño pudo decirlo mejor, las paredes estrechas que aún no estaban preparadas no hicieron más que apretarlo con más violencia a la usual y eso lo volvió loco. En contra de la fuerza de negación que ejercía las entrañas del pelinegro, Teppei empezó su vaivén con ritmo, sin detenerse.
-¡Así, Teppei más!-gritaba Hanamiya en el éxtasis del momento.-¡mierda!
Amaba cuando se estallaba su florido vocabulario, cada palabra sucia era un cumplido a sus actos y le provocaba un cierto morbo que solo lo empujaba a arremeter con más fuerza.
Ni siquiera podía con lo que tenía dentro pero aún así quería sobrepasar cualquier límite que creyera establecido. Sus manos de demonio, como solía decirles el grandote, se aferraban a su espalda, encajando sus delicadas uñas en la piel de esa inmensa acumulación de músculos cada vez que sentía al miembro de Kiyoshi embestir más profundo.
¿Cómo algo tan exquisito podía estar prohibido?
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-Bienvenidos.-saludó Teppei en la cocina.-Tetsuya sin duda ha crecido.-secando sus manos.
Como siempre, Tetsu, saludó con una tímida sonrisa.
-Hombre, es bueno verte.-dijo Taiga dándole un abrazo.-te hemos echado de menos.
-Lo mismo digo, los he extrañado bastante.-añadió..
Charlaron unos minutos más antes de que el pelirrojo se percatara de la ausencia de alguien.
-¿Dónde está el demonio?
-Arriba en su cuarto, dijo que no lo molestáramos.
Taiga frunció el ceño bastante enojado por la actitud del pelinegro.
-Siempre que vienes hace lo mismo.-dijo con simplicidad.-bien, no puede quedarse ahí sin cenar así que lo llamaré.
Teppei se interpuso rápidamente en las escaleras impidiendo su paso.
-Yo lo haré, tu puedes acomodar las compras por lo mientras.
Taiga suspiró resignado.
-Sabes que te odia ¿cierto?
Sonrió ante sus palabras y alzó los hombros.
-Por supuesto.
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Un bulto bajo las mantas respiraba con tranquilidad.
-¿Crees que podrás bajar?-preguntó con voz baja.
El pelinegro rechinó los dientes con enojo negándose a darle la cara.
-¿Tú que piensas, genio? te pasaste, como todas las otras jodidas veces.
Kiyoshi no pudo evitar reír por lo bajo, siempre era lo mismo con él, se encontraban, después tenían sexo desenfrenado y finalmente Makoto terminaba culpandolo de no poder caminar. No lo culpaba del todo, al final el cuerpo del pelinegro aún era joven y no estaba para ser sobreexplotado.
-Vete al infierno, Kiyoshi.
A gatas se acercó hasta el bultito y dejó un beso cariñoso en lo que era su cabeza.
-Solo si tu vas a estar ahí conmigo.
Hola -Saluda al vacío-
Es triste cuando nadie te deja ni un comentario :( pero bueno, la vida sigue y to tengo la culpa por tardarme una vida en actualizar. Espero que les guste este pequeño regalito -siempre quise escribir de ellos.
Saludos, buen inicio de semana!
