Declaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad del maestro Tadatoshi Fujimaki. La imagen tampoco es mía, nunca podría dibujar algo así, es de su respectivo autor.

Advertencias: Soy lenta para actualizar.

Dedicatorias: a los y las Kagakuro lovers :D Porque el Kagakuro no ha muerto :) ni tampoco el fandom de KnB.

Regreso a esta historia después de casi año y medio de detenerme, una disculpara quienes me leían y los dejé tirados a la deriva por tanto rato, merezco las pedradas. Esto es casi como un reinicio, no prometo constancia porque ya saben que no es lo mío y porque estoy por iniciar la tesis pero trataré de continuar en la medida de lo posible.

Gracias SunSet, espero que después de tanto rato ya te hayas hecho una cuenta :)

Ahora pueden encontrarme en facebook como Rina Lan.

Sin más, empecemos.


Vamos a la playa

Taiga les puso en bandeja de plata la oportunidad de su vida, piensa que Makoto. Eso de ponerse de tan buena disposición y ofrecerles un viaje. Todo un detalle para ellos.

Aún lo están planeando, Tetsuya y él, si disponer de toda la plata que pueda tener el hombre y proponer la playa o apiadarse de su alma e ir a un parque de diversiones, aunque si uno bueno.

Saluda a la mujer de la recepción, la chica que se ha tirado al menos a la mitad de los oficinistas en turno, nadie la culpa por tener tan buen rostro. Le da el pase sin preguntar por sus razones, usualmente él viene a dejar documentos a Kiyoshi desde que lo dejaron andar solo.

Desde que Makoto se negó a ponerle nombre a lo suyo con Kiyoshi, no se han visto ni mensajeado. Quiere que le crean cuando dice que está feliz de no tener millones de mensajes dulces en su bandeja por la mañana y que no extraña la atención que aquel castaño siempre le regala. Sólo va a aceptar que extraña ese cuerpo grande y macizo, aquel que lo hace estremecer hasta los huesos y lo deja sin aliento.

Se queda parado en la puerta, con la mano en la manija metálica. No abre y solo observa a Teppei a través de la pared de indiscreto cristal, sentado en su silla con su inmensa mano puesta sobre otra mucho más fina. Su patético gesto de preocupación y ternura es regalado a un moreno de gafas redondas que carga una cara del fin del mundo. Un aura nada amigable está entre ambos, quiere vomitar solo de verlos juntos.

Reconoce al gafitas, como no hacerlo si le pone de mal humor solo sentirlo cerca, Hyuuga Jumpei ese es su nombre.

Debería esperar afuera como cualquier persona respetuosa, sí, eso es lo más sensato y respetuoso. Pero no lo hace, porque no es su estilo y, sobre todo, él ya perdió los buenos ánimos que tenía al venir. Trágico pero alguien ha de pagar los trastos rotos. Sin siquiera tocar la puerta, Makoto entra en la oficina, casi como si se tratara de su casa.

—Aquí están los papeleslanza un sobre amarillo al escritorio, no piensa en ser ni un poquito amable, espera que Kiyoshi le capte la indirecta me molestas mucho—. Lo de siempre.

No saluda a Hyuuga, sólo se concentra en los ojos de Teppei.

—Podrías haber esperado— dice el castaño sin soltar la extremidad del otro, incluso afianza más el agarre. Le ha captado el mensaje bien pero él no se anda por las ramas y responde con palabras—. Estoy ocupado.

Makoto chasquea la lengua, le molesta tanto que el castaño no esté cediendo a sus caprichos como usualmente lo hace.

—Una lástima, también yo— se gira sin más y sale de la oficina para que Kiyoshi siga con su ocupada tarea.

Le pica el estómago de ver que esos dos estén así de cerca, tanto que le dan gana de tirarse del piso más alto cuando se da cuenta de que desea que Kiyoshi corra tras él y le dé una explicación de qué hacía ahí tan amigable con su ex. Se supone que ha dicho que su todo es él y desea formalizar, pero ahora está coqueteando con el policia ese.

Rechina los dientes, trata de cambiar de pensamientos, él no es un débil no necesita sentimentalismos y no dejará que la mala jugada cambie sus objetivos, aún cuando su pecho le esté doliendo tanto.

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Makoto ha tenido que ir a dejar unos documentos de Taiga y él tiene que regresar solo. Aomine está fuera por un partido del instituto y regresará dentro de unos días, seguramente va a hacerlo con la bandera de victoria en alto, no por nada es uno de los mejores jugadores del país a nivel instituto.

Ha pensado mucho sobre a donde desea ir, pero no se le ocurre nada por más que lo piense. Tal vez podría preguntar a Aomine, después de todo él también está incluido en el viaje. No se lo ha mencionado pero duda que tenga problemas en acompañarlo a pasar un buen de semana.

Durante el camino Tetsuya mira uno de los aparadores en una tienda, una bufanda negra de lana llama su atención de inmediato iría perfecto con los ojos de Taiga dice en su mente, no le haría daño un pequeño presente por los inconvenientes de los últimos días, pero tampoco es una pieza que pueda encajar en esa época del año, sin embargo no duda que el hombre la usaría todo el invierno si él es quien se la regala.

Se arrepiente antes de entrar al local, no debería hacer estas acciones sabiendo de que tienen un significado oculto.

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A veces quiere pensar en él de manera distinta ¿Por qué no puede? Para empezar Taiga ni siquiera le ha dado indicios de que algo romantico pueda pasar entre ellos dos. Lo más sano es meterse en la cabeza de que eso nunca pasará, han estado juntos toda la vida y sería bueno quitar sentimientos que no ayudan a mantener una relación estable.

Bien, Tetsuya prometió cambiar y esforzarse por querer a Daiki, quien no ha dejado de demostrar lo mucho que le interesa y quiere. Prometió dejar sus sentimientos por Taiga, y eso es lo que hará. Saca su cartera, pero en un rápido movimiento un hombre se la quita de la mano.

-¿Qué?-masculla cuando ve que la persona que se la ha quitado corre.

Pudo dejar que se fuera, no es que llevara mucho dinero o que Taiga no le diera un poco más si le explica que algún rufián que la quitó, pero es su billetera, una que es una herencia. Así que no importa que tan peligroso sea, corre tras el tipo. Además se acaba de sacar el carnet escolar después de que le sacaran el suyo hace unos días, sería molesto tener que tramitar otro.

La multitud hace que el sujeto baje la cadencia, una oportunidad para Tetsuya que siente que podrá alcanzarlo. Pero a unos pasos de lograrlo resbala y el ladrón cruza la calle.

—Vamos—dice un hombre ofreciendo un casco—. Sé por dónde podemos atraparlo.

En la adrenalina del momento no piensa que tan bueno es aceptar ir con este sujeto, sólo se monta en el vehículo con aquel extraño.

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Alcanzan al hombre en unos cuantos minutos. Aparentemente se quería esconder en un callejón, es una acción tonta sabiendo que no tiene salida.

—¡Dame mi cartera!—exclama Tetsuya.

—Es sólo una carteraresponde el asaltante.

Pero Tetsuya no está dispuesto a hablar con aquel hombre deshonesto, él quiere su preciada pertenencia ahora. Se acerca sin ningún tipo de miedo al sujeto, el ladrón empieza a sentir la amenaza en aquel muchacho de facciones neutrales y se hace para atrás cada paso que avanza hacia él. Tetsuya agarra impulso en una sola de sus piernas y con la otra golpea a su contrincante noqueando al hombre instantáneamente.

—¡Woow! eres bastante fuerte, amigo— exclama con sorpresa el hombre de la moto al ver al tipo tirado en el piso, está claro que ha quedado inconsciente—¿Deberíamos llamar a la policía?—pregunta.

Tiembla ante la mención de los uniformados, ellos deben mantener un perfil bajo, si hace aunque sea una denuncia no sabe hasta dónde podría llegar el asunto y hasta qué grado comprometería su ubicación.

—Pienso que tal vez reflexione, todos merecemos una segunda oportunidad—contesta estoicamente mientras busca en los bolsillos del chico su cartera.

Espera que su argumento no suene extraño, es que nada más un demente deja libre al sujeto que te acaba de robar la cartera. Se tranquiliza cuando asiente el hombre sin poner ni un pero en contra, ni indagar más.

—Gracias—dice el menor haciendo una reverencia. En verdad está agradecido, de no ser por este sujeto seguramente hubiera perdido para siempre la cartera del abuelo.

—No ha sido nada, pero ten cuidado la próxima vez— Tetsuya responde con un asentimiento.

El extraño ofrece a llevarlo a su casa, el joven acepta que lo deje sólo un poco cerca porque se han alejado un poco de su rumbo y va más que retrazado para comer. El sujeto sigue siendo un completo desconocido, pero duda que alguien que se detiene de su andar para ayudar a un adolescente por un simple objeto pueda ser alguien malo. Además montarse en una moto no es una experiencia que tenga todos los días.

Permite que lo acerque a dos cuadras de casa. Y no es hasta que está por marcharse que el extraño deja a Tetsuya ver su rostro. Es estoico y de cabello blanco, se la hace familiar muy familiar.

—Gracias de nuevo, no sé cómo agradecerle.

—Sólo hice lo que tenía que hacer, este...

Entre tanto ajetreo ni sus nombres se han dicho.

—Tetsuya—murmura.

—Mucho gusto, Tetsuya. Soy Shiro—responde colocándose el casco y encendiendo el motor—. Nos vemos, muchacho.

Cuando se echa a andar se da cuenta de que se siente confortable ese sujeto, es raro pero le ha agradado bastante.

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—¿Quieres ir a la playa?— pregunta extrañado Taiga.

A Tetsuya no le gusta ir a la playa, tal vez al pequeño Tetsu le encantaba el mar, las olas y hacer castillos en la arena cuando iban; pero no el Tetsuya adolescente, no el que odia los rayos solares japoneses con toda su alma porque irritan su sensible y blanca piel.

—Sí, tiene mucho que no vamos, a Makoto también le hace ilusión ir— responde con una pequeña mirada nostálgica.

—¿Eso es verdad?—ahora Taiga se dirige a Makato.

Makoto asiente sin darle mucha importancia, es más como un voy a donde quiera ir Tetsuya que otra cosa.

Bueno, si a los chicos les hace feliz ir, Kagami no puede poner objeción alguna. Tiene que hablar con Layla al respecto pero duda que la abuela se niegue a que pasen un agradable fin de semana fuera.

—Está decidido, si las cosas salen sin problemas el viernes partimos para la playa.

Los chicos festejaron por sus vacaciones adelantadas, incluso van a faltar el lunes al colegio para no andar presionados.

—Le avisaré a Aomine-kun— dice sonriendo Tetsuya.

Taiga gruñe con enojo. Es difícil aceptar que su pequeño estaba creciendo pero se lo había prometido y mantendría a raya su protectora persona.

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El viernes llega más rápido de lo que esperaban, todos estaban más que listos para marcharse a un fin de semana prometedor. El plan era conducir por la noche para llegar a ver el amanecer del sábado en la playa. Makoto y Tetsuya terminaban de meter su equipaje en el maletero, mientras que Aomine trataba de hacer buenas migas con Taiga. Es consciente que aquel sujeto imponente es una clase de suegro, necesita ganar su bendición.

Aomine se sentía muy nervioso por este viaje, Tetsuya le había contado que este hombre llamado Taiga era quien había cuidado de él y de Makoto desde que eran muy pequeños y que podía llegar a ser muy sobreprotector. En sus relaciones anteriores ya había lidiado con padres y hermanos celosos, eran el pan de cada día para un chico como lo era Daiki y pensó que sería capaz de poder sobrellevar este asunto, pero Kagami Taiga era muy distinto a cualquiera que había conocido antes, no sólo por su talla que ya era mayor a la de cualquier japonés promedio, en su mirada leía con letras mayúsculas que le pegaría un tiro si metía la pata con el chico de cabello azul. Sí, el gran Aomine Daiki se sentía intimidado.

No sabía ni cómo actuar, si fuera cualquier otra persona no le importaría que tan sexy y caliente sea, de inmediato la dejaría pero Tetsuya era muy diferente a cualquier otro que haya conocido. Aún no encontraba cómo describirlo, tal vez puro e inocente era la palabra indicada para ello, durante todo este tiempo ni siquiera se habían besado en los labios, ni una sola vez. Se moría de ganas por hacerlo, pero no lo haría hasta que el otro estuviera de acuerdo y preparado psicológicamente para ello.

—Muchas gracias por invitarme al viaje, sé que es algo familiar, señor—dice el joven con sinceridad.

—Taiga, mi nombre es Taiga—puntualizó el pelirrojo, se sentía veinte años más viejo cada vez que aquel niñito le decía "señor"—Y no tienes porque agradecerme, eso ve a decírselo a esos pequeños enanos— señala a dos chicos que están peleando con su equipaje.

—Todo está listo—dijo Tetsuya—. Podemos irnos ahora, Aomine-kun, Kagami-kun— incluso su nombre se le hacía encantador cuando salía de los labios de su novio.

Kagami negó con la cabeza.

—Aún nos faltan dos personas más—la noticia no les supo bien a ninguno de los dos muchachos—. Deberían estar ya aquí esos idiotas.

Y justo como si fuera una presentación, dos adultos más hicieron acto de presencia. Al verlos, Tetsuya y Makoto no pudieron más que sentir ganas de sacar sus maletas de la camioneta y quedarse en casa hasta que un apocalipsis zombie se diera en Japón.

—¿Qué pasa chicos?— preguntó Taiga cuando vio el cambio de expresión.

—Nada— murmuraron ambos con mal gesto.

Al parecer sería un fin de semana bastante largo.

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A veces no pagan lo suficiente para hacer ciertas cosas, como las horas extras y la personas prepotentes que debe atender todos los días. La mujer en la recepción ve a ese hombre de linda cara pero mal carácter entrar por la puerta.

—Hola, dile a tu jefe que estoy aquí y que no tengo ganas de esperar—masculla con desgano.

—El señor está en una junta, ahora mismo no...—un arma se le planta directo en los sesos— pase a su oficina, enseguida le digo que baje.

El sujeto agradece y le da un pequeño beso en el sitio donde estaba apuntada el arma.

—Que muchacha tan eficaz—ríe bajito.

Cuando el sujeto desaparece de su campo de visión, la secretaria se permite exhalar todo el aire que guardó en sus pulmones. En verdad que ese trabajo no paga lo suficiente.


No olviden que por cada review escrito con amor sincero un finckter regresa de haitus~

Nos leermos