Este fic participa en el reto long-fic 2016: Tu OTP. Para el foro Anteiku
Touken Ranbu no me pertenece. Es absoluta propiedad de sus creadores; Nitroplus, Juegos DMM, etc.
Sonrojos
Modern Au.
K+
656.
Rottweiler
Kashuu detestaba a los perros.
No, no, detestar era poco.
LOS ODIABA
Sus malas experiencias con aquellas viles criaturas privaron a su corazón de toda posibilidad de albergarles cariño. Sin contar su incapacidad de estarse sin babear UN MALDITO SEGUNDO. Y aun con todo esto, su vecina le había rogado que sacase a pasear a la bestia canina que tenía por mascota. Un monstruo que, de pie, seguro que era más alto que Kashuu. ¡Sus piernas eran más gruesas que su cintura, mierda!
Y tras una cantidad infame de sobornos, ahí estaba el Kiyomitsu. Desperdiciando el primer día de su tercera semana decembrina en, intentar, no dejarse arrastrar.
Dioses. ¡Él tenía demasiada dignidad como para arriesgarla gritándole a un animal tan necio y fuerte! No hacía más que lanzarse contra sus piernas, adelante, los arbustos, los árboles y la gente. Y CONTRA LOS AUTOS, maldita sea.
Pero no, Kashuu no era un desgraciado. Ni era malvado. No era capaz de dejar que esa estúpida masa de carne y deseos de destrucción se suicidase, así como así; no por el adorable cachorro que seguro había sido al nacer, no, sino porque era un ser vivo. Oh, y porque seguro le castraban con un par de tenazas oxidadas si el rottweiler se convertía en picadillo.
— ¡ESPERA! ¡POR TODOS LOS DIOSES, TE DIGO QUE ESP-…!
Zas.
Se tragó el piso en toda su maravillosa extensión. MARAVILLOSO.
Había resbalado con la nieve que cubría la acera, y que la hacía tan resbalosa como una bandeja aceitosa. Y no podía quedarse ahí, tragando nieve fresca y vergüenza. El perro continuó jalándole, arrastrándole una cuadra completa, sin compasión. Paró sólo cuando comenzó a suplicarle cariño a un extraño. Que, para su desgracia, no se acercó por la bestia, sino por el niño que arrastraba.
Porque si, bajo los seis suéteres que llevaba, la bufanda y su gorrito, Kashuu parecía un crío resfriado. Nariz y mejillas rojas incluidas. Estaba rojo como una cereza, por el frío, por las ganas que tenía de morirse. Por la vida.
— ¿Estás bien? — Murmuró el extraño, con una mueca de preocupación, apartando un poco al culpable de todo y ayudándole a levantarse. Seguro que la nieve se le había colado bajo la ropa y ahora se derretía en su piel, porque tenía escalofríos. A diferencia de él, su salvador traía guantes, y sus manos no estaban entumecidas por controlar a una bestia una mañana completa. Su agarre era firme pero amable, y le sonreía como si su ridículo le hubiese alegrado la semana.
Maldito.
Sí, claro que estaba genial. Lleno de nieve, le ardían la cara y las manos, se había roto una uña, su esmalte, de la noche anterior, estaba arruinado. Temblaba como un gatito mojado, y, además, se lo estaba comiendo con los ojos.
Porque el desconocido era muy, muy atractivo, y adorable, y ni todo su enfurruñamiento podía hacer desaparecer ese detalle.
Hizo un mohín, y le apartó un poco, recogiendo las migajas que quedaban de su dignidad.
— ¿Es tuyo? — Insistió el azabache, intentando que Kashuu hablase. Señaló con un gesto al perro, que le mordisqueaba, juguetón, una pierna. Su pantalón era tan grueso que sólo le hacía cosquillas.
— No — Escupió, incómodo con lo ácido de su voz, pero Kiyomitsu estaba hecho una bola roja de odio y rubor — Odio a los perros —Aclaró, acentuando cada palabra con un tinte dramático, como si pretendiese así que nunca lo olvidase.
— Oh… Pero este es lindo — Señaló, tras una pausa, lanzándose al vacío sin paracaídas. El contrario parecía tener ganas de gritar y desahogarse, y el no perdía nada no largándose. A pesar de su aura asesina, era un regalo para los ojos. — Por cierto, soy Yamato.
TU, HIJO DE BURRO LEPROSO.
Esta mierda no es linda. ES MONSTRUOSA, MORTAL. Es un maldito desalmado, cabeza de serrín, mierda de camello, es…
— Kashuu — Correspondió, rojo hasta las orejas, sin dejar de hacer mohines — Tienes un pésimo gusto, Yamato.
