No hay más luz en esa bodega que la que el pobre quinqué suministra débilmente. Sólo esa cálida luz combate la oscuridad de la fría noche. El sol se ha ido hace horas, la media noche igual. Ninguno de los dos sabe qué hora es y a ninguno le importa, cuando están juntos todo lo demás parece irrelevante.
Así ha pasado desde el primer día que Jimmy le presentó por primera vez sus escritos a Jack. Esa vez la revisión se volvió charla intima, charla que duro horas y que solo el sueño pudo cortar. Ahora, después de varias sesiones, muchas palabras dichas, risas, vivencias, sueños y deseos compartidos; por fin se han quedado callados. No es un silencio incomodo, sino un silencio cómplice. El silencio que se alcanza cuando ya no hay nada que decir, cuando todo estaba dicho.
Están sentados en la orilla de la improvisada cama. Uno al lado del otro, hombro con hombro, sus miradas enlazadas entre sí. El latido de sus corazones latiendo a tal fuerza que parece que se van a salir de su pecho. Saben lo que viene y no pueden, ni quieren, impedirlo. Espontáneamente sus rostros se empiezan a acercar con la misma fuerza de dos trenes a punto de chocar pero lento y suave como una pluma cayendo al vacio. Sus labios se juntan, hay una reacción. Un destello eléctrico que recorre sus cuerpos. Jack comienza a mover sus labios, Jimmy lo imita. Es un beso suave y tierno de dos personas que apenas se están reconociendo y quieren que el momento nunca llegue a su fin. No es el primer beso de ninguno de los dos, sin embargo sienten como si así fuera. Como si todos los besos que habían dado a lo largo de su vida no hubieran tenido relevancia alguna.
Pronto la mano de Jimmy sube a la nuca del escritor, mientras su otra mano se posa en su muslo y comienza a desplazarse lentamente a su entrepierna. Jack de inmediato se pone de pie, rompiendo el beso. Cree que Jimmy va muy rápido, además, cae en cuanta que es la primera vez que besa a alguien de su mismo sexo.
— ¿Jimmy lo está molestando, señor Driscoll?—dice una voz surgida de entre las sombras.
Jimmy y Jack voltean asustados a ver de dónde procedía la voz, llevándose una gran sorpresa al ver al capitán Englehorn parado afuera, a un par de metros de la jaula. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Qué es lo que había visto? Se preguntan mentalmente.
— ¿Qué? No. Él sólo me mostraba… conversábamos. Conversábamos—responde Jack.
Eglehorn asiente con un movimiento de cabeza.
—Y tú ¿no deberías estar durmiendo? —pregunta el capitán a Jimmy.
—Yo...
—Rápido a tu camarote—ordena el capitán sin esperar respuesta de Jimmy—. La jornada empezara en pocas horas.
—Sí, señor—dice Jimmy poniéndose de pie y saliendo de la jaula.
—Tal vez usted también debería de dormir—dice el capitán a Jack—. Yo me encargaré que este chico llegue a su cama.
