Vivimos un Secreto II

2.

-Señor Andrew puedo hablarle?

- Claro Paulette, pero después del desayuno le espero en mi estudio, tengo que atender ahora a mis hijos. -Albert siguió de largo recibiendo a su esposa al pie de la escalera, para Candy no pasó desapercibido el interés de Paulette en conversar con su esposo, sin preámbulos preguntó: qué quiere Paulette?

-No sé Amor, pidió conversar conmigo supongo que no irá con nosotros y querrá su paga

-Pero porque contigo? La servidumbre siempre se ha dirigido a mí

-bueno, si quieres estar presente no me molesta

-No, mejor vamos que es el último día de escuela de los chicos y andan tristes porque sus fans no les verán en buen tiempo; además William quiere hablarte, parece ser algo del corazón cariño y creo que no te gustará.

-Se trata de la señorita Blumer? Sabes lo que ocurre pero me dejas el muerto a mí, está bien está bien, haber cómo te va cuando te toque hablarles de sexo, pues tú eres la enfermera no?

-Eso no es justo! Me pregunto a quién habrán salido tan enamoradizos?

-Así que las "fans" andan tristes ajajaja cariño, tienes encanto para decir las cosas. No te preocupes hablaré con Will hoy mismo y eso de enamoradizos pues… sin duda que a ti han salido, aún no le contamos que te enamoraste de mí con tan solo seis años, al menos yo pasaba la década

-eres imposible William Andrew

- Paulette observaba a su patrón abrazar efusivamente a sus hijos. Sin importar las edades de éstos, William Jacob Andrew tenía 17 años era el mayor el sereno, plasmaba una mirada de seguridad y confianza controlando todo su entorno, era idéntico a su papá, además de respetuoso tenía un carácter muy maduro para su corta edad. Gabe Antony Andrew 15 años de edad, aunque físicamente se parecía a su papá su personalidad jocosa y algo rebelde parecía haberla heredado de su madre por las historias que escuchaba. Era un chico enamoradizo por naturaleza, tenía un rostro de ángel, hubo escuchado alguna vez que lo hicieron llamar Antony en honor al sobrino de su patrón, pero su madre finalmente quiso que fuese su segundo nombre; él al igual que sus hermanos era muy respetuoso, sabía hasta donde podían llegar sus bromas y con quien hacerlo. El "enjambre de chicas" como decían sus padres era justamente por él. Por último Ethan Elliot Andrew, había sido la sorpresa para sus padres cuando creyeron que sería una niña, pues todos los síntomas del embarazo y dimensiones de la barriga de mami fueron diferentes a sus hermanos, grata sorpresa al nacer pues tuvo que usar muchas cosas de tonos rosas mientras resolvían el asunto, su mamá estaba convencida que sería su anhelada niña. Todo indicaba que no sería tan alto como sus hermanos mayores, era el único con ojos verdes pero sin duda sus facciones eran como su papá, su madre se enorgullecía en sostener que finalmente ella tuvo participación en semejante creación; risueño, encantador, bromeaba con todos y se jactaba de decir que era el consentido de mami.

-Paulette seguía mirando la escena de besos y abrazos de los patrones para con sus hijos, reflexionaba sobre la Sra Candice Andrew, era una mujer con mucha suerte, conquistar a semejante hombre que aparte de rico era el mejor padre del mundo. Ella debía anunciar que no viajaría con ellos. Sería la hora de despedirse de todos, eso le dolía mucho. Metida en sus cavilaciones hasta que Julia le llamó la atención

-Paulette!

-Diga Julia? Perdón estaba distraída

-En serio? No me había dado cuenta, anda a preparar la mesa que los patrones desayunaran

-Los chicos no?

-No, ellos tienen actividad en su colegio, una vez termines irás a recoger un encargo con Gabriel, ya está enterado.

-pero… es que el patrón me espera, pedí hablarle

-le hablarás a tu regreso, acaso crees que eres más importante que ellos? Necesitan las maletas para preparar sus cosas y no te lo estoy pidiendo te lo estoy ordenando. –Julia sospechaba de la abstraída conducta de la joven desde la noche anterior.

-El desayuno transcurrió sin contratiempo, William ni se percató que su criada no llegó al estudio hasta entrada la tarde, Paulette cumplió su diligencia y viendo que la Sra de la casa salió a un té por invitación, se apuró para hablarle a su patrón antes de su regreso, sería el momento del ahora o nunca, estaba decidida, nada tenía ya que perder.

-Tocó la puerta del estudio del señor Andrew recibiendo un pase como cortesía

-William se puso de pie y comentó de inmediato; señorita Paulette disculpe no recordaba… siéntese por favor, quería hablarme?

-La pobre chica estaba estática, nunca le había hablado de una forma tan directa, siempre sus necesidades eran transmitidas a través del ama de llaves, para atenderlo estaba Julia y la misma señora.

-William al verla tan distraída le preguntó: se siente usted bien?

-oh señor Andrew, me siento sumamente triste, yo …

-es por el viaje? Paulette, créame que usted puede y de hecho debe viajar a América. Aquí no estará segura, no sabemos los alcances de esta guerra que promete ser más desgarradora que la anterior, al menos llegará con empleo fijo, si usted quiere buscar algo diferente en América siéntase en plena libertad de hacerlo.

-La puerta del estudio fue empujada suavemente, evidentemente alguien escuchaba la plática mientras Paulette continuaba su diálogo -Señor que más me gustaría, pero tengo familia en Escocia y no puedo acompañarle, yo le deseo lo mejor. Ha sido un honor haber trabajado por usted y para usted, si tan solo me hubiera atrevido hace mucho a… Paulette quedó a media palabra mirándolo fijamente, sus mejillas sonrosadas por tal osadía no podían esconderse, de hecho no quería hacerlo, al menos se conformaba con que él, su patrón entendiese sus acallados sentimientos. William la observó fijamente, perplejo por aquellas palabras, era listo y sabía que ella se estaba declarando, no podía obviar la realidad de tener ante él una mujer sumamente hermosa, era joven, alta, muy rubia, de complexión fuerte, generosos pechos y un físico muy bello, pero él tenía una vida definida, su corazón pertenecía a otra rubia que si bien no era tan alta como esta chica tenía todos los atributos que él deseó en una mujer; además de ser sumamente apasionada y ni en sus más locos sueños la traicionaría con nadie.

-Paulette, con todo respeto debo decirle que ….

-No! No diga nada señor. No es necesario, perdone usted mi atrevimiento. Con su permiso me retiro …

-Albert liberó todo el aire contenido, se quedó pensativo, eso fue una declaración abierta y agradecía que su mujer se quedase afuera, esbozó una sonrisa recordando como su mujer había dejado a Eliza Leagan cuando la confrontó, hacía mucho tiempo de eso, pero él sabía de lo que era capaz su mujer.

-¡Paulette! La voz marcada de Candy detuvo su paso.

-Señora discúlpenme, debo arreglar mis cosas, no viajaré con ustedes, partiré cuando ustedes se marchen

-Si, ya lo sé

-Cómo? No se lo había comentado a nadie.

-no hace falta, puedo ver claramente tus intenciones si vas con mi familia, en especial con mi esposo

-Señora no piense mal, yo siempre he respetado su hogar

-Sí, hasta hoy. No te quedarás aquí hasta que yo me vaya. Te irás hoy mismo. Prepararé tu liquidación y gracias por tus tres años de servicio. Julia te hará la entrega . Que tengas buenas tardes…

-Paulette se sintió primero descubierta y segundo humillada. En el fondo entendía que la señora Andrew solo era una y esa vacante estaría ocupada toda la vida. Amargamente se dirigió a sus aposentos y preparó su equipaje.

- Candy no entró al despacho de su marido, se dirigió a su habitación y por primera vez en toda su vida de casada se sintió realmente amenazada, sintió el peso de los años sobre ella, se miraba al espejo una y otra vez, sí ella fue realmente bella, pero ahora tenía 41 años, ya no era tan joven, se comparó con Paulette y definitivamente esa chica era muy hermosa aún sin arreglos ni lujos, ella no debía dudar del amor de su esposo, él nunca había hecho nada inmoral para ganarse la duda, pensativa y algo temerosa no escuchó la puerta abrirse, unas cálidas manos la cubrieron aún sin decir nada, solo la observó curioso, prefirió guardar silencio al ver su semblante tan serio. Sospechaba del porqué su actitud, sin duda que su mujer feliz o enojada era sumamente hermosa, solo atinó a decir: "Me declaro inocente" tal declaración la hizo sonreír un poco, su semblante era de mujer dispuesta a dar batalla.

-no lo sabías Albert ?

-claro que no! Por quien me tomas? Candy te juro amor que estoy tan sorprendido como tú. De hecho preparé su liquidación, quiero que se vaya pronto –comentó Albert.

-hoy mismo para ser precisos, le he pedido que se marche hoy mismo. No la quiero bajo mi techo fingiendo inocencia. Me extrañó que quisiera hablarte a ti y no a mí; pero entré solo para saber de qué se trataba todo y...

…y mi curiosita escuchó lo que dijo cierto? solo bajaste a eso? Jajajaja. Mentirosa melosamente Albert la atrajo con sus brazos, beso lentamente la punta de su naricita, susurraba palabras de amor mientras la sostenía, creo que es la primera vez que nos pasa esto. Ha habido caballeros interesados en ti en el pasado, siempre sentí celos terribles; pero que una mujer se declarase así frente a mí de esa forma nunca lo hubiese esperado, te diría que recordaba a la señorita Jones pero entre nosotros no hubo siquiera miradas, Quiero que mi esposa entienda que es lo más importante en mi vida, tú y nuestros hijos lo son. Jamás, escúchame bien jamás nadie romperá el vínculo tan hermoso que hemos creado tú y yo. Te amé te amo y te amaré hasta el fin de mis días.

-Candy estaba realmente emotiva, sus lágrimas cubrían su angustiado rostro, sí que sabía porque estaba tan sensible, pero en ése momento su esposo, su relación de pareja importaba más, lo abrazó y besó con hambre con necesidad, no hubo tiempo para nada más que ellos dos, se desnudaron mutuamente, entre besos y jadeos se entregaron como hacía rato no lo hacían, fue erótico, intenso, extremadamente pasional, Albert correspondió al ritmo de su mujer, se amaron por horas con una sensación de no haber un mañana juntos, ignorando que era la antesala a lo el destino les traería.

- la penumbra calló en la residencia Andrew, los chicos cenaron solos, fue algo extraño pero el ama de llaves les informo que su madre estaba indispuesta y su padre le hacía compañía. A media noche después de una dosis de buen sexo, Albert con un feliz y exhausto semblante acariciaba la espalda de su mujer, la conocía y sabía que algo más ocurría; ella solo lo contemplaba con una cálida sonrisa.

-estás algo extraña, quisiera poder darte toda La Paz que mereces pero no sé qué más hacer, crees en mi cierto?

-claro, no me cabe duda de tu amor, solo, solo estoy algo asustada.

-porqué? Qué ocurre? Sé que ocurre algo pero no puedo ayudar si no me dices

-pues, supongo que no puedo irme sin hablarlo ya que te incumbe de manera directa a ti también.

-ah sí? Pues venga, dímelo amor qué pasa?

-Albert, estamos en espera

-en espera de qué amor?

-hmmm

-oh, Candy amor tienes hambre?

-Sí, de hecho quiero leche

-quieres leche… eh?

-leche de v-a-c-a William Andrew! detalló ella deletreando cada letra y riendo por el atrevimiento de su marido

-iré por tu lechita y un buen escocés para mí

-yo te sugeriría tomarás igual "lechita"

-la voy a necesitar? Acaso crees que el "viejito" no te da la talla?

-si no dieras la talla, no estaría en espera

-sí, la espera. William Albert Andrew no había caído en cuenta, en realidad no sabía si era el cansancio o el deseo de desestimar lo que su esposa le había dicho, aventurándose entonces a confirmar formuló la pregunta: Candy, eso quiere decir que… que estamos embarazados?

Oh Oh; Bebe a bordo. Será La niña soñada? Podrá Albert dejarla partir sola? Qué pasará con Paulette?

Gracias a todas por sus comentarios. Besos y saludos