Por fin pude terminar un capítulo más de la vida amorosa y de novela de mí amada Umi.3 Es un poco lento el avance de la historia, pero no quiero apresurar tanto las cosas. Aunque aveces puede sentirse así, pero es entendible ya que a cierta edad ya sabes lo que quieres y esperas de alguien. Así que ser directa y llegar al punto, es algo muy realista para la vida amorosa de un adulto como lo es Umi y considerando su personalidad, lo es aún más. Y sabiendo lo traumada que está, no será tan fácil los pasos que dará con su relación y sí los da, serán un poco rudos o estrepitosos por que no está acostumbrada a una pareja desde lo ocurrido con su divorcio, sé que pueden amar u o odiarla un poco, pero no es nada fuera de la realidad y es comprensible que se equivoque como todo ser humano.

Les dejó este cap y agregué un especial de cierta parejita. ¡Que lo disfruten!.

Haru~•

La encantadora y reservada escritora había tenido una noche no tan complaciente, difícilmente concilió su sueño y recordó que había citado a su jefa; a la Ayase se le conocía también por ser una persona muy puntual. Sin muchos animos se puso de pie y lavó sus dientes con pesadez, a varios metros se podía sentir lo cansada que estaba, cepilló su cabello y con lentitud se preparó una taza de café que no dudó ni un segundo en beberla para tener energías y pensar lo que haría al respecto.

— Beep- Beep—

El timbrido de su puerta despejó por completo su actitud y se apresuró a abrirla.

— Creí que no querías tenerme de nuevo en tu apartamento.— La recién llegada colocó su abrigo en el gancho del pasillo, pasó inmediatamente apenas la puerta fué abierta.

— Al diablo con eso. ¿Qué haré ahora?.— La escritora se tiró en su sofá y su silueta podía describir todo por si misma. Eli miraba con naturalidad la aura oscura que emanaba su amiga y se sentó frente ella en el asiento contrario cruzando la pierna.

— ¿Estás completamente segura de que es Saya?.— Preguntó de simple manera e incluso la rusa podía leer lo que podría haber sucedido pero prefería que Umi se lo contase.

— Si, es ella.— Se cruzó de brazos tomando una bocanada de aire.— Es su misma letra, su contacto y la estampa de su dirección sigue siendo la misma.

— Rechazala y ya, como siempre lo haz hecho.—

— No es tan fácil, lo dices como jefa. Mi posición depende de la reseña de la gente y ella tiene poder en los medios.— Umi comenzó a mover su pie inquietamente, acción que terminó por estresar a Eli.

— Deja de hacer eso...— Susurró lo suficientemente fuerte para que fuese escuchada.— Si por mí fuera, la ignoraria por completo y ya.

— ¡No es tan fácil!.— Gritó con desespero, ni si quiera se dió cuenta de lo alterada que estaba. Eli miró con sorpresa a su amiga y frunció el ceño.

— ¿Por qué no es tan fácil como para hacerlo?.— La voz firme de la Ayase le causó escalofríos a la escritora; Eli siendo seria era una cosa peligrosa.

— B-bueno..Yo..— Titubeó la peliazul.

— ¿Acaso quieres verla?. ¿Por qué te niegas tanto con sólo ignorarla?.—

— ¿Verla?. ¿De qué hablas?.— La sorpresa de Umi la hizo removerse con incomodidad, no tenía ese pensamiento ni sí quiera le pasó por la cabeza aquello.

— No es tan complicado rechazarla y ya, luces como si fuera una decisión muy difícil cuando no lo es.— La mayor estaba dispuesta a hacer entender a su mejor amiga, cerró los ojos y espero lo peor.

— Creo que no he terminado por superarla... Aún sigo teniendo pensamientos y recuerdos que me atormentan... Anoche no logré dormir.—

—Supongo que su petición terminó por derrumbarte.— La posición firme y fría acabó ante esa reacción, ver a Umi de tal manera sólo le preocupaba.

— No es que la extrañe por que sólo me quedé con los recuerdos. No la necesito, sólo quiero que acabe esa etapa de mi vida.— Apoyó una de sus manos en su cabellera azulada.

— T-tal vez suene descabellado lo que voy a decirte...— Por la cien de Eli rodaba una pequeña gota de sudor.— Odio decírtelo.

— ¿Qué vas a decirme?.— Preguntó con desánimo.

— Creo que necesitas reunirte con ella y hablarlo, dependiendo de cómo te sientas será lo solución.—

— ¿Verla?.— La atónita pregunta hizo eco en la profundidad de su mente. ¿Escuchó claramente?.

— Ya haz hecho casi toda la parte necesaria para olvidarla...— Giró su cabeza y limpió la gota de sudor.— Creo que tu interior pide que hables con ella y le digas todo lo que sientes, sea bueno o malo.

— ¿Estoy hablando con la misma Eli?.— Enarcó una ceja.

— ¡Claro que sí!. Ah, sé que es la solución, así podrás soltar lo que estás cargando y darle un fin a todo..—

— Si...— Murmuró con una mirada sombría y sin brillo.

— O no me digas... ¿Aún sigues sintiendo algo por ella?.—

— !¿Qué?!.— Umi se puso de pie en shock.— ¡Claro que no!.

— Más te vale, tienes a una chica en tus manos y a lo que nos contó Maki, es mejor amiga de Yazawa. Sé que no dudará en hacerte añicos si le rompes el corazón.— Eli dejó salir un suspiro.

— Jamás podría lastimar a un corazón tan cálido como el de Kotori.— Giró su cabeza y encontró en una de sus repisas algunos libros que la modista le había recomendado.

— Y de paso, también te pateare el trasero si llega a ocurrir.—

— Oye...— Umi hizo una mueca de molestia, la forma en que Eli demostraba su preocupación a veces le sacaba de quicio.

— Escuché el timbre.¿Tenías visita?.—

— ¿Visita?.— La misma Umi abrió los ojos como platos al recordarlo.— ¡Es Kotori!. V-ve a recibirla en lo que busco algo adecuado para usar.

— Si, señora.— Aceptó como una orden y se puso de pie en lo que la escritora desapareció. Se sentía tan orgullosa de ver su amiga abrir su corazón que no lo pensaría dos veces para ayudarla. Abrió la puerta y se encontró la viva imágen de una chica con aura inocente que irradiaba colores pastel, por poco y la rubia se cubría los ojos por el intenso brillar.

— ¿Uh?.— La peligris elevó el rostro, su cara desconcertada decía todo por ella.

Pov Eli*

¡Oh, no!. Sino aclaro mi relación con la amargada de mi amiga, probablemente ella piense que soy su novia o o lo han hecho la mayoría de personas externas a nosotras. No puedo permitir que eso suceda, Minami me miraba desconcertada claramente y no decía nada en absoluto.

— ¡B-buenos días!. ¡S-soy Ayase Eli, la jefa y mejor amiga de Umi!. Hahahahah...— La risa nerviosa me delató y mi agitación decía todo por mi.

— Mucho gusto, yo soy Minami Kotori. Umi-chan ya me había contado sobre usted, es un placer conocerla .— Contestó y sonrió con amabilidad.

Dios, hay demasiada diferencia entre Saya y Minami. ¡Umi, me siento tan orgullosa de ti y de esta mejora!. Un momento, dijo "¿Umi-chan?". Ya tengo algo con que molestarla.

— Pasa, Umi acaba de ir a cambiarse.— Me hice a un lado y dejé que pasara con una sonrisa.— Tal vez ya me tenga que —

— ¿No quieres quedarte, Ayase-san?. Prepararé el desayuno, me alegraría convivir contigo.— La "casi-novia" terminó por hacerme aceptar, esta es la situación perfecta para usarla en su contra.

— Será un placer convivir con usted también, Minami-san.— Sonreí satisfecha y la seguí hasta la cocina, llevaba una canasta de la cual salía un suave vapor acompañado de un aroma dulce.

— ¿Puedo ayudarte en algo?. No soy muy buena en la cocina pero conozco lo básico.— Me acerqué a ella con toda la intención de ser útil aunque sea un poco.

— Sólo quédate ahí Ayase-san, no hay necesidad. Espera un momento y tendré todo listo.— Sacó un delantal de esa misma canasta y logré ver como acomodaba los platos y servía una especie de postres deliciosos. Mis ojos se iluminaron al ver un cupcake de chocolate.

— ¿P-p-puedo?.— Apunté inconscientemente.

— ¡Claro!. Acabo de prepararlos hace media hora, siéntete libre de comerlo.— Me acercó el bocadillo y no me tardé ni 2 segundos para comerlo. La dulce calidez y el sabor hizo que mi boca babeara, el cholote es mi debilidad y ese dichoso cupcake me hizo sonreír de la emoción.

— ¡Diooooos~!... Esta delicioso Minami-san, si que eres muy buena en esto.— Palmeé mi rostro con delicadeza para no seguir con mi obsesión, escuché una risita de la recién llegada y sonreí algo avergonzada.

— No es nada, me alegro de que te guste.—

Iba a responderle con algo más, pero sentí una poderosa presencia maligna detrás mío gracias al reflejo de la nevera de Umi pude notar que era ella con certeza.

— Que confianza la tuya, Eli.— Me dijo con evidentes celos. Giré mi cuerpo para encontrarla y Minami no dejaba de reír por tal escena.

— S-sabes.. Que mi debilidad es el chocolate.— Mostré mi sonrisa con seguridad. (¿Desde cuándo Umi daba tanto miedo?).

— Eso no lo puedo negar. ¿Te irás ahora?.— Claramente su mirada con ceño fruncido me apuntaban indirectamente la salida.

— Le dije que se quedara con nosotras para desayunar, Umi-chan.— Minami afirmó con una sonrisa resplandeciente, Umi sólo giró su mirada.

— Que débil eres ante ella.— Le susurré con diversión poniéndome a su lado.

— Tú te ves igual cuando estas con Nozomi, así que cállate.— Me respondió con el mismo tono, le hice un puchero. No iba a negar que era cierto.

Pov normal~

— Ven Umi-chan, ya esta listo el desayuno.— La modista caminó rápidamente y tomó de la mano a la escritora dirigiendola a la mesa.

— L-lo agradezco Kotori, muchas gracias en verdad.— Agradeció con un tono dulce, tomó asiento junto a la modista.

— Toma asiento Ayase-San.— Le ofreció un lugar la de cabello cenizo a lado de ella amablemente. La minuciosa mirada de la escritora siguió a la rusa; podía incluso congelarla al ritmo del paso que daba. Por seguridad, se sentó a un metro de distancia de Umi no sin antes tomar un pequeño postre para degustar e ignorarla.

— Muchas gracias Minami-sa—

— Come y regresa a tu apartamento, Eli.— La voz fría y aterradora tomó por sorpresa a la rubia de ojos azules que tembló inconscientemente.

— ¡Tú me pediste que viniera!.— Atacó la rusa apuntandola con el cubierto que usó para dar un bocado.

— Lo sé... ¡Pero ya es hora de que regreses!.— La escritora imitó el mismo movimiento con su tenedor.

— Minami-san me ofreció comer uno de sus postres, así que no molestes.— Eli limpió con cuidado el escaso resto de pastelillo que tenía en sus labios de manera burlona. Mientras tanto, Kotori observaba todo desde cierta distancia con diversión esperando a que acabase la pelea.

— Me pregunto...— Comentó la peliazul en tono de chantaje tratando de usar alguna de sus armas secretas.— ¿Que diría Nozomi al saber que estás comiendo chocolate a escondidas de ella...?—

Como respuesta la piel de la Ayase palideció del miedo, la jóven mujer terminó su bocadillo en automático. Llevó su platillo al lavabo, procedió a lavarse y despedirse con un saludo formal de las restantes que quedaban en la mesa, salió del apartamento sin decir una sola palabra antes.

— Sabía que no podría contra esa estrategia.— Sus labios formaron una media sonrisa llena de victoria.

— Mouh, Umi-chan. Yo quería charlar un poco más con Ayase-san.— La modista hizo un puchero limpiando la mesa a la par de Umi.

— Lo que quieras saber, puedes preguntarme a mí.— Dicho esto, Umi se acercó con rapidez a la mesa para retirar los cubiertos pero justo en ese momento la peligris dió un giro encontrándose con la presencia de la escritora, tan cerca que podía sentir su aliento chocar. La sorpresa en los ojos ambar se delataron en Kotori al escuchar tales palabras.

— ¿Estás celosa de Ayase-san?.— Preguntó con curiosidad sin sonar maliciosa, cosa que debía responder Umi con sinceridad.

— ¿C-c-celosa?.— Titubeó nerviosa por el repentino acercamiento, intentó alejarse. Lo cual fué demasiado tarde, Kotori jaló una de sus manos ocasionando un choque entre sus cuerpos en forma de abrazo. Fácilmente se podía visualizar las mejillas coloradas de la más alta que no podía procesar palabra alguna, el perfume a con aroma a fresas le hizo girar su entorno.

— ¿Lo estás?.— Kotori elevó su rostro ya que yacía recargado en el pecho de Umi, haciendo el primer contacto visual en toda la mañana. La escritora podía sentir los latidos de su corazón, en cierto punto le llegaba a preocupar no podía resistirse a los orbes miel que brillaban con intensidad esperando una respuesta.

— N-no me mires así...— Umi apartó su mirada y cubrió su rostro con una de sus manos avergonzada.

— Ayase-san y tú son bastante parecidas.— Las palabras de Kotori retumbaron en la mente de la peliazul, poco a poco dejó de sentir el calor extra del abrazo, abrió los ojos y sonrió aún con sus mejillas sonrojadas y de sonrisa débil.— Pero quien me gusta es Umi-chan, eres una mujer tan hermosa.

Con prisa Kotori se acercó y le brindó un beso en la mejilla a Umi.

— K-k-kotori...— Susurró con escaso sonido.

— ¿Iremos por tus estilografos ahora?.— Preguntó y se retiró para ir a lavarse sus manos. La dulce sonrisa llena de amor no podía desvanecerse de Kotori.

— Es increíble como juegas con mi corazón..— Murmuró la escritora que no dejaba de ver a la peligris de espaldas. Usualmente Kotori siempre le hacia constantes coquetos a la más alta. Era su momento de vengarse aunque fuese una vez, con cautela la sorprendió abrazándola por la espalda.

— ¡Kya!...U-umi-chan...— El repentino contacto corporal le hizo saltar.

—¿Q-qué pasa?.— Umi rodeó con algo de fuerza la cintura de la modista, presionando más su firme cuerpo dejando caer su rostro en el cuello de la peligris.

— No pasa nada... Es sólo que es raro que me abraces así...—

— Te extrañé a pesar de que te ví hace poco...— La tranquilidad le hizo sentir cómoda a Umi, no quería deshacerse de ese abrazo que le daba calidez.

— También te extrañé Umi-chan.— Sonrió con naturalidad y posó sus manos en los brazos de su ahora amante.— E-estoy sintiendo... Algo chocar..

La voz tímida de la contraria desconcertó a Umi, pestañeo extrañada. Cayó en cuenta al mirar abajo por la espalda baja de la modista, claramente de sus pantalones se asomaba un bulto que rozaba el trasero de Kotori, se asustó y quiso alejarse por los nervios.

— ¡Espera!.— La modista la detuvo sujetando sus brazos en la misma posición con la cara roja, ni si quiera volteaba por la pena.

— D-discúlpame, me voy al—

— ¿Q-qué pasa si lo hacemos ahora?.—

— No es buena idea, no he tomado mí medicamento para las hormonas. Si lo hacemos así... Tendremos ... Problemas..

— Esta bien, puedo hacerte sentir bien yo a tí por ahora.— La risa juguetona tomó por sorpresa a la escritora al ver como Kotori dió la vuelta y tomó de las caderas a la peliazul.

— Kotori...— Los orbes miel se abrieron de la impresión, poco a poco Kotori se fué arrodillando al suelo.— ¿Estás segura?.

— Si, lo estoy.— Su mirada se desvaneció en la lujuria, consiguiendo que sus ojos cambiaran a un color ligeramente oscuro. En el trayecto de bajar al suelo fué acariciando las largas piernas de la escritora hasta llegar al piso por completo y terminando de rodillas.

— ¿S-se puede saber p-por qué tan repentinamente?.— La reacción en la peliazul fué exitosa, puesto que sus piernas flaquearon por la tortuosa caricia que recorrió desde sus caderas hasta sus pies. Lo único que dejó salir fué un largo suspiro lleno de calor.

— ¿No puedo?.— Preguntó besando con suavidad y cuidado el bulto que se marcaba en los pantalones de Umi. La más alta no podía con el atrevimiento de su amante a tal grado, que los besos sobre su ropa la hacían estremecerse. Se recargó en la barra de la cocina para no desvanecerse.

—Umgh... Hazlo por favor ...— Imploró con escasa fuerza, evadió toda mirada y cubrió su boca con su mano formando el puño, el detonando de sus choques eléctricos fué una lamida. Kotori subió su mirada para encontrarse con los forbosos ojos color miel que brillaban con fuerza. El sonrojo en todo el rostro de Umi lucía tan bien para la perspectiva de su chica.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

— ¿No te molesta que nos vean de la mano, Kotori?.—

— Claro que no, es lo de menos. Agradezco que estos tiempos sean diferentes.— La peligris sonrió mientras sostenía la mano de la más alta con emoción, consiguió darle un suave apretón para alejar toda inseguridad de Umi.— Además, es la mano de Umi-chan. Estoy más que feliz.

—C-cielos...— Susurró con las mejillas ruborizadas.

Para Umi seguía siendo complicado acostumbrarse al comportamiento tan dulce y coqueto de Kotori. Era muy directa con los cumplidos, no podría ni aunque quisiera escaparse de alguno. Su boca formó una complaciente sonrisa, siguió el paso de la modista hasta llegar a la plaza. Decidieron caminar a las tiendas, ya que no se encontraba lejos de su hogar. Fácilmente de lejos daban una pinta de una pareja recién casada, no podían evitar ser lindas y amables una con la otra. En cada ocasión Umi se preguntaba sí sonreír tanto por alguien podría llegar a ser una condena...

— ¡K-kotori!.— Pronunció su nombre para llamar su atención. Kotori habia estado probandose unas gafas para el sol, la escritora con cada imagen podía sentir que volaba o que tal vez lo que estaba haciendo era uno de sus deseados sueños.

— ¿Uh?.— Volteó bajando lentamente las gafas con sorpresa.

— Y-yo...Y-y-y-yo...— Titubeó al sentir el contacto visual que la puso nerviosa. Era su turno de sonar linda con ella, tenía que hacerlo.

— ¿Qué sucede Umi-chan?. ¿Te sientes bien?.— La peligris se preocupó al verla tan nerviosa, se apresuró a tomar sus manos con delicadeza. Ese roce sonrojó más a la escritora que no sabía para dónde debía ir.— ¿Quieres que regre—

— Kotori...— Pronunció una vez más en todo el día, subió su mano derecha para acariciar la mejilla de la modista. Juntó todo su valor para hacerlo y posó sus ojos en los de su amante.

— ¿S-si?.— Se exaltó al notar el semblante tan serio que tomó de repente la escritora.

— Sí sonreír por alguien fuese una condena...— Dijo con el tono más suave que podría usar, cerró los ojos para que no se le complicara decir lo demás.— Yo estaría dispuesta a pagar lo que sea por ti.

— U-Umi-chan...— Susurró la modista con una expresión de sorpresa y sus mejillas desprendían un intenso sonrojo. Cubrió su boca con la palma de su mano.— ¿E-enserio?.

— S-si...— Afirmó haciendo la mirada aun lado. Ambos mujeres estaban más que ruborizadas por el romántico momento, se desvanecían en corazon fácilmente. No notaron que a su alrededor había gente que las observaban con una sonrisa y aplaudían suavemente.

— Umi-chan, eso fue muy lindo.— Respondió con debilidad mirando los ojos que parpadeaban constantemente.

— N-no... No fué nada...— Terminó por decir con una sonrisa tímida.— Por cierto—

— ¡Lucen muy lindas!. Parecen una pareja de recién casadas.

El comentario que detuvo a Umi de terminar sus palabras la dejó atónita. Sus ojos llenos de brillo cambiaron a unos que miraban con miedo a la gente que las observaba, específicamente a las jóvenes que hablaban sin abstenerse de decir algo fuera de lugar.

— ¿Lucen?. Seguramente lo son, para que actúen así es más que obvio.—

Umi comenzó a cruzarse de brazos y optar por una postura incómoda ante la situación e incluso su sonrisa se apagó al instante al sentir un extraño y mal sabor de boca que no la dejaba pensar. Miró a la modista que simplemente regresaba un saluda a la gente que las admiraba desde lejos, despues se dirigió de golpe a la dirección de Umi, tomándola por sorpresa.

— Sería lindo ser la esposa de Umi-chan algún día...— Susurró en un suave coqueteo.

La brusquedad en la posición de Umi sacó por completo de lugar a la peligris que no tenía idea de lo que sucedía. ¿A caso había dicho algo malo?.

— N-no...— Ladeó su cabeza en completa negación y se retiró del lugar a paso apresurado. Ni si quiera entendía sus emociones pero no queria ver el rostro de Kotori en ese momento. La modista no se que quedaría de brazos cruzados y la siguió hasta la lacera de la plaza, intentando hablar con ella.

— ¡Umi-chan! ¡Espera!. ¿Qué ocurre? ¿Dije algo malo?.— En un intento por detenerla, la tomó del brazo dándole la vuelta por completo topandose con una Umi inexpresiva y decaída.

— Kotori...— Atragantó sin pensar dos veces de lo que diría a continuación.— Yo no quisiera casarme contigo.

— ¿U-uh?.— El mágico momento pasó a ser uno tormentoso y lleno de tensión. Umi se dió cuenta de la estupidez que hizo al soltar algo así de la nada y sin si quiera estructurarlo mejor. Kotori dió un paso atrás y su dulce sonrisa se desvaneció.

— Lo siento, Kotori. Creo que lo dije mal.— La más alta intentó tomar su mano pero fué rechazada con otro paso hacia atrás de la modista.

— No tenías que decirlo de tal manera, entiendo que no te sientas bien...—

— De verdad discúlpame, soy una idiota por decirlo así. Simplemente mi mente tuvo un choque mental, jamás tendría la intención de herirte.— Umi logró hacer contacto físico tomando las suaves manos de la peligris que no dejaba de apartar la mirada, la escritora respiró profundo cuando se dió cuenta de que el ambiente tenso se acabó. Kotori hacia un lindo puchero como una niña pequeña, tal vez entendía el reaccionar de su amante, pero eso no era pretexto para dejar pasar algo así; claro que estaba molesta con ella.

— Tendrás que hacer algo que compruebe que estás arrepentida, Umi-chan.— Sostuvo con firmeza, en ningún momento le dirigió la mirada para nada. Sus mejillas lucían sonrojadas y sus ojos amenazaban con sobresalir lágrimas. Umi entendió que con unas simples palabras bastaban para lastimar alguien, e incluso lo hacia más que los actos. Atragantó y se dejó de juegos, soltó las manos de su amante y se acercó en cuestión de segundos, olvidando por completo la pena que sentía al demostrar afecto físico en público y tomó entre sus manos el rostro de su bello ángel que la miraba sorprendida.

— Kotori, haz hecho que mi corazón te acepte en cuestión de poco tiempo. Me recibiste con mucho cariño, a mí. Una persona que sentía que no podría encontrar a alguien que pudiera amarme sin tapujos. Agradezco que hayas llegado en este momento de mi vida.— La voz llena de sieriedad hizo que Kotori sintiera sus piernas flaquear. Tener a una bella mujer diciéndole tales cosas, le parecía fascinante. La cereza del pastel fué un beso. Ya no eran besos llenos de deseo o besos de intimidad, ni sí quiera de simple cariño. Era un beso que le confirmaban sus sentimientos. Tal cual lo podría describir, aunque hubiese gente al rededor, sólo existían ellas dos compartiendo el momento más romántico que podrían imaginar. El acercamiento duró pocos segundos, ambos rostros se desvanecían en el vapor de sus sonrojos, no hicieron más que agachar la mirada por la pena.

— Kotori...—

— ¿S-si?... U-umi-chan..—

— ¿Aceptarías ser mí novia?.— La escritora reunió todo su valor para soltar una simple pregunta pero una llena de importancia. Cerró sus ojos fuertemente para esperar cualquier tipo de respuesta. El silencio la hizo y dudar y abrió poco a poco cada uno de sus párpados. Kotori sonreía felizmente y se tocaba las mejillas por el rubor, sacando una risita victoriosa en la peliazul.— Me esforzaré para estar contigo. Lamento de verdad mis comentarios anteriores, quiero que tomes en serio mis sentimientos por ti, no he estado con nadie desde hace años y amaría que fueras tú la que estuviese conmigo ahora y tal vez... Siempre.

— Yo también quiero cuidar de tí, Umi-chan. Quiero estar contigo... Aunque aveces seas algo tonta.. Y densa.— Respondió con un puchero mientras rodeaba el cuello de la más alta acercándola casi para darle un beso.

— ¿S-si quieres... ?.— La seguridad de Umi se desvaneció al ver a la modista tan coqueta, juraba que había ganado una postura firme, pero el cuerpo de la peligris era su definitiva debilidad.

Umi esperó pacientemente para la deseada respuesta, la cual no llegó ya que Kotori unió sus bocas en un beso cálido y lleno de amor. La escritora sólo atinó a exaltarse un poquito por el beso que no esperaba de la nada, terminó e intentó hablar pero fué callada por un beso en la mejilla.

— ¿Eso responde tu pregunta?.— Sonrió Kotori con decisión y seriedad pero con una sonrisa dulce que tanto le caracterizaba.

— Si...— Susurró con un brillo en las pupilas de sus ojos inigualables. Ya había olvidado la sensación de estar nerviosa, emocionada o simplemente estar enamorada. Ahora estaba reviviendo todo eso de la mano de Kotori sin miedo alguno, se sentía orgullosa de tomarla de la mano sin miedo y admirarla por lo que ahora era "su novia". Decidieron terminar sus compras e ir a cenar a algún lugar cercano, no podían sentirse más felices que simplemente pasar tiempo una con la otra.

.

.

.

.

.

.

.

~Omake~ (Vida adulta, romance, comedia.)

"La duda existencial de Nozomi/Nico/Kotori".

NicoMaki- Omake.— Parte 1/3.

"Nico-Duda"

Maki se encontraba despejando y guardando sus cosas del escritorio principal 'Nishikino'. Su mansión contaba con ese lugar espacioso, así que ahí arreglaba y archivaba cualquier cosa sobre el hospital. Su estadía era tranquila, hasta que su querida esposa entró abriendo de puerta en puerta la área principal mientras llevaba puesta una mascarilla para su rostro, una que usualmente usaba por las noches dependiendo de su horario de trabajo. La doctora se aseguró de terminar todo y colgar sus instrumentos de trabajo en su maletín. Dió la vuelta y se percató de que Nico traía consigo una revista para adultos, acto que impactó en la reservada doctora y le quitó bruscamente de las manos.

— ¿Q-q-q-qué demonios haces con e-esto?.— Preguntó con un semblante alterado y apuntando cierto producto que llevaba más de una "X".

— Ah, es que hoy fué cumpleaños de uno del Staff. Y varios productores hicieron la broma de darle esa revista, pero al final les llamaron la atención y lo escondieron.— Nico respondió y caminó directo a la silla elegantiosa de la pelirroja que seguía con su rostro rojo.

— ¿Y cómo por qué llegó a tus manos?.— Volvió a atacar buscando una explicación sintiendose dudosa del tipo de amistades de su esposa.

— La metí a mi bolso por que no había otro lugar, se me olvidó que la traía ahí...— Movió los hombros despreocupada.

— Dios... A veces me cuestiono sí de verdad tú...—

— Maki-chan.— Llamó la atención de su esposa.

— ¿S-si?...—

— ¿Puedes responderme una duda?.—

— S-supongo que si...— Cruzó los brazos la menor esperando que no fuese una ocurrencia rara de la Idol.

— ¿Cuánto te mide?.— Lanzó su pregunta en seco y sin sí quiera apartar la vista de la pelvis de su amada doctora que de inmediato se cubrió esa zona y se avergonzó a tal grado de fruncir las cejas.

— ¿¡Para qué quieres saberlo?!.—

— Ohh...Vamos Maki-chan, soy tu esposa y haz hecho un montón de cosas conmigo. ¿Por qué no me responderías?.— Enarcó una ceja la pelinegra.

— Me estoy cuestionando si responderte por que probablemente lo sacaste de esta revista...— Dió un vistazo a la mencionada revista y la lanzó al cesto de basura en cuestión de segundos.

— Deberías de ser considerada conmigo, yo tu amada Nico-chan, soy capaz de soportar tu tamaño y como me dejas.¿No merezco saberlo?...— Cuestionó con chantaje al hacer un punchero, pero sonrió al ver como Maki suspiró y se resignó a responder aún avergonzada.

— Como debes de saber, las futanaris tenemos lo doble de hormonas y lo triple de testosteronas. Así que nuestro desarrollo sexual es más avanzado y descontrolado, por eso nos medicamos constantemente despues del crecimiento...— Atragantó antes de seguir.— Es 100% seguro que las futanaris o hermafroditas seamos dotadas con el tamaño por dicha condición.

— Ajá...— Nico apoyó sus codos en el escritorio y su rostro en las palmas de su mano, saber de la condición de su esposa le era sumamente interesante y era difícil que su misma mujer le respondiera cosas o si quiera le contará algo sobre ello..

— La última vez que lo medí...Fue hace 2años y eran... — Se mordió el labio inferior dudando.— 19 centímetros sino me equivoco... Tal vez creció un poco... No tengo idea.— Cruzó los brazos indignada.

— ¿19 centímetros?. Por dios, tiene sentido que dejes tan adolorida a la perfecta y hermosa Nico-ni.— Dijo la pelinegra llena de asombro.

— Bueno, entonces se acaban las dudas y no pienso responder más.— Terminó sus palabras e intentó darse la vuelta, pero la pequeña mujer bajó rápidamente de la silla y abrazó desde atrás a la doctora que se tenso.

— Lo siento, lo siento. Es sólo que leí el tamaño común en un hombre y me parecía que Maki-chan era casi lo doble... Es sorprendente.—

— No lo digas de esa manera... No es algo de lo cual pueda ver un lado bueno...— Atragantó con un hueco en su corazón. Aún con todas las terapias y esfuerzos, le era difícil asumir tanta diferencia a una persona normal. Esos temas le costaban y Nico lo sabía.

— ¡Claro que es bueno!.— Exclamó con entusiasmo la Idol que se puso enfrente de la pelirroja. Se preparó mentalmente.— Eso no definen sí eres buena o no, yo estoy enamorada de Maki-chan tal y como es. Jamás cambiaría algo de ti. Siempre haz sido maravillosa, siempre lo he pensando...— Sus mejillas se adornaron de un rojo carmín que combinaban con sus ojos. Nico cayó en cuenta de lo que decia puesto que tenía encima unos orbes violetas que ansiaban por seguir escuchando.— Y por eso Nico es tu es esposa... No hay nada mejor que yo sea tu recompensa, ¿no?.—

— ¿Y qué tiene de bueno que yo sea futanari, eh?.— Maki decidió molestar con sus preguntas a la mayor.

— ¿Acabas de ignorar mi lado romántico?.— Se quejó con molestia.

— Sólo dime algo...— La doctora abrazó a la más bajita con necesidad de permanecer ahí por horas. Se agachó un poco para llenar a su altura y sentir el amora dulce de su esposa.

— P-podemos ...— Titubeó nerviosa correspondiendo el abrazo.

— ¿Podemos?.— Repitió.

— Podemos tener bebés geniales y hermosos.—

Maki se apartó en shock y miró como sí nunca en su vida hubiese visto a la Idol. Tapó su boca de la impresión y abrió lo más que pudo sus ojos.

— N-ni-nico-chan...—

— ¿Dije algo malo?.—

— ¿De verdad quisieras tener hijos conmigo?.—

— ¿Por qué no los tendría?.—

La doctora dió vueltas en su mismo lugar, removió su cabello y jugaba con sus mechones entre sus dedos llena de pensamientos y cosas que la hizo perderse. Nico seguía con la mirada la caminata de su esposa.

— ¿De verdad los tendrías?—

— Vuelvo a repetir. ¿Por qué no los tendría?.— Cuestionó llena de duda la mayor.

— B-bueno... Es que tu carrera no lo permitiría... Siento que fué demasiado hacer público nuestro matrimonio para ti y un embarazo puede perjudicarte... Agregando que no sería normal que salieses embarazada y no pudieras dar una respuesta exacta de "¿cómo?" a la prensa y para el público yo sería un fenómeno y...—

— Maki-chan...— Nico frunció las cejas ligeramente molesta.

— Puedo arruinar tu carrera, es cierto que obtuviste el apoyo de tus fans con lo de nuestra boda. Pero no me imagino que pasará con un hijo, yo tendré la culpa y no quiero hacerte infeliz y...—

— ¡Maki-chan, cállate y escúchame de una buena vez!.— Advirtió con un tono fuerte para que la doctora le prestara atención.

— T-te escucho...— Obedeció tímidamente.

— Sería muy feliz de tener hijos contigo sin importar qué. Te amo y no pienso dar un paso atrás sólo por que la gente opina diferente.— Suspiró tranquila.— Además, sí mis fans tanto me aman me van a querer sin prejuicios y sí pierdo mi trabajo, no tendría de qué preocuparme. Por que Maki-chan hará feliz a su futuro hijo y a su amada esposa.— Nico posó sus manos en sus caderas.

— Y-yo...— La pelirroja respingo. Sus orbes se cristalizaron por la sensación de sentimientos encontrados que sintió de repente. Su esposa fruncía las cejas molesta con los ojos carmín que no dejaban de verla.

— ¿Nos harás feliz, verdad maki-chan?.— Se acercó y le sonrió alegremente. La Yazawa entendía la inseguridad de la doctora, pero aveces le inquietaba que las cosas tan importantes se las aguardase para ella misma aunque aveces tarde o temprano saldrían al aire. Amaba a Maki demasiado como para seguir con su profesión y darle la cara a las opiniones ajenas. La pelirroja limpió las lágrimas que rodaron por sus mejillas.

— Desde que nos casamos prometí hacerte feliz y tener hijos implicaría lo doble. No importa lo que cueste, yo lo haré. Te amo, Nico-chan.— Maki tomó la mano de la más bajita con delicadeza y entre sus dedos sostuvo el dedo anular que portaba el anillo de matrimonio de ambas. Luciendolos a la par, este acto sonrojó hasta las orejas a la mayor que sonrió temblorosa. Poco a poco se iban acercando para un beso, pero la idol se detuvo.

— Tengo que quitarme la mascarilla, vamos a la cama. Maki-chan.— Dedicó su última sonrisa, salieron de la oficina y se llevó a su doctora por los pasillos de la lujosa mansión.

— Si...— Aceptó felizmente siguiendo su paso.— Hey, Nico-chan.

— Dime, Maki-chan.—

— Q-quiero tener un bebé contigo... L-lo antes posible.— Dió un suave apretón por los nervios a la pequeña mano de la Idol.

— Si lo quieres, yo también lo quiero. Sólo dame un poco de tiempo para prepararme.— Aceptó con tranquilidad y entendimiento, giró su rostro de lado sonriéndole.— Quiero amar a ese bebé con todo mi amor.

— Gracias...— Susurró agradecida y alegre. Nico decidió no decir más y acabar con su día en la suave cama que las esperaba para descansar. Ya que tenían que iniciar su día temprano, pero ahora ya con la propuesta de ambas sobre traer un ser humano al mundo. Un pequeño ser que les llenará de amor la vida, mucho más de lo que ya tenían.