Cuando abrió sus ojos debido a la luz que se colaba por sus ventanas, sintió el ambiente algo diferente. No, ella no tenía poderes sobrenaturales para poder presentir su destino, tampoco nunca habia visto algo de ese ámbito y, si era sincera consigo misma, no creía mucho en esos temas.
Pero aun así, el día, el ambiente e incluso las sensaciones que experimentaba a su alrededor le decían que era diferente.
No le prestó mucha atención a ese sentimiento después de percatarse de la hora que era, pasaban las ocho de la mañana y se maldijo a si misma mientras bajaba las escaleras que daban directamente a su cama, tropezando con el ultimo escalón y cayendo directamente sobre el suelo.
Bufó ante aquello, pues su pensamiento anterior fue esfumado ante su típica acción cotidiana, estaba claro que no existía nada diferente, pues habia terminado con el rostro en el suelo y seguramente llegaría tarde a clases a pesar de vivir prácticamente a un lado de la escuela.
Se apresuró a bajar las escaleras, pero siendo un poco más cuidadosa para no terminar cayendo nuevamente.
Saludo con entusiasmo a su madre quien se encontraba en la cocina preparando el desayuno en conjunto con su padre, quien le dio un suave beso en la coronilla de su cabeza.
Sus ojos azules recorrieron el contenido del sartén que se encontraba manipulando su padre, tenía un panqueque que estaba listo para retirar y a un lado, un plato donde comenzaba a aparecer una torre de estos.
Con una sonrisa traviesa se escabullo de él, tomando un panqueque con sus manos y llevándoselo a la boca.
― Marinette ¿Qué te he dicho de comer de esa manera? ― Regaño su madre, quien la habia atrapado con las manos en la masa, mientras la susodicha intentaba ocultar todo el panqueque entre sus mejillas, asemejándose a una ardilla.
Una sonora risa salió del hombre, palmeando levemente la espalda de su hija para que esta pudiese tragar.
― Marinette tiene mi apetito, además tiene que alimentarse bien ― Apoyó a su hija con complicidad.
Ella asintió después de tragar de un golpe el alimento, sonriendo culpable.
― Además no tengo tiempo para sentarme a desayunar con ustedes, voy algo tarde ya ― Comenzó a relatar mientras tomaba una naranja de la barra de la cocina. Su madre alzó una ceja, pues falta poco más de veinte minutos para que dieran las nueve, la hora de entrada a clases ― Alya me pidió que llegará un poco más puntual, quiere que le ayude con la tarea de inglés ― Agregó, tomando su mochila del sillón principal ― Nos vemos por la tarde, y papá ¡No te acabes esa montaña de panqueques, guarda algo para mí! ― Exclamó, mientras abría la puerta para salir del lugar.
Comenzó su ruta en dirección hacia donde se encontraría con Alya. Si bien, no le habia mentido del todo a su madre, si ocultaba ciertas cosas.
Se encontraría con Alya en las faldas del rio Sena, a una calle de distancia de su casa y de la escuela, con el único propósito de hacer el cambio semanal.
Pues, dos semanas atrás ambas habían encontrado ahí mismo a un pequeño gato negro, increíblemente flaco y parecía tener algunos zarpazos. Ambas pensaron que sin duda el pequeño minino era un luchador.
Y si bien, ninguna de las dos tenía el permiso de tener una mascota por una frase en común que compartían sus padres (muy jóvenes para tener una responsabilidad tan grande), aun así decidieron tomar a su cargo al gato, llamándolo de la forma más simple y algo sosa que pudieron pensar; Chat Noir.
Marinette se habia hecho cargo de él la primera semana, alimentándolo y ocultándolo en su habitación. La siguiente fue Alya, quien se tomó el tiempo de llevarlo al veterinario con dinero que ambas habia logrado juntar.
Ahora el gato regresaría a manos de Marinette, quien seguiría con la labor que hasta ahora habia hecho.
Ambas se habían encariñado ya, y ver que cada día iba recuperando algo de peso era una inmensa felicidad para ambas pre adolescentes.
― Aun sigo sin entender cómo es que mamá no encontró al pequeño Chat Noir ― Comentó Alya mientras observaba como el gatito perseguía el punto rojo de un puntero a distancia que habia comprado especialmente para jugar con él ― En ocasiones me pregunto cómo se enamoró de papá, estoy segura que a él le encantaría, se parece mucho a la pantera que tanto quiere del zoológico ― Agregó soltando una suave risa al observar como el felino comenzaba desesperarse.
― Supongo que el amor rompe en gustos ¿No? ― Se atrevió a comentar, para después suspirar ― Sabes, estoy algo nerviosa, mamá no entra a mi habitación usualmente y por eso sé que Chat Noir estará bien ahí, pero me pregunto qué explicaciones daré cuando este más grande y probablemente gordo y tiré algo más que un simple lápiz ― Soltó, intentando no trastabillar con las palabras a medida que estas iban saliendo.
Alya hizo una mueca de preocupación, pues ella se encontraba en el mismo dilema.
Ambas estaban seguras de algo, debían encontrar una solución; O conseguir el permiso definitivo para conservarlo o buscar un mejor lugar para que Chat Noir viviera.
― Ya lo resolveremos ¿De acuerdo? No te estreses Marinette ― Comentó Alya, guardando el puntero en su bolsillo.
Debían partir, aún tenían diez minutos antes de que las clases empezaran y antes de eso debían pasar a casa de Marinette con alguna excusa para dejar a Chat Noir en su habitación, con suerte llegarían justo a tiempo para la clase.
Pero no contaron con que aquello no ocurriría.
No muy lejos de ahí, un perro de raza Bóxer batallaba con su dueño, un hombre con ropas deportivas que aparentemente habia salido a correr por la mañana en compañía de su mascota.
Alya se alarmo de inmediato al ver como este se habia soltado de la correa, rompiéndola de un solo jalón. Aquel perro se dirigía inmediatamente a Chat Noir, el perro habia reaccionado así por la presencia de un pequeño e indefenso gato, cuidando su territorio.
Ambas intentaron ser rápidas y tomar al felino entre sus brazos y subir completamente a la banca donde anteriormente se encontraban para huir del canino, pero el pequeño Chat Noir al escuchar los ladridos que soltaba el imponente animal, decidió huir por su vida.
Y en un acto desesperado por huir de las fauces del gran animal, termino cayendo directamente al rio Sena.
Marinette sintió el corazón estrujarse mientras escuchaba los gritos desesperados del dueño del perro para que lo detuvieran. El animal seguía ladrando a la orilla del rio, mientras el pequeño gato luchaba por sobrevivir a la suave corriente que comenzaba a arrastrarlo.
Y sin pensarlo, se lanzó al agua, logrando tomar con dificultad a Chat Noir entre una de sus manos, manteniéndolo fuera del agua durante momentos.
Pero existía un problema; Ella no sabía nadar.
Y poco a poco, comenzó a perder el conocimiento mientras pudo distinguir la campana de su escuela sonar, dando el inicio a las clases.
[...]
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
La verdad, quiero llorar. No creí que el inicio del prólogo tuviera tan buen recibimiento ¡Mil gracias de todo corazón! Esto surgió, como casi todo lo que publico, de la nada, so, no sean tan duros con esta obra (que aún no sé cuántos capítulos tendrá, IDK MAN)
Y bueno, antes de continuar quiero aclarar unas cosas:
* Este, y los siguientes dos capítulos tienen en total un aproximado de mil palabras cada uno, estos aún son parte del prólogo. La historia se desarrollara después de estos.
* Es un universo alterno, o un universo propio, todo depende de cómo lo quieran ver. Aquí nuestros niños tiene doce años como se explica en el prólogo.
* Los siguientes capítulos los publicaré durante todo diciembre, empezando enero comenzará lo demás.
* Amo la dualidad, así que como en casi todos mis fanfics (i think) se encontrara también presente aquí.
Ahora sí, realmente agradezco todo su apoyo. Me hace sentir muy feliz y con ganas de trabajar en esto durante mis vacaciones. ¡Muchas gracias! Y recuerden, los amo un buen .3.
Un besote.
