Notas Iniciales: ¿Extrañaron esta historia? Espero que sí porque hice otro capitulo largo sin planearlo, maldita sea. Pero espero estar resolviendo misterios, algunos probablemente ya estén sospechando lo que ocurre en realidad.
Quince.
La boca del lobo.
El sonido de los cubiertos, los tragos largos a los líquidos y las maneras de masticar cada alimento se mezclaron para Legosi. Debido a su desarrollado oído, notar estos detalles menores en la atmósfera de manera amplia siempre fue natural y sería absurdo que le molestase, pues aquellos significaba vida, así que había decidido disfrutarlo sin importar lo tedioso que pudiera ser testigo de ello largo tiempo. Sin soltar la bebida que Azuki ordenó para él, no dudó unirse a la sinfonía de herbívoros disfrutando de una tarde sin peligros, tratando a toda costa desviar la atención de él cuando percibía alguna mirada cautelosa; su ama y Haru se habían marchado por mucho tiempo y no le apetecía protagonizar un escándalo al ser un carnívoro solitario ocupando una mesa entera sin compañía, ya que -aunque hubiesen otras mascotas merodeando cómodamente gracias a sus collares con placa- cada uno yacía acompañado por dos o más herbívoros de presencia citadina.
Tarde se dio cuenta que para esto no estaba entrenado, pues el pánico se cernió sobre sus nervios como púas, que con un movimiento se propiciaba una presión mayor. Estaba solo, solo entre la multitud. No podía estar solo. Sin tener a quién servir, a quién proteger, equivalía a no tener propósito, una mancha en un lienzo en blanco, algo sin mensaje, algo tan inservible como antihigiénico. No se dio cuenta en qué momento comenzó absorber ruidosamente de su baso cuando aquello que lo llenaba no existía más y eso atrajo miradas; no estaba bien, estaba a un impulso de levantarse y comenzar a correr. Sin embargo, no podía detenerse, seguía absorbiendo como si su vida dependiera de ello. Continuaba comiendo.
«¡Legosi! ¡Detente! ¡Me duele!»
Una mano pequeña en su frente fue lo que detuvo su abrasiva sensación, delatándose ante sus ojos como la figura de esa misma coneja, tan similar a la de sus recuerdos pero de pelaje inmaculado, carente de la suciedad que propicia el constante salpicar de la sangre. Haru parecía un tanto incómoda de tocarlo por lo que apartó su tacto de su rostro, esta vez posando sus delicados dedos en la tapadera del baso, el cual empujó hacia abajo para que finalmente separara sus labios caninos de la boca del popote. Mientras tanto Legosi sin fuerzas tan sólo se dejaba arrastrar sin oposición ni voluntad, fascinado con la visión de esos profundos ojos negros que a pesar de ser prácticamente gemelos, denotaban otra clase de emociones. Los ojos en sus recuerdos le generaban mucho dolor, mucha culpa y unas inmensas nauseas.
«¡Para! ¡Me haces daño!»
Legosi se estremeció y aturdido desvió la mirada, temiendo recordar eso de manera tan gráfica por mucho que lo hubiera prometido, además no creía fuese a ser relevante de alguna forma en su presente el que aquella coneja -por la que protegió a Haru- al final solamente había postergado lo inevitable entre los dos; ahora se daba cuenta de ello. Fue la memoria lo que lo llevó a seguir el rastro de Haru para protegerla de la muerte, así quizás estaría pagando la deuda de una vida por otra que bien podría ser totalmente diferente; después de todo Haru no era como esa coneja perdida, aunque hubiese sido un clon suyo había formado su propia personalidad, estilizando sus propios gustos, sus pasiones y sueños. Entre original y copia existía un abismo, uno tan injusto, el cual yace sujeto a objetivos determinados, porque incluso la esperanza de vida en ambos es muy diferente; ella se lo había dicho a Legosi también. Por ello era tan doloroso recordar que el calor de Haru no pertenecía a la pequeña que él conoció.
—Mi amo la odiaba... —sus repentinas palabras intrigaron a Haru, que con una mirada le brindó la pauta de que continuara hablando—. No le agradaba que formara amistad con la comida, en sus propias palabras. Un lobo y una coneja es una terrible combinación.
—¿Cómo era él? Es decir, ¿qué especie herbívora?
—No estoy seguro, la imagen borrosa en mi cabeza insinúa que se trata de alguien con cuernos largos y torcidos, con protuberancias o anillos adornándolos.
—¿Podría ser una cabra?
—No, es una especie similar a mi ama o eso intuyo.
—Ya veo —dijo Haru con decepción, fue un gesto que Legosi se apresuró intentar cambiar.
—Pero te aseguro que recuperaré mis memorias lo antes posible. Nunca había resuelto tantos misterios que me rodean en tan poco tiempo. Esta noche también hablaré con una compañera mascota que conoce cosas del anterior Legosi, apuesto a que eso acelerará el proceso.
—¿Anterior? —repitió Haru confundida.
Planeó seguir indagando pero justo en ese momento Azuki se presentó, desbordando una actitud acida cuando liberó un ruidoso suspiro y se tumbó contra el hombro del lobo sin prestar atención a la manera en que los músculos carnívoros se tensaron ante su desconsiderado impacto, entonces únicamente se ocupó de beber con expresión aburrida.
—¿Hay algún otro asunto que te gustaría aclarar? —inquirió Legosi luego de unos tediosos instantes de silencio compartido.
—¿Qué me dices tú? ¿Tienen planes para ti? —Legosi le dedicó una rápida mirada al ciervo que sin mirarlo replicó.
—Estamos libres hoy, así que quiero tenerte para mi una vez hayan resuelto el asunto por el que me están haciendo perder el tiempo. —Haru hizo una mueca ante esto mientras desviaba la mirada sonrojada, el lobo se mantuvo ignorante del motivo aunque lo hubiese notado, simplemente tal situación lo tenía confundido.
—Supongo entonces que... hemos terminado aquí. Pero necesito mantenerme en contacto contigo de ahora en adelante. —La coneja sacó su celular del bolsillo—. Azuki, ¿lo apruebas?
—Ya dije que hicieran lo que quisieran, no voy a interferir.
—Dame tu número, Legosi. —El can miró a su ama de nuevo.
—Sólo dale el teléfono, está registrado en los contactos.
El carnívoro hizo lo que le dijeron, así que la coneja se apresuró buscar el número de forma manual, entregándole el aparato de vuelta una vez lo apuntó en su propio móvil.
—Me voy —avisó con simpleza para enseguida darse la vuelta y dirigirse al mostrador para pagar la cuenta.
—¡Espera! —exclamó Legosi desorientado por sus sorpresivas acciones, por el que los dos interesados la siguieron a la salida, encontrándose nuevamente reunidos al filo de la acera.
—¿Gustas que te acompañemos a casa, Haru? —ofreció el lobo preocupado. En respuesta Azuki bufó con gracia y la aludida miró al can como si acabara de insultarla.
—¿Qué es esto? No recuerdo haberte contratado como guardaespaldas. Hemos terminado de hablar, así que ve y ocúpate de tus cosas, ¿quieres? Desaparece de mi vista.
—Estoy tratando de ser un buen aliado —se excusó—. Por lo que me dijiste, te encuentras en peligro. En cualquier momento alguien podría intentar secuestrarte y de nada nos hubiera servido esta conversación. Si te atrapan no podremos salvar a tu amiga, piénsalo de ese modo por favor. Aún no sabemos quién está tras de ti.
—Lo entiendo pero también sería sospechoso que me vieran contigo de un momento a otro. En mi experiencia, da mejor resultado mantener las apariencias.
—Aún así... —renegó Legosi.
—Tengo también tu número, ¿no? Si algo sucede te llamaré de inmediato. Además, dudo que se atrevan atacarme cuando la cacería de criminales depredadores es reciente. Si mi acosador se tratase de un impulsivo, no habría estructurado una trampa tan sutil para capturar a mi amiga. Confío que está esperando el momento apropiado y que nosotros ya habremos planeado un contraataque.
—Eso... —Legosi lo pensó mejor—, tiene sentido.
—Por supuesto que tiene sentido. No olvides que estás hablando con una Ejecutora de profesión. He estado en el juego de "cazador y presa" más tiempo que tú.
—Sin mencionar la larga lista de amantes a su disposición —tranquilizó Azuki al lobo al mismo tiempo que irritaba a la coneja por su desvergonzada intervención—. Si se siente amenazada, se asegurará de pasar la mayor parte del tiempo acompañada. Su cazador no se arriesgará que queden potenciales testigos.
—Así es —le dio la razón Haru, a pesar de que no le provocaba el menor placer admitir su estrategia.
—En ese caso, ¡mucha suerte, Haru! —le dijo Legosi con un gesto que buscaba transmitir seguridad. A Haru le hubiese parecido lindo sino fuese por el conocimiento del que la había hecho participe Azuki hace apenas unos minutos.
—Se necesita astucia más que suerte en estos casos —espetó de mala gana—. Pero aceptaré tus ánimos, los necesitaré.
Con un asentimiento Legosi finalmente permitió que Haru se marchara lejos, aunque no dejó de vigilarla en su camino hasta perderse en la muchedumbre; era tan pequeña que a veces olvidaba que era una hembra adulta con grandes responsabilidades sobre la espalda. Perdido en sus pensamientos casi olvidó a su ama si ésta no hubiera tomado su mano e incitado caminar junto a ella rumbo a una tienda de licores donde adquirió los más fuertes con la excusa de una celebración sólo para ellos dos.
Así fue cómo sin cuestionar Legosi la siguió a todos lados.
Azuki trataba de fingir que estaba en perfecto estado emocional pero Legosi ya había percibido esa amargura que traía a su semblante cualquier rechazo por parte de Louis, por eso no tardó en adivinar que algo ocurrió entre ellos durante la mañana y estaba seguro que ver a Haru lo había empeorado todo. Debido a esto no le sorprendió que se comportara más cariñosa de lo acostumbrado con él cuando estuvieron de vuelta a la mansión y estuvo obligado acompañarla a la mesa después de que su cocinera sirviera para ellos un banquete tan vistoso, así que en el instante que lo llevó hasta sus aposentos, comprendió que por fin cumpliría uno de los principales deberes a los que había sido atado en el instante que le dieron el título de Carnívoro Sumiso.
Legosi bebió con gusto de la copa que su ama le entregaba y accedió a que sus delicadas manos exploraran su pelaje incluso por debajo de su camisa, permitiendo que posara su palma sobre sus piernas y que sus gestos fueran cada vez más íntimos. A esas alturas, y con el alcohol entorpeciendo su sistema y reflejos, ya le daba igual que abusara de su confianza. De hecho notó que la necesitaba más cerca.
—Legosi —ella susurró su nombre con una dulzura tan fuera de personaje que el carnívoro se reconoció embriagado por completo con su majestuosa presencia—. ¿Eres consciente de lo que quiero que hagas ahora? ¿Te parece bien?
—Ama, usted me compró para no sentirse sola, ¿recuerda? No me parece mal que quiera usarme para lo que pagó por mi.
—Pero... esto no es algo que yo compartiría tan casualmente. Yo... no soy una ramera. No haría esto con cualquiera.
—¿Me considera un cualquiera, ama?
—Eres mi mascota —obvió con expresión herida.
—Es por eso que seré su mayor confidente. Nada de lo que haga saldrá de ésta su habitación. Soy suyo en su totalidad. Le pertenezco.
—Legosi —le llamó con culpabilidad. En ese momento algo en la mente del carnívoro se quebró.
—Víciame, Azuki —suplicó y sus labios hicieron contacto por primera vez, cerrando con ello un pacto irrompible, teñido de sentimientos entremezclados en absoluta secretitud.
A través del aliento de su ama, Legosi descubrió la ansiedad mientras su palpitante corazón se aceleraba al ritmo de las intrusivas caricias, sintiéndolas ajenas y al mismo tiempo familiares como las respiraciones entrecortadas que compartían. Creyó que había dejado de existir en el instante que esos dedos expertos tiraron de su nuca para separarse de abrazador beso, abandonando como única prueba de su ejecución vaho y saliva, reviviendo al escuchar la lujuriosa orden de quitarse la camisa. Mientras tanto la mano de la hembra se deslizó por la cama para sujetar el bozal con dildo posado en el colchón, tomándose sólo un momento para asegurarse de que todo estaba bien con su mascota, si sería necesaria otra dosis de alcohol. Pero ante la respuesta negativa, se apresuró cubrir el hocico del lobo, consolando su falta de libertad con cariñosos besos sobre su frente y mejillas, citando promesas de cercana liberación física.
La siguiente orden penetró los oídos con calor y necesidad, así que Legosi no perdió tiempo en arrodillarse frente las estilizadas piernas abiertas de su ama, cuya intimidad yacía lubricada en sus propios fluidos, lista para toda clase de intromisiones. Con un suspiro, el can se inclinó hacia adelante, gozando del aroma y los sonidos que le eran entregados a cambio de su obediencia. Azuki no dejó de elogiarlo mientras caía rendida dentro de su propio placer, agregando nuevas instrucciones que incrementasen el gozo del que era receptora.
El dildo integrado al bozal no paró de chapotear entre las húmedas paredes de carne, enviando una vibración surrealista con los gruñidos de Legosi, quien también estaba reaccionando al obsceno acto, más no tuvo otra opción que aferrarse al colchón frente a él, perforando las lustrosas colchas con ayuda de sus garras. En algún rincón de su mente agradeció que los mareos inducidos por el licor hubiesen mitigado sus fuerzas, pues de otro modo ya las habría destrozado a causa de la excitación atravesándolo. La ciervo debió notarlo ya que no tardó en ordenarle que se detuviera, incitándolo ponerse de pie frente a ella para que pudiera mover sus delgadas manos sobre la endurecida erección.
—Aquí, déjame ayudarte con eso.
—Ama...
Legosi pretendía negarse pero cuando sintió a su miembro ser liberado de la incomodidad de sus pantalones, dejó que la hembra hiciera lo que le placiera aunque no fuera lo recomendado para su tipo de relación. Nadie tenía la obligación de preocuparse por las necesidades sexuales de un sumiso. En todo caso la boca de Azuki fue maravillosa en su trabajo, estimulando escalofríos hacia cada nervio componiendo el cuerpo del lobo.
—Ven conmigo —murmuró Azuki cuando asumió había sido suficiente.
Le colocó un condón y entonces lo atrajo junto a ella para que ocuparan el largo del mueble matrimonial y forzaran el rechinido que se disparaba al entorno únicamente cuando se le daba un trato demasiado rudo. Azuki gritó extasiada y Legosi gruñó satisfecho, no limitándose en maltratar esa zona dulce que hacía a la hembra jadear como si le faltara aire. Si el verdadero paraíso constara de abrazar lo prohibido, ambos decidieron saborearlo sin importar las consecuencias de sus incorrectas acciones. Estaban listos para asumir el castigo cuando culminara aquel insensato desenfreno salvaje.
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Sin darse cuenta en qué momento había terminado todo, Azuki abrió los párpados sólo para notar la luz anaranjada entrando por su ventana. Se removió entre las sábanas sin perturbar el cálido abrazo que su carnívoro le entregaba mientras yacía somnoliento, respondiendo a las suaves caricias que de vez en vez la herbívora sentía el impulso de ofrecerle. Legosi abrió los ojos en el instante que ella lo llamó, compartiendo una mirada cómplice adornada de ternura hasta que la ciervo recordó el compromiso que su mascota debía atender antes de que ella como su dueña quisiera arrepentirse de darle la pactada libertad. Fue con esos pensamientos acribillando su cerebro que rompió la agradable intimidad.
—Toma una ducha —sugirió—. Te llevaré con Juno para que puedas resolver los acertijos que necesitas... —Con un firme asentimiento, el lobo se dispuso abandonar la habitación antes de ser detenido de un brazo por la herbívora—, en mi baño privado.
—¿Está segura de eso, ama? Es una instalación exclusiva para su matrimonio.
—Legosi, cariño, eres merecedor de esa exclusividad, después de todo me haz dado tu entera confianza y... no tiene sentido pretender que somos diferentes después de lo que ocurrió. Quiero que te sientas cómodo, por eso acepta mi osadía.
—No soy quién para negarle sus caprichos, ama.
Legosi la miró con determinación, y este fue un detalle que al ciervo complació aún si una parte suya estuviera demasiado avergonzada para darle una respuesta más audaz, digna de su personalidad altiva, por eso no retuvo el impulso de ponerse de pie, vestir su bata de noche para acompañarlo y explicarle el uso de la instalaciones eléctricas del baño. Aprovechando el lapso que le tomaría al can finalizar su aseo, Azuki se retiró a la cocina para servirse agua y encaminarse a la sala. Reflexionando sobre su reciente experiencia se dio cuenta de lo reprimida que se estuvo sintiendo todos aquellos años de matrimonio, había conservado castidad para su esposo desde entonces y no se había permitido conocer a más hombres, ¿para qué? Sino tardó en descubrir que no estaba hecha para la gestación de crías. Y todo ese tiempo se había obsesionado con hacer posible la formación de un heredero que no disfrutó ni una sola noche teniendo relaciones sexuales con Louis, por eso no se percató que estaba echando a su esposo fuera de su vida hasta que fue demasiado tarde.
El diminuto respeto y cariño que pudieron forjar con momentos en pareja quedó estropeado por su comportamiento frívolo, así que se convenció que no tenía derecho de reprocharle su infidelidad, pensándolo de ese modo significaría que compró a Legosi motivada por la venganza, pues aquellos sentimientos de autodesprecio trajeron ira en contra del mundo entero: Louis, Haru, sus mascotas y los carnívoros en general.
Por ello es que haber compartido sus ansias coitales con Legosi se sentía liberador ahora, un trago dulce de gloria entre un océano de amarguras incorregibles, y estaba de acuerdo con estas ideas mientras se bebía el agua. En el pasado criticó el uso de los carnívoros sumisos como una práctica que sólo acostumbraban los herbívoros sin dignidad, comprendiendo un poco lo célebre de ello después de haberlo probado por sí misma. No resolvería el problema que se mantenía vigente entre ella y el líder del Conglomerado pero sentía que podía aprovechar un poco más su visión renovada del entorno, pues sólo existían dos posibilidades inminentes: reformar una comunicación más estrecha o hundirse al fondo del poso negro.
Tan sumergida se vio en sus propios pensamientos que el sonido de las puertas principales fueron mudas para sus oídos, así que volvió al presente cuando los pasos pesados recorriendo el pasillo trajeron las siluetas de leones comandados por un ciervo, cuyas piernas se tornaron de piedra al visualizar la figura de la hembra vestida únicamente con su bata, el aroma desprendiéndose de su pelaje alertando a los machos de hormonas inconfundibles. El líder del Conglomerado tuvo que agitar la cabeza para recordar respirar y vigilar que sus mascotas estuvieran lo suficiente cuerdas para escuchar su demanda de devolverse a la entrada de inmediato. Luciendo desconcertados, los leones apenas registraron la importancia del mandato por el violento volumen de su tono de voz.
—¿Amo Louis? ¿Qué.. ?
—¿¡No me escucharon, Ibuki!? —exclamó señalando a todos los miembros del grupo—. ¡Llévatelos de regreso a la entrada y esperen ahí hasta que yo vaya! ¡Ahora!
—De inmediato —respondió Ibuki llamando casi con tono histérico al resto de sus compañeros que con estrepitoso esfuerzo lograron ser receptores de las palabras de su jefe antes de obedecer la orden.
Una vez solos, Louis se giró para enfrentar a su esposa sin estar cien por ciento seguro qué significaban esas emociones alterándole los nervios. Aquel aroma no le resultaba desconocido ya que él mismo lo había provocado antes, quizás esta vez era importante por la mezcla de esencias carnívoras y herbívoras contaminando el aire pero notó que estaba conmocionado porque en ese perfume no yacía incluida la propia.
—Necesito la llave que abre la jaula de Juno —dijo Azuki repentinamente, enviando una ola de sensaciones nunca experimentadas en la piel del ciervo macho, los cuales erizaron su pelaje al punto del pavor—. Es la única razón por la que decidí esperarte justo aquí.
—¿Ah, si? Entonces admites que querías jactarte de tus actos.
— …No —declaró Azuki al considerar las palabras de su marido.
—¿No? Lo dudo, motivos te sobran. ¿Por qué no lo harías?
—Legosi está tomando un baño ahora mismo, pensé tomarlo yo también junto a él pero... necesitaba obtener esa llave.
Los puños que Louis formó temblaron a la altura de sus caderas con ansias, mismas que no consiguieron ser sanadas con la imagen de su esposa siendo consolada por el lobo sumiso en su cama matrimonial. Y era extraño ya que además de esa furia salvaje contaminándolo, reconocía una enorme compasión hacia ella y sus decisiones abruptas. No tenía cara para reprenderla cuando él la estuvo lastimando desde el momento que firmaron su acuerdo nupcial. Resignado hurgó el contenido de sus bolsillos y le entregó el juego de llaves destinado a las jaulas de todas sus mascotas, obteniendo un roce electrizante de los delicados dedos femeninos.
—¿Qué tal el paseo? —se encontró preguntando, nervioso le dedicó una mirada curiosa pero Azuki no se mostró sorprendida.
—Vimos a Haru y nos contó un par de cosas interesantes sobre su etnia. Algo me dice que te enterarás pronto, después de todo estás tan involucrado como yo con las necesidades básicas de Legosi.
—Entonces, el que necesites la llave que abre la jaula de Juno y Shiira, ¿tiene que ver con la amnesia de Legosi?
—Aparentemente ellos acordaron hablar entre sí y ha llegado el momento. Pero no te preocupes, como su dueña estaré presente también, sólo tomaré una ducha y los transportaré a un sitio privado para los tres, de modo que se sientan cómodos.
—Entiendo —asintió sin saber qué más decir, creyéndose capaz de embriagarse con el aroma que estaba más cerca de hacerlo perder el control de la situación; era tan exquisito como aterrador—. En ese caso, supongo que estaré esperando.
La sonrisa que le regaló Azuki tras sus palabras hizo sentir a Louis como un estúpido pero decidió por su bien no tomarle mucha importancia, así que le dio la espalda y se encaminó hacia el pasillo siendo observado un poco más por su conyugue antes de que ella también retomara su camino. Volvió a la recámara encontrando al lobo limpio y sin rastro de la esencia a sexo que los delatara de su encuentro con olfatos agudos, listo para encargarse de su cita con la loba. Con una sonrisa burlesca, se mofó de su buen aspecto agradecida por la expresión apenada que Legosi le devolvió. Cuando la ciervo ya hubiese terminado su propio aseo, los dos se pusieron en marcha a través del pasillo para llegar hasta la zona en que yacía construida la jaula de las carnívoras, las cuales miraron hacia la puerta justo en el instante que estas fueron abiertas para revelar a sus visitantes. Juno se levantó de la silla que había estado ocupando frente a una intrigada leopardo, quien imitó su acción pero no se atrevió a intervenir siquiera vislumbró al lobo que junto a su ama se posaba.
—¿Lista, niña? —inquirió la herbívora sin gracia.
—¿Usted nos acompañará, señora?
—Debo hacerlo.
—Ya veo —Juno se resignó, respiró profundo por un momento, miró a Legosi y asintió. Fue la señal que la ciervo esperaba para abrir la puerta y permitirle el acceso.
Cerradas las puertas de reja nuevamente, los tres se retiraron sin prestar más atención a la felina que había estado conversando con Juno sobre lo que ocurriría aquella noche. No podía evitar sentirse inquieta aunque no conociera todo el contexto de la situación pero con la información que ella le había brindado, comprendía que no se trataba del Legosi que ella conocía y a quien parecía amar fervientemente, no era sólo amnesia, se trataba de algo más complicado; Shiira comenzaba angustiarse por lo que le depararía esta forzada convivencia. Muchas cosas estaban sucediendo en el interior de la mansión últimamente y la leopardo estaba segura que no era la única que lo percibía. Lo sabían los leones que ingresaron nuevamente a su celda antes de ver partir a su silencioso amo hasta su recamara, frente a la cual éste se detuvo presa de las mismas sensaciones que lo tenían capturado, esas que lo incitaron abrir y cerrar la puerta como hipnotizado, avanzando poco a poco hasta la cama que concentraba ese aroma tan caótico antes de dejarse caer sobre las cobijas sin molestarse en disimular más su fetichista deseo, comprobando que no le desagradaba aunque su parte racional estuviera rasgando su mente, luchando por no ahogarse entre el súbito instante.
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Mientras se desplazaban hacia el lugar donde se efectuaría la prometida reunión, Juno no pudo evitar rememorar todo lo que le había tocado vivir antes de llegar a este particular momento, entonces casi con incomodidad miró al lobo que caminaba a su lado, el cual seguía perturbándola debido al enorme parecido que compartía con el Legosi que ella conocía. Le había visto a morir al igual que Jack, por lo que no podía creer en la posibilidad de que se tratase del mismo. Era desafortunado que su amigo labrador no estuviera ahí para ser testigo también, pues estaba segura que él podría darle una respuesta a este misterio. Jack siempre había sido inteligente además de un excelente investigador, así que no dudaba podría resolver este dilema si es que no se había rendido ya de rastrearle.
—Me parezco mucho, ¿uh? —La repentina observación del lobo macho logró que Juno se sobresaltara y evitara hacer el menor contacto visual con esos ojos insistentes.
—Lo siento si te incomodé.
—Está bien, comprendo que debe ser difícil para ti todo esto.
—Seguro que también lo es para ti, así que estamos a mano.
—Si, tienes razón.
Azuki se detuvo frente a una puerta, indicando brevemente que era aquel el sitio, permitiéndoles el acceso y dejándoles ponerse cómodos enseguida de que ella volvía a cerrar la puerta para recargarse en la misma y simplemente actuar como una vigilante, acto que los lobos prefirieron no señalar y mejor iniciar con lo acordado, colocándose frente a frente sentados sobre una alfombra circular de peluche que les recordaron a la lana de una oveja; la carnívora especialmente se preguntó si tal era un regalo de la mejor amiga de la dama del Conglomerado, ya que -a juzgar por la decoración de esa sala- debía tratarse de una especie de salón de yoga o meditación para aliviar el estrés femenino.
—Muy bien, ¿por dónde te gustaría que comience?
—¿Cómo se conocieron?
—¿Uh? —Aunque lo esperaba como parte del itinerario social, la loba se sorprendió por la pregunta, casi como si fuera un tema demasiado íntimo y por lo tanto privado.
—Ya sabes, Legosi y tú —explicó a pesar de que le resultó raro pronunciar su propio nombre.
—Yo estaba resistiendo mi miseria en una jaula mediocre en el rincón de un patio cuando ellos saltaron el muro que separaba mi prision de un callejón del vecindario, y me vieron ahí.
—¿Ellos? —se intrigó el lobo macho.
—Legosi tenía un mejor amigo llamado Jack, él no es un can de clasificación salvaje debido a ciertas composiciones corporales, resultado de la mezcla de genes pero se reveló a su dueña después de darse cuenta del daño infringido por los herbivoros contra los carnivoros.
—¿Cómo es? —quiso saber, después de todo el simple nombre removió algo en su mente que rápidamente le hizo sentir el tipo de adrenalina que experimentaba cuando recordaba.
—Es de estatura media para nosotros, pelaje amarillo, orejas caídas y... con unos amables ojos color miel —dijo Juno en una sonrisa plagada de calidez—. Los herbívoros llamaron su raza «labrador» ya que existen varios grupos de perros a los que se refieren por domésticos, algunos son agresivos mientras otros son tan dóciles como nuestro amigo mutuo. Para todos fue una sorpresa que se rebelara a favor de los carnívoros pese no haber sufrido las injusticias a las que mascotas regulares estábamos acostumbrados.
—Jack —repitió Legosi con melancolía, pues era esto lo que le generaba pensar en él.
—A su lado Legosi podía permitirse ser él mismo. Casi no discutían pero era divertido verlos discrepar en cualquier tema. Legosi siempre buscaba guardarse sus emociones y opiniones sobre lo que le rodeaba, con el fin de mantener un perfil bajo, pero era imposible cuando estaba Jack, él sacaba su lado más vulnerable.
Pensar en ello, le ayudó a Juno darse cuenta que muchas cosas hubiesen sido más amenas en su vida si desde el principio hubiese contado con la compañía de alguien como Jack. Esperanza, sueños, instintos y contradicciones. Temores y oscuros deseos, ella había convivido con esos sentimientos a medida que crecía, cada vez que las circunstancias le escupían pruebas difíciles, por las que muchas veces pensó que era la muerte su alternativa más misericordiosa pero continúo luchando hasta que se acostumbró a su realidad, entonces dejó de ser doloroso. Lloró mucho cuando la separaron de sus padres pero lo superó con la ayuda de sus nuevos dueños, quienes la adoptaron como mascota luego de hacer tratos con los amos de sus progenitores. La pequeña de esta familia de canguros necesitaba una mascota para hacerle compañía, pues además de solitaria era bastante tímida, así que tenía problemas para adaptarse a la vida social.
Al principio fue divertido pero cuando la niña descubrió la facilidad con la que su mascota superaba sus propias deficiencias inició el maltrato y la envidia destrozó la promesa infante donde acordaron no existirían diferencias entre ellas, así Juno fue retirada de vuelta, vendida a una Distribuidora de Carnívoros donde aguardó tres años bajo pésimas condiciones hasta que conoció a un joven que la había comprado únicamente para presumirla a sus compañeros de universidad por una fortuna que no poseía.
Aparentemente sólo los herbívoros con facilidades económicas dentro de ese pueblo podían permitirse gastar en ejemplares como ella. Juno se había esperado un cambio favorable a esos tres años de mala alimentación, más se vio confinada en una jaula a la intemperie sin tener contacto con otros además de su amo cuando éste lograba recordar darle de comer, ya que prefería irse de fiesta antes que prestarle la debida atención. Si la carnívora tenía suerte se le permitía tomar un baño a base de cubetas y vestirse apropiadamente para proteger la integridad de su amo cuando éste temía un asalto por avenidas abundantes en delincuencia o el maltrato de otros herbívoros de su edad que lo despreciaban por su actitud presuntuosa.
Así continúo su rutina.
Hambrienta, maloliente y aislada comenzaba a desarrollar un gran odio en contra de todos los herbívoros, lentamente maquinando escenarios en su cabeza que le ayudaran a librarse del inútil que se hacía llamar su amo, al cual jamás parecía importarle que pasara fríos o picaduras de insectos mientras esperaba por un poco de su piedad sobre esa cama de trapos viejos. Nunca se imaginó que llegaría el día que ese muro que se resignó visualizar a solas por toda la eternidad, sería saltado por dos caninos que buscaban un refugio donde ocultarse de ejecutores que los habían atrapado en mitad de un atraco. Esa fue la primera vez que vio a Legosi y Jack, quienes al ver las condiciones en que vivía, decidieron ayudarla golpeando al herbívoro hasta dejarlo inconsciente para robarle las llaves de su jaula y llevarla con ellos a una construcción abandonada en la que se reunían carnívoros maltratados como ella. Ahí le confesaron que darían inicio a una revolución, la sed de venganza de muchos reprimida hasta el momento indicado, pues sabían que se enfrentarían a las mascotas entrenadas para atacar a los suyos, los cuales era obvio los superarían en número.
—¿Cómo se separaron? —cuestionó Legosi esta vez, sacando a la loba de su estupor, tan sumergida que por un momento había olvidado estaba siendo interrogada por quien había clasificado como el fantasma de su amado—. Por lo que dices, él no parecía ser del tipo que le gustaba salir de aventuras. ¿Qué sucedió para que terminaras aquí?
Juno lo pensó un momento, dándose cuenta que con esa pregunta estaría cerca de revivir el momento más destructor de su vida, aquel que le había arruinado tanto que estuvo dispuesta a ser ejecutada por cualquiera en esta ciudad; había armado un alboroto en plena calle de la ciudad con ese objetivo, no era su intención ser capturada por Louis. Aunque era cierto que ahora que su cabeza se había enfriado lo suficiente ya no tenía intención de desperdiciar su vida por muy patética que fuera, después de todo el trato que recibía aquí era muy distinto. Respiró profundamente y al fin se animó hablar.
—Dimos inicio a una revolución en el pueblo que habitábamos. —La respuesta no sólo impresionó a Legosi, sino que llamó la atención de la dama del Conglomerado—. Fue todo un desastre, miles de asociaciones ejecutoras asistieron y... lograron acorralarnos. Hubo una gran masacre, muchos de nuestros amigos murieron entonces. Ante la menor oportunidad, Jack nos mostró un camino para huir. Apenas lo conseguimos pero el antiguo amo de Legosi nos persiguió hasta aquí... él quería capturarlo de nuevo, no nos dijo porqué. Pero sospecho que hizo un trato con alguien poderoso y lo necesitaba para experimentar con él.
—¿Qué clase de experimentos? —cuestionó ante el recuerdo de los estudios que recibió en Carnivorous' Corporation, los cuales revelaron que su sangre había sido mezclada con ADN de dragón de Komodo para evitar intoxicación por parte de su veneno.
—N-No lo sé —admitió Juno con voz temblorosa—. Cualquiera que haya sido su intención no sirvió de nada, ya que él se sacrificó por Jack y por mi. Lo vimos morir.
—¿Qué? ¿Cómo?
—Fue... él fue... —Juno tuvo dificultad para terminar su oración, sintiendo a su garganta cerrarse con los sollozos que se estaban esforzando en salir. No podía superar lo que había visto. La forma en que su amado había muerto había sido traumatizante. ¿Cómo podía simplemente decir que fue descuartizado en vida? La simple imagen consiguió que tirara de sus orejas antes de cubrirse la cara—. Lo siento... no puedo... no me hagas decirlo —suplicó.
—Perdona, no era mi intención. Está bien, no tienes que decirlo.
Legosi bajó las orejas avergonzado por su insensible insistencia. Sin saber qué hacer para arreglar el tumulto de agrias emociones en su compañera mascota, decidió acercarse a ella para rodearla con sus brazos, pidiéndole permiso a Azuki con la vista de mantenerse así hasta que ella lograra calmarse. La cérvida se limitó a desviar la mirada para evitar todo contacto y eso le brindó la pauta al lobo de continuar consolando a Juno, quien ciertamente se sobresaltó pero no dudó en corresponder al abrazo; aferrarse a ese gesto familiar que la reconfortaba tanto como la destrozaba por dentro.
—Es por eso que no lo entiendo —confesó Juno aún sin tener el valor de mirarlo a la cara de nuevo—. ¿Cómo es posible que estés aquí cuando te vi morir? No tiene sentido.
—Tal vez las respuestas estén más cerca de lo que creemos —reflexionó más para sí mismo que para la hembra—. ¿Qué sucedió con Jack?
—Me separé de él en cuanto logramos escapar de esa fábrica, así que... es probable que aún esté merodeando por ahí, sino es que se marchó de la ciudad para seguir su vida.
—Quizás pueda ir a buscarlo.
—Dudo que sea agradable para él pasar por lo que estoy pasando yo cada vez que te veo.
—Pero estoy seguro que debe estar profundamente preocupado por ti, si te fuiste sin decirle nada, ¿no crees?
— …Si, es probable que lo esté —aceptó Juno más controlada—. ¿Tienes otra pregunta?
—¿Estás segura? Puedo esperar un poco más.
—Mientras antes termine esto, mejor.
—De acuerdo. —Legosi dejó ir a su equivalente carnívora mientras preparaba una de las tantas preguntas que tenía revueltas en su cabeza. Todavía existían tantos misterios pero la clave para sus fines personales no era difícil de estimar—. Dime, Juno. ¿El Legosi que tú conocías se relacionaba con conejos?
El shock en el rostro de Juno fue evidente, tanto que Legosi se reconoció nervioso enseguida. Ya había formulado preguntas demasiado chocantes para la hembra a su lado, no entendía porqué esta pregunta debía ocasionar un impacto tan severo en el semblante de Juno, la cual tras recuperarse del shock parecía ofendida de repente, como si acabara de rozar una fibra tan sensible como la referente al inminente desenlace del lobo a quien ella amaba.
—El amo de Legosi fue un conejo. —Y su respuesta esta vez consternó al carnívoro.
—No puedo creer eso. Los conejos no pueden adoptar mascotas, está prohibido en sus códigos sociales y aquellos que se desligan no tardan en morir.
—Este conejo era especial —espetó Juno con rencor—. Ni siquiera su propia familia estaba enterada de lo que hacía. Ese bastardo estaba encargado de abastecer de carne de conejo a todas las Agencias Generadoras, negocios pequeños y empresas grandes encargadas de la compra y venta de carnívoros, incluyendo a las Prisiones de Control.
—Pero eso significaría que...
—¿Se enriquecía vendiendo a su propia especie? Si. Legosi nos contó que pertenecía al linaje que propuso dar uso a la carne de conejo para controlar a los carnívoros en épocas muy antiguas, pero quien heredaba este conocimiento debía mantenerlo en secreto de todo aquel con quien se relacionara, con excepción de sus lacayos.
—Entonces él estaba a cargo de la clonación.
—¿Clonación? —Juno se mostró confundida con lo que sugerían las palabras del lobo frente a ella—. El amo de Legosi no contaba con esa tecnología.
—¿No? ¿Entonces quién?
—¿Cómo quieres que sepa eso? Ni siquiera sé porqué estás sugiriendo que estaba a cargo de una actividad tan extraña.
—Si no sabes nada sobre eso, quiere decir que tenía trato con otros herbívoros. Tal vez...
—Tu anterior amo —intervino Azuki al fin, apoyando la reflexión a la que su mascota estaba llegando con toda la información que habían recopilado por ese día. El lobo sumiso asintió y tuvo una idea que lo motivó mantenerse determinado.
—Tu amigo Jack podría saber algo al respecto —replicó mirando a Juno—. Ayúdame a encontrarlo, por favor.
—No estoy segura, él era un genio pero... no sé. Es muy repentino. ¿Qué está ocurriendo? No entiendo nada.
—Te lo dije, Juno. No tengo memorias.
—¿Significa que con esto estás a punto de encontrarlas?
Con un escueto y simple asentimiento a su pregunta, Legosi estaba revelándole a Juno su más profunda inquietud, así que la loba no supo cómo reaccionar a la fuerte presión de esos ojos una vez evasivos, casi tiernos. Sabía que se estaría exponiendo a muchas emociones encontradas desde el momento que aceptó tener esta charla con ese lobo gris, más nunca se imaginó escalaría hasta este punto. No tuvo otro remedio que aceptar la sorpresiva propuesta. Extrañaba a Jack y necesitaba disculparse con él por dejarlo a su cuenta en el pasado. Este capricho podría beneficiarle después de todo.
