Baji caminaba en círculos dentro del reducido espacio que comprendía su habitación, iracundo, tal como lo haría un león en cautiverio. Dos días sin poder acercarse a Chifuyu para aclarar lo sucedido, se sentían peor que una eternidad. Sí, estaba siendo exagerado con el tema, pero tenía derecho a hacerlo; en especial luego de que su madre prácticamente lo aisló del resto del mundo, su celular no contaba con saldo, y sus salidas le fueron limitadas a ir al colegio o la tienda de la esquina.
Estaba convencido de que él mismo se lo buscó al dejarse llevar por sus impulsos, no tenía nada qué agregar con respecto a ello, asumía la culpa y listo. Sin embargo, no lograba entender qué demonios tenía el destino en su contra para que, justo después de que Chifuyu lo mandara a freír espárragos sin motivo aparente, su madre los viera comerse la boca apoyados en el barandal. El resultado era este: un castigo cuya duración todavía desconocía y también sermones repetitivos en cada comida del día. Por si fuera poco, seguía lleno de dudas que no lo dejaban dormir bien. Ni las tareas acumuladas en esos días le distraían del asunto pendiente que tenía con Chifuyu.
Chifuyu, Chifuyu, Chifuyu.
A dónde quiera que mirara lograba encontrar algo que evocara en su mente experiencias vividas junto a él, lo cual incrementaba el sentimiento de culpa alojado en su pecho. Mierda, ¿Dónde carajos estuvo su error?
Si había una certeza en su vida, era que Chifuyu siempre estaría ahí sin importar nada. Se equivocó, hasta las personas más nobles como él podían llegar a un límite, pero le habría gustado saber cuál era el de su amigo y que no supo identificar a tiempo.
Se asomó por la ventana y miró hacia abajo, conservaba la esperanza de que Chifuyu se asomara en algún momento… ¿Y luego qué? ¿Se gritarían a la distancia para poder mantener una conversación sin desafiar las órdenes de las dos mujeres que les dieron la vida? No, hasta él mismo sabía que hacerlo sería bastante estúpido.
En cuestión de unas horas más tenía que estar en la reunión de la ToMan, esa noche se reintegraría a Kazutora oficialmente, pero no podría estar ahí presente porque su madre estaba en casa tejiendo en la sala. Chifuyu tampoco, su madre le había contado que también fue castigado por tratar de protegerlo como siempre.
Baji suspiró dejando caer sus párpados por un instante.
A pesar de todo, Chifuyu seguía empeñado en serle leal. El simple hecho de pensar en ello empeoraba su estado de ánimo. Las circunstancias de ambos eran pésimas, y eso que ninguno de los dos reveló nada respecto a sus encuentros sexuales nocturnos. De lo contrario, las consecuencias habrían sido mucho peores.
Y es que un beso no era la gran cosa… ¿o sí?
A decir verdad, para su madre sí que lo había sido. Ella asumió que mantenían una relación a escondidas, por tal motivo lo bombardeó de preguntas que no supo responder adecuadamente en aquel instante. La primera de todas: ¿Eres gay, Keisuke?
Él ni siquiera sabía que necesitaba etiquetarse hasta que ella se lo preguntó, no había contemplado otras opciones porque después de todo él era un hombre, y los hombres se relacionan a nivel sexual y romántico solo con mujeres…
«Es decir, en forma sexual y/o romántica, ¿hay alguien que te guste?»
Por supuesto, Chifuyu también estaba muy interesado en tal información esa tarde. Fue justo en la palabra alguien en la que Baji no prestó la atención suficiente, quizá de haberlo hecho su respuesta habría sido otra, pero, ¿Cuál?
Sobre su cama se hallaba un curioso gorro negro con orejas de gato en la parte superior, fue tejido por su madre al igual que otro más, uno que colocó dentro de la caja que llevó a casa de Chifuyu un par de días atrás con la esperanza de encontrarlo ahí. Baji caminó para sentarse en la orilla y lo tomó entre sus manos. Era una ridiculez en lo absoluto, pero su madre los había hecho especialmente para ellos dos antes de que los problemas comenzaran.
Peke-J también tenía uno, así como los otros que ordenó en una tienda en línea. Agradecía el hecho de que Chifuyu siguiera permitiendo que el felino deambulara de un departamento a otro para poder verlo.
Siendo francos, Baji no recordaba cuándo fue que terminó compartiendo más de lo normal con ese chico. La idea de que fuera debido a todo ello que su madre insistía en preguntarle si eran pareja, le abrumaba. Todo lo hacía, pues de repente aquellos temas a los que nunca les dio importancia se estaban convirtiendo en el pan de cada día.
«¿Has notado cómo te mira Chifuyu?»
—No, no sé cómo me mira Chifuyu, mierda. ¡Déjenme tranquilo! —espetó. arrojando el gorrito contra las almohadas. Genial, ahora estaba comenzando a hablar solo.
Encogió sus piernas y se abrazó a sus rodillas. Un problema a la vez, se dijo; comenzando por idear la manera de escapar de su habitación para asistir a la reunión, una misión para la cual la ventana constituiría la opción más viable, de no ser por la altura a la que se encontraba el departamento. Entonces, la única forma era salir por la puerta principal como una persona normal una vez que su progenitora se quedara dormida, o sea, después de medianoche.
En conclusión, estaba jodido por todos lados.
— Por favor, señora mamá de Baji. Le prometemos que solo será un par de horas .
Una voz extremadamente conocida llegó a sus oídos aun con la puerta de su habitación cerrada.
—Keisuke está castigado, niños. Si lo dejo ir perderé autoridad.
Movido por la curiosidad, Baji bajó de la cama tan rápido como pudo y asomó la cabeza hacia el pasillo, desde ahí pudo ver a la perfección a Mikey y Draken inclinarse ligeramente ante su madre.
—No se preocupe, señora. Lamentamos las molestias —habló Draken, con su mano apoyada en la nuca de Mikey—. Le diremos al abuelo de Mikey que Baji no puede asistir a su celebración de cumpleaños, se pondrá triste porque lo tiene en gran estima, pero al menos estaremos sus nietos y yo. Gracias por escucharnos.
Sus amigos dieron media vuelta, él no podía ver sus caras y no le hacía falta hacerlo para saber que estaban conteniendo la risa. El abuelo Sano cumpliría años hasta dentro de seis meses.
—Esperen, chicos —solicitó su madre, cruzando los brazos—. Haré una excepción solo por tratarse del señor Sano, pero si mi hijo llega un minuto más tarde de lo acordado, lo castigaré por lo que resta del año. ¿Entendido?
Al cabo de unas horas, Baji salía de su hogar listo para la reunión. Claro, no sin antes escuchar las condiciones de su madre. Contaba con dos horas exactas para ir a su destino y volver, afortunadamente el santuario Musashi no se hallaba tan lejos de ahí. Descendió las escaleras a prisa y en el camino, justo antes de llegar a la planta baja, divisó la espalda de Chifuyu portando el uniforme de la pandilla.
Excelente. La suerte se ponía de su lado.
Estaba a punto de llamarlo cuando Kazutora gritó desde el otro lado de la acera, este se encontraba esperando junto a Takemichi. Debió intuir que no la tendría tan fácil.
En el momento en el que se reunieron con ellos, Chifuyu apenas le dirigió la mirada. Echó en falta escuchar el siempre entusiasta Baji-san salir de su boca, que se mantuviera a su lado y parloteara sin cesar. Durante el trayecto al santuario, también se mantuvo distante, enfocado en adelantar a tantos autos como le fuera posible, lo cual era bastante imprudente de su parte.
—¡Espera, Chifuyu! ¡No hay prisa! —gritó Kazutora acelerando su motocicleta. Fue hasta entonces que Baji se dio cuenta de que este ya portaba el uniforme de ToMan. Definitivamente estaba distraído.
Giró la muñeca sobre el puño derecho de su motocicleta decidido a darle alcance, él no se iba a andar por las ramas. Se abrió paso con experticia entre los automóviles, algunos de ellos le tocaron el claxon porque también estaba cayendo en la imprudencia y no le importó. Notó que Takemichi volteaba a verlo de vez en cuando y le murmura algo a Chifuyu al oído, en consecuencia, la moto de Chifuyu se alejaba a mayor velocidad.
Pasó gran parte del trayecto tratando de alcanzar a ese par, cosa que no logró hasta llegar a su destino. Chifuyu descendió rápido con la intención de mezclarse entre el resto de los integrantes que habían comenzado a aglomerarse. Sin embargo, él no se lo permitió al atravesarse con todo y moto en su camino.
—¡¿Se puede saber qué demonios te pasa?! —exclamó iracundo por su actitud—. Te saltaste tres altos allá atrás. ¡Tres, chifuyu! Y por lo tanto yo también.
—Yo no te pedí que me siguieras el paso…
—¿En serio? ¿Es lo único que piensas decir?
—Lo mismo digo, Baji-san. Vamos, compañero.
Los ojos de Chifuyu se dirigieron a Takemichi y nunca se posaron sobre él. El chico lo rodeó para continuar su camino como si no tuvieran nada más de qué hablar. Surgieron murmullos entre los demás miembros que se percataron de la pequeña discusión, todos ellos veían a Baji sin disimulo, haciéndolo sentir expuesto y ridiculizado.
—¡¿Y ustedes qué mierda me ven, bola de idiotas?!
—Oye, oye. Tranquilo, viejo. —Kazutora había estacionado su moto ya y caminaba hacia él con las manos en los bolsillos, completamente ajeno a sus conflictos personales—. Acabamos de llegar y ya andas buscando pelea. No cambias, Baji.
—Ahora no, Tora. Necesito hablar con Chifuyu.
—Pues me parece que él no quiere hablar contigo. ¿Qué le hiciste, eh?
—Eso es justo lo que quiero saber.
No esperó a que su amigo hiciera algún otro comentario, se bajó de su medio de transporte sin tomarse la molestia de estacionarla en un lugar más adecuado. Nadie iba a tocarla, de eso estaba convencido.
Sus ojos siguieron la espalda de Chifuyu aun cuando el chico era escurridizo, o tal vez solo estaba tratando de huir a toda costa de él. Si Chifuyu lo conocía realmente bien, debió saber que no importaba a dónde fuera, Baji llegaría hasta ahí y se haría escuchar. Y sí, fue justo lo que ocurrió.
Ni rodearse de Mitsuya, Hakkai y los gemelos Kawata, impidió que se acercara hasta tomarlo por el brazo para apartarlo a un punto en el que no pudieran ser escuchados. Entre sus planes no estaba ser grosero, y lamentaba si era así como su conducta lo hacía ver, pero tenía el tiempo contado. No soportaría un día más sin poner las cosas en claro.
—¿Por qué haces esto, Baji-san? —reprochó Chifuyu una vez que lo acorraló contra una de las paredes traseras del Santuario—. Todos los demás nos estaban viendo.
Baji lo analizó a conciencia sin responder de inmediato, Chifuyu evadía su mirada como si de ello dependiera su vida.
—¿Y qué con eso? No vamos a hacer nada que nos comprometa. Solo quiero hablar.
—Bueno, te escucho. —Pero Chifuyu agachó la cabeza mientras le contestaba.
—¿No vas a mirarme ni una maldita vez, Fuyu?
—Estoy bien así. Te garantizo que toda mi atención estará en lo que tengas para decirme, Baji-san.
Era el colmo. Había pasado unos días de mierda y ahora que por fin obtenía una oportunidad, el siempre racional Chifuyu le salía con esto. Inaceptable.
No obstante, se contuvo como pudo y suspiró. El tiempo corría, Mikey no tardaría en aparecer.
—Sé que estás castigado por mi culpa —reveló—. No tengo ni la menor idea de qué es lo que le hayas dicho a tu madre, pero no hacía falta que mintieras para salvarme, Chifuyu. —El simple hecho de decirlo incrementaba su impotencia, por lo que tomó un respiro antes de continuar—. Dime, ¿Ella sabe que estás aquí?
—No, ella debe estar trabajando justo ahora.
—Bien.
Baji no apartó la mirada ni por un segundo, siempre a la espera de que Chifuyu se animara a encararlo de una buena vez. Sin embargo, se mantenía renuente a hacerlo, se le notaba ansioso y casi podría apostar a que el chico lo golpearía si no le tuviera tanto respeto.
—¿Es todo de lo que querías hablar? Porque tengo que… ir con Takemichi.
—No, espera. —Lo tomó de la muñeca para evitar que se marchara, pero la manera en la que el cuerpo de Chifuyu se tensó le dejó en claro que lo mejor era no tocarlo—. Joder, dame un momento, ¿Quieres? —pidió, llegando a sonar ligeramente desesperado—. ¿Estás enfadado conmigo? ¿Hice algo malo?
—Una pregunta a la vez.
—¡Pero mírame por un segundo, carajo!
Chifuyu chasqueó la lengua antes de, poco a poco, girar la cabeza hacia el frente. Su rostro lucía desganado y sus ojos sin brillo. ¿Dónde estaba el Chifuyu entusiasta que se había acostumbrado a ver a diario?
—No pasa nada, todo está bien, Baji-san. —Y por mucho que sonara muy seguro de sus palabras, Baji no le creyó ni una pizca.
—¿Por qué me mientes a la cara, Fuyu?
Ese instante en el que Chifuyu vaciló, desvió sutilmente la mirada y se mordió el labio inferior, bastó para confirmarle que sí, le estaba mintiendo. Aunque le daba un punto por esforzarse al tratar de convencerlo de lo contrario.
Baji sacudió la cabeza porque no encontraba la manera de solucionar el problema si Chifuyu se negaba a cooperar. Así que dio un paso atrás antes de continuar hablando, lo que menos deseaba era seguir incomodándolo.
—No quieres que te toque, está bien. No quieres que te bese, está bien. No tengo problema con ello —explicó con toda la paciencia posible, aun si ya no le quedaba mucha—, pero necesito que me digas qué fue lo que hizo que tomaras esta decisión. Si te presioné a hacer algo que tú no quisieras, por favor dímelo ahora mismo.
Hubo un silencio prolongado que le hizo creer que no recibiría una respuesta. Contra todo pronóstico, si la hubo. Un par de palabras al inicio de la oración que bastaron para que se olvidara hasta de cómo respirar.
—Estoy enamorado, Baji-san —soltó Chifuyu sin anestesia ni vacilación en su tono—. Por eso no puedo seguir haciendo esto contigo, lo siento.
—¡¿Q-qué?! ¿De quién? —casi gritó. El color abandonó su rostro en automático.
—Pero yo deseo que podamos seguir siendo amigos, ¿vale?
Chifuyu ignoró por completo sus preguntas, y el intento absurdo de sonrisa que le dedicó antes de alejarse al fin, le dejó en claro que no importaba cuánto insistiera, este había sido el final de su conversación.
Baji se quedó ahí. Los puños apretados a cada lado de su cuerpo y su mandíbula tensa. Esa agitación en su pecho y el mal sabor de boca resultante eran… ¿Celos?
No volvió a intentar acercarse a Chifuyu más de lo necesario durante la reunión. Su cuerpo pedía a gritos una descarga de adrenalina, de aquellas que solo obtenía al masacrar a algún pobre idiota que osaba retarlos. Sin embargo, justo ahora le gustaría que el pobre idiota en cuestión fuera la persona de la que Chifuyu decía estar enamorado.
¿Existía alguien en todo el maldito mundo que se mereciera la dicha de ser amado por un chico tan grandioso como Chifuyu? Baji podría jurar que no. Precisamente por ese motivo era que no se sentía capaz de procesar tal noticia.
¿Y si, por andar inventando estupideces, al final Chifuyu sí había despertado sentimientos románticos hacia Takemichi? Joder. De ser así debería tener más cuidado antes de abrir la boca de ahora en adelante.
¿O qué tal si fuera Kazutora? Es decir, no había nada que lo impidiera, ni siquiera el corto tiempo que pasó desde que los presentó hasta este día. Podría haber ocurrido algo, un acercamiento, una charla, un roce…
—Hey, Baji. ¿Nos vamos? —Kazutora se paró delante de él, sonriente y más animado que antes. Al menos cada integrante de ToMan lo recibió con buen ánimo, por lo que este asunto que venía tratando de arreglar durante meses, podría considerarlo como un éxito desde ya—. Tierra llamando a Baji. Te queda media hora para volver a tu casa.
—Sí, ya sé —contestó saliendo de su pequeño trance—. ¿Dónde está Chifuyu?
—Ah, creo que ya se fue con Takemichi y Mitsuya. ¿Qué pasó entre ustedes dos allá atrás, eh?
Los gestos traviesos y el brillo en los ojos de Kazutora, no pasaron desapercibidos para Baji. Su amigo no era ningún tonto, si seguía actuando extraño, Kazutora se daría cuenta de que entre Chifuyu y él ocurrieron ciertos acontecimientos más allá de una amistad. Ahora menos que nunca podía permitirse que tal cosa sucediera.
—Nada, yo… —vaciló, viendo venir a Draken hacia ellos—. Necesitaba ponerme de acuerdo con él en… algo.
—¿De la escuela? —insistió Tora.
—Sí, de la escuela.
—¿Y para eso era necesario que lo arrastraras fuera de la vista de todos?
—Absolutamente.
—Baji, ¿tienes un minuto? —Draken llegó para detenerse a un lado de Kazutora, dándole un apretón amistoso en el hombro mientras tanto.
Baji podía hacerse una idea de por dónde iba su petición. Es más, hasta se imaginaba la retahíla de sermones que le esperaban de parte de él. Sin embargo, el tiempo con el que contaba era poco, como la cenicienta antes de que su carruaje se convirtiera en calabaza.
—Tú mejor que nadie sabes que no. Ya debo volver.
—Entonces iré a verte mañana a la salida del colegio.
Draken dio la vuelta después de despedirse de Kazutora con mucha más efusividad de la que empleó para hablarle a él. En definitiva le estaba lloviendo sobre mojado.
