Personajes: Osomatsu, Karamatsu, Atsushi

Pareja: AtsuOso/KaraOso

Intérprete: Rio Roma

Palabras: 1456

De martes a martes

En un modesto bar, el bartender y dueño del lugar limpiaba un vaso mientras observaba con atención la entrada, aguardando por ver a cierto cliente, suspiró sonoramente al meditar sobre sus sentimientos, ¿En qué momento ocurrió? ¿A partir de cuándo se enamoró del lindo chico? Le fue inevitable esbozar una sonrisa, él sabía perfectamente las razones y aun así se cuestionaba como si algo fuese a cambiar, al final solo era una forma de pasar el rato en espera del carismático joven.

Y como si el destino decidiera complacerle, vio la puerta abrirse para darle paso a un chico de abrigo rojo que al verle alzo la mano como saludo.

- Bienvenido Osomatsu – le devolvió el gesto mientras le veía encaminarse hasta el último banco de la barra, como acostumbraba – Tengo una nueva bebida, ¿Quieres probar? – cuestionó a sabiendas de la respuesta.

- No, dame lo de siempre por favor – respondió mirando alrededor y acomodando sutilmente sus gafas de armazón rojizo.

Tal acción provocó que el dueño bufara por lo bajo – Él no está aquí – comentó con voz neutra.

La suave risa de su cliente solo acrecentaba su dolor – Vaya Karamatsu, ¿Tan obvio soy? – preguntó con un ligero bochorno en el rostro.

El nombrado se limitó a solo asentir antes de disponerse a servirle el usual trago. En su mente solo se lamentaba de no ser aquel a quien Osomatsu buscaba con tanta ilusión.

Una hora más tarde, tras una entretenida charla, Karamatsu presencio la llegada de su desdicha; aquel castaño de traje azul y corbata amarilla que cada fin de semana hacia el mismo el acto, saludando a Osomatsu como si solo fuese un conocido más, manteniendo su distancia y tras una mirada insinuante o algunas breves palabras al oído, terminaba llevándose al de rojo, seguramente al hotel más cercano. Osomatsu dejaría unos billetes sobre la barra y tras una rápida despedida se iría tras su amante.

Esa noche no fue diferente.

Karamatsu no podía hacer más que presenciar como su amor imposible se marchaba cada fin de semana sin dudar con aquel que ni siquiera le permitía hablar libremente de su relación, aludiendo al que dirán y su posición en la empresa. Conoce toda la historia de la pareja, el castaño, Atsushi, era un empresario y Oso el dueño de una librería, se conocieron por casualidad cuando el trajeado buscaba un ejemplar, tras ello empezó a frecuentarle en el local, luego dieron el siguiente paso, pero sin importar cuanto llevaran juntos, Atsushi todavía le pedía mantener en secreto su relación, él sabía todo eso porque Osomatsu se lo contaba, a veces llegaba al día siguiente completamente feliz por haber estado con su "novio", pero en ocasiones, se presentaba el domingo con marcas rojas bajo los ojos denotando que estuvo llorando, por más que se esforzara en fingir con una sonrisa, al final terminaba lo suficientemente ebrio para quebrarse.

Entre lamentos por no ser suficiente, maldiciones por el trato recibido, jurando amarle pese a la incertidumbre, para que al final, terminase aceptando todo seguro de que algo cambiaria. Osomatsu no salía de aquel círculo vicioso.

Un viernes por la noche el dueño de la librería apareció, comentándole a su confidente que Atsushi no le habría citado en dicha ocasión solo planeaba pasar por un par de tragos; para Karamatsu no pasó desapercibido el triste tono de voz en el otro.

Por desgracia para ambos chicos, el número de clientes fue en aumento por lo que no tuvieron mucho tiempo para conversar libremente. Kara escucho el alboroto en una de las mesas del fondo, pero había estado tan ocupado preparando bebidas que recién caí en cuenta que en dicho lugar se encontraba Atsushi acompañado de otros tres hombres, dedujo que compañeros del trabajo por la ropa que todos portaban.

El castaño bebía y reía sin preocupación, alardeando con sus acompañantes sobre las últimas conquistas que habría conseguido, específicamente una chica de otro departamento con quien hubiese pasado la noche anterior.

Karamatsu dirigió de inmediato su mirada hacia Osomatsu, el cuerpo encogido apenas y sobresalía por la chamarra roja que ese día usaba, se acercó para hallarlo con la mirada baja, con un vaso entre sus manos y oprimiendo los labios haciendo hasta lo imposible por no llorar – Oso... – murmuró con gran dolor buscando las palabras correctas.

El nombrado negó suavemente, en una muda petición de no decir nada, con un rápido movimiento se tomó el restante de su bebida, sacó un par de billetes y levantándose se giró listo para salir cuanto antes, sin embargo, para su mala suerte resulto chocando con otro cuerpo en cuanto se dio la vuelta, su mirada cristalina se mantuvo sobre la perpleja expresión del trajeado.

- ¿Todo bien? – indagó uno de los compañeros de Atsushi desde la mesa.

- Sí – respondió saliendo del asombro – solo, choque con este chico – sin más palabras siguió su camino hasta la barra, ignorándole por completo.

Osomatsu no podía creer lo ocurrido, ahora entendía a que se debía su insistencia en ocultar la relación, una parte de él deseaba gritarle tantas cosas a quien le prometía amor sincero y otra parte le incitaba a salir corriendo, no obstante, su cuerpo no apoyaba ninguna decisión, manteniéndose de pie escuchaba a lo lejos las voces y ruido mientras su respiración se aceleraba.

- Vamos.

Una voz varonil pero suave se escuchó cera de su oído a la par que unas manos se posaban en sus hombros - ¿Karamatsu? – apenas y un susurro salió de sus labios, requirió mirar un poco a su lado para ver al bartender que le dedicaba una expresión serena y comprensiva.

El castaño presencio tal escena, observando cómo se marchaban al fondo frunció el ceño y maldijo por lo bajo.

Karamatsu guio al de rojo hasta la bodega, esperando que en solitario le fuese posible calmarse, tan solo bastaron segundos para que Osomatsu comenzara a llorar en su hombro, preguntándole una y otra vez qué había hecho mal para merecer aquel trato, el bartender solo pudo abrazarle con fuerza.

No paso mucho tiempo para que la puerta fuese abierta dando paso al trajeado, el bartender sin dudarlo deshizo el contacto para colocarse frente a Oso.

- Necesito hablar con él – exigió el castaño con tono autoritario.

- Será mejor que te marches – advirtió Kara con una mirada intimidante.

- Esto no te incumbe, Osomatsu, hablemos de esto, debes entender mi situación.

- Vaya cinismo, ¿Cómo puedes siquiera atreverte a dirigirle la palabra? ¡Vete ahora mismo!

- ¡Cállate, no tienes por qué interferir!

- ¡Lo hare por su bien! ¡Porque a diferencia tuya yo si lo quiero!

El silencio se instaló al momento, Karamatsu bajó la mirada, reprendiéndose mentalmente al no ser aquella la forma en que deseaba confesar sus sentimientos.

- Osomatsu – retomó la palabra Atsushi – vamos a conversar a otro lado por favor.

El nombrado, que se había mantenido de espalda al bartender, limpió las lágrimas de sus ojos y salió de su resguardo, se detuvo frente al castaño que estiró su mano en una clara invitación.

El sonido de una bofetada resonó en el lugar como antecedente a las palabras de Osomatsu – No quiero volver a verte.

Atsushi colocó la mano en su mejilla, se abstuvo de gritar o insultar cuando el bartender se mantuvo firme tras Osomatsu, mostrando en silencio que estaba dispuesto a involucrarse de ser necesario. Sin más que hacer, se dio la vuelta para marcharse en silencio.

- ¿Estas bien? – Karamatsu preguntó con suavidad.

Osomatsu se giró y, pese a las lágrimas, le dedicó una gran sonrisa – Gracias por todo.

- Espera – dubitativo lo frenó al notar su intención de irse – lo que dije, sobre lo que siento por ti…

- Necesito pensar algunas cosas, prometo darte una respuesta cuando esté listo – ante la mirada que reflejaba tristeza y preocupación, procedió a rascar bajo su nariz, buscando restarle importancia a lo ocurrido e intentado retomar su usual despreocupación – tranquilo, regresare pronto – aseguró antes de retirarse.

Ya había pasado una semana desde lo ocurrido, en aquel momento cuando Karamatsu salió ya no estaba Atsushi ni sus compañeros, en los días siguientes ni Osomatsu o el castaño se presentaron en el lugar. El bartender estaba preocupado, pero no podía hacer más que aguardar.

- Hola.

Lo que el dueño consideró en ese instante como una voz angelical se dejó escuchar cerca de la entrada. Miró de inmediato, sonriendo al verlo por fin – Bienvenido, ¿Lo de siempre?

- No, esta vez, quiero probar algo nuevo ¿Qué le recomendarías a quien termino una relación y está listo para empezar de nuevo?

- Tengo la bebida perfecta – aseguró mientras la esperanza se instala en su pecho.

Aquel martes auguraba el inicio de algo nuevo para el par de jóvenes.