Recapitulando

Despidiéndonos de esta ciudad dejamos los collares con los guardias de la salida, tomando mis miedos y esperanzas en el futuro emprendo este viaje, alejándome de todos mis miedos para encontrarme con un futuro incierto, con Crusch recostada en mis piernas miro a Emilia rezar.

Rezar porque el viaje salga bien.

Rezar porque en Irlam estén bien.

Rezar porque es la única esperanza que queda.

Son las siete de la mañana, hoy llegaré a Irlam para mi semana de descanso. El General Marco me dio la orden de tomarme otro descanso para estar con mi hija; Me dijo que necesitaba ese descanso y que le haría bien para todos. Todavía queda estampado en mi la expresión de mi hija... No pude hacer nada por ella, ahora tengo que volver a enfrentarme ello. Insistí venir a Pardochia por querer hacer algo productivo... Pero esa fue una vil mentira, solo no quería ver a mi hija en ese estado.

No soy un buen hombre.

Una vez llegamos fuimos recibidos por el señor Otto, un hombre sin duda alguna admirable. Con su típica sonrisa nos recibe y nos lleva a todos a una tarima, cada paso que doy me siento más nervioso, espero de corazón que no se me noté.

— General Lucas por favor de un pequeño discurso para el retiro de los hombres.

Ante las palabras de Otto vuelvo a mis sentidos. Con cortantes y frías palabras rompo las tropas. Rem sorpresivamente me pidió que la dejara a cargo del informe, realmente no tengo necesidad de negarme así que con gusto le acepto, ella probablemente tenga más clara la situación.

Llegando a la oficina de Otto puedo ver que sus ojeras eran realmente pesadas, la carga que estaba poniendo en su cuerpo era definitivamente a un gran nivel.

«Marco debió ir a curar Crusch? » Ese tipo de preguntas que se responden por sí mismas, la respuesta desde un punto de vida lógico es un rotundo no; Poner en peligro a tus soldados y a la ciudad por una persona definitivamente es algo que ningún gobernante debe hacer. Por otro lado entiendo lo que esa persona es para él.

«¿Qué pensará Otto?»

— Señor Otto...—Otto lanza una mirada sin expresión.

Otto, sin síntomas de detenerse me dirige la mirada, sus ojos adormilados le dan a este una expresión realmente espeluznante.

Con un tono suave entonces le digo.

— ¿Cree que el General debió ir a curar a la señorita Crusch.? No creo que este mal, pero...

Otto entonces se detiene, en medio de la acera mira al cielo, el sol radiante es tapado por las nubes, el ambiente se torna frio a causa del invierno... Pronto se acabará este año lleno de tantas situaciones, desde que llego Marco realmente todo ha sido tan distinto, las personas que antes se quejaban por trabajar se volvieron soldados o ministros, los niños incluso crecen para volverse parte de esta nueva sociedad, una nueva generación que se adaptó rápidamente a este estilo de vida.

Otto me dirige la mirada, su rostro dejo de sonreír antes de empezar a hablar, con un fuerte semblante dijo.

— No, no debió ir por ella. —Otto lanza una mirada penetrante.

Sin añadir más seguimos caminando hasta llegar a mi hogar, sin darme cuenta el me había estado llevando a mi casa. Otto antes de decirme otra cosa volvió a sonreír.

— No debió ir—Otto sonríe y gira su cabeza hacia mí— pero un hombre que no es capaz de rescatar a su amada no puede gobernar una ciudad como esta.

Con las fuertes expectativas que cargaban esas palabras Otto toca la puerta de mi casa, sin duda alguna lo que él dijo tenía un peso enorme, una perspectiva que si bien no estaba del todo de acuerdo cargaban un sentido más allá de lo lógico.

— ¡Ya voy! — Grita mi esposa.

La persona que carga con todo el dolor de lo sucedido, aquella que más a cuidado a nuestra ija, la mujer más fuerte que he conocido; Una mujer realmente inquebrantable.

Los segundos se hicieron eternos, tratando de ocultar mi temor aprete mi puño con fuerza, para calmar esa ansiedad que me comía... Los segundos pasaban y pude escuchar pasos muy pequeños corriendo a la puerta.

De un golpe tan fuerte se abre la puerta que sin tiempo de reaccionar Otto es golpeado en la cara por esta.

— ¡AGHH! — Otto recibe un portazo en su cara cayendo al suelo.

Sin prestarle más atención a ese pobre hombre veo con sorpresa el pequeño ser en frente mío.

— ¡Papi! — con una sonrisa angelical; Petra salta directo hacía mí.

Una dulce voz es atrapada por mis tímpanos, con un empujón esa niña me abraza con fuerza, siento como todo mi ser tiembla de alegría, por unos segundos no puedo reaccionar hasta que instintivamente la abrazo de vuelta.

— ¡Mi niña! —Sin pensarlo mucho, grito de felicidad.

La levanto con alegría viendo cómo se veía prácticamente normal, mi ángel más preciado estaba en frente mío con una sonrisa radiante, su listón ondea mientras la muevo con una sonrisa en mi rostro. No puedo mirar a otra cosa que no sea a ella.

— ¡Petra! ¡Mi niña!

Suavemente la bajo y me arrodillo para darle un abrazo, mi esposa al vernos no puede evitar llorar y lanzarse junto a nosotros, el calor de ambas recorre mi cuerpo, puedo sentir como todo el peso que llevaba se iba... Dos de las tres mujeres más importantes en mi vida estaban aquí, abrazándome.

Sin darme cuenta las lágrimas caían de mi rostro, no sé qué clase de milagro sucedió, pero solo pude pensar que él había hecho algo.

— Las extrañe mucho—Las lágrimas salen de mi rostro.

Apretando más fuerte me conecto en este dulce momento, donde todo el frio del ambiente se vuelve extremadamente cálido, el tiempo y todo lo sucedido se me olvida por un momento, pero sin embargo no pasa mucho hasta que mi rostro vuelve a su estado típico.

«Esto aún no ha terminado.»

Recuerdo las escenas de lo sucedido, la masacre que esas personas causaron y todo el horror que estas hicieron, si bien mi hija parece haber vuelto, lo que habían hecho no fue borrado, no puedo olvidar todo el dolor que fue causado y sin duda atrapare a los culpables directos de todo esto.

No importa que tenga que hacer.

Mataré a cualquiera que esté involucrado.

En un ambiente helado se encontraba un grupo, un grupo de soldados en busca a rescatar a una amiga preciada, a un amor preciado que había perdido su brillo. Con el sonido del movimiento de la carrosa me despierto, lentamente abro los ojos para ver el techo de está, ya que no había mucho espacio dormí casi sentado, mi espalda duele terriblemente. A mi lado esta Emilia todavía durmiendo.

Con unos ligeros toques en su rostro la despierto, ella como intentando no despertar murmura algo incomprensible. Tras unos minutos ella empieza a abrir sus ojos, lentamente se rasca la nariz y mira a su alrededor con ojos de gato.

Ella al darse cuenta que todos estamos despiertos no duda en actuar como si ya hubiera despertado del todo pero sin duda la vida no le iba a dejar pasar eso.

— Buenos dii... ¡uaaah! — Ella da un fuerte bostezo el cual la despierta por completo.

Apenada trata de agachar la cabeza pero todos, sin poder contenernos, nos reímos levemente de su actuación.

La única persona que no rio fue ella, inamovible en el tiempo Crusch no había reaccionado de ningún motivo. Tratando de ignorar ese detalle pido a Bert que explique la situación.

— Parece que llegaremos en un día o menos dependiendo de la situación— Añade Bert mientras conduce el carruaje.

Gracias a la protección del carruaje no sufrimos por el clima pero afuera solo se puede ver el blanco y la luminosidad del sol se ve interrumpida por las nubes. Los árboles sin apistes de hojas, y ni un solo animal a nuestro alrededor. Realmente todo estaba tranquilo la nieve hacía que todo se viera realmente monótono, pero detrás de nosotros el viento empezaba a hacerse más fuerte.

Tratando de no desperdiciar el tiempo todos rápidamente fuimos al baño, con un poco de magia Emilia hizo un iglú para que cada uno hiciera sus necesidades cómodamente, me sigue sorprendiendo pero mientras todos temblamos por el frio ella esta como si nada sucediera.

— Realmente eres una bruja de hielo— Digo burlonamente

— No creo que sea una bonita forma de decirlo ¡Hump!

Con unos pucheros rechaza mi comentario, sin embargo antes de sonreír ella afirma la preocupación que estaba presintiendo.

— Se acerca una tormenta, no... Es más que eso — Ella entonces aprieta un poco sus puños —Siento una gran cantidad de maná acercándose a nuestra zona—

Ante es alerta todos rápidamente emprendimos el viaje, intentando llevar a los animales al límite corremos en son del viento, el cual a cada paso se sentía más fuerte, nerviosos todos empezamos a cargar nuestras armas, acostamos a Crusch a lo largo del carruaje y la amarramos en consecuencia del movimiento de este.

— ¿No sienten que hace frio?— Luan añade mientras vemos como su aliento sale en forma de vapor.

Con sorpresa todos nos empezamos a preocupar, abrimos un poco la carpa trasera del carruaje, viendo que a lo lejos la niebla parecía tragar todo a su paso. Una tormenta se acerca, normalmente no significaría nada, pero había algo inquietante.

— ¡La protección está desapareciendo! — Emilia empieza a agitarse.

Sintiendo el frio en mi cuerpo, intento analizar un poco la magia circundante. Cierro mis ojos y analizo el flujo de maná, sin embargo antes de poder seguir una presión intensa destroza mi concentración.

— ¡Mierda! ¡Ugh! —Escupo sangre directo al suelo del carruaje, la cual al instante se congela.

— ¡Señor! —Lessed preocupado trata de ayudarme.

Poniendo mi mano para separarlo, me levanto, acercándome a la salida del carruaje. Emilia la cual estaba totalmente concentrada empezó a temblar, sin embargo sabía que a diferencia de nosotros ella no temblaba de frio.

La nieve y la niebla no dejaban ver bien, levantando la nieve el carruaje cada vez aumentaba su velocidad. Al fondo se veía una nube blanca espesa, que tragaba todos los árboles y cualquier rastro de luz, a un ritmo constante intentamos agilizar el paso soltando peso, arrancamos las sillas y cualquier cosa inútil del carruaje.

— Miren al fondo. —Dijo Emilia casi susurrando.

Luan fue la primera en darse cuenta, sus ojos carmesí temblaron al verlo.

La niebla no veía sola.

— ¡Preparen sus armas! — Luan toma su rifle de inmediato.

Entonces esas cosas salieron de la niebla.

¡ROAAAAR!

Con unas patas largas y garras afiladas las bestias que salieron de la niebla cortaron el paso en cuestión de segundos, sus garras afiladas y bocas humeantes se asemejaban a la apariencia de un lobo común, sin embargo su pelaje blanco se veía congelado, sus dientes y ojos parecían ser reemplazados la misma esencia de lo helado.

Las bestias de este mundo nunca son normales.

¡Bang!

Dispare al primer lobo que se aproximó a nosotros, sin embargo no era solo uno, una manada de lobos se aproximaba a nosotros, a pesar de no poder distinguirlos por la nieve sus ojos celestes brillaban profundamente en el blanco.

— ¡Disparen! — Grité con todas mis fuerzas — ¡No dejen que toquen el carruaje! —Empecé a calentar a mi grupo con magia de fuego.

Emilia empezó a disparar estacas de hielo junto a nosotros, mientras nosotros matábamos a uno ella podía derrotar a tres de ellos al instante, considere usar mi magia, pero gastaría mucho maná usarla mientras caliento al grupo y al carruaje.

Pero no parece ser una buena elección.

¡GAAH!

Uno de los lobos disparó una bola de aliento a una esquina del carruaje, esta al hacer contacto se congelo y destruyó casi al instante.

— Que mierd...

Los lobos aprovecharon el desconcierto para atacar con varias ráfagas de magia.

— ¡Ni crean! —Emilia entonces se pone en frente y mueve sus brazos hacia arriba, creando una muralla de hielo que recibe todos los ataques.

Unos cuantos lobos murieron al golpear sus cabezas con esta, la muralla rápidamente se tiño de sangre. Varios lobos murieron pero no parecía que terminaría con eso, a pesar de que creamos más distancia la cantidad de lobos no disminuía.

— ¡Dame una bolsa de pólvora! — Le grito a Lessed, este inmediatamente me lanza la bolsa. —Si creen que soy una presa fácil entonces están soñando.

Empecé a crear un hechizo, tenía que aprovechar el flujo del carro para hacerlo más aerodinámico, a una alta velocidad los vórtices de aire detrás del carro deberías ser más finos, lo que causara un impulso mayor al lanzar la bolsa.

— ¡Marco! — Emilia grita sin poder reaccionar.

Un lobo se acercaba hacia mí, pero si dejaba el hechizo entonces el carruaje quedaría totalmente destruido, sin poder moverme trate de usar magia de fuego pero...

¡Bang! —Un disparo certero vino de Bert, el cual cambio de puestos con Lessed — Yo protegeré al general, sigan disparando a los lobos. — Bert lanza una ráfaga de tiros certeros, casi se podría decir que cada disparo terminaba en una bestia muerta.

Usando más maná, empecé a crear una cúpula de aire abaja presión detrás nuestro, debido a la baja presión del aire la velocidad de las partículas aumentaría, lo que tengo que hacer ahora pocos lo considerarían normal, pero confió en poder destruir a estos monstruos.

Disminuyendo mi peso con magia de viento me lanzo del carruaje, debido a la fuerza del viento salgo disparado en una curva hacia arriba. La mirada de todo el grupo se torna en una totalmente aterrorizada.

— ¡MUERAN! —Lanzo la bolsa de pólvora junto a una bola de fuego impulsada con viento, uno de esos lobos intenta disparar a la bola de fuego, sin embargo Emilia destruye con estacas las bolas de hielo de estos.

Cuando la bolsa esta apunto de tocar la cabeza de uno de estos es impactado por el hechizo de fuego.

¡BOOOOOOM!

Una explosión increíblemente alta despedaza a cada lobo cerca de esta, una nube oscura se levanta en el ambiente ahuyentando a unos pocos lobos, la tormenta parecía estar disminuyendo su velocidad, casi como si algo la estuviera controlando. Las vísceras de los lobos salían disparadas por todas partes, al ver la niebla más de cerca pude sentirlo.

— Que demo... —Mi cuerpo se desconecta de mí mismo por unos segundos, siendo alejado cada vez más del carruaje.

— ¡Marco! — Emilia grita con todas sus fuerzas, lanzando otra muralla tan alta como yo lo estaba en frente de mí.

— ¡Ugh! — Caigo en picada al suelo, sin embargo logro con mucho dolor hacer una bola expansiva con fuego, la cual me envía disparado en dirección al carruaje.

Reboto en el suelo con fuerza, una, dos, y tres veces, cada golpe revolvía todos mis órganos y mi cerebro se sacudía sin control dentro de mí. En el último rebote pude sentir como mi brazo se fracturaba, Emilia rápidamente alcanza a agarrarme y halarme dentro de la carroza.

— ¡Agh! ¡Mierda, mi brazo! — Sostengo mi brazo por la cantidad de dolor que estoy sintiendo.

Emilia rápidamente lanza magia sanadora, la cual débilmente empieza a sanar mi brazo, sin embargo al parecer algo estaba fallando, ya que en el proceso la cantidad de dolor que sentía era extremadamente fuerte.

— ¡QUE DEMONIOS! — Apreté mis dientes con fuerza para tratar de superar el dolor.

La magia no está funcionando correctamente, no puedo conectarme con los espíritus. —Añade Emilia desesperada siendo iluminada por la magia.

La señorita Emilia se encontraba sanando al General Marco. Este, en un acto arriesgado logro ahuyentar a una gran parte de la manada, lo propuse ya que sabía que el General era capaz de llevarlo a cabo, mientras disparaba a los lobos que quedaban sentía como mis huesos se tensionaban por el inmenso frio que hacía. Tenía miedo de quedarme congelada en este ambiente pero si algo podía sentir era el calor de mi arma, la cual me regresaba constantemente a la realidad.

— ¡Bert, te encargo el flanco izquierdo y medio, yo iré por la derecha! — Le dije teniendo en cuenta sus capacidades.

Si alguien era útil en esta situación entonces era Bert, el cambiaba entre sus dos rifles rápidamente, cargándolos a una velocidad que incluso entrenando toda mi vida no podría tener; Al final sí que soy un poco inútil aquí. Siguiendo mis convicciones y tratando de encontrar una estrategia antes que se nos acabara la munición tuve un torpe momento de distracción.

Y la distracción tiene un costo.

— ¡Luan! — Grita el General Marco mientras lanza una bola de fuego, la cual hace explotar a uno de estos monstruos que por poco me arranca el rostro.

Mientras el monstruo iba cayendo y sin poder reaccionar, uno más salió detrás de este, en un movimiento de prevención trato de poner mi rifle en frente de mí, sin embargo este se abalanza sobre mí, con sus largas garras rompe fácilmente el armazón del rifle y logra alcanzar uno de mis ojos.

Arde, arde mucho.

¡AHHHHHH! —Grite desenfrenada ante el ataque del lobo, el cual sin darme cuenta me había tumbado y estaba sobre mí. Antes que incluso pudiera pensar algo el lobo aproxima su rostro a mí, pero...

— ¡No te dejaré! — Emilia voltea y crea al instante una gran estaca de hielo empuja y saca al lobo del carruaje.

Su sangre alcanza a golpear todo mi cuerpo, tornando de un color rojo el verde de mi uniforme, pesada y sin energías intente taparme la herida con un pedazo de mi uniforme, pero sin darme tiempo la señorita Emilia ya estaba curándome, no lo podía saber, pero su mirada preocupada me decía que la situación no era claramente una correcta.

Tengo frio. Dije para mí misma mientras el General Marco trata crear otro gran hechizo, pude ver toda la situación. Este ataque parecía no ser tan simple, una jauría de lobos no dejaría perder a tantos de los suyos por cuatro presas, no solo eso, la cantidad de lobos a pesar de disminuir se sentía como si estuvieran guiándonos a algún lado, y claro... Entonces me di cuenta.

Una vez Emilia sanó mi brazo y ya estaba sanando a Luan, me percaté de donde estábamos. Nos encontrábamos cerca de una colina. Mientras a nuestra derecha se aproximaban lobos ya en menor medida, a nuestra izquierda estaba un abismo blanco. Mi brazo, aunque mejor todavía se sentía tensionado, y claro que lanzar hechizos no es una buena idea.

— ¡Quedan pocos de estos! — Grito al ver que ya la tormenta estaba casi desaparecida.

Bert se encontraba totalmente concentrado disparando a todos los lobos mientras yo me encargaba de los que disparaban magia. Parecía que todo iba a terminar, pero entonces sucedió.

En un movimiento desconocido el maldito carruaje fue lanzado al aire.

Con partes de este volando, el carruaje se despedaza en el aire. Lessed y Bert eran las únicas personas visibles en mi cambo de vista, hasta que vi esa cosa.

Un alce, sin embargo no era cualquier alce, era gigante y grueso, con un pelaje blanco y unas fuertes patas este nos mira con desdén.

El viento helado congela mi cuerpo mientras caigo, casi como estuviera en cámara lenta caíamos desde un lugar que ni siquiera podíamos ver el fondo, antes de darme cuenta pude ver a Emilia y Luan cayendo, trate de acercarme a ellas para impulsarme hacia arriba y alcanzar a los chicos, pero entonces vi a lo lejos a una lechuza. Su gran cuerpo se veía cada vez más grande mientras caíamos.

— ¡No se dejen agarrar! — Grito inútilmente mientras le dispare una bola de fuego que fue rápidamente apagada por el viento.

Con una velocidad tremenda esta se acerca a nosotros, alzando sus garras para tomar a su presa se lleva a Bert y Lessed. Con mis ultimas reservas de maná creo una hoja de fuego que atraviesa toda la niebla. Emilia también dispara una gran estaca a este monstruo, pero ambos ataques son detenidos por un escudo, como si simplemente se trataran de piedras los ataques se desvanecen. La lechuza se aleja cada vez más de nosotros, dejándonos caer a lo que sería el final.

Sin maná, solo podía a duras penas impulsarme para agarrar a Emilia, Luan, y Crusch. Ya no podía ver nada, la niebla había tomado por completo mi vista, Emilia en intento de quitar la niebla trata de hacer que espíritus creen luz, pero esto parecía ser una tarea imposible. Esperando lo peor cerré mis ojos, hasta que.

Oscuridad...

Con un pequeño golpe en la cabeza me vuelvo un poco consciente, lentamente abro los ojos en mi intento de percibir algo, pero al despertar puedo ver como Emilia se encuentra a mi lado desmayada, y no solo eso, estamos siendo arrastrados, con un fuerte dolor intenté ver quien estaba arrastrándonos, y ahí la vi. Era ella, la chica que primeramente rechace por su edad, con unos 16 años ella era la menor del ejército, sin embargo su capacidad de planificación supera la mía y de los demás por mucho, siendo excluida de ciertos entrenamientos por su cuerpo, el cual se supone que es débil. Luan nos arrastraba a los dos mientras exponía todo su valor, su aliento helado y sus quejidos eran apenas perceptibles, pero sabía que su carga y heridas eran superiores a las nuestras, el valor de esta chica era sin duda superior al mío.

Abro los ojos nuevamente, parece que estamos en una cueva, mientras mi vista puede volverse a enfocar veo a Emilia desesperada tratando de curar a esa chica, Luan estaba tirada inconsciente en el suelo, la cueva que parecía ser segura estaba hecha por varias ramas y raíces entrelazadas, casi hecha manualmente por una persona.

Me levanto con un dolor inmenso, mi cuerpo tronaba cada vez que movía una articulación. Lo primero que hice fue ver a mi alrededor y ahí estaba ella, su cabello verde cubierto por pequeños copos de nieve, con un poco de mana transmití calor hacia ella. Dejar que ella sufra de frio sería lo menos ideal.

Dándome cuenta de mi alrededor me dirijo a donde esta Emilia, su rostro parecía preocupado mientras curaba a esa pequeña niña con una voluntad de hierro. Me acerco lentamente hacia ambas.

— ¿Está bien? —Digo antes de poner mi atención en ella. — ¡Hugh! —Hago una expresión totalmente desagradable ante la vista.

Luan se encontraba acostada, al lado de una hoguera hecha por Emilia con su vestido. El rostro de Luan era más que indescriptible, podía apreciar como su ojo estaba completamente destruido, pero congelado, quebrado en dos pero estático en el tiempo. La sangre de su rostro estaba congelada y todo su cuerpo estaba helado a pesar del fuego.

— Si dejo de darle energía se congelará hasta la muerte —Dijo Emilia totalmente concentrada.

En un intento uso mi magia para calentar su cuerpo, pero al contacto con su piel mis manos empezaron a congelarse.

— ¡Mierda! — Use más mana para derretir el hielo en mis manos, viendo como un pedazo de piel de mi dedo fue arrancado. — ¡Hugh! —El ardor recorre todo mi cuerpo, pero sabía que no era tiempo de dolor.

Vuelvo a mí y con determinación pongo mis manos en su estómago, expulsando una oleada de maná totalmente caliente, al punto que una persona normal ya se habría incinerado. El hielo lucha feroz mente, tomando en posesión mis brazos, y sin darme cuenta cada vez el hielo me cubría más, Emilia preocupada intentó sacarme de ahí pero antes de darme cuenta ya no estaba consciente.

En un lugar oscuro, lleno de niebla por los alrededores puedo sentir como caen gotas de agua en mi cabeza, el agua tan fría me hace levantarme rápidamente, permitiéndome analizar todo el lugar. Era una cueva oscura, llena de picos que apenas y eran visibles a causa de la niebla, caminando lentamente sentí un cosquilleo en mis manos a lo que dirigí mi vista a estas. Totalmente rojas mis manos parecían estar congeladas, mis dedos levemente doblados eran totalmente una escultura ahora mismo, pero era sorprendente que no sentía dolor.

— Eres un interesante espécimen. —Añade una voz desconocida.

Sin decir nada intento ver mi alrededor, intentando seguir el eco de la voz, sin embargo me detengo al ver a Luan al lado mío congelada, su ojo carmesí brillaba con intensidad, casi iluminando su cuerpo en rojo.

— Pensar que alguien como tú se interpondría en mi camino. — Una voz femenina tan dulce como la miel hace eco en la cueva.

De la niebla empiezan a salir lobos un poco diferentes a los anteriores estos tienen una apariencia más común. Gruñendo como si vieran un enemigo común estos miran a Luan con odio. Tratando de protegerla me pongo en frente de ella y empiezo a cargar un hechizo de fuego.

— Normalmente estarías muerto, pero veo que tienes la bendición de una amiga muy cercana... Satella, se llama ella. — La voz se escucha fuertemente.

Con el sonido de la tela rozando, sale el dueño de la voz, una lechuza humanoide, con unas garras largas y un rostro idéntico al de una lechuza, sus ojos blancos hicieron sentir el frio en mi cuerpo, casi parando mi corazón, sus dos cuernos salían de su cabeza u se curvaban, dándole una forma demoniaca.

Ella se me mira inexpresiva antes de percatarse de algo más, sin embargo sin decir nada se dirige a Luan. Cambiando su expresión, el monstruo la descongela, haciendo que esta tome largas bocanadas de aire.

— Tu... Humana, o bueno, al menos en apariencia. — El monstruo se acerca a Luan, tocándole con una de sus garras la barbilla pero está se asusta y cae al suelo.

— Qui... ¿Quién eres? —Luan con terror mira al monstruo en frente de ella, pero al girar hacia mí se logra calmar un poco.

El monstruo se queda entonces pensativo, como si no supiera que hacer a continuación, los segundos pasan lentamente, y los lobos no dejan de gruñirle a Luan.

Entonces ella dijo.

— Parece que no me he presentado, no he tenido contacto con humanos desde hace mucho tiempo me disculpo. —Fingiendo hacer una reverencia el monstruo expresó con un tono burlón— Aunque si no fuera por las circunstancias ya estarían muertos. Yo soy. La reina del hielo.

Ninguno de los dos fuimos capaces de decir algo, ambos estábamos completamente atónitos, que aunque era normal ver semi humanos, sus cuernos y su aura eran totalmente aterradores.

Rompiendo el silencio me forcé a hablar.

— S-Soy Marco, Marco luz. —Intento levantarme, pero mi cuerpo apenas y me dejaba arrodillarme.

Entonces Auril hizo una sonrisa.

— Veo que eres capaz de ver mi estatus, es un placer que un humano sea tan respetuoso. — Dice con un tono burlón. —Lastimosamente no me interesas tú en este momento, aunque no sé porque tienes su bendición más preciada es algo que no me incumbe.

Luan se pone de pie, con sus fuerzas logra mirar a Auril a los ojos, sin inmutarse hace un saludo militar hacia ella.

— Luan, estratega del ejército de Irlam.

Auril entonces expulsa una intención asesina que me deja sin aire, fuertemente puedo ver como mi vista es cada vez más borrosa y mi miedo se toma mis piernas haciéndome caer sobre estas.

— Irlam... Ese maldito de Roswall ¿sigue vivo? —Con una voz profunda y llena de odio Auril nos mira a ambos.

Sin poder responder ella me mira fijamente, casi sacándome las palabras por solo la mirada puede sentir mi desprecio por ese nombre.

— El, lastimosamente lo está... Pero si lo encuentro ¡lo mataré sin piedad! — Digo recordando el cuerpo de Ram.

— Parece que ese maldito está vivo, pero ja... Ver que un humano siente tal odio por el me hace sentir bien. —Terminando con su intención asesina Auril ríe a carcajadas.

Sin entender nada, solo puedo ver tal criatura y conectarla con lo sucedido hace cuatrocientos años, pero no soy capaz de decir nada; Puede que si hablo me asesine, no soy ni el más mínimo rival para este ser. Tomo una bocanada de aire antes de intentar levantarme pero Luan interrumpe primero.

— ¿Hay un problema conmigo? — Ignorando a la bestia ella trata de eliminar sus miedo y provocarla.

Auril gira su cabeza, poniéndola prácticamente en su espalda para ver a los ojos a Luan, acercándose lentamente al punto que su rostro y el de ella estaban prácticamente pegados. Auril hace una especie de hechizo con su ojo, haciendo que este brille y ciegue a Luan. O eso era lo que esperaba.

Con una intensa explosión el ojo de Luan expulsa una ráfaga de fuego carmesí, Auril lo esquiva y este cae en una de las estalactitas derritiéndola al instante, el fuego ilumina y evapora el viento hasta que empieza a caer agua. El fuego a pesar de haber estado ahí no parecía apagarse, hasta que Auril con sus garras lo apaga por su cuenta.

— Así que si eres tú, Balrog... —Auril dice con un todo melancólico.

— ¿Balrog? —Luan impresionada por lo que acaba de hacer dice antes de caer al suelo y sostenerse el ojo por el dolor.

Auril desaparece entre la niebla y lanza un collar, en este había una garra negra con una punta roja, la cual al acercarse a Luan se tornaba cada vez más roja. Auril entonces se la coloca a Luan en silencio, lo que hace que la garra empiece a quitar su parte negra y tornarse completamente roja.

— No sé qué llevo a esto, pero eres la descendiente de un amigo mío. Aunque al parecer murió. —Auril con tristeza sostiene por última vez la garra del collar. — No diré mucho, los traje aquí porque quería cumplir su voluntad, si eres la descendiente de él entonces serás capaz de sobrevivir ahí afuera, ahora que tienes el collar despertar sus poderes deberá ser fuente de tu esfuerzo.

— ¿Quién es Balrog? — Luan consternada por la situación no puede evitar preguntar. — ¿Soy su descendiente? ¿Tienes alguna relación con mis padres?

— No... No sé de Balrog desde el momento que transformó su núcleo para detener a la bruja de la envidia

— ¿Detener a la bruja? — Les interrumpí para intentar entrar a detalles.

Auril cuenta que en el momento que la bruja de la envidia intentó destruir a toda la población, Balrog uso su núcleo para quemar el miasma y detener el avance, haciendo una muralla de fuego que incluso supera al cielo. Luego de eso Balrog al morir dejo el resto de su magia y conocimientos a su descendiente, pero las condiciones para la activación de su descendencia eran desconocidas incluso para ella.

— Si desean saber más entonces deberán ir a Vollachia y encontrar su cueva escondida, recuerdo que estaba por Garkla, para ello el collar será extremadamente útil. —Auril entonces se aleja— Para detener a los futuros peligros que amenacen al mundo su poder será totalmente necesario, al final ella es la única descendiente y capaz de destruir el miasma por completo. Tienes que cuidarla con tu vida si es necesario, Marco.

Haciendo un lazo de magia esta lo lanza directamente a mi corazón, con un intenso dolor como si me estuviera congelando por dentro ella saca de mí una bola negra y espesa.

— Veo que esa chiquilla está en contra de Satella, quien pensaría que a quien ella rescató una vez la traicionaría. —Auril destruye la bola negra— Quiero que la protejas con tu vida, no puedes dejar por nada en el mundo que ella muera... Sin ella te será extremadamente difícil destruir a la bruja de la envidia. —Con una voz triste ella finaliza— Salva a Satella.

El mundo entonces empieza a temblar, cayéndose en pedazos trato de caminar hacia Auril, sin embargo mis piernas se congelan por completo, quebrandose y dejándome caer al suelo.

— ¡Auril! ¡Todavía no he terminado! —Grito con todas mis fuerzas.

Auril extiende sus garras, como si hubiese recordado algo apenas recién, mientras intento acercarme a ella, ella solo deja sus garras al aire.

— Así que eres tú, te ves totalmente diferente. —Auril deja de extender su brazo— sálvala, y entonces quizás nos volvamos a ver.

Oscuridad...

Todos somos parte de un ciclo, el único propósito por el que vivimos es por morir, sea antes o después, es la única constante que de verdad existe. Cada uno de nosotros estamos luchando por aplazarlo un día más, algunos por aproximarlo un día más. Al final todo se recurre a la muerte, romper ese ciclo y ser superior a la muerte es un pecado totalmente repugnante, por eso el inmortal se arrepiente, aún pudiendo conocer el basto camino del universo, llega un momento en el que sale de nuestra realidad, porque la muerte es lo único que nos hace iguales a todos los seres vivos. Es por la muerte que nos unimos para avanzar, matamos para sobrevivir y lloramos a quienes nos dejan.

La muerte es un privilegio poco valorado.

Lentamente abrí mis ojos, las opacas raíces que nos protegían de este infierno helado se realzaron en mi vista. Sin querer moverme me quedé unos segundos más, cerré los ojos y empecé a analizar lo sucedido. Luan, una persona que prácticamente acogí solo por su capacidad estratega, más que todo por la insistencia de Crush, ella siempre lo dijo: Hay algo en ella que no me deja tranquila, el viento me lo dice. Balrog, Satella. No puedo comprender por completo lo sucedido, pero ya las pistas son muy claras, todo va en camino a la muerte de ella, me siento tonto, casi como si mis acciones fueran controladas por alguien.

«¿Seré capaz de superar ese destino?» Que esperará el mundo de mí, un simple ser humano que fue maldito con la inmortalidad, bueno, hasta eso me fue arrebatado en gran medida. Se que tengo que hacer algo, estoy harto de sentirme melancólico, estoy harto de ser un ser humano.

Apreté mis manos y me levanté de tirón. A mi alrededor vi como una pequeña luz era la que iluminaba el lugar, un iglú de vides. La entrada estaba tapada con nieve así que no se cuanto tiempo llevemos acá. Pero parece que estas raíces son capaces de darnos un poco de calor.

Luan y Emilia estaban dormidas, acurrucadas entre ellas mientras Luan parecía tener frio Emilia ni mostraba señales del más mínimo frio.

— Que envidia.— Dije esperando que le cayera así sea un poco de frio.

Mientras pasaba el tiempo calenté a Crush, la cual parecía tener un cristal de maná por acabarse que le daba calor. Supongo que lo habrá dejado Emilia. Después de llenar el cristal me concentre en mí, si algo quiere cambiar tengo que cambiar yo también. Diciendo eso empecé a filtrar el fuego y el viento dentro mío, expulse lo más fuerte y lo más débil al instante, si quería servir de algo entonces debo mejorar mi cuerpo, soy más fuerte que el promedio acá, y si algo sale muy mal puedo volver a sobre exponer mi cuerpo como cuando pelee con Garfield.

¿Por qué tengo que visualizar una puerta? ¿Es acaso tener un contenedor necesario?

Lentamente empecé a tratar de hacer algo distinto, por ahora, empecé a imaginarme múltiples puertas más pequeñas que la original, tan pequeñas como una célula. Millones y millones de ellas recorriendo mi cuerpo, cambiando mientras se abren y cierran.

— ¡Ahg! — Escupo una bocanada de sangre después de sentir como mi corazón se comprimió. — Parece que fue mucho para mí por ahora.

Mientras seguía tratando de canalizar mejor mí flujo de maná, Emilia y Luan se despertaron.

— ¿Mar~co? — Emilia frota sus ojos mientras ve mi silueta.

Con una sonrisa le devolví la mirada y pronto ambas se emocionaron, acercándose rápidamente Emilia me dio un abrazo con fuerza. Sentí como mis huesos crujían por la presión que ella hacía.

Emilia, Emilia, me matas. — Trato de gritarle pero mis pulmones no podían expulsar aire correctamente.

Luan agarró el brazo de Emilia y esta rápidamente me soltó y se disculpó. Una vez pude volver a respirar empezamos a recapitular lo sucedido, lo que no me esperaba era la reacción de Emilia al escuchar el nombre de Auril. Su rostro se empezó a tornar pálido, dentro de sus recuerdos de la niñes estaba ese nombre. La reina del hielo, si bien no era un nombre conocido su madre siempre le contaba ese nombre cuando ella se portaba mal.

Un ser que con solo un soplido puede congelar una montaña, un ser que entiende la esencia de la glaciación, un ser que puede si quiere congelar el mundo, un ser que con su poder el mismo mundo en temor de ella se vio obligado a sellarla. Esas son las palabras que Emilia acaba de pronunciar, de cierta forma no me sorprende que le contarán o que la conociera, por la descendencia de Emilia, pero me sorprende que digan que es tan poderosa.

— Según mi querida madre Fortuna ella es la razón por la que Gusteko está totalmente congelado. — Emilia se sacude un poco la cabeza — No recuerdo nada más.

— ¿Y Balrog? — Luan intenta hacer que Emilia le responda al respecto — Según Auril soy su descendiente pero nunca había escuchado ese nombre.

Emilia rápidamente dice que no lo recuerda, ante esa respuesta Luan se queda divagando, supongo que debe ser un shock muy grande todo lo sucedido, más porque ella no sabe sobre Satella. Aunque a este punto no puedo decir que estoy en Re:zero, ya no puedo sacar casi nada de la historia para ayudarme. Riéndome de la situación Emilia dice que si es posible derretir el hielo.

— No se que tan grueso sea, sin embargo si lo uso mucho podríamos acabar sin oxígeno antes de derretirlo, no quiero destruir este refugio.

Luan se acerca a la pared de hielo, pone su mano en ella y sintiendo el frio creciente su collar vuelve a brillar, haciendo que alrededor de ella se empiece a derretir todo el hielo, sin embargo esto se apaga rápidamente dejando a Luan respirando toscamente. Por lo visto no puede controlar la inmensidad del poder, quizás tenga un sello, definitivamente tendremos que ir a Gusteko a investigar pronto.

Emilia entonces empuja y dispersa la nieve creando un techo de hielo, complementándolo con las raíces por fin se podía "ver" el exterior. Nada, era lo que se veía simplemente todo era un camino de hielo. Los únicos seres vivos visibles eran conejos que se adaptaron completamente a estas temperaturas, teniendo un pelaje espeso sin quitarles su velocidad. Atrapamos unos pocos y logramos por fin comer algo, hervimos agua recolectando nieve en un cubo hecho por Emilia, no me iba a arriesgar a una enfermedad en este momento.

Pasamos un día y con ayuda de Luan trazamos una dirección, casi sin rumbo confiamos en la suerte en este mundo blanco, Emilia dice que mientras nosotros estábamos durmiendo después de ser descongelados ella investigo un poco el lugar, y dice que parece ser una aldea abandonada, que aparte de estas vides hay varias regadas por el lugar. En su investigación encontró un mapa.

Al ver el mapa comprendí más o menos la situación, al parecer esta zona esta casi en el borde del mundo, no se que tanto nos tuvimos que desviar o porqué pero me llamo la atención algo del mapa.

«Cueva de legado» Decía una parte del mapa señalando varias calaveras de peligro, casi como si la zona fuese algo que gente normal no debería considerar, pero a la vez se que es en estos lugares donde están las mejores posibilidades. Si, eso es seguro la opción que elegiría si no tuviera a Crusch conmigo, por lo pronto lo mejor es escoger otra ruta. «Maldición.» Es verdaderamente mortificante esto, tenemos que avanzar, lo único que se me llega a ocurrir es ir en dirección a donde fue la lechuza. Luan dijo que es la mejor opción, que sin un tratamiento adecuado no podremos sobrevivir haciendo especial énfasis en Crusch.

Ella no está como Rem de la serie, no fue comida por Gula, ese maldito monstruo, si Kurt no hubiese estado… No, el punto no es eso. Crusch necesita comer, hacer sus necesidades y estar en constante cuidado, como una persona en coma.

Saliendo del refugio con Crusch amarrada a mi espalda nos encaminamos por la densa nieve, los arboles congelados, el cielo nublado, cada paso por mi magia iba derritiendo la espesa nieve, mientras abandonábamos lo que una vez fue un pueblo, sin saber si siquiera lo volveríamos a ver, sin embargo yo no consideraba un fracaso como una opción, cada paso que daba solo me daba más determinación, sentir la débil respiración de Crusch en mi nuca me llenaba de ira.

—Me haré malditamente fuerte, así tenga que romper todo mi ser en el proceso. — Le digo con firmeza a la Crusch en mi espalda, esperando una respuesta de ella.

Obviamente no hubo ninguna.

Una luz azul, fue lo primero que vi al despertar de mi letargo. Lo ultimo que recuerdo fue ser llevado por esa lechuza junto a Lessed pero yo, Bert, no sé el porqué. Siendo sincero pensé que sería comido por el monstruo, rápidamente uno de esos… Como decirlo ¿seres? Si, llamémoslo seres, aparecieron y me dieron un caldo de lo que se supone era carne de lobo. Después de lo que nos causaron se siente bien comer su carne, pero no puedo evitar preocuparme por la situación del General y las señoritas.

Sin decirme nada uno de ellos que a ser sincero me cautivan en apariencia se me acercó más, se que hay semihumanos, sé que hay espíritus porque incluso los vimos en la ciudad del señor Hermod. Pero este chico con un cuerpo como el de un niño, tiene delgadas extremidades negras que no reflejan casi luz, cubierto por harapos y su mascara de madera, un sombrero de mago gigante y su increíble arco, el cual mide casi lo mismo que su cuerpo alrededor de 2 metros como nos ha estado enseñando el señor.

— ¡Me he ganado la lotería! ¡Me he ganado la lotería! — El extraño ser revoloteaba de alegría mientras saltaba a mi alrededor.

Sin palabras, era mi situación actual, fui raptado pero a la vez salvado por esta persona, no tengo mi rifle al cual me aferre con mi vida, no esta el general acá, ni siquiera veo a Lessed a mi alrededor.

— ¿La lotería? — Pregunto por primera vez, con un tono casi monótono y apagado.

El ser entonces se calmó, su máscara sonriente empezó a brillar un poco y este hizo una pose diciendo.

— ¡Soy Jolly! Soy tu raptor y salvador. — Estirando sus brazos hace una pose despreocupada, sacando por primera vez una cola de su cuerpo.

Jolly entonces empieza a explicar. Estamos en un lugar llamado Pueblo Maldito, al este de Gusteko y a los limites de el territorio. Me explica que me trajo aquí porque la profecía de la maga decía que yo iba a salvar este territorio de un mal inexpugnable. Que solo yo podía protegerlos. «¿Yo? Qué clase de chiste es ese» Me dice que esto es algo que se le fue encomendado a el por lo cual el cumplió con su palabra.

— Jajajaja, si fueras tan solo más guapo, ¿Quieres una máscara? — Jolly me enseña una máscara de madera de una forma burlona.— Es muy útil.

— No… Gracias. —Digo con una de las venas de mi cara a punto de estallar.

Una vez se calmó de seguir riéndose me llevo a ver a Lessed, el cual aún no despertaba. Lessed parece estar siendo afectado por lo llamado, la maldición, la cual afecta a las personas dependiendo de muchos factores al azar, estado mental, estado físico, cantidad de maná. Jolly menciona que aunque el no sabe el porqué de la maldición, se dice que las personas con una baja compatibilidad con el atributo yang son las más afectadas.

No puedo evitar sentirme mal en esta situación ¿Qué quiere decir con eso.? Nunca he tocado la magia, de hecho, nunca siquiera intenté practicarla o ver si puedo hacer algo con ella, no me interesó, me divertía de niño con mi resortera, y más joven cazando animales con mi arco. No sé por qué dice eso, pero asumo entonces que si es esa la razón mi atributo yang existe.

El miedo y la confusión llegan tan a mi que solo puedo asentir ante su actuar tan extravagante, la cabaña en la que estoy, de madera oscura, con breves decoraciones de cabezas de ciertos animales y una pequeña chimenea. Entonces Jolly dio un extraño vial a Lessed, que según el iba a hacer que despertase pronto. Aun cuando le pregunto por la persona que me busca el solo me ignora y dice que espere que ella vendrá aquí pronto, que no es seguro salir por el momento. Mientras pulo mi arma, la cual fue traída por Jolly este me empieza llenar de preguntas.

— ¿Qué es eso, humano? — Jolly agita su cola curioso por mi arma, tratando de tocarla con precaución como si fuese un gato inspeccionando.

— Es un rifle, o más bien, es un arco más preciso y fuerte. — Con orgullo empiezo a mostrarle el arma de una mejor vista.

— ¡Ja! Como va a ser eso un arco, se nota que ustedes humanos son estúpidos jejejeje. ¿Quieres ver un arco? —Jolly saca de su espalda y sin cuidado su arco gigante.

¡Pom!

— ¡Agh! ¡Me golpeaste la nariz maldito! — Agarro mi nariz con fuerza por el dolor, trato de mirar a Jolly pero solo lo puedo ver tirado en el suelo muerto de la risa. — Y… a este que le pasa — Suspiro conforme al extraño actuar de este ser.

Interrumpiendo el momento exacto en el que casi mato a este bicho, la puerta empieza a sonar, indicando probablemente que la persona que me busca había llegado. Mi corazón rápidamente se empezó a agitar, sin embargo mi mente rápidamente se calmó, en espera de lo que sea que se venga por delante, soy un soldado después de todo.

Jolly a pesar de escuchar el sonido de la puerta sigue riéndose y burlándose de mí, por lo que tengo yo mismo que gritarle que se levante y abra la puerta. Después de varios intentos por fin se levanta entre sollozos y decide ir a abrirla.

— Humanos, son unos payasos. — Jolly se quita las lágrimas que salían de la mascara y abre la puerta.

Lo dije antes, hay varios tipos de semihumanos y criatura de este mundo, pero todas siguen las reglas, los semihumanos parecen animales en cierta forma, las criaturas presentan pequeñas variaciones, los espíritus igual, incluso las mabestias, pero…

«¿Qué demonios es este ser?»

— Señor Kurt, he conseguido el informe sobre lo que me solicitó —Dice mi fiel caballero de rodillas.

Es muy gratificante ser bendecido por dios, nací con muchos privilegios y moriré con los mismos, controlando a estas criaturas inmortales «¡Ja!» Bueno, no debería hablar mal de los caballeros acólitos es solo que me producen tanto asco.

Sentado, en lo que será mi trono algún día reviso los papeles de investigación del caballero. La iglesia en la que estoy es la iglesia más grande probablemente de todo el mundo, un lugar donde reinan las bendiciones y la gloria, donde sus caballeros son bendecidos con la gracia divina y sus lideres son los mismos enviados por los dioses. «Si tan solo supiesen la verdad» Es divertido ver como miles de personas quieren una sola palabra mía, incluso sin son insultos los aceptan con gusto. Es gratificante verlo.

El informe que en este momento reviso sentado es sobre la ciudad de Irlam, ciudad que apareció recién por ese hombre de apariencia regular, junto a mi querida esposa Emilia. Quien haré definitivamente reina de Lugunica, y tendremos niños y haré muchas cosas con ella. «JAJAJAJA» no podía evitar reírme al imaginarme con éxtasis el futuro, después de todo es tan fácil como quererlo, puedo conseguir por mi cuenta todo lo que quiera.

Quizás solo la use una vez y luego me aburra pero por lo pronto deseo su dulce piel.