Un olor muy particular llegó a sus fosas nasales que en un principio no supo identificar con exactitud, pues parecía ser una extraña mezcla de aromas en el ambiente. Uno que sobresalía entre todos, era la inconfundible fragancia del alcohol, rodeando prácticamente su cabeza.

Sus parpados pesaban, incluso pudo comparar aquella sensación con la primera noche que Chat Noir había pasado con ella, pues el pequeño gatito no paraba de maullar, ella había pasado en vela el resto de la noche para evitar que continuara.

Y, mientras sus ojos se comenzaban a abrir de manera tortuosa aquel breve sueño llegó a su mente, logrando que un escalofrió le recorriera de pies a cabeza, pues todo lo que había vivido durante esos instantes parecía ser tan real, al igual que algo lejano dentro de su mente.

Sintió un suave tacto sobre sus manos, y cuando tuvo la fuerza suficiente para abrir sus ojos y poder distinguir lo que se pasaba a su alrededor, una suave punzada se hizo presente en su brazo.

A un costado de ella se encontraba una mujer, por su vestimenta pudo deducir que era una enfermera. Hizo una mueca de dolor, acompañado de un quejido por su parte al sentir un líquido frio pasar por su vena.

— Tranquila, pasará rápido, aunque duele un poco pues es antibiótico — Le explicó la mujer con voz calmada para que ella se sintiera en tranquilidad.

— ¿Antibiótico? — Comentó confundida, aun se encontraba algo perdida ante los sucesos, casi aturdida al momento que comenzó a inspeccionar la habitación.

La enfermera mordió su labio, como si evitara hablar de más de algún tipo de tema, para después suspirar algo ansiosa.

Marinette, a pesar de encontrarse con la capacidad para pensar claramente, pudo notar que algo no iba tan bien como la sonrisa de la mujer aparentaba.

— Cuando llegaste aquí tenías una pequeña infección de garganta, se te está tratando con un poco de antibiótico — Explicó, retirando con cuidado la jeringa utilizada para después colocar una torunda con alcohol donde había pinchado.

Ella parpadeo repetidamente, sintiendo en efecto una leve molestia en su garganta.

Estuvo a punto de preguntar algo, pero fue interrumpida cuando pudo ver la puerta abrirse. La primera persona en entrar a la habitación fue alguien a quien pudo distinguir como un médico, que iba seguido de sus dos padres.

Pudo escuchar a su madre suspirar aliviada al verla despierta, e inmediatamente pudo ver la tranquilidad reflejarse en los ojos de su padre mientras se acercaban a ella.

Pero aún así, el rostro del doctor parecía levemente desconcertado.

Él médico le hizo una seña a la enfermera, despidiéndose brevemente de los padres de Marinette. Ella, pudo verlos susurrar algo, más no alcanzó a escuchar.

Cuando ambos salieron de la habitación, Sabine no tardó en llegar hasta su lado, tomando su pequeña mano entre las de ella, dándole pequeños besos en demostración de cariño, intentando darle a entender que todo estaría bien.

— Mamá, Papá, perdón — Musitó con algo de dificultad al sentir un poco de incomodidad en la garganta — No sabía qué hacer y cuando vi a Chat Noir no pude evitar lanzarme, ¿Quizás pensé que repentinamente podría nadar adecuadamente? — A su mente llegó la imagen de ella flotando en la inmensidad de aquel lago creado por su mente, donde ella efectivamente pudo nadar sin tener problema alguno — También lo siento por que les oculte lo del gato, Alya y yo se los íbamos a decir pero entonces — Sus palabras se agolparon a la par que comenzaba a hablar con mayor rapidez, ambos adultos solo se limitaban a observarla con una sonrisa de preocupación mezclada con la tranquilidad — Lo siento — Finalizó.

Tom Dupain conocía a su hija, y sabia como podía llegar a ser de impulsiva en muchas situaciones, y aquella realmente no le extrañaba.

La única diferencia había sido que en esa ocasión la vida de su hija estuvo a punto de perderse entre la corriente del rio Sena. Y si bien, se encontraba un tanto molesto por las acciones de Marinette, la felicidad de él era más grande.

Pues habían pasado horas cruciales para ella, más específicamente, días.

Tres días habían transcurrido desde que ella había caído al Sena, o más bien, se había lanzado con la esperanza de salvar a aquel pequeño gato. Alya, la mejor amiga de ella no dudo en llamar a los bomberos para rescatar a su amiga e incluso a emergencias, ella les había comentado que un transeúnte que se encontraba en el lugar (a quien ella culpaba abiertamente por no saber controlar a su perro) había huido con rapidez al ver que una tragedia se avecinaba, dejándola a ella sola.

Para su sorpresa, Marinette había salido del agua con Chat Noir en brazos. Y cuando estuvo sobre el concreto del canal, se desplomó.

Ellos no tardaron en llegar ante la llamada desesperada de la morena, pues los bomberos no habían llegado, tampoco la ambulancia que había solicitado, pues tenía miedo que sufriera algún tipo de hipotermia.

La ciudad era un caos, al igual que el tráfico durante aquella mañana, pues eran el día de las elecciones para Alcalde de París. Todo el mundo se encontraba en las calles, entorpeciendo la llegada de los servicios de emergencia.

Su cuerpo no reaccionaba, ambos padres se encontraban completamente abrumados al no saber qué hacer.

Pero, al cabo de unos minutos, el pequeño cuerpo de Marinette comenzó a reaccionar, expulsando toda el agua que había entrado en su sistema, para después perderse nuevamente en la oscuridad.

Los médicos lo llamaban un milagro, a pesar de que ella no despertaba de un sueño aletargado en el cual parecía estar.

El médico encargado de ella había hablado con ambos, explicándoles que aquello era una situación delicada, que se debía tratar con cuidado el asunto con ella, pues no sabían cómo reaccionaría al saber lo que había ocurrido y lo que estuvo a punto de suceder si aquel milagro no sucedía.

— Todo está bien mi pequeña — Alcanzó a decir, conteniendo las lagrimas — Solo no vuelvas a hacernos esto — Agregó, revolviendo con suavidad su cabello.

De la nada, un pensamiento surco la mente de Marinette, intentando recordar algo que le dijera que había ocurrido con Chat Noir, recordando así a aquel chico que había estado presente durante su letargo.

— ¿Chat Noir? Me refiero, el gatito — Se atrevió a preguntar, buscando algo de esperanza en los ojos de sus padres.

Su madre no tardó en sonreír, acariciando su mano con sus dedos.

— Ahora está en una veterinaria, afortunadamente el gatito tiene más de nueve vidas — Bromeó, logrando sacarle una sonrisa a su hija — Alya está al pendiente de él por ahora, aunque cuando te den de alta esperemos que se encuentre mejor para ir a casa — Finalizó con aquella noticia que hizo despejar levemente los temores de ella.

Pues, aún recordaba la sensación de sofocamiento. Aún podía sentir el agua entrar por sus fosas nasales. Aún tenía miedo de morir.

Después de que compartieran aquel momento familiar tan intimo, Tom Dupain tomó asiento en el mullido sofá que se encontraba en la habitación, alcanzando el control remoto para encender la televisión que se encontraba en la esquina de la habitación, era justo que su hija se distrajera un momento, además debía pensar lo menos posible en el incidente, y, por la mirada levemente vacía que le dirigía a ambos, sabía que por momentos los recuerdos y el miedo se hacían presentes en ella.

Lo primero que apareció en pantalla fue un resumen de las elecciones. Nadja Chamack daba todo el reporte, André Bourgeois había ganado por una aplastante cantidad de votos, dejando a su contrincante Armand D'Argencourt aplastado por la prensa.

No tardó en cambiar el canal, eran cosas que a Marinette no le interesarían mucho en esos momentos, y para ser sinceros, a él tampoco, pues su atención estaba dirigida solamente a su hija, era lo único que importaba.

[…]

Escuchó con detenimiento cuando la puerta de la habitación se abrió, entonces fue cuando pudo ver con claridad a su padre quien lo observaba desde la puerta.

Aquella expresión que le daba era confusa, o más bien, todo a su alrededor lo era, pues no terminaba de entender los hechos.

Pensó que quizás había muerto, que seguramente se encontraba en la otra vida siendo guiado por un ser deslumbrante, aunque aquello ultimo podía no ser verdad, ya que lucía tan confundida como él en aquel instante.

Cuando despertó sintió que el blanco de la habitación solo lograba que sus ojos sintieran un poco de dolor, pues el lugar parecía brillar por cuenta propia. Ahí fue donde supo que todo había sido un simple sueño, uno extraño a decir verdad.

Tardó unos segundos en acoplarse a la luz, además con fuerza intentó sentarse en el borde de la cama donde se encontraba postrado, dejando sus pies colgando, sintiéndose infinitamente pequeño.

Estuvo a punto de morir por rescatar una prenda de ropa, y a pesar de eso el asunto le hacia un poco de gracia. Desde hace no mucho, la vida ahora había sido un temor para él a su corta edad, pero estar en una situación así, le hizo recapacitar lo mucho que amaba estar con vida, e increíblemente darse cuenta que realmente no le tenía miedo a dejarla ir.

Intentó sonreírle a su padre, algo nervioso, pues lo que más podía esperar en aquellos instantes era una reprimenda, pues por lo que podía apreciar del rostro de Gabriel, era preocupación.

Por eso le fue extraño cuando esta se desvaneció de su rostro, siendo sustituida por una faceta que hacía mucho que no veía en él.

Era lo más parecido a la felicidad.

Con pasos lentos pero firmes, el hombre de gran porte comenzó su camino hacia Adrien, casi con miedo de que él desapareciera, que fuese una ilusión de su mente por el dolor.

Por qué sí, muchos pensaban que Gabriel Agreste no sentía alegría, o incluso dolor. Y quizás tenían algo de razón, pues había sido educado bajo una familia donde debía ser recatado en cuanto aquellos temas de expresión sentimental, pero cuando se trataba de su familia era un asunto completamente diferente.

Era un hombre que lo tenía todo lo que en su juventud anhelo, pero todo aquello simplemente era algo vacio. Lo único que realmente valía la pena, era su hijo.

Aquel que lentamente había alejado, aquel que deseaba fuese como él para que el sufrimiento de perder a su madre no hiciera mella en él.

Y, gracias a eso, había estado a punto de perderlo.

— Padre, yo realmente lo siento, no debí — Pero antes de que continuara, pudo sentir como los brazos del mayor lo rodeaban, casi de una manera desesperada.

Un intensó calor se generó en su pecho, pues no era usual en Gabriel expresarse de esa manera, incluso en el pasado tenía pocos y breves recuerdos de ello. Pero ahora, con un suave sollozo que era claro que deseaba ocultar, supo que el amor que su padre le tenía no era simplemente algo banal.

Adrien no tardó en corresponder aquel abrazó, aun aturdido por la situación, principalmente por el comportamiento de su padre.

— No debiste, Adrien — Musitó, casi con dificultad, afianzando el agarre — Así como yo no debí — Y, aunque aquella última frase sonó como un susurró, Adrien fue capaz de escucharle.

— No lo hice con esa intención, no lo hice con la intención de morir — Explicó él rubio, sintiendo la angustia por la que su padre atravesaba. Gabriel se tensó con la sola mención de aquella palabra que, siempre lograba destrozarlo — Estaba molesto, quería huir, eso no lo negaré. Me enfurecí y terminé tirando el saco de la nueva colección al Sena — Hizo una pausa, separándose un poco de su padre — Luego caí en cuenta de mi error, no había sido correcto y, cuando intenté recuperarle, terminé cayendo — Su voz poco a poco disminuía de tono, recordando con claridad lo último que había realizado, antes de caer en un extraño sueño del cual aun se sentía aturdido.

Era difícil que algo así hubiese sucedido para obtener la atención de su padre, pero no podía negar que una creciente ola de felicidad crecía en su interior, pues finalmente sentía la calidez de su padre, y no la frialdad de Gabriel Agreste.

Gabriel estuvo a punto de agregar algo; Que realmente no le importaba como habían sucedido los hechos, que las cosas estaban bien, que quien era culpable de todo aquello era él.

Que durante esos dos largos años no había sido un buen padre, y realmente a esas alturas se preguntaba si durante ese tiempo se comporto como tal, pues lo dudaba un poco.

Entonces, la suave voz de Nathalie inundó el lugar, ninguno de los dos se había percatado que la mujer había atravesado el umbral de la puerta.

Su rostro lucia serenó. Ella le dirigió una sonrisa a Adrien antes de dirigirse a Gabriel.

— Señor Agreste, es el señor Bourgeois, más bien, el alcalde electo — Pronunció, cubriendo con su mano libre donde se encontraba el micrófono del teléfono móvil — Insiste en que este en la toma del mandato, señor — Dijo con voz mecánica, Adrien casi pudo percibir molestia dirigida únicamente a su padre.

No tenia duda, Nathalie estaba enfadada.

Cuando distinguió eso, la frágil idea de que realmente estuvo a perder la vida llegó a su mente, sintiéndose algo abrumado por el asunto. Pero, entonces ¿Qué había sido aquello que había "vivido"? ¿Acaso estuvo ahí por su casi muerte?

— Por favor, reitérale que no podré asistir por asuntos personales — Comentó él, siendo fulminado por la mirada de la mujer, quien se dispuso a salir, no sin antes volver a sonreír ante Adrien.

Pues, no había duda que se encontraba feliz, él estaba bien. Aunque claro, estaba molesta con su jefe ¿Cómo no estarlo? No lo diría en voz alta, pero era claro que gracias a ese último altercado entre ellos aquello, la situación sucedió de aquella manera.

Y, según los médicos, era un milagro que estuviese vivo.

Había pasado una gran cantidad de minutos bajo el agua, o eso suponían, pues cuando salieron en su búsqueda demoraron en encontrarle, y cuando esto había sucedido, el se encontraba tendido a un lado del rio Sena, completamente empapado, sin respirar.

Solo reaccionó para expulsar toda el agua que había ingerido, y, durante tres días, no despertó.

— Señor Agreste — Murmuró ella, llamando la atención de ambos — Cuide a Adrien, por favor — Esperó unos instantes, observando cómo su jefe asentía con la cabeza, sintiéndose por fin con la libertad de dejar la habitación.

[…]

Marinette se encontraba a punto de caer en los brazos de Morfeo, divisando antes de cerrar sus ojos la capilla de Notre Dame. El Hospital de París solo era separado de la famosa catedral, justamente, aquel por el cual casi había sido tragada.

Adrien, por su parte, intentaba no dormir, admirando la belleza que el Hospital Pitié Salpêtrière le ofrecía, podía observar la calma del rio Sena toda la noche.

Y cuando sus ojos se cerraron por fin, dejaron de escuchar todo a su alrededor.

Los pasos de las enfermeras afuera de sus habitaciones fue sofocado, el ligero chapoteo de la lluvia al impactar con la ventana desapareció, y la suave respiración de quien le hacía compañía durante ese noche simplemente dejo de hacerse presente.

Incluso, ellos mismos dejaron de sentir sus propias respiraciones.

Para después, tomar una intensa bocanada de aire al sentir que el oxigeno hacía falta en sus pulmones, llenándolos así de manera abrupta, levantando su torso para poder quedar en una posición donde pudieran respirar de manera correcta.

Una intensa luz llegó a sus ojos, cegándolos por unos instantes.

Él sol estaba en su máximo punto sobre ellos, iluminando toda la tierra que su vista podía llegar a reconocer. Los grandes edificios más allá del lago se hacían presentes una vez más.

Ambos giraron su vista hacia sus manos, encontrándose así con aquel extraño traje que incluso parecía ser una segunda piel, aquel que ya habían visto en una ocasión.

— No estoy muerta, estoy viva — Alcanzó a susurrar ella, tomando su rostro entre sus manos, para después señalar a su extraño acompañante — Tú no eres mi gato — Añadió, entendiendo ahora que su loca teoría solo era eso, pues ella estaba viva, y su pequeño gatito también.

Aquello, claramente solo era obra de su imaginación, se repetía.

— Podría serlo si quieres — Comentó él, en un tono coqueto que no pudo reconocer de donde había salido, carraspeando levemente para centrarse.

Su mente jugaba nuevamente con aquella imagen, con aquel lugar completamente ajeno a él. Y la idea de estar muerto simplemente no era correcta.

— Bien, quizás esto sea por algún medicamento que me pusieron en la sangre, ¿O serán alucinaciones de pánico? — Se pregunto a sí misma, tranquilizándose ante aquellas palabras.

— Oye, no soy ninguna alucinación de pánico — Argumentó él, con el ceño fruncido — Quizás quien es la alucinación eres tú ¿No? — Rascó levemente su mentón — O somos la alucinación de alguien más —.

Ella rodó los ojos, no sin evitar reír por aquel ingenuo comentario.

— Bien, tienes sentido del humor, más bien — Hizo una pausa, colocándose de pie — Tengo sentido del humor — Aquel comentario solo confundió un poco al rubio, quien se puso a la par de ella.

Ambos observaron maravillados ante la magnífica vista que tenían frente a sus ojos, pues, el primer sueño que habían experimentado en aquel lugar no había podido apreciar la inmensidad de todo.

Desde el gran lago que los separaba de lo que parecía ser una inmensa ciudad, hasta el gran prado donde se encontraban.

Era una vista mucho mejor que la que tenían desde la cama del hospital, sin duda.

— ¿Sabes, alucinación? Creo que debemos ir allá — Ella señaló hacia donde los grandes edificios se erigían.

No podía negarlo, tenía una increíble necesidad de ir hasta aquel lugar, más su mente se trataba de convencer que solo era simple curiosidad por explorar aquello que su subconsciente había creado.

— Me gustó más como me llamaste en aquella ocasión ¿Sabes? — Atinó a decir él, sonriendo de medio lado — Y sí, ¿Por qué no? Me refiero, aparentemente esto es un sueño, me gustaría ver un poco más — Comentó, observando curiosamente las garras que parecían sobresalir de sus manos.

— Bien Chat Noir —.

Él aludido sonrió complacido.

— Bien, Ladybug — Recordó como en aquella ocasión la había llamado, por su gran semejanza con una Catarina — Guíame —.

Ella sonrió, pues aquel mote realmente no estaba nada mal.

Se encontraba más relajada que la última vez, pues ahora estaba completamente segura de que se trataba de un sueño.

Uno que parecía querer distraerla de la realidad.

[…]

No hay palabra ni pincel que llegue a manifestar amor de padre —

Mateo Alemán

Les dije que a principios de enero volveria con el primer capitulo que no fuese parte del prologo jajaja ¡Aqui estoy!

Solo me resta decir que creo que este fue un capitulo ¿Emocional? Pues esto va a dar la pauta para un cambio emocional en nuestros protagonistas, deribado de sus padres, Tom y Gabriel.

La cosa va lenta, pues le veo una buena cantidad de capitulos. Aún no lo sé, pero quiero que sean dos arcos, no puedo decir de que ¡Pero en este capitulo voy dando la pista de lo que se derivara el segundo!

Todas las teorias me han encantado, aunque con este capitulo se desecharon (Ya queria usarlas yo, pero el fanfic ya tiene su construccion asi que ya no pude ¡Pero fueron increibles!). El gatito Chat Noir no tiene nada que ver con nuestro Adrien aka Chat noir, solo el nombre. No tendra mas participación importante en la trama el minino, era solo para nombrar a nuestro nene.

Por cierto, el titulo de este primer capitulo (que ya no es el prologo jajaja) es "Despertar, la consciencia del sueño" Por qué, sí, muy evidente: Ambos despiertan por primera vez luego de lo ocurrido (que es un misterio para todos como sobrevivieron al estar tanto tiempo bajo el agua sin respirar + agua helada) y, ya no piensan que están muertos, ahora creen ser conscientes de que están en un sueño (Pobres criaturas).

Para terminar, sé que en ocasiones no alcanzo a responder todos los comentarios (más ahora, el internet me lo imposibilita) pero créanme que me hacen sumamente feliz ¡Muchas gracias por todo su apoyo! Realmente espero que esta historia les agrade, pues intento que sea lo que merecen, algo bueno! (Creo yo que es bueno jaja)

Un besote, los ama la señorita puntitos