Cuando sus ojos se acostumbraron a los intensos rayos de sol que se colaban por su ventana, no pudo evitar sentir una fuerte sensación de incertidumbre debido a dos factores que no se podían escapar de su mente.
Lo primero, por obviedad, eran aquellas palabras que no podían dejar de resonar en su cabeza, aquellas que afirmaban sin dudar que ella habia muerto.
Su pensamiento siguiente, fue el cómo se sentía todo; El cómo podía recordar casi con exactitud lo que habia hecho, lo que habia dicho e incluso lo que habia sentido desde física hasta emocionalmente.
Ella nunca habia recordado ningún sueño con tal capacidad, y estaba segura que tampoco habia logrado soñar lo mismo en más de una ocasión por más que lo deseara.
Se levantó con cuidado de la cama, cayendo en cuenta que, aún se encontraba en la habitación del hospital, notando en una esquina en un pequeño sofá a su Padre, quien se encontraba plenamente dormido.
Intentó no reír ante la escena, pues gran parte de las piernas de él se encontraban fuera y colgando, pues él habia decidido que acostarse por completo sería la mejor opción.
Estaba preocupado por ella, y eso, en el fondo, le hizo sentir culpable.
Pero de nada le serviría estar sintiendo pena consigo misma por los hechos, en lugar de eso debía reponerse y salir adelante para que así, sus padres no volvieran a estar en aquella situación.
Pasó sus manos por su frente, despejándola de aquel pequeño mechón de cabello que adornaba su rostro, intentando pensar algo que no fuesen aquellos sentimientos de incertidumbre y frustración que golpeaban su pecho.
Intentó dormir, pero su cuerpo parecía estar lo suficientemente descansado para ello, así que se dedicó a observar por su ventana, apreciando así la magnífica vista que tenia de París.
El tiempo parecía ser un concepto lejano durante el transcurso de aquel día, pues no pudo comprender con exactitud cuándo dieron las nueve de la mañana y, una insistente melodía empezó a sonar desde el teléfono móvil de su padre. Ella recordaba haber despertado junto con los rayos del sol que anunciaban el amanecer.
A pesar de que se sentía en perfecto estado, no podía pasar de alto que habia algo diferente. Ella misma se sentía diferente.
Como si el hecho de haber soñado con aquel extraño lugar, ahora le hiciera sentir fuera de sí, como si no perteneciera allí.
― Es bueno verte despierta desde temprano, aunque hubiera sido mejor que hubieses descansado un poco más ― Comentó Sabine, quien habia llegado después de encargarse de despertar a su esposo por medio de una llamada telefónica.
Ella habia regresado a casa la noche anterior, dejando a Marinette al cuidado de su esposo, pues por políticas del hospital solo una persona debía pasar la noche con el paciente.
No quería alejarse de ella, pero aun así, después de una breve charla con Tom ambos acordaron que él pasaría la noche ahí, mientras que ella prepararía algunas cosas para el día siguiente, y claro, también debía intentar descansar.
Lo último no fue exitoso del todo, pues no podía encontrarse en Paz al estar lejos de su hija.
― Ya no tenía sueño, mamá ― Contestó, levantando su pierna para poder colocarse el calcetín de manera correcta.
El tono de voz de su respuesta le pareció algo mecánica, por lo que la observó unos segundos antes de entregarle una chaqueta ligera.
Ambos padres se observaron por el rabillo del ojo, preocupados.
Sabían que debía darle tiempo, pues la recuperación no solo consistía en que ella se encontrara completamente sana en todo aspecto físico, sino que también era algo mental. Él medico habia sido claro con ellos, pues a pesar de que todo marchara bien, no quitaba el hecho de que su hija habia pasado por una situación difícil.
Quizás volver a su rutina habitual costaría un poco, quizás alguna clase de temor existiría.
Pero, solo existía una suave mueca de confusión en el rostro de ella.
No se modificó cuando salieron de aquella blanca habitación, tampoco cuando se despidieron del doctor y de la enfermera que habían sido los encargados de atenderla desde que habia ingresado.
El único cambio notable que pudieron notar fue cuando caminaron unos pasos fuera del edificio; Marinette caminaba a paso acompasado, admirando todo lo que tenían a su alrededor, y de alguna forma se sentía lejana a todo.
Incluso lejana a ellos mismos.
Tom colocó su mano sobre el pequeño hombro de Sabine, recordándole que él estaba a su lado y que nunca se apartaría, que lograrían que aquello no los quebrara, que debían ser fuertes por ellos mismos, y sobre todo por Marinette.
Recordando que, en cualquier momento que ambos lo consideraran pertinente, podrían volver con el medico a cargo de su caso y este los recomendaría con un buen Psicólogo.
Marinette escuchó con claridad cuando la puerta de su hogar se cerró a su espalda, sobresaltándola ligeramente, pero sin despegar su vista de la pequeña sala de estar.
Acarició con delicadeza el sofá que tenía a un costado, intentando grabarse en su memoria la sensación del vinil sobre su piel.
Y aquello fue suficiente para desencadenar un recuerdo; Ella tomando la mano de aquel rubio al que en sus sueños habia llamado como su propio gato.
― ¿Chat Noir? ― Preguntó al aire, sin ser completamente consciente de ello.
Sus padres sonrieron entre sí, con cierta complicidad que logró que Marinette se sintiera relajada, sintiéndose por primera vez desde que habia despertado como si todo encajara.
― Creo que deberías ir a tu habitación cariño, descansa un poco y después bajas para la comida ¿De acuerdo? ― Sabine se acercó hasta ella para besar su frente con delicadeza.
Se preguntaba cuando su pequeña hija habia crecido tanto, pues ya prácticamente ambas tenían ahora la misma estatura. Podía jurar que habia sido ayer cuando la tuvo entre sus brazos por primera vez.
Una inusual emoción se apoderó de ella, quien sin pensarlo mucho comenzó su camino hacia las pequeñas escaleras que dirigían a su habitación.
Tom, al verla alejarse de ellos comenzó a sentir ansiedad y temor. Era claro que tenía miedo que algo le volviera a ocurrir.
Marinette, por su parte, no tenía claro que encontraría ahí, pero de algo estaba segura; Seria algo que le haría sonreír.
Cuando abrió la pequeña trampilla para lograr entrar a su habitación, lo primero que vio fueron unos intensos ojos verdes que la observaban con curiosidad.
Chat Noir, su pequeño gatito se encontraba ahí, sentado sobre el regazo de Alya.
Y sí, su inesperada visita ahí definitivamente le hizo sonreír, e incluso sentirse un poco más relajada.
Pero de alguna manera aquello no era lo que esperaba, y realmente no sabía lo que su mente esperaba que ocurriera.
― ¿No vas a venir a saludar a tu pequeño gato y a tu mejor amiga? ― Preguntó a la par que se ponía de pie, cargando al felino con su mano derecha.
Marinette dejó salir una suave risa al detectar la emoción en las palabras de su amiga, llegando hasta ella para así poder abrazarla.
― Sentí que paso mucho tiempo y a la vez fue como un parpadeo ― Confesó, sintiendo como Alya colocaba al pequeño Chat Noir sobre su cabeza, para después corresponder el abrazo de una manera intensa, logrando incluso que se escapara un poco de aire de sus pulmones.
― No me vuelvas a asustar así, nette ― Su voz sonaba levemente cortada, Marinette pensó que, quizás estaba reteniendo sus lágrimas.
Conocía a su amiga, y sabía bien que lo sentimental no era lo suyo. Cuando comenzaba a llorar, no habia nada que le pudiera hacer parar. Además, Alya gustaba de dar la impresión de alguien sumamente fuerte, alguien inquebrantable.
― No lo haré, lo prometo ―.
Al escuchar esas palabras, Alya sintió un escalofrió recorrer por toda su espalda. Pues, de alguna manera aquello habia sonado como una mentira.
Como aquellas que sus padres le decían de pequeña para protegerla de ciertas cuestiones para que estuviese tranquila. Cuando perdía un diente, ellos le hablaban del hada de los dientes para que no tuviese miedo y, al contrario, se emocionara. Cuando falleció el cachorro que una navidad le habia regalado su tía, ellos le convencieron que ahora estaba con su abuela, en el cielo.
Cuando fue creciendo comprendió que ellos ponían el dinero bajo su almohada y que quizás el cielo realmente no existía. Que eran mentiras para no lastimarla.
¿Por qué sentía aquella promesa de Marinette como una mentira más?
No lo sabía, tampoco se atrevió a decir algo más al respecto y se dedicó a estrujarla entre sus brazos un poco más.
Chat Noir maulló, palpando el terreno de la cabeza de Marinette.
Ambas no pudieron evitar reír al ver que sus garritas se habían atorado sobre el cabello de ella, dejando de lado por un momento la melancolía que las invadía.
Cuando Marinette tomó en sus brazos al gato, Alya no pudo evitar pensar una cosa; Estuvo a punto de perder a su mejor amiga, y ahora, ahí estaba, sonriendo la vida que habia salvado a costa suya.
Marinette en ocasiones se catalogaba a sí misma como cobarde y de poco carácter, pero de ahora en adelante ya sabría cómo refutar aquellas palabras, pues para sus ojos ella se habia comportado tal como Majestia; Como una heroína, y eso era lo que era.
[…]
Despertó de manera abrupta al sentir los rayos del sol golpeando su rostro, divisando como este comenzaba a salir por el horizonte.
Su corazón se encontraba levemente inquieto, lo pudo notar de inmediato pues se sentía un poco agitado, y supo de inmediato la razón de esto; Su sueño lo habia causado.
Además de eso, fue capaz de distinguir una molestia en todo su pecho desbocado, y no, no era algo físico con lo que se pudiese alarmar, era un sentimiento que al principio no supo cómo identificar.
Los primeros segundos que medito sobre aquello, pensó que podría ser una especie de miedo debido a aquellas palabras que sonaron en su cabeza mientras dormía. No tardó mucho en descartar aquella idea, pues para él no tendría mucho sentido el miedo, de alguna manera no sentía temor ante aquella posibilidad.
Y, eso le sorprendió.
¿Cómo no tendría miedo de la muerte? Aún le faltaba mucho por vivir, sueños que realizar y ser un adulto. Básicamente era un niño aun, uno que comenzaba a experimentar los cambios en su cuerpo y que poco a poco comenzaba su etapa en la abrumadora adolescencia.
No tenía mucho sentido.
Así como tampoco lo tenía aquello que habia soñado ya en dos ocasiones; Que habia logrado experimentar situaciones tan realistas como nunca, pues no podía recordar nada parecido en sus memorias.
Aún podía recordar el fresco aroma que llegaba hasta él con la brisa en aquel prado, incluso la gran cantidad de aromas y sonidos que pudo apreciar en cuanto había entrado a aquella especie de ciudad.
E incluso, aún podía sentir la mano de aquella chica contra la suya. Él intentando infundirle valor, como si fuese algo de lo más natural.
De manera automática, su vista se dirigió hacia sus manos, observando con cuidado pequeños detalles que no recordaba o a los que nunca le habia prestado atención.
Durante unos segundos, incluso sintió que aquellas no eran sus manos, que realmente no tenía idea de lo que parecía observar tan concentrado, pues se sentía fuera de sí.
Como si de alguna manera no perteneciera ahí.
Y eso solo logro encender aún más aquel sentimiento extraño en su interior, uno que le hacía sentir confundido, fuera de sí.
E incluso ajeno a lo que ocurría a su alrededor.
― Adrien ¿Qué haces despierto? ― La voz de su padre lo sacó de sus pensamientos, encontrándose con la mirada de él, demostrando una genuina angustia.
No se habia percatado de su presencia, pero, por su vestimenta, era obvio que habia pasado la noche ahí mismo.
Eso, de alguna manera, lo hizo sentirse feliz.
Aun así, no pasó desapercibido el hecho de que ahora la luz del sol no golpeaba directamente a su rostro como hacia no mucho, pues no podía divisarlo en el horizonte.
Se preguntó entonces cuanto tiempo habia estado perdido observando detalles en sus propias manos. Habían pasado horas, y el no tuvo la conciencia de aquello. Para él, habían sido apenas unos segundos.
― Creo que descanse lo suficiente ― Contestó a duras penas, pues incluso sentía poca familiaridad con su propio cuerpo al hablar.
Hizo unos gestos con su boca, como si intentara acostumbrarse a algo.
Gabriel enarcó una ceja, sin comprender del todo las facciones que su hijo mostraba en su rostro, como si intentara entender algo.
― ¿Estás seguro? ― Insistió.
Adrien asintió con su cabeza sin decir nada más, levantando su torso para quedar sentado sobre la cama. Gabriel por su parte se encontraba atengo a los movimientos de su hijo.
Sí bien, al verlo hacer aquello, su primera reacción fue levantarse y llegar hasta él para ayudarle, pero se detuvo en seco al recordar las palabras de Nathalie que aún resonaban en su cabeza.
― Esto no hubiese pasado si usted no fuera tan controlador ¡Adrien necesita respirar Gabriel! Necesita a su padre con él, no a un jefe que impone su palabra ― Fueron las palabras de ella cuando ambos habían llegado a urgencias. La voz de Nathalie sonaba quebrada, e incluso algo histérica ― Es mi jefe, no el de Adrien. Usted puede despedirme, pero a su hijo no. Debería dejar que comience a hacer lo que él cree bueno para él ―.
Estaba seguro de que si alguien más le hubiese dicho aquellas palabras, por más razón que tuviera, él hubiese reaccionado de una forma poco apropiada.
Pero en aquel momento agradeció la sinceridad de ella. Por qué más que una empleada, era quien durante muchos años habia sido su soporte. También el de Adrien, quien velaba y cuidaba por él a pesar de tener una gran carga de trabajo externo.
También recordó que, cuando los médicos le informaron de la condición estable de Adrien, él de manera automática le abrazo.
Debía dejarlo hacer las cosas, por más que fuese difícil para él no tener cierto tipo de control sobre ello por miedos del pasado, debía hacerlo por el bien de su hijo.
― Yo bajaré para ver si ya podemos ir a casa, creo que dormí más de la cuenta ― Agregó, mientras observaba el reloj en su muñeca.
Adrien parpadeo unos segundos, confundido por el comentario. Su padre daba la impresión de ser alguien completamente diferente, más relajado.
Lo pudo notar por su postura, por sus expresiones faciales.
No pudo evitar sonreirá. En definitiva, no tenía miedo a morir si eso significaba ver algo de tranquilidad en su padre, al verdadero Gabriel.
― Estuviste aquí toda la noche, es más que justo ― Hizo una pausa, observando a su padre de reojo ― Gracias, Papá ―.
¿Pueden describir el sentimiento de saber que lo que haces es lo correcto? O incluso ¿Cuándo tu hijo habla por primera vez cuando es un pequeño bebé? Eso era lo que sentía Gabriel Agreste en esos instantes.
Con sutileza tomó el puente de su nariz, masajeándolo con delicadeza para impedir el brote de lágrimas. Estaba a punto de salir de la habitación, no dejaría que alguien ajeno a él lo viese en aquellas condiciones.
― Es mi deber como Padre, además, quería asegurarme que estuvieras bien. Por suerte, dormiste toda la noche ― Gabriel no lo supo, tampoco lo notó, pero en ese momento Adrien solo pudo pensar en lo que pasaba en su mente mientras dormía ― Espero que sea así durante el resto de la semana, así el siguiente lunes podrás iniciar tus clases. Nathalie seguramente está arreglando el papeleo ahora ―.
Él tartamudeo varias veces antes de hilar una respuesta que tuviera algun tipo de sentido, pues aquel comentario que su padre habia soltado sin más lo dejo sin habla durante unos instantes.
Gabriel no iba a negar que se sentía terriblemente mal con aquella situación, no por la incertidumbre de no tener el control de lo que ocurriera alrededor de su hijo, sino más bien por la manera de actuar de este al darle la noticia que cambiaría su vida.
Adrien preguntó en repetidas veces si aquello era enserio, a lo que él tuvo que responder cada vez que sí, que debía poner dedicación para poder ponerse al corriente con sus compañeros en cuanto a los deberes.
¿Tan difícil era para su hijo entender que, por al menos una vez, él intentaba hacer las cosas de manera correcta?
A palabras de Nathalie, nunca era tarde para enmendar los errores. Y vaya que él habia cometido muchos.
Pero el solo ver aquel brillo de auténtica felicidad en los ojos de su hijo que, anteriormente se encontraban ensombrecidos, supo que era la decisión correcta. De las pocas que habia hecho en tantos años, y la primera de ahora en adelante, se dijo a sí mismo.
Y, sin esperar mucho más, Adrien por fin fue capaz de dejar el hospital después de que Gabriel recibiera ciertas indicaciones y también la recomendación de un buen psicólogo le fue entregada, por sí algo sucedía con su hijo.
Ambos abordaron al auto cuando el chofer del Agreste mayor llegó; Paul se encontraba feliz de que Adrien se encontrara con bien, después de todo, prácticamente lo habia visto crecer, cuidando de sus travesuras por toda la gran Mansión.
El trayecto de regreso a casa fue más silencioso de lo que esperaba, y Adrien de alguna manera agradeció aquello, pues fue capaz de admirar todo a su alrededor con detalle.
A pesar de vivir en aquella gran ciudad durante años, saber de sobra el recorrido que lo llevaría hasta su hogar e incluso haber sido el centro de atención en sesiones fotográficas en algunos puntos por donde ahora transitaban, todo parecía completamente diferente.
Y no, la ciudad no habia hecho una pronta remodelación de aquello para recibir las pasadas elecciones; Simplemente, para él, la sensación de que era la primera vez que veía aquello, no podía ser sacada de su cabeza.
Incluso cuando entró a su propio hogar, sentía que no pertenecía del todo ahí. Aun cuando toda su vida la habia pasado entre aquellas paredes, todo lucia diferente.
¿Cómo podía ser aquello siquiera posible?
Pronto, el sonido de pasos corriendo de manera desesperada por uno de los corredores llegaron hasta sus oídos, para después sentir un peso extra sobre su costado.
Se sintió algo abrumado de repente, más por los gritos que la rubia vociferaba en su contra.
― ¡Eres un tonto! ¿Cómo se te ocurre hacer semejante tontería? ¡Me dan ganas de tirarte yo misma al rio Sena para que aprendas la lección! ― La voz chillante de ella tardó un poco en ser procesada por su cerebro.
― ¿Chloé? ¿Qué haces aquí? ― Preguntó él por fin, sintiéndose levemente ofuscado por la presión que su amiga ejercía sobre su pecho.
― ¿Qué hago aquí? ¡Vine a verte, por supuesto! No es como si quisiera ver a tú Padre en primer lugar ― Sentenció, observando con un poco de desprecio al adulto mayor que se encontraba a un lado de ellos.
Nathalie no tardó en aparecer tras ella, levemente agitada, parecía que incluso habia salido corriendo detrás de ella, pero era claro que la edad ya no ayudaba.
― Señor, disculpe, la señorita Bourgeois… ― Gabriel levantó su mano, interrumpiéndola y permitiéndole tomar algo de aire.
― Me lo puedo imaginar ― Comentó, observando a ambos jóvenes. Sabía lo persistente que podía ser aquella niña, no cabía duda que tenía el carácter de André, solo que de alguna manera ella parecía llegar un poco más allá de lo que su viejo amigo en su adolescencia ― Adrien ¿Por qué no vas con la señorita Bourgeois a la sala de estar para que puedan conversar? ―.
Sí, Chloé Bourgeois era la niña más mimada e incluso insolente que habia conocido en su vida, pero ella era parte importante de la vida de Adrien, la única persona con la que tenía lazos fuera de aquel lugar.
Además, el cariño que ambos se tenían era genuino.
Aunque estaba seguro que aquel ataque de rebeldía lo habia aprendido de ella, pues el carácter de aquella joven influía en su hijo de alguna manera.
― Gracias ― Y, antes de que pudiera agregar algo más, aquella a la que llamaba chiquilla termino arrastrando a su hijo por uno de los pasillos, claro, sin dejar de vociferar que era un idiota.
Adrien no pudo refutar nada de lo que su amiga decía, después de todo estaba en lo cierto.
Chloé tenía una extraña forma de demostrar el afecto, pero realmente apreciaba el verla ahí.
Necesitaba hablar con alguien. Además de decirle las buenas noticias.
[…]
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¡Bien! Un nuevo capitulo donde, podemos ver las nuevas perspectivas de ambos protagonistas ante la supuesta nueva oportunidad que se les dio, al igual que sus padres ¿Pudieron notar el paralelo?
Mientras Tom parece un poco más protector con Marinette, Gabriel poco a poco intentará serlo menos por el bien de Adrien ¿Pueden saber el por qué? Bueno, más bien, deducirlo.
Además, ellos se sienten diferente, sienten todo diferente y tienen sentimientos que no saben bien como describir; Pero todo eso tiene una causa, sus sueños. Por ahora, solo van dos, esperen a ver que pasa.
Y sí, lamento que la historia avance un poco lento, pero así es la visión que tengo de esto ¡Además quiero dar a entender todos los puntos! Por aquí ya di nuevamente otra pista de lo que tratará el conflicto principal que se vera mucho más adelante.
De ahora en adelante, la vida de ambos "volverá" a la normalidad, a lo cotidiano. Sus amistades más cercanas tendrán mucho valor en ello, recuérdenlo.
¡Adrien ingresara a la escuela! ¿Que creen que suceda? Ojala no me maten jajaja.
Muchísimas gracias por seguir esta historia ¡Un besote y los amo!
