No pudo evitar sentirse frustrada al atravesar las puertas del Le Grand Paris, seguida de uno de sus nuevos guardaespaldas que ahora la seguía todos lados sin su consentimiento, logrando sentir un poco más de empatía con su amigo en ese aspecto.
¡Llevaba tan solo una hora con ella y ya deseaba que desapareciera!
Camino en silencio por los pasillos del pent-house, soltando un bufido al escuchar los pasos de aquel hombre tan cerca de ella, casi como si se tratara de una sombra.
Y quizás la idea del guardaespaldas no era tan mala, después de todo podría tener a alguien con ella para ayudarle en sus mil y un ideas, o como su padre solía llamarle; Compras impulsivas. Pero en aquel instante, simplemente no habia sido lo mejor.
No habia terminado de regañar a Adrien por sus actos imprudentes y tontos, y él tampoco se habia disculpado lo suficiente por preocuparla a tal magnitud.
Por qué, en cuanto supo que la vida de su amigo habia estado en peligro, tuvo miedo de ser abandonada nuevamente.
Aún necesitaba saber lo que habia pasado en realidad, así como saber de su propia boca como se encontraba ahora.
Pero no habia pasado mucho tiempo desde que se habían instalado en la gran sala de estar, cuando Nathalie llegó al lugar con aquel imponente hombre que si bien parecía del servicio secreto, no fue capaz de intimidarla.
No escuchó muy bien lo que dijo, solo que necesitaba llevarla con urgencia hasta donde su padre se encontraba y que no debían demorar.
Lo único que pudo mantenerla tranquila fue lo último que Adrien le dijo, logrando que por fin encontrara un pequeño ápice de esperanza para él, porque sí, ella sabía de la vida gris que él llevaba.
― Iré a la escuela, ya es un hecho, así que te veré pronto ― Comento, intentando sonar tranquilo ― Te lo prometo ―.
Y, usualmente lo que Adrien prometía, se cumplía.
― Bien ¿A qué se debe este nuevo arranque de seguridad? ― Soltó con un tono de arrogancia usual en ella, traspasando las puertas de la gran habitación de su padre, quien se encontraba al otro extremo de esta, sentado frente a un elegante escritorio ― ¿Acaso el Señor Agreste te ha convencido de que es buena idea? ― Preguntó, arqueando una ceja.
― Es por seguridad, princesa ― André suspiró, llevando una de sus manos hasta su sien para poder masajearla y así aminorar el latente dolor que amenazaba con presentarse.
A Chloé no le gusto esa respuesta, pues, sentía que era tan vaga para dejarla relegada de los asuntos.
― Tu fantoche nuevo me ha sacado de casa de Adrien ¿Y solo contestas eso? ― Preguntó mientras caminaba de forma apresurada hacia él, dejando caer su bolso sobre el escritorio ― Deberías al menos decirme la razón de verdad, papi, de no ser así volveré por donde vine ― Hizo un puchero, poniendo los mejores ojos de cachorrito.
André rodó los ojos al verse atrapado en el chantaje de su hija, para después volver a suspirar, nervioso.
― Simplemente es por precaución, abejita ― Hizo una pausa, notando como el ceño de su hija se arrugaba ― Unos seguidores de Armand D'Argencourt expresaron descontento por las pasadas elecciones, e incluso algunos se atrevieron a mandar algunas expresiones de odio o amenazas por medio de las redes ― Explico, intentando resumir un poco el problema.
― ¿Y que no puedes encarcelarlos? Y de paso a él ― Mordió su uña, nerviosa, una pésima manía que tenía y la cual odiaba pues siempre arruinaba su manicura.
― No se puede Chloé, es libertad de expresión a fin de cuentas, además aún no tengo el nombramiento oficial y, aunque fuese así, no es una solución diligente ― Respondió, esperando que su hija entendiera en la ahora situación en la que se encontraba.
Algo difícil, a decir verdad. Conocía a Armand, y sabía que era una buena elección para la ciudad a pesar de llevar ideologías que eran muy diferentes a las suyas. Él, por su parte, no se encontraba seguro de si realmente habia sido la mejor opción, pero realmente no podía decir que no, después de todo, varios senadores habían llegado hasta él para presentar su candidatura.
Según ellos, porque era un gran ejemplo para el pueblo como habia logrado construir tanto a pesar de ser relativamente joven, esperando que la gente se inspirara en su historia.
Pero, sabía bien que sus intereses eran económicos en su mayoría.
No esperaba ganar, pero ahí estaba luego de que intentaría hacer lo mejor.
― Cambia las leyes ― Acotó su hija, mordiendo de manera insistente su uña.
― Eso es anticonstitucional, además acabo de hablar con Armand y se ha disculpado ― Hizo una pausa, observando el monitor de su computadora ― Siempre en estas cosas hay algunos seguidores extremistas, pero aun así se debe guardar precaución, por eso el guardaespaldas ― Acotó, señalando al hombre a su espalda de expresión congelada ― Es temporal ―.
Armand D'Argencourt habia expresado claramente que se deslindaba de aquellas amenazas e incluso marchas que se estaban suscitando a lo largo de la capital, y él realmente creía creer aquello, pues, una de sus cualidades más grandes era creer en las personas.
Aunque, eso también se podía considerar un defecto.
― Bueno, antes no me agradaba, con ese bigote tan anticuado, si yo fuese votante tampoco le hubiera dado mi voto ― Comentó rodando los ojos, frustrada ― Ahora no me agrada nada, casi al nivel de Gabriel Agreste ― Añadió.
― Chloé, por favor ― Casi con un suplicio impregnado la llamo.
Y es que, era inevitable que su hija se expresara de aquella manera, era parte de su personalidad, pero de una u otra manera debía aprender a saber que decir y que no decir.
Pero tenía un buen punto, a él tampoco le agradaba mucho Gabriel.
― No me culpes, estaba a la mitad de mi regaño con ese adolescente insensato ― Musitó, cruzando sus brazos.
André sonrió de medio lado, después de todo, le recordaba mucho a Audrey.
― Lo importante aquí es que Adrien está bien, y que tú también ― Comentó, algo más tranquilo al notar el leve tono de sarcasmo impregnado en la voz de ella, ya se encontraba algo más tranquila ― ¿Por qué no llamas a Sabrina? Quizás encuentren algo interesante que hacer ―.
Chloé bufó, rodando los ojos.
― Bien, solo haz que esto termine rápido, no quiero sentirme como Adrienzel durante todo tu tiempo como alcalde ― Y, con una despedida breve de mano, sus pasos se dirigieron hacia la salida mientras tecleaba en su teléfono, probablemente un mensaje a su amiga.
Seguida de aquel que ahora sería uno de los tantos guardaespaldas que se encargarían de protegerla, solamente en lo que aquel pequeño disturbio se cargaba.
Esperaba que así fuera, así como creer en las palabras de su antigua competencia política.
[…]
Escuchó a la perfección el reloj marcando los segundos, eso antes de cerrar sus ojos.
Después de tomar un té que su madre habia preparado para ella para que pudiera conciliar el sueño, pues se atrevió a comentarle de manera vaga que habia tenido sueños raros y que ocupaba conciliar el sueño de una mejor manera.
Lo habia tomado, e incluso habia recordado contar ovejas para caer profundamente dormida y, con suerte, no soñar con aquella situación extraña nuevamente.
Acariciando el suave pelaje de Chat Noir, aquel que si era real, intentó poco a poco caer dormida, sintiendo el suave ronroneo del felino sobre su pecho, otorgándole la tranquilidad que necesitaba.
Y, quizás fueron segundos o minutos los que transcurrieron mientras mantenía sus ojos cerrados, no lo podía describir, pero de un momento a otro sintió como una intensa luz se colaba entre sus parpados, haciéndola fruncir el ceño, molesta.
Quizás la noche habia pasado demasiado rápida, quizás habia quedado en un estado de sueño sumamente profundo en el cual habia sido capaz de percibir aquel cambio repentino, tal como aquella mañana.
Con pesadez abrió los ojos, cubriéndose su rostro con su brazo para evitar el paso de los rayos del sol.
En ese instante, al ver su mano cubierta por aquel traje rojo moteado, la hizo respingar.
Pues, ahí estaba otra vez.
― Esto no puede estar pasando ― Murmuró, para si misma, observando con estupefacción sus manos ― ¿Me estaré volviendo loca? ¿Quizás he visto demaciadas películas de ciencia ficción o fantasia? ― Se preguntó, irguiéndose en lo que parecia ser una especie de cama, algo rigida si le preguntaban.
Su espalda quedo pegada por completo a la pared mientras intentaba retirar aquello que parecia una segunda piel sobre su cuerpo, pero era imposible.
Rasgaba y tiraba, sin tener resultados, más que uno, puesto que comenzaba a infringirse daño de algo manera.
― Hey, tranquila ― Una mano enfundada en un intenso negro se posó sobre la de ella, deteniendo sus movimientos. Con lentitud giro su rostro, encontrándose con quien ella llamaba Chat Noir, quien, parecía preocupado por sus acciones ― Te estás haciendo daño, no se puede quitar aparentemente, intenta guardar la calma ¿De acuerdo? ― La voz de él, a pesar de intentar denotar tranquilidad, era perceptible un poco de titubeo mientras hablaba, intentando encontrar algo coherente que decir, tal como ella.
Parpadeo unos instantes, posando su mirada sobre las manos de él sobre las de ella, agradeciendo su acción.
Él suspiro aliviado al ver como la expresión de Ladybug se relajaba, además de sentirse de alguna manera bien, pues no olvidaba como ella lo habia tranquilizado mientras se encontraban en aquel lago, a lo lejos de las praderas del lugar.
Evitando así que se hundiera en la desesperación.
― ¿Por qué? ― Soltó ella, logrando que de manera instintiva alzara una ceja ― ¿Por qué nuevamente este sueño? ― Aclaró, casi como si se tratara de un susurro.
Chat Noir la observó expectante unos segundos, apretando un poco el agarre que tenía sobre la pequeña mano de ella mientras se sentaba al borde de lo que parecía ser una improvisada cama, examinando sus posibles respuestas.
― No lo sé, es extraño también para mí ― Respondió, admirando con asombro como ella correspondía el contacto de manera suave, además de sorprenderse debido a la sensación que aquello producía; Pues, se sentía bastante real.
Podía incluso sentir un poco de la calidez que ella emanaba.
― Nunca habia tenido sueños tan vividos ― Comentó, girando nuevamente su mirada hacia él ― Esto se siente real ― Él asintió ante sus palabras, aun así, se encontraba confundido gracias a ellas.
Pues, ese era su sueño ¿Cómo algo producto de su imaginación podía tener una aparente conciencia propia? ¿Quizás su mente intentaba jugarle una mala pasada? ¿O los medicamentos que le habían administrado durante su estadía en el hospital tendrían algo que ver?
― Yo nunca habia recordado un sueño tan bien hasta ahora ― Se atrevió a comentar, encogiendo sus hombros ― Usualmente se borraban a medida que el dia avanzaba, o simplemente no podía recordar nada ― Hizo una pausa, cruzando su mirada con la de ella ― Pero, estos últimos sueños lo he recordado todo, incluso esto ― Señalo sus manos entrelazadas, con algo de estupefacción palpada en el rostro.
Iba a agregar algo más, como por qué él decía aquello, como podía asegurar que él también soñaba, cuando para ella era claro que todo aquello sucedía en su mente. Pero no pudo, puesto que la puerta corrediza que se encontraba a unos metros de ellos se abrió de pronto.
Reconoció a la perfección la figura que ahora aparecía ante ellos, y ese simple hecho le hizo pensar en el comentario de Chat Noir, pues, en efecto, también recordaba cosas que en otros casos hubiese sido imposible; Como el nombre de ella, Mistontli.
― Ustedes tardan más en darse cuenta de las cosas que un gusano arrastrándose por la tierra ― Soltó, pasando su mano por todo su rostro, negando levemente exasperada ― No están soñando, pequeños, esto es ¿Cómo lo puedo explicar para que dos niños entiendan? ― Se preguntó a sí misma, moviendo su pie de manera frenética, cruzándose de brazos ― Quetzalcóatl, dame paciencia ― Suplicó al aire, levantando sus brazos en señal de desesperación.
― ¿Que qué? ― La ceja alzada de Chat Noir detonaba curiosidad por las palabras de la mujer, quien, desde su punto de vista, los observaba entre divertida y algo frustrada.
― Que esto no es un sueño como tal, esto es ― Hizo una pausa, abriendo sus brazos para mostrar a su alrededor ― Real, en cierta forma. Su forma física quizás no estará aquí, pero su alma sí ― Acotó con firmeza.
Estaba siendo directa, quizás más de lo que debería serlo, pero por experiencia personal sabia que las cosas les resultarían más fácil si lo entendían de manera rápida y no cuestionaban la realidad de aquello. Les quitaría muchas complicaciones, aunque fuese difícil de creerlo.
No pudo evitar acariciar el marco de la puerta corrediza, expectante a lo que alguno de los dos pudieran decir, pero de sus bocas no salía palabra alguna y simplemente se dedicaban a observarla, quizás meditando lo que ella habia dicho o quizás tomándola como una simple alucinación.
Pero ella real.
Quizás sin cuerpo físico del lugar de donde provenia, y sin estar atada al tiempo como en el pasado, pero eso no quitaba que fuese real ahí, donde el mundo físico se conectaba con todo lo espiritual.
― No puede ser posible eso ― Titubeo un poco, apretando levemente el agarre que tenía con Chat Noir, infundiéndose confianza a si misma ― Eso es como un viaje astral, mitos que son plasmados en películas y cuentos. Quizás es eso, quizás es porque recientemente vi La noche del demonio ― Las palabras salían de su boca como si de un vomito verbal se tratara, pues no podía controlarse.
― ¿Y entonces por que estas aquí, si son mitos? ― Pregunto Mistontli, esbozando una sonrisa al notar como las facciones de aquel al que Plagg habia elegido, pues parecía meditar las cosas.
Era poco usual que Plagg eligiera a alguien medianamente sensato, pero tampoco era algo que le sorprendía por completo. Después de todo, atravesar el umbral de la muerte puede cambiar a las personas.
Más cuando ellos apenas eran unos niños.
― Si es así ¿Por qué aquí? ¿Por qué, bueno, nosotros? ― Pregunto, dudativo, pues realmente no sabía si referirse a ambos con un nosotros, pues no tenía certeza alguna de que aquello fuese real.
― La última vez que estuvieron aquí, les dieron la respuesta, una que no les gusto a ambos si mal no recuerdo ― Musitó, intentando tranquilizarse a sí misma. En definitiva la parte de la negación era difícil.
Aunque, si se ponía a pensarlo, ella misma habia actuado mucho peor.
― No puedo estar muerta, hoy estuve con mi familia, hoy salí del hospital ― Sentenció, sintiendo por primera vez dentro de ella, una extraña seguridad que no sabía de donde habia sacado. Moviéndose con delicadeza, logro hacer a Chat Noir a un lado para poder colocarse de pie, caminando varios pasos hasta quedar frente a ella ― No lo estoy ―.
Él abrió su boca debido a la impresión debido a las palabras de ella. Sintiéndose confundido.
― No lo estas, ya no, y quizás sea duro porque ustedes dos son apenas unos niños, pero si están aquí es porque tienen un deber y una responsabilidad, así como yo en mi tiempo lo tuve ― Comentó, aligerando su ceño hasta ahora fruncido, pues al notar el tinte de desesperación en sus palabras, se vio reflejada aunque sea un poco ― Quizás no sea la indicada para explicarles todo esto ― Y de eso podía estar segura.
Ella era más impulsiva, directa y concisa con lo que quería decir. Quizás sin fijarse mucho en el sentir de ambos niños.
Se preguntaba por qué Fu los habia elegido a ellos para ser los guías de aquellos niños, ¿Por qué no Apolita con Heracles? Ellos eran, por mucho, de los más sensatos.
Sintió un vacío enorme cuando vio a Mistontli comenzar a caminar afuera de la pequeña habitación, pues a pesar de que de alguna forma sus preguntas estaban siendo contestadas, no eran las respuestas que quería obtener de su supuesta mente.
Se preguntó si estaba bien, si habia sido correcto dejar el hospital.
Pronto sintió como sus pies se comenzaron a mover solos, siguiendo el camino que ella habia recorrido, intentando alcanzarla, mientras su respiración se aceleraba, nerviosa. Escuchó los pasos de Chat Noir tras ella, llamándola, pero no respondió, solo siguió su camino.
Aquello era como uno de los tantos sueños que habia experimentado tener conciencia de que lo era, solo que habia dos grandes diferencias entre lo que ocurría ahora a lo que pudo vivir en el pasado: Ella no tenía el control, y parecía volver al mismo punto pero con diferentes sucesos.
No era un sueño recurrente que podía catalogar como normal.
Pero tampoco podía estar segura de la realidad del asunto.
Observó como a lo lejos pasaba el umbral de una puerta de la cual podía distinguir un poco del paisaje fuera de aquel lugar al igual que los rayos del sol.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo sentir la brisa del viento chocar con su rostro, haciéndole llegar aquel aroma inconfundible de pasto recién mojado, cosa que le hizo detenerse, pues como todo en aquel lugar, se sentía real.
― Tanto que puede dar miedo ― Cuando atravesó la puerta, pudo distinguir a Mistontli recargada de espaldas a ella sobre un barandal, observando a la nada. Pero, aquella voz no le pertenecía a ella.
Si no más bien al hombre que se encontraba a un costado.
― Me refiero a que, todo se siente tan real que puede dar miedo ¿No? ― Ladybug asintió de forma inmediata, y de cierta manera tenía razón ― Pase por eso también, después de un tiempo te acostumbraras, solo debes tener tu mente abierta ― Añadió con palabras pausadas.
Su tono de voz calmado de alguna manera logro relajar el cuerpo de ella, sintiéndose capaz por fin de respirar con tranquilidad, inundando sus pulmones de aquella suave brisa.
Notó la similitud que tenía su vestimenta con la de Mistontli, como si ambos fueran del mismo tiempo y del mismo lugar, quizás algo lejano a todo lo que ella conocía.
Pero, también pudo notar una similitud con ella; El color rojo y las motas era algo que predominaba en él, al igual que en ella misma. Como si fueran una versión diferente de lo mismo.
― Esto es tan real como la vida que llevan al abrir los ojos, e incluso me atrevería a decir que un poco más ― La voz de él se habia tornado seria, dirigiendo sus ojos hacia el joven que se habia posicionado a un lado de ella, quien le observaba anonadado ― Tienen un deber más grande que su propia vida, así como yo lo tuve en su momento, junto con Mistontli ― Hizo una pausa, caminando hasta donde ambos se encontraban ― Aquí es donde se prepararan para lo que vendrá en el futuro ―.
― ¿Cómo puedo creer en ello? ¿Cómo puedo asegurarme que simplemente no es algo creado por mi mente? ― Se atrevió a preguntar él con voz queda.
No tenía la experiencia suficiente en la vida como para negar palabras así, al igual que no tenía suficiente experiencia en ello para creerlo sin dudarlo.
― Con el paso del tiempo aquí lo entenderán, ambos ― Pasó su mano por su nuca, sintiendo un poco de nerviosismo, pues de cierta manera le era difícil saber que algo así recaía en prácticamente dos niños ― Solo les pido que, intenten creer ―.
Era difícil hacer una petición así, cuando el al principio tampoco creyó las palabras que el mismo recitaba ahora como si de un mantra se tratara.
Aquello no era un sueño aleatorio o recurrente, era algo mucho más complejo.
Donde dos almas que habían ganado una nueva vida llegaban para prepararse para el futuro. Por qué esa vida no era un regalo, aquello era una responsabilidad enorme.
Y, tanto él como Mistontli, esperaban que ambos lo aceptaran, pues no habia vuelta atrás.
Una mariposa se habia comenzado a oscurecer, y no sabían en cuanto tiempo estaría por completo hundida en la oscuridad.
Y ellos habían muerto durante ese periodo, siendo elegidos por Tikki y Plagg para remediar aquello.
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Bien, nuevo capitulo con un poco de interaccion de Chloé con su Padre André, quien gano recientemente las elecciones de alcalde. Chloé necesita algunas lecciones de política y que le digan que es legal y que no xD
Algunas respuestas, otro sueño, un nuevo personaje ¿Adivinan quien es? Pues ¡Mikasoyolin! Inspirado en el personaje creado por Ferisae y Thomas Astruc.
No tengo mucho que comentar, pues ya me voy a la uni ¿alguna teoría que tengan? ¡Me encantaría leerlas!
Por cierto ¡Muchas gracias por su apoyo! Cada comentario y cada estrellita me hacen verdaderamente feliz ¡Muchas gracias!
Ah, y debo anunciar algo. Aquí acaba el arco uno… uvu
