Los personajes le pertenecen a J.K. Rowling y la historia a Belle Aurora que se llama About Last Night, yo solo juego con ambos por entretenimiento, no pretendo violar ningún derecho de autor ni nada parecido. Espero que la disfruten
Capitulo 4
Hermione
—Sé que sólo has estado aquí unos cuantos días, dulzura, ¿pero te mataría visitarnos más a menudo? —preguntó mi madre de esa forma inducidora de culpa que solo una madre podía lograr.
—Aún no tengo un auto, mamá. Prometo visitarte cuatro... no, dos veces a la semana cuando consiga uno —digo mientras toco su hombro en un gesto pacificador.
Nos movemos alrededor de la otra en la cocina de una forma muy cómoda. Mientras ella hace sándwiches, abro la despensa y pesco una bolsa de papas fritas. Al momento en que lo hago, pensé en Draco. Así que ahí me paré, mirando algunas papas fritas, sonriendo como idiota. Sacudiendo mi cabeza para aclararla, saqué el jugo del refrigerador y lo puse en la barra.
Mamá besó mi mejilla cuando pasaba junto a mí.
—Bueno, me alegra que estés en casa, Hermione. Te extrañé.
Entonces en serio sentí culpa.
Mi madre era una mujer dulce, amable y temerosa de Dios, que iba a la iglesia una vez durante la semana además de los domingos. Pero algunas veces, era demasiado. Prefería permanecer libre de drama y, no sorprendentemente, mi tiempo en la universidad y lejos de mamá fue perfectamente carente de emociones.
Su drama usualmente venía en forma de ser demasiado maternal, demasiado necesitada, y tratar de reunirme con cada hombre que le parecía lo suficientemente bueno. Hasta este día, aún tenía que atender cada cita que mi madre había organizado, y aún persistía. Como sea, hubo una vez que llegué a casa de la universidad para encontrar un lugar más en la mesa.
Pobre Marty. Pasé la tarde disculpándome con él con mis ojos. No hay necesidad de decir, que nunca lo vi de nuevo.
Nos sentamos a la mesa, y a medida que mi madre servía los sándwiches, abrí la bolsa de papas fritas. Mamá sirvió nuestras bebidas y comenzamos a comer. Ella me observó cuidadosamente con su visión de halcón.
—¿Has perdido más peso?
Masticando lentamente, asentí.
Ella suspiró.
—No creo que eso sea saludable Hermione.
Luché para no poner los ojos en blanco. Esta era una de esas veces dominantes.
—Comencé a perder peso porque el doctor me dijo que había comenzado a desarrollar apnea del sueño, mamá. Esa es una condición muy peligrosa causada por tener sobrepeso. Él me dijo cuánto necesitaba perder, y aún no he alcanzado mi objetivo. —Ella se quedó quieta, así que le reaseguré—: Estoy más sana que nunca. Y me siento bien.
Ella casi hizo pucheros.
—Pensaba que lucías muy dulce cuando eras rellenita.
Entonces puse los ojos en blanco.
—No era rellenita mamá, estaba gorda.
La puerta delantera se abrió.
—¿Mamá?
Harry estaba aquí. Le agradecí a Dios en silencio por ayudarme a compartir la sobrecarga-de-madre, juego de palabras a propósito.
Mamá se levantó y gritó:
—Estamos en la cocina, cariño. Ven a sentarte. Te prepararé algo de almorzar.
Harry pasó por la puerta usando su uniforme de básquetbol. Me vio y se lanzó hasta mí, robando la otra mitad de mi sándwich y comiéndose la mitad de una mordida.
Cuidé la mitad en mis manos comiéndomela rápido y reclamando:
—¡Oye!
Harry me hizo gestos. Lanzando la última parte en su boca, de algún modo murmuró:
—Vamos, Mione. Estoy tan hambriento. —Entendí lo que dijo, incluso aunque sonó como "Vmos, m'e. stoy an hambriento".
Tomando una gran mordida de mi sándwich, Harry fue a robar lo restante, pero golpeé su mano. Él se dio la vuelta hacia mamá.
—Mamá, Hermione me pegó.
Sin levantar la mirada del sándwich que estaba haciendo, mamá murmuró distraídamente:
—Hermione, sé amable con tu hermano.
Él extendió su mano hacia mi sándwich. Tomé la bolsa de papas fritas de la mesa y se la lancé. Era un monstruo cuando estaba hambriento.
Tomando un puñado de papas, las lanzó en su boca, gimiendo y masticando.
Mi teléfono vibró en la mesa. Lo revisé discretamente.
Draco: ¿Qué es lo que pasa con "salud"? Quiero decir, una persona estornuda y tú dices "salud". ¿Incluso tenemos ese tipo de autoridad?
Bufé una risa, ahogándome con mi sándwich. Tosiendo hasta que mis ojos se llenaron de lágrimas, sorbí mi jugo, ignorando la pieza de pan atorada en mi cavidad nasal, y respondí.
Yo: Ese es un buen punto. La próxima vez que escuche a alguien decir "salud" voy pedirle sus credenciales divinas.
Antes de bajar mi teléfono, obtuve una respuesta.
Draco: Lo sé ¿verdad? ¿Lo ves? Sabía que lo entenderías.
En ese mismo momento, mi madre estornudó. Mi hermano dijo "Salud". Y sin perder un segundo, me di la vuelta hacia él y declaré:
—Voy a necesitar ver tus credenciales. —Entonces comencé a reír.
Mamá puso otro sándwich frente a mí y dos frente a mi hermano, y se sentó para seguir comiendo.
—¿Cómo estuvo el trabajo, cariño?
Harry se encogió de hombros.
—Trabajo es trabajo, mamá. Me pagan poco y trabajo mucho. Es tan bueno como puede ser.
Harry trabajaba como cantinero en uno de los bares locales, Wild Fire.
No era solo un bar; pero tampoco era un club; era algo en medio, donde podías ir por una cerveza, una copa de vino o un coctel; e incluso podías ordenar algo de comer. Lo hacían todo. Harry trabajaba casi hasta la madrugada la mayoría de los días y dormía casi todo el día. El muy bastardo suertudo.
También probablemente ayudaba que Harry amaba a las mujeres.
Cada vez que me enviaba fotos mientras estaba en la universidad, había una nueva, más joven, más hermosa versión de la última chica sentada en su regazo. Era obvio que esas mujeres no eran nada más que un poco de diversión. Sabía eso, porque si hubieran sido algo más, Harry hubiera querido que las conociéramos, que las aprobáramos. Conocía bien a mi hermano, y no quería establecerse. Aún no de cualquier modo.
El teléfono de Harry sonó y, aun comiendo, lo sacó de su bolsillo y lo revisó. Respondió rápidamente y entonces anunció:
—Draco viene para acá.
Ya habiendo terminado su sándwich, mamá se levantó, besando la cabeza de Harry mientras pasaba.
—Por supuesto. Voy a hacerle algo de comer. Ustedes son inútiles para alimentarse por su cuenta.
Mi cara había palidecido. ¿Draco venía para acá? Traté de actuar normal, pero mi corazón estaba saliéndose de mi pecho.
—¿Él viene para acá? ¿Cuándo? ¿Y por qué?
Harry se recargó en su silla, palmeando su estómago lleno.
—Sí, algunas veces nos encontramos aquí y vamos a jugar un poco a la pelota. Dijo que estaba a diez minutos.
Mierda. Oh, Dios. Mierda.
Me levanté tan rápido que mi silla casi se cae para atrás.
—Diablos, ¿esa es la hora? Olvidé que tengo u-u-una... cosa. Tengo que irme. —Caminando hacia adelante, besé a mi madre en la mejilla y golpeé a mi hermano en la cabeza.
Harry me frunció el ceño a medida que mamá gritaba:
—¡Espera! ¿Cómo vas a llegar a casa?
Abriendo la puerta delantera, grité—: ¡Autobús! —Y entonces me había ido.
Mierda.
Eso estuvo cerca.
Me tomó dos autobuses y una larga caminata llegar a casa, y cuando finalmente lo hice, estaba exhausta. Abrí mi apartamento y entonces revisé mi celular. Había un mensaje esperando.
Harry: ¿Qué está pasando contigo? Estuviste tan rara hoy.
Incluso más de lo normal.
Cerrando la puerta detrás de mí, respondí con una sonrisa.
Yo: Tengo mi periodo.
Mi teléfono sonó y reí mientras leía la respuesta.
Harry: Esta conversación nunca pasó.
Suponía que esa era la versión en mensaje de taparte los oídos y gritar:
"¡La-la-la-la-la!"
Eso le enseñará.
Mi tarde pasó rápidamente. Hablé con mi única amiga de la universidad, Luna, una especialista en periodismo que actualmente estaba trabajando para una estación local de noticias en Chicago. Nuestra conversación básica fue así:
—Trabajar es difícil. Vivir es difícil. Crecer apesta. Quiero dinero.
A decir verdad, era lindo escuchar que no todo era color de rosa para Luna. Me sentí normal al estar insatisfecha con mi vida actual. No podía esperar para comenzar a trabajar. Culpaba mi decadente actitud al hecho de que había estado fuera de la universidad por un rato, y venir a casa significó dejar mi trabajo como barista, así que no tenía nada para ocupar mi tiempo.
Simplemente, estaba aburrida.
Tomé mi laptop y abrí el correo electrónico de Remus Lupin de Dora Inc. Él había enlistado unos cuantos negocios con los que sería mejor familiarizarme, así que eso es lo que hice.
Era asombroso lo que podías encontrar en línea. No sólo fui capaz de encontrar lo básico de cada una de las compañías y con quién hablar, sino también qué tal estaban en popularidad y cuál era su tendencia actual.
Antes de saberlo, ya eran las once de la noche. Quitándome la ropa y poniéndome mi camiseta para dormir, trepé a la cama y alcancé mi teléfono.
Yo: ¿Por qué siento como si estuviera completamente vulnerable a los monstruos de la habitación con solo un pie fuera de las cobijas?
Ahora, lanza una sábana encima de dicho pie, y voilà... ¡Soy invencible!
No esperé una respuesta. No pude. Me quedé dormida un minuto después de presionar enviar.
...-...-...-...
Draco
Astoria no era una clienta tolerante. Quería las cosas a su manera o nada. Y como me ha recordado muchas veces, el cliente siempre tiene la razón. Pero no esta vez.
Ella hizo una cita quincenal y había estado viéndome durante más de tres años. Me gustaba Astoria, pero era obstinada. Esta noche no era la excepción.
El largo cabello de Astoria corría por su espalda desnuda mientras se sentaba a horcajadas sobre mí.
—Vamos, Quinn. Déjame atarte. —Sus oscuros ojos brillaron con lujuria.
Negué con la cabeza, sosteniendo sus caderas.
—Conoces las reglas, Tori.
Ella protestó:
—Nos conocemos desde hace tanto tiempo. Uno pensaría que a estas alturas ya confiarías en m... —Su argumento murió en sus labios entreabiertos cuando me enterré dentro de ella, haciéndola gemir y caer inerte encima de mí.
Sabía que no debía dejar que una clienta me ate. Las experiencias anteriores de otros acompañantes han sido retransmitidas en el tiempo y hemos aprendido de sus errores. Aunque, el rollo de "déjame que te ate" era nuevo para Astoria. ¿Me sorprendía? No. ¿Por qué no me sorprende? Debido a que hace tres citas, Astoria me pidió que la folle sin nada. Obviamente, me negué, y a ella le dio vergüenza. Había creído francamente que se lo permitiría.
No juego con mi vida de esa manera, o de cualquier otra. Ella juró que estaba limpia y con la píldora. Ella sabía que yo estaba limpio, porque MPT tiene un proceso de revisión mensual. Incluso si estuviera tentado, no lo habría hecho. Las píldoras no eran definitivas, y yo no quería un hijo con Astoria. Era así de simple.
Ella clavó las uñas en mis hombros a medida que se enderezaba, luego hizo un puchero.
—Pero lo quiero. Tanto.
Odié ese puchero. No porque me hiciera sentir mal, sino porque era una táctica de manipulación en toda su insípida gloria. Disparó mi enojo. Soltando su cintura, extendí la mano y agarré sus muñecas apretadamente, quitando sus manos de mis hombros.
—Astoria, si has tenido suficiente de mí, te sugiero que pases a otra persona. Hay un par de tipos que conozco que te gustarán. Tal vez Marcus o Cameron.
Se enderezó y parpadeó hacia mí, y supe que la había sorprendido.
Cada vez que ella jugaba estos juegos, siempre había hecho todo lo posible para calmarla y asegurarme que reservara de nuevo conmigo. Algo había cambiado en mí. Ya no quería hacer frente a esto.
La cara anonadada de Astoria sostuvo mi mirada. Susurró un frágil sonido.
—No quiero a nadie más, Quinn.
Tomando sus manos en las mías, las sostuve antes de llevarlas a la boca, besando sus nudillos.
—Entonces, por favor, deja de solicitar cosas que no puedo proporcionar. Me hace sentir inadecuado. Como si fuera incapaz de complacerte.
Esta era una mentira apestosa. Me sentía adecuado en todos los sentidos, y sabía que podía complacer a Astoria con ambos brazos atados a la espalda. Sólo tenía que difundir la situación.
Astoria sonrió, pequeña y tímida, entonces me tocó la mejilla.
—Siempre me complaces, Quinn. Lamento haberte hecho sentir de esa manera.
Me estiré a la mesa de noche, tomé un paquete de papel de aluminio y lo abrí con los dientes, luego sonreí.
—¿Vamos a besarnos y a hacerlo?
Astoria se deslizó hacia atrás, tomó el condón de mi mano, y lo hizo rodar sobre mí. Su camisola de encaje negro se sintió muy bien contra la piel de mis muslos. Agarré sus caderas y la atraje hacia delante, justo donde la necesitaba. La cabeza de mi polla empujó su entrada mojada. Jugué con ella, meciéndome en su contra, en lugar de entrar en ella.
Con las mejillas encendidas, Astoria soltó un maullido suave. Estaba cerca de llegar. Había visto esa expresión soñadora muchas veces antes.
El tirante del hombro cayó por su brazo, dejando al descubierto su pecho. Ese brote oscuro estaba pidiendo ser succionado. En un rápido movimiento, levanté a Astoria y entonces me enterré en ella. Cuando ella gemía, gruñí. Ya había comenzado a contraerse alrededor de mí; se sentía tan condenadamente apretada.
Inclinándome, tomé su pezón en mi boca y chupé. Ella levantó la cabeza y gimió. Con cada pellizco y succión, apretó más y más fuerte hasta que finalmente se vino, agarrando mis hombros, su cuerpo temblando.
Nunca antes había hecho lo que iba a hacer, y no estaba seguro de por qué sentí la necesidad de hacerlo. Cuando Astoria se desplomó contra mí, envolví mis brazos alrededor de ella, la abracé con fuerza, y luego gemí, bombeando mi polla en su coño resbaladizo. Me quedé inmóvil, jadeando antes de colocar suavemente a Astoria en la cama y caminar al baño.
Mi reflejo se parecía a mí, pero no me sentía como yo.
Negué con la cabeza, me quité el condón, y lo miré un momento antes de colocarlo en la basura. Arrojé agua en mi cara y pasé las manos por mi cabello en un intento de domarlo. Apoyando las manos sobre el tocador, me miré en el espejo.
Acababa de fingir mi orgasmo.
Llegué a casa antes de lo previsto y no podía esperar a meterme en mi cama. El silencio de mi apartamento era acogedor. Puse mis cosas en el mostrador y luego entré al cuarto de baño para ducharme. Lavado y secado en minutos, me dirigí al mostrador, tomé mi teléfono, y lo volví a encender.
Inmediatamente llegó un texto.
Mía: ¿Por qué siento como si estuviera completamente vulnerable a los monstruos de la habitación con solo un pie fuera de las cobijas? Ahora, lanza una sábana encima de dicho pie, y voilà... ¡Soy invencible!
Sonriendo, me dirigí a mi habitación, y subí a mi cama. El mensaje había sido enviado hace una hora. Mía probablemente estaba dormida. No tenía que devolverle el mensaje, pero quería.
Yo: Por la misma razón por la que siento que voy a ser absorbido por el desagüe en mi bañera. Dios no quiera que mi dedo desnudo toque el desagüe. Sin embargo, coloco un patito de goma en la parte superior de dicho desagüe, y voilà... ¡Estoy a salvo!
Me dormí y soñé con salvar a Mía de los monstruos imaginarios en su dormitorio.
A la mañana siguiente, me desperté con solo un texto.
Mía: ¿Tienes un patito de goma?
...-...-...-...-...
Hermione
La idea de Draco en una bañera me había calentado. Estaba celosa de un patito de goma. Claramente, estaba enloqueciendo.
Me había despertado al romper el alba, y normalmente, eso me habría puesto de mal humor, pero se sintió como una señal. Me estaba volviendo descuidada con mi rutina de ejercicios. Esta era la oportunidad perfecta para arreglar eso. Me vestí rápidamente en pantalones para correr y una camiseta floja. Me deslicé en mis zapatos, tomé mi reproductor MP3 y teléfono, y entonces salí.
Aunque nunca había vivido en el suburbio en el que vivía actualmente, conocía bien mi ciudad. Había crecido aquí. Y con mamá siendo una madre soltera trabajadora, aprendí a moverme en transporte público.
Abordé un autobús justo en la esquina, pagué cinco dólares por un pase del día, y seguí mi camino. Cuando llegué a mi destino, salí del autobús, miré a la distancia, y sonreí.
La playa.
No había estado en la playa por cerca de cinco años. Era mi lugar favorito para ir a relajarme, y era hasta ahora que me sentí bienvenida.
Cuando eras una mujer grande, la playa no era un lugar muy permisivo.
Sentías los ojos de extraños apuntados en ti. No te sentías como si pertenecieras. Por supuesto, era probablemente todo parte de tu imaginación, pero aun así no se sentía bien.
La verdad era que ya no odiaba mi cuerpo. Seguro, no era exactamente delgada, y aún tenía curvas, pero estaba cómoda con mi cuerpo.
Caminando por el sendero, me encontré en la arena y mentalmente me preparé para un ejercicio difícil. Corrí en la arena hasta que mi corazón estaba acelerado y me detuve, trotando por un minuto. Hice esto una y otra vez, trabajando en intervalos hasta que mis piernas se sentían como gelatina y quería vomitar. No había puntos medios con un ejercicio como este. Era ir duro o ir a casa. Así que fui duro.
A medida que casi tropezaba de regreso al sendero, bebí de la fuente de agua y después me senté en un banco, aún jadeando. Me senté hasta que mi ritmo cardíaco desaceleró y pensé en Draco. Y como si escuchara mis pensamientos, mi teléfono sonó.
Draco: Por supuesto que tengo un patito de goma. No me digas que tú no. Eso podría ser un punto de ruptura para mí.
Levanté mi cabeza y bufé una carcajada hacia el cielo.
Yo: No tengo un patito de goma. Lo sé. Estoy avergonzada. ¿Cuenta un tapete anti-deslizamiento de patitos?
Su respuesta fue inmediata y casi lo escuché burlarse.
Draco: ¡No, no cuenta! Está bien. Sólo voy a tener que conseguirte uno.
Sonreí tan grande como la tonta que era.
Yo: No tienes que hacer eso, Quinn.
Me senté de nuevo en el banco y cerré los ojos, tratando en vano de alejar el cálido sentimiento creciendo en mi pecho, parcialmente sorprendiéndome. Mi teléfono sonó.
Draco: Sí, lo hago.
Mierda. Faltaban nueve días para el domingo. Aún estaba en cuenta regresiva.
Tenía una cita con un gigoló, y no podía esperar.
Llegué a casa de la playa a tiempo para atrapar a Bill y Terry saliendo de su apartamento. Tan pronto como me vieron, ambos sonrieron de oreja a oreja.
Terry llego a mí primero, besando mi mejilla.
—¡Hermione, dulzura, justo estábamos hablando de ti! Queríamos invitarte a venir esta noche a cenar, pero ninguno de nosotros tiene tu número.
Bill tomó mi mano y besó mis nudillos.
—Y antes de que nos rechaces, Terry va a cocinar su famoso pato borracho a la naranja. Y es asombroso.
—Con crème brulee de postre —agregó Terry en una voz cantarina.
Oh, demonios. Amaba el maldito crème brulee. No estaba a punto de decirle que no a ese menú. ¡Ni que estuviera loca! Sonreí.
—¿Quieren que lleve algo?
Terry lució instantáneamente horrorizado por la idea y golpeó mi brazo para dejármelo saber.
—¡No! Eres la invitada, Hermione.
—Estaré ahí. ¿A qué hora?
Terry ya había arrastrado a Bill por el pasillo. Y gritó—: A las ocho en punto. —Con un saludo hacia atrás. Bill sonrió y se encogió de hombros.
Supongo que estaba acostumbrado a eso.
Negué con la cabeza ante el huracán que era Terry, luego desbloqueé mi apartamento, dejé mis cosas en la cama y me duché. Canté con sentimiento en esa ducha con mi propia mezcla especial de las Spice-girls, aún parcialmente molesta con Ginger por dejar el grupo. Cuando canté tan fuerte que estaba segura que debería ser la sexta miembro de la banda, cerré el agua y me sequé perezosamente, dejando mi toalla en el piso.
La ventana de mi habitación estaba abierta, así que corrí desnuda a las cortinas y las cerré antes de acostarme desnuda en mi cama como mi propia forma de meditación. Había algo poderoso en cuanto a estar desnuda.
En mi defectuosa gloria, estaba cómoda. Y eso me hizo feliz. Feliz era todo lo que siempre quise ser, y por primera vez, en verdad lo era.
La luz azul en mi celular estaba parpadeando. Lo levanté con el ceño fruncido para encontrar tres nuevos mensajes. Los leí con los ojos abiertos como platos y confundidos.
Draco: ¿Rosa, azul o amarillo?
Draco: ... para el patito de goma. Claro está.
Draco: No importa, los tengo todos. No me gusta la idea de que solo tengas uno. Ellos necesitan compañía.
Estallé en carcajadas que sacudieron todo mi cuerpo. Estaba bufando un poco, y eso no me importó en absoluto.
Yo: Buena idea. He escuchado historias de patitos de goma deprimidos ahogándose a propósito en su estado maniático. Si tan solo esos patitos tuvieran un pato camarada para platicar. Trágico.
Antes de incluso bajar mi teléfono, sonó en mi mano.
Draco: Oh, te burlas ahora, pero apuesto mi pato a que los amarás.
Mis dedos teclearon exactamente la respuesta que estaba pensando.
Yo: Quack.
No estaba esperando la respuesta que obtuve.
Draco: Así que... ¿puedo llamarte?
Me senté rápidamente. Parpadeé hacia el mensaje y entonces tragué fuerte. No. No estaba lista para esto. Mis dedos teclearon lentamente, cuidadosamente. Golpeé enviar y cerré los ojos.
Yo: ... Está bien.
El teléfono comenzó a sonar casi instantáneamente, y entré en pánico.
Lo miré mientras sonaba, y lo dejé hasta que se detuvo.
Mierda.
Draco: Está bien, entiendo. Dijiste que podía llamar. No dijiste que responderías. Pequeña gatita inteligente.
Mi corazón estaba corriendo, mi piel estaba ruborizada, y tenía que reponerme. ¿Iba a perder mi virginidad con este hombre y ni siquiera podía hablar con él? Señor, era patética.
Yo: Si llamas de nuevo, voy a responder. Palabra de exploradora.
Mi teléfono sonó una vez más; esta vez contesté al momento. Mi voz sonó suave. Demasiado suave.
—¿Hola?
Escuché la sonrisa a través de esa profunda voz masculina.
—¿Mía?
Mis ojos se cerraron por voluntad propia y me esforcé a subir el tono de mi voz.
—Hola, Quinn.
Él rió entre dientes en voz baja y ronca, y la sentí como una caricia por todo mi cuerpo.
—Hola tú. ¿Por qué no contestaste el teléfono? No me dejarás verte antes de nuestra cita, así que lo menos que puedes hacer es hablar conmigo.
Un rubor alcanzó mis mejillas. Él no estaba regañando. Sólo estaba bromeando, pero aun así me sentí como una adolescente quinceañera hablando con el quarterback de la secundaria. Golpeé mi frente y gemí.
—Ugh, lo sé. Lo siento. Me comporto extraño alrededor de los hombres. Entré en pánico.
La diversión iluminando su voz desapareció y fue remplazada por una pizca de preocupación.
—Cuéntame de eso. ¿Tuviste una mala experiencia con un hombre? ¿Alguien te lastimó?
Su voz era tan gentil y llena de cuidado que me encontré sonriendo suavemente.
—No, nada como eso. Es como algo que siempre me ha pasado. Los hombres trataban de hablarme, y a media conversación, me alejaba porque no podía responder. Es como tener una especie de bloqueo de cerebro.
Él rió entonces, y sonreí duro. Me dijo:
—Puedo entender eso. He tenido bloqueo de cerebro una o dos veces. —Se detuvo un momento, y entonces preguntó cuidadosamente—: ¿Cómo te sientes hablándome?
Fue mi turno para detenerme. Levanté la cabeza pensando antes de responder a través de un suspiro.
—Esto probablemente va a sonar raro, y me disculpo anticipadamente por eso, pero en cierto modo siento que estoy hablando con un amigo.
Su respuesta fue sincera.
—Somos amigos. Al menos, me gustaría que seamos amigos. ¿Tienes espacio para uno más?
Sonriendo tanto que mis mejillas se sentían como si estuvieran a punto de rasgarse, respondí gentilmente:
—Siempre tengo espacio para otro amigo.
Su voz se había suavizado.
—Yo también, Mía. Yo también. —Entonces su voz se volvió ronca—. ¿Podrías hacer algo por mí, Mía?
Parpadeé ante el repentino cambio de tema, y tartamudeé:
—Uh, se-se-seguro.
La diversión llenó su voz.
—Cloquea para mí, nena.
Hola hola! Hay alguien ahí? se que estuve desaparecida pero la época de parciales vuelve a acercarse en el horizonte, tenganme paciencia, no voy a abandonar ninguna de las dos historias.
Hermione no tolera a su madre jajajaj pobre señora! Bueno en este capi todavía no se ve mucha interacción dramione, es más creo que a parte de los sms les quedan vario capítulos antes de ver algo de ellos juntos, pero les juro que realmente va a valer la pena, promesa.
Cuéntenme que opinan de todo esto en los comentarios y escucho- o leo- hipótesis sobre lo que pasará jajajaj
Gracias por leer y comentar! Y pásense a leer la otra historia, en unos días subo el capitulo final :o
Besos, Isa
