Los personajes le pertenecen a J.K. Rowling y la historia a Belle Aurora que se llama About Last Night, yo solo juego con ambos por entretenimiento, no pretendo violar ningún derecho de autor ni nada parecido. Espero que la disfruten


Capitulo 7

Hermione

Mi día pasó relativamente rápido. No podía que creer que Ella, Pip y yo nos las habíamos arreglado para organizar un evento de caridad de arriba abajo en solo dos días, pero esa era la razón por la que trabajábamos para Thonks Ltd. Éramos buenos.

Después de mi reunión con Remus a primera hora en la mañana, fui llamada a la oficina por Nimphadora. Me sorprendió y detesté mucho que ella siguiera usando el apellido de su ex marido. Pero bueno, eso no era de mi incumbencia.

La impresionante mujer había estado mirando por la ventana cuando toqué la puerta. Entonces se giró y mi corazón comenzó a acelerarse. No se veía feliz.

—Hermione. Siéntate, por favor. —Añadió las palabras por favor, pero no creo que quisiera decirlas.

No me atreví a hablar. La mujer era fiera. Una imagen mental de Nimphadora en una armadura femenina de vikingo, sosteniendo una espada y gritando mientras derribaba a un hombre de una sola tajada de su arma cruzó por mi mente, con su cabello trenzado a sus lados, y su siempre presente ceño fruncido.

El hombre que derribaba era Remus.

Tragué fuerte.

—¿He hecho algo mal?

Oh, Dios. Sonaba débil. Y como un oso, ella olió el miedo en mí. Sabía esto, porque sonrió gatunamente.

—No lo sé. ¿Lo has hecho?

Mi cabeza se inclinó pensando a medida que el día anterior pasaba por mi mente en repetición rápida.

—No.

Ella pasó una mano delicadamente por la parte frontal de su vestido negro, alisándolo.

—Primero, quiero que darte la bienvenida al equipo.

La cosa correcta para decir parecía ser "Gracias", así que lo hice. Pero añadí:

—Estoy feliz de estar aquí.

Su sonrisa cayó de su cara y me miró de arriba abajo como si dijera: "deberías estarlo". En lugar de decir eso, murmuró un frío:

—Vi que tuviste la desgracia de conocer al señor Lupin. No me disculparé por su comportamiento, porque no soy su madre, pero deberías estar agradecida de saber que él normalmente no trabaja desde su oficina así que no será visto.

Estaba confundida y cometí el error de decir:

—El señor Lupin fue un completo caballero. Parecía ser agradable.

Sus ojos ardieron y su voz se convirtió en un espeluznante murmullo:

—¿Fue un caballero?

Me di cuenta que la cagué y traté de arreglar mi relación con mi jefa interina. Por arreglar, quiero decir cagarla de una forma más grande.

—Lo que quiero decir es que, Remus me ayudó a prepararme dándome algunos consejos.

Oh, mierda. ¿Acababa de llamar a mi jefe externo por su primer nombre?

El aire alrededor de Nimphadora se congeló para igualar el hielo formándose en sus ojos. Pero no me detuve ahí. Casi pidiendo el desastre, añadí:

—El señor Lupin fue completamente profesional. Todas las veces. Incluso cuando lo acusé de seguirme. No que lo hiciera. Él solo era un hombre en mi autobús. No sabía que era mi jefe cuando me sonrió.

Bueno... mierda.

Las mejillas de Nimphadora se sonrojaron al estilo rosado Barbie.

—Ya veo —dijo y quise gritar: "No, ¡no lo haces!" pero me dio miedo que todo lo que dijera sería usado contra mí en la corte de Nimphadora. Aclarándose la garganta, pasó un dedo por el escritorio frío de madera—. Necesito que entiendas algo, Hermione, porque eres una chica bonita. —Su mirada de hielo encontró la mía—. Si te follas a mi esposo, te destruiré.

Mi boca se abrió en sorpresa.

Antes de que pudiera hablar, continuó:

—No hago amenazas. Hago promesas. He estado en esta industria por un largo tiempo, y si descubro que tú y... —Apretó sus dientes antes de sisear—, Remus han estado incumpliendo nuestra norma de oficina de fraternización, jamás trabajarás en eventos otra vez. No en esta ciudad, de todas formas.

Mi sangre se volvió fría. Mi cara palideció y barboteé débilmente:

—Yo-yo-yo-yo-yo ni siquiera lo conozco.

Nimphadora sonrió.

—Bien. Entonces no tienes nada de qué preocuparte. —Extendió su brazo hacia la puerta—. Eso sería todo por ahora.

Cuando me ponía de pie entumecida y caminaba fuera de la oficina, Nimphadora me llamó:

—Oh, y ¿Hermione?

Me giré y esperé. Ella estudió mi cara por un momento antes de añadir sinceramente:

—Buen trabajo en la cena de caridad.

Caminando de regreso a mi escritorio, me senté y me pregunté cómo podía pasar ayer de mi mejor momento a hoy a mi peor momento.

La triste verdad era que algunas cosas sólo podían resolverse con una dona. O tres.

-.-.-.

Mi hermano había estado fastidiándome por un tiempo hasta ahora para ir a mi nuevo apartamento, así que cuando llamó para ofrecerse a buscarme y llevarme a cenar, acepté inmediatamente.

La verdad era que Harry era mi más grande fan, y yo era el suyo. Oh, seguro, trataba de actuar como la más madura pero a veces, todo lo que quería hacer era inclinarme y llorar en su hombro como lo había hecho muchas veces durante la secundaria. Él era mi héroe, mi campeón, el único hombre en mi vida en el que verdaderamente confiaría para sentirme lo suficientemente a salvo para apoyarme. Mi hermano era un buen hombre con un corazón gentil. Lo amaba muchísimo.

Se estacionó frente a mi trabajo y bajó la ventana a medida que avanzaba hacia el auto.

—Disculpe. ¿Ha visto a una pequeña y molesta chica con grandes orejas y una pierna coja? ¿Masca goma de mascar como caballo y responde al nombre de Mione?

Sacudiendo mi cabeza, entré en su auto plateado, me puse el cinturón y después lo golpeé en el brazo. Fuerte.

—Buenas tardes a ti también, idiota.

Él rió.

—¿Por qué de pronto tengo permiso de ver tu apartamento? ¿Ya no tienes comida, o aceptaste sabiendo que te cansarías de mí?

Mi sonrisa era débil.

—Sé que estás ocupado. No necesito que me cuides. —Un repentino dolor en mi brazo estalló cuando mi hermano me golpeó. Frotándome el brazo fieramente, grité—: ¿Por qué diablos fue eso?

Harry se veía irritado mientras conducía.

—¿Crees que la única razón por la que quería ir a tu casa era por obligación?

Lo miré con una expresión que decía: "¿Estás tratando de decirme que no lo es?

Me echó un vistazo, leyó mi cara, y sacudió la cabeza.

—Admitiré que siempre me sentiré responsable de ti, Hermione y no me disculparé por eso. Pero ¿de verdad crees que solo quiero ver tu casa únicamente porque estoy vigilándote? Tal vez es porque en los pasados cinco años sólo te he visto en las fiestas. O tal vez es porque me haces reír y me divierto contigo. —Su voz se volvió baja—. Tal vez sólo extraño a mi maldita hermana, Hermione.

Sentí los comienzos de un estallido emocional por la forma en que el puente de mi nariz comenzó a cosquillear. Parpadeando para alejar las lágrimas, confesé bajo:

—También te extraño, Har. —Tosiendo para alejar mis enredados sentimientos, pregunté—: Pero has tenido a Draco, ¿cierto?

Harry resopló y luego bromeó.

—Es mi amigo, Hermione, no mi novio. Salimos unas cuantas veces a la semana. Está ocupado mayormente por las noches, lo cual es bueno para mí considerando que trabajo de noche.

No pude evitar preguntar.

—¿Qué es lo que hace de noche?

Harry se tensó, pensando en su respuesta.

—Tiene demasiadas citas.

Sonreí para mí ante la obvia mentira de mi hermano. Era un buen amigo. Pensé en hace dos años. Era Navidad, y Harry había bebido demasiado. Había tomado un taxi desde el trabajo en el bar hasta la cena de mamá y para el momento en que llegó, ya estaba completamente ebrio.

Eso hizo una cena interesante, con mamá gritando horrorizada:

—Oh, por Dios, Harry. ¿Estás ebrio?

Harry solo la abrazó, alzándola y haciéndola girar en círculos, riendo.

—Sí, mamá. Estoy ebrio. ¿Pero adivina qué? ¡Tengo más de veintiuno y estoy esparciendo el espíritu navideño! —Me miró entonces y su sonrisa se apagó—. ¿Hermione?

Había perdido una considerable cantidad de peso antes de ir a casa en Navidad. Sonreí.

—No, mi nombre es Juanita. Estoy aquí por la comida.

Harry sonrió y vino hasta mí, abrazándome apretadamente.

—Ven aquí, sabelotodo. ¡Jesús! ¡Te ves genial, Mione!

Mamá bufó.

—Está perdiendo mucho peso. No es saludable.

Pero Harry solo me miró con orgullo.

—Bueno, creo que se ve hermosa.

Después de nuestro festín, mamá se retiró diciendo que le dolía la cabeza, y yo teniendo jetlag por el vuelo a casa, le di las buenas noches a Harry dejándolo para que viera televisión solo. Subí las escaleras, me puse mi pijama y cepillé mis dientes. La cena de Navidad había sido pesada, y desesperadamente necesitaba un vaso de agua para mantenerlo a un lado de mi cama, así que bajé.

Esperaba que Harry se hubiera quedado dormido. No esperaba oírlo al teléfono.

—Vamos, Draco, estoy aburrido. ¡Salgamos! —Sólo había escuchado un lado de la conversación, pero fue algo como esto—. ¿Estás jodiéndome? ¿Una clienta en Navidad? —Una pequeña pausa—. Sí, bueno, supongo que las amas de casa ricas también se encuentran solas en los días de fiesta. Espero que MPT te pague el triple, hermano.

Mi frente se arrugó. ¿Qué era MPT? ¿Era allí dónde Draco trabajaba?

Memoricé el nombre del negocio.

Harry suspiró.

—Sí, sí. Ve al servicio de tu señora de esta noche. Al menos uno de nosotros tendrá suerte y será pagado por ello.

Curioso y más curioso.

Harry había puesto fin a la llamada mientras yo me dirigía hacia el salón familiar. Él me miró entonces.

—¿No puedes dormir?

—Sólo necesito un poco de agua. —Sonreí a medida que avanzaba a la cocina, agarrando rápidamente un vaso de agua, diciendo buenas noches a Harry me dirigí al piso de arriba.

Me detuve ante el sonido de la voz de Harry.

—¿Hermione?

Me detuve al pie de la escalera y me volví hacia él.

—Sí, ¿Har?

Entonces me miró, pero de modo diferente a muchas veces antes. Estudió mi cara como si estuviera mirando a alguien que ya no conocía.

—Te ves bien, pequeña.

Tan pronto como entré en mi habitación, cerré la puerta detrás de mí y recuperé mi portátil de mi bolsa. Escribí rápidamente, buscando a Draco Malfoy y MPT, pero no había búsquedas de los dos juntos. Intentado otra vez, busqué simplemente MPT y esperé.

Hice clic en la primera entrada y empecé a leer.

Servicios para mujeres... Contrata una cita... Satisface tu hambre... Acompañantes para cada ocasión...

Repetí lo que había oído de la conversación de Harry con Draco. "Sí, bueno, supongo que las amas de casa ricas también se encuentran solas en los días de fiesta. Espero que MPT te pague el triple, hermano".

Todo tuvo sentido. Mi mente estaba volando. Esa fue la noche que descubrí que Draco era un acompañante de alquiler. Un gigoló. Y eso cimentaría mi plan de dos años de creación.

Mi hermano condujo en silencio a medida que la radio sonaba de fondo. Una idea me golpeó entonces y me volví hacia él.

—¿Recuerdas cuando Neville me dejó plantada en el baile de graduación y tú viniste como mi cita?

La frente de Harry se arrugó.

—¿Sí?

—¿Recuerdas a dónde me llevaste después?

Se encogió de hombros.

—Por supuesto. Fuimos a Giovanni por una pizza.

Asintiendo lentamente, volví mi cara hacia la carretera y pronuncié indiferentemente:

—Realmente podría ir por una rebanada ahora mismo.

Sin decir una palabra, giró en el siguiente semáforo y empezó a conducir en la dirección opuesta.

—Será pizza de Giovanni.

…-….-…..-….

El gemido que se me escapó fue largo y bajo. Me froté el vientre y me volví hacia Harry.

—Oh, Dios, comí tanto. ¿Por qué no me paraste?

Él miró a su propio estómago ligeramente sobresalido y luego frunció el ceño hacia mí.

—¿Por qué tú no me paraste a mí? Todo esto es tú culpa. Lo estaba haciendo tan bien antes de esta noche.

Resoplé y luego pronuncié:

—Puedes pasar sin verduras al vapor y pollo sin sabor por una noche, ¿sabes? Te estás presionando demasiado. Si no te consientes de vez en cuando, un día podrías tomar y comer todo a la vista. —Con los ojos desorbitados, lo miré y le aseguré en voz baja—: Confía en mí. Lo sé.

Su rostro se tensó como si lo estuviera pensando.

—¿Quieres que ejercitemos juntos algún día?

Una agradable sonrisa cruzó mi cara.

—Seguro. En realidad, esa es una idea genial. De este modo si uno de nosotros quiere saltarse un día, el otro puede patearle el culo.

El auto frenó cuando nos acercamos a mi edificio. Estacionó en mi espacio asignado, considerando que no tenía un auto, y nos dirigimos hacia mi apartamento. Mientras caminábamos hacia mi puerta, Harry contó el chiste malo de un rabino y su perro, y aunque era estúpido, me reí tanto que resoplé.

Mi risa con resoplido alertó a Terry de mi regreso, y la puerta del apartamento opuesto se abrió de golpe. Un hombre muy gay y muy atractivo en shorts blancos y una camiseta rosa claro surgió sosteniendo dos vasos de cóctel con algún tipo de brebaje, unas pequeñas sombrillas y una guarnición de piña, y cantó:

—¡Noche de Margaritas! ¡Hola! —Pero entonces Terry vio a Harry de pie detrás de mí—. ¿Y quién es este?

Sonreí a mi amigo.

—Terry, este es mi hermano, Harry.

Terry pisoteó ligeramente e hizo una expresión de aww.

—¿Tu hermano? —Nos entregó a Harry y a mí las margaritas y nos dio un abrazo de grupo—. Es tan bueno conocerte, hermano Harry. —Nos soltó y agarró nuestras manos libres, empujándonos hacia la puerta abierta de su apartamento—. Vamos. Bill está haciendo más bebidas y los nachos casi están listos.

La cara de Harry gritaba "ayúdame" y yo me tragué una risa. Sacando gentilmente mi mano del agarre de halcón de Terry, traté de salvarnos con un:

—En realidad, Terry, Harry sólo ha venido a ver mi apartamento.

Terry simplemente resopló.

—Oh, cariño. No hay nada que ver allí.

Mi cara se arrugó.

—¡Oye!

Terry me miró y soltó un contrito:

—Lo siento, dulzura. —Luego se volvió hacia Harry y puso una expresión que decía: "No, en serio, es horrible".

Viendo que no lo estaba siguiendo, Terry puso sus ojos en blanco, levantó sus manos por encima de su cabeza, y dijo un seco:

—¡Bien! —Se volvió hacia Harry y murmuró—: No digas que no te lo advertí. —Lanzó una sonrisa en mi dirección—. Cuando hayan terminado allí... —Terry luchó contra un estremecimiento a medida que apuntaba en dirección a mi apartamento—... allí dentro, vengan para que podamos ver telebasura juntos.

Terry se pavoneó hacia su apartamento, cerrando la puerta tras él, y Harry se volvió hacia mí lentamente, levantando su cóctel.

—Bueno, esa fue la cosa más espeluznante que he experimentado.

Detrás de la puerta cerrada del apartamento opuesto al mío llegó un atrevido y fuerte, pero amortiguado:

—¡De nada, hermano Harry!

Riendo entre dientes, abrí mi apartamento y entré. Encendí la luz, dejando caer mi bolso en el mostrador de la cocina, y expliqué:

—Sí. Son un poco locos, pero son súper dulces y muy divertidos.

Harry cerró la puerta tras él y tomó un sorbo de su margarita.

—Así que, supongo que ese fue Terry, de Bill y Terry.

Tomé un sorbo de mi propia bebida, asintiendo, con los ojos llenos de humor. Harry sólo sacudió su cabeza, murmurando:

—Noches de margaritas, telebasura, y nachos.

Sus ojos recorrieron el pequeño espacio que era mi casa y levantó las cejas.

—Mierda. No estaba bromeando, ¿verdad? Está un poco vacío aquí.

Mi hombro se sacudió en un pequeño encogimiento.

—Me gusta pensar en esto como encantador.

—¿Encantador? Para quién, ¿un vagabundo sin otras opciones?

Eso no me ofendió. Simplemente sonreí.

—Me gusta.

Harry sonrió entonces.

—Por supuesto. Siempre te gustó lo inusual. —Levantó la margarita en un brindis—. Por tu nuevo lugar. Y que Dios se apiade de tu alma.

Chocamos los vasos y bebimos. Me senté en el mostrador mientras

Harry tomaba el único asiento disponible de la habitación. Una pelotita de color rosa brillante.

...-...-...

Draco

Trabajar oficialmente se había vuelto agotador. Había pasado un largo tiempo desde que había trabajado así de duro en una semana, pero las clientas estaban ahí y mi tiempo era libre, sin mencionar que el dinero de solo esta semana equivaldría a lo que algunas personas podrían ganar en un año.

El dinero siempre me había motivado, pero por alguna razón, ya no estaba haciendo su trabajo de hacerme feliz. Estaba cansado. Exhausto.

Todo lo que quería hacer era ir a dar un paseo por la playa, y después conseguir una noche completa de sueño. No parecía una solicitud difícil.

Está bien, quizás había un hecho subyacente a mi mal humor. Tal vez era porque había esperado a que Mía llame, como dijo que lo haría, y luego no lo hizo. Esperé hasta el último minuto antes de darme por vencido con ella, y me duché antes de reunirme con Pansy.

Pansy era una mujer en sus finales de los cuarenta que tenía una obsesión con las novelas eróticas románticas. Estaba divorciada con tres hijos que estaban todos en la adolescencia. Pansy estaba sola. Anhelaba intimidad, y me eligió para dársela.

No veía a Pansy muy a menudo, tal vez dos o tres veces al año. Me hacía sentir como una mierda que tuviera que ahorrar su dinero durante tanto tiempo para asegurar un encuentro conmigo. Me molestaba tanto que su última cita, hace tres meses, fue reservada en su cumpleaños, llamé a Madame Pince para decirle que cargara la cita a mi tarjeta de crédito.

No parecía justo que pagara un brazo y una pierna por una hora de mi tiempo en su cumpleaños. No hace falta decir que Pansy disfrutó inmensamente su regalo de cumpleaños.

Había recibido mis instrucciones de antemano, como de costumbre.

Era algo bastante sencillo. Si fuera un acompañante nuevo, probablemente me pondría los pelos de punta, pero conocía a Pansy, y si lo que le gustaba era recrear algunas de sus escenas románticas eróticas favoritas, ¿quién era yo para juzgarla?

Era la única opción real de Pansy. Algunas de las escenas que quería que intentara eran bastante atrevidas, e incluso peligrosas. Estaba conmovido que confiara en mí para mantenerla a salvo.

Cuando llegué al hotel, me dirigí a la recepción y pedí la llave que había dejado para mí. Pince envió un correo electrónico para hacerme saber que Pansy estaría en la habitación una hora antes, preparándose. Recibí la llave en un sobre brillante color crema, y me dirigí al elevador.

Vi todos los pisos pasar a medida que mis pensamientos se desviaban hacia Mía. ¿Por qué no llamó? ¿Estaba bien? Sacudí mi cabeza, alejando los pensamientos.

Pansy. Estaba aquí por Pansy. Necesitaba meterme de lleno.

Bajando la mirada hacia mi llave, me dirigí a la habitación 701, respiré profundo, y entonces deslicé la tarjeta de plástico en la ranura. La luz cambió a verde. Abrí la puerta tan suavemente como pude, y entré a la habitación.

La oscuridad me recibió. Fue una cosa buena que había estado en estas habitaciones tantas veces antes, o caminar alrededor de los muebles sería un infierno. Las cortinas estaban corridas. Sin un punto de luz mostrándose, a pesar de que el sol no se había ocultado completamente.

Me acerqué lentamente a los pies de la cama en donde Pansy yacía fingiendo dormir. Cuando avanzaba, alcé mi mano para abrir los botones de mi camisa blanca. Cayó al suelo con un silbido. Me quité los zapatos y los calcetines, dejándome solo en mis pantalones negros, entonces puse una rodilla en la cama.

El colchón crujió ligeramente y escuché a Pansy tomar una bocanada de aire. ¿Se había tocado a sí misma antes de mi llegada? ¿Estaba mojada por mí?

Estudié mi parte muy bien. Sin prisa, me subí sobre ella con mis rodillas en sus muslos. Mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad.

Podía distinguir el contorno de su cuerpo, sus curvas y sus pechos. Levanté mi mano para rozar mis dedos por un lado de su garganta. Esa fue la señal de Pansy.

Jadeó ruidosamente.

—¿Quién está ahí?

Sonreí. Realmente le encantaba interpretar un papel. No la podía culpar. Era liberador no tener que pensar en tu próximo movimiento.

Rápidamente serio, arrastré las palabras al decir:

—Seré quien quieras que sea, nena. —Entonces rocé mi dedo sobre el encaje de su sujetador y en la curva de su pecho, luego en el valle entre ellos.

La oí tragar fuerte.

—¿Quién eres? No te conozco. ¡Fuera o llamaré a la policía! —gruñó.

Mi risa sonó cruel, dura.

—No, no lo harás, Pansy. Te gusta la sensación de mí, de mi cuerpo. Siénteme. —Apreté mi dura longitud en la suave piel de su muslo desnudo—. Siente lo duro que estoy por ti. —Entonces me aparté de mi guion, solo por un momento. Alcancé su mano, agarrando su muñeca, y llevé la palma de su mano hacia el material que cubría mi palpitante polla. Envolví su mano alrededor de mi dura longitud y luego coloqué mi mano alrededor de la suya, obligándola a que me masturbara gentilmente. Mi voz salió ronca—. Quieres esto. Sé que lo haces.

Conforme el guion, ella no respondió, pero su respiración se volvió pesada. Pronuncié en voz baja:

—Está bien, nena. Todo está bien. No estoy aquí para juzgarte. Solo quiero hacerte sentir bien. —Inclinándome, besé la parte expuesta de su cuello y a continuación susurré contra él—: Déjame hacerte feliz.

Con un gemido suave, el cuerpo rígido de Pansy se desplomó, sus brazos a los lados. Me acababa de dar acceso total.

Pansy era alta para ser mujer, pero aún baja contra mí. Tenía un cuerpo atlético debido a los maratones en los que le gustaba competir, y tenía poco en el departamento de pechos, pero su trasero era lo suficiente para aferrarse. Le daba lo que necesitaba para sentirse femenina. Sabía esto, porque siempre llevaba ropa interior sexy, incluso cuando no me estaba viendo. Sabía esto, porque ella me lo dijo.

Me gustaba que ella tenga eso, que tuviera algo que le gustara de sí misma. Las mujeres podían ser tan críticas consigo. Podían ser su propio peor enemigo cuando se trataba de la imagen corporal.

Lo que las mujeres no se daban cuenta era que la mayoría de los hombres no estaban preocupados por un poco de peso extra, celulitis o incluso estrías. Al menos, para mí, no era un problema. Nos gustabas en la cama, siempre y cuando disfrutaran de sí misma. Una mujer cachonda siempre encendía.

Mi lengua salió mientras lamía el costado de su cuello, agradeciendo en silencio que no se hubiera puesto ningún perfume. Chupé suavemente, cuidando no dejar marcas, luego mordisqueé la piel. Con mi pecho presionado en el de ella, sentí sus pezones tensarse contra mí.

Mis manos encontraron las de ella, y lentamente, las levanté sobre su cabeza, sosteniéndolas firmemente. Pero sabíamos la verdad, ella podía escapar fácilmente si quería.

Pansy no quería.

Mis labios encontraron los de ella y me sorprendió gratamente el sabor a menta dulce en su boca. Odiaba el sabor del vino y, con bastante frecuencia, tenía que trabajar con ello. La besé más profundo y ella suspiró en mí.

Un beso que no era más que clínico para mí. Lo sentí, pero realmente no lo sentí en absoluto. Para mí, era el equivalente de alguien tocándome el brazo. Lo podía sentir, y se sentía agradable, pero eso era todo. Eso era en donde acababa. Estaba desensibilizado.

Pansy pareció disfrutar del peso de mi cuerpo sobre ella, así que lo dejé ahí, lentamente rozando mis caderas con las suyas. Con una mano, abrí mi botón y cremallera, y luego bajé mis pantalones por mis piernas.

Besé a Pansy con más fuerza, empujando sus manos en advertencia a medida que bajaba las mías para quitar sus bragas. Entonces, en un rápido movimiento, nos di la vuelta. Habíamos cambiado de lugares.

Pnasy ya estaba mojada. Empapada. Mientras yacía de espalda en la cama con las manos en sus caderas, ella apretó su coño desnudo en mi muslo. Mi polla se sacudió. La podía oler. Se me hizo agua la boca.

¿Alguna vez me hartaría del sexo? No. No lo creo. Me encantaba demasiado.

Mis manos se deslizaron hasta sus caderas para sostenerla justo debajo de los brazos, y luego tiré. Cayó encima de mí, y mi mano se enredó en su cabello, tirando de su boca hacia la mía en un beso abrasador. Gimió ligeramente y sentí una gota de líquido pre seminal en la punta de mi polla ardiente.

Quería follarla, pero esto no era sobre mí. Se trataba de Pansy. Mis brazos la rodearon a medida que me sentaba, llevándola conmigo. Me aparté, y con un tirón fuerte a su sujetador, sus pechos quedaron libres.

Bajé mi rostro y tomé un pezón pequeño en mi boca. Era mi turno de gemir.

Maldición, me encantaban las tetas.

Pansy jadeó en busca de aire por encima de mí. Sus manos fueron a mi cabeza y sus dedos recorrieron mi cabello antes de agarrarlo con fuerza.

Cuando mordisqueé el brote tenso, su agarre se apretó mientras jadeaba.

Cuanto más duro ella apretaba, más duro mordisqueaba.

Estaba verdaderamente lista, mi muslo se hallaba cubierto de sus jugos. Y no quería nada más que comer su coño hasta que se venga en mi cara.

Me encantaba cuando se venían en mi boca. Era sucio y caliente, e incivilizado. Y me encantaba.

Me recosté, sosteniendo a Pansy por la cintura, manteniéndola en una posición sentada. Agarrando con fuerza, la levanté y empujé hacia delante. Ella gimió un inestable "Oh, Jesús", cuando mis labios entraron en contacto con los suyos, y no los de su boca.

Mi lengua se sumergió, saboreando su almizcle. Sabía picante y dulce.

Me sumergí para otra probada. Entonces se me ocurrió. Sabía a canela. Me gustaba la canela.

Con las rodillas a los lados de mi cara, pasé mis manos por ellas a medida que profundizaba aún más. La besé, chupé, y lamí. Arremoliné mi lengua dentro de ella, de arriba abajo, y luego chupé su pequeño botón duro.

Ella gritó entrecortadamente y sus muslos se apretaron alrededor de mi cabeza, sosteniéndome cuando comenzó a mecerse contra mi boca. Me hubiera gustado tomar mi polla. Deseé poder agarrarla con fuerza y jalar con dureza. Quería correrme tanto que casi olvidé lo que hacía.

Pansy se meció contra mí mientras la comía. Le encantaba esto tanto como a mí. Mis manos se deslizaron hacia su suave culo firme. Enterré mis dedos, apretando con fuerza. Me aparté para gruñir:

—Dios, eres tan jodidamente dulce. Podría comer tu coño todo el día, nena.

No podía comenzar a decir a cuántas mujeres les dije esa línea exacta en los últimos cuatro años. No te sabría decir, porque lo hacía casi todo el tiempo. Y eso era un montón de ocasiones. Bueno, miles. No eran más que palabras, pero a las mujeres les gustaba.

Mis labios se sellaron sobre su punto dulce y chupé con fuerza.

Pansy se quejó en voz baja y luego más y más fuerte. Sus piernas se apretaron alrededor de mi cabeza cada vez más fuerte, hasta que dejó escapar un grito ronco. Lamí su entrada y sentí su pulso contra mi lengua.

Oh, sí. De eso estaba hablando.

Antes de que pudiera recuperarse de su orgasmo, metí la mano debajo de la almohada y saqué el condón que Pansy le dijo a Madame Pince que estaría allí, lo abrí con los dientes, y luego la empujé sobre la cama mientras me cubría. Ella se desplomó, se desplomó por completo. Sonreí a su cuerpo inerte, sabiendo que esto era exactamente lo que necesitaba.

Con mi polla palpitante en la mano, me bajé de la cama y me puse a un lado. En un rápido movimiento, enganché un brazo bajo el vientre de Pansy y la atraje de nuevo al borde de la cama donde me encontraba. La acomodé como la quería; no necesitaba hacer nada.

Me puse de rodillas en el borde de la cama y la ayudé a descansar en sus manos. Me gustaba de perrito y sabía que también le gustaba. Era cierto, no me apegaba exactamente al guion, pero estaba seguro que si a Pansy no le gustara esto, me lo diría.

Mi mano cayó sobre la mejilla de su culo y el azote resonó en toda la habitación. ¡Crack! Izquierda luego derecha. Una y otra vez hasta que su cuerpo se retorció. Agarré mi polla y luego la pasé a través de su néctar, lubricándola para que así esto fuera tan agradable para mí como para ella.

Apoyé la ingle en la suya, inclinándome sobre ella para pasar mi mano por su espalda y presioné suavemente entre sus hombros. Ella comprendió y bajó la cara a la cama, con el culo al aire.

La cabeza de mi polla se deslizó dentro de ella y jadeó sin aliento:

—Oh, Dios.

Era un poco religiosa. Pero Dios no la ayudaría hoy. Jugué con ella, moviendo suavemente, la punta entrando y saliendo, deslizándome totalmente de ella y frotando mi cabeza llena de sangre en sus labios hinchados.

Me di una charla de apoyo mental. No lo olvides... esto se trata de ella.

Esto se trata de ella. Esto se trata de ella.

Dios, era como un adolescente cachondo.

Poco a poco, embestí mi longitud dentro de ella sin pausa, necesitando que sienta cada centímetro al penetrar. Jadeó sin aliento y sentí su dolor, la necesidad de hacerlo áspero y duro. Desde abajo a su ingle, estaba totalmente empalada en mí, y se sentía muy bien.

Un estruendo áspero salió de mí.

—¿Estás lista, nena?

Su respuesta llegó en la forma en que su culo se empujó contra mí mientras gemía largo y bajo.

Saliendo casi por completo, me metí de nuevo en su caliente coño. Sus gemidos me dirigieron. Con cada necesitado jadeo, empujé con más fuerza, luego más rápido. En poco tiempo, sostenía sus caderas mientras embestía en ella. Estaba a punto de estallar, mis movimientos se volvieron irregulares y desiguales. Luego la espalda de Pansy se inclinó y su cuerpo se puso rígido. Lo hizo sin hacer ruido, pero después de unos cuantos segundos de embestirla, la sentí apretarse a mí alrededor de forma errática.

Eso era todo lo que necesitaba. El semáforo se puso en verde y me dirigí a toda velocidad a la recta final. Colocando un brazo por debajo de su vientre, presioné mi pecho en su espalda, restringiendo sus movimientos y empujando en su núcleo húmedo, duro y profundo.

No pasó mucho tiempo antes de que sintiera el hormigueo revelador en mi espalda baja. Mi visión se volvió negra a medida que golpeaba más y más hasta que finalmente, manchas de colores bailaron detrás de mis párpados un momento antes de que mi cuerpo se pusiera rígido. Contuve la respiración y apreté los dientes mientras mi polla se sacudía en el interior de Pansy, llenando el condón con mi corrida.

Sostuve a Pansy en mis brazos unos treinta segundos antes de que pudiera moverme de nuevo. Me deslicé fuera de ella y suavemente la acosté en la cama, cubriéndola con una sábana. Ella suspiró en sueños, y sabía que dormiría para el momento en que saliera del cuarto de baño.

Esa era una de las razones por las que me gustaba Pansy. Nunca había una torpe despedida. Se quedaba dormida y me iba. Hasta la próxima.

Caminando al baño, me limpié y vestí, luego tranquilamente me dirigí a la puerta. Escuché el suave ronquido de Pansy mientras salía. Dejé mi llave en la mesa junto a la televisión y cerré la puerta detrás de mí.

Me quedé de pie en el pasillo, frotando la parte de atrás de mi cuello.

Estaba oficialmente agotado, exhausto, y sin embargo, quería saber si Mía estaba despierta. Quería oír su voz antes de irme a dormir.

…..-…-….-….

Lo primero que hice cuando entré en mi edificio fue encender mi celular. Ni siquiera pensé antes de llamar.

Sonaba somnolienta, como si la hubiera despertado.

—¿Quinn?

Mierda. No vi la hora antes de marcar. Aparté mi teléfono de mi oído y vi la hora.

1:32 a.m. Sí. Mierda, es correcto.

—Hola, lamento despertarte. Sólo quería ver cómo estabas, si te encontrabas bien.

Parecía confundida y adorablemente dormida.

—Sí, ¿por qué no habría de estarlo?

No fruncí el ceño. No lo haría.

—No llamaste.

Oí roces en el fondo mientras la imaginaba incorporándose.

—Lo sé. Te envié un mensaje.

Entonces fruncí el ceño.

—No, no lo hiciste.

Ella argumentó enseguida.

—Uh, sí, lo hice.

—No.

—¡Sí!

Contuve un suspiro. Esto no iba a ninguna parte.

—¿Te llamaría para asegurarme que estuvieras bien si me hubieras enviado un mensaje?

Hizo una pausa.

—Espera un segundo. —Apretó los botones en su celular y lo aparté de mi oído, mientras sonaba una y otra vez. Ella murmuró—: Mierda. — Luego regresó sonando arrepentida—. Tienes razón. Escribí el mensaje, pero todavía está en mis borradores. Nunca pulsé enviar. Lo lamento.

—Está bien. En realidad sólo quería asegurarme que nada te hubiera sucedido.

Su voz sonó complacida.

—No tienes que hacer eso.

Mi respuesta fue inmediata.

—Quería hacerlo.

Tragó fuerte y luego respondió en voz baja:

—Estoy bien. —Luego se detuvo un momento antes de susurrar—: Buenas noches, Quinn.

Mi corazón dio un vuelco, y eso me sorprendió.

—Dulces sueños, nena.

Ella colgó y, mirando a mi teléfono, pensé en la dulzura de su voz ronca. Apostaba mi vida a que tenía un rubor de color rosa suave en sus mejillas.

Me tomó cinco minutos para darme cuenta que estuve fuera de mi puerta principal, en el recibidor todo el tiempo.


Holaaaa, sigue alguien ahí? :( sé que no tengo perdón por hacerme ausentado tanto tiempo pero los parciales terminaron y llegaron los finales y están absorbiendo mi tiempo demasiado. Espero actualizar más rápido la próxima vez, de modo de compensación aquí tienen 16 hojas de word... bueno, cada vez falta menos para el encuentro de estos dos y mientras tanto seguimos viendo como es que a Hermione se le ocurrió esta idea jajaja

Cuéntenme que opinan sobre el capi en sus comentarios! espero leerlos (como se darán cuenta, nuevamente estoy apurada porque tengo que cocinar y voy atrasada peeeeero quería darles este nuevo capi). Bienvenidos/as los nuevos lectores como siempre

Gracias por leer y comentar! Me inspiran para seguir adaptando esta historia, sepan que no la voy a dejar pero puede ser que ms actualizaciones se vuelvan un poco espaciosas hasta que termine los finales- tratare de que no- pero buen :( no siempre es posible

Besos, Isa.