Los personajes le pertenecen a J.K. Rowling y la historia a Belle Aurora que se llama About Last Night, yo solo juego con ambos por entretenimiento, no pretendo violar ningún derecho de autor ni nada parecido. Espero que la disfruten


Capitulo 13

Draco

Miré hacia abajo ante su comportamiento nervioso. Estaba claro que no quería ser vista conmigo. Hablando de una patada en el estómago.

Entonces un pensamiento se me ocurrió. ¿Tenía novio?

Una voz detrás de mí la sobresaltó. Harry me entregó mi café y una bolsa de papel marrón.

—Aquí está tu mierda, hombre. —Fruncí el ceño mientras le entregaba a Mía un cono de helado. No me jodas. ¿Estaba saliendo con mi mejor amigo? Harry continuó—:No hay manera de que consigamos una mesa, así que por qué no vamos a encontrar un banco en la playa. —Hizo un gesto con la barbilla hacia Maya—. Te acuerdas de Hermione, ¿verdad?

¿Hermione? ¿Quién demonios era Hermione?

Ella se aclaró la garganta y trató de sonreír, diciendo un débil:

—Hola, Draco.

Draco.

Mis tripas se hundieron. La miré fijamente conmocionado. Ella me llamó Draco. La confusión me inundó por completo.

Ella me conoce.

Me volví hacia Harry.

—Yo no... —Ni siquiera podía hablar. Estaba empezando a enloquecer.

Me encogí de hombros porque no había palabras que salieran.

Harry rió.

—Lo siento. Pensé que estaban aquí de pie reencontrándose.

¿Reencontrándonos? ¿Había conocido a Mía antes? Mi cerebro estaba oficialmente fuera de línea. Algo estaba pasando aquí. Algo malo. Lo podía sentir en mis huesos.

Señaló a Mía.

— Hermione. —Se volvió hacia Mía—. Hermione, veo que recuerdas a Draco. —Puso los ojos en blanco—. La mayoría de las mujeres lo hacen. —Harry inclinó su cabeza—. Tú probablemente no la recuerdas, Draco. Te dije que había cambiado.

Estaba más allá de confundido.

—¿Quién?

Harry resopló.

—Mi hermana. Hombre, en serio, sigue el ritmo

—¿Hermana? Yo...—Mierda. No. ¡Maldición, no!

Me golpeó como una tonelada de ladrillos en el pecho. Mi corazón empezó a palpitar feroz y mis palmas se volvieron húmedas. Me quedé mirando fijamente a Hermione.

— Hermione tu hermana... pero la llamas Mione.

Harry sonrió, golpeándome en la espalda.

—Ahora lo entiendes. —Puso sus dedos bajo mi taza de café, levantándola hacia mi boca—. ¿Estás seguro que ya estás despierto? Toma un poco de café, colega. Vengan, vamos a buscar un banco.

Harry caminó hacia la playa y todo lo que podía hacer era mirar con horror mientras Hermione hacía una mueca, pronunciando un doloroso: Lo siento.

Esto no era una broma. No había cámaras ocultas o alguna celebridad revelando que esto era una broma enfermiza. Había follado con la hermana menor de mi mejor amigo. Había tomado su virginidad. Y ella me había pagado para que lo haga.

Caminé junto a Hermione, rozando accidentalmente nuestras manos, y como si mi mano fuera un Taser, Hermione chilló y saltó. Harry miró a su hermana.

Su hermana. Oh, mierda. Había comido el coño de la hermana de mi mejor amigo. Y me gustó. Iba a ir al infierno.

—Relájate, Hermione. No es como si Draco estuviera tratando de meterte mano.

Por supuesto, él dijo eso cuando estaba bebiendo mi café. Procedí a ahogarme con dicho café, tosiendo hasta que me puse azul, derramando un bocado en la parte delantera de mi camisa.

Hermione se apresuró, con servilletas en mano.

—¿Estás bien? —Empezó a limpiarlas manchas de color marrón claro de mi inmaculada camiseta blanca.

Pronuncié un molesto:

—Lo tengo.—Pero ella no paró. Agarré su muñeca tensamente, casi lo suficiente para herirla, y susurré—: Dije que lo tengo.

Mientras sujetaba su muñeca en un apretón de hierro, ella me miró, sus carnosos labios rosados ligeramente separados, sus grandes ojos marrones brillando. Maldita sea por mirarme del modo en que lo hacía.

Susurró un tembloroso: "Lo siento", y pienso que ambos supimos que no se estaba disculpando por mi camiseta.

Dejé caer su mano.

—No pasa nada —dije, pero era una mentira descarada. El daño era abundante. Probablemente perdería a mi mejor amigo por esto. Y eso me molestó.

Harry era toda la familia que tenía. No quería estar solo de nuevo. La idea de perder a la única persona que había estado a mi lado todos estos años era suficiente como para causarme un dolor punzante en el pecho.

Distraídamente lo froté. ¿Cómo iba a arreglar esto?

Pensé en ello, y la verdad era devastadora.

No podía arreglar esto.

...-...-...-...

Hermione

Si las miradas mataran, Draco me habría puesto seis metros bajo tierra diez veces hasta ahora.

Maldita sea.

¡Tenía que decirle! ¡Se suponía que iba a hacerlo cuando estuviera lista!

¿Sabes qué? Todo esto es culpa de Harry.

¡Sí! Culpemos a Harry. Me gusta eso. En marcha con eso. Bien.

Me senté en el extremo del banco, mirando hacia el océano mientras lamía mi cono de helado. Eso era lo único que me mantenía en pie: una gran cantidad de azúcar y helado en un cono de galleta de chocolate.

Los chicos hablaban a medida que trataba de ignorarlos. Bueno, era más bien Harry quien hablaba y Draco gruñía sus respuestas. Pero entonces Harry preguntó:

—¿Cómo estuvo tu cita anoche? —Escuché el énfasis que puso en la palabra cita y mi estómago se sacudió, haciendo una pausa a media lamida.

Draco hizo una pausa y luego gruñó:

—Bien.

Harry cavó profundo.

—¿Qué quieres decir con bien? ¿Ella estuvo bien-bien, o estuvo espectacularmente bien?

Los labios de Draco se retorcieron hacia mi hermano.

—Estuvo bien. Simplemente bien.

Mi hermano rió.

—De acuerdo, ¿así que estuvo bien como un pez muerto?

Y sin querer, grité un defensivo:

—¡Oye!

Al mismo tiempo que Draco gruñía:

—¡Oye, cuidado!

Harry hizo una mueca y levantó las manos con las palmas hacia delante en un gesto conciliador.

—Caray, chicos, están demasiado sensibles. Estaba bromeando... algo así.

Le eché un vistazo a Draco y atraje su atención, mirando rápidamente hacia mi hermano.

—No la conoces. Simplemente porque una chica no es fogosa, no significa que es un pez muerto.

Draco sonrió, respondiendo en forma cruel y burlona:

—¿Quién dijo que no es fogosa?

Mi corazón se aceleró. Podría haber sido una de las pocas veces que había escuchado responder a Draco con ira en su voz, especialmente para lastimar. Entonces se me ocurrió... realmente no conozco a Draco Malfoy.

No lo conozco en absoluto.

Harry ignoró el comentario de Draco y me respondió:

—Tienes razón, Mione. Sin embargo, no conozco ni a una mujer así, pero estoy seguro que están ahí afuera. Desafortunadamente, todas las mujeres que conozco usan su... —Tosió significativamente—... encantos para obtener lo que quieren.

Miré a Draco directo a los ojos y murmuré bajito:

—Jamás haría eso.

Resopló y puso los ojos en blanco. Harry me dio un codazo en el brazo, con una expresión de confusión cruzando por su cara.

—Sé que no lo harías, pequeña. Eres una buena persona.

Mordí el interior de mi mejilla, poniéndome de pie.

—Creo que me voy a casa, Har. No me siento muy bien.

La burla de Draco desapareció en un instante, remplazado con preocupación mientras estudiaba mi rostro. Harry me observó detenidamente.

—Sí, estás un poco pálida, dulzura.—Miró su reloj, entonces se puso de pie—. Mierda, tengo que trabajar. El bar no se detiene por nadie.

Harry trató de palpar mi frente, pero le di una palmada en la mano para alejarla, frunciéndole el ceño.

—¿Quién te crees, mi madre?

Resopló una carcajada

—Muérdete la lengua.—Miró de nuevo su reloj—. Oye, voy a tener que dejarte rápido y luego correr a trabajar. Vámonos.

Negué con la cabeza.

—Puedo tomar el autobús. Conozco la ruta como la palma de mi ma...

Harry ya estaba sacudiendo su cabeza para decir no, cuando la voz áspera de Draco lo interrumpió.

—Yo la llevaré.

La expresión de Harry se alivió.

—¿En serio? Gracias, hombre. Te debo una.

Pero Draco mantuvo si mirada ardiente en mí.

—No hay problema.

Mierda. Pilas y pilas de mierda ardiente.

Draco se dirigió a su auto y lo dejé permanecer delante de mí.

Necesitaba explicar por qué había hecho lo que hice. Él estaba claramente molesto al respecto, y no lo culpo. No tenía derecho de ponerlo en la posición que había hecho.

Simplemente esperaba que entendiera.

Tenía que entender.

Levantando su mano, hizo clic en el botón de sus llaves y un viejo sedan plateado se desbloqueó. Abrió la puerta para mí, y tan pronto como me senté, cerró la puerta detrás de mí. Ajusté el cinturón de seguridad. Tan pronto como encendió el auto, hablé:

—Quinn, yo...

Pero levantó la mano, pidiendo silencio, y así cerré mi boca.

Condujimos, y en cada luz roja, se detuvo para mirarme, los mismos movimientos cada vez. Se detenía, giraba, me miraba de arriba hacia abajo, suspiraba, sacudía su cabeza, y luego comenzaba a manejar. Al menos ya no parecía enojado. Ahora simplemente lucía cansado.

—Lo siento, Quinn.

Con la mandíbula apretada, murmuró:

—No estoy listo para hablar de eso ahora mismo.

Asentí, retorciendo mis manos entre sí.

—Está bien.—Así que hablaría conmigo eventualmente. Esa era una buena señal—. Está bien.

Mi cuerpo se sacudió cuando él explotó.

—¡Jesús, Mía! ¡Hermione! ¡Maldita sea, cualquiera que sea tu nombre!—Le dio un puñetazo al volante, explotando—. ¿Qué demonios estabas pensando?

Con el corazón acelerado, traté de explicar.

—Yo...

Pero me interrumpió, gritando:

—¡Me conocías! ¡Me conocías! Sabías que era amigo de Harry —gimió—. Qué desastre. Qué desastre.

Hice una mueca.

—Lo sé. Lo arreglaré...

Rugió:

—¡Tu desastre! ¡Yo no sabía, maldita sea! —Se volvió a mirarme, susurrando en calma absoluta—: Y tú sabías que no sabía.—No podía creer que todavía seguía conduciendo, y en una manera decente, cuando levantó una mano para pasarla por su cara. Gritó—: ¡Y luego estás en el muelle... con tu hermano!¡Y yo no sabía! Y luego te veo. Y estabas lamiendo un maldito helado.—Jadeando, me miró un momento antes de gruñir irritado—: Tu vestido es bonito.

Volví mi cabeza y me mordí el labio para esconder mi sonrisa. Él estaba perdiendo la cabeza. Y era gracioso.

Siempre he sido esa persona que se ríe en los momentos más inapropiados... bodas, funerales, en el ginecólogo.

Su voz se estaba volviendo áspera.

—Será mejor que no estés riendo, Hermione. Esto no es gracioso.

Me volví hacía él, chupando mis labios completamente en mi boca, porque era la única forma de detenerla risa. Sacudí mi cabeza, pero estaba segura que mis ojos estaban llenos de júbilo.

Me miró. Entonces a la carretera.

De nuevo a mí.

De nuevo a la carretera. Luego dejó escapar un exasperado:

—Eres una mentirosa de mierda.

Una risa se me escapó.

—Lo sé. Soy una imbécil. Lo siento, Draco. Por favor, déjame explicar.

El auto disminuyó su velocidad y luego se detuvo. Miré por la ventana.

—Este no es el lugar en donde vivo.

Abrió la puerta del auto.

—Lo sé. Aquí es donde yo vivo.

La puerta del auto se cerró de golpe y supe que no tenía otras opciones. Tenía que explicarme sin importar lo estúpido que sonara, sin importar lo mucho que dejara mostrar mis inseguridades. Me abriría para Draco, porque se merecía saber por qué.

—Entra —gruñó mientras abría la puerta del apartamento—. Cierra detrás de ti.

Entré, cerré la puerta, y absorbí el alrededor. Guau. Era un lugar agradable. Nunca podría permitirme un lugar como este. Había una zona de estar abierta unida con una cocina, una sala con una salida, que estaba segura guiaba al dormitorio, posiblemente recámaras, y una puerta abierta revelando un baño reluciente. Me volví para ver otras dos puertas, que quería explorar, pero sería inapropiado... ¿verdad?

Sí. Estaba segura que lo sería.

Era un apartamento ordenado, pero podía ver que era un apartamento de hombre. Los sofás eran de cuero negro suave, la televisión gigante estaba montada en la pared, los muebles también eran negros, y la cocina tenía seis cajas de cereal en el mostrador. Definitivamente gritaba "un hombre vive aquí".

Draco fue al refrigerador y sacó dos botellas de agua. Entregándome una, se sentó en el sofá y ordenó:

—Siéntate.

Arrugué mi nariz. No era un maldito perro que me den órdenes. Pero, por supuesto, me senté de todas formas.

—Explica.

Oh, guau, no estaba segura que me gustara este Draco. Al girar la botella de agua de un lado a otro en mi mano, suspiré.

—Iba a decírtelo. Juro que lo iba a hacer. Pero quería hacerlo cuando yo estuviera lista. —Resoplé molesta—: Pero entonces Harry tenía que ir y abrir su gran boca.

—Hermione —gruñó en advertencia.

Levanté mis dos manos, aplacándolo.

—Está bien. —Me puse de pie y comencé a caminar—. Es verdad. Estaba contando con que no me recordaras. —Lo miré en busca de algún tipo de reacción, pero no obtuve ninguna. Seguí—: No estaba mintiéndote. Cada vez que hablamos, siempre dije la verdad.—Me encogí de hombros—. Claro, omití pequeños detalles, pero siempre dije la verdad. —Mis ojos suplicaban para que me creyera, añadí—: Sabes más sobre mí que la mayoría.

Draco se recostó en el sofá, pellizcando el puente de su nariz.

—Por favor, llega a la parte en la que me contrataste para tener relaciones sexuales contigo.

Asentí, aunque no podía verlo.

—Hace dos Navidades, llegué a casa de la escuela. Harry estaba en mal estado tan pronto como llegó del trabajo, y siguió bebiendo allí. Había perdido un poco de peso para entonces, y Harry estaba apoyándome como de costumbre. Pero, por supuesto, mamá trató de darme de comer todo a la vista y...

Draco me interrumpió con un gruñido:

—¡Ve al grano, Hermione!

Lo solté.

—Estaba con sobrepeso. Era tímida. Insegura. Y oí a mi hermano mencionar que trabajabas en Navidad cuando me metí en la cocina por un poco de agua. Mencionó MPT. Lo busqué en línea y descubrí que era un sitio de acompañantes. Puse dos y dos juntos y me di cuenta que debías trabajar allí.

Mirando hacia abajo al suelo, sacudió la cabeza con tristeza.

—¿Por qué yo, Hermione? Podría haber sido cualquiera. ¿Por qué yo?

Me encogí de hombros y traté de cubrir mi labio ahora temblando al forzar una sonrisa.

—Porque le agradas a mi hermano. Habla de ti todo el tiempo. Dice que eres un buen tipo. Tenía que creerle.

Draco levantó la cabeza para mirarme.

No dijo nada.

Me senté en el sofá, mirando hacia abajo a mis manos, jugando con mis dedos. Pronuncié bajo:

—Me dijiste que florecería en una hermosa mariposa.—Mis ojos se llenaron de lágrimas, sollocé—. Y la forma en que me miraste, a mí, te creí, porque creíste en mí. —Limpiándome mis ojos, mi voz tembló—. Fuiste el primer chico que me miró como si valiera algo. Y se sintió bien. Supongo que... —Sumergí mi barbilla, ocultando mi cara—. Supongo que sólo quería sentir eso de nuevo.

Silencio.

Una triste sonrisa se dibujó en mi cara a medida que me ponía de pie.

—Nunca quise que te sintieras como si te puse una trampa. Y Harry nunca va a saber lo que pasó. Este es nuestro secreto. Me lo llevaré a la tumba, Draco. —Añadí en voz baja—: Nunca haría nada para lastimarte. No deliberadamente.

Él me miró, sus ojos penetrantes, obviamente buscando algún destello de honradez. Al no encontrarlo, se puso de pie con un pequeño suspiro y se acercó a mí. Siguió caminando hasta que estuvimos casi pie a pie, entonces, sus brazos me rodearon y me sostuvieron, apoyando la barbilla en la parte superior de mi cabeza.

El alivio me recorrió por completo.

Me dejé caer contra él, mis manos agarrando suavemente los lados de su camiseta, mi frente apoyada en su pecho mientras cerraba los ojos, respirando su aroma masculino amaderado. Con mi cara aplastada en su camisa, dije:

—Lo siento.

Su voz retumbante vibró a través de su pecho.

—No me gusta que llores.

—Está bien —murmuré.

—No llores más —ordenó.

Y mi labio tembló.

—Está bien.

Besó la parte superior de mi cabeza ligeramente y lo sentí recorrerme, calentándome como una luminosa manta mullida en una noche fría. Sonreí hacia él, y entonces su brazo estaba a mi alrededor, sosteniéndome a su lado.

—Quítate los zapatos. —Me los quité y nos llevó por el pasillo a lo que supuse era su dormitorio. Y así fue.

La cama estaba hecha, las sábanas lucían frescas, y de repente, estaba nerviosa. Pero este era Draco, y de alguna manera mis preocupaciones volaron por la ventana con ese conocimiento, como si estuviera a salvo. Me sentía a salvo. Él era seguro, según mis sentidos arácnidos.

Draco se acostó en la cama, completamente vestido, sosteniendo sus brazos abiertos hacia mí. Mi estómago dio un vuelco a medida que subía encima, recostándome con él, mi cabeza apoyada en su hombro. Sus fuertes brazos me rodearon, metiéndome en su costado, y suspiré.

Estaba en paz.

—Así que, la hermana de Harry —me dio un codazo—, ¿qué hacemos ahora?

Fruncí mis labios mientras pensaba.

—Siempre podemos hacer lo que hemos estado haciendo. —Me volví hacia él—.¿Amigos?

Sus ojos se dirigieron hacia mis labios. No habló durante mucho tiempo, pero cuando lo hizo, mi corazón cantó.

—Es demasiado tarde para mí. Eres la chica más genial y divertida que he conocido en...bueno...nunca, Hermione. —Volvió la mirada hacia el techo—. No voy a dejar que el sexo se interponga entre eso. De ninguna manera. De ninguna forma.

Resoplé una risita.

—Eso es un poco curioso en cierto modo, porque no soy amiga de un montón de chicos. Bueno, hay dos locos adictos al gimnasio al otro lado de mi pasillo en mi edificio, pero no cuentan. Cada chico con el que he hablado, que no está relacionado a mí, me ha querido convertir en una versión femenina de Rain Man. —Una suave sonrisa adornaba mis labios—. Hasta ti, claro está.

Él gruñó, pero la forma en que me pegó a su costado fue todo lo que necesité para saber que el gruñido era algo positivo.

Nos tumbamos en los brazos del otro durante mucho tiempo. El silencio era cómodo y fácil. Ninguno de los dos sintió la necesidad de hablar para rellenar el espacio. Simplemente no era necesario.

Entonces, su voz retumbó en el espacio.

—Pudiste haber elegido a cualquiera de los otros hombres.

Mis labios se fruncieron ante el pensamiento entonces, accedí.

—Pude haberlo hecho. Hubo unos buenos cinco... bueno, seis minutos, cuando Blaise era un contendiente muy probable.

—¿Blaise? —sonó ligeramente insultado—. ¿Blaise?¡Tienes que estar bromeando! Le gusta duro. Habrías odiado eso. Él te habría comido viva, Hermione —resopló, murmurando para sí—: Blaise. Qué broma.

Una sonrisa maliciosa cruzó mi cara. Pensé con mucho cuidado en lo que iba a decir a continuación.

—Bueno, ahora que estoy desflorada, tal vez voy a reservar con él. Sería agradable ver el otro lado de... —chillé cuando Draco se puso encima de mí, mis brazos sujetados sobre mi cabeza, limitados por sus manos fuertes en mis muñecas.

Su mirada era cortante y su voz baja, peligrosa.

—No vas a reservar con nadie. Estás oficialmente fuera.

Una sonrisa burlona se posó en mi cara. Mi voz era entrecortada con la sensación de su cuerpo sobre el mío. Los recuerdos de la noche anterior se apoderaron de mí. Mi estómago se enroscó deliciosamente y susurré medio honestamente:

—Sólo estaba bromeando, Quinn.

Él no respondió durante mucho tiempo, pero cuando lo hizo, hizo que mis pezones se endurezcan. Lanzó crudamente:

—Si no has conseguido lo suficiente, Mia, todo lo que tienes que hacer es decir la palabra.

Abrí la boca para hablar, pero no salió nada.

¡Maldita sea, descarada replica! ¿Dónde estás?

Sus labios se curvaron en una sonrisa y estaba deshecha.

—¿Necesitas más de esto? —Apretó las caderas en las mías. La fricción era estremecedora.

Abriendo las piernas, mi falda se subió a mis caderas, Draco se colocó entre mis muslos, frotando la cresta dura escondida detrás de sus vaqueros justo donde lo necesitaba. Gemí. Ruidosamente. Pero luego se fue. Mis ojos lo siguieron a medida que se ponía de pie, estirándose hacia abajo para ajustarse, maldiciendo.

—Mierda, Hermione. Eres la hermana de mi mejor amigo.

Y allí estaba yo, con los muslos abiertos como una mujerzuela libertina, mis bragas al aire. Rápidamente me cubrí, pero no confíe en mí para hablar.

Se volvió hacia mí, con las manos en las caderas, mirando hacia abajo a sus pies.

—No puedo hacer esto. —Levantó su rostro, sus ojos en mí—. No voy a mentir. Eres hermosa, Hermione. Cada vez que estoy cerca de ti, parece que no puedo mantener mis manos lejos de ti. —Hizo una pausa y luego añadió en voz baja—:Te deseo, pero no puedo hacer esto.

Casi hice una toma doble.

Oh, Señor. ¿Acabo de oírlo que creo que acabo de escuchar? ¡ Draco Malfoy acaba de decir que era hermosa! No sólo eso, sino que dijo que no podía mantener sus manos lejos. ¡De mí! Inserte chillido aquí.

¡Qué me parta un rayo, no iba a dejar escapar esta oportunidad!

Haría lo que tuviera que hacer cuando se tratara de Draco Malfoy.


Lo prometido es deuda... jajajaj estoy desde hace más de una hora tratando de subir el capi, espero que les guste :) Como verán Draco se enojo, que pensará Harry?

Sigamos jugando! Gracias por los comentariosss

Besos, Isa