Los personajes le pertenecen a J.K. Rowling y la historia a Belle Aurora que se llama About Last Night, yo solo juego con ambos por entretenimiento, no pretendo violar ningún derecho de autor ni nada parecido. Espero que la disfruten
Capitulo 14
Draco
Mientras veía a Hermione, sus ojos de gacela me sostuvieron. Con su despeinado cabello castaño cayendo sobre su hombro, sus llenos labios entreabiertos, usando ese rubor rosa que me gustaba tanto, decirle que no era más difícil de lo que pensaba.
Se quedó en silencio por un tiempo, pero luego se movió. Deslizándose fuera de la cama, su vestido de lunares verdes amontonándose alrededor de sus muslos, se puso de pie, caminando descalza para encontrarme. Cuando se paró frente a mí, dijo suavemente:
—No estamos haciéndole daño a nadie, Draco.
Maldición, me estaba matando.
—No puedo hacerlo. Se siente mal.
Se estiró detrás de ella y escuché el sonido característico de un cierre siendo abierto. Mis ojos se estrecharon.
—¿Qué estás haciendo?
Tragando fuerte, su voz tembló.
—Somos adultos. Ambos consentimos en esto. No veo el problema. —Se encogió de hombros y la parte superior de su vestido cayó hacia adelante, revelando su perfecta piel de porcelana hasta su suave estómago, su sedoso sujetador de encaje blanco mostrándose. No es justo.
Luché contra el impulso de gemir. En cambio, me quedé mirando sus pechos y dije:
—No soy material de novio. —Levanté mi cabeza y mis ojos buscaron los de ella—. Si eso es lo que estás buscando, ese no soy yo.
Trató de sonreír, pero fue débil.
—Lo sé, Draco. Eres un acompañante. No quiero que renuncies a tu trabajo. —Sonrió, pero podía decir que fue forzado. Trató de reírse de ello—. Eres bastante bueno en eso.
Estaba tan confundido.
—¿Entonces qué? ¿Follamos hasta que lo saquemos de nuestros sistemas? Yo no... quiero decir, ¿qué quieres de mí? Porque no tengo mucho que ofrecer.
Enganchando sus pulgares en la cintura de su vestido, lo empujó suavemente por sus piernas, dejándolo caer al suelo, dejándola solo en su sujetador de encaje blanco y diminutas bragas de seda a juego. Me miró a través de las pestañas bajadas.
—Solo quiero jugar.
Mis brazos salieron disparados por su propia voluntad, deslizando mis manos alrededor de su espalda desnuda, empujándola hacia mí.
—¿Así que, nada en serio? ¿Solo sexo? —Se sonrojó, asintiendo—. Y se queda entre nosotros. Harry no se enterará. —Sacude su cabeza. Me siento como un idiota. Era la hermana de Harry. Pero, mierda, era increíble.
Estaba jodidamente cerca de ser vendido. Pero tenía una cosa más que aclarar. Mi mano se deslizó por su espalda, sobre su culo, apretando y amasando cuidadosamente, a propósito—. Y si empiezas a ver a alguien, la hora de jugar termina.
Sus ojos se cerraron al sentir mis manos en su culo. Respondió un entrecortado:
—Está bien.
La jalé más cerca, amando que esto fuera real. No estaba siendo pagado para montar un espectáculo. Mis verdaderas emociones y reacciones podrían quedar expuestas, y la mujer que estaba conmigo me encendía como un interruptor de luz. Esta era la primera experiencia sexual que había tenido fuera de los libros después de dos años, e iba a saborearla.
—Quiero tus labios, nena. —Mi voz sonaba extraña y casi áspera. Era mi turno de ordenar. Estaba a punto de tener sexo con alguien, simplemente porque quería hacerlo. Esa era una gran sensación. Liberadora.
Los ojos de Hermione se encontraron con los míos y el deseo atrapado en ellos fue un afrodisíaco por sí mismo. Estirándose, tomó mi rostro entre sus manos y me atrajo suavemente hacia abajo, como si fuera algo precioso y no quisiera que me rompa. Sus labios se cerraron en los míos, respiró en mí y mi polla estaba completamente erigida.
La conexión era otra cosa.
Al momento en que sus labios tocaron los míos, estaba perdido. Atrás quedó la actitud fría y calmada que me había entrenado para tener. Esta era una necesidad primitiva. La necesitaba, y la tendría de cualquier manera que quisiera, si me dejaba.
Con sus suaves labios dulces en los míos, gemí en su boca, levantando mi camiseta. Separándome por solo un segundo, la quité y la tiré hacia el único lugar en el que tenía que estar, lejos.
Sus pequeñas manos se posaron en mis caderas, sosteniéndome y fruncí el ceño. ¿Cuándo fue la última vez que alguien me tocó así? ¿Como si fuera un hombre normal, besándose con su chica? Ni siquiera podía recordar.
Unos fríos dedos suavizaron mi frente. Contra mis labios, pronunció:
—Deja de preocuparte. No estamos haciendo nada malo. Harry nunca lo sabrá.
No corregí su suposición, en lugar de eso asentí levemente.
—Correcto.
Mis brazos alrededor de ella, la levantaron, ignorando su chillido de protesta y la llevaron a los pies de la cama. Pasé mis dedos por su mejilla.
—No tenemos que hacer nada en este momento. Sé que todavía estás dolorida, Hermione. Nadie se cura tan rápido. Para mi sorpresa, sus labios carnosos hicieron un puchero.
—Oh. Um. Está bien.
Mi frente se frunció. ¿Era en serio?
—A menos que... ¿si tú quieres?
Su rostro se iluminó.
—¿Está bien?
Mis ojos se cerraron por su propia voluntad. Incliné mi cabeza hacia atrás y reí. ¿Dónde había estado Hermione toda mi vida? Eché un vistazo a su cauteloso rostro y sonreí para tranquilizarla.
—Eso definitivamente está bien. Es sólo que no quiero hacerte daño.
Me sonrió grande y el calor me golpeó justo en el pecho.
—Sí, quiero. —Su sonrisa cayó y añadió a toda prisa—. Si tú quieres.
Cuidosamente, alcancé su mano en mi cadera y la traje a mi distendido cierre. Presionando su mano en mi erección dura como una roca, dije inexpresivo:
—Oh, no lo sé. Creo que voy a pasar. —Puse mis ojos en blanco y luego resoplé—. ¿Tú qué crees?
Se mordió el labio, luchando contra una risa. Algo se apoderó de mí. Gentilmente tiré de su labio para liberarlo, pasando mi pulgar sobre él.
—Quiero tus sonrisas. Quiero escuchar tu risa. Se trata de nosotros, Hermione. Solo nosotros. No quiero fingir. —La atraje y le di un beso en sus labios—. Lo quiero todo.
Tenía su amistad. Ansiaba su cuerpo. Quería que la experiencia fuera genuina y la quería con ella. Era mi oportunidad en algo bueno. Claro, no podía ser su novio, pero podría ser la mejor alternativa. Podía ser la persona a la que acudiera cuando necesitara consuelo. Podía ser el hombre al que acudiera cuando sintiera que su piel se erizaba y necesitaba alivio. Podía ser la persona con quien se riera, la persona con quien creara bromas personales.
Podía ser su amante.
Le daría todo lo que tenía para dar. Podía no haber sido mucho, pero era todo lo que tenía. Hermione valía mucho más. Aquí estaba yo esperando que nunca lo averiguara, porque con cada segundo que pasaba, la idea de perderla por alguien que la mereciera ya estaba pesando en mi mente.
Apenas la había probado. Necesitaba más de ella. En secreto deseaba poder ser el hombre que necesitaba. Por desgracia, no lo era. Así que me aseguraría que las partes que podía darle se las diera por completo.
—Draco —susurró—, esta soy yo.
Mi pecho se hinchó. Ningún hombre la había visto así, con el cuello sonrojado, las pestañas bajas, un bonito rubor del color delas manzanas en sus mejillas, desnuda y descubierta hasta su alma. Hermione era mía, por ahora.
Tomé su boca en un largo beso húmedo, amando la manera en que se presionaba en mí.
—Sube a la cama.
En un segundo, estaba arrastrándose hacia el centro del colchón. Y entonces estaba buscando. Abrí los cajones y luego los cerré. Me dirigí hacia el armario, revisando bolsillos de chaquetas y pantalones. Nada.
Mierda. Cuando salí de la habitación, Hermione gritó un desconcertado:
—Um, ¿Draco?
—Sólo un segundo, nena.
En un último intento, miré a través del gabinete del baño. Con la frente fruncida, me arrastré de nuevo al dormitorio, deteniéndome en la puerta. Hermione se encogió de hombros. Me rasqué la barbilla vagamente.
—No guardo condones en el apartamento. Nunca necesité hacerlo. No hago negocios en la casa. —Estaba seguro que Hermione intentó ocultar el placer que aquella declaración le provocó, pero la chica llevaba el corazón en la manga.
Un momento de iluminación. Mi bolsa de trucos.
Me enderecé, con una sonrisa lenta estirando mis labios.
—Tengo que ir a mi auto. Vuelvo enseguida.
Antes de que pudiera decir algo, corrí por el pasillo, agarré las llaves de mi auto y corrí por las escaleras hasta mi auto para recuperar mi bolsa de diversión sexual. Lanzándola por encima de mi hombro, subí de dos en dos las escaleras. Dirigiéndome adentro, cerré la puerta de una patada y me dirigí al dormitorio, sosteniendo la bolsa en el aire como si fuera un Premio de la Academia. Sonreí.
—Hola.
Parpadeó y luego sonrió suavemente.
—Hola.
Abrí el cierre de la mochila, sacando una fila de condones y una botella de lubricante. No se puede ser demasiado cuidadoso. Hermione tenía que estar irritada. Lo menos que podía hacer era hacerlo más fácil para ella si realmente quería sexo.
Sosteniendo los condones entre mis dientes, bajé mi cremallera. Mis vaqueros volaron al mismo lugar en donde mi camiseta había sido arrojada y caminé de manera significante hacia la cama. Los ojos de Hermione se ensancharon cuando vio mi considerable tienda de campaña en mi bóxer negros de algodón. Cuando llegué a los pies de la cama, deslicé mi bóxer por mis piernas, revelando mi gruesa erección. La boca de Hermione se separó con lo que sonó como un suspiro de ensueño.
Oh, sí. Ella quería el P.
Me subí a la cama, moviéndome lentamente hasta que mi cuerpo estaba por encima de ella. Se echó hacia atrás y me miró con esos bonitos ojos. Me bajé, queriendo que sintiera mi peso sobre ella. Lo tomó sin protestar, extendiendo sus muslos cremosos para acomodarme.
Descansando mi polla en la V entre sus piernas, me mecí con suavidad, la punta de mi polla ya llorando. Con un tirón rápido, las copas de su sujetador descansaban bajo sus pechos, empujando hacia arriba sus pezones rosados duros contra mi pecho desnudo.
Lamí mis labios. Sus tetas eran increíbles, y se sentían increíbles elevadas hacia mí. Su suave jadeo me puso ansioso por tirar de sus bragas hacia un lado y llenarla completamente con un buen movimiento, pero me contuve.
Mis dedos jugaron con el elástico en la parte baja de su estómago. Pasé los dedos sobre el tatuaje de encaje negro ahí, admirando el patrón.
Enganchando mis dedos por debajo del material en sus caderas, deslicé sus bragas por sus piernas, quitándolas, y lanzándolas hacia abajo.
—Date la vuelta, de espaldas a mí.
Lo hizo sin preguntas y valoré su fe en mí. Descansando a su costado con su cabeza en mi almohada, sus rodillas ligeramente flexionadas, me encontré con la vista más hermosa que jamás había visto. Su culo apretado y los labios de su coño asomándose fuera de la V de sus muslos, estaba en exhibición, sólo para mí. Lo tomé como el regalo que era.
Mis dedos se posaron en su cadera. Saltó ligeramente, pero se calmó de inmediato. Pasé la punta de mis dedos por su cadera, espalda, sobre su culo tenso, y luego cuidadosamente sobre los labios hinchados de su coño rosa. Se retorció. Sonreí, alcanzando la botella en la mesa de noche.
Con voz baja, pronuncié:
—Relájate, Hermione.
Te tengo.
Exprimiendo una pequeña cantidad de lubricante en la punta de mis dedos, lo pasé sobre su coño, suave como una pluma. Ante el suave gemido de Hermione y el empuje de su trasero, probé las aguas. Suavemente empujé mi dedo en su hendidura, pasándolo de arriba hacia abajo, buscando cualquier signo de malestar. No vi ninguno y presioné más duro en su entrada, traspasando la carne suave. El lubricante estaba haciendo su trabajo.
Fácilmente deslicé mi dedo dentro de la vagina de Hermione, dentro y fuera, hasta que pude sentir su humedad fluyendo sobre mi dedo. Abrió la boca y se movió nerviosamente. Añadí un segundo dedo, pero aun así Hermione empujó contra mí, montando mis dedos, gimiendo suavemente. Estaba lista.
Yo también.
Tomé un pequeño paquete de aluminio, lo abrí, y me enfundé. Abrí la botella y exprimí una pequeña cantidad de lubricante sobre la punta de mi polla envuelta en látex. Arremolinando el lubricante sobre el condón, me puse detrás de Hermione, replicando su posición. Mi brazo serpenteó alrededor de ella, empujándola hacia mi pecho, colocando su coño directo en donde lo quería. Con mi mano libre, la estiré entre nosotros, rozando la cabeza de mi polla de ida y vuelta en su hendidura ya mojada. Sin ningún esfuerzo en lo absoluto, la punta se deslizó dentro, y mientras siseaba, Hermione gimoteó suavemente.
Introduje mi polla un centímetro a la vez, atento a sonidos de angustia, pero todo lo que escuché fueron sonidos de intenso placer. Hermione me tomó. Tomó todo de mí hasta que estuvimos trasero con ingle, y estaba completamente envuelto en su deliciosa calidez.
Manteniéndola cerca, presioné mi nariz en su nuca, besando el punto en donde el hombro se une al cuello. Su esencia me hizo cosquillas en la nariz. Cítricos y vainilla. Era un aroma que conocía íntimamente y me encantaba. Bañé el lado de su cuello y hombro con besos suaves, y seguí con mis esfuerzos cuando comencé a moverme. La trabajé en embestidas lentas y poco profundas, alimentado sus jadeos y gemidos discretos.
—¿Te gusta eso, nena?
—Oh, sí —gimió—. Me encanta. Me encanta.
—¿Se siente bien? —pregunté.
—Más. Necesito más —rogó.
Le daría lo que necesitaba. Aumentado la velocidad de mis embestidas, jadeé en su nuca.
—Te sientes tan bien, Hermione.
Gimió, empujando de nuevo en mis embestidas. Me conduje dentro de ella, alcanzando más profundo que antes, más profundo de lo que nunca había estado. Supe el momento exacto en el que golpeé su punto G. Lo supe, porque exclamó: "¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!", y convulsionó esporádicamente. Mi lengua salió a lamer el costado de cuello, moviéndome al mismo ritmo, en el mismo lugar. Estirándome alrededor de su cadera, envolví mi brazo sobre ella, palmeando su montículo.
—¿Te quieres venir?
—¡Sí! —exclamó, claramente indignada por mi pregunta.
Tomé mi dedo medio y lo pasé por su hendidura húmeda, buscando su botón tenso. Lo encontré fácilmente y froté pequeños círculos sobre él. En cuestión de segundos, el cuerpo de Hermione se tensó como un arco, su espalda arqueándose contra mí. Mi brazo se tensó alrededor de ella, sujetándola firmemente cuando los primeros espasmos comenzaron.
Jadeando, gimió:
—¡Sí! ¡Oh, gracias, sí!
Nunca me había sentido más virtuoso que en ese momento. Una mujer dispuesta, tomándome como era, apreciando el placer que le daba con un simple gracias.
No con dinero. En ese momento, la vida era buena.
Mierda, era maravillosa.
La sensación de su coño tenso apretándose a mi alrededor era demasiado. Incliné mi pecho lejos de ella, estirándome debajo del lado de su cuerpo para agarrar sus caderas. Me conduje dentro de ella con todo lo que tenía. La fricción profunda siendo suficiente para alimentar su orgasmo, extendiéndolo.
—¡Draco! —Su voz se volvió ronca. Me encantaba.
El sudor comenzó a llenar de gotas mi frente. Mis cejas se fruncieron, mordí mi labio a medida que jadeaba a través de mis embestidas. Mi estómago se tensó. La piel en mi espalda baja hormigueó y mis bolas se contrajeron. Con los ojos cerrados, liberé mi labio y gruñí.
—Mierda. Sí, nena.
Entonces ella hizo algo. Meció sus caderas hacia atrás, como por instinto, y mi polla se condujo dentro, imposiblemente profundo.
Me tomó por sorpresa. Mi orgasmo barrió a través de mí en un enredo de visión desdibujada, músculos rígidos, gruñidos bajos en mi garganta, y agarrando sus caderas lo suficientemente fuerte para producir un moretón.
Todavía profundo dentro de su coño mojado, mi polla se sacudió incontrolablemente, derramando chorro tras chorro de esperma caliente en el condón.
Agotado, colapsé detrás de Hermione, mis manos aún descansando en sus caderas, aunque débilmente. Pasé mi mano por su cadera hasta la suave piel de su muslo. Mis labios contra su hombro, presionaron un beso largo y suave ahí, esperando que transmitiera las palabras que no podía decir.
Cuando apoyó su mano sobre la mía, apretándola, estaba seguro que lo había hecho. Lentamente saliendo de ella, me paré, quité el condón, y me limpié. Como un zombi, me arrastre a la cama detrás de ella.
Ella bostezó.
Yo bostecé.
Se agachó para jalar una sábana sobre nuestros cuerpos, cansados y extasiados.
La atraje cerca, colocando un suave beso en el área debajo de su oreja.
Suspiró felizmente.
Y luego nos dormimos
...-...-...-...
Hermione
Era oficial. Era una ramera.
Perdiendo mi virginidad en una noche, y luego pidiendo sexo a la tarde siguiente...
Sí. Definitivamente era una ramera.
Yendo de puntillas alrededor de la habitación de Draco, traté de ser lo más silenciosa que podía al recuperar mi ropa, no pude evitar mirar por encima de él mientras dormía. Su rostro se había suavizado de una manera que parecía casi inocente e infantil. Su respiración era profunda y hasta abrazaba una almohada. Un trozo perdido de cabello se había caído sobre su frente. Si no estuviera tan preocupada por despertarlo, lo habría empujado hacia atrás, corrido mis dedos sobre la piel áspera con el indicio de una barba que tanto me gustaba, y besado su frente con amor. Se veía tan tranquilo. No podía soportar la idea de despertarlo.
Habíamos dormido la siesta juntos por un par de horas, y aunque se sentía natural que Draco me abrazara mientras dormía con mi cuerpo presionando contra el suyo, estaría mintiendo si dijera que no me asustaba.
Me asusté, porque era sin duda algo a lo que podría acostumbrarme, y lo que Draco estaba ofreciendo no era una cosa para siempre. Antes lo dijo: "Si empiezas a ver a alguien, la hora de jugar termina".
Ni siquiera le molestó, el pensamiento de que salga con otro hombre.
Me refiero, por supuesto, sería injusto ya que es un acompañante, pero la idea, obviamente, no le había provocado celos. Eso lo decía todo.
Aunque cuando se trataba de Draco, ni siquiera podía pensar en su trabajo como acompañante. Sólo podía empujar el pensamiento a un lado y fingir que no me molestaba, por el bien de ambos. Honestamente, ¿cómo podía no molestarme que el hombre por el que había comenzado a desarrollar sentimientos reales, durmiera con otras mujeres cuatro o cinco noches a la semana?
Me molestaba. Me molestaba mucho.
Pero era Draco, y no tenía ningún derecho sobre él. Si sólo podía tenerlo como amante, aunque sea por un corto tiempo, lo aceptaría. Y cuando llegara a ser demasiado para mí, cuando empezara a sentirme peligrosamente enamorada de él, empezaría a salir con alguien más, poniendo fin a nuestra no-relación con la esperanza de poder encontrar a un hombre que me hiciera sentir la mitad de lo que sentía cuando estaba con Draco.
No parecía justo, pero así era la vida. Se sentía agradable ser deseada, incluso si era sólo temporal.
Eran ya cerca de las 7p.m. El sol se estaba poniendo, y siendo un día de fiesta nacional, si no salía ahora, perdería el autobús y tendría que buscar un taxi. Los taxis eran caros. Yo no era millonaria.
Vistiéndome sin hacer ruido, le di una última mirada a Draco, y en ese mismo momento, soltó un ronquido sordo. Cubriéndome rápidamente la boca con la mano, me reí en voz baja.
Mi sonrisa cayó cuando mantuve mi mirada en él. Estos son los momentos que apreciaría después de que haya pasado nuestro tiempo.
Estos momentos eran agridulces.
Sacudí la cabeza a medida que avanzaba por el pasillo, recogía mi bolso y me ponía mis sandalias. Con un último vistazo a su alrededor, abrí la puerta y la cerré detrás de mí, caminando por las escaleras y fuera del edificio.
Vi la puesta del sol, las salpicaduras de naranja y rosa a través del cielo.
El autobús llegó y subí a bordo, tomando asiento en la parte de atrás.
Pensamientos de Dracome asaltaron entonces: su sonrisa brillante, su risa audaz, su alegría inusitada. Me pasé la mano por la cara, de repente cansada mientras me hacía una pregunta en silencio.
¿Cómo voy a salir ilesa de esto?
…-….-…..
Sentada con las piernas cruzadas en la cama, el televisor reproduciendo un espectáculo sobre una abogada que se ocupaba de sus negocios con toda su actitud, como cereal de salvado sin sabor como una cena tardía.
Con el cabello todavía mojado por la ducha, ya que no podía molestarme en secarlo, me vestí para la comodidad con pantalones de yoga, un suéter holgado y zapatillas suaves. La llamé una noche tranquila en casa, y ya que estaba cerca de las 10 p.m., no esperaba visitantes. Por eso, cuando sonó mi puerta, me detuve con la cucharada de cereal a medio camino de mi boca, frunciendo el ceño en confusión.
Colocando el plato de cereal en mi mesita de noche, fui a la puerta y pregunté:
—¿Quién es?
La voz normalmente descarada respondió muy mansa:
—Soy yo. Ella.
Mis dedos hurgaron en la cerradura, abriendo la puerta de inmediato.
Se veía terrible. Bueno, no terrible, pero terrible para la extrovertida Ella luchadora.
Llevaba el cabello recogido en una coleta alta, sus rizos parecían pacificados esta noche. Vestía jeans, zapatos planos, y una chaqueta de punto.
La miré y cautelosa pronuncié:
—Hola, he estado tratando de llamarte.
Ella sonrió con tristeza.
—Lo sé. Lo siento, estuve ausente.—Se encogió de hombros y lanzó un bajo—: Lamiendo mis heridas, ya sabes.
Esa declaración me entristeció de tal manera que mi garganta se espesó, y en un rápido movimiento, di un paso adelante, envolviendo mis brazos a su alrededor, deseando rodearla en mi calor. Después de un momento, con los brazos cruzados alrededor de mi cintura, aceptó todo lo que le di.
Estuvimos una encima de la otra por un minuto. Luego se echó hacia atrás, con los ojos brillantes y con la voz temblorosa, dijo:
—Simplemente es una mierda, ¿sabes?
Parpadeé lejos mis propias lágrimas.
—Lo sé, cariño. Lo sé.
—Pensé que le gustaba.
—Lo sé —repetí.
Su voz se calmó y su rostro se volvió afligido.
—Me llamó cerdita.
—Oh, cariño. —Me dolía el corazón por ella—. El tipo era un imbécil. Pero la mayoría de los idiotas pueden ser muy encantadores.
Ella se burló, con los ojos muy abiertos.
—Y me lo dices a mí.
Una pequeña sonrisa tiró de mis labios.
—Le gustaste al camarero.
Ella suspiró.
—Sí, bueno, también metí la pata con eso.
Negué con la cabeza.
—No lo creo.— Empujándola dentro, cerré la puerta detrás de nosotras y la llevé a la cocina, tomé el papel de la parte superior de la nevera y se lo entregué—. Me pidió que te diera esto, pero sabía que no estabas para eso la otra noche.
Sus bonitos ojos se estrecharon confundidos. Desdobló el papel y lo leyó en silencio.
Con los ojos amplios, sacudí su brazo y le pregunté con entusiasmo:— ¿Qué dice?—Me moría de ganas de saber. Después de haber tenido ese maldito papel durante dos días y no leerlo era una tortura absoluta.
Su frente se elevó.
—¿No lo has leído?
—¡No! —La sacudí de nuevo—. ¡Dime!
Una pequeña sonrisa iluminó su rostro.
—Dice... —Contuvo la respiración—... mereces mucho más.— Dobló el papel y se lo metió en el bolsillo de atrás, sin emociones.
Parpadeé.
—¿Eso es todo?
Ella sintió.
—Eso es todo.
—¿No hay número?
Negó lentamente con la cabeza.
—Sin número.
Me quedé en silencio un segundo antes de que me indignara.
—¡Eso es una mierda!
Rió sin humor.
—¿Le echas la culpa? Fui al bar donde él trabaja, coqueteé con él descaradamente, y luego ni esperé diez minutos para follarme a un tipo que apenas conocía en un baño sucio. —Bajó su rostro, avergonzada—. Ese tipo de cosas no te gritan ella es la indicada.
Apoyé mi mano en su hombro.
—Cometiste un error. Todo el mundo lo hace, Ella. La gente aprende de sus errores. Sé que tú lo has hecho.
Ella sintió y soltó un insensible:
—Seguro.
Mis ojos se estrecharon a medida que pensaba seriamente en algo, cualquier cosa que pudiera animarla. Mis labios se extendieron en una sonrisa mientras tomaba su mano y abría la puerta del apartamento.
Caminando por el pasillo, llamé a la puerta frente a la mía. Ella preguntó con cautela.
—Uh, ¿qué estamos haciendo?
La puerta se abrió y Terry se quedó allí, con una diadema sujetando su cabello hacia atrás, y el rostro cubierto de un pegote blanco.
Miró hacia nosotras dos y jadeó felizmente:
—¡Noche de chicas! —Dejándonos en la puerta, corrió por el pasillo, gritando—: Bueno, ¿qué están esperando? ¡Entren, perras!
Entramos de inmediato. Terry nos enmascaró mientras Bill llenaba nuestras copas de vino. Al final de la noche, Ella se reía libremente de algo que Bill había dicho, sin una onza de desesperación grabada en sus rasgos.
Sonreí agradecida por Terry. Mientras caminaba junto a mí, él presionó un beso en mi cabeza.
Amigos como estos eran difíciles de encontrar.
¿Cómo era tan afortunada?
Era cerca de la 1a.m. y Ella se había ido unos minutos antes. Besé a los chicos en sus mejillas, dándoles las gracias por su incomparable hospitalidad, y me dirigí a casa.
Mi cama estaba llamando mi nombre. Había sido un día ajetreado. Y una noche. Me deslicé bajo las sábanas, sin molestarme en cambiar mi ropa.
Justo cuando empezaba a conciliar el sueño, mi teléfono vibró en la mesita de noche, junto al plato de cereales olvidado.
Extendí mi mano por este y desbloqueé la pantalla. Mi frente se aflojó y mi boca se abrió. Veintidós llamadas pérdidas. Ocho mensajes. ¿Qué demonios?
Cada llamada pérdida era de Draco. Igual que los mensajes.
Draco: ¿Dónde estás?
Draco: Hermione, ¿a dónde fuiste?
Draco: ¿En serio escapaste mientras dormía? Mierda, Hermione. ¡Eres un cliché andante!
Draco: Responde. Responde. Responde. Responde.
Draco: Me estás volviendo loco ahora. Por favor llámame cuando recibas esto.
Draco: Tengo que trabajar en una hora. Llámame.
Draco; ¡HERMIONE! ¡RESPONDE!
Draco: No estoy bromeando. Voy a llamar a tu hermano para ver si él sabe de ti.
Mi estómago se hundió con pavor. Oh, Dios. Estaba en un gran problema.
Marqué rápidamente, sosteniendo el teléfono en mi oreja. El teléfono sonó una vez. Él respondió con un fuerte:
—¿Dónde estabas?
—Yo... —Pero fui interrumpida.
—Mierda. ¡He estado volviéndome loco de preocupación! En primer lugar, te escapas por la noche como un ladrón. —Hice una mueca—. Entonces no respondes al teléfono cuando llamo. Mierda, me reporté enfermo porque estaba muy preocupado de que algo te hubiera sucedido. —Hice una mueca más profunda—. ¡Estaba a punto de llamar a tu hermano! ¿Dónde diablos estabas?
Oh, mierda. Estaba enfadado. No enfadado. Sino enojado. Algo me dijo que la honestidad era mi mejor opción.
—Lo siento mucho, Draco. Es sólo que... parecía que necesitabas el sueño, así que me fui y tomé el autobús a casa. Estuve en casa la mayor parte de la noche, pero entonces mi amiga del trabajo Ella vino, lo que en realidad fue genial, porque estaba muy preocupada por ella después de un poco de drama la otra noche, y ella estaba evitando mis llamadas. —Él resopló y supe que estaba pensando, que la última parte sonaba familiar. Rápidamente seguí, soltándolo todo—.Y ella estaba tan triste que quería hacer algo para animarla, así que la llevé al otro lado del pasillo con Bill y Terry, donde nos hicimos tratamientos faciales, bebimos vino caro, y miramos la televisión. —Solté un suspiro—. Acabo de llegar a casa ahora mismo. Dejé mi teléfono en casa.
Era una explicación convincente. Lo sabía. Él lo sabía. Todos lo sabíamos.
Se quedó en silencio un largo tiempo.
—Siento mucho que hayas perdido el trabajo, Draco—pronuncié en voz baja, queriendo decirlo. Sólo le acababa de costar dos mil dólares.
Estaba lista para la reprimenda. Me armé de valor para el regaño. En cambio, recibí un aliviado suspiro.
—Ella está bien. —Entonces más fuerte—.Estás bien.
Asentí, aunque sabía que no podía verlo.
—Estoy bien. De verdad.
Él sonaba cansado.
—Dios, estaba tan preocupado. —Mi corazón se rompió ante el tono de su voz—. ¿Por qué te fuiste?
Idiota. Era una idiota de remate.
—No quería despertarte.
Mi cerebro gritó: ¡Patético!
Su voz recuperó parte del fuego.
—No me importa una mierda, Hermione. Si te llevo a mi casa, me despiertas y te llevo a tu casa. No sólo te vas.— Su voz enronqueció—.Si algo te pasara...
—¡Pero nada pasó! —chillé, exasperada.
Él se quedó en silencio y supe que no debería haber hablado.
Murmuró con calma entonces:
—La próxima vez, me despiertas.
La próxima vez. Me gustó eso. Lo que no me gustó fue que sonaba demasiado tranquilo. Mortalmente en calma. En lugar de empeorarlo, murmuré un tranquilizador:
—Oh, Dios, Draco. Lo siento mucho. Te prometo que la próxima vez te despertaré. Nunca quise preocuparte. Pensé que permitirte dormir era una prioridad, pero puedo ver ahora que sólo arruiné las cosas. —Mis entrañas se apretaron y cerré los ojos en arrepentimiento—. Lo siento, Draco. Lo siento tanto. Soy una idiota. Una gran idiota.
Él resopló una carcajada.
—No, no lo eres. Pero sí, lo arruinaste todo.—Gemí en voz alta y él murmuró—:Pero estás a salvo y eso es todo lo que importa.
No hablé. No sabía qué decir a parte de lo siento.
—Buenas noches, Mione.
Un tono de remordimiento sacudió mi voz.
—Buenas noches, Draco.
Descansé el teléfono en mi cama.
El sueño me evadió por horas durante la noche.
PERDÓN PERDÓN PERDÓN, sé que dije actualizan inmediata, pero culpen a la compañia de luz que me dejó sin luz desde ayer a las 11 pm hasta hace un ratito :(
Espero que les guste el capi y que sigamos jugando- esta vez sin problemas please. Gracias a todas/os los que comentan y leen, tienen un lugar en mi corazón.
Que creen de Herms, es una ramera? jajajajja muchas quisiéramos estar en su lugar creo yo :D Al final Draco se dio por vencido y todavía Harry no sabe nada de nada.
Quiero contarles que estoy pensando en adaptar otra historia, díganme que prefieren: un Draco malo y vengativo o una historia que tiene mas de BDSM, aunque no llega a ser eso; estaré escuchando votos, y si quieren puedo hasta poner una intro aquí de cada uno para que vean de que se trataría
Besos, Isa.
