Los personajes le pertenecen a J.K. Rowling y la historia a Belle Aurora que se llama About Last Night, yo solo juego con ambos por entretenimiento, no pretendo violar ningún derecho de autor ni nada parecido. Espero que la disfruten
Capitulo 22
Draco
Han pasado dos semanas desde que Hermione y yo nos convertimos en un producto oficial, y desearía poder decir que iba mejor delo que era.
El comienzo de una relación era un momento nuevo y excitante.
Deberíamos haber estado en la etapa de luna de miel, donde todo era diversión y no pudiésemos tener suficiente uno del otro, pero lo que había pasado con Harry nos había herido a ambos de una manera que me temo no nos recuperaríamos.
Hermione se estaba retrayendo, y alguien más estaba tomando su lugar. Iba con el transcurso de su día, pero no estaba completamente seguro de si las luces estaban encendidas arriba. Había algo robótico en la forma en que hablaba últimamente, y sus sonrisas eran vacías, casi tan vacías como sus ojos.
Estaba preocupado. Amaba a Hermione. Ella era mi mundo. Verla de esta forma me asustaba hasta la mierda. Necesitaba arreglar esto, o arriesgaba el perderla.
Algo me dijo que si Harry continuaba rechazando nuestra relación, Hermione y yo no sobreviviríamos como pareja, y una parte de mí odiaba a Harry por eso, porque no estaba seguro si superaría cualquier mierda que tuviera en contra de nosotros. No sólo eso, sino que estaba seguro que no me recuperaría si perdía a Hermione.
Él estaba en lo correcto. No era lo suficientemente bueno para ella, pero haría lo que fuera que tuviera que hacer para hacer las cosas funcionar.
El fracaso de nuestra relación no era una opción. Especialmente no antes de que realmente incluso comenzara.
Por una semana completa, había visto a mi novia escapar al baño a todas horas y regresar con los ojos enrojecidos. La había escuchado llorar en silencio en las noches cuando estaba segura que estaba dormido.
Había visto que su felicidad lentamente se iba desvaneciendo, preguntándome si se iría para siempre.
No iba a permitir que la tristeza se convierta en un accesorio permanente en la vida de Hermione. Así que levanté mi mano y soné el timbre.
Abrió la puerta y me observó de arriba abajo. No me perdí de la barba de tres días o las botellas de cerveza vacías en el mostrador de la cocina. Parecía que Harry era tan miserable como nosotros.
Ninguno de los dos habló, nos miramos con cuidado, anticipando lo que el otro haría.
Pasó un momento, y Harry me sorprendió al alejarse un paso de la puerta, haciéndome espacio para entrar. Entré y él cerró la puerta detrás de mí, pasándome y preguntando:
—¿Qué quieres?
Si él no sentía la necesidad de las formalidades, entonces yo tampoco.
Me mantuve de pie a una distancia de él y lo dije como era.
—Nos estás matando antes de siquiera haber recibido una oportunidad, Har.
Sus ojos se entrecerraron a la vez que su quijada se tensaba. Me odiaba; eso estaba claro.
Normalmente odiaba rogar. ¿Hoy? No tanto. Tenía que hacer lo que tenía que hacer.
— Hermione está sufriendo, y tú eres la causa. Yo...—dudé—, no sé qué hacer, pero sé que si la veo sufriendo por más tiempo, voy a ir detrás de la causa. ¿Me entiendes?
—¿Es eso una amenaza? —masculló Harry, fingiendo aburrimiento.
Dios, me estaba molestando, y mucho.
—Lo sabes. La amo más que nada. —Me detuve un momento para dejar que eso penetrara—. Más que nada, Har. —Una tristeza se apoderó de mí para la cual no estaba preparado. Se mostró cuando hablé—. No me importa si me golpeas. No me importa que me hayas dicho mierdas que no me merecía, pero... pero no puedo permitirte que la hieras.
—¿Y si te digo que la única manera en que superaré esto es si acuerdas no salir más con ella?—preguntó ácidamente.
Mis caderas se levantaron a la vez que respondía brusco:
—Te diría que eres un imbécil egoísta y que te jodas. —Harry se volvió para mirarme fijamente. Pero era algo que no estaba dispuesto a aceptar—. Estamos enamorados. —Necesitaba que lo entendiera—.Me voy a casar con ella. —Su enojo se esfumó, y todo lo que quedó atrás fue una mirada de resentimiento—. Te tuve como a un hermano por casi seis años, y nunca he pensado diferente, sin importar cuán mierda has sido conmigo. —El resentimiento se desvaneció, y luego solo se veía cansado y vacío—. Me encantaría que tú fueras parte de nuestras vidas, pero aceptaría tranquilamente si decidieses que no quieres eso. —Me detuve antes de ponerlo sobre él—. Pero Hermione no podría, hombre. Ella te necesita. Te ama más que nada. Todo el tiempo que estuvimos viéndonos, me dijo que tú eras su héroe. Su campeón. La única persona que creyó en ella. El único que la apoyó al cien por ciento. —Añadí calmadamente—: La estás haciendo una mentirosa, Har.
No esperé por su respuesta.
Me volví y salí de su apartamento sin mirar atrás, esperando que mordiera el anzuelo que le puse.
...-...-...-...
Hermione
Había pasado mi día como lo había hecho desde hace un mes. Iba a trabajar, hacía mi trabajo, venía a casa, cocinaba, comía y luego me bañaba y me ponía mi pijama. Solo que, no sentía nada de eso.
Habían sido cerca de tres semanas desde que mi hermano me dijo una palabra. Lo había visto dos veces en casa de mamá y sin importar cuánto tratara de involucrarnos en una conversación, simplemente, no sucedía. Mi hermano me saludaba como su fuera una extraña, con un seco "Hola" y todo lo que podía hacer era responder un bajo "Hola". Comíamos frente al otro, evitando el contacto visual, contestándole a nuestra madre en oraciones cortas que no requerían más respuesta.
Draco era mi única línea de vida. Aunque no nos veíamos todas las noches, tratábamos de estar juntos al menos cinco noches a la semana. Lo que más me asustaba era cuán dependiente de él me estaba volviendo.
No era esa chica, esa chica necesitada, que necesitaba que un hombre acariciara su cabello y le dijera cuán bonita era. Esa no era yo. Pero Draco me estaba dando algo nuevo y desconocido, algo que añoraba: completa atención.
A pesar de cómo lo había tratado mi hermano, nunca habló mal de Harry.
De hecho, era lo opuesto. Me contaba historias de cómo Harry había salvado su trasero, sobre el tiempo que Harry lo recibió cuando había estado durmiendo en su auto por una semana y cómo Harry había sido más cercano a él que sus parientes sanguíneos.
Solo que Harry era mi pariente sanguíneo y odiaba la división que mi relación estaba causando en mi familia. Amaba a Draco, pero Harry era mi hermano. No tenía un padre, pero nunca extrañé tenerlo porque Harry se convirtió en todo lo que necesitaba en una figura masculina. Lo amaba en una forma que era única e irremplazable y estaba completamente perdida sin él. Era mi mejor amigo, mi colega y su ausencia dejaba un enorme agujero en mi corazón.
Estaba herida.
El sonido en el reloj del horno me trajo de vuelta al presente y repentinamente me di cuenta que había estado parada en la cocina por minutos sin parpadear. Tomé una respiración rápida y caminé hacia adelante para apagar el asado. Draco estaría aquí pronto. Quería cocinar algo lindo para la cena. Se merecía cenas lindas con una novia impresionante.
Al menos podía proveer una de las dos.
Draco había estado yendo al gimnasio todas las noches desde que había sido aceptado en el programa de entrenamiento de la Academia de Policía. Estaba en buena condición física como estaba; no veía la necesidad que fuera más allá, pero él estaba convencido que necesitaba hacer más.
Estaba tan comprometido en hacer algo normal, algo honorable. Era agradable verlo poner todo su empeño en algo por lo que tenía tanta pasión.
Sonreí ante la idea y un leve dolor pulsó en mi pecho. Lo amaba tanto... demasiado.
La puerta del apartamento se abrió y removí el asado del horno. Un largo suspiro resonó detrás de mí y luego unos brazos fuertes se envolvieron a mi alrededor, jalándome hacia un caliente cuerpo duro.
—¿Quién te viera, siendo toda doméstica y todo eso? —Sonaba ligeramente divertido. Luego mordió gentilmente mi oreja y gruñó—. Oh nena, vas a conseguir anotar esta noche.
Lo empujé con mi guante para el horno y traté de alejarme, fingiendo disgusto.
—Ugh. Quítate. Estás todo sudado.
Su ronca risa retumbó en mi oído.
—Oh, calla. Te gusto todo sudado. De hecho, si recuerdo correctamente, te gusta tanto que lamiste todo el camino hasta mi p...
Girándome, coloqué mis manos sobre su boca, mis ojos bien abiertos y siseé.
—¡Oh, Dios mío, detente!
Desde detrás de mis manos, sus ojos sonreían mientras murmuraba:
—Chica sucia. —Luego frunció el ceño y murmuró algo más—. Oye, ¿qué pasa? He estado aquí todo un minuto y todavía no me has besado. —Se detuvo un momento antes de añadir—: Dame tus labios, mujer.
¿Qué había hecho tan bien en mi vida para merecer el regalo de este hombre?
Mis manos se deslizaron por sus hombros, le sonreí ligeramente, parándome sobre la punta de mis pies y presioné gentilmente mis labios en los suyos. Inmediatamente gruñó, sus manos subiendo para acunar las mejillas de mi trasero, presionándome tanto en su cuerpo como podía lograrlo. Apretó y el ligero dolor hizo que mi centro pulsara con anticipación.
Presioné suaves besos mojados en sus labios, apartándome solo cuando pensé que no sería lo suficientemente fuerte para hacerlo seguir así.
Por sus ojos entrecerrados y llenos de lujuria, supe que, si no me alejaba ahora, terminaríamos desnudos en el piso de la cocina, con la cena olvidada.
Retrocedí con mis brazos extendidos a modo de advertencia.
—No. Vamos a comer. —Pero Draco sonrió deliciosamente. Pataleé y gimoteé—.¡Draco! ¡Cociné, maldita sea!
Un brazo serpenteó alrededor de mi parte media y un sonriente Draco me jaló, sosteniéndome cerca. El otro brazo vino alrededor de mí, sosteniéndome por la parte baja de mi espalda. Estaba siendo sostenida en una manera que me hacía sentir tanto segura como protegida. Y era más que agradable.
Era maravilloso.
Mi nariz encontró su camino por su clavícula y lo respiré, parte sudor, parte colonia, y todo Draco. Sus cálidos labios gruesos besaron gentilmente mi frente.
—Te extrañé hoy.
Me estiré para hacer puños con los costados de su camiseta.
Te extrañé más.
Su agarré se aflojó lo suficiente para que envolviera un brazo alrededor de mis hombros y me llevara a los bancos detrás del mostrador.
—Tú cocinaste. Ahora vete a sentar. Yo te voy a servir, princesa.
No tenía caso discutir. Draco haría lo que Draco quisiera hacer. Descubrí esto bastante rápido en nuestra relación y para ser honesta, no me importaba dejar que Draco me mimara. Me amaba y quería demostrarme que lo hacía. No había nada de malo en un hombre mostrándole afecto a la mujer que amaba.
Sacó dos platos, cortó la carne y la sirvió, dándome vistazos ocasionalmente. Lo observaba con detenimiento, una sensación de cansancio pasando a través de mí. Parpadeé lentamente, exhausta.
—Te ves un poco mejor hoy. ¿Cómo te sientes?
Pensé en ello antes de levantar mi hombro con un encogimiento. Estaba un poco harta de hablar de eso.
Draco colocó mi plato frente a mí y observé mientras comía con gusto, gimiendo y gruñendo con apreciación, antes de volver por una segunda ración. Miró hacia mi plato y me vio picoteando mi comida.
—¿No tienes hambre?
Empujé mi plato con un suspiro. Me estaba haciendo sentir enferma.
—No mucha. Comí tarde. — Draco dejó de comer lo suficiente para acunar mi mejilla y correr una mano a través de mi frente. Golpeé su mano, poniendo mis ojos en blanco—. Relájate, mamá. Me siento bien.
Levantó nuestros platos y los colocó en el fregadero antes de quitarse su ajustada camiseta negra y deshacer el nudo en la cintura de sus pantalones de chándal gris claro. Colgaron bajo sobre sus caderas y la forma en V en su abdomen debilitó mis rodillas. Rascó distraídamente su vientre.
—Voy a bañarme y luego iremos a la cama.
Mi frente se frunció.
—Pero apenas son como las ocho de la noche.
Entró en el baño. Escuché la ducha abrirse y dijo de vuelta:
—Nunca dije que íbamos a dormir, nena.
Mis labios se fruncieron a medida que mis cejas se elevaban.
—Ah —exhalé.
Levanté mi brazo y me olí a mí misma antes de caminar hacia la habitación para ponerme mi pijama lindo.
….-…-…-…
Mi boca se abrió en un gemido silencioso cuando Draco se empujó dentro de mí desde atrás, fuerte pero preciso. No tenía apuro en tomarme ahí y yo no estaba de humor para apurarlo, no cuando se estaba sintiendo tan generoso.
Sus grandes manos deambularon por mi piel mientras era montada y tomada sobre mis manos y rodillas. Recordé lo que Draco me había dicho una de las primeras veces que hablé con él. "El mejor sexo siempre es sucio, complejo e impactante. Ese es el tipo de sexo que deriva de la pasión. Es increíble".
Oh, cielos, tenía razón. Tenía tanta razón.
Empujó superficialmente mientras iba hacia al frente hasta que estuvimos pecho contra espalda. Su jadeos resonaban en mi oreja y en ese momento, nunca había escuchado un sonido más erótico que Draco simplemente respirando.
Su voz baja, retumbó:
—Hermione. —Movió gentilmente mi cabello para quitarlo de la parte posterior de mi cuello y colocó sus labios en el lugar donde el cuello encontraba el hombro. Contra mi piel, dijo—: Hermione. —No solo decía mi nombre. Lo cantaba. Ronroneaba y mi cuerpo tamborileaba en respuesta.
Deliciosamente distendido, mi centro se apretaba por la forma en que decía mi nombre. Se condujo dentro de mí y no estaba preparada. Gemí, mi cuerpo estremeciéndose. Sentí su sonrisa torcida contra mi piel desnuda y empujé hacia atrás contra él, obligándolo a tocar fondo.
Gruñó, su cuerpo tenso y fue mi turno de sonreír. Gemí, necesitando más, luego empujé hacia atrás otra vez, frotando mi coño en su gruesa polla, queriendo más que nada que Draco perdiera su control. Por el gruñido bajo que se le escapó, supe que casi estaba ahí.
Cuando se quitó de mi espalda, agarró mis caderas y trató de controlar mis movimientos, sonreí de nuevo. Estaba cerca de su punto de quiebre.
— Draco, cariño —dije con voz áspera—. Por favor.
Sus manos bajaron sobre mi trasero tan repentinamente que chillé con sorpresa. Corrió la yema de sus dedos sobre el pulsante calor de mi piel.
—Dime lo que necesitas, nena.
Está bien. Así era la cosa. Me encantaba la charla sucia... siempre y cuando fuera Draco quien la dijera. ¿Mi problema? A Draco le encantaba la charla sucia, y quería escucharme decir cosas que harían a desmayar a una monja. Mi frustración aumentó.
— Draco —advertí.
Su mano bajó sobre la otra mejilla. Fuerte. Jadeé, ansiando el suave toque de sus dedos que sabía que vendría pronto. Gruñó.
—Maldición, amo tu trasero. —Estirándose debajo de mí, tomó mis pechos en sus manos y apretó gentilmente—.Amo tus grandes pechos —murmuró, jalando libremente de mis pezones—. Amo cuán sensibles son tus pezones. —Se condujo dentro de mí y gimoteé. Habló a través de sus apretados dientes—. Amo tu apretado coño mojado. —Se condujo dentro de mí una segunda vez, y gemí largo y bajo. Preguntó—: ¿Por quién está mojado tu coño, nena? —Mordí mi labio y peleé contra un gruñido, mi sexo convulsionándose alrededor de su grueso contorno. Lo sintió.—Oh, sí, Hermione. Sabes que me gusta eso. —Con voz suave, preguntó—:¿Te gusta mi polla, nena? ¿Te gusta cuando hago esto? —Se empujó dentro de mí, hasta las bolas.
Mis ojos rodaron hasta la parte posterior de mi cabeza mientras mi boca se abría en un suspiro silencioso.
—Oh, Dios.
—No Dios —dijo presuntuosamente—. No, nena. Solo yo. —Se condujo dentro de mí—. Di mi nombre, Hermione.
Estaba más allá de mi etapa de vergüenza.
— Draco —gemí.
Su voz engañadoramente suave, dijo:
—Amo cuando dices mi nombre.
Fue entonces cuando encontré que no podía dejar de decir su nombre.
Lo gemí una y otra vez a medida que él trabajaba mi cuerpo con frenesí. Mi clítoris rogaba por atención y justo cuando creí que enloquecería, me dio lo que necesitaba. Sus dejos trabajaron en mí en lentos movimientos circulares, y no pasaron ni diez segundos antes que mi cuerpo explotara con fuegos artificiales. Lancé mi cabeza hacia atrás y gemí a través de mi dichosa liberación. Draco gruñó, trabajando en mí más fuerte y rápido, prolongando mi liberación, y pronto, su cuerpo se puso rígido y se quedó inmóvil, bombeando semen caliente en el condón, uniéndose a mí en el éxtasis.
…-…-….-….-…
Draco
Mirarla venirse era la cosa más hermosa que hubiera visto jamás. Mi estómago daba vueltas.
Rápidamente me di cuenta que no quería que otro hombre viera esto.
Nunca.
Lo quería todo para mí, más que para siempre. Repentinamente supe lo que quería y no estaba asustado. Para nada. Se sentía bien. Se sentía correcto.
Iba a pedirle a Hermione que se case conmigo.
…-….-…..-…..-…..
Hermione
Ambos jadeando, nos dejamos caer sobre nuestros costados, mirándonos el uno al otro. Con los ojos muy abiertos, y la adrenalina fluyendo a través de mí. Me estiré con dedos temblorosos, corriendo el dorso a lo largo de su mandíbula. Atrapó mi mano y la besó antes de sostenerla contra su pecho, su rápido pulso reproduciéndose en mis nudillos.
Nos miramos fijamente por un largo rato, ninguno de nosotros atreviéndose a decir una palabra. Porque charla era charla. Y teníamos algo más que palabras.
Teníamos amor.
—Hermione —susurró Draco un rato más tarde, sonando medio dormido.
Medio adormecida, dije borrosamente:
—¿Sí?
Respiró profundo y luego habló lentamente mientras exhalaba.
—¿Te casarías conmigo?
Mi corazón tartamudeó. Mi mente eligiendo ese momento justo para quedarse en silencio.
Luego me di cuenta que no necesitaba mi mente. Escucharía a la parte de mí que manejaba mi corazón.
Sonreí suavemente en la oscuridad.
—Por supuesto, cariño.
Su mano encontró la mía y la apretó ligeramente.
—Te amo.
—También te amo —respondí—. Por siempre y para siempre, cariño.
Y lo decía en serio
...-...-...-...-...
Harry
Mi hermana estaba comprometida. Se iba a casar.
Este debería haber sido un momento estúpidamente feliz para mí y mi familia, aun así, de alguna manera me había aislado, ahogándome en un pozo de desesperación que yo mismo cavé. Amaba a mi hermana. Ella era una de las dos personas en quien más confiaba en el mundo. La otra, era con la que se iba a casar.
¿Cómo había pasado esto? ¿Cómo había dejado que esto llegara a este punto?
Lo que más me asustaba era que con cada día que pasaba, podía pretender que no necesitaba a Hermione o a Draco en mi vida. ¿Qué era lo peor?
Que estaba comenzando a creer esa mierda. La verdad era, que estaba celoso. En varias formas.
Draco era mi amigo, el primer amigo verdadero que había tenido en años. Él era una de las únicas personas con las que podía hablar acerca de cualquier cosa en absoluto y no ser juzgado.
Era mi amigo. Una parte de mí sentía como si Hermione me lo hubiera robado.
Además, Hermione era mi hermana. Había un código, y Draco rompió ese código. Entendía que lo que sucedió entre ambos fue por culpa de Hermione, pero aun así... ya ni siquiera podía hablar con Draco sobre sexo, porque todos sus ejemplos actuales serían usando a mi hermana, e imaginarme a mi hermana teniendo sexo... ugh.
No. Simplemente... no.
La otra cosa era que estaba celoso de lo que tenían. Renunciar a la profesión ni siquiera había sido nunca algo para Draco.
Pensar en perder a Hermione fue suficiente para asustarlo hasta la mierda y encontrar un trabajo normal, y lo hizo felizmente. Cambió su vida por ella en un segundo. Y, hubo un tiempo, donde tuve algo así.
Me preguntaba por qué tuvo Draco su felices para siempre tan fácilmente, mientras que la mujer que yo amaba me dejó sin ningún esfuerzo. Seguro, era un acompañante pagado para estar con ella, pero nos enamoramos. Era mutuo. Sabía lo que teníamos; el tiempo no había distorsionado mis recuerdos. Sí, era poco convencional, pero funcionó para Hermione y Draco. Yo habría cambiado por ella, dada la oportunidad, pero ella nunca siquiera me dio la oportunidad. Canceló su tiempo conmigo y me dejó sin una mirada atrás.
De acuerdo.
Estaba inventando excusas. ¿Por qué no llamar las cosas como son?
Estaba amargado.
Ahí está.
Pensar en el amor me daba náuseas. Y mi hermana no se merecía eso.
Caminé pasillo abajo, me detuve frente a la puerta del apartamento, y toqué ligeramente. Escuché una suave conversación venir de adentro y mi estómago se tensó. Ninguna cantidad de disculpas podría excusar lo que le había hecho a mi hermana. Me había convertido en el matón de quien la había protegido todos esos años atrás. La vergüenza me inundó.
La puerta se abrió y Hermione, con su cabeza mirando hacia atrás, amenazó en broma:
—En serio. Ni siquiera estoy bromeando ahora mismo. Míralo.
Luego escuché a Draco:
—Ooh, estoy temblando en mis botas metafóricas.
Su rostro se giró y me encontró. La sonrisa cayó de su rostro tan rápido que algo dentro de mí se desgarró. Parpadeó y luego tragó grueso y musitó un suave e inseguro:
—Ho... hola.
Estaba ansiosa. Había conseguido que mi propia hermana se sintiera ansiosa alrededor de mí. Si no fuera un hombre adulto, el pensamiento me habría hecho llorar.
—¿Puedo entrar?
Dudó antes de asentir.
—Ujum. —A regañadientes, dio un paso al costado, y caminé dentro, mis manos firmemente apuñadas en los bolsillos de mi chaqueta.
Draco ató los cordones de sus deportivos y se enderezó, encontrándome. Su cuerpo se volvió rígido, protector, como si yo fuera un perro rabioso de quien Hermione necesitaba protección.
Había hecho esto. Merecía cada sentimiento de dolor que me atravesaba en ese momento.
—Har —saludó con recelo.
Levanté mi barbilla hacia él como saludo, luego me volví hacia Hermione, quien estaba de pie rígidamente cerca del mostrador de la cocina.
—Necesito hablar contigo.
Sus ojos se dispararon de mí a Draco y viceversa otra vez.
—Um, de acuerdo. —Se giró hacia Draco, su expresión ilegible.
Entonces Draco se acercó a nosotros.
—Ya me iba. Debo bombear mis armas, si sabes de qué estoy hablando. —Caminó hacia Hermione, la alcanzó para acunar sus mejillas, y luego bajó su rostro para colocar un largo y suave beso en sus labios. Sus ojos se cerraron cuando Draco llevó sus labios hacia su oreja y susurró algo. Ella lo alcanzó, colocando sus manos sobre las de él en sus mejillas y asintió.
Estaba tan claro como el día. Ambos se amaban. No había malinterpretación. Mi boca se abrió y me apresuré a decir:
—¿Puedes quedarte un segundo? Lo que necesito decir, ambos tienen que escucharlo.
Las cejas de Draco se fruncieron ante mí, una postura defensiva. Sus brazos rodearon a Hermione y la atrajo hacia su lado.
—De acuerdo. Adelante.
El foco estaba sobre mí. Y de repente, las palabras desaparecieron. Me quedé de pie ahí, parpadeándoles, mordiendo el interior de mi mejilla, mis dedos temblando. La frustración hizo que mis ojos se cerraran apretados y suspiré. Luego, caminé de un lado a otro.
—Saben, algunas veces haces o dices cosas que desearías no hab...
Oh, cuán cliché. Vamos, Har. Puedes hacerlo mejor que esto.
Me detuve a medio caminar y lo intenté otra vez.
—Hermione es mi hermana, Draco. Y tú...
... ¿te metiste donde no te necesitaban? ¿Estás jodidamente bromeando, hombre? Solo di lo que necesitas decir.
Respiré profundamente y pronuncié las palabras calmadamente, incluso aunque mi corazón estaba corriendo. Le hablé a Draco primero.
—Te dije algunas cosas que no quería decir. Quiero decir, las merecías, pero no eran verdad. —Sus cejas se alzaron, pero una ligera mirada de diversión pasó por su rostro.
Le hablé a Hermione después, dando un paso adelante, queriendo que me mirara a los ojos.
—Me dijiste que amabas a Draco incluso antes de saber que era él. Te dije que esperaba que funcionara entre ambos, porque... —Me detuve, bajando mi voz a un susurro—... porque podía ver, incluso entonces, que estabas enamorada de este hombre sin nombre ni cara. Te mereces ser feliz, Mione. —Mi garganta se apretujó con emoción—. Y alejé esa felicidad de ti por la forma en la que reaccioné ante tu relación con Draco. Te hice miserable.
Ella tragó fuerte a medida que alejaba las lágrimas.
Mi corazón se rompió.
Me estiré y tomé su pequeña mano de su costado, sosteniéndola entre las mías.
—Lo siento mucho, Mione. —Cerré mis ojos y forcé las palabras—. Te amo y espero que puedas perdonar a un imbécil testarudo por no apoyarte cuando más lo necesitabas.
Un sollozo resonó, luego se abalanzó sobre mí, sus brazos apretándose alrededor de mi cintura como un tornillo. Sus lágrimas mancharon el frente de mi camisa, pero no me importó. Envolví mis brazos alrededor de ella y la sostuve como si fuera la última vez.
Lloró y lloró, hasta que finalmente se alejó y me golpeó justo en el estómago.
Me dejó sin aliento en cuestión de segundos, y me gritó un quebrado:
—¡Eres un imbécil! —Luego me atrapó en otro abrazo, en parte llorando, en parte riendo.
Draco miró hacia Hermione y murmuró por un costado de su boca:
—Así que eso es porque lo llaman un llanto feo.
Hermione rió con indignidad, limpiándose las lágrimas, codeando a Draco en las costillas.
—También eres un imbécil.
Les sonreí, el alivio liberando todo el estrés concentrado en mis hombros. Mantuve mis ojos en Draco.
—¿Estamos bien?
—Depende —declaró con picardía.
Mis ojos se entrecerraron.
—¿De qué?
—De si vas a ser el padrino de nuestra boda —me retó.
Resoplé una carcajada, medio aliviado.
—Sí, hombre. Creo que puedo hacer eso.
Me presentó su mano y la tomé inmediatamente, atrayéndolo para un abrazo de hombres. Nos dimos palmadas en las espaldas, y dije:
—Felicitaciones, chicos. Estoy feliz por ustedes. En serio.
—Gracias, colega—respondió Draco, a medida que Hermione simplemente sonreía.
Me alejé y enfrenté a Draco.
—¿Me perdonas lo suficiente como para ayudarme con algo?
Sus cejas subieron.
—¿Pidiendo favores tan pronto? Mierda. Sabía que algo tramabas. —Suspiró melodramáticamente—. ¿Qué necesitas?
—Ayúdame a estar en condición otra vez.
Hermione me observó y declaró:
—Estás en excelentes condiciones, Har.
Recliné mi cadera en el mostrador y expliqué:
—Bueno, está este trabajo para el cual estoy aplicando que requiere que estés en una perfecta condición física.
Draco me disparó una mirada de confusión.
—¿Qué trabajo?
Luché con una sonrisa.
—Quiero ser policía.
Hermione jadeó audiblemente, mirando de Draco a mí y aplaudiendo.
—¡Oh, yey!
—No me jodas.— Draco sonrió—. ¿Tú y yo, policías? —Sacudió su cabeza, con una gran sonrisa—. Mierda, vamos a ser justo como Turner y Hooch.
—Hooch era un perro, cabeza de mierda. —Reí mientras ponía mis ojos en blanco.
Draco asintió.
—Lo sé. —Sonrió—. Tú eres Hooch.
Hola hola! Primero mil perdones por tenerlas esperando más de 3 semanas, pero realmente se me volvió imposible adaptar ni esta historia ni la otra, de vuelta los finales volvieron :( pero ya me tienen de vuelta aquí:D
Quiero contarles que este es el ultimo capi de la historia y falta nada más que el epilogo, que creo que lo voy a estar subiendo el martes mas o menos.
Espero que les haya gustado! y que todavía haya alguien leyéndome del otro lado de la pantalla, espero leerlas en los comentarios y que me digan que opinan sobre este capi :)
Besos, Isa
Pd: voy a actualizar la otra historia en unas horas, pásense por allá.
Pd2: Muy probablemente empiece otra historia cuando acabe esta, espero leerlas ahí también.
