Capitulo Uno

Su mejilla derecha chocó con la pared, pero no le importó. Su cabeza no se centraba en el dolor si no en el placer que su amante se encontraba otorgándole. El hombre, un poco mayor que ella, Le gruñía en el oído, mientras con una de sus manos le apretaba el cabello con fuerza. Le encantaba como la hacía sentir, tan vulnerable y dispuesta. La mezcla de su sumisión más el sonido de sus dos sexos encontrándose solo aumentaba el placer del momento.

- Oh…- gemía suavemente, mientras se tocaba el clítoris, haciendo movimientos suaves. Sentía que pronto acabaría-

Su pareja la hizo girar levemente, sin romper la unión que habían creado. Con cuidado la ayudó a subirse a una mesita, lo suficientemente grande para que no se rompiera. Quedando frente a frente. Él la miró por unos segundos, mientras jugaba, golpeando su pene en la entrada.

- No juegues conmigo…- murmuró, ansiosa y deseosa. Necesitaba el contacto de su cuerpo. Faltaba tan poco…-

Su conquista asintió, esbozando una sonrisa y entró, con cero delicadeza en su interior, produciéndole una mezcla de placer y dolor. Sin poder controlarlo, la joven se agarró a su espalda. Las embestidas eran más de lo que podía soportar. Sin lugar a duda terminaría con un montón de moretones y dolores al caminar.

- Tsk…- gruñó él, apretándole la grasa de las caderas con fuerza- voy a correrme…- le avisó, intentando separarse. Debido al momento de calor había olvidado ponerse un condón –

- No, no – gimió ella, tomándole el rostro y besándolo apasionadamente. Intentaba mantenerse seria, pero le quedaba muy poco para explotar- córrete dentro mío…- le dijo, casi en un susurró. Cerrando los ojos y estirando su espalda hacía atrás, dejándose llevar por las sensaciones-

El asintió y afirmándose de su cuerpo, comenzó a acelerar aún más las embestidas, corriéndose con fuerza en su interior. Manchando sus paredes vaginales de blanco.

Emma se miró en el espejo de aquel departamento. Había decidido darse una ducha para así quitarse un poco el olor a sexo que emanaba de su cuerpo. Su cabello, semi mojado se curvaba en ondulaciones que luego serían un enredo. Tomó aire un segundo admirando su reflejo. Tenía un vestido negro con estampados blancos. El cinturón que lo acompañaba le hacía ver una linda figura y si bien estaba pasada de peso, el corte de su ropa, le disimulaba la barriga bastante bien.

- Oí, Emma – la llamaron por la puerta, al ritmo que tocaban con los nudillos. Contuvo el aliento un segundo. Cuando se miraba en el espejo, solo podía concentrarse en sus defectos y no alrededor-

Se miró unos segundos, intentando ocultar la tristeza por lo que estaba a punto de hacer y sonriendo falsamente, procedió a abrir la puerta.

- Levi… - murmuró negando- Si lo que te preocupa es que haya estado haciendo del número dos – dijo, cerrando la puerta y comenzando a caminar hacía la sala de estar, sentando en el sofá- puedes estar seguro de que no fue así –

El la miró negando con la cabeza. Tenía una personalidad tan extraña que algunas veces le era difícil lidiar con cualquiera de las estupideces que salían de su boca.

Emma lo miró por unos segundos durante ese silencio incomodo y luego palmeó el sillón, indicándole a Levi que tomara asiento a su lado. El pelinegro se acercó y sin decirle una palabra, corrió su cabello, comenzando a besarle el cuello.

- Necesito que hablemos…- le dijo, con la mitad de su cuerpo deseoso por otra ronda y la otra mitad, irritado por ser interrumpida-

- Después… - le gruñó el ojiazul, estirándole el cuerpo en el sofá. hábilmente le desató el cinturón del vestido y lo levantó-

- Acabam…-

Levi la interrumpió con un beso demandante. Se bajó los pantalones hasta las rodillas y le tocó la vagina, la cual, debido a su encuentro anterior, seguía lubricada, a pesar de la limpieza realizada. La miró a los ojos, esperando su aprobación y al recibir un beso de la chica, prosiguió, moviendo su calzón hacía un lado y entrando en ella suavemente, quitándole el aire a ambos.

- Mierda… - masculló, entre dientes. Apretó el respaldo del sofá, lugar con el cual se daba el suficiente impulso para penetrarla con fuerza, como en todos sus encuentros-

- ¡Si, Levi! – Emma gemía, moviéndose debajo de él, apretando la cintura del pelinegro contra su pelvis, sintiendo como sus roces estimulaban su clítoris- sigue, por favor, no pares…-

Y así lo hizo. Mantuvo un ritmo firme y profundo, el cual, en unos pocos minutos, los mando a ambos al orgasmo. Bañándose nuevamente en los fluidos del otro. Sus cuerpos seguían sensibles y calientes, lo cual les facilitaba acabar rápido.

- ¿Estás bien? – le preguntó el pelinegro una vez que había terminado de descargar en su interior. Aún movía las caderas levemente, estimulándola-

- Si – le dijo ella, un poco seria y sin mirarlo a los ojos, lo empujo levemente para poder pararse, corriendo prácticamente al baño-

Levi asintió sin decirle una palabra y con el mismo rostro estoico de siempre, se acomodó sus pantalones. ¿La verdad? No le sorprendía en lo absoluto. Luego de cada encuentro que tenían, Emma arrancaba hacía el baño o hacía cualquier lugar lejos de él. Se negaba a recibir cariños y cuidados.

Luego de unos minutos salió del baño. Impecable como antes de volver a ser arruinada. Levi la miró caminar hacía el y tuvo que reprimir el instinto de estrecharla en sus brazos y besarla con cariño.

Emma se sentó en el sofá, cerca de él, pero manteniendo la distancia, ante cualquier eventualidad.

- ¿De qué querías hablarme? – le preguntó él. Mirandola fijamente. Ese era todo el punto de juntarse y en vez de eso, habían terminado cogiendo-

- Creo que quizá, deberíamos dejar esto…- murmuró, sin mirarlo a los ojos y jugando con sus propias manos-

El ojiazul la miró girando levemente la cabeza. Por fuera se veía tranquilo, pero por dentro no había nada más lejos de la realidad. Una corriente de agua fría corría por su espina dorsal.

- ¿Estás segura? – le preguntó, intentando parecer relajado y despreocupado. Debía fingir. Nadie debía ver su debilidad-

Emma lo miró por unos segundos. Ese no era el tipo de reacción que esperaba, en absoluto, pero tampoco podía hacer más. Sabía perfectamente que no iba a escuchar lo que quería escuchar.

- Sí – sonrío, intentando mantenerse digna, igual que él. Corrió un mechón de cabello detrás de su oreja y tragó saliva hondo- lo he pensado y creo que es lo mejor que podemos hacer…-

- ¿Esta fue nuestra cogida de despedida? – A pesar de que quería preguntarle con seriedad, la respuesta la tomó por sorpresa, sacándole una pequeña risita-

- Algo así…- dijo ella, siguiendo el juego y luego negó- La verdad solo quería conversar contigo…-

- ¿Por qué traías ropa interior de encaje? – Estaba molesto. Podía notarse en la forma que articulaba las palabras-

- Sabes que siempre llevo ropa interior de encaje – sonrío nuevamente ella. Intentando provocarlo, de alguna forma u otra, era un juego de poder-

Levi asintió. Sabía que era verdad, él lo había comprobado más de una vez y la odiaba por eso. Como el hombre que era, criado en una sociedad patriarcal, la sola idea de imaginarla con otro, haciéndole el amor mientras utilizaba esos conjuntos que tanto le gustaban, lo volvía loco y elevaban sus niveles de celos.

- Lo estas tomando bastante bien… - dijo ella, fingiendo alegría. El no respondió nada-

Ante el silencio producido, Emma se levantó de un salto, indicando que ya era momento de marcharse. Tomó su bolso y sus pertenencias. Levi se levantó también, acompañándola en la puerta. El fue el primero en hablar. Debían despedirse.

- Cuídate, Emma – le dijo, besándole los labios como signo de despedida. Ella, le correspondió el beso, abrazándolo por el cuello y pegando sus pelvis. Quizá de forma verbal le había dicho que no quería seguir con él, pero su cuerpo demostraba todo lo contrario-

Una vez que el aire se les acabó, se separaron lentamente, mirándose al rostro. Levi lamía sus labios y Emma se limpiaba el excedente con las manos. Curiosamente la emoción que emanaba en el aire no era lujuria, no. Era una sensación completamente distinta. ¿Podría ser amor?

Emma sonrío con tristeza y sin decirle nada más, caminó hacía las escaleras. Quería irse del lugar. Levi seguía mirándola desde la puerta, también en silencio.

Sin pensarlo demasiado, al verlo ahí, apoyado en la puerta, no puedo evitar lanzarle la frase que quería decirle desde que había caminado hacía la salida.

- Nos vemos el lunes, Profesor Ackerman…-

Y él le esbozó una sonrisa, despidiéndose, alzando su dedo pulgar, índice y medio.

Sería una mentirosa si negara el llanto que comenzó apenas se había subido a su auto. Las lágrimas, por más que lo intentaba, bajaban sin parar por sus mejillas. Suspiró entre el dolor y comenzó a estabilizarse. sabía que era lo mejor que podía hacer.

Se tranquilizó luego de racionalizar sus emociones y con un suspiro manejó hasta su departamento, el cual compartía junto a su querida prima, Yelena. Yelena, la cual solía ser un joven, Yeremi, había nacido en el cuerpo equivocado. Su transición había sido realizada cuatro años atrás, en medio de molestias, disputas y la separación con una gran parte de la familia. Pero ella, a pesar de todo, era una joven de treinta años, divertida, risueña y muy coqueta. Su proceso había sido difícil y doloroso, pero finalmente, luego de mucho tiempo, era feliz.

- ¡Yelena! – gritó la ojiazul una vez que llegó a su departamento- ¡He llegado! – dijo, al ritmo que tiraba las llaves tanto de su auto, como de su casa a la mesita de entrada. Adicional, se quitó los zapatos y se sentó en el sofá-

- ¿Qué haces aquí? – Yelena se asomó por la cocina y la miró con curiosidad. Llevaba una falda de cuero, unos tacones rojos y una blusa azul. Probablemente tenía una cita- Pensé que ibas a estar ocupada en otro lado…-

- ¿Quieres que me vaya? – Emma alzó la ceja. Si su prima se lo pedía, se iría, no tenía problema con eso-

- No, no – negó con la cabeza- solo me sorprendió…- la miró por unos segundos dudando y luego se acomodó el cabello- Mira, sé que eres super privada con alguna de tus cosas, pero… ¿estabas saliendo con alguien, ¿no? y… ¿han terminado? –

Emma la miró por un segundo, tomando aire hondo. No quería hablar mucho de lo que pasaba en su vida. Había sido así desde que comenzó a hablar sobre sus emociones. Todo el mundo terminaba enterándose y se avergonzaba de solo pensar en que había abierto la boca. Había una clase de trauma en su cabeza que la hacía sentirse mal por tener sentimientos románticos hacía alguien. Incluso, por tener deseo. La habían criado de una forma poco convencional la cual había hecho daño en su crecimiento.

- Eh… - la miró por unos segundos y luego agachó la cabeza, comenzando a romper sus manos. Una costumbre extraña que mantenía por la ansiedad-

- No te hagas heridas en los dedos…- Yelena le tomó las manos con cariño y luego la abrazó, besándole la cabeza. Sabía que su cita tendría que ser cancelada, pero no le importaba- no tienes que pasar por tus dolores sola, Emma y lo sabes…-

- No paso por mis dolores sola, solamente prefiero mantenerlo en privado…- murmuró, dejándose querer-

- Llamaré a Annie ¿sí? Podremos comer helado, chocolate y patatas fritas-

- Eso suena bien –

Una hora después, su hermana mayor, Annie, se encontraba en el departamento. Ya llevaban al menos tres shots de tequila y escuchaban la música más melosa y cursi que podía existir. Amor, desamor, dolor, perdida e ilusión.

- Sé que sufres por alguien y aún que no quieras decírnoslo, te apoyamos- Annie alzó su mano para comer un poco de patatas y Emma ladeó la cabeza sonriendo-

- Si les cuento quién es, me van a juzgar y tu – dijo, apuntando a su hermana- te vas a enojar muchísimo conmigo-

- Oh no… - la rubia se llevo la mano al pecho y fingió dolor- ¿Es algún militar? Sabes que odio a la policía…-

- ¡No! – la castaña hizo una mueca de asco. No por la policía, si no por malos recuerdos del pasado-

- Oye, Emma – Yelena, quien llevaba más tragos que las demás, la miró sonriendo- ¿Ya le contaste a Annie que el otro día te vino a buscar Zeke Jaeger? –

Emma la miró con los ojos abiertos, casi diciéndole que era una chivata por delatarla. Annie la miró alzando una ceja y Yelena se llevó las manos a la boca, la había cagado en grande.

- ¿ESTAS FINALMENTE CON ZEKE? – su hermana, asombrada, no pudo evitar exclamar en un tono mucho más alto de lo normal-

- Eh… es algo más complicado que eso…-

Emma se mordió el labio y miró su vaso. Tenía una media medida de tequila y sin pensarlo demasiado, la tomó de un trago, sintiendo como le ardía la garganta en el proceso.

Zeke Jaeger, su amor platónico de toda la vida. Aquel que había hecho que la castaña creara expectativas poco realistas de las relaciones y no pudiese amar a ningún otro hombre que no fuese el.

Emma conoció a Zeke cuando tenía quince años. Zeke tenía veinticuatro y estaba terminando la universidad. Él, junto a su hermano Eren, ayudaban a sus padres en las clases de música que impartían. Emma, que odiaba cualquier actividad extracurricular, se había molestado mucho cuando su padre la inscribió en la mismas clases a las que iba su sobrino más pequeño, Falco. Debía aprender alguna habilidad, así tendría mayores chances de entrar a una universidad prestigiosa. Spoiler, fue un fallo total.

Emma creció en un ambiente hostil. Su entorno solía hacer bromas crueles hacía las personas y debía contantemente mantenerse en modo de ataque para evitar que alguien la dañara de la misma forma. Si eras débil, te harían papilla. Era el contexto de la época.

Sus padres, además de ausentes no le demostraban demasiado cariño. Y no porque no la quisieran, si no, porque no sabían como hacerlo. La única persona que realmente se preocupaba por ella era Annie, la cual, había sacrificado un poco de sí para ser algo similar a su madre.

Sus emociones hacían Zeke comenzaron a surgir entre medio de sus interacciones. Él, solía ayudarla con cariño y mucha paciencia, lo cual desarrolló en la joven, una especie de admiración y deseo adolescente. Era la primera persona, luego de Annie, que la trataba como algo más que simplemente basura y la joven, rechoncha, de cabello largo y seco, con lentes y tímida, no tuvo más opción que convertir su sentir, en amor.

Estudió dos años en la academia, sin demasiados logros. Y cuando ya estaba segura de que tendría que salir debido a la Universidad, se decidió a confesarle sus sentimientos. Zeke, como todo un caballero, la rechazó, diciéndole que sentía mucho cariño por ella, pero que no podía corresponder su amor.

El tiempo pasó, pero el dolor no cesó. La joven, que intentaba crear algún tipo de vinculo con alguien, no lograba hacerlo, por más que lo intentara. Su cabeza le jugaba malas pasadas. no lograba disfrutar la sexualidad con sus amantes, además de que, al realizar tales actos, se sentía sucia.

Finalmente perdió la virginidad poco después de cumplir los veintidós años, con su antiguo compañero de clase, Bertholdt Hoover. Un imbécil de dudosa sexualidad, el cual había priorizado su placer, sin siquiera preocuparse de ella. Emma se arrepentía cada día de haber cometido tal acto de impulsividad.

La historia podría haber quedado ahí, como un simple amor imborrable, pero el destino tenía otros planes. Unos meses atrás, Emma caminaba tranquila por las calles de Sina, cuando un maduro Zeke le sonrío desde lejos. Su corazón se aceleró y pensó en esconderse. Todas las emociones que creía muertas habían vuelto a florecer. Sonrío, con las mejillas ardiendo, el corazón acelerado y una capa de sudor. El mayor de los Jaeger la estrechó en sus brazos con cariño. Había pasado demasiado tiempo.

- ¡Emma! – exclamó el, aún abrazándola. Emma aspiró su aroma. Era alto, muchísimo. Su cara quedaba pegada a su pecho. Antes de quedarse ahí estancada, se alejó con nerviosismo. El la miró extrañado, pero no le comentó nada respecto a su actuar- ha pasado mucho tiempo, estás muy grande…-

- Sí…- asintió ella, sonriendo apenada. Se sentía aún como una niña de quince años –

- No quería incomodarte, lo siento…-

- ¡No! – alzó la vista nerviosa y por mera emoción del momento le tomó el rostro entre las manos, alzando levemente la punta de los pies para alcanzar la altura deseada- ¡Estoy muy emocionada de verte! – dijo, soltándolo. La adulta que vivía en ella volvía a tomar control de la situación-

- Mira, ahora iba camino al trabajo – Zeke, al igual que su padre, utilizaba la música como hobbie. Su verdadera profesión era la medicina- pero… ¿te gustaría salir a tomar un café conmigo algún día? –

- Claro que sí – asintió, sin poder creer lo que estaba sucediendo-

Y así, sin más, luego de diez años y sin siquiera planearlo, había comenzado a salir esporádicamente con Zeke Jaeger. Su sueño de toda la vida. Y si bien se habían visto solamente dos veces, se sentía como un sueño hecho realidad. Un sueño oculto. Oculto, hasta que Yelena la vio, casualmente. Zeke la esperaba en la entrada del edificio en donde vivían. Lo conocía solamente por fotos, pero su apariencia no era fácil de borrar.

Emma despejó su mente, volviendo al presente y suspiró mirando tanto a su hermana, como a su querida prima. Ambas la miraban expectantes. Se había desconectado mentalmente por poco tiempo.

- ¿Estás bien? – Annie la miró extrañada. La castaña tenía el rostro arrugado, como si aún estuviese procesando los recuerdos-

- Sí, lo siento. Estaba recordando algo…-

- Bueno… ¿saben que creo? Que deberíamos ir a dormir – Yelena bostezó, estirando su cuerpo, intentando alcanzar el techo-

- También lo creo – La rubia asintió, rascándose los ojos y corriendo parte de su maquillaje del momento- mañana almorzaremos en familia y será agotador…-

- Ni me lo digan… - murmuró Emma, comenzando a ordenar lo que estaba sucio-

- ¿En serio? ¿te vas a poner a ordenar? – Annie la miró frunciendo el ceño. Su hermanita menor tenía una extraña obsesión con la limpieza del hogar-

- Ya sabes como es…- Yelena negó con la cabeza y luego suspiró- buenas noches, chicas-

- ¡Buenas noches! – respondieron las dos al unísono y luego rieron por lo extraño de la coincidencia-

Y así, en distintos tiempos, las tres se fueron a dormir agotadas. Emma se acostó intranquila, nerviosa porque se supiera información privada, pero luego su mente le ayudó. ¿Qué más daba? Era una adulta, no le debía cuentas a nadie.

Comentario de la autora: !Hola! queridos , queridas y queridxs. Como sabrán, si leen alguna de mis otras historias, estoy haciendo cambios en las versiones y una corrección de la escritura, que por cierto era un asco. Esta vez, quiero cambiar algunas cosas esenciales de la historia. En este momento estoy pasando por muchas emociones y si bien no estoy mal, me gustaría de alguna forma plasmarlas en algún lado y ¿Qué mejor que las historias melosas de personajes que no existen?

Espero que les guste lo que estoy haciendo y si no, pues una pena. Les mando un besito enorme a todos y nos vemos pronto.