No era extraño para los vecinos conocidos de la casa Matsuno cuando los primeros años, los hermanos sextillizos salían a causar alboroto, discutían entre sí y molestaban a un niño callejero que bien podría ser el único niño que soporta sus juegos junto a su familiar dientudo con halagos de procedencia francesa. Siempre fueron actividades muy extrañas pero a la vez fácilmente de soportar y aceptar como una normalidad de todos los días.

Pero ciertamente admiraban el desempeño de los padres al no sucumbir en desesperación y estrés con tantos niños cerca y la casa con constante reconstrucción.

Durante los años de primaria e incluso el empiezo de secundaria de los siempre alborotadores Matsuno transcurrieron en un parpadeo. Y fueron notables los cambios en los años de su adolescencia.

Al grado de ser entrañable sus juegos de niños, más siempre se encontraban juntos. Donde quiera que vayan.

Tan distinto a esos años donde no parecían ni siquiera soportarse verse a la cara, ni en su reflejo o dirigirse la palabra.

Fue un tiempo reflexivo, y solamente dió un retroceso luego de su graduación.

Parecería que la vida simplemente intentara separarlos de forma brusca y repentina, nadie pensó que sería justo pero sabían que debían ser indistintos a los ninis

Empezó con otro accidente con el señor de la casa Matsuno, y ahora algunos hermanos incluso tienen apartamentos de alquiler fuera de esa casa en medio del bosque de cemento. Fue un comienzo serio por las dificultades de lo que estaban conscientes.

Después de todo, también eran necesarios algunos cambios.

"Neh~ Karamatsu " Llamó su atención con un sobresalto discreto, antes de la respuesta florida al recomponer tal máscara dolorosa continuó, "Veo que estás últimamente pensativo, ¿qué sucede?".

La sonrisa del de rojo relucía confianza y comprensión, pocas veces mostrada en la naturaleza comemierda usual del mayor.

"¿A qué te refieres, brother? Te intriga que este hombre solitario esté admirando el apacible cielo que nos cubre esta noche con su manto de frío pero con hermosas constelacio– ¡Ouch! ¿Y eso por qué?". Apenas suprimió su grito. Rompiendo su genial imagen.

"No lo sé, dime tú ", regañó con esa calma de amor fraternal y giró al cielo de brillantes estrellas en un reflejo de mar azul que absorbe y brinda luz, daba la sensación de ser más deslumbrantes alrededor de tal oscuridad. Una noche pacífica sin lugar a dudas, casi quería entender las noches que su hermanito venía aquí a tocar la guitarra o solo mirar como idiota los cielos. Pero no, no ahora al menos.

Las lágrimas cristalizadas en sus ojos se desvanecieron luego de frotar su brazo suavemente. Fue un dolor casi imperceptible por la cantidad de experiencia de cierto hermano amante de los gatos y, honestamente, no lo esperaba del de rojo al menos. Aunque estaba acostumbrado a ser intervenido en su diatriba de cosas bellas que nadie más se molestaba en dedicarles una palabra.

Pero no podía ignorar lo que su único mayor trataba de llegar.

Con voz suave e intentando restarle importancia, murmuró.

"No es nada, Aniki– ¡OUCH! ¡Deja eso! ". Se frotó con expresión de dolor la parte posterior de su cabeza. Estaba agradecido que no hubiese nadie en casa, -todos fueron a los baños, según Osomatsu, él ya había ido con Karamatsu. Sólo esperaba no enfrentarse a la mirada desastrosa de Choromatsu y los bote de la cama si lo descubre. De hecho, debió ser la primera advertencia que tenía al considerar hablar a solas-.

"No bromeo, Karamatsu ". Dijo de forma plana.

Sí, el menor entre los dos podía verlo llegar. Aun cuando hubiese esperado que nunca sucediera, pese a que dolería. Otro tipo de dolor que le estaba costando agarrar la costumbre, como el físico.

Por su mirada, Karamatsu no tuvo de otra que suspirar para sus adentros. Se inclinó hacia adelante un poco, costeando los pros y contras de lo que sería el 'accidente' de otra caída libre desde el techo.

Sobrevivió antes, comenzaba a pensar, con no mucho orgullo, que tenía un truco para tener los mínimos moretones y no acudir al hospital. No es que hubiese deseado que sus padres sufran con un herido las anteriores veces. Pero todavía le daba un escalofrío el precio de la cama de hospital por noche, siendo deseable que lo atendieran en el suelo o simplemente no lo hicieran. Sólo que sus padres se preocupaban demasiado.

"Karamatsu"

El mencionado se encogió, como el hermano menor que en realidad era frente a un Osomatsu determinado a hacerlo hablar.

Podía ser terco, pero sólo lo empeoraría y retrasaría algo que sucedería, lo sabía.

Las veces que quería que Osomatsu actuara como un hermano mayor, tenía que ser justo ahora, justo con él. Maldita sea mundo divino, ¿no le dió muchos poemas y canciones como para que lo castigue así?

"No tengo toda la noche, pero si insistes puedo sacarme tiempo".

Karamatsu por fin giró a su hermano, el mayor lo miraba de reojo con un cigarrillo en los labios. Sus palabras no fueron sentenciosas, solo una chispa entre lo divertido y lo serio por sus minutos de silencio.

Entonces, Karamatsu sólo podía desear que acabara rápido.

"Yo… no quería molestarte. A todos" tragó saliva, esperando que el nudo en su garganta no ocurra "Sería muy infantil decirlo".

No se sentía juzgado o presionado ante la atenta mirada de Osomatsu, y eso era lo que exactamente no estaba acostumbrado.

"Sólo me preguntaba si realmente… ¿existía?".

" ¿A qué te refieres? " Lo que debía ser una risa de burla o cualquier otra cosa, Osomatsu lo veía con una ceja alzada y ligeramente preocupado. Mierda.

"Bueno, ninguno de ustedes todos los días no me dirigen una palabra e ignoran cuando les llamo. I-incluso cuando estoy en la misma habitación. Yo… me preguntaba a quien veía en el espejo, si era realmente yo y si había más que una apariencia sin necesidad de carácter… si eso era suficiente" cruzó los brazos, presionando las rodillas contra su pecho. Algo de comodidad y seguridad fue el resultado, empezaba a comprender por qué Ichimatsu lo hacía.

Bufó suavemente, perdido en sus pensamientos al presionar sus puños: "Si esas ropas relucientes simplemente puedan mostrar más que una mancha en el paisaje " Frunció el ceño, confundido y frustrado. Desvió la mirada, rápidamente a espaldas cuando su voz salió ahogada a mitad de la oración, pero descubrió que no podía detenerse, como una cascada sometida a una grieta de salida.

"Después de la secundaria, pensé que qué hice mal para que fuera el único con este problema de personalidad. Siempre envidiaba cómo ustedes tuvieron un lugar tan naturalmente cuando yo tenía que buscar entre los papeles de un libreto. Y aún así… aún si quiero ser el soporte de entusiasmo para todos, no les importa. Todos son autosuficientes en la busqueda de cariño y aprobación, de una forma u otra que creo que el estúpido infantil que se quedó con el desastre de los niños que se comformaba con seguir al mayor soy yo… " Movió las manos con un movimiento de sus dedos en un tap constante.

Ante el silencio de Osomatsu volvió a mirar sus manos, las muñecas irritadas por frotarse constantemente con las uñas, "Y luego, cuando quiero cambiar parece que ya no existo… Eso… fue mi culpa, ¿verdad?".

"¿Hablas de tu personalidad dolorosa o la que cree que a nadie le importas?".

Karamatsu lo miró de vuelta, encontrándose de pronto siendo abrazado rodeando los hombros.

"Porque te lo aseguro y adelanto, si es la segunda respuesta concuerdo contigo y tendrás una adición de otro golpe a la cabeza hueca a la que te esmeras tanto en representar".

Karamatsu arrugó el rostro, en seria contemplación "Pero, mi nombre– ".

"Escucha, Karamatsu, no creas ni por un puto momento que realmente no te amamos y que no nos importas. Somos una familia, somos sextillizos. Eso nos hace aún más cercanos" Le brindó una sonrisa para luego convertirse en una mueca de desagrado, por un momento, Karamatsu se tensó.

Osomatsu giró la cabeza, con una emoción amarga en el paladar.

"Realmente somos familia, pero supongo que también podemos ser idiotas ".

Karamatsu saltó. Osomatsu respondió acercándolo más con su medio abrazo, como un consuelo tardío a sus nervios.

"Te estuvimos ignorando, de alguna manera te dimos por sentado. Seguramente mis palabras de que te amamos no caen bien a lo que parece suceder, ¿eh? " Masculló, tal vez más para sí mismo, "Uff, realmente soy una mierda con esto ".

"Oso– ".

"No obstante " intervino, apoyándose más en su hermano pequeño, "Sé que se puede arreglar. Podría apostar toda mi suerte en el Pachinko que en realidad, estamos tan acostumbrados a tu presencia y tu forma de hablar sin fin -pero poderosa en romper huesos-, que creemos que siempre te encuentras allí. Y cuando no lo estés, lo sabremos".

"... No es mucho por lo que apuestas".

" ¡Hmp! Insolencia de hermanos pequeños" Le revolvió el cabello antes de que hubiese un reclamo, y se apartó rápidamente del manotazo del menor. "De todas formas, nací primero, me hice el hermano mayor y protector de mis hermanitos. Así también puedo arreglarlo".

"... Todavía no se me ocurre nada de cómo ".

Puso su índice sobre sus labios, con esos ojos pícaros y… allí estaba esa sonrisa de hermano mayor de mierda.

" Soy el mayor, son mis métodos".

" Solo espero que no los fuerces a nada... y menos por mi culpa ".

" No lo haré… si no es necesario ".

" Osomatsu– ".

" Pero supongo que Ichimatsu sería el único " la tranquilidad en sus ojos cayó en algo más que un ceño fruncido.

Karamatsu sólo quedó mirándolo. Luego volvió a su posición de abrazar sus piernas mientras el viento soplaba y enfriaba su rostro, antes siendo refrescante y liberador, ahora parecía que la mínima temperatura era fría y cortante.

" Sólo quiero que todos demuestren que tener sus vidas privadas no significa que puedan ignorar al hermano mayor más cariñoso y atento de entre nosotros ".

Kara giró tan rápido la cabeza que puede haberle dolido el cuello. Encontrando la calidez y seguridad familiar en Osomatsu. Una confianza plena que era tan similar a cuando eran solo niños pequeños en un gran mundo fuera de la realidad adulta.

Karamatsu dejó que la comisura de sus labios tiraran en una suave, real y sumisa sonrisa. Recordando la confianza de seguir sus pasos en las travesuras de niños no evitó murmurar:

" … El único mayor eres tú… ".

No tuvo tanta suerte estar fuera del oído del mayor. Osomatsu saltó, tirando al menor en otro abrazo que casi provoca un resbalón.

" ¡Eso quería escuchar! Así que dime 'niisan' ".

Lo miró, una expresión en blanco " No ".

" Sabes, acabo de descubrir que tus palabras floridas no serán las únicas dolorosas. ¡En especial a tu único Oniichan!". Exclamó, con un semblante insultado.

No lo resistió, Karamatsu soltó una risa y Osomatsu recordó escuchar la misma los primeros años de secundaria, ese chico tímido y pecoso. Casi lo había olvidado, por supuesto que no desaparecería con los años ni las dificultades.

Oh, cuánto extrañaba ver a todos sus hermanitos juntos siguiéndolo a todas partes, a veces lo hacen, inconscientemente.

El de rojo lo abrazó con más fuerza y ambos quedaron en un silencio cómodo hasta la llegada de los demás hermanos de la familia Matsuno.

|~{...}~|

Si hubiera un reloj analógico, el tic tac posiblemente lo hubiese vuelto loco.

Los ojos con reflejos azules miraron a la nada, a través de esa pared descolorida, grietas partían dibujos a su alrededor. Las ventanas simplemente no eran aptas para cerrarse en esta noche tan fría y desprovista de cualquier calidez.

Lo odiaba, más que nada porque su cabeza no dejó de torturarlo con recuerdos más cálidos como una burla a su situación actual.

Y como si la mala suerte se encaprichara con él precisamente ese día de mierda, lo había olvidado.

Rebuscó y casi tiró sus cosas por doquier en ese pequeño y frío apartamento que logró conseguir casi de inmediato, -era un lugar que había pensado mudarse hace meses, tenía buena ubicación-, no obstante, no encontró sus pastillas contra el insomnio.

Maldijo y casi pateó todo lo que encontró. Tomó todas sus cosas del armario pero jodidamente olvidó revisar el baño, luego de todo lo que sucedió ahí ni siquiera se le pasó por la cabeza.

Hasta que reconsideró que Ichimatsu se metió luego de él, tampoco estaba dispuesto a quedarse un minuto más en esa casa.

Podía comprarlos, pero requerían su receta médica.

Hay lugares donde comprarlo sin ello pero era un viaje algo largo.

Estaba agotado mental y físicamente, pero, joder, seguía tenso y su cuerpo simplemente estaba en su contra recordando una y otra vez como disco rayado los eventos de los dos últimos días. Pensando si había hecho lo correcto.

No lo sabía, estaba en conflicto y le daban ganas de tirarse en llanto frustrado o sólo romper lo poco que le quedaba de sus cosas. Se tragó esos impulsos, no recomendable si quería liberar su estrés para dormir al fin.

Al menos estaba agradecido que el dueño de ese complejo de apartamentos le pudiese dar un espacio y no pasar su primera noche en la calle.

Con un suspiro hondo se levantó del catre que se sentía tan duro y frío como el suelo. Un estilo al que no se acostumbraba del todo.

Frotándose los ojos para aclarar su visión fue a por su mochila y tomó la carpeta que contenía todos sus papeles.

Se entretuvo organizándolos, en mente con algunos lugares para buscar trabajo hasta que su cuerpo finalmente se rindiera.

La mañana llegó con sus primeros destellos de calor y luz natural.

Karamatsu apenas respondió con un sobresalto de un sueño que no recordaba. Miró la ventana y se dispuso a alistar su traje. Frunció el entrecejo por un momento al ver sus manos temblando, las cerró en puños y lo ignoró por el bien de su retraso.

Salió del apartamento y no volvería hasta el anochecer.

|~{...}~|

Osomatsu sabía que esto podría ser contraproducente, pero era un idiota, en especial con la forma de manejar el bien de sus hermanos, pero, en su defensa, estaba desesperado.

Supo que todo iría mal desde que apareció esa primera noche de su conversación con Karamatsu.

Anocheció hace un par de horas, y no había noticias sobre ambos Matsuno en conflicto desde la mañana.

Los cuatro comenzaron a preocuparse, decidiendo comer dentro cuando su madre había llegado a casa, afortunadamente sin preguntar por lo abollada que estaba la mesa. Pero con los ojos tan cansados que nadie habló sobre lo sucedido, ella parecía querer animarse pese a la preocupación por su esposo y las noches sin dormir caían sobre sus hombros, la distracción fue suficiente que no notó a los dos faltantes.

Osomatsu esa noche se encontraba ordenando la mesa luego de la cena, mientras su madre tarareaba suavemente una canción que vagamente recordó pertenecía a su infancia, al menos ese ambiente era acogedor entre todo el estrés y nervios que irradiaba como un faro.

" ¿Cómo está papá? " preguntó Osomatsu, observando atentamente a Matsuyo, ella se detuvo por un breve momento al limpiar los trastes antes de continuar y voltear con una sonrisa que no engañaba a nadie.

" Oh, querido, está mejor, ¿Puedes creer que hoy pidió que le llevara una cerveza a espaldas de las enfermeras? " rió como si tuviera la imagen justo en frente. " De seguro no tardará que pueda salir del hospital. Aunque su seguro de trabajo nos dio una oportunidad breve al principio, estoy aliviada, al igual que él, que ustedes estén saliendo adelante".

Osomatsu la miró con asombro y atención, ella continuó balbuceando con ánimo exhausto sobre los logros de los ex-ninis, cosas que ya pasaron hace tres meses. Podían ayudar a su madre con su sueldo, pero apenas era suficiente para la hospitalización de su padre.

Bajó la mirada, un nudo revolviéndose en su estómago, su madre se perdió tres días en el hospital apenas comiendo para hacer compañía a su esposo luego de otra recaída.

Ambos estaban presentes cuando el doctor habló del futuro de su salud cuando sucedió.

Sus padres envejecieron bastante, y tanto sobre sus hombros todavía los debilitaba aún más, los sextillizos supieron desde el primer momento que ellos todavía no confiaban que mantendrían su trabajo, que para algunos era peligroso o que otros no podrían continuar por mucho.

Que de alguna manera todavía seguían siendo un peso sobre ellos.

No pasó desapercibido las manos temblorosas y arrugadas de su madre, las ojeras que poseía y que ella no se molestó en maquillar para verse fuerte, o simplemente debió olvidarlo, como los últimos días parecía cada vez más recurrente.

"… Sabes que nosotros podemos turnarnos para acompañarlo" dijo suavemente, pero cortando las palabras de Matsuyo. "Nuestros trabajos pueden encajar, después de todo somos seis, no creo que– ".

"Yo puedo hacerlo, Osomatsu " intervino secamente, el nombrado la miró, con ojos caídos y apesadumbrado. Sabiendo que allí terminó la conversación, ella subió las gradas a su habitación.

Osomatsu pasó una mano por sus ojos, suspirando pesado, exhausto por las emociones de ese día desde el desastre en el desayuno. Afortunadamente ella no estaba presente ante esa escena horripilante o estaba seguro que se derrumbaría a llorar o quedar en blanco, no lo sabía, sólo sabía que ella ya no tenía las fuerzas suficientes desde las palabras del médico.

Definitivamente nada iba bien, y debía corregirlo lo más antes posible, sin embargo, todavía no sabía cómo.

Negó con la cabeza, determinado, debía hacerlo, era el mayor de todos así que era su responsabilidad; primero, darle la seguridad a sus padres que están dispuestos a ayudarlos sin necesidad que ellos teman por lo que les depara; para ello debían de ver que todos podían hacerlo, que las peleas terminaron y consecuentemente estaban dispuestos a olvidar cualquier infantilismo para abocarse a sus padres. Para que puedan vivir de forma pacífica, juntos.

Su primer paso, de todos, sería aclarar las cosas con los dos hermanos todavía en ese apogeo de maltratador y maltratado.

Debía acabar.

Una alarma proveniente de su reloj de muñeca ahuyentó sus pensamientos y se resignó a ir a su trabajo nocturno. Con un aviso de su salida e ideas para arreglar el problema de la mañana a Choromatsu, quien preparaba el futon con los demás, se retiró a la oscuridad de la calle.

Fue a su regreso de su turno acabado cuando notó la ausencia de Ichimatsu y Karamatsu en el futón que todavía compartían. Choromatsu despertó por su llegada en la entrada, aparentemente atento a la esperanza de regañarlos a su regreso.

" ¿Dónde están?" cuestionó Osomatsu, cuando ambos salieron al comedor de abajo sin intervenir el sueño de los demás.

" No estoy seguro, puedo decir que salí a buscarlos un par de veces luego de que todos durmieran, pero Ichimatsu volvió en la madrugada, por supuesto, escapó cuando quise hablar, estaba igual de molesto gritando maldiciones a Karamatsu-niisan, o eso creo, estaba ebrio y luego se fue… Afortunadamente mamá tomó las pastillas para dormir así que no se levantó con el escándalo" bostezó un poco, con los ojos cansados miró al mayor con esa boca en V invertida y ojos con reflejos verdes expectantes y preocupados.

Osomatsu solo puso una mano en su hombro, " Vé a dormir, Choromatsu, yo me ocuparé de ambos, los esperaré".

El menor lo miró. " Pero- ".

"Te aseguro que no les gritaré o habrá pelea, no quiero que todos se involucren pero debo arreglar esto".

Choromatsu se quedó viendo atento al hermano mayor que antes no dejaría al cuidado ni a una mosca y menos tomarlo con la seriedad y confianza con las que cada vez más cargaba la responsabilidad de hoy en día.

Era un gran cambio que no dejaba de sorprenderlo. En especial, él aceptandolo. Pero todos cambian, incluso si se debe a un accidente para ello.

"... Lo he estado pensando, Osomatsu-niisan" dijo luego de meditar un rato la propuesta del de rojo, mirando en dirección de la habitación que compartían. "Pensé en aliviar la tensión de ambos si tan solo Ichimatsu pudiese decir la razón de su rencor. Estoy seguro que Karamatsu-niisan aceptará cualquier cosa ".

"Lo sé ", mencionó por lo bajo, despidiendo a Choromatsu, una vez solo rápidamente frunció el ceño.

Sabiendo que le quitaría algunas horas de sueño valioso, esperó.

~•°•~

La habitación estaba en un completo silencio.

" ¡Karamatsu! " Osomatsu salió de su aturdimiento al levantarse y correr a la puerta shoji, bajando las escaleras hacia la puerta principal siendo seguido tardíamente por los demás.

Lo abrió, y pese a su búsqueda con la mirada por las calles con ningún transeúnte no encontró rastro del menor directo por dónde seguir.

Maldijo en voz alta justo a tiempo de la llegada de sus hermanos.

" ¿Osomatsu-niisan?"

" No creí que reaccionaría de esa manera, joder".

" Eres un idiota ", Choromatsu murmuró de forma amarga. Todos los presentes sabían que no lo decía solo para el mayor.

Debieron insistir más en que no era la mejor manera de arreglar las cosas.

|~{...}~|

Karamatsu volvió al apartamento luego de un par de horas que se puso el sol.

El rostro derrotado y cansado no daba lugar a discusión de la suerte que nunca lo acompañaba.

Viendo claramente el apartamento en el que se albergaba, se tiró al único sillón chillante que se comparaba con el dolor auditivo con el sonar cada poco centímetro de la puerta sin aceite y apenas sostenida a la pared.

No quería quejarse, y estaba bastante cansado como para hacer eso, de nuevo.

La mala presentación de ropa pese a sus intentos y el rostro cubierto de pesadumbre sin dormir fueron los primeros indicativos que la gente observa y decide antes de ver lo que tiene por ofrecer.

La actitud positiva que desprendía normalmente seguramente tendrá un tiempo posiblemente largo para que vuelva a salir.

Con una mirada a la pared adyacente en vista de su sillón individual, se topó con la oscuridad que ensombrecía la ciudad.

Era consciente que estaba algo alejado del centro por algunos kilómetros, un par de éstos daba el límite de la ciudad, recordando que al otro lado existía un bosque pequeño, no tan conocido bajo la sombra de la ciudad llamativa. Otra de las razones de escoger un lugar así, esa tranquilidad junto a la naturaleza.

No pudo evitar pensar que estaba a unas cuadras del apartamento de Jyushimatsu.

De inmediato cerró los ojos, ya sentía algo de felicidad y dolor de sólo pensar en alguno de ellos, no quería el estrés que presionaba su cráneo de adentro hacía afuera y no tenía interés de tener un peor aspecto que ahora.

Mierda, todos en realidad se fijan en el aspecto físico y no en un hombre desesperado pero con disposición capaz de hacer bien el trabajo.

"¿Karamatsu?"

|~{...}~|

"¡Por favor váyase, o llamaré a la policía! ".

"¡Carajo, no entienden! ¡Sólo quiero esas putas pastillas! ".

Era comprensible que ella no lo entendiera, supuso, quería creer eso.

Al final tuvo que irse para no hacer más lío, realmente debió haber controlado su temperamento, supuso. Pero las farmacias tenían alguna planificación contra suyo porque todas alrededor sabían su caso y le negaban lo mismo.

La desesperación lo tomó al escuchar las mismas palabras desde hace dos días, necesitaba una puta receta médica, sólo para pastillas contra el dolor de cabeza, no era necesario eso, todos lo sabían. Pero según las farmacéuticas, ya sobrepasó el límite de compra tan consecutiva. ¿Qué mierda les importaba si lo consumía tan a menudo? Parte de sus ahorros se desperdiciaron en ello.

Dejó de pensar cuando se tambaleó por el dolor agudo que volvió a azotarlo. Le estaba reventando la cabeza y, siendo honestos, ni esas pastillas que consumió servían más que un par de horas, cada vez menos al paso del tiempo.

Cuando se recuperó lo suficiente, ignoró las miradas y las personas que lo evitaron como la peste, como si un hombre con mejillas hundidas, ojeras, desaliñado y un traje suelto y arrugado fuese algo por lo que temer.

Desde que llegó a esa localidad y buscó trabajo con una sonrisa cada vez más forzada sobre su rostro, ya sea por decepción desesperada o agotamiento soportando los dolores, no funcionó en lo más mínimo.

Cada vez que fue rechazado del trabajo, al ver su aspecto y añadiendo no emplear a un hombre enfermo al cuestionar el uso de las pastillas para la cabeza o a veces añadiendo que no querían a nadie que no soportara un poco de presión. Sólo empeoró sus migrañas.

Gritó una vez que cerró la puerta de su apartamento tras suyo. Dejándose caer apoyado contra la puerta, pasó las manos por sus ojos en un intento fútil de espantar el cansancio y ganas de quedar inconsciente después de esas noches de insomnio.

Se derrumbó.

Quería volver, dios, quería volver. No solo porque su vida independiente está destinada al fracaso y a ser una carga de desperdicio, sino porque los extrañaba. Recordaba sus risas, sus juegos y sus bromas de las que no era parte, pero aún estaban allí. Aunque no exista para ellos, ellos lo hacían para él.

Cometió un error…

Sus manos presionaron con fuerza contra sus ojos, pero las lágrimas escapaban entre los hoyos, siempre traicioneras ante su abierto sentir. Era débil, lo sabía, seguía siendo el niño inútil y tímido, de buenas intenciones, pero ingenuo.

Quería saber cómo estaban sus padres, debió haber pensado en ellos antes de cometer semejante estupidez. Quería saber cómo les iba a los demás, si todo mejoró desde que se fue, sin una carga con la que lamentarse y quedarse en casa para continuar con sus vidas.

Tal vez pudo haber mejorado sus días. Pudo hacer algo bien con ellos pese a que le apuñale el corazón cada día sin verlos.

Era egoísta, Ichimatsu tenía razón.

Sus lamentos se detuvieron, el temblor en sus extremidades aumentó considerablemente. Sin identificar lo que sentía al recordar el nombre. Con la mente en blanco por esa sonrisa burlona de rabia por su presencia y gozo ante su desgracia.

Ichimatsu… él seguramente estaría feliz ahora, ¿verdad?

¡CRACK!

La fotografía enmarcada en sus manos impactó contra la pared, el vidrio y la madera cayeron en pedazos en un sonoro volumen que, por un momento, aturdió al segundo hermano.

Al registrarlo como la fotografía que siempre llevaba oculta entre sus ropas y que había empacado sin pensar, rápidamente se lanzó a los restos.

"Nononono " murmuró con ojos abiertos al ver el destrozo, ignoró la parte donde no recordaba haberla tomado o incluso haberse levantado del suelo en su miseria. La sangre escurrió entre sus dedos, mezclándose entre sus lágrimas saladas y amargas, pero no registró el dolor en sus manos callosas.

"¿Qué hice?" habló en una voz comparada a una brisa sin aliento, a nadie en particular, al sacar la fotografía donde mostraba a todos los hermanos en una convivencia, poco después de recibir sus colores con forma de sudaderas particulares como un regalo de graduación. Ambos padres orgullosos y divertidos por el entusiasmo de sus hijos, y los hermanos con el ánimo reluciente de ser únicos pese al mismo rostro.

Lo que quedó de la fotografía estaba rasgada, los trozos de vidrio hicieron su parte pero no la dañaron lo suficiente como para preocuparse de perder algo tan valioso.

Con el resto de madera y vidrio sin poder recuperarse, Karamatsu dió una profunda mirada a las expresiones de entusiasmo de todos sus rostros, con el empiezo de modificación de personalidad de secundaria a lo que sería la vida adulta. Sabía que ellos en ese entonces eran tan diferentes a los hermanos que son ahora.

Escogió esta fotografía para enmarcar porque, pese a sus discusiones y enfrentamientos, allí él no era alguien en particular a quien ignorar.

No quienes mostraron que no existía. Y, especialmente porque Ichimatsu, pese a que no resistía sus relaciones sociales, le hablaba con naturalidad e incluso a veces parecía ser considerado el mayor al protegerlo de bravucones, hasta que Karamatsu aprendió a pelear, por supuesto.

Un engaño temporal.

Aún así eran sus hermanos.

Pero no podía volver. No podía. Y eso era lo que más lo lastimaba.

Guardó la fotografía en el bolsillo de su camisa, sintiéndolo como un peso constante junto a su corazón como un castigo de algún tipo.

Debo de ser fuerte , pensó.

" Karamatsu, por favor ".

Guardó calma, respiró hondo y se levantó con cuidado del suelo hecho un desastre de vidrios y astillas.

Debía preparar sus papeles para otro día de intentos.

Creyó que no podía empeorar más.

Fue al día siguiente que esa frase se puso en duda.

Otra noche en su camino de regreso a su apartamento. Cuando escuchó los gritos de ayuda y gemidos de dolor a una cuadra frente suyo. En la oscuridad de la medianoche era tan claro que se cuestionaba porqué nadie salía de sus casas para atenderlo.

Se acercó y encontró tres hombres pateando y golpeando a un cuarto que aparentaba la mediana edad, con una camisa que apenas abrigaba del frío helado y oscuros pantalones de peto.

Pese a su debilidad los últimos días y al estrés acumulado, no desquitó más que su fuerza resignada contra esos tres que apenas lo vieron venir. Sabía trucos para el combate aún en malas condiciones que le enseñó Osomatsu como un buen maestro, por sorprendente que sea.

Escuchó las maldiciones del trío de idiotas que balbuceaban sobre algún tipo de venganza con su jefe. Seguramente otro estúpido pandillero.

Ayudó un poco en su irritación de sus días malos. Cuando volteó al hombre que quedaba y lo reconoció.

" ¿Mat-matsuno-kun? ".

"¿Yowai-san?".

No había visto al hombre, desde, bueno, años. Y no esperaba encontrarlo ahora, recordaba que Totoko les indicó sobre un tipo de viaje y al final una residencia en el extranjero, poco después ella también se fue cuando la ciudad Akatsuka no tenía nada más que ofrecer.

Lo ayudó a levantarse cuando el hombre con unas contadas canas y una sonrisa aliviada le agradeció por ayudarlo, se veía nervioso al grado de la paranoia. Por lo que Karamatsu no comentó sobre las razones de un pesquero exitoso transitaba a estas horas de la noche siendo envuelto con algunos pandilleros.

"No creí ver a alguno de ustedes en esta parte de la ciudad " comentó, más para sí mismo que para Karamatsu, todavía no dejaba de ver por donde el trío escapó. Antes que el segundo hijo preguntara algunas cosas o le ayudara a llamar a una ambulancia, el hombre le dio unas palmadas en su hombro antes de despedirse.

" Oh, por cierto, muchacho… ¿Ustedes… ya no viven juntos, verdad? ". Eso lo tomó con la guardia baja. Karamatsu alzó sutilmente una ceja.

" … No, ya no lo hacemos. Solo yo vivo cerca".

El hombre asintió, todavía perdido en pensamientos antes de retirarse. Parecía, con cada paso, más miserable.

A Karamatsu se le revolvió el estómago, pero hizo lo justo al ayudar al pobre hombre, quien parece que cambió de pesadilla.

Se sacudió, espantando ese sentir. Así que volvió al apartamento. Los moretones en la mejilla seguramente serán otra excusa para no darle un bendito empleo.

~•°•~

Como lo pensó, sin tacto lo botaron por su apariencia, al menos los demás eran más gentiles. De todas formas no quería trabajar de… de lo que sea que estaban pidiendo.

Hace unos días que era consciente sobre las deudas que comenzaron a tomarlo hasta por el cuello. No quería pensar en eso, pero sabía que solo empeoraría.

Estaba apunto de dirigirse a trabajos como la fábrica negra, el primer trabajo que abrumó suficiente a todos los hermanos como para no volver a pensar en un trabajo durante un largo tiempo.

No, se retracta, bien puede empezar hoy.

La puerta del apartamento volvió a su estado inicial con un nuevo candado imposibilitando su ingreso.

Todavía faltaba un par de semanas para que termine su tiempo aquí… ya no podía enojarse, no tenía fuerzas para ello. Tampoco es que hubiesen muchas cosas dentro. Solo ropa desperdiciada que iba a tirar, todo documento todavía a salvo a la mano junto a la fotografía en su bolsillo. Así que sólo serán noches en la fría calle.

Trata de no entrar en pánico, Karamatsu.

Y la cabeza volvía a esas palpitaciones habituales de cada noche. Como si el día no fuese suficientemente malo.

No tenía deseos de dormir.

"Chibita-kun, ¿eh?"

Se sobresaltó, cierto. Su amigo Chibita, lo olvidó por completo. Aunque de todas formas desistiría de pedirle ayuda aún si lo recordara en un inicio.

… Sus hermanos no vinieron a buscarlo, no hay señales de ellos lo que da lugar a su conformidad con su decisión.

Pero no quiere que lo vean durmiendo en la calle, en caso de que pasen cerca. Ugh.

No le deja más opción que caminar a casi medianoche al otro lado de esa localidad, tan cerca y tan lejos de sus hermanos. ¿Por qué no lo botaron por la mañana?

Ahogó un suspiro y dio media vuelta. Rogaba que Chibita esté dispuesto a brindar ayuda a un hombre derrotado y no le sea tanta carga. Rogaría si es necesario por empleo, como la última vez que Chibita le dio la mano.

No entendía, ¿cómo sus hermanos siquiera encontraron uno?

Karamatsu ayudó en algunas cosas en los trabajos de sus hermanos -eran cosas pequeñas y temporales- y por ello tuvo ahorros, la facilidad donde ellos entablaban una conversación con sus jefes o sus compañeros de trabajo era admirable, en cierta manera. Como si fuesen otras personas.

Podría mudarse a un lugar más pacífico y con necesidad de empleo no necesariamente con una presentación física adecuada. Había oído que en las costas de la ciudad Murakami -una pequeña ciudad en el norte de la prefectura de Niigata- eran necesarias personas con el trabajo agotador del movimiento de la mercancía y según Totoko, no eran muy exigentes ante los requisitos.

Sin embargo, la esperanza de encontrarse con sus hermanos nuevamente era muy baja.

Sacudió la cabeza, el peso de su decisión mal tomada lo estaba matando, en especial si Osomatsu se molesta por empeorar las preocupaciones de sus padres, eso, o… ya les inventó una excusa por desaparecer de pronto durante varios días, seguramente les dio una excusa creíble.

Su caminata en medio de la calle silenciosa de pronto se sintió muy asfixiante, trató de inhalar y ese peso en el pecho que tiraba con prisa daba el singular presentimiento que algo no iba bien. Hace horas se puso el sol, pasaría la medianoche, pero la tranquilidad de pronto no se vio comprensible. Ni siquiera el soplo del viento parecía desear aparecer.

Tomando sus nervios presionados contra la cabeza que quería estallarle, ignoró cualquier pensamiento paranoico y apresuró el paso; cierto, no era recomendable pasar a esas horas, pero no había delincuencia en la ciudad que sea del tipo peligrar la vida, tampoco tenía un centavo en el bolsillo.

Tuvo que detenerse súbitamente como un ciervo frente a los faros del carro que pronto hizo su presencia al pasar un callejón.

Las luces del auto lo mantuvieron inmóvil cuando un par de personas salieron y se acercaron a su figura paralizada.

Una tercera figura apoyada contra el capó del auto, más delgada y sintiendo su mirada que clavaba dagas, habló naturalmente, una voz ronca y profunda con un toque de burla sin gracia.

"Estás muy equivocado si puedes ir y entrometerte en asuntos de nuestros negocios personales, pequeña mierda".

Karamatsu pareció encontrar su voz, apenas retrocediendo un paso y tener a dos hombres con las manos, que seguramente rompieron huesos, tomando de sus hombros, eran altos y duros como una pared de concreto.

"N-no, se equivocan, yo no– " el terror creciente le subió a la garganta, y los balbuceos salieron inteligibles entre excusas y súplicas.

La sensación de pavor lo carcomía por completo ante el pensamiento revelador que estos tipos no eran simples delincuentes que pasan las noches agrediendo a desafortunados, ya podía ver los tatuajes en sus cuerpos y el olor de pólvora.

Apenas gritó con el nudo en la garganta cuando su cabeza fue cubierta por tela oscura y fue noqueado para meterlo al carro.

El auto arrancó cuando todos estuvieron dentro, apagando las luces delanteras y como una sombra sin nada que ofrecer bajo la oscuridad de los cielos y las luces amarillentas del camino asfaltado.

Un par de calles más abajo, un par de hermanos del mismo rostro continuaron su paso.

Osomatsu apenas gritó por casi ser empujado al voltear la calle con ese auto apareciendo de la nada. Ignorando la peculiaridad de un auto oscuro sin registro de luces y vidrios polarizados.

Guardó cualquier energía para luego.

"... De nuevo, ¿Por qué estamos aquí? ". Mencionó el hermano de ojos caídos, encogiéndose en su sitio en búsqueda de algo de calor ante la noche tan fría e incómoda.

Osomatsu le dio una mirada, la misma tontería de ser un hermano mayor simplemente no parecía creíble si se lo preguntaran hace meses, ahora Ichimatsu no hizo más que chistar los labios y girar la cabeza.

" Tuvimos suerte que Jyushimatsu recordara su conversación sobre unos apartamentos que Karamatsu tuvo en mente desde hace tiempo. Debimos esperarlo, supongo. Y con todo lo que hablamos espero que puedas hacer las cosas bien, Ichimatsu".

" Jodete, hermano mayor de mierda". Se encorvó aún más si eso era posible, por una cercana reprimenda.

Osomatsu solamente suspiró, sabiendo que el menor dio indicios de reflexionar en todo el día y ahora estaba lo suficientemente conmocionado con sus palabras que no protestó al pedir acompañarlo luego de su trabajo. No pudo sacarse más tiempo que este y, honestamente, cree que debió haber hecho esto desde un inicio; estar presente en cada paso con ambos hermanos, en especial junto a Ichimatsu descubriendo algunas inseguridades de las que no estaba al tanto como pensaba del cuarto hijo.

Además, había algo que no dejaba de revolverle el estómago.