Capítulo 2

Regina y Daniel miraron a la muchacha que tenían enfrente, no debía de tener ni veinticinco años, los cabellos revueltos, sin contar la manera en que vestía.

-Entre, por favor- dijo Daniel, educadamente. Emma entró en la casa con su mochila al hombro. Observó todo a su alrededor, muy limpio y recogido. Daniel ayudó a Regina a sentarse en el sofá -¿Desea tomar algo?- le preguntó a Emma

-¿Tequila?- dijo sonriendo –Es una broma, me gustaría un poco de agua- dijo Emma

-Puede sentarse ahí- dijo Regina señalando un sillón beige, Emma dejó la mochila en el suelo y se sentó con las piernas abiertas. Daniel volvió a la sala con dos vasos. Uno de cristal y otro de plástico rojo con una cañita. Le dio el vaso a Emma y se sentó al lado de Regina, dándole a ella de beber.

Emma seguía observando todo, todo era muy grande, muy lujoso. Observó que en la sala había varios cuadros, pinturas abstractas, varias fotos de la mujer que tenía delante con el marido, y un piano.

-Gracias- dijo Regina con su voz ronca, robando la atención de la muchacha que ahora miraba hacia ella. Regina esbozó una sonrisa sin enseñar los dientes y Emma bebió de su agua.

-Entonces- dijo Emma, rompiendo el silencio y dejando el vaso en la mesita del centro -¿Cuál de los dos toca el piano?- Daniel aún la encaraba

-Yo toco…o mejor dicho, tocaba- dijo parpadeando rápido

-¿Por qué lo dejó? Creo que es uno de los instrumentos más hermosos para escuchar- dijo sonriendo, Regina la miró, sus ojos verdes brillantes y una sonrisa grande, miró al marido que observaba a la muchacha como si fuera un extraterrestre. Sabía que Daniel era como ella, bueno, en realidad, Daniel era como ella año y medio atrás, antes de la enfermedad. Daniel odiaba el desorden, el jaleo. Era un perfecto perfeccionista, por así decir. Daniel miraba a la muchacha incrédulo –"¿Acaso sabrá para qué es la entrevista?"- pensó. Emma entonces los miró a ellos que no sabían cómo responder y enseguida cayó en la cuenta, "¿cómo soy tan tonta?" –Ah, pues claro, ya entendí por qué lo dejó.- dijo avergonzada, mirando al suelo y tocándose las cortas uñas, dándose cuenta de lo que había preguntado.

-Es evidente que habrá traído su CV- no fue una pregunta, fue una afirmación el modo en cómo habló Daniel. Emma la miró a ella para saber lo que era un CV, los ojos verdes, grandes y redondos fijos en Regina.

-CV es un currículo- dijo la morena

-Ah, claro, claro. Sí, lo traje, está aquí dentro- dijo cogiendo la mochila y removiendo lo que tenía dentro, sacó un papel doblado, un poco arrugado, lo miró y se lo extendió a Daniel.

-Encontré a la señorita Swan en la web de la universidad- dijo Regina, esbozando una sonrisa al marido, que tenía el currículo de Emma en las manos

-Aquí dice que su empleo más reciente fue en un Starbucks de carretera y estuvo ahí menos de tres meses- miró a Regina -¿Te puedes creer?

-Ah- Emma se levantó y cogió el papel de las manos del hombre –Espere, disculpe- miró el currículo –No es este- lo estrujo y lo metió en la mochila, sacando otro papel, arrugado que entregó a Daniel –Es un poco diferente del que envié, adorné aquel un poco- dijo sonriendo, Daniel miró el papel –Entonces- miró a Regina -¿Quién cuidaba de usted antes? Si no le importaba decirlo

-De ninguna manera- dijo Regina –Tuvimos a una amable mujer que se ha ido y antes, mi madre- Emma levantó la ceja

-Vaya, qué valor- dijo sonriendo

-Sin sombra de dudas, no fue perfecto- sonrió de lado

- Si fuéramos mi madre y yo, la carnicería hubiera llegado pronto- sonrió, y Regina también. Daniel se levantó y cogió el vaso que estaba en la mesa de centro, dejándolo sobre un reposavasos.

-Creo que la limpieza no es una de sus habilidades. ¿Cocina? ¿Tiene experiencia con enfermedades? Cuénteme, Emma, ¿ha visto ya o cuidado de alguien con una enfermedad degenerativa?- Daniel la encaraba. Emma se mordió el labio inferior y miró a Regina, que parecía muy interesada en saber la respuesta.

-No mucho- dijo, y volvió a concentrarse en sus uñas –He leído algunas cosas en Internet

-¿Ha leído cosas en Internet?- dijo Daniel, sin poder creerse tal barbaridad, ¿cómo alguien manda el currículo para un determinado empleo sin jamás haber visto o hecho algo relacionado con él? – Bien, entonces, ha sido un placer conocerla- dijo Daniel levantándose, Emma balanceó la cabeza, concordando, Regina los miraba a los dos

-¿Qué quiere decir con "no mucho"?- habló Regina, Daniel, que ya estaba en pie, parado en la puerta, la miró, Emma se encogió de hombros

-En el colegio, me presté voluntaria para ayuda en un asilo, mi abuela estaba allí, ella tenía Parkinson y también había otros ancianos con diferentes enfermedades, iba mucho, no lo he mencionado porque ya hace tiempo- dijo Emma mirando a Regina, la mujer la miraba, incluso parecía estar admirada por algo, entonces Regina miró a su marido.


Daniel estaba con Emma en la cocina, su móvil ya había sonado siete veces, del trabajo, estaba muy atrasado. Decidió enseñarle a Emma algunas cosas, como, por ejemplo, preparar el complejo vitamínico de Regina. El hombre abrió el armario y sacó algunos ingredientes

-Lleva brócoli, remolacha, zanahorias…

-Daniel, te vas a atrasar- dijo Regina entrando en la cocina, caminando lentamente en su andador de adultos. Daniel cogió la tabla de cortar y un cuchillo, dejándolo todo encima de la encimera.

-La tabla y el cuchillo- dijo volviendo al armario

-Daniel, yo se lo explico- dijo Regina

-Solo un momento- dijo, abriendo el armario y sacando algunas pastillas –Después de cortar, añada las vitaminas y los estimuladores inmunológicos, batiendo todo en la licuadora. Cuando más coma, mejor, lo light es un enemigo – dijo colocando las pastillas en la encimera y mirando a la muchacha, ella tenía la mano en su nuca

-Daniel, yo se lo explico, estate tranquilo

-Regina, déjame hacer esto, ¿ok?- dijo sin paciencia. Los dos miraron a Emma

-¿Dónde está el baño?- preguntó

-Todo recto, allí, la puerta de la derecha- dijo Daniel, haciendo poco caso. Emma salió, caminando hacia el baño

-Mira, Regina- Daniel comenzó a hablar –Esa mujer es una pesadilla. No es enfermera, ¿cómo sabré que estarás bien si te quedas con ella?

-Daniel, confía en mí. Ella puede escucharme, por favor. Yo le explicaré todo y si no se las apaña bien, buscaremos a otra. Por favor, confía en mí- dijo mirando al marido.

-Te amo, Regina, y no me perdonaría si algo malo te sucediera

-Ya ha sucedido, Daniel y nadie puede evitarlo. Estaré bien. Ahora, ve a trabajar- dijo, inclinándose para darle un beso al marido.


Cuando Daniel se hubo marchado, Regina le dijo a Emma que ya era la hora de tomar su complejo vitamínico, la muchacha cogió el cuchillo y el brócoli, y lo cortó, echándolo después en la licuadora

-Emma, usa la tabla- dijo Regina, al lado de la muchacha

-Ah, está bien- Emma cogió la tabla y puso el brócoli encima y golpeó contra él el cuchillo, provocando en Regina una mueca y un rápido parpadeo –Entonces, ¿cuánto tiempo viven los pacientes de ELA?- volvió a coger todo de la tabla y echarlo en la licuadora -¿De dos a cinco años? ¿Cuánto tiempo lleva enferma?- hacía varias preguntas al mismo tiempo

-No hay que echar el tallo en la licuadora- dijo Regina, Emma miró hacia ella, después al aparato, y sacó de dentro el tallo – Solo las hojas

-Disculpe, no es que quiera saber cuándo voy a necesitar otro empleo. Lo pregunto porque siento curiosidad con su calendario

-Año y medio- dijo Regina, la muchacha cogió un paño y se secó las manos

-Eso es lo que me fastidia de esa enfermedad- cogió un líquido rojo y lo echó dentro de la licuadora –La mente continúa en forma, pero los músculos, los brazos y las piernas…- Regina la cortó

-Pon la …- no dio tiempo a decirlo, Emma encendió la licuadora sin la tapa, haciendo que todo lo de dentro salpicara hacia fuera, ensuciando toda la cocina, su blusa y a Regina. Cogió la tapa e intentó taparla –Apaga, apaga eso- dijo Regina, demasiado alto. Emma apagó la licuadora y se tapó la boca, soltando un "Perdóneme" –Está bien- dijo Regina, balanceando la cabeza y sonriendo –Hay una primera vez para todo.

-Cierto. Voy a terminar con esto para que puede tomárselo- dijo Emma, comprobando que la tapa estaba bien puesta esta vez.

Después de tomarse el batido y mientras Emma limpiaba la cocina, la morena pensaba en cómo haría para que todo saliera bien. No quería enfermeras que la cuidaran, la trataban como a una enferma, claro que estaba enferma, pero no quería ser tratada de esa manera y sí como una persona normal que solo necesitaba ayuda.

Su vida había cambiado drásticamente en año y medio, lo odiaba, le gustaba ser independiente, siempre lo fue y siempre consiguió las cosas por sí sola, ahora necesitaba de alguien hasta para ir al baño.

-Emma, ¿puedes llevarme al baño?- pidió, acercándose a la cocina que ya estaba limpia y oliendo a lejía.

-Claro- dijo Emma, ayudando a la mujer a llegar al baño, la morena entró y Emma se quedó en la puerta –Me quedo aquí en la puerta, no tiene de qué avergonzarse o tener prisa.

-Emma, voy a necesitar ayuda- dijo Regina, la muchacha que estaba apoyada en la pared de fuera miró hacia dentro del baño, con cara divertida, y sería divertido si no fuera algo muy serio.

-Ah- dijo Emma, intentando entender lo que Regina quería decir con "ayuda"

-Para sentarme y también la necesitaré después- dijo Regina, despacio, con los ojos verdes atentos en ella –Para limpiarme – dijo, como si fuera obvio, Emma la encaraba y sonrió -¿Por qué estás riendo?- Emma caminó hacia al otro lado de la pared, se apoyó y cruzó los brazos

-Mi amiga Ruby dice que es mejor tener gatitos que hijos, al menos los gatos saben usar la caja de arena- dijo -¡Oh, dios mío, usted debe ser una de esas mujeres puritanas que no tiene sexo los domingos!

-Soy una mujer adulta que necesita ayuda para ir al baño- dijo Regina, sin paciencia

-Ok- Emma entró en el baño, condujo a Regina hasta la taza y se puso delante de ella –Muy bien, voy a abrirle los pantalones- dijo desabotonado los pantalones de Regina –Ahora voy a bajárselos- dijo repitiendo el proceso, bajando los pantalones de la morena –y ahora le estoy bajando sus bragas- dijo, Regina reviró los ojos, estaba impaciente y necesitaba de verdad hacer sus necesidades, y Emma relatando lo que hacía no la estaba ayudando mucho.

-¿Podría dejar de narrar?- pidió Regina

-Ah- Emma bajó a Regina -¿Por qué esta mierda es tan baja?

-Emma, esa boca- Regina la reprendió, Emma la encaró, próxima a ella. Cogió el papel higiénico

- Estoy desenrollando el papel higiénico- continuó cerca de Regina, mientras la morena orinaba

-Más fuerte- dijo, mientras Emma la limpiaba

-¿Qué?- preguntó

-Limpia con más fuerza

-Ah, claro- dijo Emma, pasando otro trozo de papel higiénico por Regina, mirando hacia arriba- Ahora la estoy levantando, subiendo los pantalones y…- se desequilibró, cayendo en el suelo y haciendo que Regina cayera, con la mano dentro de la taza. Emma se llevó la mano a la boca y comenzó a reír descontroladamente –Mierda, ¿está bien?- preguntó, Regina sacó la mano de dentro de la taza, estaba mojada. Emma miró la mano y a Regina –Perdóneme- dijo

-Está bien, solo ayúdame a limpiar esto e intenta estar más atenta- dijo


Después del pequeño incidente, Emma ayudó a Regina a echarse en la cama, la mujer le pidió que encendiera la tele. Y ella salió a fumar un cigarro.

"Genial, Emma, eres capaz de acelerar la muerte de la mujer si continuas de esa manera", pensaba Emma mientras tragaba el humo. Terminó y volvió al cuarto de Regina.

-Emma, ¿puedes coger el frasco azul que está en el baño? Ya es la hora de tomar las pastillas- dijo Regina. Emma fue al baño y abrió el pequeño armarito, en el que había varios frascos. Cogió el azul y un vaso de agua, se acercó a Regina – Ponla en mi boca y dame agua- dijo, Emma así lo hizo, claro que torpe como era, Emma derramó un poco de agua encima de Regina, secándole después con la manga de su camisa –Ahora puedes dejarme sola. Voy a dormir un poco. A la hora del almuerzo, me llamas- le dijo

-Claro. Con permiso- dijo Emma saliendo y apagando la luz, dejando a Regina sola.


A la hora del almuerzo, Daniel llegó, dijo que iba a trabajar en casa y que Emma podía marcharse. La rubia salió corriendo, sin ni siquiera despedirse de Regina. Fue a casa y se echó, pensando si volvería a la casa de la mujer o no, probablemente no. Emma no sabía hacer nada, a no ser meterse en jaleos. Era eso lo que el profesor Killian, con el que tenía un romance, decía.

Era sábado, Emma siempre iba los sábados al Duty Bar, donde la gente cantaba, bebía y bailaba. Ella iba a cantar, claro, adoraba la guitarra. Y su amiga Ruby la alentaba.

-Te lo digo en serio, Ruby, la dejé caer y pensé "La madre que me parió, me va a matar" ¿Y qué hace la mujer? Solo cerró los ojos y me miró diciéndome que todo estaba bien- dijo mientras tomaba otra dosis de tequila –La peor parte fue que ni se enfadó conmigo, se quedó con aquella sonrisa perfecta en la cara.

-El silencio es mucho peor, ya que tiene que mantener la calma- dijo Ruby. Emma se tomó otro sorbo de tequila

-Un brindis por encontrar una cosa más en la que soy pésima- golpeó el vaso con el de su amiga

-Eh, estrella, es tu turno, así que por favor, no lo estropees todo- dijo Bart, un hombre grueso que organizaba las actuaciones en el bar. Emma respiró hondo.

-Tú puedes- Ruby le dio apoyo. Por más que Emma amara tocar y cantar, se moría de vergüenza al hacerlo en público.

-Yo puedo- dijo cogiendo una lata de cerveza

-Tú puedes- le volvió a decir Ruby

-Sí, yo puedo- gritó, encaminándose al escenario mientras cogía dos chupitos de tequila y se los bebía rápidamente

No, no lo va a conseguir, dijo Ruby para sí misma, viendo a la amiga subir al escenario.

Emma subió al escenario tras haber bebido varios chupitos de tequila, cogió la guitarra y se detuvo frente al público. Todos estaban de pie y mirándola, ella se quedó mirando a las personas.

-¿Vas a cantar o no, gatita?- preguntó un hombre

-Claro, ah, ¿estáis todos bien? Espero que sí- dijo agarrando con firmeza la cinta de la guitarra –Ah, soy Emma y está muy bien estar aquí en el Duty Barry's- comenzó a puntear algunas notas –Voy a cantar una canción- dijo canturreando

-¿Vas a cantar o no, muñeca?- dijo otro hombre

-Sí, solo un minuto- dijo Emma saliendo corriendo. Corrió en dirección al baño. Entró rápido y vomitó en el lavabo, vomitó mucho. Se lavó la cara y salió del baño, y fue hacia la mesa de la amiga -¿Por qué sigo haciéndome esto?- dijo Emma, colocando la mano en la cabeza y apoyándose en la mesa.

-¿Sabías que otros artistas perdieron la cabeza en ese mismo escenario?- una muchacha se acercó, era rubia, bajita –Por cierto, me llamo Kara- dijo encarando a Ruby y Emma

-Hola Kara- dijo Ruby

-Dios mío, necesito darle un sentido a mi vida- Emma levantó la cabeza -¿Kara? ¿Cierto?- la rubia confirmó. Emma miró hacia la puerta y vio a Killian, su profesor –Miren quién está ahí- dijo mirando a la puerta, se arregló el cabello que estaba hecho un desastre, se hizo un moño suelto, y se dio unos golpecitos en las mejillas –Hasta luego, chicas- dijo levantándose

-Emma, es tu profesor, casado

-Lo sé- le hizo un guiño a la amiga y se fue

-¿Siempre es así?- preguntó Kara

-A veces es peor- respondió Ruby. Emma caminó hacia el hombre que estaba cerca de la puerta

-Miren quién apareció, ¿viniste a verme para pasárnoslo bien después?- Killian la miró, sonriendo, aquella sonrisa traviesa que encantaba a las mujeres, de hecho había sido eso lo que encantó a Emma

-Emma Swan- dijo él, entonces en ese momento apareció una mujer blanca de cabellos negros –Esta es mi esposa Ellie, Ellie, esta es mi alumna, Emma Swan- la mujer sonrió a Emma, esta reviró los ojos

-Con permiso, voy a emborracharme- dijo pasando por Killian y golpeándolo en el hombro.

Emma entró en la pista de baile, tirando de Ruby y Kara. La rubia atrajo a Kara hacia ella y comenzó a moverse sensualmente contra la muchacha. Sí, a Emma le gustaba estar tanto con hombres como con mujeres. Kara la abrazó por la cintura, y ambas comenzaron a bailar. Emma bailaba mirando a Killian, que no apartaba los ojos de ella, se acercó a Kara y la besó en los labios, mirando a continuación al profesor. Cogió a Kara de las manos y la sacó afuera.


-Emma…Emma- Killian la llamaba, y Emma caminaba más rápido, agarrando las manos de Kara, sin prestarle atención. Emma siguió hasta el aparcamiento. Killian la cogió de un brazo y la atrajo hacia él –No quieres ir con ella, ¿verdad? Ella no te da lo que yo te doy.

-Claro que puede- Emma se apartó de Killian y abrazó a Kara –Puede darme eso y mucho más –La besó, sin dejar que la otra hablara. Al apartarse, Emma miró a Killian y echó a andar dándole la llave de su pick-up a Kara para que ella condujera, ya que Kara no estaba tan bebida como ella, entró en el automóvil amarillo y se marchó a su apartamento con la chica.


Al otro lado de la ciudad, Regina le contaba a Daniel cómo había sido la mañana con la muchacha, Regina quería darle una oportunidad, ya que la chica no la trataba como a una inválida o lo que quiera que fuera en ese momento.

-Regina, solo quiero que estés bien y segura. Necesito que estés con alguien en quien confiemos y no esa muchacha loca

-Me ha gustado, Daniel, vamos a darle una oportunidad, por favor. Una semana. Deja que yo resuelva esto sola, al menso eso, ya que no puedo hacer nada más.

-¿Y si te hace daño? ¿Te deja caer? ¿No te cuida como Dios manda?- "Bueno, eso ya lo ha hecho", pero Regina prefirió no contárselo a Daniel, quería que la muchacha trabajara para ella, había visto que Emma era diferente a las otras personas, medio loca, pero diferente, era ligera y feliz. Por el poco tiempo que Regina había pasado con ella, casi se sintió normal, y quería sentirse así muchas veces. Daniel la miró, resopló –Está bien, vamos a darle solo una oportunidad. Ahora vamos a dormir- dijo llevándola de la cocina al cuarto. Hizo toda la rutina, desvistió a Regina, la bañó, la secó, le puso su pijama, le cepilló los dientes y la acostó. Fue a bañarse y cuando regresó, Regina aún estaba despierta. Se echó a su lado y le dio la espalda.

-Daniel- Regina lo llamó, el hombre se giró

-¿Qué ocurre? ¿Te duele algo?- preguntó, preocupado

-No, ¿me abrazas?- pidió. El hombre se acercó a ella y la abrazó, dándole un beso en la cabeza.

-Buenas noches mi amor- dijo, cerrando los ojos. Regina miró al marido. Desde que habían descubierto la enfermedad, Daniel había cuidado de ella, y ella le estaría eternamente agradecida por eso. Pero incluso con la enfermedad, ella era todavía su mujer, y tenía deseos y apetencias. Cosas que parecía que Daniel ya no tenía. Al menos no con ella. Regina echaba de menos el cálido toque del marido en su cuerpo, los besos, abrazos, el cariño que antes el hombre le daba. Ella sabía que pensar eso la dejaría peor, así que cerró los ojos e intentó dormir, mañana llamaría a la loca muchacha, Emma Swan, y le pediría que volviera a cuidarla.