Capítulo 3

La claridad del sol batía en su rostro, Emma escuchó un ruido proveniente de la cocina, abrió los ojos con dificultad. Se estiró y se sentó en la cama. Se llevó la mano a los ojos, restregándoselos. Miró su cabello, estaba todo despeinado, "la noche debe haber sido movida", pensó

-Hola- escuchó una voz, deber haber sido la muchacha que trajo a su cuarto la noche anterior, "¿cuál era su nombre? ¿Kiara?" Emma la encaró

-Hola Ki…

-Kara- dijo la rubia sonriendo, con una bandeja en las manos –He hecho el desayuno- extendió la bandeja con un jugo de naranja y dos tostadas. Emma se llevó la mano al rostro, "joder", odiaba cuando eso pasaba. Aún con la mano en los ojos, encaraba a la muchacha rubia parada frente a ella.

-Sí, Kara, no sé lo que la noche anterior habrá significado para ti, pero solo fue sexo. No estoy hecha para ser pareja de nadie, ¿entendiste?- Kara la encaró con los ojos desorbitados. Escucharon el ruido del móvil.

-Ok, todo bien. Entendí- dijo tartamudeando

-Pues perfecto- dijo, agachándose y cogiendo el móvil que estaba en el suelo, presionó la tecla verde para atender –Killian, olvídame- dijo y fue interrumpida por la voz al otro lado –Espere, ¿quieren que vuelva?- preguntó incrédula, al otro lado de la línea, Daniel miraba a Regina, la mujer lo encaraba con mirada de ánimo

-Sí, sí Emma, nos encantaría que volviera- dijo él contra su voluntad

-Ok. Entonces, estaré ahí- cortó la llamada y miró la hora –Joder, tengo que estar allí dentro de una hora- tiró el móvil en la cama y se levantó

-¿No quieres comer?- dijo Kara. Emma miró hacia ella

-Ok, vale, me tomaré el jugo- Kara le pasó el vaso, y se lo tomó rápidamente.

-Entonces, ya que no sirves para ser novia, ¿podemos ser amigas?- dijo la rubia, Emma reviró los ojos

-Me da igual.


Daniel salía de casa todos los días a las 08:00. Ya eran las 08:25 y Emma sin llegar.

-Te lo dije, Regina, no era una buena idea- dijo por quinta vez mientras la mujer estaba sentada en el sofá –Tengo que ir a trabajar, ya estoy atrasado y no te dejaré aquí sola- terminó de hablar y escuchó el timbre, corrió hacia la puerta y abrió. Era Emma, chaqueta de cuero roja, cabello en un moño flojo y desarreglado, y vaqueros rasgados a la altura de las rodillas –Te dije que era a las ocho.

-Ya- dijo entrando –tuve un choque en el camino- miró a Regina que encaraba a la mujer, Regina con aquella cara de siempre, calma y pacífica, Emma miró a Daniel –Puedes ir a trabajar, ya estoy aquí- sonrió guasona. Daniel que aún estaba de pie en la puerta, la cerró, fue hasta Regina, le dio un beso, cogió las llaves del coche y su carpeta y salió –Entonces, ¿qué hacemos hoy?- Emma miró a Regina.


Durante semanas, Emma llegó atrasada, siempre después de las 08:30. Siempre con alguna disculpa cuando Daniel abría la puerta con cara de pocos amigos.

-Mi gato estaba vomitando mucho- lo miró –Bello traje, ¿es italiano?- preguntó, pasando por su lado con un cappuccino en las manos y entrando en casa. Daniel respiró hondo y cerró la puerta.

-Tuve que ayudar a una viejecita que estaba cruzando la calle- miró a Daniel, parado en la puerta –Soy una buena persona- se encogió de hombros, se acercó a él y tiró de su corbata –Estaba floja- entró en la casa


Emma detuvo el coche frente a la casa de Regina, salió de él y caminó hasta la puerta, esta vez no tuvo que llamar, esta fue abierta por Regina. La mujer estaba con los cabellos recogidos en una cola de caballo, llevaba una blusa negra de seda y unos pantalones, miró a los ojos castaños de la mujer, Regina, por primera vez, parecía seria. Encaró a Emma, de arriba abajo. Emma llevaba su chaqueta roja ya desabotonada, botas, shorts vaqueros y una camiseta negra, Regina detuvo su mirada en sus ojos verdes.

-No estamos interesados en tus disculpas. Esto lleva pasando semanas- dijo con voz ronca, suspirando y miró al marido que estaba a su lado y después a Emma –Daniel tiene un trabajo difícil, yo tengo una enfermedad difícil, si te atrasas de nuevo…- Emma la interrumpió, pasando por la puerta

-Ok, entendido-entró en la casa tomándose su cappuccino. Daniel encaró a Regina y esta vez la mujer suspiró hacia el marido. Daniel cerró la puerta.

-No veo cualidades en ella- dijo caminando hacia el despacho, Regina lo seguía con su andador.

-Aún es joven- dijo, Daniel llevaba puesto su traje

-Noche de chicas- dijo él- ¿Estás animada?

-Animadísima- dijo bajito

-Intenta aprovechar ese tiempo con tus amigas, Regina, es importante, para que no te aísles- dijo, mirando a la mujer –No puedo aplazar la cita con Gold de nuevo, va a pensar que lo odio

-Pero de verdad lo odias- sonrió –Daniel, echo de menos estar juntos- ella lo encaró, su sonrisa desapareció

-Regina, yo también lo echo de menos. Voy a intentar llegar antes, saludo a tus amigas y después solo nosotros dos. ¿Qué te parece? ¿Hum?- se acercó a ella y le dio un piquito, marchándose inmediatamente –Te quiero- dijo en un tono más alto, ya llegando a la puerta para abrirla –Ciao- Regina se giró hacia la puerta, pero ya estaba cerrada.

En cuanto Daniel salió, Regina llamó a Emma para ir al super, necesitaban comprar cosas para la cena que Regina tendría con las amigas. Fue una enorme dificultad para Emma conseguir meter a Regina en su coche sin dejar caer a la mujer, claro que golpeó la cabeza de Regina y tardó más de lo necesario en cerrar la silla de ruedas y ponerla detrás.

Regina no dijo nada, fue todo el camino en silencio, escuchando la música que Emma había puesto. Canciones aleatorias, ora tocaba Katy Perry, ora venía Bon Jovi, después Boyce Avenue. Regina tenía que admitirlo, la muchacha tenía un gusto peculiar en música.

-Regina, antes de empezar a comprar el super entero, tengo que decirle que no sé cocinar nada. Cuando digo nada, es nada. Ni en el microondas, ni noodles, no sé ni freír un huevo- dijo mientras esperaba que el dependiente pesara los langostinos

-No tienes que saber, solo necesitas escucharme, Emma- dijo Regina, soltando una sonrisa. Emma cogió los langostinos y los dejó en la cesta que estaba en el regazo de Regina –Ahora vamos a coger algo de verdura. Queda ahí, a la derecha.

-Ok- dijo Emma guiando la silla


-No, Emma, tienes que pelar las papas y ponerlas en el caldero con agua- Regina decía a Emma, la muchacha reviró los ojos, cogió el pelador y comenzó a pelar las papas, mirando a Regina que hizo una señal de afirmación con la cabeza –Así es, querida.

-Y, esas amigas tuyas, ¿te conocen hace tiempo?- preguntó

-A Marian la conozco desde hace algunos años, su marido trabaja con Daniel, Kate hace muchos años, desde el colegio, y a Amy, también hace un tiempo. Siempre nos gustó salir, ir a restaurantes o al teatro.

-Teatro- Emma dijo bajito -¿Siempre te gustó cocinar?

-Sí, siempre me gustó inventar recetas en mi tiempo libre, la cocina me relajaba.

-Entonces, ¿debes haber cocinado mucho, no?

-¿Qué?- Reina la miró, Emma paró lo que estaba haciendo y la miró

-Digo, no pareces estar estresada, ¿sabes? Eres muy tranquila. Sobre todo conmigo

-Creo que todos merecemos una segunda oportunidad. Ahora corta las zanahorias en rodajas- Emma cogió las zanahorias e iba a cortarlas –Después de pelarlas- dijo Regina, la muchacha reviró los ojos, pero hizo lo que la mujer le mandó

-¿Y cómo te sientes? Digo, ahora que no puedes hacer mucho

-Intento seguir viviendo, Emma, viviendo el tiempo que me queda con las posibilidades que tengo. No puedo hacer mucho, pero al menos aún no estoy en una cama de hospital sobreviviendo atada a unas máquinas. No quiero eso, no quiero acabar en una cama de hospital. Por eso hago lo posible para tomarme las medicinas y las vitaminas. No tengo la vida de antes, así que tengo que acostumbrarme con lo que ahora tengo- Emma asintió, volviendo su atención a las zanahorias.


Después de la cena que Emma preparó y Regina probó, diciendo que para ser la primera vez no estaba mal, Emma la ayudó a tomar un baño y la vistió con un traje negro ceñido, y los cabellos sueltos, maquilló a la morena con un suave maquillaje y le pasó el labial rojo.

-Estás lista para aprovechar esa cena con tus amigas- dijo Emma encarando a la mujer que se estaba mirando en el espejo

-No estoy tan mal- dijo Regina –Deben estar llegando, vamos abajo

-Claro- dijo Emma girando la silla

-Emma, recoge el pelo- dijo Regina, Emma se acercó a ella –No el mío, el tuyo- Emma reviró los ojo, aquello ya formaba parte de ella, revirar los ojos hacia Regina Mills, hizo lo que la mujer le había dicho, recogiendo su cabello en un moño flojo. Miró a la mujer y cruzó los brazos, arqueando una ceja –Ahora vamos


Las amigas de Regina llegaron, se quedaron un rato en la sala tomando vino, y Regina, jugo. Emma estaba en la cocina colocando la mesa, como Regina le había dicho antes. La muchacha caminó a la sala y robó la atención de las cuatro mujeres que allí había.

-Hola. La cena está lista- dijo caminando hasta Regina y empujando la silla hasta la mesa

Todas estaban en sus lugares. Los platos estaban en la mesa.

-Estás increíble, Marian- dijo Regina

-Sí, sobre todo después de tener un hijo- dijo Kate

-Ah, estoy horrible, no duermo hace meses y vendería a Roland para tener una noche de sueño tranquila o más calmada- dijo sonriendo. Regina sonrió e intentó coger el tenedor que estaba junto al plato, con algo de dificultad lo cogió e intentó guiarlo hacia el plato, empujó un poco la comida para conseguir poner algo en el tenedor, pero acabó tirando un poco de papa en la mesa.

-Entonces, ¿dónde se ha ido a beber Daniel hoy?- preguntó Amy

-No lo sé, dijo que era una cena con Gold

-Oh, Elliot me dijo que lo vio entrando en un bar- continuó Amy

-Bueno, entonces no sé, la cena seguro se convirtió en una copa, estará más tiempo fuera, tendremos nosotras más tiempo también- dijo Regina, intentando sonreír. Miró para el plato e intentó coger la papa, Emma miró a Regina y después a Marian que estaba mirando a la morena como si fuera de otro planeta. Emma se acercó a Regina y cogió su mano, guiándola hasta conseguir ensartar la papa y llevarla a la boca- ¿Puedes coger el langostino?- dijo Regina a Emma.

-Querida, estás cansada, te sentirás más fuerte cuando estés mejor- dijo Kate

-No estaré mejor ni más fuerte. Por favor, Kate, no digas eso. Odio cuando dicen eso- encaró a la rubia que bajó la cabeza

-Solo estamos intentando ser positivas, Regina- dijo Marian

-Lo sé- dijo, el teléfono sonó, Emma caminó hacia él

-Es Daniel- dijo

-Pon el altavoz- pidió Regina. Emma apretó el botón

-Hola, chicas- dijo Daniel

-Hola- dijeron en conjunto

-¿Cómo está Gold? ¿Invadiendo aún tu espacio personal?- preguntó Regina

-Solo hasta que llegue la cuenta- respondió él –Espero que Emma pueda hacer hoy horas extra, hora y media más- Regina encaró a Emma

-Claro. Sin problema- juntó las manos

-Daniel- escucharon una voz femenina llamándolo

-La recepcionista está llamando, la cena será servida. Buenas noches, chicas- dijo Daniel y colgó. Regina se quedó mirando su plato.

-Querida, Daniel es un amor, si caigo con gripe, Robin me echa fuera de casa- dijo Marian

-Sí, tengo mucha suerte de tener a mi marido- dijo esbozando una sonrisa


Tras la cena, pasaron unas horas más y las mujeres se fueron. Emma bañó a Regina y le puso el pijama y la colocó en la cama.

-Tráeme la tablet de Daniel que está en el despacho, por favor- pidió a Emma

-Claro- Emma fue al despacho y cogió el aparato, volvió al cuarto y se le extendió a Regina

-Ábrelo- dijo y Emma lo hizo –Enciéndela y mira los emails de Daniel- Emma la encaró

-No me siento cómoda con esto- dijo Emma

-Entonces, estás despedida- Emma sonrió y dejó la tablet encima de la cama, le dio la espalda a Regina y echó a andar –Te pago cien dólares- dijo Regina, Emma se paró y se giró hacia ella

-Acabas de despedirme, ¿recuerdas?

-Te pago doscientos

-A ver, no creo que Daniel te esté engañando o lo que sea. Y si lo hiciera, no dejaría los emails para que pudieras verlos

-Los deja, los deja porque sabe que no puedo hacer nada con mis manos- Regina la encaraba

-Está bien- dijo cogiendo la tablet –Pero no quiero tu dinero- dijo buscando los emails de Daniel en el aparato

-Enséñame- dijo Regina, Emma la miró y pensó en si hacerlo o no, finalmente acabó extendiendo la tablet en las manos de la mujer.

-Ves, no es nada, solo un montón de mensajes de trabajo

-Ahí, el último- dijo y Emma clicó. El email se abrió y Regina leyó

"Querido Daniel, te espero hoy en el mismo bar de siempre… Besos, Jane"

Regina cerró los ojos y suspiró, sentía rabia, enfado. ¿Por qué Daniel le mentía?

-Gracias, ahora puedes dejarme sola- dijo, Emma apartó el aparato y miró a Regina

-Regina- miró a la mujer, Regina giró el rostro, no quería ver la mirada de pena de la muchacha puesta en ella. Su marido la estaba engañando, ¿cómo no había pensado en eso antes? ¿Con la secretaria? Sabía que Daniel no la tocaba hacía mucho tiempo, que no la veía como mujer desde que habían descubierto la enfermedad. Odiaba esa situación, odiaba saber que el hombre que amaba estaba con otra y no con ella. No quería ser egoísta, sabía que estaba enferma y que no era la misma mujer de antes. Al final, el marido no estaba totalmente equivocado.

-Déjame sola, Emma Swan- dijo con los ojos cerrados. Emma la miró durante unos segundos y salió, dejando sola.