Capítulo 4
Cuando éramos pequeños y estábamos en la escuela o en la calle y un amigo te dejaba de lado para jugar con otro, te sentías cambiado, pensabas que ya no le gustabas a ese amigo, que nunca más iba a jugar contigo. Y tras algunos minutos ese amigo regresaba, te cogía de la mano y te arrastraba para jugar, el horrible sentimiento pasaba y te divertías la tarde entera con él. O cuando te hacías daño y mamá o papá te daba un besito diciendo "sana, sana, culito de rana" y tú te lo creías. Ahora, ya de adultos, aunque tu padre y madre te dijeran que la herida pasaría, sabes que solo tienes que dejar que el tiempo pase, tarde o temprano, la herida sanará, has perdido la inocencia que había en tu interior, y parece que el dolor solo aumenta. Lo sientes rasgando tu pecho, aquella falta de aire, aquella falta de espacio ahogándote cada vez más y no sabes qué hacer para no perder el control. Y entonces recuerdas que años atrás tu amiguito te dejó y sentiste aquel dolor en el pecho que, minutos después, fue sustituida por la alegría al volver a jugar, y entonces recuerdas, ya no eres un niño, el dolor solo aumentará y no podrás hacer nada a no ser esperar que el tiempo pase para que el dolor desaparezca.
Traición: Ruptura de la fidelidad prometida y jurada por medio de un acto pérfido, con alevosía y deslealtad.
Ese es el significado de la palabra, pero para Regina, en aquel momento, la palabra traición significaba dolor, incredulidad, sufrimiento y rabia.
Ella sabía que ya no era la misma de antes, pero jamás imaginó que su Daniel, el perfeccionista y cuidadoso Daniel, la traicionaría.
Emma ya se había ido y Daniel no había llegado, Regina miró el reloj, marcaba las 11:37 pm. No iba a poder dormir, había llorado durante casi una hora, los ojos rojos ya estaban hinchados. Daba vueltas en la cama. Decidió que iba a intentar poner un final a ese dolor, a fin de cuentas ella no iba a mejorar, solo empeorar. Se levantó con mucha dificultad y se acercó al andador, se equilibró en él y salió del cuarto, andando lentamente por el pasillo, pensando en cuánto había cambiado todo, su vida se había transformado drásticamente en un año, y aún cambiaría más, sin embargo para peor. Regina sabía que no mejoraría, ya lo había aceptado y atar a Daniel a eso, quizás era egoísmo por su parte. Ahora estaba en lo alto de las escaleras, las ruedas del andador iban y venían, Regina no se lo pensó, sencillamente cerró los ojos soltando las manos del andador, y este cayó escaleras abajo.
Emma estaba en el bar con Ruby, después de un día agitado como aquel, la rubia necesitaba relajarse, y nada mejor que hacerlo con su mejor amiga bebiendo algunas cervezas.
-¿Sabes?, la consigo soportar cuando pelea conmigo cuando no corto las zanahorias debidamente, o cuando hago cualquier otra tontería, que son muchas, pero hoy parecía extraña, nunca la vi antes de esa manera. Sé que no es feliz, pero hoy parecía que lo poco que le quedaba de felicidad se había desvanecido de sus ojos- Emma se llevó las manos a la cabeza
-Bueno, yo tampoco estaría feliz si supiera que voy a morir
-Ruby, todos moriremos un día. Y ella, aunque sabe eso, que va a morir, no trata mal a nadie, ni nada por el estilo, es muy educada, todo el rato.
-Lo sé, pero nosotros no sabemos cuándo, ella sí lo sabe, que será pronto- el móvil de Emma vibró, cogió el aparato de la mesa y lo desbloqueó
-Es un mensaje de Regina
-¿Qué te manda Miss pureza?- dijo Ruby sonriendo
-No sé. Está en blanco- dijo Emma levantándose –Hasta luego Ruby- cogió su bolso y salió apresuradamente. Algo estaba mal, ya era casi media noche, Regina a esa hora estaría en el séptimo sueño, y Daniel estaría con ella. ¿Por qué ese mensaje? El bar no estaba tan lejos de la casa de Regina, en menos de quince minutos la rubia ya estaba allí, abrió la puerta delantera con sus llaves de reserva. Entró y vio la silla de Regina cerca de las escaleras -¿Regina?- caminó hasta las escaleras, y subió corriendo, vio a Regina tirada en el suelo, cerca de los escalones -¿Qué ha pasado?
-Iba al baño, pero no me dio tiempo, me he orinado, ayúdame a limpiarme antes de que él llegue- dijo. Emma se colocó detrás de ella y la levantó. Caminó hasta el baño, agarrando a Regina, la sentó en una silla y la desvistió. Levantó a la mujer de nuevo y la sentó en la silla de baño, abrió la ducha y comenzó a pasarle la esponja por la espalda, el agua mojaba por igual a Regina como a Emma, la rubia se quitó la blusa, quedándose en su sujetador violeta y continuó pasándole la esponja a Regina. Por sus hombros, brazos, mientras la mujer miraba hacia la nada. Emma no entendía el dolor de Regina, a fin de cuentas ella nunca ha tenido sentimientos por nadie, nunca ha amado a nadie. Pero en aquel momento el dolor de la mujer que tenía delante era casi palpable. Llevó la esponja al cuello y Regina levantó la cabeza, dejando que Emma la lavara. Emma apartó los cabellos mojados que estaban pegados a su cuello y le lavó el otro lado. Ahora Regina miraba su rostro, sus ojos, Emma la encaró durante unos segundos y apartó algunos mechones de cabellos que caían sobre su rostro. Se acercó y le dio un beso en la cabeza. No sabía por qué había hecho eso, pero no quería ver a Regina sufrir, no era pena, era compasión hacia el prójimo, cosa que la rubia nunca había sentido por nadie. Cerró el grifo y miró a Regina.
-Emma, no quiero estar aquí cuando él llegue, ¿me puedes llevar a algún sitio?
-Ahm, voy a hacer tu maleta- dijo, colocando los brazos de Regina alrededor de sus propios hombros y levantándola
-No, quiero irme ahora, Emma- la rubia asintió y sacó a Regina del baño.
Daniel llegó a casa una hora después, entró en silencio, caminó hasta las escaleras y vio el andador de Regina caído en el suelo, cerca de los escalones.
-¿Regina?- la llamó y no obtuvo respuesta, subió las escaleras y entró en el cuarto, encima de la cama estaba su tablet, la cogió y la desbloqueó, estaba abierta en sus emails, en el email que Jane le había mandado, cerró los ojos y soltó un suspiro.
Casi al otro lado de la ciudad, Emma estacionó su coche amarillo, sentó a Regina en su silla de ruedas y caminaron hacia su apartamento. Abrió la puerta y escuchó la voz de Ruby.
-¿Qué te mandó la srta. Pureza?- preguntó, caminando hasta la sala y dándose de cara con Emma y Regina -¿Usted es Regina?- preguntó cruzándose de brazos
-Srta. Pureza está bien- dijo esbozando una sonrisa sin enseñar los dientes
-Regina se quedará con nosotras esta noche- dijo quitándose la mochila de la espalda. La morena con mechas rojas, aún de brazos cruzados, murmuró
-Ah- seguía mirando a Regina y a Emma. La rubia fue hasta la mesa de centro y quitó las latas de cerveza que en ella había, intentando desastrosamente limpiar la zona.
-No te fijes en el desorden, no está así todo los días- la muchacha hablaba mientras se llevaba las latas a la cocina.
-Sí, a veces está asqueroso- dijo Ruby aún en la misma posición, encarando a las dos, Emma se detuvo y la miró, abrió la boca para hablar, pero el móvil en el bolsillo de la chaqueta vibró, lo cogió, era un mensaje.
-Es Daniel- se acercó a Regina –Ha llegado y quiere saber dónde estás- le enseñó el mensaje a Regina, la morena levantó las manos y apartó el móvil de ella, haciendo que cayera al suelo. Ruby miraba a Regina
-¡Qué bien!- Emma la encaró
-Voy a prepararte la cama para que te acuestes- dijo Emma dirigiéndose al cuarto. Estaba hecho un desastre, como siempre, ropas tiradas por el suelo, que empujó bajo la cama, y algunas las tiró dentro el armario. Quitó las sabanas sucias y puso unas limpias. Echó un vistazo general, estaba bien. Volvió a la sala y Ruby estaba encarando a Regina –Bien, ya está listo- dijo acercándose a Regina y empujando la silla hacia su habitación. Tras ayudar a Regina ponerse el pijama, la acostó y la tapó.
-¿Estás segura de que estarás bien en el sofá?- preguntó Regina
-Si ganara un dólar cada vez que he dormido en él, sería rica en este momento- sonrió –Grita si necesitas algo, tengo el sueño ligero- dijo colocando algunos papeles que estaban en la mesita de noche, y se apartó de Regina
-¿Qué es eso?- preguntó curiosa
-Ah, solo algunos dibujos y canciones, o parte de algunas canciones- se encogió de hombros –Muchos comienzos, medios comienzos, pero sin muchos finales.
-¿Es eso lo que quieres hacer? ¿Cantar? Nunca has dicho nada- dijo Regina
-Probablemente porque soy pésima. Pero sí, más o menos, es lo que creo.
-Pero, estás en la universidad, ¿no?
-Sí, pero no en la carrera que quiero, vamos a decirlo así
-Pero, ¿querías estudiar arte y música?
-Estudié, poco, hasta cambiar de carrera de nuevo y de nuevo, mis padres no me querían aquí, querían que estuviera con ellos en Inglaterra. Así que ahora estoy estudiando lo que ellos quieren que haga.
-¿Y por qué no te apoyan? Si es algo que te gusta
-Quizás porque me pasé cuatro años intentándolo en el colegio y no dio ningún resultado, aparte de los que he pasado aquí, he estado cambiando de curso en curso para agradarlos, no me entienden y nunca lo harán.
-¿Y cómo son tus canciones o tus dibujos?
-No son tan buenos, a veces escribo o dibujo medio borracha- sonrió sin gracia –En fin, que duermas bien- dijo mientras salía del cuarto
-Tú también- dijo Regina, Emma se giró y la miró
-Lamento lo de Daniel, sé que no te gusta insultar, pero es un imbécil de mierda. Buenas noches- dijo saliendo del cuarto.
Emma abrió los ojos, estaba toda retorcida en el sofá, los cabellos por su rostro, miró hacia delante y vio a Regina, sentada en la silla, con los cabellos negros despeinados.
-¿Estás despierta hace tiempo?- preguntó, el móvil vibró, Emma lo cogió del suelo y abrió el mensaje –Daniel ha llamado unas ochocientas veces- dijo Emma mirando a Regina
-Quiero ir a un sitio- dijo Regina
-Ok, vamos a vestirnos y desayunar, entonces te llevo- dijo levantándose del sofá y restregándose los ojos.
Después de arregladas, bueno, después de que Regina estuviera arreglada, con unos vaqueros y una blusa rosa claro, desayunaron en una cafetería que había en la esquina del apartamento de Emma. Las dos entraron en el coche y Emma condujo hasta la dirección que le dio Regina
-¿Un geriátrico?- preguntó
-No, es una casa de reposo para personas de todas las edades- dijo Regina. Emma estacionó y apagó el motor, mirando hacia Regina
-Esto es una estupidez- dijo Emma
-Llévame dentro, ahora- mandó Regina. Emma reviró los ojos y salió del coche, sacó la silla de ruedas, la abrió al lado del asiento del copiloto, sacó a Regina y la sentó en ella. Entraron en el local, había algunos ancianos caminando de aquí para allá, algunos conversando, otros en el jardín con un libro en las manos o solo sentados con los ojos cerrados. Emma y Regina estaban sentadas en la recepción, esperando a ser atendidas. Una mujer pelirroja, de unos cincuenta años, apareció.
-Esperen solo unos minutos más, nuestro administrador está de camino. Apuesto a que les gustarían unos refrescos- dijo la mujer marchándose, Emma se giró hacia Regina
-Si no soy lo suficientemente buena, puedes echarme- dijo mirándola
-Habla más bajo- pidió Regina
-¿Crees que alguien de los de aquí puede escucharme?- miró para los lados –Mira, no tengo un gran historial con respecto a los hombres, pero si esto es porque tu marido te ha engañado, no eres tú la que tendrías que estar pasando por esto y sí él el que tendría que venir para acá
-No es culpa de él, es mía- dijo Regina, y aquello ya fue demasiado para Emma. Se levantó y se puso detrás de la silla de Regina
-Ya basta de esta payasada- empujó la silla
-Emma, ¿qué estás haciendo? Emma, para- dijo Regina, la mujer que las había atendido antes llegó con una bandeja en las manos, con dos vasos.
-Querida, a no ser que haya tequila dentro de eso, nosotras nos vamos- dijo saliendo con Regina
-Soy yo la que está enferma, no él- decía Regina, mientras Emma iba caminando hasta el coche –No es la vida que él construyó, la vida que él se merece- dijo, Emma paró la silla, abrió la parte de atrás de la pick-up, después se puso delante de Regina y abrió la puerta del pasajero –Él me gira cuando estoy durmiendo, me alimenta, me baña, solo respira pendiente de mí y lo haría en mi lugar si pudiera- dijo, colocando los brazos alrededor del cuello de Emma, ella la levantó y la sentó en el asiento, cogió la silla de ruedas y la metió en la parte de atrás, cerró y se sentó al volante –Tiene treinta y siete años, merece ser feliz.
-Todos lo merecemos. Lo que no nos merecemos es tener una aventura con una fulana- cerró la puerta- anoche…
-No quiero hablar- dijo Regina
-Anoche, ¿qué estabas haciendo en la escaleras?- encaró a Regina, la morena suspiró
-Pensé que facilitaría las cosas
-Sé lo que pensaste
-No, no lo sabes- dijo Regina balanceando la cabeza de derecha a izquierda
-Está bien, tienes razón, no lo sé, no te conozco del todo. Pero empiezo a cogerte cariño- Regina giró el rostro hacia Emma, ella la encaraba –La única persona que vi de tan de cerca fue mi abuela, cada día de Acción de Gracias mis primos apostaban que no llegaría a Navidad. Perdieron durante doce años, porque ella no aceptaba atrevimientos de nadie- Regina la encaró
-Me llevas al centro de la ciudad- pidió, y Emma arrancó.
Treinta minutos después, Emma entraba en el gran edificio de abogacía empujando la silla de Regina. Pasó por algunos despachos y entró en el de Daniel, este estaba al teléfono, miró hacia ella.
-Espera, te llamo después para ver lo de los papeles- colgó –Regina, ¿dónde estabas? Estaba muriendo de preocupación- se acercó
-Márchate de casa- dijo Regina
-¿Q…Qué?- preguntó
-Ha dicho que…- Emma empezó a hablar
-He oído lo que ha dicho- respondió Daniel mirando a Emma y después a Regina -¿Nos puedes dar un minuto a solas?- dijo Daniel y Emma se apartó –Gracias- cerró la puerta y se detuvo delante de Regina- Regina, no es lo que estás pensando y no me voy a marchar
-Entonces me voy yo
-Espera, ¿qué historia es esta? ¿Quieres el divorcio? ¿Después de todo lo que hemos pasado, después de todo lo que yo…?
-¿Que tú qué, Daniel?- se acercó a ella, se sentó en la silla de enfrente encarándola
-Regina, por favor. Solo fue un error, cometí un error
-No es por tu error. Es porque ya no puedo vivir un segundo más sintiéndome culpable por lo que he hecho con tu vida. No puedo hacerlo, no voy a esperarte en la cama para que me des un beso en la cabeza, no voy a compartir la casa contigo. No quiero. Emma- llamó a la rubia, Daniel cogió su mano, pero ella la apartó –No me toques
-¿Regina?- dijo Daniel, Emma empujó la silla fuera del despacho, pasó por el despacho de Jane que estaba al teléfono
-Hola Jane- la mujer cortó la llamada
-Hola Regina
-Qué bueno verte- dijo Regina y Emma empujó la silla –Es todo tuyo, zorra- dijo y Emma sonrió de camino al aparcamiento.
Fueron todo el camino hasta la casa de Regina en silencio. Regina no había dicho una sola palabra y Emma decidió que tampoco diría nada. Sabía que la mujer estaba sufriendo, podía verlo en su rostro, y como Emma, la mayoría de las veces, no decía cosas oportunas, prefirió mantenerse callada. Aparcó y sacó a Regina, entraron en la casa y cerró la puerta.
-¿Cómo estás?- preguntó Emma poniéndose delante de ella
-Creo que he cometido el mayor error de mi vida- dijo bajito
-¿Quieres llamarlo?- preguntó
-No-suspiró –Estaré bien- dijo Regina- Estaré bien.
