Capítulo 6

-Estás divina, Regina- dijo Emma mirando a Regina. La mujer estaba con unos vaqueros negros, botas de caño alto con un poco de tacón, una blusa negra con detalles dorados y un abrigo color crema, los cabellos estaban cortos, porque después de la visita al supermercado, Regina decidió que quería darse un cambio de estilo, no solo en ella sino también en Emma. La rubia se cortó las puntas y parecía que Regina veía peinados por primera vez los cabellos rubios ondulados.

-Tú también estás guapa, Emma- dijo Regina mirando a la rubia. Emma se había hecho una trenza, dejando algunos mechones sueltos, no rebeldes como siempre, una blusa de David Bowie y unos vaqueros oscuros con unos zapatos de tacón negros que Regina le había dado.

-Gracias. Me encanta cómo me ha quedado el pelo- dijo sonriéndole a la morena, caminó hacia ella y la cogió en brazos para sentarla en la silla, se agachó y la miró a los ojos –Y tú con este cambio has quedado maravillosa, Regina- la mujer de más edad sonrió –Bueno, ¿preparada para una noche de chicas de verdad?

-Bien, vamos allá- Regina condujo la silla hasta la puerta con Emma siguiéndole los pasos. Caminaron hasta la pick-up amarilla, Emma la sentó y después metió la silla detrás y se sentó al volante.

-Ahora vamos a disfrutar hasta no poder más- arrancó el coche y partieron.

Duty Barry's

Emma llegó al bar e instaló confortablemente a Regina en una de las mesas, el sitio no estaba tan abarrotado, Emma había escogido ese día precisamente por estar más vacío, así Regina estaría más cómoda.

Ruby llegó con su novia, Zelena, una pelirroja que cursaba Estilismo en la misma universidad que ellas. Ruby presentó su novia a Regina y ambas se sentaron a la mesa pidiendo Martini y Vodka y para Regina zumo de naranja.

-¿Vas a cantar hoy?- una voz animada robó la atención de las cuatro mujeres, Emma miró a la rubia

-Kara- Emma la miró –¡Qué sorpresa tú por aquí!- fue irónica –No, no voy a cantar

-¿Por qué no?- miró a Emma sonriendo y después miró a Regina –Un placer, Kara- Regina respondió diciendo su nombre, ella sonrió y se giró hacia Emma –No te estoy siguiendo, de verdad que no, pero pasamos una noche juntas- Emma la ignoró completamente y se giró hacia Ruby

-¿Siempre es usted así? ¿Sonriente?- preguntó Regina

-Sí, ahora aún más, pues estoy intentando impresionarla para que salga conmigo de nuevo- dijo sonriendo y Emma reviró los ojos

-¿De qué conoce a Emma?- Regina preguntó interesada

-Fue el mejor polvo de mi vida y me dejó al otro día como si ni me conociera- dijo y Emma desorbitó los ojos

-Ok, basta. Sal de aquí- Emma dijo poniéndose colorada

-¿Te estás sonrojando?- preguntó Regina

-¿Qué? Claro que no- dijo Emma –Solo que no encuentro apropiado que te diga eso.

-¿Por qué no? Emma, pídele disculpas a esta muchacha y sal con ella- Regina sonrió, pero Emma miró incómoda a Kara.

-Tu amiga es muy sabia- dijo sonriendo

-También es mi jefa, así que no tiene por qué saber cuánto tiempo estuviste conmigo- Regina sonrió y balanceó la cabeza, Emma estaba incómoda y era interesante ver eso, ya que siempre se comportaba tan espontanea y medio loca.

-Entonces, ¿vas a tocar hoy?- volvió a preguntar

-No- Emma dijo bebiendo un sorbo de su vodka

-¿Por qué no? Vamos a cantar, venga- dijo sonriendo, Emma la encontraba ya irritante

-Porque hay un límite para el fracaso y la humillación- dijo mirando a Ruby, la muchacha rubia se acercó a ella

-Bueno, Emma, te escuché tocar algunas notas antes de tu incidente cuando nos conocimos- ella la encaró – Y si yo puedo identificar una buena música con tres notas, y de verdad que puedo, puedo saber cuándo una persona es una buena cantante con dos notas, y tú eres muy buena- dijo finalmente, esta vez no sonrió y Emma pudo ver que hablaba en serio. Emma miró a la amiga y después a Regina.

-¿Por qué no nos cantas un poco, Emma?- dijo Regina, Emma parpadeó algunas veces y miró a Ruby

-¿Por qué no lo intentas? ¿No es lo que de verdad te gusta hacer?- Emma encaró a la amiga, todos comenzaron a animarla, reviró los ojos y miró de nuevo a Regina

-Por favor- pidió, Emma se levantó y caminó hacia el lateral del pequeño escenario, habló con Billy, uno de los hombres que organizaban los pequeños shows. El hombre le prestó una guitarra y Emma subió al escenario y todos pusieron su atención en ella.

-Hola…Aquí estoy yo de nuevo. Bueno, estoy aquí a petición de una…una amiga- miró a Regina –Esta canción es nueva, espero que les guste- dijo punteando algunas notas en la guitarra, intentando afinarla de acuerdo a las notas que tocaría –Bien, vamos allá- comenzó a puntear las notas, la canción era lenta, los dedos pasaban lentamente por cada cuerda, Emma respiró hondo, se acercó al micrófono y comenzó a cantar

Nunca vas a estar sola

Nunca te vas a sentir sola de nuevo

Siéntete como si llegaras a casa

Yo no te voy a dejar caer, amiga mía

Existe algo sobre nosotras dos

Es inexplicable

Yo solo me pierdo cuando estás cerca de mí

Te conozco, te conozco bien

Pero yo no me reconozco

No sé por qué odio verlo salir

En otra vida

Podríamos estar juntas

Esperé toda mi vida

Por mi felices para siempre

Después pensé que tú vendrías a salvarme

Tontería, pero quizás en otra vida

Tú serías mía

En otra vida podríamos estar juntas

Esperaré toda mi vida por ti

Emma terminó de tocar, por primera vez había mandando el nerviosismo al infierno y tocado algo en público. Escuchó los aplausos de los amigos y entregó la guitarra a Billy y caminó hasta la mesa donde estaban los demás.

-Te lo dije, Emma, tienes talento- Kara habló dándole un beso en la mejilla. Emma miró a Regina, la mujer estaba callada, quizás incluso perdida en sus pensamientos, miraba a Emma, a sus ojos verdes.

-¿Qué te ha parecido, Regina?- preguntó Emma, sacando a la mujer de sus pensamientos

-Has cantado maravillosamente bien, querida- sonrió y Emma le devolvió la sonrisa, la noche estaba agradable por primera vez en días y ninguna de las dos quería ponerle fin.

Estaban en el coche, volviendo a casa. Emma estaba en silencio. Aquella canción que había cantado, la había escrito hacia poco menos de un mes.

-Casi puedo escuchar tus pensamientos, Regina- dijo Emma

-¿Por qué no tienes algo con ella? A fin de cuentas, parece ser una buena persona

-No, ella es…ella no es…

-¿La persona perfecta?- dijo Regina –Cree a alguien que consiguió a la persona "perfecta"

-Ya, la vida es mía, deja que yo la destroce sola, la destrozo como yo quiera, ¿está bien?- Emma dijo mirando hacia delante, el semáforo se puso rojo, y ella detuvo el coche

-Está bien…Pero es graciosa. ¿Por qué nunca has dicho que te gustan las mujeres?

-Nunca preguntaste, y parecías ser bastante conservadora y no es por nada, pero me he cansado de ser juzgada

-Yo no te juzgaría, Emma- Regina la miró, Emma también la encaró

-Tú no, pero quizás Daniel. Por cierto, dejó varios mensajes antes de salir preguntando si estabas bien y dar noticias- el semáforo pasó a verde y volvió a conducir.

-Cuando conocí a Daniel, había un músico en mi vida. Lo llamaban Luke, una vez vino a mi casa y se quedó en el porche con una guitarra y me cantó una canción que había escrito para mí. Cuando terminó, me miró como nunca me había mirado –respiró hondo -¿Por qué será que queremos a aquel que no nos ve, en lugar de a quien sí lo hace?- se mordió el labio y Emma la miró, ambas respiraron hondo, Emma continuó callada, todo aquello empezaba a tomar sentido para ella.


A la mañana siguiente Regina tendría fisioterapia.

Emma hizo la higiene matinal de ambas y desayunaron. Estaban calladas, la noche anterior había sido agitada para ambas. Emma estaba perdida en sus pensamientos. Sabía en lo que había pensado cuando compuso la canción y lo que Regina había dicho la noche anterior le había tocado, de alguna manera, algo en su interior. ¿Quizás quería ella a alguien que no la veía?

Llegaron al sitio donde Regina haría los ejercicios, una piscina enorme donde había algunas personas en la misma situación que ella. Ella optó por eso cuando el médico le dijo que necesitaba hacer algo. Y ya que Daniel nunca la había llevado por falta de tiempo, a causa del trabajo, ahora podría ir.

Estaba flotando en el agua con Emma agarrándola, los cabellos cortos esparcidos por el agua y el cuerpo algo relajado.

-Solo un poco más, Regina- decía Emma mientras sujetaba a la morena –Intenta mover un poco los pies, da una patada- decía pacientemente y Regina lo intentó, consiguiéndolo, y haciendo sonreír a Emma- Así, chica- Emma estaba tan concentrada en Regina que no se dio cuenta de una pareja que se acercaba.

-Hola- dijo la mujer acercándose, Emma agarró a Regina por los brazos, la morena pasó las manos alrededor de los hombros de la rubia y miró en dirección de la voz –Mi marido ha apostado a que te has hecho daño en la columna, pero identifico a una de las mías a kilómetros. Tengo razón, ¿verdad?- dijo sonriendo, Regina sonrió

-Sí, lo está- dijo Regina a la otra morena que volvió a sonreír

-Perdiste- dijo mirando al marido, los dos sonrieron –Ahora me debes el favor sexual que yo quiera- el hombre le dio un beso en la mejilla, Emma sonrió y Regina desorbitó los ojos, pero enseguida sonrió –Soy Magdalena y este es John- se presentó

-Ahora además de detalles íntimos, saben nuestros nombres también- dijo el hombre divertido

-Soy Regina y ella es mi…- miró a la rubia –Esta es Emma- Emma sonrió, se quedaron un momento mirándose, pasaban tanto tiempo juntas que Regina no consideraba a Emma una cuidadora, y sí como a una amiga, le gustaba estar con Emma, le gustaban los locos cuidados que la rubia le prodigaba.

-Después de esta tortura acuática, ¿queréis participar en una terapia de hierbas? No es un tratamiento indicado para esta dolencia maldita, pero con certeza es placentero- dijo sonriendo. Siempre sonreía. Regina miró a Emma y asintió con la cabeza. Estaría bien tener a alguien como ella como amiga, estaría bien tener a personas que la entendían como amigas. Magdalena y John estaban pasando por la misma situación desde hacía dos años y la mujer nunca había perdido la sonrisa. Los cuatro se dirigieron a casa de Regina para la pequeña terapia divertida, como había dicho Magdalena.

Al llegar a la casa, se colocaron en la sala, Emma llamó a Ruby para que también se apuntara.

John sacó de una bolsa un Narguile y preparó todo para las mujeres. El objeto fue pasando por cada uno, y cada uno daba una calada, Regina nunca había hecho eso, era algo nuevo para ella, Emma, en cambio, ya lo había hecho varias veces, era algo normal para ella, y miraba a Regina y sus caras y boca cuando tragaba. Según Regina, una vez en la vida no haría mal a nadie.

-Soy toda una mujer, fumando marihuana en la sala de mi casa- dijo

-¿Ha dicho fumando marihuana? Tenemos a una salvaje aquí- dijo riendo y Emma se estiró en el sofá riéndose a carcajadas

-Estoy feliz y ni sé por qué- dijo Regina, Ruby cogió el mando a distancia del equipo de música y puso una música electrónica.

-Oh, música- dijo Magdalena, Emma comenzó a mover mano y pies –Esta maldita dolencia puede llevarse mi corazón, mi aliento, mis brazos, mis piernas- dijo respirando con dificultad –pero no importa cuánto lo intente, nunca se llevará mi felicidad – dijo mirando al marido que acariciaba su espalda, Regina sonrió, y miró a Emma comenzando a mover la cabeza –Venga, muchacha- dijo Magdalena, Regina continuó moviendo la cabeza y los hombros, Emma la acompañó. Era bueno distraerse, durante un año Regina estuvo prácticamente aislada, solo con los amigos que ni la veían y cuando lo hacían, la miraban quejándose de que no estaba como antes. Ahora era diferente, Emma había traído alegría a su vida, ahora tenía personas que no la trataban como a una inválida o enferma y sí como a una persona normal, dentro de las posibilidades. Había personas que entendían su dolor, como Magdalena, y personas que la ayudaban como Emma, personas que la trataban normal como Ruby lo hacía. Terminar con Daniel había sido difícil, pero también le había abierto puertas que Regina pensó que nunca se abrirían. Estaba feliz, se estaba divirtiendo, moviendo los hombros y la cabeza mientras Emma y Ruby bailaban juntas por la sala. Fue una tarde diferente, diferente y divertida que Regina recordaría para siempre.


Tres días pasaron después de la pequeña diversión en casa de Regina, como la morena iba a fisioterapia dos veces a la semana, quedaron en verse con Magdalena y John más veces. Regina había recibido la invitación de Marian para ir al cumpleaños de su hija, Maya. Al principio la morena recusó, pero Emma insistió en que fuera, pues estaría bien que la mujer socializara, y aún más con las amigas.

La mujer estaba frente al espejo sentada, vestía un traje ceñido gris y un maquillaje ligero, Emma la miró y le enseñó un labial rojo

-Es muy chillón- dijo Regina

-Quizás para ti, pero no para mí- sonrió y se pasó el labial en los propios labios, se puso detrás de la mujer y se miró en el espejo –Quedó perfecto- sonrieron -¿Estás lista?

-Sí, vamos- salieron de casa y se encaminaron a la pick-up. Emma sabía que en aquel barrio donde Regina vivía solo había personas ricas, y no se sorprendió al ver la entrada de la casa de la mujer, era enorme, y estaba cubierta de globos rosas. Emma estacionó y sacó la silla de Regina, enseguida sacó a Regina y la acomodó en la misma. Caminaron por el jardín lleno de globos, Regina tenía el regalo en las manos.

-¿Regina?- Marian se acercó -¡Qué bien que hayas venido!- dijo sonriendo –Maya, ven aquí, querida- dijo llamando a la niña de cabellos castaños –Mira qué bonito regalo te ha traído la tía Regina- acariciaba sus cabellos, la pequeña miraba a Regina. Emma cogió el regalo del regazo de Regina y se lo extendió a la pequeña.

-¿Tu madre no te ha enseñado que es feo quedarse mirando fijamente?-la pequeña cogió el regalo y se marchó

-Emma- dijo Regina, y Marian miró a Emma

-¡Regina, qué bien que hayas venido!-dijo Robin acercándose con su hijo Roland en brazos –Quiero que conozcas a una persona- dijo enseñándole al bebé- Este es nuestro pequeño Roland.

-Es una monada- dijo sonriendo -¿Puedo cogerlo?- miró a Robin que a su vez miró a Marian

-Claro, pero ten cuidado- él se acercó, Emma colocó los brazos de Regina y él colocó al niño en los brazos de la morena.

-Eres muy guapo, Roland, se parece a ti, Marian- dijo

-Yo creo que se parece a Robin- Regina miró al muchachito en sus brazos, comenzó a sentir una incomodidad en el pecho, le estaba faltando el aire, comenzó a toser, una, dos veces. La falta de aire empezó a empeorarse y la tos se hizo más fuerte. Marian cogió a Roland de los brazos de Regina.

-Lo tengo- dijo asustada mientras Regina se retorcía en la silla. Le estaba siendo imposible respirar, no podía coger aire, Emma se colocó frente a ella.

-Respira, Regina…Mírame- agarró sus hombros –Ahora respira, vamos Regina, respira conmigo- intentaba respirar despacio intentando que la mujer hiciera lo mismo. Regina encaró los ojos verdes e intentó hacer lo que Emma decía, hasta que consiguió controlar la respiración, y finalmente lo logró del todo.

-Dije que no era una buena idea- dijo Marian. Emma la encaró, Regina ahora respiraba hondo, estaba controlando la respiración.

-¿Es usted una cretina, sabía?- dijo Emma mirando a la morena -¿Quiere saber? Quédese con su fiesta ridícula y su niña mimada, nosotras nos vamos- dijo sacando de la bolsa el control remoto y controlando la silla de Regina sacándola del jardín, y caminando hacia donde estaba aparcado el coche.

Fueron todo el camino en silencio, Regina seguía tomando aire, aún le costaba respirar. Al llegar a casa, Emma dejó a Regina en la sala y fue a coger la medicina de la morena.

-Toma Regina- dijo colocando el comprimido en la boca de la morena y después le dio agua con la cañita, al terminar miró a Emma

-Gracias

-Regina, yo…- dejó de hablar al escuchar pasos en la casa, miró hacia la puerta y vio a Daniel parado ahí, con su ropa de trabajo. Emma dejó el vaso en la mesita y cruzó los brazos -¿Qué está haciendo ahí?- preguntó Emma

-Tenía que verte- dijo encarando a Regina e ignorando completamente a Emma

-Ha adelgazado- dijo Regina en voz baja

-Ha dicho que está usted pesimamente- dijo soltando las palabras hacia el hombre que tenía delante. Regina la encaró y Emma se encogió de hombros –Dijo que ha adelgazado- dijo con voz firme

-Tal vez un poco- dijo acercándose

-No estoy lista para verte- Regina lo miró

-No está lista para verlo-Emma repitió

-Mira, yo…quiero que sepas que nunca más volví a ver a aquella mujer- Daniel miraba a la morena

-¿Qué quiere? ¿Una medalla? A nadie le importa su vida sexual, Daniel. Pero no tenía que haber empezado con ella en primer lugar- dijo Emma más bajo y sintió el toque de los dedos de Regina en su mano, ella miró hacia abajo

-Estás hablando por mí- dijo y Emma parpadeó algunas veces, Regina respiró hondo y miró a Daniel

-No fue por culpa de ella, nunca lo fue- dijo en voz baja, le estaba siendo difícil hablar

-Dice que no fue a causa de aquella mujer, que nunca lo fue- Emma volvió a hablar

-Fue por sentirme invisible

-Fue por sentirse invisible- repetía Emma rápidamente. Daniel miraba a Regina

-Te amo- Emma miró a Regina, escuchar aquello de boca de la morena le produjo un encogimiento en su pecho –Pero ya no es posible, así que cuídate, Daniel

-Dice que lo ama y que se cuide, y que ya no es posible- Emma apoyó las manos en la silla, y Regina se quedó mirando al marido, Daniel bajó la cabeza y respiró hondo, se incorporó y caminó hacia la puerta. Se marchó. Ella la miró

-Lo echo de menos en algunas horas del día, pero después salta a la vista que lo mejor que he hecho es apartarme. También me echo de menos a mí misma.

-Regina- Emma le tocó la mano, llevando la otra al rostro de la morena, limpiando las lágrimas que resbalaban por él

-No debí cogerlo- dijo

-¿Al bebé?- Regina confirmó con la cabeza –No, Regina, el bebé está bien

-Lo sé, pero mis brazos. Intenté cogerlo. ¿Lo escuchaste?

-Él lloró, los bebés lloran todo el rato.

-Yo quería tanto…- respiró hondo, intentando controlar las lágrimas y la respiración –Yo quería viajar, tocar música, Emma, cómo echo de menos tocar el piano- más lágrimas cayeron, Emma la miraba con sus ojos verdes humedecidos –Ahora es demasiado tarde. Tengo tanto dentro de mí y nada sale, Emma- lloriqueó, Emma se llevo las manos a sus propios ojos y se dio cuenta de que también estaba llorando.

-Dime lo que quieres que salga- Emma susurró

-Quiero gritar…quiero gritar…Solo quiero…- respiró hondo. Emma la miró y balanceó la cabeza, y agarrando sus manos, ambas comenzaron a gritar, gritar con fuerza y cuando pararon, ambas respiraron hondo, Emma enjugó las lágrimas que resbalaban de los ojos de Regina y también de los suyos.

-¿Crees que seremos invitadas a la fiesta del año que viene?- preguntó y Regina sonrió haciendo que Emma también sonriera. Era así con Emma, todo más ligero, más tranquilo, como si no existieran problemas o preocupaciones y si los hubiera, no le importaría porque aunque no estaba con Daniel, aunque lo echaba de menos, y a pesar de la enfermedad, estaba feliz, a su manera, pero feliz.