Capítulo 9

Algunas semanas habían pasado y finalmente había llegado uno de los días que a Regina más le gustaba, Navidad. Emma estaba echada de lado, mirando a Regina que aún dormía, desde el día en que se habían besado y Emma había dormido con ella, compartían la misma cama, una vez u otra se besaban, o Emma acariciaba a Regina hasta que se durmiera.

-¿Llevas mucho tiempo mirándome?- dijo Regina, aún con los ojos cerrados

-Poco tiempo- admitió-¿Sabes qué día es hoy?

-Sí, Nochebuena- dijo abriendo los ojos, Emma se levantó y caminó hacia su lado para ayudarla a sentarse.

-Podemos desayunar, volver a la cama y después ir a montar el árbol. ¿Qué te parece?

-Perfecto, ¿a qué hora viene Ruby?

-Creo que más tarde, aún no son ni las nueve- Emma ayudó a Regina a levantarse e ir al baño, la morena hizo su higiene matinal y volvió a la cama, Emma fue al baño y se aseó ella –Listo, ¿quieres bajar ahora?- se sentó al lado de Regina

-Estoy feliz de que pases las Navidades conmigo- dijo mirando a Emma

-Yo también, nunca me gustó mucho celebrarlo, pero estoy feliz de que este año sea contigo- Emma se acercó a Regina y le dio un piquito, después la atrajo más hacia ella y profundizó el beso –Menta- dijo cuando se separó

-Tú también sabes a eso- sonrió –Me gusta besarte

-¿Ah sí?- sonrió y se acercó otra vez para besar a la morena de nuevo. Se quedaron algunos minutos dándose besos. Emma mordió el labio de Regina lentamente y la morena soltó un gemido, estaban echadas en una posición incómoda, todo el cuerpo de Regina estaba recto y el de Emma todo retorcido, pero a ninguna de las dos pareció importarle. Emma llevó las manos a la cintura de Regina, por dentro de la blusa y apretó la zona ligeramente, la piel de Regina estaba caliente, la mujer soltó otro gemido, su piel se estremeció ante las caricias, hacía mucho tiempo que no había sido tocada de esa manera, y Emma despertó en ella, en ese momento, un deseo descontrolado de ser tocada, gimió esta vez soltando los labios de Emma -¿Te hago daño?- preguntó frunciendo el ceño

-No, solo necesito respirar- dijo con la voz entrecortada

-Perdóname- la mano de Emma continuaba en la cintura de Regina –Tu piel es tan suave- acarició de nuevo y Regina sonrió inclinándose y dándole un piquito.

-Gracias, creo- sonrió- Disculpa por estar así, es que hace un buen tiempo que nadie me toca así, tan íntimamente.

-Lo sé, perdona si he ido demasiado rápido, eres irresistible.

-No, querida, está todo bien. Pero creo que en mis actuales condiciones no puedo hacer mucho- dijo bajito, soltando al final un suspiro

-Regina- Emma la llamó y la mujer encaró los ojos verdes –No quiero nada más, solo quiero estar a tu lado, y si estando a tu lado solo te puedo besar y nada más, no me importa, te beso, te doy cariño, es solo eso lo que quiero, estar a tu lado- dijo retirando la mano de la cintura de Regina y rodeando su cuerpo, abrazándola –Abrazarte, verte sonreír, eso es todo, Regina

-Eres una mujer maravillosa, Emma- la rubia sonrió

-La mujer maravillosa tiene hambre, vamos a bajar y comer algo y montar tu árbol de Navidad- dijo apartando delicadamente a Regina, le dio un piquito y la puso en la silla, y las dos se encaminaron a la cocina.

Después de desayunar, Emma fue a buscar el árbol y los adornos para montarlo en la sala. Regina se quedó sentada sosteniendo la caja y pasándole los adornos a Emma.

-Miren, Emma Swan sabe montar un árbol- se apartó de él y lo miró

-Claro, después de leerte el manual de instrucciones

-¡Qué calumnia, Regina Mills!- sonrieron

-Eres torpe, Emma, pero ahora menos de cuando llegaste los primeros días

-He mejorado, y eso está bien. Vamos a poner ahora los adornos- dijo cogiendo la bolsa de las bolas de colores, las luces, las estrellas, los angelitos. Por supuesto, se enredó con las luces y casi se cae al suelo, haciendo que Regina se riera a carcajadas. A cada pieza que Emma cogía de la caja, le daba un beso a Regina, un piquito, a veces la morena profundizaba el beso, se estaban sintiendo a gusto la una con la otra como hacía mucho tiempo que no se sentían con nadie. Fueron interrumpidas por el ruido en la puerta, Emma miró y vio por la ventana que era Ruby –Entra, está abierta- dijo Emma caminando hacia la puerta cuando esta fue abierta –Has venido temprano- dijo mirando a la amiga que no tenía una cara muy alegre.

-Prepárate, que tus padres están aquí- dijo bajito, Emma desorbitó los ojos. Hacía mucho tiempo que no los veía, y cuando eso pasaba, no era muy agradable.

-¿Qué has dicho?- pensó haber escuchado mal, no era posible

-Tus padres están ahí fuera- dijo de nuevo, Regina ya estaba al lado de Emma –Fueron al apartamento y Feliz Navidad- Emma suspiró, salió afuera y se dio de cara con sus padres, sonrió sorprendida

-Ahh…no sabía que ibais a venir- dijo mirando a la madre que llevaba un vestido negro con detalles en plata y al padre, de pantalones de vestir y camisa blanca.

-Te hemos mandado cinco mensajes y no has contestado- dijo Mary abrazando a la hija, Emma le devolvió el abrazo. Mary se apartó y miró a la hija de pies a la cabeza. Emma estaba vestida con unos vaqueros y un suéter color vino, y sus cabellos sueltos, en forma rebelde.

-Entrad- dijo Emma, la madre pasó por su lado y entró en la casa, David miró a la hija y le dio un apretado abrazo, guiñándole un ojo en cuanto la hubo soltado y enseguida entró. Era siempre así, Emma nunca se había llevado muy bien con la madre, era demasiado exigente, su padre siempre fue más suelto con ella, más tranquilo y Emma amaba eso en él. Encaró a Ruby.

-¿Quieres que termine pronto? Puedo estar encima de tu madre- Emma rió y entró dentro de la casa con su amiga. Los padres de Emma encaraban a Regina sentada en la silla.

-Esta es Regina- dijo señalando, la mujer sonrió a la madre de Emma

-Feliz Navidad- dijo pausadamente, Mary se acercó y le tocó la mano

-Soy Mary y este es mi marido David

-Un placer en conocerla- dijo David sonriendo

-¿Se quedan a comer?- dijo trabándose un poco, Mary frunció el ceño y miró a Emma

-Quiere saber si os quedáis a comer con nosotras- dijo y la madre sonrió sin mostrar los dientes

-Puede ser, puedo preparar algo

-En realidad, he cocinado yo- dijo Emma orgullosa de sí misma –Ah, ahora cocino, mamá, la lasaña está en el horno – dijo de forma guasona pasando al lado de la madre

Fue a la cocina a ver la lasaña y les llevó agua a los padres. Estaban sentados en el sofá al lado de Ruby y frente a Regina, en silencio. Emma pidió permiso y subió al cuarto de Regina, tenía que guardar la ropa que estaba en la secadora, mientras doblaba la ropa de cama, su madre entró en el cuarto. Emma siguió doblando la ropa mientras su madre observaba la habitación.

-Entonces, ¿ahora vives aquí?- preguntó mirando a Emma, la muchacha dejó de doblar la sábana y miró a la madre –Hemos estado sin tener noticias tuyas durante semanas-fue hasta el espejo y se comprobó la pintura de labios –Recibí la cuenta de la facultad y decidí llamarlos

-¿Podemos hablar de eso después?- la mujer se giró hacia Emma –No quiero hablar de eso ahora, aquí- Mary cruzó los brazos

-¿Cuándo me ibas a llamar y decirme que dejaste la facultad?

-Solo estoy dándome un tiempo- respondió suspirando

-Emma Elise, pasas más tiempo dándote un tiempo que en la facultad, ¿qué haces aquí?

-Si de verdad estás haciendo la pregunta, te respondo con todo el placer, pero si es otra manera de humillarme, por favor…

-Responde- Mary se sentó en la cama

-Estoy haciendo algo positivo, una cosa buena, estoy ayudando a otra persona

-No, Emma querida, no estás. Estás haciendo exactamente lo que has hecho toda la vida, estás enfocando todas tus energías, todo tu tiempo en algo que está encaminado a salir mal. Esa mujer está a las puertas de la muerte, cuando muera, ¿cómo quedarás tú? Sin futuro, sin formación, ¿cómo vas a mantenerte?- Emma encaraba a la madre, algunas lágrimas se escaparon de sus ojos

-Feliz Navidad para ti también, mamá- dijo saliendo del cuarto

-Vuelve aquí, Emma, vuelve aquí- Emma llegó a la sala y escuchó la voz de la madre desde el interfono que estaba en la sala.

-Mierda- dijo bajito, miró a Regina, y esta estaba seria. La madre de Emma caminó hasta la sala y vio a todos mirándolas a ella y a Emma –Creo que es mejor que os marchéis, tengo que estar a solas con Regina- dijo mirando al padre. El hombre se levantó y besó la cabeza de la hija, se despidió de Regina, Ruby hizo lo mismo y la madre de Emma pasó por delante de ella sin decir nada, Emma cerró la puerta y miró a Regina, que aún la encaraba, caminó hasta la mesita y quitó los vasos que allí estaban.

-¿Por qué no me contaste que habías dejado la facultad?

-Por favor, Regina, ya he tenido una pelea hoy y he perdido- dejó los vasos en el fregadero y volvió a la sala

-Tu madre tiene razón

-Mi madre nunca ha tenido la razón sobre nada de mi vida

-Voy a morir- dijo girando la silla, Emma se giró hacia ella también y dejó de andar

-Sí, con esa actitud lo harás, es más, todos vamos a morir, y ¿por eso tenemos que parar de aprovechar la vida?

-Es un hecho Emma

-Existen remedios experimentales y si…

-Quiero que te mudes, Emma- Emma estaba con los ojos llorosos

-¿Qué? Esto es ridículo. ¿Quién te va a cuidar?

-Llamaré a mi madre

-¿Tu madre? ¿La que vive a una hora de aquí y no ha venido a visitarte ni una vez desde que he llegado?- las lágrimas caían sin parar de sus ojos, la voz de Emma estaba temblorosa

-No voy a dejar que estropees tu vida por mi culpa, por mi enfermedad- Emma se acercó a ella, las manos temblorosas

-No te conté lo de los estudios porque…

-¿Por qué no me contaste que tenías una aventura con un profesor casado?- dijo Regina, firme –Condenaste a Daniel, y me preguntó cuál es la diferencia entre tú y su secretaria. Me estoy muriendo- dijo y Emma no consiguió contener el llanto

-¡Qué te jodan, Regina! ¡Qué te jodan! Quieres morirte, esa es la verdad y sabes que no te dejaría, esa es la verdadera razón, ¿o lo que hemos vivido estas últimas semanas ha sido tan malo para ti?- apuntó el dedo hacia Regina –Me marcho- dijo limpiándose las lágrimas con la maga de la blusa. Caminó hacia la puerta y salió, dejando a Regina allí, de espaldas a ella. Regina respiró hondo y se permitió llorar, como la otra vez que había gritado y llorado con Emma. Sabía que por un lado la muchacha tenía razón, ella quería morir, quería acabar con ese sufrimiento, esa dependencia de alguien, pero Emma se había equivocado al decir que lo que habían vivido había estado mal, no lo había sido, por primera vez desde que había caído enferma, se sintió deseada, se sintió viva otra vez, y si se sentía así, era gracias a Emma, que llegó poniendo su vida patas arriba, y después se volvió su todo, su luz, un motivo para querer vivir, aunque supiera que no sería por mucho tiempo, y eso que Regina no quería prenderse a nadie ni que nadie se prendiera a ella por el preciso motivo de que no viviría por mucho tiempo. No había querido eso para Daniel y no lo quería para Emma, no, para Emma no. Emma tenía que vivir, necesitaba un futuro y Regina no quería estropear eso para la muchacha de la que ahora estaba completamente enamorada.