Bueno, llegamos al último capítulo de este fic. Sé que ha gustado mucho, a mí me emocionó mucho, y este último capítulo cuando lo leí, fueron lágrimas desde el principio. No quiero sugestionar a nadie.
Capítulo 12
Emma estaba en su cuarto, al lado del de Regina, ambas luces estaban apagadas, la rubia no conseguía dormir, sin saber si en algún momento a Regina le sobrevendrían las dificultades para respirar.
Había pasado una hora desde que Emma había dejado el cuarto de Regina, la morena abrió los ojos y agarró fuertemente la sábana, le estaba faltando el aire, no le estaba llegando a los pulmones, entonces llegó la tos que tanto había conocido esos últimos meses. Inhalaba con fuerza y tosía, cada vez más alto, cada vez más. Emma tenía la puerta de su cuarto abierta, y escuchaba a Regina tosiendo y buscando por aire. Ella quería coger el teléfono y pedir ayuda, pero Regina le había hecho la petición, y ella le había prometido que nada haría, era el deseo de la mujer que amaba, así que haría eso. Abrazada a sus rodillas, Emma lloraba, las lágrimas caían de sus ojos ya rojos. Se acostó en la cama, abrazada a la almohada, su llanto era de desesperación mientras escuchaba a Regina respirar con dificultad. La morena tosía tan fuerte que su cuerpo se alzaba de la cama, era algo terrible para Regina sentir que el aire no entraba en su cuerpo, sentir su corazón latiendo aceleradamente, colocaba su mano en el pecho mientras intentaba respirar y la tos no la dejaba.
Emma, en su cuarto, colocó las manos en sus oídos para no escuchar a Regina, ella quería correr, correr y abrazar a la mujer y ayudarla, si fuera posible hasta curarla, pero sabía que eso era imposible. Regina soltaba algunos murmullos de dolor, una parte de ella quería morir, pues sabía que no tenía más oportunidad de vivir más tiempo, otra pequeña parte pedía ayuda en silencio. Emma abrió los ojos mientras apretaba la almohada, dejando los nudillos de sus dedos blancos, no iba a cumplir su promesa de dejar a Regina sola, no, no la dejaría pasar por eso sola. Regina no quería ayuda, Emma no llamaría, pero no iba dejar sola a la mujer que había aprendido a amar. Se levantó y corrió hacia el cuarto de Regina, se subió a la cama deprisa mientras la mujer se retorcía. Emma la abrazó.
-Todo bien, Regina, todo bien. Estoy aquí- pasó la mano por su pecho intentando calmarla, la lágrimas caían, los labios de la rubia temblaban –Todo bien, querida, todo bien- miraba el rostro de la mujer a su lado, estaba sintiendo dolor, pero nada hablaba, solo buscaba aire y a veces soltaba gritos de dolor. Emma la abrazó fuertemente y apoyó su cabeza en la pared, lloraba, lloraba mucho mientras sentía cómo, poco a poco, el cuerpo de Regina, junto al suyo, iba dejando de moverse, y la tos y la búsqueda de aire fue cesando hasta que ya no había ningún ruido, ningún movimiento. Emma, entonces, se dio cuenta, Regina se había ido, se había marchado para siempre en sus brazos. Emma gritó mientras las lágrimas cían de sus ojos. Apretó más a Regina en sus brazos y pegó su cabeza a la de Regina, depositando un beso y apretando cada vez más su cuerpo-Te amo, Regina, siempre voy a amarte independientemente de dónde estés y de dónde esté yo- depositó un beso en los cabellos negros y se quedó abrazada al cuerpo sin vida de la mujer.
Emma lloraba sin parar, allí, con Regina a su lado hasta que amaneció.
-Compuse una canción para ti, pero creo que ya es tarde para enseñártela- lloró
Cerrada para el amor
Yo no necesitaba del dolor
Una o dos veces fue suficiente
Y fue todo en vano
El tiempo comienza a pasar
Antes de que te des cuenta, estás congelada
Pero algo sucedió
Por primera vez contigo
Mi corazón se derritió en el suelo
Encontré algo verdadero
Y todo el mundo está mirando
Creyendo que me he vuelto loca
Pero no me importa lo que dicen
Estoy enamorada de ti
Ellos intentan apartarme
Pero ellos no saben la verdad
Mi corazón está profundamente herido
Que yo continuo encerrando
Tú me cortas y yo
Continúo sangrando
Continúo, continúo sangrando, amor
Intentando no escuchar
Pero ellos hablan muy alto
Los ruidos irritantes llenan mis oídos
Intentan llenarme de dudas
Aunque sepa que el objetivo
Es evitar que me enamore
Pero nada es mayor
Que la sensación que siento con tu abrazo
Y en este mundo de soledad
Veo tu rostro
Mientras todo el mundo a mi alrededor
Creo que me estoy volviendo loca, quizás, quizás
El reloj la despertó, eran las seis de la mañana. Miró hacia la ventaba, ya estaba claro. Se incorporó y miró a Regina, inmóvil, los labios de la mujer que un día estuvieron pintados de un rojo sangre, ahora estaban pálidos y sin vida alguna. Emma depositó un último beso en la cabeza de la mujer y se levantó, caminó hasta el otro cuarto y cogió su móvil, necesitaba avisar a la madre de Regina, a Daniel, pero el único número que tenía en su mente era el de su mejor amiga, llamó a Ruby. Cuando la amiga atendió, Emma solo podía llorar, su cabeza le dolía, su corazón le dolía, todo le dolía, y en menos de treinta minutos, Ruby llamó a la puerta de la casa de la morena. Emma abrió y la abrazó fuertemente. Tenía el cabello revuelto, los ojos rojos de tanto llorar. Entraron en la casa y fueron al sofá, en silencio durante unos minutos, hasta que Emma cogió el móvil y llamó a Cora, fue difícil, muy difícil dar aquella noticia, le pidió a la mujer que avisara ella a las personas más próximas de Regina mientras ella llamaba a Daniel.
Algunos minutos pasaron y vinieron a buscar el cuerpo de Regina. Escuchó algunas cosas de Cora, como si ella hubiera tenido la culpa de dejar morir a Regina.
-Escuche usted, ¿no ve lo destrozada que está? Mi amiga se quedó aquí toda la noche con su hija, la cuidó todo este tiempo mientras usted no hacía nada, Emma cuidó de Regina y atendió su deseo, si usted lo encuentra mal, le sugiero que salga de aquí y deje que Emma resuelva las cosas, ya que ha sido eso lo que su hija pidió. Así que, por respeto a su hija, deje de molestar a mi amiga- Ruby dijo defendiendo a la rubia a su lado.
Emma subió al cuarto de Regina, ahora vacío, sin la mujer. Cogió la ropa que Regina había separado, un vestido negro ceñido, acarició la tela, aquello era angustiante, demasiado angustiante.
El entierro de Regina tuvo lugar al día siguiente por la mañana. El día estaba soleado, sin brisa, sin nada. Algunas amigas de Regina estaban allí, Emma reconoció a algunas de ellas, pero ninguna se acercó a hablar con ella. Daniel estaba también y le dio un abrazo a la muchacha junto con el padre de Regina. Ruby y Kara también estaban para darle apoyo a su amiga. Cora y Daniel dijeron unas palabras, Emma no quiso decir nada, solo miraba a aquellas personas, personas que tal vez ni habían conocido de verdad a Regina.
Todos ya habían salido del cementerio, Emma se quedó de pie frente a la tumba de Regina y sintió un viento batiendo en su rostro y algunas flores volando a su alrededor, una lágrima resbaló de sus ojos, tenía una rosa en sus manos y la dejó cerca del nombre de Regina Mills.
Caminó hacia la salida del cementerio con la mano en el bolsillo de su chaqueta roja, se dirigió a su pick-up amarilla, entró, arrancó y se alejó de allí.
Una semana después
Emma estaba sentada en el parque donde había ido con Regina, garabateaba en una hoja el esbozo de un dibujo, el rostro de Regina. Una semana había pasado desde su muerte, Emma, todos los días, iba a ese parque, donde había besado a Regina por primera vez. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una sombra, alzó la vista y vio a un hombre de pie, vestido con un traje negro, bien planchado y probablemente caro.
-¿Emma Swan?- preguntó y ella lo encaró –Soy uno de los abogados de Regina Mills, he ido a su apartamento y su amiga me ha dicho que estaría aquí – Emma lo encaró, él se sentó a su lado y a ella le extrañó, ¿por qué un abogado, que probablemente cobraría un riñón por una consulta, estaba sentado en el suelo con ella? –Soy Robert, soy abogado de Regina desde hace muchos años y ella me dijo que usted era, usando sus palabras, "peculiar"- Emma sonrió. Regina una vez le había dicho eso -¿Usted sabe que Regina tiene una gran cuantía de dinero, verdad?
-Sé que tenía dinero, pero no que fuera enorme, nunca me interesé en eso ni le pregunté. Pero, ¿qué tiene que ver eso ahora?
-¿Está dibujando?- miró -¿Puedo verlo?- Emma le entregó el dibujo y él se quedó mirándolo –Tiene talento, mucho talento –miró el dibujo de Regina, en el que se podía ver bien sus ojos, sus labios, su cicatriz.
-¿Me va a decir por qué está aquí?- preguntó impaciente quitándole el dibujo de las manos
-Regino vino a buscarme hace unos meses atrás, fue cuando me pidió que redactase aquellos documentos donde la dejó a usted encargada de las decisiones en el hospital y también me pidió otra cosa. Era su abogado y su amigo, aunque solo nos veíamos parar tratar de negocios, y cuando me buscó para tratar estos negocios me pregunté por qué, y ahora entiendo – dijo levantándose y sacando un sobre del maletín que llevaba –Todo lo que tiene que saber está en este sobre, búsqueme después de haberlo leído- le entregó un tarjeta junto con el sobre –Hasta luego, Emma Swan, espero verla en breve- dijo alejándose de ella, Emma miró el papel, en él contenía lo siguiente en una letra perfecta.
"Para mi querida Emma Swan, la mujer que cambió completamente mis últimos días"
Sabía que no era la letra de Regina, pues la morena no podía escribir, pero sabía que aquellas palabras eran de ella. Abrió la carta, había una foto y una hoja. La foto había sido sacada un día que habían ido al parque, Emma miraba a Regina y ella hacía lo mismo. Las lágrimas acudieron a sus ojos, sus dedos temblosos, se apoyó en el árbol y abrió la carta.
"Mi querida Emma, primeramente quiero darte las gracias por haber dejado tu currículo en aquella página y por haber aparecido en mi casa con tu chaqueta roja y tu cabello revuelto. Gracias por haber seguido dando aquellas disculpas horribles por tus retrasos.
Confieso que Daniel quería despedirte, pero yo le pedí que te diéramos una oportunidad y ha sido lo mejor que he hecho en mi vida.
Emma, me has dado los mejores últimos días de toda mi vida, esta enfermedad vino y me arrancó todo poco a poco, una cosa cada vez, primero el piano, después mi deseo de cocinar, andar o hacer cualquier cosa que amaba, pero ahí apareciste tú y contigo mis deseos de vivir de nuevo, aquel día cuando le dije a Daniel que se marchara y tú te quedaste probándote mis ropas y zapatos en mi vestidor, aquel día tuve la certeza de que no solo iba a aceptar lo que estaba por sucederme, sino también que iría a aprovechar cada día de ellos, contigo. Tú aprendiste a cocinar, incluso gustándome tus torpezas en mi cocina, me ayudaste a bañarme, incluso tirándome algunas veces o haciendo algo equivocado. Aprendiste conmigo y yo contigo. Siempre fuiste para mí un enigma, que cada día descifraba, siempre fuiste peculiar, y ¡cómo amé eso en ti, con tus maneras únicas!
Cuando me besaste, ¡cuánto tiempo hacía que no sentía el toque de alguien! Puede parecer un tópico, pero me sentí en las nubes, tus labios finos y suaves sobre los míos, tu gusto a café con canela que tan horrible creía al principio, y que llegué a amar. Amé cada beso, cada caricia, incluso con mis limitaciones.
Gracias por estar conmigo en todos los momentos, por no dejarme sola y por no rendirte conmigo cuando yo misma quería rendirme. Quiero que sepas que, aunque haya sido poco tiempo, te he amado de una forma pura, dulce, de una manera que ni yo misma imaginé que podría amar. Existen muchas formas de amor y mi amor por ti fue una de esas formas, la forma más sincera en que alguien podría amar.
Vi tus dibujos, tus canciones, Emma, eres la mujer con más talento que he tenido el placer de conocer, tu voz dulce y tus gestos torpes, pero que cuando cantabas o tocabas algún instrumento me dejabas feliz, me sentía normal y viva. Tus dibujos me retrataban con una belleza sin parangón, mirando tus dibujos de mí misma me sentía deseada, con vida, hermosa y amada. Tú me has mirado de una forma única. Dejaste tu facultad y dejaste de verte con tu profesor, créeme, estoy feliz de que lo hayas hecho, pues ahora tienes otra posibilidad de recomenzar y hacer lo correcto.
Robert está escribiendo esta carta en mi lugar y le he pedido que te la entregue, espero que te haya encontrado, él ya conoce todo lo que pretendo hacer. Así que Emma, al igual que tú me diste una oportunidad para vivir mis días contados y aprovechar cada uno de ellos, hoy te estoy dando también esa posibilidad. Conversé con Daniel y tras mi muerte, se vendería la casa y se repartiría nuestros bienes, y así como pedí que tú fueras la responsable de mí en cuestiones médicas, he decidido que la mitad del dinero de mi casa y de todos mis bienes sean puestos a tu nombre, solo tienes que firmar, los papeles los tiene Robert y él te explicará todo. No lo he hecho porque me hayas ayudado, lo he hecho porque te amo y espero que aceptes mi regalo. Por cierto, cogí un dibujo tuyo y se lo mandé a una amiga, una profesora en la Escuela de Arte de Slade, en Londres, y me ha dicho que tienes un gran talento, me ha dicho que cuando quisieras, podrías ir allí e inscribirte pues tienes gran potencial.
Así que, discúlpame por cogerte el dibujo, pero fue por una buena causa, tendrás la oportunidad de estudiar en una de las mejores escuelas de arte del mundo.
Coge el dinero de la venta de la casa y vete, usa esta oportunidad para conseguir algo que siempre has querido, estoy segura de que ese dinero te dará para instalarte en Londres hasta final de curso. Me diste mi mejor oportunidad de vivir mis últimos días y ahora, Emma, te la devuelvo, no te aferres, vive, vuela hacia nuevos horizontes y descúbrete, haz lo que te gusta y que siempre te ha gustado, y allí donde yo esté, te estaré mirando y me sentiré orgullosa de ti. Cuando sientas la brisa fresca en tu rostro, cuando vayas a nuestro parque o cuando pienses en mí, imagina que soy yo besándote y abrazándote. Siempre estaré contigo, Emma, así como tú siempre estarás conmigo. Pero encuentra a alguien, a alguien que puedas amar y que te ame y que te cuide, no dejes pasar las oportunidades, mereces ser feliz, mi niña. Deja que alguien entre en tu corazón como entré yo y que haga morada en él como lo hice yo.
Un día nos encontraremos de nuevo y entonces podremos amarnos con más tiempo, te lo prometo.
Gracias por cuidarme, por ser mi amiga y por amarme.
Te amo, para siempre…
Tu Regina"
Emma terminó de leer, sus ojos estaban inundados de lágrimas que caían por su rostro, Regina le había dado todo, todo lo que era suyo para que recomenzara. Emma respiró hondo, no sabía lo que iba a hacer, no podía aceptar todo ese dinero de Regina, no fue por eso por lo que la cuidó o por lo que se quedó con ella, pero era un deseo de la morena y si no aceptaba el dinero, ¿a dónde iría? ¿Para Daniel o sus egoístas amigas? Emma respiró hondo y cerró los ojos.
-Gracias por verme de una manera en que nadie me vio- dijo en un susurro, sintiendo una leve brisa en su rostro, que se esparció por todo su cuerpo, creía que era Regina ahí, abrazándola y enseguida le llegó la respuesta –Voy a vivir mi vida, Regina, voy a vivir por mí, por ti, por nosotras- abrazó su propio cuerpo y otra lágrima cayó de sus ojos, suspiró –Siempre te amaré- Se levantó, recogió la carta y los dibujos, se quedó mirando la tarjeta de Robert, sabía a dónde ir y sabía lo que hacer. Regina le había señalado el camino para ya no sentirse perdida y recomenzar una nueva vida, teniendo una nueva oportunidad.
FIN
