-Amberly Black.-
El Gran Comedor entero se quedó en silencio absoluto, apenas oyeron mi apellido y pareció como si tanto a estudiantes como maestros les hubieran cortado la respiración. Incómoda fue poco, me sentía como una atracción de circo por la forma en que me miraban, con suspicacia y curiosidad pero yo no tenía la menor idea de por qué les llamaba tanto la atención. Eché un rápido vistazo a mi atuendo, no, no tenía papel pegado a mis zapatos y todo parecía estar en su lugar. Suspiré con resignación, me erguí, levanté la cabeza y caminé como lo hacía cada que jugaba a modelar con Caroline, no dejaría que me intimidaran.
La profesora, de la que ya no recordaba el nombre y que llevaba consigo el sombrero seleccionador, se acercó a mí con los labios fruncidos y mirándome con desagrado, como si fuera a lanzarle una maldición en cualquier momento. ¿Pero qué demonios ocurría con esa mujer? Ni siquiera me conocía y ya me odiaba, me acordé que uno de los chicos dijo que ella era la jefa de Gryffindor, por Dios, deseaba con todo mi corazón no ser seleccionada para esa casa, no creía poder aguantarla.
Me colocó el sombrero como quien le da de comer a un león, yo la miré con desdén pero con una gran sonrisa presumida, había aprendido muy bien de Care que si alguien te miraba mal tú debías de mirarlo mil veces peor, eso sí, sin perder la elegancia. La bruja esa, y conste que no es insulto eh, entornó un poco los ojos y se alejó. Una extraña voz en mi cabeza casi me hace tomar ese viejo sombrero y aventarlo al piso.
-¿Una Black? Vaya, qué sorpresa, y veo que eres digna hija de tu padre. Tan valiente y fuerte, un espíritu guerrero dentro de un corazón de oro. Seguramente Gryffindor se enorgullecería de tenerte en sus filas.-
-No, ni se te ocurra enviarme ahí.-
-¿No?-
-Por supuesto que no, ¿acaso no te das cuenta de que me odia?-
-Me temo que estás por descubrir que muchos dentro de este castillo creen tener motivos suficientes para odiarte.-
-¿Qué se supone que significa eso?-
-Astucia, una gran determinación y cierto desdén por las reglas, además no puedes negar la sangre que corre por tus venas, tu linaje es antiguo y poderoso. Sí, ya sé que haré contigo.-
-¿Cómo?-
-¡Slytherin!-
Cuchicheos por todo el lugar pero ni un solo aplauso se escuchó, no como si me importara pero ¿qué bicho les había picado? El director comenzó a aplaudir pero la respuesta que obtuvo fue más bien desganada. Con toda la entereza que pude, fui a sentarme a la mesa que me correspondía. Al menos no era una leona.
El resto de la noche me pareció largo y aburrido, además no dejaban de incordiarme con la mirada. Fui en completo silencio todo el camino a los dormitorios, ignoré olímpicamente las odiosas instrucciones del prefecto, sólo quería llegar a mi cama y escribirle a Caroline, tal y como lo había prometido. Para mi pésima suerte me había tocado compartir habitación con las dos chicas más groseras del mundo, podría jurarlo con la mano en el corazón.
La tal Joan Jacknife, en cuanto entré a la habitación, me dejó "claras" las reglas. Número uno: sus cosas no se tocaba, número dos: tu cama será la del rincón, número ¿458, aghh no sé, me perdí en el dos?: no nos hablarás bajo ninguna circunstancia, ni a Callie ni a mí nos interesa tener nada que ver con la hija de un delincuente.
Y sólo hicieron falta esas últimas cuatro palabras para que lograran sacar mi lado más oscuro, podía ser muy tolerante y amable, cuando quería, pero si tocaban ciertos botones no podía evitar el veneno que me salía involuntariamente. Fui hasta donde estaban mis cosas y las aventé en la cama que había elegido Joan, ella se acercó hasta mí totalmente furiosa porque ignoré sus estúpidas reglas.
-¿Se puede saber qué crees que haces?-
Me giré para tenerla de frente y le di mi sonrisa más resplandeciente.
-Elegir mi cama.-
Entornó los ojos y me jaló del brazo para alejarme de la cama, la peor decisión de su vida. Tomé su muñeca y la giré, mi madre era sheriff y por supuesto que me había enseñado a defenderme, tal vez usé más fuerza de la debida pero no me importó. Joan lanzó un grito de dolor y Callie, como buena seguidora fiel, trató de agarrarme del cabello pero yo fui mucho más rápida y le di una patada en el estómago seguida de un buen puñetazo en la cara.
Escuché otras voces acercarse, supongo que sus gritos fueron más fuertes de lo que pensé. Me iría mal por lo que acababa de hacer, lo sabía pero antes de que alguien llegara les dije a mis compañeras con voz dulce.
-Lamento haberme exasperado de esa manera pero déjenme dejarles algo en claro. No soy una niñita idiota a la que pueden mover e insultar a su antojo, tal vez ahora me lleve un castigo o dos pero si se les ocurre tocar una sola de mis cosas o acusarme de algo, les juro que les haré cosas mil veces peores que estas y, honestamente, no creo que puedan soportarlas así que mejor llevemos las cosas en paz ¿les parece?-
Las dos me miraban con los ojos llorosos y confusos pero asintieron a lo que les decía, al parecer el mensaje principal les había quedado claro "conmigo nadie se mete y sale comiendo perdices"
Diez minutos más tarde, estaba sentada enfrente del escritorio del jefe de nuestra casa, Severus Snape. Era alto, demasiado, su piel muy pálida, sus ojos negros como su grasoso cabello y con el semblante más frio que había visto nunca, salvo por el que encontraba frente al espejo en mis días de mal humor. Su mirada me taladraba, me aborrecía igual que la otra profesora, igual que todos parecían hacerlo. Empezaba a arrepentirme de no haber decidido quedarme en casa cuando mamá lo sugirió "Amber, no tienes que ir si no lo deseas, podemos investigar Harmony o como quiera que se llame la escuela que está aquí", tenía tantas ganas de conocer más sobre mi padre y el lugar donde estudió y vivió, de conocer más sobre mí misma, ahora todo parecía tan mala idea.
-Señorita Black, ¿puedo saber qué diablos pasó?-
Su voz era tan penetrante, podría agradarme de verdad si tan solo no estuviera impregnada de odio. Aparté mi mirada de la suya y me recargué completamente en mi asiento.
-Sí, supongo que le quebré su frágil muñeca a la odiosa de Joan y que le dejé un lindo recuerdo morado sobre el ojo a la tonta de Callie.-
-¿Disculpe? ¿Usted atacó a sus dos compañeras en su primer día y lo dice como si contara cualquier cosa?-
Volví a posar mis ojos en los suyos y puse énfasis a cada palabra que dije después.
-A decir verdad, ellas me atacaron primero y yo sólo me defendí. De acuerdo, tal vez exageré mi reacción pero al menos ahora lo pensaran dos veces antes de acercarse a mí para decirme alguna tontería.-
-¿La atacaron? ¿Y cómo es que usted no tiene ni un solo rasguño?-
-Ninguno que se vea, profesor pero le aseguro que lo que me dijeron nunca se borrará de mi mente mientras que lo que yo les hice con una poción o dos estará más que solucionado.-
Su semblante se relajó un poco pero continuó viéndome con desprecio.
-¿Y eso fue?-
Mis ojos empezaron a escocer, normalmente no lloraría pero tal vez el dejarme ver un poco vulnerable me ayudara a evitar un castigo mayor así que abrí el grifo del llanto.
-Que yo… que era la hija de un delincuente. Sí, sé que mi padre está en la cárcel pero no tengo idea de porqué, de hecho, hasta hace unas semanas ni siquiera sabía su nombre, mucho menos que algo como la magia existía, y ahora resulta que vengo a esta escuela y todos parecen conocerlo a la perfección. No soy idiota, seguramente hizo algo horrible, tuvo que hacerlo o si no, no me explico cómo es que todos me odian de a gratis. La escena deplorable en el Gran Comedor, esa vieja profesora de Gryffindor viéndome como si fuera la peor escoria que ha pisado Hogwarts, mis "adoradas" compañeras tratándome como basura y ahora usted, mi propio jefe de casa que se supone debería ayudarme, viéndome exactamente con el mismo desprecio que todos los demás. Soy una Black y mi padre es Sirius, ¿de acuerdo?, no tengo la menor idea de lo que eso significa para ustedes pero me importa un pepino, soy quien soy, aunque ustedes no se hayan tomado ni cinco minutos para conocerme antes de juzgarme y condenarme, no puedo cambiarlo y no pienso pedir perdón por eso.-
Me detuve para respirar, el profesor Snape se quedó mudo ante mi respuesta, su rostro cambió en un segundo, ahora me veía con tristeza.
-Por esta vez, y sólo esta vez, pasaré por alto el incidente. Si desea puedo asignarle otra habitación.-
Me sequé las lágrimas, ya habían cumplido su cometido de liberarme de parte del dolor que todo esto me causaba además del castigo.
-No, se lo agradezco pero debo acostumbrarme, como están las cosas no creo que sea fácil para mí esté con quién esté.-
Asintió con la cabeza y se levantó para mostrarme la salida.
-Si Filch la encuentra dígale que yo le di autorización de salir de su dormitorio a estas horas.-
-De acuerdo.-
-Y Señorita…-
Me detuve un momento para mirarlo.
-No lo haga, no se acostumbre a que la hieran o la traten mal. No le estoy dando autorización para que golpee a cada estudiante que la insulte pero si vuelven a agredirla, no permita que la dañen o la hagan menos y luego venga a decirme lo ocurrido y yo les pondré en su lugar.-
Le sonreí al profesor Snape.
-No me acostumbraré y, no se preocupe, no soy de las que agachan la cabeza. Ahora me iré a escribirle a mi hermana, por fin tengo algo bueno que contar, cumplí su primer encargo.-
-¿Qué encargo? ¿Golpear a sus compañeras o meterse en líos el primer día?-
Una risita salió desde el fondo de mi pecho.
-No, hacer mi primer amigo en Hogwarts. Gracias y buenas noches, profesor Snape.-
Se quedó estático y yo emprendí mi marcha a mi habitación con una gran mueca de felicidad sobre mi rostro, al menos mi estadía aquí no sería tan mala.
