Todos los personajes pertenecen a Kaoru Mori de su manga Otoyomegatari/Bride Stories
"Y el tiempo pasó"
– ¿Puedo saber que me has estado escondiendo toda la tarde?–.
La muchacha de largas trenzas se estremeció ante el comentario de su esposo. "Esposo", que palabra fuerte. Habían pasado casi diez años desde que se habían casado y para Pariya, él la seguía poniendo igual de nerviosa.
– ¿Te diste cuenta?– dijo dándose vuelta para estar frente suyo. Umar suspiró y se acercó a su lado. A pesar de que su mujer normalmente le decía lo que la molestaba, hoy prácticamente lo evitaba, de forma algo torpe, mientras trabajaban en la posada.
– ¿Te enojaste por alguna cosa?– preguntó. Ella al instante movió la cabeza en señal de negación. No iba a negar que fueran un matrimonio perfecto, tenían discusiones cada tanto. Por ejemplo, después del nacimiento de su tercer hijo, Umar quería que contratar más empleados así Pariya se dedicaba a cuidar de los niños. Discutieron bastante ya que ella quería seguir ayudando en la cocina como siempre y ayudarlo a él por supuesto. El joven entendía la gran disposición de su esposa y la apreciaba por sobre todas las cosas, pero pensaba que sus hijos estarían mejor cerca de su madre que con un extraño. Se le vino a la mente dejarlos con sus abuelos, aunque tenerlos lejos sería insoportable, tanto para él como para Pariya. En fin, pudieron ponerse de acuerdo, de esto ya hacía tres años cuando acondicionaron la posada para que los niños pudiesen estar con ellos mientras hacían sus labores. Pero la razón por la que ella lo evitó hoy no era porque escondía alguna cosa. Y después de tanto tiempo juntos, pudiera decirse que podía ver a través de ella aunque había momentos en los cuáles no podía descifrarla. Obviamente, Pariya pensaba lo mismo de él.
–Puedes decirme, soy todo oídos– dijo tomando sus manos. Sí, Umar era alguien muy paciente. Demasiado. Pariya se le quedó mirando unos instantes y derrotada suspiró y habló: – Dejaré que ellos te lo digan. Umar la miró extrañado, pero al referirse a ellos hablaba de sus hijos. Su esposa puso su vista puesta en la puerta de la habitación y él se levantó para abrirla encontrándose con tres cabecitas que se hallaban sorprendidas al verlo. – Perdonen a su madre– dijo Pariya – Su padre es muy perspicaz, pasen y siéntense con nosotros. Siguiendo lo dicho, ellos obedecieron. Rinat, Izel y Umid. Umar al verlos sentía mucha felicidad en su pecho y verlos sentados al lado de su esposa solo podía completar ese sentimiento que lo llenaba por completo. Aún así, ellos cuatro le habían ocultado algo y quería de inmediato saber que era. Respiró para sus adentros y adoptando una pose; intimidante quizás y seguramente muy graciosa, ante sus hijos.
– Hablen. Si hicieron alguna travesura será mejor que me la digan ahora. Su madre no los salvará del castigo.
– Padre, no hicimos nada malo, lo juramos– contestó Rinat – Madre nos dijo que en unas semanas será su aniversario y queríamos darles un regalo especial– confesó la niña bajando la cabeza junto con sus hermanos
– Yo les dije que no era necesario sólo es un año más...– agregó Pariya
– Diez...– susurró Umar mirándola– No es un número más– añadió. "Era eso entonces. Me pusieron bastante nervioso por unos momentos, pero no me imaginaba que iban a tomarse esas molestias de hacernos un regalo siendo tan pequeños. Son increíbles", pensó
– De acuerdo, imaginemos que esta conversación nunca ocurrió ¿está bien?– les dijo– Vayan a sus cuartos, ya es tarde. Los pequeños suspiraron aliviados, saliendo rápidamente. Ya solos, Umar empezó con las preguntas a su esposa: – ¿Por qué quedé al margen de todo esto?– le dijo mientras se acomodaba en el lecho de ambos. Ella lo siguió
–No imaginé que se volvería una aventura del regalo perfecto para ambos, les dije que no era necesario y que ni se les ocurriese molestarte con preguntas porque estabas en el trabajo. Cuando me di cuenta era cómplice de todo, quería contártelo pero no podía. Estaban muy emocionados.
–¿Tienes idea de que van a darnos?– preguntó
–No, no. Ahí me mantuvieron al margen, quieren que me sorprenda tanto como tú– contestó moviendo sus manos
–Entiendo–. Se acercó a su esposa lentamente y depositó un beso en sus labios. –Vamos a dormir– le dijo mientras la abrazaba. Pariya suspiró aliviada acurrucándose con él.
Un gato apostado en la ventana observaba como tres pequeños hacían los últimos arreglos al regalo de aniversario.
–¿Rinat, está listo?– preguntó el del medio a su hermana. La pequeña asintió y después de varios meses de trabajo a escondidas de sus padres estaba terminado. Los tres suspiraron y dejándolo bien escondido en el almacén. Se despertarían temprano para enseñárselo a sus padres. Los tres volvieron a su cuarto rápidamente antes que el ruido alertase a sus progenitores. El gato, a pesar de su edad, bajó de la ventana y los siguió al dormitorio.
Dentro de la morada, solamente unas pocas velas seguían encendidas. Aquellos que se hospedaban en la posada y seguían despiertos se habrán sentido extrañados al escuchar un suave recorrer del agua.
La pequeña rueda del molino que construyeron los hijos de Pariya y Umar funcionaba sin ningún problema. A pesar de su tamaño, seguramente ambos padres sentirían cuánto sus hijos los aman de verdad
