Todos los personajes pertenecen a Kaoru Mori de su manga, Otoyomegatari


"Y el tiempo pasó"

Los hermanos Smith crecieron toda su vida en el tranquilo paisaje de Asia Central. Su padre, un viajero se estableció en una aldea con el fin de estudiar a las comunidades locales a fin de entender sus costumbres. Por ese entonces, se había casado con una joven viuda: Talas. Después de muchos contratiempos, contrajeron matrimonio en una pequeña ceremonia en Ankara. Solamente el guía que acompañó la travesía de Smith hasta la ciudad y un amigo fueron los testigos. Veinte años después, este último falleció en Inglaterra. Pocos meses más tarde, le llegó una carta comunicando la noticia. Para su pesar, la misiva venía acompañada de un mensaje de su hermano mayor. Se encontraba muy enfermo y según los médicos no le quedaba poco menos de un año de vida. Al final de la carta pedía una sola cosa: conocer a su familia. Smith sintió un profundo dolor en el pecho ante su última voluntad. No podía hacerlo.

Desde el nacimiento de su último hijo, Talas quedó confinada a la cama. Temiendo por la vida de su esposa, consiguió traer a un médico extranjero instalado en la ciudad para que la revisara. El diagnóstico fue que debido a la edad de la madre y al esfuerzo del parto, las defensas de la mujer bajaron irremediablemente afectando sus facultades motrices. La recomendación fue un reposo absoluto y evitar que su estado anímico empeore. Con un pequeño recién nacido y una esposa enferma, lo último que se le podría ocurrir al inglés era salir del país con ellos. Sin embargo...

-Padre, los Eihon llegaron- dijo su hijo mayor entrando al estudio

-Ahora los recibo, ve a ver si tu madre necesita algo por favor-. Smith volteó su mirada hacia su costado para encontrarse con su hijo más pequeño, que acababa de levantarse de su siesta. -Azad, lleva a tu hermano también, seguro ella quiere verlo-.

-Sí papá. Vamos Shahin-. El bebé hizo una mueca de disgusto cuando lo cambiaron a los brazos de su hermano mayor pero no pasó a mayores. Al retirarse ambos, Smith guardó la carta enviada y se dispuso a cambiar su cara. A pesar de las desgracias, aún su familia tenía muchas dichas por venir.

Su hija se casaría en la próxima primavera. Después de rechazar a una lista interminable de pretendientes, Vida escogió al que había sido su compañero de juegos en la infancia: Doruk, hijo mayor de Karluk y Amir Eihon. A pesar de que la futura unión hacía feliz a las dos familias, sobretodo a Talas que era una de las mayores amigas de Amir en la aldea; Smith puso como condición que el matrimonio se realizaría cuando su hija cumpliera los dieciséis años. Esto sorprendió a Doruk que sino fuese por sus padres hubiese protestado ante ello, pero a regañadientes guardò silencio. Sus padres aceptaron, pero a cambio pidieron que su hijo pudiese visitar más seguido a su prometida además de que Amir no se molestaría en ayudar a su futura nuera con su bordado por la convalecencia de su madre. El inglés dio su visto bueno y las formalidades terminaron.

Tanto Smith como Talas esperaban que su condición mejorase para la boda de Vida. Aunque su esposo le exigía que no hiciese esfuerzos, Talas se atrevía a realizar quehaceres domésticos a la noche pensando que su esposo no se daría cuenta. Cuando la encontró desmayada en la cocina fue lo último. No la regañó pero le hizo jurar que hasta que sus fuerzas no volviesen completamente no se levantaría de la cama sin ayuda de alguien de la familia. Verdaderamente cansada, Talas decidió hacerle caso. De eso habían pasado poco más de seis meses, faltando casi ocho para la boda.

Antes de ir hacia el encuentro con los Eihon, Smith se pasó por su habitación para ver por unos instantes a su esposa. Desde el pasillo escuchaba a Azad y a ella hablar:

—Parece malhumorado, ¿tu padre le hizo algo?— preguntó Talas mientras trataba de acomodar al bebé en su moisés.

Azad rió ante el comentario de su madre:

—Al contrario, parece que no puede separarse de ambos— explicó mientras abría una de las ventanas. Notó como su madre puso una expresión triste y habló:

—Mucho no me necesita, ya no puedo darle leche—. Azad sintió una fuerte opresión en el pecho al oír eso.

—Madre, no diga eso— le dijo —Shahin te necesita, solo míralo. No puede soltarte—. —Y todos queremos que te mejores pronto— añadió sosteniendo su mano.

Smith sonrió. Sus hijos amaban con todo el corazón a su madre y por sobre todas las cosas querían verla bien.

—La comida de Vida no es la mejor pero ha mejorado en estos meses—

—¿De verdad? Le contaré sobre tu elogio— dijo Talas graciosa ante su hijo

—¡No por favor!— rogó Azad. Smith entró a la habitación en ese incómodo momento. Trataron de evitar las risas pero fue imposible.

—Querido— lo llamó su esposa

—Padre, los Eihon...—

—Perdón hijo, pero díles que me esperen un poco más. Iré enseguida— le pidió

—Comprendo. Madre, con su permiso—.

Al retirarse de la habitación, Henry se acercó a su esposa e hijo más pequeño. Este último se percató de su presencia moviendo sus manitos

—Luce bastante despierto últimamente— dijo Talas ante las respuestas del pequeño ante su padre.

—Y él ríe mucho cuando estás cerca— añadió Smith sujetando la mano de su esposa. Talas lo miró de cerca y no pudo evitar preguntar:

—¿Ocurrió algo?

Se volvió una máquina de percepción con el pasar de los años.

—¿Por qué lo dices?

—Henry, soy tu esposa después de todo— le recordó

—Y fuí muy afortunado cuando me escogiste— trató de evadir el tema, dando un beso entre sus dedos. Un leve sonrojo se posó en ella.

—Era muy joven y creo que nunca imaginé que llegaría a hacer algo como eso— dijo entre risa mientras su mente recordaba aquella locura que cometió.

—Me atrevo a decir, que para mi suerte lo valió. Demasiado— confesó besando su frente y dándole una pequeña caricia a su hijo en la frente. —Voy con los Eihon, procura descansar hasta que vuelva— pidió mientras salía del cuarto.

—Ve tranquilo— susurró Talas ante la partida de su marido

El murmullo en la sala de la casa daba a entender que sus hijos y los Eihon estaban teniendo una charla muy entretenida. Cuando Henry hizo acto de presencia tratando de poner su mejor cara fue inútil.

—Henry, ¿qué ocurre?— preguntó Karluk mientras Vida le servía el té y unos bocadillos. Todos los presentes observaron al anfitrión y padre de la novia.

No le gustaba mentir, no era alguien que lo hacía. Aún así, tenía a una de las personas más valiosas frente suyo y lo último que haría sería arruinar el momento más feliz de su vida. Henry Smith suspiró y mintió:

—Todo está bien—dijo para luego sentarse con el resto y se volcaron a los preparativos de la ceremonia aún cuando esta se veía muy lejana.

"Cuando su madre me siguió hasta Ankara, mi torpe cerebro se dio cuenta de que lo que había hecho. No importase que ocurriese a partir de ahora,

estaría siempre a su lado"

"Cumpliré esa promesa", pensaba Smith mientras sonreía ante su familia e invitados.