Hola chicos, soy yo de nuevo, y siendo primero de enero quiero desearles a todos un feliz feliz año nuevo. estoy tratando de actualizar lo mas rápido posible mis capítulos en todas las historias, descuiden. dedico este capitulo a todos los que les gusta mi lectura.
CAPÍTULO 3: SHIKAMARU
El despertador sonó a las 6 de la mañana, como de costumbre, sin embargo él ya estaba levantado hace más de una hora, de hecho, luego de la llamada realizada a Temari y la repentina visita, no había podido conciliar el sueño y su mente se dedicó a divagar en el sentido de la vida.
Oyó que fuera todos ya estaban movilizándose, las sirvientas estaban lustrando el piso fuera de su habitación y el ruido estaba empezando a irritarle. Recordó lo que sucedió la noche anterior antes de llegar a casa y una punzada amarga hincó en lo más profundo de su ser.
Regresaba a casa luego de haberse reunido con Kiba a las afueras de la ciudad. El (Kiba) había robado el auto de su padre y había llamado a un grupo de amigos a arreglar rencillas pasadas que tenía con una banda de la ciudad continua, pero como era de esperarse, necesitaba el apoyo emocional para iniciar la batalla, así que decidió que una de sus filas sería Shikamaru, pues pensó que así le iban a temer. Y así fue, la batalla no fue más que un intercambio absurdo de palabras, y uno que otro puño de un lado a otro, al fin de cuentas, Shikamaru regresaba a casa intacto, pulcro y con el orgullo por las nubes.
Se subió a su auto mal estacionado afuera de un bar, tuvo que pagarle con un par de billetes al cuidador y se subió como si nada hubiera pasado. A medio camino, se le antojó comer una hamburguesa así que tomó dirección a un centro de comida rápida, cuando para su mala suerte pudo divisarla en una de las mesas. Vestía una chaqueta de cuero negra, se había dejado suelto el cabello rizado y llevaba los labios pintados de un escandaloso rojo, en los cuales se apoyaba un cigarrillo a medio fumar, el cual era sostenido con una de sus manos mientras reía a carcajadas por alguna estupidez que su acompañante haya soltado. Siempre le pareció una puta, pero por respeto jamás dijo nada.
Una sacudida de recuerdos le atravesaron de la manera más mortal que pudo y rápidamente sintió ganas de acudir a un lavado a arrojar lo poco que había almorzado esa tarde. Había pasado ya un par de meses cuando había regresado a casa luego de su viaje a Italia con su tío Francois.
Su madre había pasado las vacaciones con su familia materna lo que indicaba que se encontraría solo con su padre por el resto del verano. Apenas había cruzado el umbral, un ambiente toxico le había embargado y más aun con la atenta y aterradora mirada que el guardaespaldas de su padre le había dado al verlo ingresar, sin haber avisado de su regreso.
Lo primero que optó por hacer fue ir en dirección a su habitación, darse un baño y sacar los oscuros recuerdos de su viaje, y así lo hizo. Cuando disponía a elegir entre sus toallas, el carcajeo de una mujer lo sacó de su ensoñación. Rápidamente pensó que su madre había vuelto y se alegró de ser así, por el cercano vinculo que habían tenido ambos.
No lo pensó dos veces al dirigirse a su alcoba a darle el saludo, cuando de alguna manera pudo diferenciar que aquella risa, proveniente de la habitación de sus progenitores mezclada con la siempre característica risa de su padre, no era de ella, su madre. Una corriente le recorrió el cuerpo y sus piernas ya estaban en tal estado de congelación que no pudo dar un solo paso más. Tardó más de 5 minutos en reaccionar, de no ser por la presencia de Otto, que con la mirada le advertía que hubiera deseado no abrir aquella puerta, sin embargo su curiosidad y ganas de ir más allá no se lo impidieron.
No supo que fue lo que más le desagradó de todo lo que vio, sin embargo desde ese día, el poco respeto que había sentido desde siempre por su padre se murió. Sabía lo difícil que era la convivencia entre ambos, padre y madre, pero nunca imaginó que necesitaría buscar amor de otro lado donde no debía. No de esa forma. Y era que su madre, una alcohólica internada hace varios años y "recuperada", le gustaba buscar problemas donde no había con su marido, creando en su casa un ambiente infernal en el que era imposible decidir si quedarse a vivir o preferir el plácido y tranquilo ambiente callejero. Así había decidido su hermana hace un par de meses, y aunque no la culpaba por ello si le preocupaba que a su corta edad, apenas trece años, se halla teñido el pelo, se halla colocado pircings – sabe dios en que partes – y haya optado por buscarse más de un problema con la justifica en su andadas nocturnas. El no escapaba del mismo saco, y aunque no era tan mortal como su hermana o su grupo de amigos, prefería una buena fiesta y dormir en los hoteles de su familia que volver a casa y tener que soportarlos. Su madre había vuelto, y todo había parecido volver a su lugar. Su padre nunca dijo nada, el jamás lo menciono, pero por dentro le carcomía el hecho de verlo actuar como un sínico ante su madre como si nada hubiera ocurrido ahí, y su madre, ajena a todo, solo le quedaba actuar como buena esposa en lo que el programa de alcohólicos la evaluaba viendo la posibilidad de re internarla, cosa que ella se negaba rotundamente. Y todos lo querían así, la querían en casa.
No había querido indagar más en la vida secreta de su padre, ni en su relación con aquella señora, pero ahora no le sorprendía verla, cual adolescente, compartiendo con el que sería su nueva víctima, y aunque le dolía todo lo que recordaba, había preferido mantenerlo así, como un triste recuerdo de su pasado.
No se había percatado en lo mucho que había pasado observándola cuando de pronto se dio con la sorpresa que ella lo estaba mirando. No dudo en sonreírle al levantarle la mano, desconociendo ella todo lo que el chico sabia claramente, y él, metido en su papel le devolvió el saludo con una sonrisa tímida. Deseó huir del lugar cuando ya era demasiado tarde, la mujer lo llamaba con la mano y el no pudo hacer otra cosa más que acercarse por cortesía.
- Hola cariño, como has estado, hace tiempo que no se de ti.
- Señora Me…
- Sofía – lo interrumpió con una sonrisa – sabes que puedes llamarme Sofía Shikamaru, vamos que no soy tan vieja – rio
- Lo siento, Sofía –
- Que alegría verte, es sorprendente que no hayamos sabia de ti en todo este verano, Brie no deja de pensar en ti.
- Seguro lo dice por cortesía – bromeó con desgano.
- Claro que no hijo – le acomodó con sus largas uñas el cuello de su chaqueta – entre tú y yo, ambos sabemos cómo acabará esto, ella aun te ama, confía en mi – Shikamaru sonrió con amargura, "ella te ama", no es eso lo que le dijo la última vez que la vio. De todas formas, prefería que hayan resultado así las cosas.
- Pues veamos cómo se dan las cosas entonces – felizmente el chico del mostrador anuncio que su hamburguesa estaba lista. Robóticamente se despido de ella y su acompañante, tomó su hamburguesa y salió lo más de prisa que pudo de ese lugar. Cuánto le molestaban las personas sínicas.
Ambas eran tan iguales, cabello castaño, risos sueltos y salvajes, hasta vestían de igual forma, secretamente pensó que era su madre quien le robaba a escondidas su ropa para verse más joven. Ridícula.
Sacó esos pensamientos de su cabeza negando con firmeza y se volvió a subir a su auto.
Pensó por un momento invitar al cine a su amiga para despejar la mente, pero rápidamente borro esos pensamientos al recordar que su madre esa mañana había despertado con una terrible jaqueca, lo que significaba que había bebido toda la noche.
Al llegar a casa, no le sorprendió sentir el putrefacto olor de una mezcla perfecta de cigarrillos y alcohol por todos lados. Una fila de platos rotos decoraba la alfombra del salón principal. Su madre dormía sobre uno de los sofás con la boca entreabierta y un cigarrillo en su mano derecha, el cual se deshacía manchando las finas sandalias ubicadas debajo de este.
Después de un largo suspiro, y ya sin nudos en la garganta, pues ya se había acostumbrado a esas escenas, el pelinegro logró quitarle el tabaco sin despertarla, más cuando se disponía a cubrirla con una manta, su voz le hizo regresar la mirada en ella.
- ¿Es una reliquia de la familia sabes? – dijo, sin entender a qué se refería
- De que estas hablando
- Los trozos de porcelana regados en el suelo, es, bueno era, una reliquia familiar Nara – dijo aun un poco ida – ahora no es más que añico – rio perturbadoramente erizando al joven Nara.
- Creí que eran platos, ¿qué es lo que hiciste mamá?
- No fue mi intención, lo juro – se defendió cerrando los ojos – había probado una copa de… de… - repitió ahora buscando algo por todos lados – de…
- ¿Wiski? – pregunto su hijo sujetando la botella con una de sus manos.
- Wiski… - repitió la madre mientras se colocaba el cigarrillo a la boca, que tanto estaba buscando.
- No lo harás mamá – recalcó el joven quitándole la pieza de la boca mientras la arrojaba al suelo y la pisaba – ya es tarde, debes darte un baño e ir a descansar.
- Siempre tan recto como tu padre – ironizó – de la boca para afuera claro – se burló ante la indignación de su hijo – si tan solo practicaras lo que predicas, todo sería diferente. Si ambos lo hicieran – acotó
- Ya basta mamá – soltó hastiado el chico – si tanto te molesta esta vida, entonces eres libre de elegir separarte de nosotros – después de ello, guardó silencio un par de minutos, tal vez arrepintiéndose de su desfogue. Su madre abrió los ojos como platos por un par de segundos, para luego cerrarlos en una nueva carcajada.
- No es tan fácil como piensas cariño – soltó tras un largo suspiro, mientras se acomodaba en el largo sofá – jamás lo entenderían.
- Ustedes siempre excluyéndonos de todo – salió como un susurro, el cual, en la silenciosa y quieta habitación, no sorprendió al llegar a los oídos de su madre.
- Créeme, preferirías que sea así – y dicho esto, se dio la vuelta dándole la espalda a su iracundo primogénito – hazme el favor de despertarme cuando te vayas a dormir.
El Nara salió de la estancia y subió las escaleras dando fuertes pisoteadas, como siempre hacia cuando estaba enfadado. No entendía porque todo tenía que ser así, porque nadie pensaba en ellos. Para el la charla también había acabado, luego de un "ya estas grandecita para hacerlo tu sola", a su madre.
Al llegar a su alcoba, decidió desquitarse con la silla que acompañaba su escritorio, la cual voló por la habitación, golpeando con rudeza la blanca pared. Con la furia instalada dentro de él se arrojó a su cama a mirar las artificiales estrellas que salían de su proyector y que invadían el techo.
Solo pudo descansar una hora y media aproximadamente cuando se vio en la necesidad de hablar con alguien, necesitaba desfogar los sentimientos en su interior, y no dudó en marcar el número de Temari, la única persona en la que confiaría sus más oscuros secretos.
Al tercer timbre el respirar de la rubia se oyó, y luego de un breve saludo, la voz de la rubia se oyó, para como sonó supuso que la había despertado, pero después de todo el solía hacer siempre eso así que estaba disculpado.
- Lamento despertarte a esta hora Tem, necesitaba hablar con alguien.
Y ahí estaba el punto. Tal vez estaba actuando mal, no lo sabía, pero de pronto sintió una punzada de traición a su familia al revelar cosas que para muchos pensarían que sería algo netamente íntimo y que así debería quedar, sin embargo por otro lado sentía que traicionaba a Tem al no contarle lo que ocurría como siempre había hecho y como ella siempre hacía. Se sentía entre la espada y la pared. Sabía que ella era una tumba, no le contaría a nadie nada así como había hecho con todos sus secretos, pero de algún modo, sintió una vibración en su interior y la voz de su conciencia le dijo que era más prudente callar una vez más hasta que las cosas florezcan poco a poco. Y así decidió hacer.
- ¿Qué es lo que ha ocurrido ahora?
- Yo… - buscó una salida rápida a esa pregunta, era verdad. Entonces, si no era para contarle sus cosas, ¿para qué le había llamado? – la verdad, solo quería oír tu voz – sí, ahora esperaba sonar lo más real posible, aunque pensándolo bien, el siempre bromeaba así con ella, así que estaba de más ponerse nervioso o empezar a sudar.
- Bebe llorón, ya dime que es lo que quieres decirme – no pudo evitar sonreír. Bebe llorón. Maldita sea la hora en que se dejó ver llorar por la única persona que lo pudo ver, y que no sabía si era infortunio o era una bendición, pero esta había sido Temari. Había sido un día triste para él, de hecho pensándolo bien algo absurdo, pro lloró, y lloró a mares hasta el punto de terminar riendo de la ridiculez que estaba haciendo. Pero ello lo vio, y no solo lo vio sino que después se atrevió a bromar con su dolor y desde ese momento no lo dejó en paz. Solo tenía que aguantarlo, ya buscaría la forma de vengarse.
- ¿es que acaso no puedo desear oír la tierna y gruñona voz de mi rubia favorita? – y así empezó lo que sería una dispute de las muchas que tenían en broma, en donde se involucraban los celos y el "amor" que ambos se sentían. Solo que a veces le asustaba pensar que algo de eso podría ser cierto.
- ¡Shikamaru! – le regañó por alguna tontería que dijo en relación a que tenía muchas rubias en su vida – espera, pero Brie no es rubia ahora que lo pienso… - y ¡zaz! Genial, ¡gracias Temari!, gritaba su conciencia, gracias por recordarle a esa castaña innombrable – rayos, Shika, de verdad lo siento yo no… - sí, era innombrable, pueda que sea rudo, indiferente a veces y hasta ausente, pero él la quiso, y ella le rompió el corazón, así que no merecía escuchar su nombre ahora. Pero Temari no tenía la culpa, era una bocona pero no quería que se sintiera mal.
- Está bien Tem, ya no importa.
- Mierda, es que sí, yo soy una bocona… - sí, lo eres.
- Tranquila – rió tratando de restarle importancia – es un tema ya cerrado, ya no duele, hablo en serio – ¿no duele?, a quien quieres engañar.
- ¿En serio?
- Si, te lo digo en serio – por favor, ya córtala
- ¿de verdad, verdad?
- Que si mujer, de verdad – justo ahora se proponía a hablar de eso.
- ¿De veritas me hablas?
- Que si… problemática – por dios, las mujeres…
- ¿Aunque hayas admitido que estabas enamorado de ella? – si… no tenía que recordárselo.
- Si, ya basta
- ¿Aunque hayas peleado con toda tu familia por ella? – dios, que patético…
- Temari… si basta
- ¿Aunque te haya sacado la vuelta con…? – mierda…
- ¡QUE SI, TEMARI! – suspiró tomándose el puente de la nariz – ya lo he superado – ¡rayos!
- Vaya… quien como tú – gracias, al fin era caso cerrado. Tal vez no debió llamar a esas horas de la noche pensándolo bien. – que fácil es para los hombres olvidar a alguien – un momento… Temari la triste estaba de nuevo. Odiaba cuando se ponía así, no se supone que así sea Temari, ella siempre tan activa, alegre, molestosa, burlona, problemática… una mujer intensa, pero nunca tristeza. El imbécil de su ex se llevó a su Temari.
- No me digas que…
- Si, aun es difícil
- Vaya… - pues sí, si él había querido a Brie, que habría sentido Temari por Kio, su ex. De verdad se les veía enamorados, de no ser porque el idiota cortó con ella sin razón alguna. Es imperdonable terminar con una mujer tan bella, en todos los sentidos como lo era Temari, y aunque si, a veces era difícil de tratar jamás pensó que alguien llegaría a atreverse a algo así. Pero Kio lo hizo, y ahora estaba destrozada – sí que dejó una huella Kio.
- ¿Una huella? querrás decir una mancha, un… algo mucho más grande – ahora estaba él, su paño de lágrimas y tenía que arrancarle una sonrisa al menos, no quería que volviera a dormir pensando cosas tristes.
- Temari por dios, no quiero saber tus cochinadas.
- ¡Shikamaru! Por dios, estoy hablando en serio – no pudo evitar reír a carcajadas, que fácil era molestarla.
- Está bien está bien lo siento –
- Shikamaru, porque será que las personas que uno más ama, al final te dejan… - esas palabras calaron duro en él. Las personas que uno más ama al final te dejan. Que cierto era eso, cuantas personas él había perdido, en el pasado, en el presente y seguro también en el futuro. Pero Temari, ella tan duro y frágil a la vez, ella había tenido el récord mayor de todos. Verla sonreír a pesar de todo siempre le traía un nudo en la garganta, un nudo que se transformaba en una sonrisa cuando la veía - Tranquila Tem, sabes que yo nunca te abandonare.
Al cortar la comunicación, pensó que sería suficiente charla para poder dormir de una vez por todas, sin embargo el molesto pitido de su móvil se lo impidieron. Así se debe sentir Temari cada vez que la llamo. Esta vez era Choji al teléfono, no pudo evitar pensar en que lio se habrá metido esta vez su amigo.
Después de una breve charla, Choji le pidió pasar la noche en casa del Nara, había discutido nuevamente con su padre y había provocado que se le retiren las llaves de su casa y se le impida su entrada. La última vez que lo había visto había sido en la pelea de Kiba con el grupo de chicos y, aunque Choji se había mantenido al margen, había algo extraño en el que le dejaba pensando que algo le estaba ocurriendo a su amigo. Tenía un aspecto deplorable, su camisa, que siempre estaba pulcra a pesar de la actitud irreverente de su amigo, estaba sudada, ajada y desaliñada. Además éste parecía estar irritado, no solo con el sino con todos descartando la posibilidad de estar enojado solo con el Nara. Durante la pelea estuvo abstraído en otro mundo, evasivo y distante, y cuando acabó, se negó a irse con su leal amigo pues alego tener codas importantes que hacer, que no fueron cuestionadas por el pelinegro.
Ahora estaba en su casa, a las 4 de la mañana, irrumpiendo su preciado sueño. Le abrió la puerta con desgano, como todo lo que hacía. En una milésima de segundo Choji ya estaba en su recibidor, pero no estaba solo.
- Que curiosa coincidencia – dijo mientras llevaba de la muñeca a Toshino, su hermana menor – justo venía para acá cuando la pillé escapando con otro grupo de vándalos.
- ¿Qué? Toshino, que rayos pretendías – regañó a la menor en un susurro – sube a tu habitación y será mejor que te mantengas ahí – mandó con superioridad, alguien tenía que ponerle sus límites.
- Eres un idiota –le gritó al Akimichi mientras subía histérica las escaleras y tiraba la puerta de su habitación.
- Ay estas niñas. Uno las cuida y así te pagan – a Shikamaru le hizo gracia escuchar eso en la boca de su amigo, no era definitivamente la persona indicada.
- Que tanto te propones con Toshino, ya van dos gritadas en lo que va del día, y se supone que yo soy el hermano mayor – bromeó.
- Bueno, ella se estaba burlando de mi hoy, merecía una reprimenda.
- Nadie se estaba burlando de ti.
- Claro que sí, es una máquina del demonio, tú no te das cuenta pero me busca enfadar cuando nadie la ve.
- Estás loco, hermano – finalizo mientras se desplazó por el salón para subir las escaleras a su habitación.
Una vez instalados en su alcoba, Choji sacó el colchón inflable debajo de la cama del pelinegro, como ya acostumbraba a hacer últimamente.
- Y bien, ahora porqué fue – cuestionó el Nara
- Lo mismo de siempre, mi viejo se está volviendo loco, según él dice que le ha llegado información de una gran pérdida económica en uno de los casinos y a quien crees que culpa.
- A ti… - respondió inconscientemente
- A mí, claro está – bufó enojado mientras comía un emparedado sobre una de las mesitas de la habitación – uno se esfuerza de más para que otros te hunda y se lleven el crédito. Ay… esto está mal, muy mal.
- Tal vez debiste hacerme caso
- ¿de qué rayos hablas?
- ¿Ese domingo de entrada libre? Todo el mundo se aprovechó, sabrá Dios cuantos miles se perdieron ese día – se acercó a un pequeño mini bar escondido detrás de un armario, de donde extrajo un par de wiskis congelados.
- Naa yo había prometido entrada libre, y ya sabes lo que se dice – extendió la mano para recibir una de las botellas pero una incertidumbre se apoderó de él
- Un Akimichi no rompe promesas – concluyó el pelinegro mientras acercaba a chocar su botella contra la de su desorientado amigo, para luego dar un largo trago. Por otro lado, el castaño no salía de su confusión – ¿sucede algo? – intervino tratando de sacar a su amigo de su desconcierto – son de tu marca favorita, las guardé para la próxima vez que vinieras.
- Yo… - de pronto sintió que sus manos temblaban y una leve capa de sudor se apoderó de su rostro – es solo que…
- ¿te encuentras bien?
- No, no lo estoy… - concluyó – no puedo tomar hoy, lo siento – la cara del Nara era de confusión pura. ¿Choji negando un trago? Debía ser una broma. De pronto la seriedad total que sostenía se arrugo en una carcajada contenida ante la insensatez soltada por el castaño.
- ¿Estás de broma cierto?
- Te estoy diciendo que no puedo Shikamaru, para otra ocasión será
- ¿Y se puede saber que te hace negar tu trago preferido?
- Es que yo… es que estoy enfermo
- ¿enfermo?
- Sí, estoy tomando medicamentos
- ¿desde hoy?
- Desde hace un par de días en realidad, nada grave pero necesito medicarme
- Pues no te molestarte en acordarte de tus medicamentos ayer por la tarde cuando me pediste un par de rondas en el bar
- Shikamaru por favor, no presiones, te digo que no puedo, y ya – el Nara no lo podía creer, entonces hablaba en serio. Pero entonces por su cabeza pasó una posibilidad.
- No me digas que –
- ¿Qué? – el horror se apoderó del castaño, ¿lo había descubierto?
- ¿Ino te lo ha impedido?
- ¿Qué? – soltó rápidamente el Akimichi – que tiene que ver esa estúpida aquí.
- Tranquilo – se defendió alzando las manos – solo digo, a ella le gusta mandarte mucho, pensé que tenía que ver en esto
- Claro que no – contestó enfadado – esa tonta de Ino cree que puede hacer lo que quiera conmigo, pero se equivoca.
- Vamos Choji – ironizó Shikamaru – acéptalo, en el fondo te mueres por esa rubia, fue evidente tu enfado ayer cuando la viste coquetear con Sai, eres hombre muerto.
- De que hablas, tan solo la ayude a verse menos patética, solo faltaba que le caiga de rodillas y le implore que la bese
- Tsk – respondió el pelinegro con una leve risa.
- ¿Tsk qué idiota? – rápidamente se levantó enfadado el castaño – de que te ríes, ya te lo expliqué, lo que ella sienta o deje de sentir me tiene sin cuidado.
- Si tú lo dices… - respondió sin cuidado, pero al ver como se formaba el puño de su amigo, se alertó – ya cálmate, no estamos en un combate – su amigo, al ver lo ridículo que se había tornado todo, rápidamente bajó el puño y cambio la mirada, tratando de relajar el momento.
- Solo digo que las cosas como son, además – recordó mientras sonreía con malicia – he conocido a una chica.
- ¿Eh? – levantó una ceja curioso
- Nada que ver con lo que piensas – lo corrigió en seguida – he encontrado a "la chica" – finalizó.
- Tiene que ser una broma – sonrió de igual modo el pelinegro, con un aire de malicia en su mirada.
Aún estaba todo oscuro cuando sintió el tirón molesto de Choji en su brazo derecho. Por más que había tratado no pudo dormir en serio, pero al menos había mantenido los ojos cerrados esperando el ansiado momento de entregarse a Morfeo.
- Shikamaru, despierta – susurraba el castaño molestándolo.
- ¿Qué diablos quieres? – soltó mientras se giraba dándole la espalda – déjame dormir
- Sé que no estas durmiendo Shikamaru, vamos, debo irme a casa, vamos despierta.
- Es muy temprano, nadie se dará cuenta – dijo arrastrando cada palabra
- Claro que si – suspiró – tu no entiendes, solo dame las malditas llaves y sigue durmiendo.
- Ay…. – bostezó cansado – como tú quieras.
Había oído como su amigo – no sabía si lo había hecho propósito o fue el apuro – había cerrado, casi tirado, la puerta de la entrada principal y se había marchado. Miró el reloj despertador en su mesa de noche. Las 5 y media, que fastidio.
En lo que quedaba de tiempo hasta oír el molestoso sonido, solo se dedicó a repasar las cosas buenas y malas que le habían sucedido en el verano. Ese día sería el primer día de clases, su penúltimo año escolar. Cosas buenas: en primer lugar, se había divertido como ningún otro año, fiestas, alcohol, playa, piscinas, viajes, todas las comodidades que implicaban ser un Nara. Cosas malas: Brie.
Suspiró para sí mismo maldiciéndose. No quería empezar mal su día, se preguntaba si todos sus demás amigos pensarían igual. ¿Debería llamar a Temari? No, se respondió a sí mismo. Ya la has molestado hace un par de horas.
Por su mente también pasó su familia. Su padre, el molestoso viejo, solo veía dinero en todo lo que se le atravesara, y quería obligar a su hijo a ver lo mismo que sus ojos. No había nada más fastidioso que eso. ¿Y su madre? Cuando se daría cuenta que su actitud solo le hacía más daño, no a él si no a ella misma, si de por sí sola ya era una alcohólica, que sería si se enterara que su padre ya había sacado los pies del plato. ¿Acaso de volvería loca? Esperaba que no… todo esto solo perjudicaba a una sola persona, y esa era su hermana. Era aún muy pequeña para tener que soportar todo ese peso. A él ya no le importaba, si, le dolió un poco ¿y qué? El dolor ya había pasado, solo llegó a decepcionarse un poco y listo.
Esas malditas mujeres, pero que fastidio. Fuera de la habitación, desde las cinco de la mañana el servicio se encargaba de dejar pulcra la mansión. Se necesitaban 5 empleadas y una más como jefa del grupo para mantener todo en orden. Obviando claro a la cocinera y al chofer. Su padre no le había querido comprar un auto aun, más bien, ya lo había hecho, pero luego de enterarse que Shikamaru había sido detenido por manejar en estado de ebriedad y un par de palabras de cada bando, había sido liberado en menos de dos horas, su auto confiscado por su padre y un empleo matutino de castigo. Maldita sea su suerte. Ahora debía ganarse su confianza si lo quería de vuelta, pero por lo pronto acostumbrarse de ser llevado por el chofer a los lugares elegidos por su padre como adecuados, o de lo contrario ir por su cuenta y gastar su dinero, eso sí, ahora solo le llegaba la mitad que de costumbre a su tarjeta de crédito, otro regalito más de parte de su viejo.
Alargó su mano para apagar el artefacto que ya le irritaba, pero aun quedó unos quince minutos más echado pensando en las cosas.
Cuando la más anciana de las empleadas le anuncia que su desayuno estaba siendo servido, decidió levantarse a darse un baño.
Bajo sin entusiasmo las escaleras mientras con una coleta se amarraba su mediano y negro cabello. En el comedor, ya lo esperaba su madre, y a decir por las voces, su padre también estaba presente.
Tardó el tiempo necesario esperando que ya se fuera a trabajar, no quería cruzarse con el aún, cuando esto hubo ocurrido, recién dio presencia.
- Buenos días cariño – saludó alegre su madre al recién llegado. Por su imagen, se había dado un baño matutino y su semblante no estaba tan mal como esperaba – siéntate, ahora ordenare que traigan tu chocolate.
El plato de cerdo bañado en salsa y acompañado con ensalada le revolvió el estómago. No era precisamente que le desagradara, por el contrario nada le alegraba más que comer un buen banquete para el desayuno, pero como si de magia se tratara, al ver el pedazo de animal en su bandeja, lo primero que vio en la imagen fue la cabeza de su padre. Tuvo que mirar a un lado para frenar el impulso de nauseas que le obligaban a arrojarlo todo. Un cerdo, su padre. ¿Realmente era un cerdo? Por más que tratara de auto indignarse y mantenerse al margen de todo, la verdad todo le dolía, ¿Cómo pudo si quiera pensar que era indiferente? Su vida familiar era un caos, si tan siquiera su padre veía a los ojos a su madre por un segundo, ya veía en el la conciencia matándole por dentro. ¿Y si no era así? Si realmente poco le interesaba el engañar a quien se suponía fue el amor de su vida. Entonces todo se iba a la mierda. A la mierda su familia, a la mierda el amor, a la mierda él.
Su pobre madre, tan arreglada, tan hermosa ella colocándose los más caros perfumes todas las mañanas, tan siquiera esperando que su esposo la notara. Y la verdad hubo un tiempo en que todo eso pasó, el amor en ellos era tan ridículamente pegajoso que le avergonzaba solo imaginarlos. Pero ahora, tras las infinitas recaídas de su madre, tras las ausencias de su padre y tras la alerta de abandono de su progenitora, todo se había convertido en un caos. Un horrible y atroz caos del que nadie al parecer pudo recuperarse. Ni su madre, ya arrepentida de sus actos pudo devolver la esencia del patriarca de los Nara, ahora era el turno de él de rebelarse. Y todos los demás debían sufrir las consecuencias. Por eso jamás me casaré.
- ¿No piensas probar un bocado? – ¿Eh? Cuanto tiempo había estado sumergido en su mundo que su comida ya se había enfriado
- ¿Perdón? –
- Dije si no piensas probar un bocado – esa voz… ese peculiar tono de voz. Su madre y sus malditas resacas. Cuánto tiempo más tenía que seguir soportando su familia que ella lo negara, incluso su adre mismo cuando ambos hijos los habían visto discutir por lo mismo: el maldito alcohol – que sucede cariño. Últimamente te encuentro ido, ¿algún problema en la escuela, con los amigos? – Amigos… amigos. Mierda. Había casi olvidado que Choji le pidió que llegara temprano, quería enseñarle algo, o alguien– sabes que puedes contárselo a mamá
- Descuida madre, no me sucede absolutamente nada
- ¿Estás seguro, Shika? llevas 15 minutos picando ese pedazo de cerdo y aun no te llevas bocado a la boca, tesoro sabes que a mí no puedes engañarme –
- Es solo que – trató de buscar una rápida salida – casi olvidaba que Choji me pidió llegar temprano hoy, y ya se me hace tarde – dijo mientras se levantaba para retirarse.
Después de una rápida despedida y tomar su chaqueta y su mochila, se dirigió al coche donde su chofer ya lo esperaba con la misma falsa sonrisa de siempre. Bastardo.
Cuando bajó de la limusina supo que iba a esperar los gritos del castaño, faltaban diez minutos para la reunión de bienvenida y su amigo le había pedido meticulosamente que llegara una media hora antes. A lo lejos lo divisó conversando con Temari hasta que ella se despidió y se marchó. Por dentro sonrió al verla, se veía linda en el nuevo uniforme, ya después la buscaría para saludarla.
- Que rayos sucede contigo, mejor hubieras venido para la hora del almuerzo Nara – se quejó el castaño al verlo
- Disculpa, tuve un contratiempo
- Si claro, contratiempo – regaño mientras se dirigía adentro.
- Entonces, ya dime quien es la famosa chica de la que me hablaste anoche
- Aun no la he visto llegar, tal vez se retrasó un poco, pero descuida, dentro de poco la conocerán todos antes que acabe el día estará a mis pies en mi cama mamándomela
- Ay ya… no quiero detalles tan temprano – se quejó con indiferencia – además, sabes que el hecho que la conozcas le da una cierta desventaja, los demás chicos dirán que haces trampa.
- No creo que quieran pensar eso cuando la conozcan, es más, por ahí viene.
Justo en el momento en que Shikamaru era arrastrado por su amigo hacia la entrada, un grupo de jovencitas – de un nivel inferior – les cerraron el paso.
- Shikamaru – sonrió coqueta la más baja mientras se acariciaba el cabello – es una gran alegría saber que este año decidiste quedarte con nosotros.
- Hola chicas – sonrió despertando su lado seductor.
- Si, casi nos morimos cuando nos enteramos que había la posibilidad que te mudes a otro país. Felizmente no fue así – esta vez fue una morena la que habló.
- Si… está aquí con nosotros – intervino Choji irritado – al igual que yo, Choji, junto a ustedes.
- Choji – rápidamente la tímida jovencita que había hablado se sonrojó al darse cuenta que tenía la mirada de él posada en ella – es…estamos felices por ti también – dijo mientras sentía como todo su cuerpo ardía de la vergüenza.
- Sí, me alegro – contestó de mala gana el castaño – y ahora, si no les molesta tenemos cosas que hacer chicas – dijo mientras jalaba y alejaba al pelinegro de la multitud – las veo luego.
- Si – respondieron al unísono – esperamos verlos en la cafetería….
Las ultimas frases no pudieron ser oídas por el par, de igual modo poco les interesaba. El castaño, amargado por haber perdido de vista a su víctima, caminaba irritado de un lado a otro buscándola, mientras al pelinegro no le quedó más que seguirlo.
Había ya sonado la campana cuando el par estaba mirando – por no decir espiando – a una castaña alumna guardando sus cosas apresurada en su locker.
- Bien, si es ella que esperamos para acercarnos – dijo el pelinegro mientras se ponía de pie.
- ¿Acaso estás loco? – lo detuvo el castaño – que parte de "esa chica es de armas tomar" no entendiste. Por ahora mírala bien y después pensaremos en algo.
- Vamos viejo, esto es ridículo, que haremos si alguien nos descubre viéndola, será vergonzoso, yo me largo – terminó cuando se puso de pie en dirección al gran salón.
- Bien, como quieras, pero después no quiero oír tus quejidos cuando sea yo quien les gane - alardeó.
- Pff – bufó el Nara antes de desaparecer de la escena.
Por suerte había llegado antes que la ceremonia acabara, Ino ya estaba dando su discurso – y todavía quien – sobre como debe ser un alumno de elite en esa escuela. Rápidamente ubicó a Temari con la mirada, y cuando la tuvo en su mirada le marcó para hacerle notar su presencia. La rubia le sonrió en respuesta.
Eran ya las doce del mediodía y su estómago ya estaba empezando a sonar de hambre. La clase de geografía se había tornado realmente aburrida y solo esperaba que el largo palito en el reloj sobre el maestro Phine marcara la hora del almuerzo. Necesitaba un respiro.
Se reunió con sus amigos en la mesa "principal" de la cafetería, y era principal porque así había sido apodada por todos, los mismos que los llamaron los B4 y que los tenían como el grupo favorito de la escuela. Todo giraba en torno a ellos. Ya desde que apareció en la estancia, las miradas de todos, chicos y chicas estaban puestos en él y éste, acostumbrado ya a ese clímax, se dirigió sin titubear a su tan aclamado sitio.
Temari e Ino ya estaban sentadas, y apenas lo vieron llegar la sonrisa de ambas y la amena conversación no tardó en llegar.
- ¿De verdad solo piensas comer eso? – dijo mientras veía a la rubia de ojos celestes picar con esmero una simple ensalada en su plato – te morirás de hambre.
- Son los sacrificios que toda chica debe hacer si quiere verse más hermosa – contestó la rubia devorando un pedazo de lechuga – además no tengo tanta hambre y necesito verme delgada.
- Tranquila – respondió sonriente el Nara – estas tan delgada que si te veo de perfil desapareces – bromeó sacando risas en la otra rubia, mientras Ino, con ojos esperanzados, se tomó a pecho el comentario de su amigo.
- ¿de verdad lo dices? – preguntó emocionada – entonces, tal vez hoy me dé el gusto de comer un postre – dijo la hambrienta chica poniéndose de pie.
- ¿Postre tú? – rápidamente Choji se unió a la conversación – vamos, si quieres bajar todos esos kilos de más que llevas encima será mejor que te vayas olvidando de eso.
El comentario golpeó el ego de la rubia quien, en lugar de mostrarse enojada con el castaño, optó por ponerse de pie y tomar su bandeja directo al Temari de basura.
- Que idiota – le regaño Temari, mientras le daba un pellizco – ¿era necesario que digas eso?
- Vamos – se defendió el castaño – ya debe darse cuenta que solo estaba bromeando.
- Pues ve a decírselo tú mismo pues al parecer no se lo tomó así – respondió enojada obligándolo a ponerse de pie.
- Vaya, que complicadas son las mujeres – se alejó tratando de detener a la rubia.
- Solo ustedes saben ponerlo en su lugar – rompió el silencio mientras daba un mordisco a su sándwich de pollo.
- No entiendo como puede ser tan idiota a veces – rio la rubia – no entiendo cómo podemos soportarlo.
- Vamos, es un buen chico – defendió a su hermano.
- Y tú, como has estado
- Bien, desde la última vez que hablamos
- Si, fue hace tanto, aunque pareciera que hubiese sido ayer – rio la chica.
- Si, ayer. Pues, no ha ocurrido nada interesante desde entonces.
- Respecto a… - entonces trató de disculparse – sé que no debí mencionarla, es solo que me preocupo por ti Shikamaru
- ¿Eh? – de nuevo mencionándola. ¿Qué le ocurría a su amiga? – descuida, ya te dije que es un tema que ya no me interesa.
- ¿Qué cosa no te interesa? – Choji e Ino volvían a la mesa, al parecer habían hecho momentáneamente las paces
- ¿Tú siempre tan metiche Akimichi? – contraatacó la Yamanaka – cuando cambiarás…
Tanto Shikamaru como Temari rodaron los ojos, sabían que se venía una nueva discusión, y al parecer Ino ya estaba en sus cinco sentidos para defenderse.
- Entonces… - mencionó Temari antes de dar una cucharada a su enorme helado – todo ese asunto con Brie, se podría decir que esta, ¿acabado? cielos, Shika, lo lamento, sabes que si necesitas algo de apoyo, estaremos aquí para ti – Shikamaru sonrió débilmente, si, él sabía que ellos estarían a su lado.
- Pfff… claro que sí, y yo sé lo que necesita – cortó Choji, pasando un brazo alrededor de su cuello – chicas
Por un momento ambas chicas hablaron sobre sus dones mujeriegos mientras solo les quedaba defenderse. Además de que se quejaban, precisamente Ino no era la indicada para hablar del tema. De pronto una quinta persona se acercó a la mesa llamando la atención del cuarteto.
- ¿Choji? – una bella chica se acercó a su amigo con mucha más confianza que la adecuada para acercarse a dicha mesa, y más aun con la presencia de ese par de rubias que ahora miraban con ojos saltones la escena.
- Pandora – entonces la reconoció – por favor toma asiento – era esa chica. Por dios, su amigo se estaba volviendo loco.
- No puede ser…. – de pronto ahora era Ino quien llamó la atención de todos con ese débil pero suficientemente audible sonido.
- Cho-Choji… -
- ¿Qué sucede? –
- Tú los sabes Choji… no puedes – entonces entendió a que se referían las chicas. Estaba prohibido invitar a alguien más que no sea del grupo a su sagrada mesa, solo los cuatro tenían derecho a sentarse ahí.
- Oh vaya… así que es ella… - entonces… después de aquella frase soltada por la más osada de las rubias, todo se volvió un caos.
- Es ella la famosa golfa – si hubiera sabido que todo lo que vendría estaría por suceder, ya se hubiera marchado rápidamente de esa mesa. Lo que menos le gustaba era ser señalado por los demás, y era eso precisamente lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Podía ser tan igual como ella, pero su honor estaba en juego, y esa beca universitaria también.
- Pe-pero que rayos Ino – soltó fastidiado ya que ahora tenían las miradas atentas de todos sobre su mesa.
- Suéltame, idiota, me haces daño – ahora Choji estaba fuera de sus cabales, lo que significaba que faltaba poco para ser el momento en que el intervenga - Sucede que el cerdo aquí presente ha invitado a la señorita zorra del año a la habitación que es nuestra para poder tirársela
- Maldita sea – oh no, los descubrieron.
- Bueno si, pero no, no con ella, maldita sea, Ino – el castaño estaba nervioso, lo habían metido en un gran aprieto – ¿y tú? – volteó a verlo de pronto, entonces se dio cuenta que había ayudado poco a arreglar la situación– ¿es que no piensas decir algo?
- Yo… per Choji, tu sabes, la regla, esa habitación no puede ser usada para eso – rápidamente trató de soltarse de ese asunto, sin saber que su amigo iba a dar un contraataque.
- Que sínico… - lo miró acuchilladoramente – recuerdo que fue hace una semana cuando tú también le diste un buen uso… - MI-ER-DA.
- ¿Qué? – ahora Temari lo veía a él enfadada, ¿o era acaso decepción?
- Cho-choji – lo calló enseguida – ese era un secreto, rayos.
- Ag… no puede ser, ustedes dos sí que son del asco. Temari…
- Vamos, amiga – y muy dignas ellas, las que osaron armar semejante espectáculo, se retiraron dejándolos a ellos con todo el peso de la culpa, y claro, a aquella nueva chica, que no sabía dónde meter la cara.
- Yo, juro de veras que te compensaré esto, disculpa – su castaño amigo de pronto se dirigió a donde iban las chicas, así que no le quedó más que ponerse de pie alertado por los posibles problemas.
Estaba por retirarse cuando vio a la extraña chica con la mirada perdida, juraba ver un atisbo de lagrima asomarse por sus ojos. Sintió pena.
- Disculpa – le dijo, mientras sujetaba su mano invitándola a bajar la grada – no sé qué ha ocurrido pero juro que no siempre es así. Como dijo Choji, lamentamos lo ocurrido.
La chica entonces se sonrojó ligeramente, y mirando a su alrededor – donde al parecer todos se habían marchado ya – sonrió recuperándola dignidad que había perdido.
- Gracias.
De pronto unos gritos llamaron su atención en el pasillo contiguo, y escuchar el nombre de Choji, volviéndose loco y maltratando a Ino le alertaron.
Rápidamente corrió en esa dirección, y mientras se abría paso, pudo ver a un descontrolado Choji empujar con fuerza a la Yamanaka contra la pared y empujar a Temari tan fuerte para hacerla caer. Algo dentro de él se encendió. Debía separarlos.
- Ya basta imbécil – como pudo, logro separarlo de la rubia, quien cayó aturdida al piso y fue auxiliada por su amiga.
- Esto no se queda así Ino, ME OÍSTE – siguió gritando Choji fuera de sí mientras la señalaba, mientras Shikamaru trataba de llevarlo a los baños para tranquilizarlo – YA ME HARTE DE TUS MAMADAS.
- Ya cierra la boca idiota – lo callaba, no quería llamar la atención de más gente – y ustedes largo de aquí, que no ven que su espectáculo ya acabo – grito enojado a un grupo de jóvenes que no hacían más que tomar fotos del asunto.
En un descuido, rápidamente el Akimichi se soltó de un empujón, aunque el pelinegro no resulto del todo afectado, si le dolió, y no solo su cuerpo, que su amigo haya actuado así con el también.
- QUÍTAME LAS MANOS DE ENCIMA – sus ojos parecían de un loco, estaba fuera de si – NO ME TOQUES NARA, TE LO ADVIERTO – grito, mientras a rápidas zancadas, se alejó del sitio, dejándolos a todos en el más profundo estado de shock.
En las siguientes horas de clases, su mente ya no estaba presente, sino más bien repasaba una y otra vez que es lo que le podía estar sucediendo a su amigo para haber actuado de esa manera. Ino a veces era insoportable, no podía negarlo, pero tampoco era para tanto. Había tratado de localizar al castaño en las siguientes horas, solo para descubrir que se había marchado de la escuela.
Cuando la campana de fin de clase sonó, se dirigió cansado de todo a la entrada de la escuela, cuando divisó a la rubia cabeza sentada en una de las escaleras, tomando un jugo.
- ¿Bonita mañana, verdad? – rápidamente se sentó a su costado, esperando animar un poco la alocada tarde que habían pasado.
- No esperé ni en mis sueños que pasara esto – aceptó la rubia.
- ¿Espera, acaso tú sueñas? – bromeó, recordando cuando su amigo le confesó que consumía pastillas para el sueño, las cuales le hacían dormir profundamente, y claro, le borraban toda posibilidad de soñar.
- Cállate, tarado. ¿Y cómo esta él?
- ¿Quién, Choji? Bastante mejor, supongo.
- Es que no puedo creerlo, porque haría algo así, y todavía con Ino.
- No lo sé sinceramente, Choji estuvo actuando muy extraño a decir verdad los últimos días. Estaba realmente irritado, debiste verlo ayer en mi casa, ¿puedes creer que discutió con Toshino de la nada? – recordó lo ocurrido el día anterior.
- ¿Es en serio?, vaya, tal vez necesite alguien que converse con él, que le cuente sus problemas.
- Naa no creo, ¿Choji contando sus problemas?, es un chiste, verdad – sabía que tenía razón, pero quería evitarse toda la pereza que eso implicaba.
- Aunque no lo creas, hasta el más duro de los duro, a veces necesita alguien con quien desfogarse.
- Como estas tan segura, geniecita – dijo sobando su cabeza mientras la despeinaba.
- Porque te conozco – soltó la rubia, provocándole sentimientos de ternura, quien tras meditar en lo que había dicho, optó por abrazarla por los hombros.
Mientras veían a los demás salir con rumbo a sus autos esperándolos, o algunos, dispuestos a marcharse de pie, no pudo evitar pensar en lo mucho que todo eso se asemejaba a su vida. Su padre y madre siempre discutiendo, temiendo el momento en que uno de los dos explote y llegue a darse terribles consecuencias. Tal vez ya era hora de confesarse y detener el problema de raíz.
Holaaaa, como se habrán dado cuenta, cada capítulo esta narrado desde la perspectiva de uno de los personajes principales, y por ende el nombre del capítulo se basa en dicho personaje. Primero fue Pandora (la chica X), luego fue Temari y ahora le toca a Shikamaru. espero que les haya gustado esta historia. debo decir que es un poco larga y tendrá una segunda temporada (o como le quieran llamar. también debo decir que es un poco trágica. y tranquilos, sean pacientes, el ShikaTema pronto llegará ;). Próximo capítulo: INO.
