Ninguno de los personajes me pertenece, son obra de Rumiko Takahashi. Lo único mío es la historia, hecha sin fines de lucro, sólo para entretener.

Advertencias: Este fic NO es apto para menores de edad o personas sensibles. Puede o no contener: Violencia, crack, lenguaje explícito o hiriente, AU, OU, Post manga, semi AU. Lo que es seguro que contenga: Lemon y lime. Los capítulos no tienen relación entre sí, en caso de tenerlo será aclarado al inicio.


Capítulo II. Espejo empañado.

Miraba a la silueta femenina ir y venir en la habitación: Ella colocaba la pierna sobre una elegante silla y la encremaba, luego repetía el proceso con la otra extremidad. La crema sin aroma, de células madre –o al menos eso decía el empaque caro– se iba deslizando por la piel tersa. Los brazos, torso y rostro ya estaban listos en uno o dos parpadeos. Ella le dirigió una mirada indiferente al espectador. Quien sonrió divertido, mostrando los dientes, en un gesto despreocupado y completamente natural. Él ya se había vestido, algo casual para la ocasión, al mismo tiempo elegante. Tan sólo esperaba tranquilo y paciente a que su compañera terminara para que pudieran salir.

Aunque claro, a InuTaisho nadie lo invitó, él simplemente había decidido que estaría todo el día con su mujer. Importándole poco si Irasue tenía planes, o no. Caprichoso como un niño, ¿quién diría que el gran empresario podría comportarse de esa forma? Quizá más de uno lo adivinaría, tampoco era un hombre tan complicado.

Las delgadas piernas se movían de aquí para ella sin preocupación alguna. Un vestido elegante en color turquesa atavió pronto el cuerpo esbelto, un sencillo corte princesa que caía justo sobre la rodilla, abrazando el cuerpo de forma sutil. De nuevo la vio caminar, esta vez se detuvo en el tocador, sus dedos y largas uñas decoradas por una manicura francesa rebuscaban en un joyero. Algunos aretes eran sobrepuestos en las orejas de la fémina, y luego eran descartados. Hasta que un par de gotas de cristal translúcido con puntas de oro captaron lo suficiente la atención como para ser seleccionados. El cabello, ya seco, fue peinado en una sutil media cola que lucía el largo cabello plateado, pero al mismo tiempo dejaba el rostro libre de cualquier mechón que quisiera taparlo.

Para terminar el conjunto, un par de zapatos de tacón fueron seleccionados y colocados sobre los pies cubiertos por un par de medias. Finalmente, Irasue tomó el bolso que contenía su cartera y tarjetas y se dispuso a salir, caminando hacia la puerta de su habitación sin decir nada al que le hacía compañía.

—Qué cruel eres, ¿Ni siquiera me vas a avisar que ya vamos a salir? Después de que te estuve esperando tanto tiempo— Inutaisho había tomado rápidamente su saco y se lo había colgado al hombro. En unos cuantos pasos estaba junto a su mujer, fuera de la habitación, e incluso cerró la puerta por ella. Hizo un fingido diálogo de drama, tras el cual sonrió, claramente divertido.

—No tendría por qué darte algún aviso— a pesar de sus palabras, la mujer ahora caminaba a un paso considerable, con lo que ambos podían ir al mismo rimo —. No sé por qué te empeñas en estorbarme ¿te has pensado en qué pasa si alguna otra mujer va conmigo? Tu presencia sólo la incomodaría. Además, voy a salir a comprarme ropa ¿no se supone que a los hombres no les gusta eso?

El otro río discretamente, le encantaba cómo su mujer lograba seguir con sus juegos, aun en medio de esa faceta indiferente o enfadada —No importa cuántas chicas vayan contigo, ni me notarán. Seré como un perrito detrás de ti… Como en la secundaria ¿recuerdas?— el tono fue coqueto, directo e incitante.

Ambos se detuvieron en la puerta de entrada, ella lo ignoró y puso la mano sobre el pomo, dispuesta a abrir. Pero fue interrumpida al sentir un peso extra sobre sí. Su esposo le detuvo también la mano y pegó su cadera a la de ella, de forma malintencionada —¿Qué estás haciendo, InuTaisho? Se me hará tarde— intentó sonar molesta, pero tuvo qué apretar los labios en cuanto sus senos eran envueltos por las manos de él, buscando y encontrando el pezón sobre las capas de ropa. Quería apartarlo, pero su cuerpo no le respondía… Hacía tanto que no estaban juntos.

—Sólo quiero pasar tiempo contigo hoy. Quedémonos aquí— le susurró al oído, sus ansias creciendo a cada segundo debido al espectáculo de desnudez que recibió antes. Vaya que tuvo que resistir no echársele encima.

—¡Déjame, quiero salir!— finalmente había logrado hacer que su cuerpo se moviera, lo apartó con un movimiento rápido y abrió la puerta, su rostro estaba sonrojado y aunque no lo admitiera, el corto contacto casi logra truncar sus objetivos del día. Apretó los dientes mostrando su descontento y le dirigió una última mirada mientras se alejaba.

Él resopló al verla alejarse, pero no por ello borró su sonrisa. Si lo que ella quería era salir, cumpliría el capricho, después de todo al parecer ella no se notaba del todo indispuesta. Probablemente después de que ella cumpliera su cometido, él haría lo mismo con el propio, en cuanto regresaran a casa.

Caminó hacia su auto, en el cuál su mujer ya se encontraba de pie, esperando. Probablemente lo haría pagar por ese pequeño atrevimiento, pero había valido la pena.

Abrió la puerta del copiloto y la invitó a entrar, pero ella le rechazó y se limitó a estirar la mano. Él arqueó la ceja, sin querer creer lo que ella le pedía.

—¿Qué esperas?—le sonrió astuta— Dame las llaves. Ya que insistes en ir, imagino que sabes que yo soy la que conducirá TU auto. No tengo por qué gastarme la gasolina del mío, y como es mi salida es obvio que yo seré la que conducirá.

Esa mujer lo iba a matar con un vaivén de emociones que iban desde lo frígido, pasaban por lo discretamente divertido, y volaban hacia lo absolutamente pasional. Ella era astuta y tramposa. Magnífica y hermosa… Lo hacía elevar el vuelo y tocar de vuelta la tierra en cuestión de segundos. Le devolvió la sonrisa y le entregó las llaves del auto "resignado", pronto tomaron sus posiciones e iniciaron el viaje.


Como él se lo esperaba, a unas tres horas de iniciada la travesía ya se encontraba pagando su penitencia: Cargaba un montón de bolsas con ropa y accesorios, cajas de zapatos y algunos regalos de cortesía dados por los dueños de un par de tiendas. Resopló mientras acomodaba una bolsa resbaladiza por cuarta vez, estaba seguro de que ella ni siquiera planeaba llevar tanto desde el principio, seguramente era para fastidiarlo un poco.

La observó detenerse frente al aparador de otra tienda, una de ropa elegante pero más casual. Se giró un poco a observarlo y le sonrió con cierta malicia para después entrar. InuTaisho no pudo evitar girar los ojos, ahí se agregarían otras dos bolsas, por lo menos.

Sus propios planes eran totalmente distintos en cuanto salieron de casa, pero ninguna de sus estrategias para seducirla y desviarla de su camino le habían resultado. Ahora tenía que estar ahí, sentado, esperando que Irasue terminara de cambiarse y ver si la ropa era de la talla correcta o era menos bonita de lo que ella pensaba. Mientras vagaba entre sus pensamientos encontró una idea que le agradó, le provocó una sonrisa maliciosa y un estremecimiento ante lo posible que de inmediato se llevó todo el mal humor que había acumulado. Se puso de pie para poder analizar el terreno con el pretexto para sí mismo de que tan sólo estiraría las piernas –no, señor, él no estaba pensando ninguna locura–. Se encontraban en un probador privado, había dos cortinas: La primera, era la que separaba al resto de la tienda de ese probador. La segunda la que lo separaba a él de su mujer y el espectáculo de caras que tal vez ella estaría haciéndole al espejo. Mientras estudiaba la situación la vendedora atravesó la primera cortina con un vestido más para su clienta, lo entregó eficazmente y se alejó unos cuántos pasos para dar mayor privacidad a la mujer dentro del cambiador. InuTaisho la observó quedarse de pie, lista para ser de ayuda y cumplir su deber. Él no pudo evitar chasquear la lengua, tuvo que regresar a su asiento, frustrado. Al parecer no podría ser. Metió las manos a los bolsillos de su pantalón y se puso a jugar con las llaves que guardaba en uno de los lados mientras intentaba distraerse de los pensamientos que habían surgido en su mente.

Hasta que un nuevo destello de esperanza surgió.

—Quiero esta falda en una talla más grande. Me queda justa de la cadera, no será cómodo andar con esto— Irasue sacó la cabeza por la cortina borgoña y entregó la falda a la chica, quien palideció notoriamente.

—Pero, señora… No tengo una talla más grande en este modelo. Verá: La línea sólo sacó tallas específicas y no creo que yo pue-

La mirada fría y discreta de Irasue calló a la pobre mujer al instante. Quién le sonrió torpemente y negó con las manos —Pero no se preocupe, estoy segura de que algo haré. No importa si debo rehacer la falda yo misma.

Tan rápido como pudo, la joven salió del vestidor a hacer algún milagro. En tanto Irasue bufaba y volvía a meter la cabeza dentro del pequeño cambiador.

Sintió una presión sobre su espalda y una presencia que para nada debería estar ahí. No había regresado sola, se vio sorprendida por su esposo, quién rápidamente entró detrás de ella y se posicionó a su espalda, sujetando su cintura y provocando un pequeño brinco en respuesta al atrevimiento.

—¿Qué crees que estás haciendo? ¡Largo de aquí!— Sintió cómo lo empujaba, pidiendo con sutileza que su orden fuera cumplida antes de que lo hiciera de una forma que lo dejaría lastimado. Debía actuar rápido, sabía que ella estaba más dispuesta de lo que aparentaba, tal vez no a esa locura, pero sí a estar con él. Quería por lo menos intentarlo, lo necesitaba, su imaginación lo había alentado.

—No quisiste ir a un hotel, o quedarte en casa. Así que aprovecho tiempo. Por favor, no hagas mucho ruido, o nos van a descubrir— pegó su cadera a la de ella, disfrutando de tenerla sólo en ropa interior. Dio un ataque directo, mordió el hombro que aún tenía residuos de sabor a crema, justo en un área que bien sabía, hacía que toda su piel se estremeciera.

—¡Que me sueltes! ¿Acaso crees que somos adolescentes, InuTaisho?— su piel se erizó, y tuvo que apretar los dientes ante ese ataque tan bajo, su cuerpo no pensaba lo mismo que ella y no tenía forma de ocultarlo. Le arrancaría la cabeza, y no sería la cabeza que la mordió.

No más palabras, ya no quería perder tiempo, estaban exponiéndose y era su responsabilidad cuidar que no pasaran por una mala experiencia, sino todo lo contrario. Rápidamente una de sus manos elevó el brasier color turquesa de fino encaje por encima de los pechos y jaló uno de los pezones, poniéndolo erecto ante el rose de su mano fría. La otra mano tiró del puente de la pantaleta a juego, y sin retirar esta, dejó expuesta la intimidad de su mujer. Buscando y acariciando el clítoris, jugueteando con los movimientos y las sensaciones que sabía podía provocar en ella.

Irasue quería alejarlo, en algún lugar de su mente deseaba eso, sin embargo, la situación la estaba envolviendo. Era excitante, prohibido, delicioso. Le recordaba aquellos días de preparatoria en los que era le chica que hacía lo que quería sin importarle nada. Con la vida adulta llegaron más responsabilidades y a pesar de que su alma continuase igual, debía dejar de ser tan caprichosa.

Pero no ahora. No con él, que la dejaba ser tal cuál era y la entendía. Mucho menos cuando un juego tan atrevido estaba a su disposición y hacía que su cuerpo entero temblara deseoso.

Dejó escapar un pequeño gemido con tintes de reproche mientras él llenaba de besos su cuello y hombros, ambos cerraron los ojos, degustando las sensaciones, relamiéndolas incluso antes de que la situación pasara. Abriéndolos solamente para buscar la mirada del otro.

Irasue sintió el pene de su esposo restregándose contra la entrada de su vagina, esparciendo la lubricación de ambos por su vulva. Él se había movido rápido, alentado por la sonrisa que ella formó sobre sus labios y que él pudo ver gracias al espejo. Abrió las piernas para darle mejor acceso y se inclinó levemente. No tardaron en unir su carne, tuvieron que retener los sonidos productos del placer mientras las embestidas hacían que Irasue fuera invadida una y otra vez por InuTaisho. Un vaivén de placer que hizo que el espejo fuera empañado por el calor de sus respiraciones, ensuciado por el sudor que emanaban sus cuerpos. Porque la adrenalina los hizo sudar, podían escuchar claramente las voces en el exterior, pasos que vagaban de ahí a allá, pasaban cerca o se alejaban. Tuvieron que contener la respiración más de una vez, a veces por culpa de nos nervios, otras por los besos que aprisionaban sus labios y sus lenguas empujaban en un juego de pasión que los inundaba.

Unos pasos apresurados y nerviosos los alertaron, dejándolos estáticos, reconocían el sonido del tacón corrido golpeando el suelo –o al menos Irasue lo reconocía—. Los dejó momentáneamente quedos justo en el momento en el que ella estaba por llegar al cénit, cortándola de tajo y provocándole frío en todo el cuerpo. Un poco más y habría tenido que ahogar un grito de placer, aunque probablemente habría terminado saliendo.

—Volví, señora, disculpe mi tardanza— la chica atravesó la cortina que la llevaba al cambiador con una falda en las manos. Su mirada se cruzó con la del hombre que estaba sentado en el pequeño banquillo de afuera del cambiador, algo extrañada con la coloración de la pálida piel y el sudor que había por su rostro.

—¿Sabe si el aire acondicionado funciona?— la voz salió un poco más grave de lo normal, sin embargo ella no le tomó importancia, estaba ya demasiado nerviosa.

—Disculpe, justo en la mañana se descompuso. Normalmente nuestro establecimiento funciona bien, pero al parecer alguno de nuestros clientes nos jugó una mala pasada. Incluso las cámaras de seguridad quedaron fuera de servicio— El hombre de ojos dorados abrió la boca y después la cerró para pasar saliva. Tuvieron mucha suerte, o el destino confabuló con ellos.

Irasue asomó la cabeza a través de la cortina, llevaba el cabello suelto y el ceño ligeramente fruncido. Observó la falda que la empleada cargaba en el brazo y estiró la mano con ella —Me la llevó, no importa. Espera aquí afuera en lo que me cambió para que llevemos mis cosas a la caja.

La chica movió la boca, con intenciones de hacer alguna pregunta, después de lo que le había costado conseguir una falda más grande, y la clienta ni siquiera se la probaba. Sin embargo, Irasue no le dio oportunidad. Al menos se llevaría la prenda. Se resignó y quedó de pie, esperando tal cuál se le había pedido.


Durante el regreso InuTaisho llevaba el volante, miraba de vez en cuando por el retrovisor a su esposa, quién iba en el asiento trasero. Se detuvieron en un semáforo en rojo, ambos estaban envueltos por un silencio, pero no uno incómodo. Bastó una sonrisa cómplice para que en el momento de que el semáforo se pusiera en verde el auto tomará una pequeña desviación en vez de seguir la ruta a casa.

Después de todo, habían dejado algo pendiente.


Llegué y apenas derrapando. Por eso pido disculpas por lo mal que pudo haber quedado este capítulo, créanme que yo hubiera querido mucho más para él, pero las circunstancias no me lo permitieron. Agradezco que hayan llegado hasta acá, y también doy gracias a YumiPon, quien logró ayudarme para que fuera lo más decente.

No olviden que en la actividad hay más fics participantes y que se abrirán votaciones. Vayan a leer y voten por su favorito.

Dejaré el fic abierto por si algo se me llega a ocurrir después.

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