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CAPÍTULO 40:

"Almas despertando"


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Kurt lo miró atónito.

—¿Qué?

—Deseaba agradecerte por ser bueno y comprensivo con lo que había ocurrido y tuve el impulso de darte un beso en la mejilla, pero me miraste como si estuviera haciendo algo malo, y yo… no-no creí que te molestara.

—¿Qué? ¡No! ¡En lo absoluto! ¡Jamás me molestaría que tú…! ¡No! ¡Te juro que no fue así! ¡Oh, por Dios! Ahora entiendo por qué actuabas de esa forma.

—Tal vez pienses que es una tontería o que soy un inmaduro, pero después de la manera en la que me mostraste tu preocupación y apoyo por lo mal que me sentía, que me rechazaras fue confuso, y debo admitir que hasta doloroso.

—No te rechacé, nunca podría. No sabes cuánto lo lamento. Es que fue un movimiento inesperado y me sorprendió, pero eso fue todo. Yo… yo, de verdad no…

—Sí, ya entendí. Tiene lógica lo que dices.

—Si pudiera retroceder el tiempo.

—No hay nada por lo que debas preocuparte.

—Te provoqué un malestar horrible y te generé muchas dudas. Claro que estoy preocupado y completamente apenado.

—No tienes por qué estarlo. Ahora sé lo que ocurrió.

—Aun así, me siento terrible. Nunca, jamás haría algo para lastimarte.

—Te creo, Kurt. Veo la sinceridad en tus ojos.

—Si hubiera sabido que…

—¿Cómo podrías? Sólo tuve un impulso y… —negó con la cabeza— Lamento haberlo tomado de esa manera. Me dejé llevar y asumí cosas que no son.

—No, no, Blaine. Obviamente te impactó, te resintió, o… o… Es que no puedo ni imaginar cómo te sentiste en ese momento. Te juro que nunca fue mi intención, y soy yo quien lo lamenta.

—No necesitas seguir disculpándote, de verdad te creo. Fue un mal entendido por parte de los dos, pero ya quedó aclarado.

—¿Seguro?

—No tendría por qué mentirte. ¿Qué objetivo tendría si lo que quería era esclarecer las cosas?

Kurt respiró profundamente.

—Gracias por hablar conmigo. Estuve como loco pensando en qué podía haber ocurrido para que estuvieras actuando así, y ahora que lo sé, no puedo culparte.

—Lamento que me tomara tanto tiempo venir. Necesitaba calmarme y analizar todo detenidamente.

—Tú tampoco tienes porqué disculparte. Lo importante es que lo estamos hablando. No me gustaría que volvieras a pensar algo como eso ni que tuvieras dudas sobre si puedes acercarte a mí. Claro que puedes abrazarme y besarme tanto como quieras y… Amm… me refiero a…

—Sí, sí, entiendo. Somos amigos, no tiene por qué ser raro… aunque la sociedad piense lo contrario.

—Exacto. Las muestras de afecto jamás tendrían que ser extrañas o mal vistas —Blaine asintió—. Entonces, ¿estamos bien?

—Sí. Estamos bien.

Kurt lo observó en silencio. Había algo en aquellos ojos dorados que era diferente, aunque no lograba descifrarlo. Una mezcla de nostalgia y ¿decepción quizá? Pero eso no tendría sentido. Debía tratarse de algo que ocultaba por alguna razón, lo cual tampoco sería lógico ya que estaban siendo sinceros.

—¿Hay algo más que quieras decirme?

—De hecho, sí. Hay otro tema del que necesitamos hablar.

—Por supuesto. ¿De qué se trata?

—De Alejandro.

—Blaine…

—Para mí es importante que lo aclaremos.

—Está bien —exhaló.

—Me gustaría saber por qué reaccionaste así cuando empecé a hablar de él.

—No quiero que nadie te haga daño en ningún sentido ni que se aproveche de ti.

—A lo largo de mi vida han sido pocas las personas genuinamente buenas conmigo, y él es una de ellas.

—Es un hombre mayor y…

—¿Nunca has tenido amigos que no sean de tu edad?

—Honestamente, no. A excepción de ti, claro. Pero ese no es el punto, sino que…

—¿Te importa que yo sea menor que tú? ¿Te incomoda de alguna manera? ¿Ha hecho que nuestra amistad sea difícil?

—Conoces la respuesta a cada una de tus preguntas, y es no.

—Para mí tampoco ha sido un impedimento. Lo nuestro surgió por la química que tenemos, la conexión que se ha formado entre nosotros, los momentos que compartimos, las cosas que tenemos en común, el estar pendientes siempre el uno del otro, el cariño que sentimos. Así también sucedió con Alejandro, y no, no es que te compare con él ni con nadie, porque nuestra relación es diferente en cierto modo y tú eres especial para mí, simplemente de eso se trata la amistad.

—Sé a lo que te refieres. Tengo a mis mejores amigos, así que lo entiendo, pero no todas las personas son…

—Te agradezco que te preocupes por mí, pero te puedo asegurar que él es un extraordinario ser humano, y no voy a renunciar a su amistad sin importar lo que digas.

Alejandro es bueno, muy bueno en realidad, de esas personas que te inspiran confianza desde que las conoces y que te transmiten buenas vibraciones todo el tiempo.

—Bien… Sólo espero que no te equivoques con él y cuando menos lo imagines te haga pasar un mal momento.

—No lo hará. Confía en mí. Sé la clase de persona que es.

—Si tú lo dices.

—¿Por qué estás enojado?

—No, en lo absoluto.

—Yo también te conozco lo suficiente como para saber cuándo estás mintiendo. ¿Por qué te molesta tanto que sea mi amigo?

—Ya te lo dije, pero no me escuchas. No quiero que te lastime.

—No se trata de que no te escuche sino de que lo conozco bien, y cuando te lo presente sé que me darás la razón. Hasta podrían ser buenos amigos.

—¿Cuando me lo presentes?

—Así es. Realmente me gustaría que lo conocieras en algún momento.

—¡Oh!

Blaine no podía tener algo con el tal Alejandro si quería que lo conociera. Tal vez la relación de ellos sí era únicamente de amistad.

Al pensar en ello Kurt sintió cierto alivio… pero ¿por qué? Era innegable que no quería que lo lastimaran, mas lo que estaba sintiendo no tenía que ver con eso. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué le molestaba la sola idea de que Blaine estuviera saliendo con alguien?

—Kurt…

—¿Ah?

—Te estaba hablando y de pronto te quedaste en el limbo.

—Disculpa, ¿qué me decías?

—Que cuando regresemos podríamos ponernos de acuerdo para reunirnos con Ale.

—¿Ale?

—Alejandro… ¿En qué estás pensando que te tiene distraído?

—Ah, sí… sí, claro. Podemos organizar algo.

—¿Seguro?

—Amm… sí. Quiero conocerlo, y desde ahora te digo que voy a analizarlo muy bien para cerciorarme que realmente es la clase de persona que dices.

Okay, papá —hizo un pequeño gesto, y Kurt levantó una ceja—. Y ahora que todas las dudas han sido despejadas, ¿podemos disfrutar del resto de la tarde?

—Claro. Nada me gustaría más —sonrió.

Blaine correspondió la sonrisa honestamente.

—Hay algo que no logro sacar de mi mente y tengo que preguntarte. ¿Por qué viniste a la piscina? De todos los lugares en los que podrías estar, ¿por qué elegiste este? Después de lo que ocurrió con Matt, no pensé encontrarte aquí.

—Por favor, no lo menciones —hizo una mueca—. Es una coincidencia nada más. Caminaba por el hotel pensando en muchas cosas y cuando me di cuenta, estaba aquí. El clima está perfecto, supongo que fue eso lo que me trajo inconscientemente ya que en esta área puedes disfrutar del sol y la brisa al mismo tiempo.

—Sí, el clima está increíble. Deberías cambiarte de ropa y aprovechar la piscina.

—Tú también.

—Me da recelo porque se ve muy honda.

—Lo es, pero hay un lado más alto y podemos quedarnos ahí.

—Me gustaría, pero prefiero evitarlo.

—¿Por qué?

—Te olvidas que no sé nadar.

—Eso no es problema. Puedo enseñarte.

—No, está bien así.

Ante la sorpresiva respuesta, Hummel se inclinó y lo tomó de la mano.

—¿Por qué no quieres? ¿Qué ocurre? No seré un entrenador certificado, pero puedo enseñarte.

—No lo dudo, es sólo que…

—Blaine…

—Amm…

—Por favor, dime.

—No tengo un traje de baño.

—¡Oh! ¿Qué te parece si vamos de compras?

—¿De compras?

—Sí. Yo también necesito algunas cosas y podemos aprovechar…

Aun cuando Blaine no estaba muy convencido debido a que no tenía presupuesto, el entusiasmo con el que el decorador hablaba lo animó para acompañarlo.

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—Deberías probarte este —dijo Kurt entregándole a su amigo un traje de baño azul—. Creo que te quedaría muy bien.

Blaine lo observó y al disimulo buscó la etiqueta con el precio.

—No, no es para mí. Quizá algo más sencillo.

—¿Por qué? Está genial. Yo sí voy a probarme uno de estos, y el de acá también —tomó varias prendas y arrastró al menor hacia los vestidores.

—Te entusiasma mucho esto de la ropa, ¿eh?

—Sí, mucho.

Tras lo que pareció una eternidad esperando, Anderson tocó la puerta.

—¿Todavía no encuentras algo que te guste?

—Todos me gustan, pero no estoy seguro de que me queden bien.

—¿Por qué?

—No me he ejercitado en un tiempo y… —suspiró— Tal vez debería ponerme algo que me cubra más. ¿Tú qué piensas? —abrió la puerta y salió portando un diminuto pantalón de baño de color gris con diseños blancos, el cual dejaba muy poco a la imaginación.

¿Blaine? ¿Blaineee?

—¿Qué?

—¿Tan mal luzco que no puedes darme una opinión? ¡Lo sabía! —se cubrió con los brazos— Estoy fuera de forma y…

—¿Estás loco? —cuestionó mientras luchaba con todo lo que estaba sintiendo al poder apreciar la anatomía del diseñador— ¡Luces impresionante! ¡Ya quisiera cualquiera tener un cuerpo como el tuyo!

—No es cierto… Dante decía que cuando dejaba de ejercitarme mi físico…

Blaine pestañeó un par de veces asimilando lo que acababa de escuchar, y sus ojos viajaron directamente hacia el rostro de su amigo, quien se veía consternado, y por segunda ocasión en ese día su corazón dolió, aunque por razones diferentes.

¿Cómo era posible que alguien como Kurt se sintiera así de inseguro? Esa era una faceta suya que jamás hubiera imaginado.

—Te ves radiante —dijo con seguridad.

—Lo dices para hacerme sentir bien.

—¿Confías en mí?

—No sé qué tiene que ver, pero sí.

Anderson se acercó y lo tomó de los hombros, haciéndolo girar y dirigirse hacia el espejo. Suavemente sujetó sus manos y las fue apartando hasta que la nívea anatomía quedó expuesta.

—Todos los tipos de cuerpos son hermosos y perfectos tal y como son, y tú eres magnífico. Sólo mírate con atención y saca de tu mente cualquier cosa que te hayan dicho personas que no fueron capaces de apreciarte.

—No es que él no me apreciara. Siempre decía lo mucho que le gustaba, y me lo demostraba. Simplemente me aconsejaba entrenar porque me hacía lucir mejor.

Blaine inhaló y contuvo el aire durante varios segundos antes de dejarlo salir por la nariz.

—Bueno, él estaba equivocado, porque luces increíble aunque no te hayas ejercitado en un tiempo, y siempre lo has hecho.

—Antes tenía más musculatura y estaba más firme. Con tantas cosas que han pasado me he descuidado.

—¿Te gustaba hacer ejercicio? Honestamente.

—Está bien hacerlo por salud, pero detestaba mis rutinas porque eran muy agotadoras.

—¿Al menos estabas feliz con los resultados?

—Amm… Eso creo. A Dante…

—No él. Tú. ¿Cómo te sentías al respecto?

—Supongo que no pensaba mucho en eso… Lo que quería era no dejar de gustarle —bajó la mirada—. Pero él también tenía rutinas rigurosas. Decía que debía verse bien para mí y por…

—¿Lo que dice la sociedad?

Kurt movió la cabeza hacia un lado y cerró los ojos.

—¿En qué momento me convertí en esto? Siempre aborrecí todo lo que estuviera relacionado con las absurdas reglas y exigencias de la sociedad o el qué dirán, por eso tenía problemas con mi padre… y mírame ahora.

Blaine tenía tantas emociones contradictorias recorriéndolo que no sabía qué decir o hacer. Finalmente le tocó el hombro con suavidad y lo presionó ligeramente. Hubiera preferido abrazarlo, pero dada la escasez de ropa de su amigo consideró que no era apropiado.

—Son ideas equivocadas —susurró—. Y lo bueno de las ideas es que puedes cambiarlas.

Kurt abrió los ojos, pensativo. Su hermana, quien era considerada la rebelde de la familia, alguna vez le había dicho algo similar mientras conversaban.

Sus ojos se dirigieron sin prisa hacia el espejo frente a él y se observó durante varios segundos en completo silencio.

—Creo que es muy corto. Mi ropa interior me cubre más.

—¿Y qué hay de malo en eso? Si te gusta, úsalo.

—No sé… Me parece que es muy atrevido para ponérmelo en el hotel. Quizá algo un poco más arriba de la cadera y más largo de piernas.

—Si quieres ponerte uno diferente, está bien, pero hazlo porque así lo deseas y no por otras razones.

—Había uno verde que tenía el tiro más alto. Ese es más apropiado.

—Lo que importa es que te guste y te sientas cómodo, aunque te aseguro que este te queda perfecto.

Kurt contempló la sinceridad en los orbes dorados a través del cristal y suspiró.

—Creo que voy a llevarlo también, pero no para usarlo en el hotel… Gracias —sujetó la mano que reposaba sobre su hombro y se quedó en silencio al observar el reflejo de ambos en esa posición.

—Lamento la intromisión —dijo un joven muy serio de no más de veinte años—, pero lo que hacen es prohibido.

—¿Disculpa? —inquirió el mayor dando la vuelta.

—Es una persona por vestidor.

—Sí, claro —respondió Blaine, sin embargo, Kurt no lo soltó.

—No estamos usando el vestidor los dos. Él me está ayudando a elegir.

—No lo sé. Voy a hablar con mi supervisor —respondió poco gustoso y se dio la vuelta.

—Creo que debería salir para que te cambies —dijo Blaine algo nervioso.

—No dejes que te intimide. No estamos haciendo nada malo ni yendo en contra de las reglas. Soy el único usando este vestidor.

—Ah, sí… claro… Tienes razón.

—¿Ya elegiste tu traje?

—Amm… no.

—¿Por qué?

—Estaba pensando en cortar un pantalón y…

—¿Qué? ¿Por qué harías algo así?

—Un traje de baño no es algo que vaya a usar en otro momento, y gastar en eso no…

—Tú no vas a pagarlo. Yo lo haré.

—Te lo agradezco, pero no.

—Blaine, fue mi culpa no haberte dicho que trajeras algo para usar en la piscina cuando me preguntaste por la ropa que ibas a necesitar, así que me corresponde hacerme cargo.

—Pe-pero…

—Me preguntaste, y me olvidé de ese detalle. Lo correcto es que yo lo compre.

—Amm…

—Fue cien por ciento mi culpa. Déjame solucionarlo ahora.

El chico suspiró, pero sonrió al ver de regreso la determinación de Kurt mientras hablaba.

—Disculpa que te interrumpa, pero ¿no crees que es un gasto innecesario? No voy a usarlo después de que volvamos a casa.

—Ya pensaremos en algo —le guiñó—. Ahora ve y elige los que te gusten.

—El. Uno es más que suficiente.

—Todo lo que te haga falta. Me estoy dando cuenta de que olvidé decirte que empacaras varias cosas.

Al salir de la tienda, una hora después, llevaron todas las bolsas al auto.

—Tengo hambre —dijo el diseñador.

—Yo también.

—A unas pocas cuadras hay un local muy bueno de comida.

—Genial —acomodó todo y cerró la puerta.

—¿Por qué no te subes?

—Dijiste que está a pocas cuadras. Podemos ir caminando.

—¿Caminando?

—Sí. ¿O no es seguro dejar el carro aquí con todos los paquetes?

—Sí. Es muy seguro.

—¿Entonces para qué vamos a moverlo con el trabajo que nos costó encontrar dónde estacionar?

—Tienes razón —asintió y cerró la puerta de su lado—. Es mejor si caminamos, y ya cuando salgamos del restaurante podemos dar un paseo.

—Suena bien, pero ¿y la piscina?

—Al regresar podemos ir, o mañana. Tenemos varios días para disfrutarla. A menos que quieras que volvamos pronto y…

—No, no. Me gusta la idea de pasear y conocer el lugar.

Las siguientes horas fueron de total diversión para los amigos, dejando en el olvido los problemas personales y a cualquier persona o situación por la que estuvieran atravesando.

—¡No es posible! —exclamó Kurt llevando las manos a la cintura— ¡Tú ya sabías jugar billar y sólo fingiste para que bajara la guardia!

—Claro que no. Tú me enseñaste a jugar.

—No, señor. No es posible que te haya enseñado hace poco y que me ganaras dos veces.

—Tres.

—¿Qué?

—Esta es la tercera vez que te gano —dijo con una sonrisa traviesa.

—¿La tercera? —recapituló mentalmente— ¡Oh, sí! ¡Es cierto! Con más razón me niego a creerte.

—Eres un buen maestro.

—Aun así, la experiencia es importante y tú… No, no, no.

—Es un don natural —sonrió.

—Exijo la revancha, Anderson. Y no tendré consideración.

Blaine soltó una carcajada.

—Será entonces una batalla a muerte, Hummel.

—No espero menos.

El juego continuó hasta que fue anunciado que el local iba a cerrar.

—Eso fue divertido —dijo Blaine con una gran sonrisa mientras salían a la calle—. ¿Y ahora a dónde vamos?

—Hay un bar al final de la cuadra. La mayoría se reúne ahí para cantar —observó su reloj—. A esta hora ya está abierto.

—¡Quiero ir! —exclamó emocionado.

—Seguro —sonrió—. Será bueno escucharte cantar otra vez. Hace ya algún tiempo que no lo hago.

—Podrías un día acompañarme a la estación del metro.

La idea llenó de alegría al de ojos claros. Ese lugar era especial para él porque estaba lleno de gratos recuerdos.

Resultaba casi inverosímil todo lo que había sucedido desde la primera vez que estuvo ahí y escuchó aquella voz que lo cautivó por completo.

»¿Estás seguro de que es aquí?

—Sí, siempre ha estado en la misma cuadra del billar.

—Pues no parece que esté funcionando —se asomó por la pequeña ventana de cristal que resaltaba en la puerta.

—Eso es raro… Voy a preguntar —se dirigió al local que estaba al lado.

Blaine aprovechó que tenía el celular y tomó varias fotos. El lugar le encantaba porque transmitía cierta magia difícil de explicar pero que se sentía en todo momento.

—¿Qué pasó? —preguntó al ver al diseñador acercarse.

—Se cambiaron a un local más grande que está a varias cuadras de aquí.

—¿Te indicaron cómo llegar?

—Sí.

—Entonces vamos. No perdamos tiempo.

Una vez en el bar eligieron una mesa cerca del pequeño escenario y disfrutaron del espectáculo.

"Muchas gracias por apoyar a nuestros artistas locales" —proclamó un hombre muy jovial que no pasaba de 50 años—. "Y ahora es el momento para los aficionados, los amantes del karaoke y todos los que deseen subir a demostrar su talento y ganas de divertirse. El escenario es todo suyo".

Varias personas fueron pasando una tras otra mientras los presentes disfrutaban y aplaudían sin importar si quienes estaban al frente eran virtuosos o no atinaban ni una nota.

—¿Qué esperas? Sube a cantar —dijo un Kurt entusiasmado animando a su amigo.

—Tú también deberías hacerlo.

—¿Yo? ¡Ni de broma!

—¿Por qué? Recuerdo que me dijiste que te gusta cantar y bailar.

—Pero parece que olvidaste la parte de que no lo hago en público, y a solas tampoco lo he hecho en un largo tiempo.

—Y qué mejor que este momento para retomarlo.

—Debes estar bromeando.

"¿Alguien más va a subir? No sean tímidos. Aquí nadie va a juzgarlos" —el hombre caminaba entre las mesas ofreciendo el micrófono.

—Di que sí —sonrió el de ojos como la miel—. Quiero escucharte cantar.

—Yo quiero escucharte. Te lo dije desde que salimos del billar.

—Canto si vienes conmigo.

—¿Qué?

—Un dueto.

—¿Un dueto?

"Última oportunidad, amigos. No se van a arrepentir".

—Sí. Me encantaría cantar algo contigo.

—Suena tentador, pero no voy a subir a un escenario a ser juzgado por un montón de desconocidos.

—Por si no lo notaste, aquí nadie está criticando ni señalando con el dedo.

—Quizá otro día. Ahora sube al escenario.

—Si tú cantas, yo canto.

—Blaine Anderson, ¿me estás chantajeando?

—No —lo tomó de la mano y lo miró directo a los ojos—. Te lo estoy pidiendo.

"¿Nadie más se atreve?"

—Nosotros —el menor levantó la mano.

—Blaine, no…

—Por favor.

"Aquí tenemos a una hermosa parejita que quiere compartir su talento con todos" —se dirigió hacia la mesa y le acercó el micrófono a Kurt.

—Nosotros no…

Antes de que terminara de hacer la aclaración, sintió la mano de Blaine sujetando la suya con más fuerza y dirigió la mirada hacia él.

Ahí bajo la tenue luz que ahora los iluminaba, el chico con rizos que caían por los costados de su rostro lucía etéreo, y todo a su alrededor se desvaneció. Kurt sabía que estaban rodeados de personas, no obstante, lo único que podía mirar era aquel rostro precioso con ojos soñadores y la más dulce sonrisa.

"Ustedes no, ¿qué?"

La voz del sujeto junto a él lo trajo de regreso, y sacudió la cabeza intentando entender qué había sido eso.

—No sabemos lo que vamos a cantar —respondió Anderson—, pero nos vamos a divertir mucho.

"Eso es lo que quería escuchar" —exclamó a través del micrófono— "¿Y cuáles son sus nombres?"

—Blaine.

"¿Y el amigo completamente enamorado?"

—Ah… Kurt —respondió algo aturdido al darse cuenta de que se refería a él.

"Entonces tenemos ahora a Blaine y a Kurt listos para prender nuestro escenario".

Ambos se pusieron de pie, pero Hummel no se movió de su lugar.

—Lo siento. —susurró Blaine al darse cuenta—. Si no quieres o no te sientes cómodo, está bien.

Kurt no dijo nada y empezó a caminar observando aquellos rostros extraños que evocaron los recuerdos de aquel día en el que se estaba divirtiendo con sus amigos, pero que ante los ojos de los presentes su comportamiento había sido inapropiado para alguien de su clase.

Ya en el escenario, respiró profundo, mas su nerviosismo era evidente.

—No estás con esas personas —musitó Blaine—. No tengas miedo de divertirte.

El diseñador asintió. Era cierto, no estaba en su círculo, nadie lo conocía, no era Kurt Hummel el decorador ni el hijo del gran empresario. Nadie le preguntó su apellido, con su nombre había bastado. Era simplemente Kurt. Tal vez estaba fuera de práctica, pero podía hacerlo.

—¿Cuál vamos a cantar?

—Estas son buenas —señaló el menor en la pantalla—. ¿Conoces alguna?

—Amm… Sí, sí. Esta.

—¿Qué partes vas a cantar?

—Empieza tú… Yo… yo te sigo.

—Ok… ¿Estás…?

—No me preguntes si estoy seguro o listo, porque entonces voy a salir corriendo. Sólo hagamos esto.

Blaine le dio un ligero apretón en la mano antes de presionar el botón que daría inicio a la melodía.

Estrofa tras estrofa el de ojos claros se fue relajando. Los presentes aplaudían siguiendo el ritmo, algunos hasta cantaban con ellos, y Blaine tenía una energía deslumbrante que podía intimidar a cualquiera, pero no a él porque la forma en la que lo miraba le transmitía confianza.

Antes de notarlo, la canción había terminado y las voces al unísono pedían otra.

"Al público hay que darle lo que quiere" —proclamó el gerente, y los presentes aplaudieron—. "Adelante, chicos. Este es su momento".

—¿Te gusta esta? —preguntó Blaine con el dedo sobre la pantalla.

—Esa, esta, o la que prefieras —le acarició el dedo disimuladamente.

Una canción más rítmica los tenía bailando de forma tan sincronizada que cualquiera podría pensar que lo habían ensayado o que llevaban mucho tiempo haciéndolo.

Finalmente, el lugar cerró en medio de personas que se acercaban al par para felicitarlos o preguntarles si se presentaban en algún lugar para ir a verlos.

La euforia de los chicos era impresionante, sobre todo la de Kurt, quien no daba crédito a lo que había ocurrido.

—¡Fue increíble! ¡Hace tanto que no experimentaba algo así!

—Me alegra mucho, aunque confieso que cuando te levantaste luciendo nervioso, me di cuenta de que había cometido un error porque no era mi intención que te sintieras presionado.

—No puedo explicarte lo que estaba sintiendo, pero te aseguro que no fue un error. Nadie podía obligarme. Si no hubiera querido, no lo habría hecho, y no me arrepiento porque estar contigo en ese escenario fue extraordinario. Gracias —sonrió—. Gracias por ayudarme a confiar y hacer esto posible. Si no fuera por ti, jamás me habría atrevido.

—Sólo quiero que seas tú, que disfrutes la vida y tengas toda la felicidad que mereces.

Kurt suspiró y su sonrisa se volvió más amplia.

—Me siento muy, muy feliz. Cantar contigo ha sido una de las mejores experiencias de mi vida y…

Mientras el castaño hablaba, Blaine sacó el teléfono y lo empezó a filmar.

»¿Qué haces? —indagó curioso al notar lo que su amigo hacía— ¿Por qué me grabas?

—Me encanta verte así, tan feliz, tan libre. Y sé que este día no lo voy a olvidar nunca, pero quería capturar el momento para que cuando tengas dudas acerca de algo, mires el video y recuerdes como el ser tú mismo te hizo sentir.

—Blaine… —lo miró incrédulo y al mismo tiempo conmovido— Aún sigo sin entender qué hice para que llegaras a mi vida —acortó la distancia entre ellos de forma suave pero segura, y le besó la mejilla, muy cerca de los labios.