Shitty Summer
Algo había ocurrido. De eso estaba segura y bastante asustada. Karen llevaba poco más de 20 días sin sus padres, los que habían vuelto a su hogar, mientras que junto a Kevin debió quedarse en casa de sus abuelos, pensando en lo incierto que se había vuelto todo.
Y eso, le frustraba terriblemente.
Además, para hacer todo más complicado, el cambio no se había dado con tranquilidad o de manera paulatina. A su gusto, había sido brusco, desconsiderado y todas las ideas que pudo haber pre concebido de lo que sería su relación con Frank al volver, se habían ido al traste.
Él no se lo había dicho, pero era obvio.
Frank había conocido a otra chica. Y sabía que su nombre era María.
Esa mañana, el calor la había despertado antes de que el sol saliera, así que solo se había cubierto con las sábanas. Sintió una fuerte punzada en su bajo vientre y luego el líquido tibio viajando al sur de su cuerpo. Le habían dicho que era perfectamente normal, ella estaban creciendo y su organismo adaptándose a tal cambio, pero había sido uno que no había querido ni esperado, al igual que lo ocurrido con Frank.
Karen se levantó y fue al baño de su habitación, eliminó la compresa y se metió a la ducha, desde hace días que odiaba a su cuerpo y sentía que esos sentimientos estaban saliendo de sus poros para comenzar a esparcirse hacía todos a su alrededor. Era tan simple hacerlo e imaginarlo; si no fuera por sus padres y abuelos, ella estaría en casa y de seguro Frank no la habría olvidado, no la habría cambiado.
Con el día de ayer, ya iban cuatro en los que Frank no la llamaba o contestaba. Y con ello su molestia había crecido, volviéndose evidente, lo veía en el rostro de sus abuelos y cómo es que Kevin prefería jugar solo en vez de molestarle. Además, odiaba cuando eran los padres de Frank quienes contestaban, el tono de pena o culpa de la señora Castle cada vez que le decía que su hijo no estaba, o como es que el señor Castle lo justificaba, diciéndole que había estado muy ocupado, odiaba el calor de Vermont y lo muerta que parecía la ciudad en comparación a su casa, odiaba tener que vigilar a Kevin y fingir, cada vez que cortaba el teléfono, que no le importaba si es que Frank estaba o no y, sobre todas las cosas, odiaba estar en aquel palacio blanco, ensuciándose día a día, sin poder saber que era lo que realmente ocurría.
Se paró frente al espejo desnuda y notó que era demasiado escuálida, no tenía ni los atributos, ni las curvas que había visto en otras chicas a su edad. Estaba segura de que si Frank la había olvidado era por una chica que, claramente, debía ser mucho pero mucho más hermosa. Y lo cierto, es que le parecía que no debería ser muy difícil encontrar una, menos si se comparaba con ella; sus pechos le dolían constantemente y su madre le había dicho que era porque estaban creciendo. Ella no lo veía así, solo eran dos pequeños bultos vergonzosos y amorfos, siquiera requerían el uso de un brasier, sus caderas se cortaban contra el espejo como si fueran cuadradas y no curvas, seguía siendo demasiado pálida.
Y le parecía, más que nunca, que se había vuelto un fantasma.
Ese día, en que sus calambres aumentaron, decidió volver a la cama ahí, al menos, tenía algo parecido al descanso, así que cuando su abuela envió a Maggie por ella, la vio en tal mal estado que la excuso de todo lo que tenían planeado ese día.
Le trajeron un té de manzanilla y algunos antiinflamatorios que la ayudarían a soportar el dolor. Se quedó todo ese día ahí, en posición fetal presionándose una bolsa de agua caliente contra su pelvis, tranquilizándose cada vez que el dolor remitía.
Y ese día, como los anteriores, Frank tampoco llamó.
Debió haberlo notado en cuanto comenzó a hacer más cortas sus conversaciones, debió haberlo sospechado cuando aquél nombre comenzó a repetirse.
"Maria dice que es mejor esperar hasta finales del otoño"
Al principio había creído que se trataba de alguna mujer de más edad.
"Maria y los chicos me han invitado al parque" "A María también le gustan"
Y aun así no tuvo el valor para preguntarle quién demonios era Maria, entonces era cuando pensaba en el "Después que" ¿Le exigiría que terminara lo que sea que tuviera con ella? Solo se habían besado dos veces, y en ningún momento pensaron en que más pasaría. Solo que se llamarían, y ella había cumplido cada día. Hasta que claro las respuestas de Frank comenzaron a ser cada vez más forzadas y sus silencios más extensos. "Te llamaré mañana, debo salir" "No, no creo que pueda a esa hora" "Debo irme, lo siento" y desde entonces no había tenido más respuesta, no al menos, de Frank.
Demasiado orgullosa para admitir la pena, internamente Karen también había mandado a Frank al diablo. Si él no estaba dispuesto a darle algunos minutos, claramente ella no lo buscaría. Fue así como ella también dejó de llamarlo.
De eso habían pasado cuatro días y ya el quinto, la furia de Karen había remitido a la pena y el desasosiego en el cual, su actual estado la había sumido.
Su abuela acudió a su habitación ya pasada la tarde y cuando entró, enfundada en un vestido verde agua Karen recordó el rencor que había sonado en la voz de Frank cuando los trato de "elegantes" algo que, definitivamente, su abuela era.
― ¿Cómo te has sentido pequeña? ― preguntó, a lo que Karen solo asintió, se sentó cruzando las piernas, acomodándose dentro de las posibilidades que su compresa lo permitía.
― Bien abuela gracias, pero creo que estoy hecha un desastre ― su abuela hizo un gesto con su mano.
― Tonterías, no es la obligación de ninguna mujer estar todo el tiempo "presentable" ― la forma en la cual destacó esa palabra, haciendo el gesto de las comillas le sacó una sonrisa ― lo que si veo es que estas triste… ― la risa se esfumó y Karen bajó la cabeza ― ¿Es por ese muchacho Frank? ― Karen sintió el impulso de llorar, pero no lo hizo.
― Es solo un amigo ― dijo mirando a su abuela.
― Debe ser un muy buen amigo ― Karen sonrió, pero no hubo alegría en sus ojos.
― Lo es, solo quizás tiene cosas importantes que hacer ― su abuela se sentó sobre un pequeño sofá color damasco.
― ¿Y qué es lo que hace este chico? ― no era algo de lo que Karen quisiera hablar, pero le pareció que de no hacerlo solo se evidenciaría aún más.
― Toca la guitarra en una banda y juega Fútbol y Hockey.
― ¿Y todo eso es más importante que llamarte? ― Karen retrocedió, y algo en su cabeza le dijo que no revelara nada sobre María.
― Quizás ― su abuela negó.
― Karen, quiero que entiendas esto desde ahora. Nadie, nadie es más importante que tú, menos un deporte para idiotas.
― ¡No es un deporte para idiotas! ― reclamó ella. Su abuela solo bufó.
― 10 hombres siguiendo un disco, 20 hombres siguiendo un balón de cuero, arriesgan sus cuerpos y su cabeza, se golpean libremente solo para sentir superioridad sobre otros en un tema que, seamos honestas cariño, solo les interesa a ellos. Dime ¿Cómo eso mejora la vida de las personas? ― aquello ofusco a Karen.
― Abuela, yo hago patinaje, también por puntos. El deporte es bueno para el cuerpo.
― En eso estamos de acuerdo, pero no me pidas que considere el fútbol o Hockey como bueno para el cuerpo. Y tu querida… lo que tú haces es danza sobre hielo, y la danza es un arte, la danza transforma la música y el sonido en imagen, ¿acaso has visto alguno de esos idiotas en sus armaduras crear algo hermoso de algo aún más bello? ¡Por supuesto que no! Porque lo que hacen no crea nada, solo golpea y destruye ― en eso se inclinó y la miró fijamente ― y eso, querida mía, no es más importante que tú.
Sin quererlo, Karen comenzó a sonreír e incluso su cuerpo se sintió más liviano.
― Así que la próxima vez que creas que lo que ese Frank haga es más importante que tú, recuerda que ahora eres una mujer, el ser más valioso del planeta ― Karen estaba conmovida, lo suficiente como para levantarse y darle un apretado abrazo a su abuela.
― Gracias ― le dijo. La mujer, como consuelo, le acarició los cabellos y le besó la cabeza.
― Bajemos, Maggie te hizo un pastel de frutas.
Esa noche sus calambres se mitigaron hasta casi desparecer, aún seguía la molestia de su compresa, pero no era nada que no pudiera sobrellevar.
El día siguiente amaneció tan radiante y con una temperatura tan fresca que lo primero que deseó Karen fue en ir al lago, casi no pensó en Frank o María, aunque el recuerdo la traicionó cuando vio la guitarra de su padre, aun así no se dejó vencer por ello y, con todo el ánimo que un día así podía otorgar acompañó a su abuela y a su hermano al mercado, para luego ir con su abuelo a pescar, ella no atrapó nada, pero ayudó a Kevin a coger un pequeño pez el cual no supo identificar, después de la foto de rigor ambos lo soltaron de vuelta al lago y volvieron a casa, en el camino Karen tropezó y quedó sucia con barro en sus piernas, brazos y algo en la cara, pero no le importó.
Su abuela apareció en el vestíbulo, con sus movimientos elegantes y seguros, más una mirada llena de confianza hacia ella.
― Teléfono Karen ― le dijo ― es Frank ― Karen la miró en silencio y cuando habló dijo:
― Me siento muy sucia, iré a bañarme ― su abuela asintió y cogió el teléfono de vuelta.
Karen la escuchó cuando le dijo.
― Lo lamento, no está disponible ahora ¿Tienes algún mensaje?
Y si bien se sintió correcto hacer eso. Una leve punzada de molestia se anido en su pecho, inquietándola de una extraña manera.
Maria se dejó caer, literalmente, de culo sin importarle las heridas o si su atuendo se estropeaba por la suciedad. Había corrido todas las gradas sin que nadie pudiera alcanzarla, se había sacado la gorra para atrapar la pelota de baseball, pero cuando esta, inesperadamente cambio el curso Maria debió retroceder un par de pasos, el suelo estaba resbaloso por el agua y cuando quedó sentada en este la pelota, casi, se deslizó en la gorra.
Había sonreído orgulloso. Y efectivamente como lo dijera, parte de sus jeans, así como la blusa que usara habían quedado manchados de lodo, pero a ella parecía no importarle, solo llegó con ellos en medio de las ovaciones de los presentes, agitando las manos y pidiendo más aplausos, él accedió y le siguieron Curtis y Billy.
Cuando María estuvo a su lado, la abrazó tranquilo y ella lo besó sin preocuparse de nada, miró a su alrededor y en general, nadie parecía prestarles más atención, excepto las chicas. Frank asintió con la cabeza, a modo de saludo, aunque no recibió el mismo gesto.
Jessica le hizo un asentimiento aburrido, Trish bajó la vista cuando sus miradas se cruzaron, como si no pudiera… no, como si no quisiera tener contacto con él y, seguidamente, con la mano apoyando su rostro le alzó el dedo medio. Marci, en tanto, fue mucho más explícita, al abiertamente hacerle el gesto sin tratar de disimular nada. Había sido una consecuencia que no pensó se daría, sobre todo por como las chicas habían recibido a María, algo que él calificó de la mejor manera. Había esperado que Karen no dijera nada, pero, ese verano había comenzado a vislumbrar los entramados de la amistad femenina y cómo es que esta, diferente a lo que creyera, se establecía llena de lealtad y alineamientos.
Así que más que molestarse por ser tan abiertamente despreciado, sencillamente volvió a sentir curiosidad por ellas, por todas ellas. Incluso si la respuesta era mucho más obvia de lo que nadie creyera; la llegada de María al grupo los había dividido. No había sido desde el principio, claro. De hecho, estaba seguro qué habían pasado solo un par de semanas cuando las chicas comenzaron a ignorarlo, solo Jessica mantuvo su saludo con él con el mismo desdén con el cual siempre le había tratado, pero Marci y Trish, directamente comenzaron a planear panoramas sin que él estuviera incluido, o si alguna salida o reunión los juntaba los grupos… se dividían.
Le resultaba difícil creer que Karen organizara algo así desde tan lejos. Lo veía más como una treta de Marci, a la cual Trish, por lealtad se había unido. O, porque quizás, pensaban que era un cerdo, eso dependía si es que Karen les había contado, o no.
Además, aquello explicaba la reacción de ellas cuando, días después de presentarla al grupo llegara con María de su mano, sus ojos no solo habían cambiado, sino que se llenaron de un sentimiento que Frank había visto muchas veces antes; desprecio.
― Que se vayan a la mierda ― le dijo Billy ― tu no vives tus días para complacerlas. No eres propiedad de nadie Frank y solo te debes explicaciones a ti mismo.
Aquello le había servido como aval para estar con Maria y caminar tranquilamente en el grupo que eran, incluso si ellas preferían no acompañarlos.
¿Y qué pasaba con Karen?
Bueno, Karen ya no le contestaba el teléfono. En un principio creyó que algo le había ocurrido. Luego supo por la señora Page que no era así, que Karen estaba bien. A menos de que ella le mintiera.
Y, considerando lo tenso que se había vuelto ese verano, no sabía que tan probable era eso.
Se sentaron y volvieron su atención al partido. Eran los últimos días del verano y la noticia de que María comenzaría el octavo grado en su escuela lo tenía ansioso, tanto como imaginar el regreso de Karen. Pero lo cierto es que no habían quedado en nada, fuera de los besos y llamarse.
Cierto, la había jodido, al principio mientras hablaba con ella la imagen de María se colaba en su cabeza, luego cuando María comenzó a frecuentar su casa era ella quién se interponía, sin saberlo, en las ganas de Frank de hablar con Karen. Y cuando los panoramas los unían, ya fuera para ir a la piscina o a un picnic en Central Park, sencillamente no tenía tiempo para estar pendiente de las llamadas de Karen.
Luego cuando no contestó, y no llamó el primer día no le pareció, en lo absoluto grave, al segundo día dudó si llamarla, pero ya cuando el tercer día pasó supo que en realidad no necesitaba hacerlo. Al cuarto día María lo había besado, y Karen había salido de su cabeza solo para llenarse con pensamientos de él y María. Al quinto día él la había besado y se sintió tan diferente de Karen, al punto en que sus prioridades se ordenaron. Quería estar con María, le gustaba su cabello, sus ojos oscuros, su piel, la forma en que sonreía y cómo es que sus ojos brillaban con él.
Cuando se decidió a devolver los llamados, dejó de lado su vergüenza y culpa, supo que lo haría porque debía contarle a Karen, porque él no tenía paciencia para tonterías. Solo que en ese momento fue Karen quién no le contestó. Se había sentido molesto y dolido. Pero le sirvió de aliciente para saber qué hacer. Si Karen quería ser infantil, él tenía María, una muchacha mucho más valiente y madura que Page.
Page.
Fue a la salida del partido en donde se encontraron.
El parque de diversiones se había instalado cerca del estadio, razón por la cual resultaba casi lógico que al salir de ahí todos fueran a este. Las luces de la rueda y los carruseles más el ruido le habían obligado a acercarse cada vez que María le hablara.
― ¿Cómo estás Frank? ― la voz de la señora Page lo capturó justo en medio de un chiste que Billy contaba.
Antes de contestar vio que Karen estaba ahí de la mano de su padre y que no le rehuía la mirada.
― ¿Cómo esta señora Page, Sr. Page? ― saludó Billy ― Hola Kevin ― el niño asintió mientras comía palomitas de maíz.
Solo entonces su voz salió.
― Muy bien señora Page ¿Usted como esta?
― Bien Frank ¿Quiénes son tus amigos? ― Frank miró a Billy.
― Bueno a Billy ya lo conoce, él es Curtis y ella es María ― la señora Page extendió su mano y saludo a ambos muchachos.
― Eres una belleza ― le dijo a Maria a lo que esta solo asintió ruborizada.
― Ella es mi hija Karen ― presentó la señora Page a María y Curtis.
― ¡Tú eres Karen! ― exclamó su novia casi feliz ― Frank no deja de hablar de ti ― a Frank le pareció que mentía. No recordaba haber hablado de Karen ese verano, no a ella.
― Un gusto ― dijo Karen tranquila y sonriente, mientras extendía su saludo a María ― somos vecinos ― agregó.
― Oh, pero no estuviste este verano ― Karen sonrió y asintió.
― Solo llegue hace un par de semanas.
"¿Par de semanas?"
Y Frank no la había visto hasta ese día. Cuando vio el cuadro completo notó que Trish, Jessica y Marci eran una extensión del grupo de los Page. De seguro se les habían unido después del partido.
― También vamos al mismo grado ― agregó tratando de hacerse notar ante María. Ella asintió con un leve dejo de sorpresa.
― ¿Van al parque? ― preguntó el señor Page y antes de que pudiera negar, Billy, Curtis y María dijeron que sí.
― Vamos todos juntos ― dijo este ― así después los dejo en sus casas chicos. ¿Dónde viven ustedes, Curtis, María? ― aquello cambio la formación de los grupos, dejando a los señores Page con María y Curtis, mientras que Billy se formó al lado de Trish y Jessica.
Había esperado quedar con Karen, pero esta se limitó a caminar al lado de Marci.
No podían escuchar lo que decían, pero la velada se volvió de lo más molesta cuando notó que Karen casi no le hablaba, cuando el señor Page invitó bebidas a todos, Karen pasó entregándolas con una bolsa y sin prestarle más atención de la que le diera a María.
Aquello debió haberle tranquilizado, Karen no parecía enojada ni molesta. Solo… indiferente y, como mínimo, había pensado en una seria conversación entre los dos.
― Frank me dijo que patinabas ― escuchó de pronto a María, cuando alzó la vista vio que ambas estaban mirando hacia el mismo lugar, una al lado de la otra; María era ligeramente más alta que Karen, y mucho más constituida para su edad.
― Oh, lo intento ― contestó Karen ― pero el año pasado no pude hacer mucho porque me lesioné.
― Siempre me ha dado miedo el hielo, es tan… duro ― Karen asintió.
― No es tan diferente al suelo, es la altura y la velocidad lo que realmente puede lastimarte ― vio a María asentir en la forma que lo hacía cuando él le enseñaba algo.
― Karen es seleccionada de nuestra escuela, este año esperamos que vaya a las nacionales ― dijo Marci, aquello si pareció sorprender a María, quién luego le sonrió.
― Espero que tengas mucho éxito.
Karen asintió de aquella manera suave en que solía hacerlo y le agradeció.
En el camino de vuelta Karen se sentó al lado de la ventana y Marci ocupó un lugar a su lado, le siguió Billy. El quedó en la hilera de asientos al final con María a su lado, seguida de Curtis y Jessica. Trish se había ido antes con su madre, quién había pasado por ella al parque.
Desde su lugar vio a Karen interactuar con Marci y hablar sobre el verano, deberes y los planes para el año que comenzaba y, realmente, se sintió como si no estuviera ahí, aquello solo le provocó guardar silencio, y María quien parecía estar tan cansada como él, se acurrucó a su lado.
Uno a uno, los chicos fueron dejados en sus hogares, Frank debió despertar a María para que esta le indicara al señor Page donde llevarla y cuando se bajó se despidió muy gentilmente de Karen y sus padres. El único momento tenso se vivió cuando Marci, al bajarse se despidió de todos y a él lo trató de traidor.
― ¿Qué fue eso? ― preguntó Billy, que era el último antes de él y Karen. Frank solo hizo aquél gesto en el cual indicaba que no era nada y contestó.
― Ya sabes cómo es Marci ― de todas maneras, notó la extrañeza en los ojos de Billy, no estaba convencido. Aun así, el muchacho prefirió seguir su camino y despedirse de todos, como lo hacía siempre.
Ya habiendo despedido a todos los muchachos, el señor Page se ofreció a llevarlos a comer a lo que Kevin asintió al igual que Karen. Fue el momento en que Frank aprovechó de pasarse a los asientos de adelante, sin saber realmente que hacer.
― Hey ― dijo, Karen que había estado pendiente del exterior contestó de la misma manera ― No sabía que había vuelto ― ella asintió.
― Lo sé ― dijo tranquila.
― Es que… he estado ocupado ― en aquel momento Karen sonrió.
― Lo he notado ― pensó en preguntarle si es que estaba enfadada, pero no se atrevió, la calma con la cual Karen se había conducido, no pudo menos que decirle que, al final de cuentas, cualquier cosa que ocurriera con ellos, en ese momento, no importaba.
Y, no debería, pero aquello le dolió.
La mejor forma para Karen de sobrellevar el noviazgo de Frank no se basó en ignorarlo, o estar enojada con él. Dentro de los consejos de su abuela uno que había tenido una gran repercusión en su cabeza tenía que ver con el rencor, la idea principal del mismo era simple: no dejar que le ganara, no dejar que se apoderara de su ánimo.
Y si bien le había costado controlarse cuando los viera junto, el hecho de poder gobernarse ante sus sentimientos más egoístas le hacía sentirse bien consigo misma, sobre todo en vista de que parecía que a nadie más le interesaba. Era solo que a veces le resultaba tremendamente complicado el poder hacer lo mismo con la tristeza, en un mal día esta se encargaba de recordarle lo dulce que había sido besarse con Frank, el beso que ella le diera y los planes sobre el huerto en el patio de este como un proyecto en conjunto.
Frank había hecho el huerto, pero con María.
Además, nada ayudaba el que ella fuera una chica tan gentil y agradable. Si al menos tuviera algún defecto, sería más fácil justificar la molestia que le generaba verlos juntos, pero nada de eso ocurría.
Debían de existir una serie de características que hacían a María superior a ella, al menos frente a Frank, pero se negó a tratar de buscarlos o descubrirlos, aquello había supuesto una decepción para Marci, quién abiertamente apoyaba la idea de fastidiarle todo el año a la muchacha. Solo Jessica había puesto un poco de cordura, al señalar que Frank había sido el culpable, no María.
Consciente de que el tiempo que Frank le dedicará, ya no volvería a ser el mismo. Karen llamó a Marci la noche previa a su regreso, solo para tantear algún posible escenario con el cual encontrarse. No había esperado que al oír su voz Marci, primero; la regañara por no llamarla y luego por no haberle contado sobre ella y Frank, aquello le había espantado, puesto que la única forma de saberlo era si es que este le había dicho algo. Lo que resultó negativo, más bien fue la propia Marci quién se había quedado pegada a la ventana de entrada de su casa, cuando iba a invitarla a dar un último paseo por el centro antes de que ella partiera a Vermont, le dijo que había visto el torpe gesto de Frank al abrazarla y cómo es que ambos terminaron enredados de la boca, le dio detalles del rato que Kevin llevaba viéndolos y que más que conforme que su participación, decidió que lo mejor era dejarlos a solas. Aludió que Frank había estado molesto por no verla y eso más el beso era suficiente para que ella saliera del cuadro.
Entonces le contó que Frank había estado desaparecido casi un mes y qué a principios del segundo mes, había llegado con una nueva chica al grupo. Que María les había agradado de inmediato, y que nadie había considerado la posibilidad de que Frank comenzara a salir con ella, hasta que llegaron de la mano.
Karen asumió que ese había sido el tiempo en el cual Frank dejó de contestarle el teléfono. Y le dolía pensar en ello. Esa última noche en Vermont se quedó dormida en medio de silenciosas lágrimas, Marci estaba y estaría de su lado para siempre, pero eso no quitaba que en todo aquél discurso ella pudiera vislumbrar más de lo que Frank o Billy pudieran decir. Razón por la cual, al regresar, sencillamente decidió pasar de avisarle a Frank o a los señores Castle.
Con los días se volvió más fácil tolerarlo. Frank llegaba a todos lados de la mano de María y parecía qué a excepción de ella, él y las chicas nadie más sabía lo que había ocurrido. Karen solo aprovechaba de actuar con normalidad; hablaba con María sin ser desagradable o descortés e, incluso, en un par de ocasiones ambas se vieron riendo sobre alguna ocurrencia o chiste que compartieran.
A veces le parecía que Frank buscaba hablar con ella, y siempre la quedaba mirando cuando la veía junto a su novia, quizás temía que algo más saliera de ella, pero, la verdad, no le interesaba ventilar lo que había ocurrido con Frank. Jessica lo había sabido explicar muy bien:
― Si claro, evidenciar a todo el mundo que Frank "puto" Castle la cambió por otra ― eso había sido duro de escuchar, pero no era algo que no hubiera pensado.
Al día siguiente, el último domingo antes de entrar a la escuela, se celebraba el cumpleaños de Billy, y este los había invitado a todos. Usualmente los cumpleaños de Billy solían ser parte del mejor panorama del verano; cuando eran pequeños siempre habían magos y malabaristas, en otras ocasiones y aprovechando los últimos estertores del verano había piscinas o salidas a parques de entretención, el último año habían rentado un espacio en un golfito y Karen había hecho equipo con Frank, ahora, claramente no sería así. Incluso le agradó que no hubiera el revuelo de antes, era casi una celebración de adultos, música suave, comida a modo de coctél y Billy vestido para conquistar.
Curtis y otro de sus hermanos, de quién no recordaba el nombre habían comenzado a fastidiarlo sobre lo mucho que había tardado afeitándose una barba inexistente, a lo que Billy solo replicó que él que ellos aún fueran unos niños no significaba que él pensara igual.
Marci había suspirado al verlo, pero desde lo ocurrido con Frank que Billy ya no le parecía tan guapo.
Sin embargo, la atención de todos se centró en el automóvil último modelo que dejó a la última invitada en la entrada de la casa de Billy; Dinah Madani pertenecía a la familia que había cuidado a Billy, antes de que sus actuales padres lo adoptaran, y por lo que se decía desde entonces se habían vuelto inseparables. Se veía que era una chica de mucho carácter e innegable elegancia, su madre Farah, solía recordarle a su abuela, no tanto por su indumentaria sino por la forma de hablar que tenía. Solo que en esa ocasión y considerando la edad de los presentes, muy poco padres se quedaron a acompañarlos, y los que lo hicieron se dedicaron a socializar dentro de la casa, dándoles a ellos un espacio más privado.
El problema de aquellas reuniones, sobre todo las que se habían dado en las que Frank se encontraba presente, tenía que ver con lo sola que quedaba; Marci hablaba con Dinah, Curtis y Billy, mientras que Trish y Jessica lo hacían con María, solo Frank se mantenía alejado, pero estaba pendiente de su novia. Realmente quería que todo se viera lo más normal posible, sin embargo, estaba considerando seriamente que se estaba volviendo en una molestia para el resto, claro; nadie decía nada, mas bastaba con ver la dinámica que se formaba en los grupos para entender como se estaban dando las cosas.
Y justo cuando creía que debía llamar a su padre para ir por ella, Luke hizo acto de presencia en la fiesta junto a Claire y otro muchacho al cual no conocía, aquello cambio un poco la velada sobre todo porque centraron su conversación en el equipo de patinaje y lo que se esperaba de ellos para ese año, a Karen no le pareció mala idea el expandir su grupo social, se llevaba bien con Luke, aunque no eran amigos, quizás si a Claire no le importaba, eso podría cambiar.
Era un plan más que aceptable, y a esas alturas era lo mejor que tenía.
Jessica caminó directamente hacia él, con su clásico gesto de aburrimiento en el rostro y se sentó sobre el borde de la mesa en absoluto silencio.
Frank que se había mantenido alejado de todos, se puso en guardia. En general, Jones no había caído en el juego de sus amigas, de mostrarse desagradable con él, lo que, en cierto sentido, suponía, significaba algo parecido a una validación de su actuar, o quizás, y esto lo consideraba mucho más probable, a Jones le importaba un carajo lo que hiciera con su vida.
Ella algo debió de haber leído en su rostro porque sonrió cabizbaja para luego decirle;
― Tranquilo Castle, no soy la recadera de Marci… ― él se encogió de hombros, en una actitud con la cual, realmente, no sabía qué hacer.
― ¿Acaso me ves preocupado? ― en ocasiones lo mejor era ser frontal con Jones, si había dos cosas que podían ganarte el favor de ella, eran el humor a más retorcido mejor y la fuerza.
― Bueno, no tienes ese gesto de mierda ahora, pero en general si, te ves muy preocupado.
― Estas hablando tonterías ― ella solo se encogió de hombros, cogió un vaso y se sirvió algo de soda.
¿Gesto de mierda? ¿Cuál sería? Independiente de lo tranquilo que quisiera parecer decidió que lo mejor era guardar silencio, claramente, Jones había visto en él algo que el resto no. Suspiró, lo mejor sería alejarse de ella. Cuando se colocó de pie fue que ella soltó su risa; suave, tranquila y muy, muy fastidiosa.
Él sabía que ella se estaba burlando de él y por su mirada, ella, no lo negaba.
― ¿Qué? ― preguntó molesto.
― Estás huyendo ― declaró ella.
― Estás loca.
― Puede ser, pero tu sigues huyendo.
― ¿De ti? ― Jessica negó y se puso de pie, a veces olvidaba que para ser una muchacha era bastante alta.
― Quizás, pero tranquilo, todos sabemos eres un cobarde ― y sin decir más fue ella quien se alejó de él para volver con su grupo de amigas, cuando se les unió Trish Walker se giró hacia él, y luego le siguió Jones, ambas sonrieron y Frank decidió que ya debería irse.
Aquello le dejó una mala sensación en la boca, la garganta y en las piernas. Jones tenía esa capacidad, la de joderlo solo hablando, y Frank que se creía un muchacho listo sabía que eso se debía a que no controlaba bien su carácter y que, quizás, no era tan inteligente como creía.
Desde su ventana vio a Karen llegar cerca de las 10 de la noche. Había inventado una excusa más que suficiente para convencer a Billy de que debía retirarse, contrario a lo que se pensara, cuando María le dijo que iría con él, prefirió que ella se mantuviera en la fiesta.
La madre de Madani descendió del auto y encaminó a Karen hasta la entrada de su hogar, Frank las distinguió hablar claramente y cómo es que Karen le decía algo a la mujer que le sacó una fuerte carcajada. Luego escucho a Dinah llamarla de vuelta y Karen corrió hasta el auto, ambas chicas se abrazaron y Dinah le dio un beso en la mejilla. Cuando Karen llegó hasta la entrada de su casa, Farah y su padre le esperaban. Los adultos conversaron algunos segundos y se despidieron.
En ningún momento Karen dirigió la vista hacia su hogar.
"Lo ha olvidado todo"
Quiso sentirse molesto por ello, pero si le resultó imposible después de la treta de Jones, ahora solo se veía así mismo como un pequeño llorón.
Al día siguiente, cuando Kevin apareció en la entrada seguido de su hermana, Frank trató de adoptar la postura más tranquila, tal cual lo hiciera Karen cuando se encontraran en el parque de diversiones.
― ¿Vamos juntos? ― preguntó casi sonriendo. Karen se llevó su bolso al hombro y contestó.
― Claro, vamos ― cogió la mano de Kevin y se encaminó hacia él.
No tengo paciencia para tonterías.
― ¿Se los dijiste? ― fue lo primero que preguntó tranquilo y sosegado, discutir con Karen era una de las peores cosas que en ese momento podía hacer.
Karen no se molestó en mostrarse ofendida o molesta. Con una tranquilidad desgarradora, solo contestó.
― No, Marci nos vio ese día y le contó a las chicas ― Frank asintió tranquilo, de pronto todo tenía una explicación plausible que no convertía a Karen en una chismosa como Marci. De todas maneras, habría preferido un poco de la molestia que esta siempre le mostraba.
― Escucha yo… bueno ― Karen se giró hacia él. Sus ojos se veían más oscuros de lo normal, Frank carraspeó ― nunca ― respiró ― nunca te pedí disculpas por no contestar ― Karen asintió mirando al suelo.
― Estabas ocupado ― dijo ella con naturalidad, algo que le fastidio.
― No debí haber actuado así ― agregó esperando alguna reacción adicional. Karen solo alzó el rostro y sin mirarle habló, suave como la vainilla.
― Es algo que ya está hecho. No vale la pena llorar sobre la leche derramada ― se detuvieron en la primera esquina.
― Pensé que estarías molesta ― dijo Frank y Karen asintió cuando la luz cambio a verde.
― Estuve molesta, pero por sobre todo triste ― lo miró ― me heriste Frank ― y entonces el pecho le saltó, Karen negó y dio un suspiro ― pero ¿sabes? Está bien, me ayudará en el futuro ― aquello le extraño.
― ¿Ayudarte? ¿Cómo? ― Karen le miró con atención y finalizó:
― Sobre en quién confiar ― aquel golpe no se lo esperaba, pero a diferencia de Jones o Trish no venía enmarcado en ningún subterfugio o jugarreta, había sido directo y limpio, justo a su pecho.
― Karen… ― de pronto alguien lo cogió del cuello y le hizo algo parecido a una llave de la lucha libre. Por primera vez en su corta existencia le habría gustado levantarse y patearle el culo, realmente hacerlo, a Billy.
― Reacciona Castle; 1, 2, 3 ― y Billy se le quedó mirando extrañado cuando se soltó, mucho más brusco que nunca, notó donde Frank miraba y volvió con él.
― ¿Con Page ahora? ― Karen cogió a Kevin en brazos y aceleró el paso. Frank negó.
― ¿Qué dijiste? ― Billy, que lo conocía de pequeño no solía espantarse por el tono agresivo de Frank.
― No puedes ir tras Page, no cuando elegiste a María ¿Lo sabes no? ― debió respirar, mucho y muy profundo, cogió su bolso molesto y en silencio se adelantó, no para buscar a Karen, sino que para, al menos, por unos segundos alejarse de todos.
La conversación con la maestra de Kevin calmó sus ánimos, había querido estallar y gritarle a Frank lo terriblemente mal que lo había pasado en aquellos días, pero le pareció que no tenía derecho a tal. Objetivamente no eran ni habían sido nada, solo un par de besos y años de amistad que ya no volverían a ser como antes. Negó, debería concentrase en ella este año, ya había hablado con Luke sobre la participación de ambos en el campeonato nacional y este se había mostrado muy contento de volver a patinar con ella, decía que su reemplazo le hacía parecer más torpe de lo que ya era.
Por otro lado, debía ponerse seria con lo de la natación, según su terapeuta era el tipo de ejercicio que desarrollaría sus hombros y su espalda y Karen necesitaba esa fuerza. Vio la hora y notó que le faltaban menos de 5 minutos para llegar a clase, la idea de volver a toparse con Frank la apresuró, cruzo puertas y pasillos al máximo permitido.
Hasta que una en vez de ceder, se abrió en dirección contraria dando paso a dos chicos, uno de los cuales chocó directamente con ella y la llevó al suelo.
― ¡Jesus! ― escuchó ― ¿Matt estás bien? ― cuando enfoco la situación vio a un chico de bruces en el suelo, llevaba una vara para ciegos y parecía buscar sus gafas.
― ¡Oh! ¡Cuánto lo lamento! ― Karen avergonzada olvidó la prisa y le alcanzó las gafas oscuras al muchacho. A su alrededor los alumnos apresurados pasaban de largo no sin darles una detenida mirada ― Demonios, en serio lo lamento ― volvió a disculparse.
En aquel momento el otro muchacho, la ayudo a incorporarse y para cuando estuvo de pie incluso le sostenía su bolso.
La campana de ingreso sonó, lo que ahuyento a los observadores del lugar.
― ¡Mierda! Disculpen, tus gafas ― habló dirigiéndose al muchacho, que solo en ese momento notó, era ciego.
Él las cogió tranquilo y sonrió.
― Esta bien, solo fue un accidente.
― Tus gafas están muertas ― habló el otro muchacho.
― Demonios, puedo… puedo pagártelas, pero… ― dijo Karen sintiéndose culpable, su víctima volvió a sonreír.
― No es que sirvieran de mucho ― aquello provocó una risa nerviosa, era cierto.
― Bueno, creo que, ya que la señorita te golpeo como a un bebe, corresponde intercambiar nombres… ya saben para acusarnos a la dirección de caminata imprudente en los pasillos ― Karen lanzó un largo suspiro y esa vez, verdaderamente río, el muchacho siguió ― soy Franklin ¿Y tú eres? ― Karen se le quedó mirando sin entender, luego reaccionó.
― Oh, eso, Page ― se volvió a acomodar el bolso en su hombro ― Karen.
― Matt ― dijo el muchacho ciego ― soy Matt y creo… creo que ha sido un placer Karen. ¿No te parece Foggy?
2 Capitulo y sin reviews, gracias por nada.
=)
Atte.-
Brujhah
