¡Hola! Gracias por haber leído el prólogo de esta historia, agradezco sus MP y sus comentarios. Me alegra que le hayan dado una oportunidad a la historia y aquí les dejo el primer capítulo. Poco a poco todo cobrará sentido, ya verán... ¡Saluditos! ;)
Capítulo 1
Kurt había escuchado algunos rumores sobre el camino que tomaban las almas al morir, muchas veces llegó a escuchar en algunas iglesias cerca de su antigua casa el sermón de aquellas personas que aseguraban que existía el paraíso pero sus papás jamás le mencionaron nada al respecto. Y puede que haya sido por ese pequeño detalle que el primer día que llegó al cielo después de su muerte no pudiera creer lo que sus ojos estaban viendo.
Miles de personas con túnicas blancas se paseaban tranquilamente sobre las nubes. Del lado derecho había una fila para las almas que recién llegaban y un chico rubio, que le resultaba extrañamente familiar, les daba instrucciones para que cuando llegaran a su destino el encargado no los regresara a la fila. Después de intentar asimilar todo lo que estaba pasando a su alrededor, Kurt decidió acercarse al chico que tenía enfrente y preguntarle para qué era la fila pero en cuanto el rubio lo vio, el castaño fue derribado al piso sin previo aviso.
– ¡Hey, tú! ¡Regresaste! – Le gritó el rubio emocionado.
– ¿Disculpa? – Preguntó Kurt confundido.
– ¡Estás de vuelta! ¡No sabes cuánto te extrañé! – Siguió gritándole mientras lo abrazaba.
– No sé de lo que me estás hablando… – Se quejó el castaño al sentir que el otro estaba asfixiándolo.
– ¡Oh, claro! ¿Acabas de llegar verdad? – Dijo el chico separándose un poco de Kurt.
– Sí…
– Tienes que pasar inmediatamente con Wes para que recuperes tu memoria… – Dijo naturalmente el rubio.
– ¿Memoria? ¿De qué rayos hablas? – Preguntó Kurt aún más confundido.
– Ya lo verás Kurt, no te desesperes… – Le dijo el chico mientras lo guiaba hacia el inicio de la fila. – Disculpen, disculpen pero este ángel tiene que pasar con el jefe urgentemente... – Les decía el chico a las demás almas que comenzaban a molestarse.
– ¿Jeffrey? Ya te he dicho que no puedes meter a nadie a la fila… – Dijo una voz un tanto molesta una vez que llegaron al frente.
– Pero Wes… Quiero decir, pero jefe este ángel tiene que pasar rápido antes de que decida asesinarme… – Le respondió el chico
– Nadie puede asesinarte Jeff, eres un ángel… – Dijo el otro rodando los ojos.
– Usted sabe jefe que nada es imposible para Kurt… – Se defendió el rubio.
– ¿Kurt? ¿Ya está de vuelta? – Preguntó asombrado el otro ángel.
– ¡Sí! ¡¿Puede creerlo?!
– Vaya que ha sido rápido su viaje…
– ¿Podrían dejar de hablar de mí como si no estuviera justo aquí? – Intervino el castaño algo molesto.
– ¡Oh, Kurt! ¡Qué sorpresa! Te ves mejor que la última vez… – Le dijo el moreno con una enorme sonrisa.
– ¡¿Cuántas veces tengo que decirles que no sé de qué me hablan?! – Se quejó el ojiazul demasiado exasperado y alguien apareció detrás del tal Wes.
– Wow… ¿De quién son esos…? ¡KURT! – Dijo el otro ángel mientras se acercaba al recién llegado sumamente feliz y el castaño rodó los ojos.
– Adivinaré… También a ti debería reconocerte, ¿no?
– ¡Soy Elliot! ¡Claro que deberías reconocerme! – Gritó el recién llegado un tanto exaltado y Jeff lo intentó tranquilizar.
– Discúlpalo, Kurt acaba de llegar… – Le dijo el rubio al ver en su mirada un poco de dolor y el otro pareció comprenderlo todo.
– Eso veo…
– Está bien, está bien… Pasa Kurt, enseguida empiezo contigo. – Dijo Wesley para poner un poco de orden y el castaño se sentó en la silla que estaba frente a su escritorio. – Veamos, ¿recuerdas cuándo fue tu muerte? – Preguntó el moreno.
– ¿Qué si lo recuerdo? ¡Claro que lo recuerdo! Fue ayer, cinco de octubre… – Dijo el castaño muy seguro.
– Bien… ¿Y la causa de muerte? – Continuó el moreno con el interrogatorio.
– Amm… Esto es extraño pero… Morí en un accidente de auto a lado de mis padres… – Respondió un tanto confundido y el otro ángel continuó anotando en su libro.
– ¿Qué edad tenías?
– Trece, los acababa de cumplir en mayo… – Dijo tristemente y después de unos segundos el moreno terminó su trabajo.
– Perfecto, ya está listo tu primer expediente Kurt. Ahora puedes pasar a la laguna de los recuerdos y enseguida volverás a ser el mismo de antes… – Le aseguró al castaño y éste abrió mucho los ojos.
– ¿El mismo de antes? ¡Yo no quiero olvidar mi vida en la tierra! – Comenzó a quejarse y Wes le puso su mano en su hombro para que se tranquilizara.
– Relájate amigo, yo jamás dije que eso fuera a pasar…
– ¿Entonces? – Preguntó confundido.
– Sólo recordarás todo lo que sabías antes de que el señor te mandara a la tierra, tranquilo…
– Está bien… – Dijo resignado.
– ¡Anímate Kurt! En cuanto termine el trabajo de hoy nos iremos a celebrar tu regreso, ¿entendido? – Le gritó el rubio y él sólo pudo asentir porque aunque ellos lo conocieran muy bien él no los recordaba y justo por eso caminó hacia la laguna de los recuerdos que le había mencionado el moreno porque realmente tenía curiosidad de saber cómo es que todo esto había comenzado.
Una vez en la laguna, Kurt se quedó contemplando el azul del agua y el blanco de las nubes que le recordaban la playa a la que iba con sus papás justo el día de su muerte. El recién llegado no pudo evitar suspirar al pensar en sus padres, todavía no sabía por qué había pasado aquel accidente en ese momento pero por alguna extraña razón estaba tranquilo. Y aunque él no lo supiera aún, tenía razones suficientes para estarlo porque su misión en la tierra había sido cumplida.
Al sumergirse en el agua todos los recuerdos bombardearon la cabeza del castaño. Fue hasta entonces que recordó su propia historia, fue entonces cuando recordó a Jeff, a Wes y a Elliot pero también se vio a sí mismo el día que el señor le encomendó su primera misión en la tierra. Se vio el día de su nacimiento en la casa de los Hummel, también se encontró con los recuerdos de sus primeros pasos y sus primeras palabras, además del día que entró al kínder y prácticamente vio toda su historia en la tierra en cámara lenta hasta el día de su muerte.
Sin embargo, algo hizo que el corazón de Kurt comenzara a acelerarse como cuando estaba metido en problemas en la Tierra o como cuando veía a su mamá regresar del trabajo cuando tenía tres años y corría a su encuentro, pero el problema era que esta vez no sabía a qué se debía esa reacción. Lo único que sabía era que después de la imagen de su accidente había aparecido otra, otra imagen que no tenía sentido porque en ella aparecía un chico con una abundante cabellera rizada de unos trece años llorando en su habitación desconsoladamente.
– Hola Kurt… – Escuchó una voz a sus espaldas que lo hizo abrir los ojos y dejar los recuerdos atrás.
– Hola señor… – Saludó cortésmente.
– Me enteré que habías regresado y quise venir personalmente a felicitarte por cumplir exitosamente mi encomienda y de paso para confirmarte tu próxima misión… – Le informó el hombre de la barba blanca como las nubes.
– Wow, gracias señor pero… ¿Tan pronto? – Dijo confundido.
– Sí pero no te preocupes, esta vez no irás a la tierra… – Le aseguró el señor.
– ¿Entonces?
– Necesito de tu ayuda con un chico de Westerville… – Comenzó a explicar pero el castaño lo interrumpió.
– Eso está muy cerca de Ohio… – No pudo evitar decir.
– Sí, eso es mera coincidencia…
– ¿Y qué es lo que tengo que hacer? – Preguntó finalmente.
– Serás su ángel de la guarda… – Decretó el señor y Kurt no se quejó porque siempre había querido saber lo que se sentía ser un ángel guardián.
– Bien, ¿cuándo nace el muchacho? – Preguntó con entusiasmo.
– Eh… El muchacho tiene catorce años y justo ahora tiene un ángel pero necesito a Nick para otra cosa así que tú serás su relevo… – Le explicó un poco nervioso pero al parecer el castaño no lo notó.
– Wow, está bien… ¿Cuándo empiezo?
– Tómate un respiro y en medio año ve con Nick para que conozcas al muchacho y te quedes a su cargo… – Le ofreció el hombre y el castaño sonrió por las atenciones.
– Entendido señor… – Respondió tranquilamente.
– ¡Oh, por cierto! Su nombre es Blaine Anderson, asegúrate de aprendértelo… – Le recordó el señor antes de retirarse y algo extraño recorrió su cuerpo al escuchar aquel nombre pero decidió ignorarlo.
– Claro, no se preocupe… – Le respondió el ángel pensando en cómo sería ese tal Anderson. ¿Se metería en problemas constantemente? ¿Sería uno de esos brabucones que aterrorizaban a los demás? ¿Tendría una linda familia y una vida fácil? Esas y más preguntas rondaban la cabeza del castaño pero al final decidió sumergirse un poco más en el agua, después de todo tenía medio año para preocuparse por eso. Aunque tal vez olvidó un pequeño detalle: medio año en el cielo se pasa volando.
