Capítulo 2

Y así fue… El medio año que le fue concedido a Kurt para descansar pasó en un abrir y cerrar de ojos entre su tiempo de reposo y la celebración que le ofrecieron sus amigos para festejar su regreso. Sin embargo, el día menos esperado Nicholas fue a buscarlo a la poza de los deseos para que Kurt comenzara con su nueva misión, porque sí, los ángeles de la guarda podían conceder deseos a sus custodiados pero estos eran muy limitados y además no tenían que romper las reglas establecidas por el señor para llevar a cabo su cumplimiento.

– ¿Tú eres Kurt? – Preguntó el desconocido al ángel que estaba sentado a un costado del pozo y éste lo miró.

– Sí, ¿y tú eres…?

– ¡Oh! Pensé que lo sabías, soy Nicholas pero puedes llamarme Nick… – Le dijo sonriente y el otro suspiró como no lo había hecho en… ¿meses?

– Mucho gusto Nick, supongo que ha llegado mi hora… – Dijo el castaño un tanto cansado al pensar que su descanso había terminado.

– ¿Por qué lo dices así? Tal vez Blaine no sea una estrella de rock pero te aseguro que tiene un gran corazón y apuesto que se ganará el tuyo… – Le dijo el ángel a su lado.

– Ok, confiaré en ti y en tu buen juicio… – Le aseguró el ojiazul.

– Vamos, tenemos que irnos o llegaremos tarde…

– ¿A dónde tenemos que ir? – Preguntó Kurt confundido.

– A la Tierra… – Respondió el otro como si fuera lo más lógico del mundo.

– ¿Qué? Pensé que no podíamos viajar a la Tierra…

– ¿De qué hablas? ¡Somos ángeles de la guarda! Podemos ir y venir cuando nos plazca… – Gritó Nick divertido al ver la sorpresa en el rostro de su compañero.

– Si podemos pero debemos hacerlo sólo en ocasiones especiales, ¿recuerdas Nick? – Le recordó una voz a sus espaldas y ambos voltearon a ver al recién llegado.

– Y esta es una ocasión especial Elliot… – Aclaró Nick al ángel que lo miraba un tanto extraño.

– ¿Ah sí? – Preguntó curioso.

– ¡Sí! Es el cumpleaños número quince de Blaine y ya quiero ver su carita de felicidad en cuanto sople las velas de su pastel…

– Oh… – Soltaron Kurt y Elliot al mismo tiempo al ver la emoción del otro ángel.

– ¿Nos podemos ir ya? – Preguntó Nick al ángel que los había detenido y éste no tuvo opción más que dejarlos ir.

– Adelante…

– ¡Nos vemos luego Elliot! ¡Vamos Kurt! – Gritó emocionado Nick mientras tomaba de la mano al castaño y se lo llevaba lo más rápido posible a la Tierra.

Aparentemente no pasó mucho tiempo para que llegaran a su destino y ahí en una de las tantas casas de Westerville en Ohio, se encontraba Blaine Anderson, el chico que le había sido asignado a Kurt como su custodiado y por el que cambiarían algunas ideas del castaño, comenzando por su actitud. El chico no era muy alto pero era realmente encantador, sus risos podían conquistar a cualquiera y tenía una mirada color avellana que Kurt recordaba haber visto en algún otro lugar pero no sabía exactamente en dónde. ¿Podría ser Blaine el niño que estaba llorando en sus recuerdos?

¡Bah! Cómo iba a serlo si este niño se veía tan feliz a lado de su familia y amigos que Kurt no podía imaginarlo con lágrimas de tristeza en los ojos. Al parecer él y Nick se habían tardado demasiado porque en ese momento todos cantaban ya la canción de feliz cumpleaños alrededor de la mesa para el pequeño Blaine, su madre aún lo llamaba así y él no parecía molestarse por eso. En realidad ese futuro adolescente parecía muy tranquilo y Kurt estaba feliz de haber sido elegido para ser su ángel guardián porque sabía que no tendría ningún problema con él.

Tal vez fue por eso que decidió pararse en el extremo contrario de la mesa en la que se encontraba el chico o tal vez una fuerza superior lo llevó a quedar de frente a Blaine pero el caso es que cuando todos terminaron de cantar alguien le dijo al cumpleañero que pidiera un deseo y en ese momento el ángel pudo sentir cómo la mirada avellana del chico se clavaba en sus pupilas azules. Se sentía como si él pudiera observarlo, como si Blaine le estuviera sonriendo justo en ese momento pero eso era imposible. Sin embargo, eso no evitó que a Kurt le recorriera otra sensación extraña por el cuerpo hasta que lo vio cerrar los ojos para pedir su deseo aún con esa hermosa sonrisa.

A su lado, Nick dejó escapar una risa ahogada y Kurt lo miró preguntándose de qué se reía pero el otro negó con la cabeza y simplemente lo dejaron pasar. El castaño no podía negar que había quedado encantado al ver la felicidad pura reflejada en los ojos de Blaine aquella tarde y fue esa sensación extraña en su pecho la que lo hizo querer saber más del chico mientras Nick aún estuviera de encargado. Poco a poco el ángel fue enseñándole a su sucesor todo lo que sabía del pequeño Anderson y fue así como Kurt se dio cuenta que Blaine no iba a ser como los demás chicos. Sin embargo, no fue hasta su baile de graduación que Kurt confirmó las sospechas que tenía…

– ¿Y ese quién es? – Le preguntó el castaño a Nick cuando vio que un chico trajeado tocaba la puerta de la casa de los Anderson.

– Es Matt, un amigo de Blaine y al parecer su pareja para el baile de esta noche… – Respondió el otro ángel.

– Sabía que Blaine era… diferente. – No pudo evitar decir el castaño y Nick lo miró a los ojos.

– ¿Te refieres a que es gay? Sí, lo supe desde que tenía seis años… – Le confirmó con toda la tranquilidad del universo.

– ¿Y por qué no me lo dijiste? – Le preguntó casi indignado Kurt pero el otro no se dejó intimidar por el castaño.

– ¿Por qué no me lo preguntaste? – Le regresó la pregunta y no hubo respuesta a eso porque realmente no había una razón para no haberlo hecho.

– Olvídalo, eso ya no importa ahora… – Dijo el castaño después de un momento y siguió contemplando lo que ocurría en la tierra con su custodiado.

El tal Matt y Blaine fueron al baile esa noche, parecían muy divertidos con la música y a decir verdad el ambiente se veía muy bien desde lo lejos. Sin embargo, fue alrededor de la media noche que todo empezó a ponerse feo. Blaine y Matt salieron a tomar un poco de aire al estacionamiento de la escuela y ese fue el peor error de sus vidas. Afuera del lugar estaban tres sujetos esperando a la pareja y en cuanto los vieron se les dejaron ir a golpes gritándoles una serie de insultos que Kurt no había escuchado en toda su existencia.

– ¡Tenemos que hacer algo! – Se quejó desesperado el castaño.

– No podemos Kurt… – Fue lo único que dijo su compañero.

– ¿Cómo que no podemos? ¡¿No te das cuenta que lo van a matar?! – Gritó el ojiazul viendo a su compañero a los ojos.

– No Kurt, Blaine saldrá de esta… – Dijo tranquilamente el otro.

– Pero Nick… ¡Lo están golpeando mucho esos salvajes!

– Lo sé Kurt y me siento tan impotente como tú pero no podemos hacer nada… – Insistió.

– ¿Por qué? ¿Por qué no podemos hacer nada?

– Porque no podemos cambiar los designios del señor, recuerda que él sabe lo que hace… – Explicó muy a su pesar el otro ángel.

– ¡¿Qué?! ¿Y en qué lo beneficia? ¿Qué no se da cuenta que…? – Comenzó a decir exasperado el castaño pero Nick no lo dejó continuar.

– Kurt, calma… Blaine va a estar bien y tú estarás ahí para darle fuerzas… – Intentó tranquilizarlo y después de una serie de respiraciones, pareció funcionar.

– Ambos estaremos ahí… – Dijo un poco más tranquilo el castaño y Nick tuvo que tomar aire para darle la noticia a su compañero.

– No, a partir de mañana tú serás el ángel guardián de Blaine y yo me encargaré de otra misión… – Dijo finalmente y la tranquilidad del ojiazul se esfumó.

– ¡¿Qué?! ¡No me puedes dejar solo en este momento!

– Yo no hago las reglas Kurt… – Le recordó Nick y el otro se sintió desfallecer.

– ¡Pero Nick, Blaine te necesita! – Insistió el castaño y el otro ángel pareció pensarlo por un momento.

– Puede que eso sea cierto pero hay algo que tienes que tener presente si vas a ser ángel guardián… – Dijo llamando la atención del ojiazul y ambos se miraron a los ojos.

– ¿De qué hablas? – Le preguntó Kurt un tanto confundido.

– Tal vez debí decírtelo antes pero la regla principal de este trabajo es que no podemos involucrar nuestros sentimientos con nuestros custodiados… – Intentó explicarle el ángel al castaño pero éste rodó los ojos. ¿Cómo podía evitar involucrar sus sentimientos viendo lo que estaba viendo en ese momento?

– Eso es basura Nick… – Comentó Kurt antes de dar la vuelta y comenzar a descender por las nubes.

– ¡¿A dónde vas?!

– Voy con Blaine… – Le dijo muy convencido de su respuesta y en ningún momento volteó a verlo nuevamente.

– Pero Kurt… – Intentó hacerlo regresar Nick un poco preocupado pero Kurt lo interrumpió.

– ¡Nada! Si tú vas a abandonarlo hazlo pero yo no permitiré que esté en esa cama de hospital solo como un perro… – Le aseguró el castaño mientras descendía a la Tierra en auxilio del joven Anderson y nadie pudo hacer nada para evitarlo.

A lo lejos se pudieron escuchar algunas voces llamando a Kurt pero él no hizo caso a sus gritos, en ese momento lo único que quería era saber que Blaine iba a salvarse y que iba a estar bien. No tardó mucho en llegar al hospital en donde ya estaba su custodiado y una vez ahí encontró a sus padres hablando con un doctor, una parte de él quería quedarse a escuchar todo lo que decían pero no lo hizo porque necesitaba verlo, necesitaba saber que estaba bien y así fue como se dirigió a urgencias.

– Por favor, por favor, por favor… ¡Que se ponga bien, por favor! – Se encontró suplicando al entrar al área donde estaba el chico y lo encontró tirado en la cama con unos cuantos moretones en la cara y el labio herido al igual que su mano derecha. – Vamos Blaine, tienes que ponerte bien. ¿Sabes lo que he hecho por ti? Si el señor se entera que estoy aquí seguro que me remueve de tu cargo pero no importa… ¿Vas a estar bien, verdad? – Le dijo al chico mientras acariciaba su suave cabello con la mano izquierda y vaya que era suave pero eso no importaba ahora.

Así estuvo por unos minutos viéndolo con la esperanza de que el joven se levantara de pronto y dijera que estaba mejor pero siendo honesto consigo mismo, él sabía perfectamente que eso no iba a pasar. Después de unos minutos Kurt sostuvo la mano herida de Blaine entre las suyas y se quedó perdido en sus pensamientos. – ¿Por qué estás tan preocupado por mí? Yo… yo no te conozco… ¿O sí? – Escuchó de repente una voz débil pero firme y levantó su mirada para encontrarse con un par de ojos color avellana que lo miraban curioso.

En ese momento Kurt soltó su mano como si ésta quemara y se alejó un poco del joven Anderson pero para su sorpresa él lo siguió con la mirada. – ¿Me vas a decir quién eres? – Insistió el chico y Kurt se quedó sin aliento. Eso no estaba pasando… Eso no podía estar pasando porque él era un ángel y los mortales no pueden ver a los ángeles, ¿o estaba equivocado?


Segundo capítulo. ¿Qué tal? Gracias por leer y comentar, qué bueno que les ha gustado lo que va de la historia y espero que nos leamos pronto. Saludos! ;)