Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son de la maravillosa Rumiko Takashi, yo solo me dedico a escribir sin fines de lucro para mi crack pairing favorita Sesshomaru y Kagome. La historia que han leído a lo largo de los años y cada suceso relatado aquí son de mi completa autoría, espero que la disfruten tanto como yo.

La concubina del Inuyoukai

Ambos híbridos se miraron intensamente por varios segundos sin romper el contacto, esperando cualquier movimiento en falso de su adversario, ambos estaban en guardia y expectantes, el ambiente se hacía cada vez más gélido y pesado.

—Mi único propósito es llevarme a la princesa de tus sucias garras—descendió hasta quedar frente a su oponente.

—¡Naraku! ¿qué es lo que estas tramando? —exclamó con angustia la vacilante mujer humana.

—He venido a rescatarte princesa a llevarte de vuelta al reino, entre los humanos, a donde verdaderamente perteneces, por favor ven conmigo, debemos irnos pronto antes de que el comandante nos encuentre—habló la desesperación en su mirada.

—¡No puedo irme contigo nuevamente! —la amargura la embargo antes de continuar— la última vez mi hermano perdió la vida a causa de que abandone el palacio, no quiero ser la culpable de la muerte de mi madre o de mi padre ni de nadie más ¡no lo soportaría! ¡Tienes que irte!

—Entonces te llevare lejos conmigo, donde nadie nos encuentre princesa, pero por favor date prisa debemos irnos ahora.

—No, no puedo hacerlo, no quiero marcharme, quiero permanecer aquí.

—¡Ya la escuchaste! ¡Así que más vale que te marches de aquí de una buena vez! —afilo sus garras y se preparó.

—¡Tú! Todo esto es culpa tuya, le han lavado el cerebro nuevamente, maldito seas comandante perro y toda tu estirpe. —la insanidad brotaba por sus pupilas, al tiempo que dejaba escapar más youki maligno y los espíritus que estaban siendo retenidos por los exterminadores y soldados de la aldea parecían hacerse más fuertes y resistentes. —Si acabo contigo romperé el hechizo que has lanzado sobre ella— y se lanzó al ataque con todo su poderío y destreza.

Inuyasha no pudo más que intentar contener el ataque de su adversario, no podía pelear con libertad con Kagome detrás suyo, si algo salía mal, ella podría acabar herida o algo muchísimo peor, aunque tenía la certeza de que Naraku realmente no la lastimaría al menos no intencionalmente—¡Kagome necesito que busques un lugar donde esconderte! —grito rechazando otro ataque.

—¡Ya te dije que no te abandonaré! —Estas palabras calaron como fuego ardiente en el alma de Naraku, quien nuevamente arremetió nuevamente logrando dar en el rostro de su contrincante.

—¡Tonta, escóndete de una vez o este tipo me matara sino puedo pelear correctamente! —escupió sangre sin dejar de tener la mirada fija en su objetivo.

Inuyasha esta siendo herido por mi culpa, porque decidí quedarme a su lado, no puedo dejar que esto continue así. —¡Esta bien lo haré! —la pelinegra salió corriendo en dirección opuesta a la batalla, pero sintió la necesidad de encontrar un lugar desde el cual pudiera observar aun la pelea.

—Ahora si prepárate demonio repugnante—advirtió mientras atacaba con sus poderosas garras de las cuales cuchillas de viento combinadas con energía, cortaban cual acero la piel del ojirojo.

—Esto no es nada, he muerto y renacido, solo para volver a ver a Izayoi—ante la evocación de este nombre el peliplata se distrajo sorprendido y fue tomado por sorpresa siendo atravesado su estómago, haciéndolo aterrizar a duras penas en el suelo.

—¿De quién diablos estas hablando? —cuestiono logrando ponerse de pie con dificultad.

—El comandante perro la robo para sí, de alguna manera la hechizo y se la llevo lejos de la corte imperial, creyeron que estaba loco, ese estúpido emperador no quiso hacerme caso, para cuando se dieron cuenta de que la princesa no estaba ya era demasiado tarde, aún cuando les dije que había sido ese infeliz Inuyoukai del Oeste nadie quiso escucharme. Pero yo sabía la verdad decidieron dejarla a su suerte porque le temían a ese bastardo no querían enfrentarlo.

—Pero ¿qué diablos estas diciendo? —preguntó enfurecido, y contraatacando usando esta vez su propia sangre para convertir aquellas cuchillas que brotaban de sus garras en lanzas de fuego.

—La princesa debe irse conmigo, ¿Por qué no lo entiendes? ¡Solo eres un estorbo! —grita al momento que resulta gravemente herido en su cuello, después de lanzar al peliplata por los aires.

—¡Inuyasha! —la joven mujer corrió sin temor alguno hasta el malherido cuerpo del ojidorado que yacía casi inconsciente— Ya basta Naraku, no se quien crees que soy, pero mi nombre es Kagome, ¡Kagome!, y no iré contigo a ningún lugar, eres un enfermo retorcido—exclamó tratando de usar su cuerpo como barrera de protección al interponerse entre ambos.

—Ya basta Kagome, este bastardo no te esta escuchando—hablar le costaba muchísimo, su garganta ardía, respirar aún más, pero aun así logro ponerse de pie nuevamente. —No te permitiré por ningún motivo que lastimes a Kagome, ella es libre.

—¡Deja de llamarla así! —vocifero al tiempo que se lanzaba al ataque, Inuyasha estaba preparado para recibir el impacto, sin embargo, este nunca llego, por el contrario, se hallaba suspendido a escasos metros. —¿Pero qué?

—Mi señor…—los ojos de la princesa miraban con incredulidad como frente a Inuyasha se encontraba suspendido Naraku, quien había sido atravesado por la espada del enfurecido Amo y señor del Oeste.

—Te lo dije antes ¡esto termina aquí! —gruño con ira al momento que atravesaba en dos al híbrido con su poderosa Tessaiga.

—No puede ser, Izayoi, Izayoi—gritó desesperado buscando la mirada de Kagome— ¡Mi único deseo era estar junto a ti, yo siempre! —pero las palabras desaparecieron en el aire, así como su dueño del cual no quedo rastro alguno.

El silencio los absorbió de una manera abrupta, ambos seres se miraban uno al otro con detenimiento y reconocimiento, la mirada del Lord por su parte era de estoicismo, sin revelar poco o nada de sus pensamientos sobre el híbrido perro que tenía delante suyo, mientras que el rostro de Inuyasha era casi un libro abierto, denotando la sorpresa, la renuencia y el enojo que le causaba conocer por primera vez a quien su aroma le decía que sin lugar a dudas estaban emparentados.

—¿Así que tu eres el nuevo Lord del Oeste? —fue el menor quien decidió romper el silencio.

Sesshomaru asintió casi imperceptiblemente en respuesta—El antiguo comandante perro Lord Toga, nuestro padre, murió a manos del híbrido Naraku, hace algunas estaciones.

—Ja, tu padre—acentuó con sorna— no debió ser tan poderoso entonces si este malnacido fue capaz de acabar con él.

—No te confundas joven híbrido, sé que tienes la capacidad de entender la complejidad de los hechos, debo recordarte que los seres híbridos están prohibidos por la razón de su naturaleza, es por eso que existe el tratado entre especies.

—Ja, si tanto respetas ese dichoso tratado ¿qué haces con Kagome como tu prisionera?

Insolente—pensó con fastidio—Eso es un asunto que no te concierne, aunque en el Oeste no puede haber un lugar para ti, este Sesshomaru esta en deuda por tu contribución para vengar la muerte de nuestro padre.

—Otra vez esa mierda—declaro sin querer parecer sorprendido por aquella clase de ¿aceptación? Que su hermano mayor le estaba brindando—si bueno tal vez me la cobre alguna vez, si es que eres tan honorable.

El simplemente asintió envainando su espada, y dándose la media vuelta, comenzó a andar, pero al dar dos pasos se detiene solo para mirar por el rabillo de su ojo mandándole una muda orden a la princesa humana "andando", el joven híbrido se da cuenta de que en esos momentos sale sobrando por lo cual decide retirarse.

—Sea cual sea tu elección Kagome, recuerda que es tu decisión—dicho esto se echo a andar en busca de sus amigos y aldeanos, había mucho por reconstruir.

Vacilante, y con un repentino temblor en las piernas la azabache no puede dejar de mirar la alta y fornida figura de su señor, tan majestuoso, tan gélido, tan fuera de su alcance como siempre, ¿sería ella capaz de dejarlo marcharse? ¿el le pediría que lo acompañase o simplemente se la llevaría para volver a ser su objeto de entretenimiento?

—Andando— fue lo único que pronuncio, no creía que fuera necesario decir nada más.

—Lo siento mi Lord—las palabras salían temblorosas de su boca, su lengua pesaba, sentía que podría ahogarse con la misma si eso fuera posible—No voy a ir a ningún lado—poco a poco sus palabras fueron cobrando fuerza y el valor necesario parecía inundarla.

Sesshomaru simplemente se río de una manera que soné despectiva e incluso arrogante.

—Ríase cuanto quiera, pero estoy harta de ir y venir sin explicación alguna, se que me ofrendé como su prisionera a cambio de la vida de mi padre, pero también se que no puedo seguir viviendo de esta manera—presurosa se inclino ante el lord haciendo una hermosa reverencia, el pareció no inmutarse—¡le ruego por favor que termine con mi vida!, yo no significo nada para usted y una relación como la que guardábamos esta prohibida por las leyes demoniacas y humanas.

Los ojos dorados se abrieron con sorpresa, y se giró lentamente hacia ella, quien no deshizo nunca su reverencia, más fue consciente que la observaba intensamente, simplemente podía sentir su mirada en ella.

—¿Entonces prefieres la muerte? —no supo que lo llevo a hacer aquella pregunta, algo parecido al dolor lo atenazo.

—Quisiera poder decir lo que en realidad desea mi corazón mi señor, pero se que es imposible que alguien como usted pueda dármelo, y la agonía de estar a su lado en las condiciones en las que pasamos nuestro tiempo juntos, terminaran por matarme de dolor—el olor a sal inundo el aire, en este punto ella dejaba correr libremente las lágrimas—así que le imploro que me deje quedarme aquí o me libere con la muerte mi amo.

Ella alzó por fin el rostro bañado en dolor y suplica, la estaba destrozando el separarse de su lado, pero algo dentro de ella le decía que esto era lo mejor, el simplemente la observo con tranquilidad y una mirada cargada de secretos que ella no era capaz de descifrar. Y sin decir una sola palabra se convirtió en una esfera de luz que se alzó a lo lejos en el cielo, Kagome solo pudo abrazarse a sí misma y llorar, ciertamente esto era lo más difícil y a la vez liberador que había hecho en toda su vida.

—¿Te encuentras bien? —el joven híbrido se acerco a ella y le puso encima su hitoe rojo—estas temblando.

—Inuyasha ¿puedo permanecer en la aldea con ustedes? —hablo entre sollozos que se iban apagando.

—Tonta por supuesto que te puedes quedar, ¿Qué clase de pregunta es esa? Ven debemos irnos, debemos reunir a la aldea y empezar la reconstrucción de nuestra aldea.

—Sí, tienes razón, ya no lloraré.

—Khe claro que la tengo—respondió juguetonamente tratando de aligerar el ambiente por su querida amiga— además no creo ese idiota sea tan estúpido como parece al menos parece más fuerte que nuestro padre.

Dos largos años habían pasado, dos años en los que había conocido la verdadera libertad de jugar, soñar, reírse, trabajar arduamente, de elegir. Miró al horizonte, siempre hacia el Oeste no con tristeza sino con una dulce sonrisa, el pasado había quedado atrás, pero ella había decidido aceptarlo y no recordarlo con amargura, sino simplemente con amor por los pocos momentos que había sido feliz con su lord, pues gracias a el había descubierto lo que era amar.

—¡Kagome! —grito su joven amiga, Sango había esperado mucho para conocerla y en cuanto se encontraron trabajando arduamente para curar heridos y ayudar a la reconstrucción de las casas codo a codo, se volvieron grandes amigas de manera casi inmediata.

—¿Qué ocurre Sango? Acaso el monje Miroku e Inuyasha han regresado ya de su último viaje o ¿porque esa sonrisa tan grande? —indago alegre.

—Así es, los he visto venir a lo lejos cuando montaba a Kirara, han regresado—exclamo con la típica ensoñación de una joven dulcemente enamorada— he venido a buscarte para que los recibamos en el puente, ¡vamos! —le sujetó la mano y echaron a correr juntas, lo cual era aún más fácil desde que había optado por usar kimonos más cómodos y comunes y que le permitieran andar con más libertad.

Los felices amantes se funden en un feliz abrazo, aunque el joven monje decide protestar falsamente sobre ello pues teme a lo que le pasaría a su cuello si su padre pudiera observarlos, sin embargo, la dulce Sango le resta importancia y lo invita a comer a su casa, deseosa de escuchar todo lo acontecido en su viaje, sin darse cuenta Miroku ya ha echado a andar con dirección a la casa de ella mientras observa la hermosa sonrisa de la señorita Sango.

—Cada vez que los veo juntos, me maravilla lo hermoso que puede llegar a ser el amor—explica la azabache con una sonrisa amable.

—Kagome…—el atardecer comienza a ponerse y los rayos del sol le dan un matiz anaranjado a la nívea piel de la sonriente chica—sabes que si tu quisieras podrías tener todo loque tienen Miroku y Sango, incluso más—dice sonrojándose levemente, aunque no parezca le ha costado decirle aquellas palabras.

—Inuyasha, te estoy eternamente agradecida por todo lo que has hecho por mí, quisiera poder intentarlo, pero mi corazón no esta listo, en el todavía…

—Khe no importa, vayamos a comer a casa—le interrumpió para luego proseguir con un largo relato de su viaje.

Lejos de ahí en las tierras del Oeste, Sesshomaru se encuentra nuevamente así mismo volviendo a aquel lugar que tantas veces atestiguo aquello que dejo ir hace dos años. El ser de ojos dorados observa como el cerezo ha florecido nuevamente y el río sigue su curso como si nada hubiese pasado. Pero pasó, le recuerda una voz en su interior, cansado simplemente se recuesta en el tronco del cerezo y observa como la noche comienza a caer.

Dos años para un demonio como el son un fugaz destello de tiempo, aunque para los humanos puede significar un largo periodo, especialmente para ella. Frota con desesperación su rostro con su mano derecha, pero que demonios le esta ocurriendo, el es el nuevo comandante Perro, ¡el es mejor que su padre! ¡Maldita sea, el no debería de tener estos sucios sentimientos característicos de los humanos!

Pero los tenía… aunque la ley los prohibiera, pero el era el Lord del Oeste y el podría cambiar las leyes y sino las desafiaría, porque nadie le diría lo que podía o no hacer. Y con aquella elección hecha se transformo en la forma de su perro demonio colosal y hecho andar sin perder el tiempo, pues los humanos eran muy efímeros.

Cuando llego a la montaña que se encontraba al pie de la aldea rugió con fuerza seguro de que ella atendería a su llamado. Y así fue, al escucharlo dejo caer el plato en sus manos y corrió presurosa vislumbrando a la majestuosa bestia blanca que se deshacía en un haz de energía luminosa. "Esta aquí" se dijo a si misma, mientras su corazón latía desbocado, fue tan veloz como sus piernas le permitieron y ahí en la entrada de la aldea yacía de pie su estoico y hechizante lord.

—Es hora de irnos—extendió una de sus garras hacia ella ya no con frialdad o indiferencia, sino con añoranza.

—Esta vez tiene que ser diferente, de otro modo no…

—Todo cambiará, no solo para nosotros, sino para todos, este Sesshomaru te da su palabra.

Kagome sintió como su corazón latía sin control, corrió a los brazos del Inuyoukai de ojos dorados, sollozando sobre cuanto lo había extrañado—Te tomo demasiado tiempo—recrimino aferrándose fuertemente a su pecho.

—No volverá a ocurrir—respondió simplemente tomándola entre sus brazos protegiendo el tembloroso cuerpo de aquella mujer que había de convertirse en su compañera hasta que el tiempo decidiera separarlos, pero incluso contra el tiempo Lord Sesshomaru lucharía para que Kagome pudiera permanecer con él.

Nota de la autora: Y con esto hemos concluido este largo viaje que comenzó hace casi 8 años. Quiero agradecer a todos los lectores fieles que estuvieron desde el primer capítulo, así como aquellos nuevos que se unieron hace poco. Esta historia fue mi primer trabajo largo, y aunque hubo momentos en que creí que no podría terminarla, el saber que les debía a ustedes conocer el final de esta hermosa y tormentosa historia de amor entre Sesshomaru y Kagome; me dio las fuerzas y la motivación para por fin terminar.

Gracias por todos sus reviews, sus follows, sus favoritos, gracias a ustedes lectores silenciosos. No se si vuelva a escribir en un largo tiempo, pero les dejo besos y cariños.

Moon Skin.