Capítulo 3
La segunda regla de los ángeles guardianes era muy sencilla en realidad: no hacerse visible frente a los seres humanos. El problema aquí fue que nadie se tomó la molestia de informarle a Kurt sobre lo que podía hacer y mucho menos que había reglas acerca de ello, o tal vez fue que a Nick no le dio tiempo de decírselo porque el castaño salió como un rayo en busca de Blaine a la primera de cambio. Sin embargo, si hubiera escuchado al ángel algunos minutos más seguramente el ojiazul no estaría sintiéndose de esa forma al verse descubierto por su custodiado en aquella pequeña habitación de hospital.
– ¿No me dirás quién eres? – Preguntó nuevamente el ojimiel viendo directamente a Kurt a los ojos. Nunca en su corta vida había visto nada igual y aquella imagen parecía una visión, era como si estuviera viendo un ángel pero seguramente se trataba de un doctor o en todo caso de un enfermero por su vestimenta blanca pero si lo era, ¿por qué estaba hablándole de esa manera hace un rato y por qué lo miraba de esa forma? Blaine podría jurar que el chico estaba más preocupado por él que sus propios padres que entraban en ese momento a la habitación.
– ¡Hijo! ¡Estás despierto! – No pudo evitar gritar su mamá en cuanto lo vio contemplando fijamente una de las paredes de la habitación.
– ¿Cómo te sientes Blaine? – Le preguntó su padre llamando su atención.
– Yo… Estoy adolorido y… – Comenzó a decir mientras miraba a sus padres pero no pudo terminar. ¿Cómo explicar lo que había pasado?
– ¿Qué pasa hijo? – Insistió su padre al ver su consternación.
– Ustedes… ¿ustedes saben quién es el chico de ojos azules? – Dijo finalmente el chico del cabello suave y el castaño sintió un nudo en la garganta, hasta el momento no se había movido de su lugar porque temía lo peor pero ya estaba planeando cómo escapar cuando los presentes se dieran cuenta de su existencia.
– ¿Quién? – Preguntó confundida la señora Anderson.
– El que está… – Intentó decir Blaine pero en cuanto miró el lugar donde estaba el castaño no encontró a nadie ahí. – El chico que estaba aquí hace un minuto… – Decidió decir y algo dentro del ángel lo hizo sentirse más ligero.
– Hijo, aquí no había nadie aparte de nosotros… – Le aseguró su padre mientras le tocaba la frente con su mano para ver si tenía fiebre.
– ¿Qué? Pero si estaba justo ahí… – Insistió el muchacho y Kurt comenzó a moverse por la habitación dándose cuenta de que nadie podía verlo nuevamente.
– Será mejor que llamemos al doctor… – Dijo convencido el señor Anderson y salió por la puerta de la habitación.
– ¡No! ¡Les juro que estaba ahí! – Gritó Blaine desesperado pero sólo logró preocupar más a su madre.
– Blaine, tranquilo... No es bueno que te alteres hijo. – Escuchó decir a la señora Anderson y recorriendo una vez más la habitación con la mirada se dio cuenta que nadie había podido ver lo que él sí.
Mientras tanto el castaño que contemplaba la escena comenzó a regularizar su respiración, por un momento llegó a pensar que los Anderson podrían verlo y eso realmente hubiera sido una tragedia. ¿Qué hubiera hecho el señor si se enteraba que toda una familia mortal había visto a un ángel? Mejor ni pensarlo porque… ¡El señor! Kurt tenía que regresar al cielo cuanto antes, llevaba ya varias horas en la Tierra y justo ahora estaba viendo a su custodiado ser atendido por el médico del hospital una vez más así que en cuanto él dijo que Blaine estaría bien con un poco de reposo y al verlo en compañía de su familia, Kurt decidió que era tiempo de regresar.
No quería ni imaginarse con todo lo que se podría encontrar a su regreso pero sin importar lo que pasara él estaba tranquilo porque ahora Blaine estaba estable y en buenas manos. ¿Quién iba a decir que aquel día iba a terminar de esa manera? Ahora que lo pensaba, él no había escuchado nada sobre el estado de salud de Matt y no estaba seguro de si eso era bueno o malo pero lamentablemente no pudo quedarse a averiguar un poco más porque de la nada apareció Elliot y como un rayo se lo llevó de regreso al lugar al que pertenecían.
– ¡Hey, suéltame! ¿Qué fue eso? – Se quejó el castaño una vez que llegaron a su destino.
– ¡¿Qué fue eso?! ¡ESO es lo que yo quiero saber Kurt! ¿A qué fuiste a la Tierra? – Le reclamó el otro ángel pero el tono no ayudó para que el ojiazul cooperara con él.
– No es tu asunto Elliot…
– ¿No es mi asunto? ¡Claro que lo es porque tuve que mentir por tu culpa! – Dijo exasperado Elliot.
– Creo que él tiene razón… – Intervino una tercera voz y el castaño volteó a ver a su amigo que recién llegaba.
– ¿Jeff? ¿Qué fue lo que pasó? – Le preguntó.
– El señor pasó hace un rato a supervisar y no te vio así que preguntó por ti pero Elliot cubrió tu espalda… – Explicó el rubio y la culpa cayó en los hombros del castaño.
– Está bien, gracias Elliot y lo lamento mucho…
– ¿Me dirás por qué te fuiste? – Preguntó un poco más tranquilo el otro ángel.
– Blaine tuvo un accidente y tuve que ir en su auxilio…
– ¿Está bien? – Dijo su amigo y él sonrió tristemente.
– Sí, ¿dónde está Nick?
– Está cubriendo mi puesto mientras yo venía a verte…
– Oh, dile que tenía razón y que lamento lo de ayer… – Le encomendó el castaño pero el rubio no le tomó mucha importancia a esa indicación.
– Ya habrá tiempo para que se lo digas tú en persona Kurt. Por cierto, ¿por qué no me habías dicho que tenías un compañero tan guapo?
– ¿Qué? – Casi gritó el ojiazul al comprender lo que había dicho su amigo.
– Lo que oíste, ¿has visto sus ojos con atención? ¡Son hermosos Kurt! Y ni hablar de su cabello o su sonrisa… – Continuó Jeff con cara de enamorado empedernido.
– Ay no, mejor me voy de aquí. Ten más cuidado la próxima vez Kurt… – Dijo Elliot antes de darse media vuelta y volver a sus actividades.
– Gracias Elliot… – Le respondió Kurt y el rubio se acercó a él para decirle algo al oído.
– Parece que le caigo mal…
– No eres tú, es tu lado cursi… – Comentó el castaño un tanto divertido pero a su amigo no le gustó la broma. – ¡Auch! – Gritó al sentir el codazo en sus costillas.
– Yo no soy cursi… – Se defendió el rubio pero la mirada del castaño lo hizo reflexionar un poco. – Bien, tal vez sólo un poco…
– Olvídate de si eres cursi o no Jeff. Tengo algo importante qué decirte… – Llamó su atención Kurt.
– ¡Dime que no te gusta Nicky! – Lo miró sospechosamente su amigo y el castaño casi se va de espaldas.
– ¡¿Qué?! ¡No! ¡No es sobre eso!
– ¿Entonces? – Insistió Jeff.
– Cuando estaba en la Tierra con Blaine, él… No sé cómo pero él… Blaine pudo verme Jeff… – Terminó confesando el castaño.
– Ay Kurt…
– Sé que parece una locura pero de verdad pasó Jeff, incluso me habló y me siguió con la mirada… – Continuó Kurt pensando que la expresión de su amigo era de incredulidad pero en realidad estaba un poco equivocado.
– ¿Nick no habló contigo sobre esto? – Le preguntó el rubio.
– Temo que no me dio tiempo… – Intervino el susodicho y ambos voltearon a verlo.
– ¡Nick! ¡Blaine está bien! – Gritó Kurt mientras lo abrazaba y él rió.
– Lo sé Kurt, te dije que no te preocuparas…
– No pude evitarlo Nick… – Confesó el castaño.
– Ya lo veo amigo, eres un poco impulsivo…
– Entonces… ¿Me dirás por qué me vio Blaine? – Le preguntó Kurt al otro ángel.
– Los ángeles guardianes podemos hacernos visibles ante los humanos, este poder se regula con el tiempo pero como tú eres principiante es normal que hayas perdido el control, especialmente cuando estabas dominado por una de tus emociones… – Se dedicó a explicarle Nick pacientemente mientras la mirada del rubio se clavaba en un joven alto y bastante guapo que aparecía atrás del susodicho para tomar su mano.
– ¿Cómo puedo controlarlo entonces? – Preguntó el ojiazul ignorando totalmente el gesto anterior.
– Práctica, sólo con práctica… – Respondió esta vez el recién llegado siendo gratificado con una sonrisa por parte de Nick y Jeff no pudo evitar fulminarlo con la mirada.
– Disculpa… ¿Y tú eres? – Lo cuestionó el rubio y Kurt lo barrió de pies a cabeza.
– Imposible… – Tuvo que decir.
– No Kurt, no es imposible sólo es… ¿Qué haces? – Intentó contradecirlo su amigo pero se detuvo en cuanto se dio cuenta que él estaba fijando su mirada hacia la Tierra.
– Apenas se lo van a decir Kurt… – Le comentó Nick al comprender en lo que estaba pensando.
– ¿Qué le van a decir? Alguien debería explicarme… – Se quejó el rubio.
– Yo puedo… – Se ofreció el recién llegado pero eso no le agradó mucho al otro.
– Alguien que no seas tú…
– Velo con tus propios ojos Jeff… – Dijo esta vez Nick y todos se acercaron para ver lo que estaba contemplando Kurt detenidamente en aquel pequeño hospital de la Tierra.
– ¿Mamá? ¿Cómo está Matt? – Preguntó Blaine una vez que despertó de su siesta esa tarde.
– Eh… Hijo, ¿cómo sigue tu mano? ¿Quieres que la revise otra vez el médico? – Respondió su mamá intentando cambiar el tema.
– No mamá, mi mano está bien. Lo que quiero saber es cómo está Matt… – Insistió el joven y después de intercambiar una mirada con su esposo, la señora Anderson decidió hablar finalmente.
– Blaine, tienes que tomarlo con calma… – Comenzó a decir cautelosamente pero eso sólo alteró más a su hijo.
– ¡Mamá, sólo dime!
– Tu amigo Matt estaba muy grave cuando lo trajeron aquí y... – Siguió diciendo pero se detuvo porque no sabía cómo decir lo demás.
– ¡¿Y QUÉ?! – La presionó su hijo sintiendo un vacío en el estómago y su mamá tuvo que responder a eso.
– No sobrevivió Blaine…
– ¡No! ¡Me estás mintiendo! ¡Eso no puede ser cierto! – Gritó el ojimiel mientras algunas lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas. Eso no podía ser posible, su mejor amigo no podía haber muerto por culpa de esos grandulones ignorantes. Sin embargo, Kurt supo inmediatamente que las palabras de la señora Anderson eran ciertas porque el chico que había llegado detrás de Nick lucía tan apuesto como el amigo de Blaine esa noche y sin duda alguna era el mismo Matt el que ahora estaba junto a ellos contemplando aquella escena que podía romperle el corazón a cualquiera.
¡Hola! Hasta aquí un capítulo más. Mis disculpas por la falta de actualizaciones pero intentaré encontrar una solución para todo esto... ¡Gracias por leer! ¡Y hasta pronto! ;)
