Capítulo 4
Después de ver a Blaine derrumbarse en los brazos de su mamá por la muerte de su amigo, el ángel se acercó a Kurt para explicarle que su misión en la Tierra había sido terminada. Para ser sinceros el castaño cada vez entendía menos, recordaba que su misión había terminado también en un accidente y lo que todavía no lograba comprender era cómo su muerte o la de Matt podrían significar el fin de sus misiones si dejaban a la gente que los amaba sufriendo como lo estaba haciendo su custodiado en aquel momento.
– Entonces… ¿Tú eres Matt? – Preguntó confundido el rubio en aquel momento.
– Así es Jeff, él era amigo de Blaine en la Tierra… – Respondió el castaño.
– Eso veo…
– ¡Mucho gusto Jeff! – Dijo el ángel emocionado tomando la mano del rubio y éste no tuvo otra opción más que corresponderle.
– Todavía no le encuentro sentido a tu misión Matt pero… – Comentó el ojiazul un poco pensativo, sin embargo no pudo terminar.
– Es cuestión de tiempo Kurt, al final entenderás el porqué de todo esto… – Le aseguró Matt y Nick se acercó al castaño para colocar su mano en su hombro.
– Estoy de acuerdo con él…
– Está bien, confiaré en su palabra… – Terminó diciendo Kurt y todos se quedaron en silencio por un rato.
– Bueno mientras llega el momento, ¿por qué no salimos todos juntos? – Sugirió Matt finalmente y el castaño se acordó de Blaine.
– Lo siento, tengo un adolescente a quien custodiar pero vayan ustedes…
– Yo me quedo contigo Kurt… – Dijo inmediatamente Jeff y Nick lo miró un poco extrañado.
– ¿Seguro que no quieres venir Jeff? – Tuvo que preguntar.
– Sí, tengo que jalarle las orejas a mi amigo por lo que ha hecho, pero vayan y diviértanse ustedes dos juntos… – Respondió el rubio con una sonrisa forzada y los otros intercambiaron miradas antes de responder.
– Está bien… – Dijo Nick un poco resignado.
– ¡Nos vemos chicos! – Casi gritó Matt mientras tomaba a su compañero del brazo y poco a poco se alejaron.
– Hasta luego… – Fue lo último que dijo Kurt antes de comenzar a caminar junto a Jeff que parecía un poco perdido en sus pensamientos. – ¿Jalarme las orejas? ¿No se te ocurrió algo mejor? – Quiso saber el castaño después de un rato y su amigo se dejó caer sobre una nube.
– La verdad es que no. Ese tal Matt me cae en la punta del hígado…
– Y pensar que los humanos creen que nosotros somos puro amor y bondad… – Comentó el ojiazul divertido al contemplar la situación.
– Deberían saber que nosotros somos tan capaces de sentir lo que ellos porque hemos sido hechos por el mismo creador… – Sentenció el rubio y Kurt estuvo de acuerdo.
– Sí pero supongo que es difícil imaginar a un ángel celoso…
– ¡¿Celoso?! No sé de lo que estás hablando… – Gritó indignado su amigo y el castaño se sentó a su lado.
– Sí claro, ¿me vas a decir que no estás celoso de Matt? – Preguntó directamente.
– ¿Por qué debería estarlo? Nuestros trabajos son diferentes y yo no voy a la Tierra y regreso aquí como si nada para tomar de la mano a… – Comenzó a decir Jeff pero no pudo continuar al darse cuenta de lo que estaba diciendo.
– ¡Ajá! ¡Te gusta Nick! – Concluyó Kurt emocionado y las mejillas de su amigo se tornaron rojas.
– ¡¿Qué?! ¡Claro que no!
– No lo niegues Jeffrey, creo que hasta Matt pudo darse cuenta de que querías asesinarlo con la mirada… – Insistió el más alto.
– Soy un ángel Kurt, no puedo asesinar a nadie… – Le recordó el rubio y Kurt sólo rodó los ojos.
– Sabes que no me refiero a eso pero está bien, si quieres engañarte hazlo…
Dicho esto, el castaño dirigió su mirada hacia la Tierra dejando a su amigo pensar un rato en lo que había pasado y se concentró en su custodiado una vez más. Al parecer todo había salido bien y ahora ya estaba dirigiéndose a su casa junto a sus padres. No era difícil notar la tristeza en sus ojos pero era normal por la pérdida que había tenido, sus papás intentaban consolarlo pero realmente, ¿qué se puede hacer cuando el mejor amigo de tu hijo muere? No hay libro ni taller para padres que te pueda enseñar qué hacer en esas situaciones y los Anderson lo sabían.
Por su parte, en el auto Blaine estaba pensando en qué iba a hacer sin Matt en su vida, cómo sobrellevaría la escuela sin su mejor amigo y sobretodo qué haría cuando su padre le preguntara por qué motivo había sido la pelea, ¿cómo iba a reaccionar? Estaba consciente de que el señor Anderson no era la persona con la mente más abierta del mundo pero cuando llegara el momento tenía que decirle la verdad, Blaine no planeaba vivir ocultándole a todos sus preferencias y mucho menos a su familia. Lo cierto es que no sabía cómo lo iban a tomar pero ya estaba decidido y al parecer no tardaría mucho en averiguar lo que pasaría porque al llegar a su casa su papá le dijo que quería hablar con él.
– ¿Qué pasa papá? – Preguntó un poco nervioso el menor mientras sus padres se acomodaban frente a él en la sala.
– Tal vez deberíamos dejar la conversación para otro momento… – Escuchó decir a su mamá casi como una súplica.
– De ninguna manera Pam, ya esperamos suficiente para conocer la verdad… – Fue la respuesta del señor Anderson y un escalofrío recorrió el cuerpo de Blaine.
– ¿Qué verdad? – Tuvo que preguntar.
– ¿Qué fue lo que pasó realmente esa noche Blaine? – Dijo directamente su padre
– Tu papá se refiere al motivo de la pelea hijo… – Intervino su mamá.
– Se metieron con mi amigo y yo lo defendí…
– ¿Y por qué se metieron con tu amigo? – Cuestionó el señor Anderson.
– Porque él es… él era gay… – Respondió Blaine tratando de ignorar el nudo que se formaba en su garganta.
– Debiste mantenerte al margen hijo, él se lo merecía… – Empezó a decir su papá pero al escuchar esas palabras algo dentro del corazón del menor se rompió.
– ¡No te atrevas a volver a decir eso! ¡Él no se merecía lo que le pasó papá! – Le gritó a su padre desesperado y una lágrima rodó por su mejilla.
– James, no le digas esas cosas a tu hijo… – Dijo la señora Anderson al ver cómo se había puesto Blaine pero su esposo sólo negó con la cabeza.
– Es la verdad Pam, si el tal Matt no hubiera estado de…
– ¡Detente! ¿Estás intentado decir que si yo fuera gay merecería morir de esa manera papá? – Dijo el ojimiel y más lágrimas desbordaron sus ojos.
– No quise decir eso Blaine, además tú no eres como esos raritos así que… – Intentó defenderse su padre pero siguió cometiendo errores.
– ¿Raritos? ¡Por Dios! Sabía que eras de mente cerrada pero no sabía a qué grado papá… – Dijo Blaine ya de pie en la sala y su mamá le hizo una seña para que se tranquilizara.
– Cuidado con lo que dices Blaine. y por cierto, ¿con quién fuiste al baile hijo? – Siguió diciendo su padre.
– Con Matt…
– Ya sé que él pasó por ti hijo pero no me dijiste a quienes iban a recoger después, ¿alguna chica que yo conozca? – Insistió el señor Anderson.
– Fui con Matt papá, fuimos como pareja y lo volvería a hacer… – Respondió Blaine muy seguro de lo que decía.
– Ay hijo, no debiste sacrificarte por alguien como él…
– ¡Ya basta! ¡No me sacrifiqué por él y deja de hablar así de él porque te recuerdo que mi mejor amigo está MUERTO! ¡Fui con Matt porque él me lo pidió! ¡Fui con él porque yo le gustaba y quería pasar una linda noche conmigo! ¡Fui con él porque el sentimiento era correspondido papá! ¡Soy gay! – Terminó gritando el ojimiel y tanto él como su mamá se quedaron observando la reacción de su padre.
– Creo que escuché mal hijo, tú dijiste que…
– Que soy gay, soy gay papá y eso nunca va a cambiar… – Aclaró el menor y la cara de su padre se descompuso completamente.
– No puede ser…
– James tranquilízate por favor… – Comenzó a decir la señora Anderson y su esposo estalló finalmente.
– ¿Tú lo sabías? ¡Por supuesto que lo sabías! ¡Esto es imposible! – Gritó desesperado.
– Papá…
– ¡Escúchame bien Blaine Anderson! A partir de la próxima semana irás a un internado donde se encargarán de hacerte un hombre de verdad y no quiero que vuelvas a decir este tipo de estupideces en mi presencia. Por lo pronto no te dirigiré la palabra hasta que se te quite lo que sea que tienes y mejor vete olvidando de tus amigos de la escuela porque tienes prohibido volver a verlos. – Dijo seriamente su padre y sin más se dio la vuelta y desapareció rumbo a las escaleras.
– Yo… yo no quiero ir a ese internado… – Soltó Blaine mientras lloraba incontrolablemente y su mamá se acercó a él para abrazarlo.
– Lo sé cariño, no te preocupes…
– No estoy enfermo mamá, sólo me gustan los hombres y… – Comenzó a decir entre sollozos pero la señora Anderson lo hizo callar.
– Ya no digas más Blainey, yo me encargaré de que nada malo te pase…
– Pero no quiero que te metas en problemas con papá… – Le dijo tristemente y ella besó su frente.
– Déjamelo a mí cariño, tú ve a descansar a tu recámara…
– Te amo mamá, gracias por aceptarme… – Fue lo único que pudo decir el menor y su madre lo abrazó un poco más fuerte.
– Siempre te aceptaré como eres Blainey, además yo ya lo sabía desde hace tiempo… – Confesó la mujer con una sonrisa apenas perceptible en los labios.
– Gracias… – Dijo el menor antes de irse a su habitación como se lo había sugerido su mamá y ahí finalmente sacó todo lo que sentía por dentro y se puso a llorar sin ninguna restricción.
El castaño contemplaba la escena sin poder creer lo que acababa de pasar, el señor Anderson había rechazado a su hijo y quería mandarlo a un internado para "arreglarlo". ¿En qué época creía el señor Anderson que estaban viviendo? De pronto la angustia invadió su cuerpo y las lágrimas del ojimiel no ayudaron en nada, definitivamente estaba pasando por un mal momento y no tenía a nadie a su alrededor, nadie excepto a él. – Tengo que irme Jeff… – Dijo el castaño al darse cuenta de la situación y su amigo no trató de impedirlo al notar la urgencia que había en su voz.
– Ten cuidado Kurt…
– Sí, lo tendré… – respondió el ángel antes de descender a la Tierra en busca de Blaine. La gran pregunta era, ¿cómo iba a ayudar a su custodiado si no podía ni debía hablar con él? El ojiazul no lo sabía pero lo que sí sabía era que tenía que estar a su lado para apoyarlo en estos momentos aunque él no lo supiera. Por eso fue que en un abrir y cerrar de ojos el ángel ya estaba en la casa de los Anderson junto a Blaine quien seguía llorando por el destino que seguramente le esperaba. Porque, ¿qué puede haber de bueno en un internado donde se cree que la homosexualidad es una enfermedad? Lo más seguro era que lo iban a tratar de lo peor y terminaría sufriendo por algo que no tenía nada de malo. En la cabeza del moreno estaban apareciendo las peores imágenes que pudiera imaginarse y el sentimiento que le invadía el pecho seguía ahí, todo estaba a punto de cambiar en su vida y todo por atreverse a decir la verdad.
Sin embargo, Blaine no contaba con que poco a poco ese dolor en el pecho fuera disminuyendo ni con que su vida, en efecto, cambiaría en los próximos días pero no como él pensaba. De pronto el chico pareció respirar un aire diferente y la tranquilidad comenzó a invadirlo por dentro, era como si una presencia misteriosa hubiera llegado a la habitación y se estuviera encargando de darle la paz que necesitaba porque alrededor de cinco minutos después, el ojimiel se quedó profundamente dormido soñando con una voz que lo tranquilizaba y sintiendo una mano en su espalda que sólo lograba relajarlo aún más. Sin lugar a dudas, Kurt había llegado en un buen momento.
¡Hola! Un capítulo más, sé que no es de los más agradables pero bueno... ¡Gracias por sus reviews y por seguir leyendo! ¡Nos leemos pronto! ;)
