Capítulo 5
Aquella vez Blaine no pasó una noche muy tranquila que digamos pero Kurt estuvo siempre a su lado para tranquilizarlo cuando fuera necesario, al igual que en las noches siguientes. La verdad era que el ángel estaba tan preocupado como él por lo que le esperaba en su nueva escuela pero con lo que no contaban ninguno de los dos era con que la señora Anderson le tendería una trampa a su propio esposo. Algunas personas dicen por ahí que no hay amor más grande que el de una madre por su hijo y Kurt estaba a punto de comprobarlo.
– Blaine, hijo despierta… – El susurro de la mujer llegó a los oídos del menor.
– ¿Mamá? ¿Qué pasó? – Preguntó el moreno adormilado.
– Tienes que levantarte ahora hijo, tu papá me pidió que te mandara al internado esta mañana pero tienes que irte antes de que él despierte… – Lo incitó su madre.
– ¿Qué? Pero mamá, yo no quiero ir a ese internado. ¡Te lo suplico!
– Hijo, cálmate. No vas a ir a ese internado pero sí irás a uno. Cerca de aquí está Dalton, es un colegio privado exclusivo para hombres y ya he hablado con el director para que no lo comente con nadie. Tú estudiarás ahí mientras tu padre cree que estás en el otro lugar, te aseguro que nadie te molestará en esa escuela y si fuera así sólo tienes que decírselo a algún maestro o al director. – Lo tranquilizó la señora Anderson y el color volvió al cuerpo del ojimiel.
– ¿Estás segura mamá? No quiero meterte en problemas… – Dijo preocupado su hijo.
– Tranquilo hijo, tu padre no se enterará y con tantos chicos por ahí seguro que me consigues un yerno… – Comentó despreocupada la mujer mayor y las mejillas del menor se tiñeron de rojo.
– ¡Mamá! Yo no estoy en edad para eso…
– Para el amor no hay edades Blainey, ni espacio, ni tiempo así que no digas nada y ve a disfrutar de esa escuela, ¿entendido? – Sentenció la señora Anderson y esas palabras resonaron en la cabeza del ángel por unos segundos como si se trataran de un eco.
– Sí, te amo mamá… – Respondió el moreno tirándose en sus brazos y ella correspondió el gesto.
– Yo también hijo…
Eso fue lo último que pudo decir la señora Anderson antes de que lograra sacar a su hijo de ahí lo más pronto posible. Su esposo no tardaba en despertar pero con suerte cuando lo hiciera, Blaine ya estaría a salvo. Y realmente lo estaría porque Kurt no planeaba dejarlo solo en esa escuela, que aunque según la mamá del joven era muy segura, para el ángel todavía no era del todo confiable, ¿y si se trataba de una trampa?
Al llegar a Dalton, el director recibió a Blaine con un cálido abrazo y Kurt pensó que tal vez había exagerado un poco con sus hipótesis sobre el lugar. En realidad todo parecía como salido de un cuento, claro que eso era obvio porque la matrícula escolar no era muy barata en esa zona pero para la señora Anderson, el bienestar de su hijo valía eso y mucho más. – Bienvenido señor Anderson, le aseguro que no se arrepentirá de estar aquí… – Fueron las palabras exactas del mayor mientras Blaine tomaba su equipaje.
– Eso me dicen… – No pudo evitar decir mientras recorría todo el lugar con la mirada.
– Sígame por aquí, por favor… – Le indicó el hombre que estaba a punto de quedarse calvo y comenzó a avanzar.
– Claro… – Le aseguró el más joven siguiéndole el paso de cerca y así fue como llegaron a lo que parecía su nuevo dormitorio.
– Esta será su habitación, si necesita algo hágame favor de decírmelo… – Dijo el director mientras Blaine acomodaba sus cosas cerca de su cama y fue entonces cuando volteó a verlo.
– Gracias director, por el momento sólo quiero dormir un poco más…
– Adelante, las clases comienzan a las 8 pero su profesor de esa clase no se presentará hoy así que lo veo a las 10 en el salón que indica su horario… – Le informó el mayor y una sonrisa apareció en el rostro del ojimiel.
– Está bien, muchas gracias… – Dijo alegremente y después de darle un asentimiento, el director salió del dormitorio dejando al joven solo para que acomodara sus cosas o durmiera un poco más porque seguramente le esperaba un día bastante duro.
En cuanto el hombre salió, Blaine consideró acomodar sus cosas en los muebles que había en la recámara pero en cambio decidió acostarse un rato en su cama. Una vez ahí, acomodado en posición fetal, recordó que en meses o probablemente años no volvería a ver a su mamá, a la mujer que le había dado la vida y a la que le debía el estar en Dalton y no en ese otro horrendo lugar. Sin querer, el sentimiento se apoderó de él y las lágrimas comenzaron a fluir libremente rumbo a sus mejillas.
– Llora Blaine, es lo mejor para que te desahogues. Pronto pasará el dolor… – Escuchó una cálida voz que lo hacía sentirse tranquilo.
– ¿Cómo saberlo? – Se encontró preguntándole a esa que creía era su voz interior.
– Porque así es, si contienes lo que sientes sólo te haces más daño y si lo liberas pronto se irá… – Le contestó la voz.
– Tengo miedo, si papá se entera… – Intentó decir pero no pudo continuar.
– No lo hará, tranquilo… – Dijo Kurt con su dulce voz mientras sin pensar tocaba la espalda del menor y eso fue lo que lo regresó completamente a la realidad.
– Oh-mi-Dios… ¿Alguien está tocando mi espalda? – Dijo temeroso y una vez que se dio la vuelta se encontró con ese par de ojos azules que lo habían estado persiguiendo en sus sueños. – Tú… ¿Tú otra vez? – Casi gritó al caer en la cuenta de que ese chico era el mismo del hospital, el mismo que había desaparecido tiempo atrás y que intentaba hacer lo mismo justo en ese momento. – No, no, no, no, no, ¡no! No te irás sin antes decirme quién eres y cómo entraste a mi habitación… – Le advirtió elevando el tono de voz para llamar su atención y el otro se paralizó.
– Yo… ¿Venía a hacer las camas? – Contestó el castaño rogando que al decir esas palabras él desapareciera y Blaine no recordara nada pero eso no pasó.
– ¿Hacer las camas? Pero si esta habitación estaba vacía hasta hace unos minutos… – Dijo intrigado el moreno mientras lo miraba seriamente.
– Pues por eso, siempre empiezo con las que están vacías primero… – Respondió astutamente el ojiazul, o al menos eso creyó él.
– ¿Y por qué vistes así? – Lo cuestionó Blaine.
– Porque… Porque… – Intentó decir pero no aparecieron justificaciones en su cabeza.
– ¿De verdad trabajas aquí? Porque recuerdo haberte visto en algún otro lugar…
– ¿Ah, sí? ¿Dónde? – No pudo evitar preguntar el castaño y una parte de él sabía que estaba metiendo la pata, ¿por qué no sólo desaparecer y ya?
– En el hospital… – Respondió el menor y el ángel recordó lo que había pasado aquella vez.
– ¡Oh, sí! Trabajo ahí también…
– ¿También? Ya veo… ¿Y qué haces con tu uniforme del hospital aquí? – Le preguntó el moreno suspicazmente.
– ¿Uniforme? ¡Oh, lo dices porque visto de blanco! Ya entiendo… – Dijo Kurt en voz alta comprendiendo a lo que se refería.
– ¿Entonces? – Insistió el ojimiel.
– Yo, eh… No me dio tiempo de cambiarme…
– Eres muy malo mintiendo, ¿sabes? – Sentenció Blaine.
– Eso es porque no sé mentir… – Dijo el ángel como si estuviera diciendo que el cielo es azul y el menor abrió mucho los ojos.
– ¿Qué has dicho?
– Nada… – Intentó disimular el castaño.
– ¿Por qué no sabes mentir? – Tuvo que preguntar Blaine.
– Nunca lo había hecho hasta… – Comenzó a decir naturalmente hasta que se dio cuenta de su error y se detuvo.
– ¡Hasta ahora! ¡Lo sabía! Tú no trabajas aquí, ¿cierto? – Gritó el chico entre emocionado y asustado.
– No… – Respondió Kurt resignado.
– ¿Entonces? ¿Dónde trabajas? – Lo cuestionó el joven.
– Es algo difícil de explicar…
– Inténtalo… – Lo animó el ojimiel.
– Amm… No, la verdad es que no sé por dónde empezar… – Dijo sinceramente el más alto.
– Está bien, después me dices dónde trabajas pero hay algo que me inquieta más…
– ¿Qué cosa? – Preguntó intrigado el ángel.
– ¿Por qué lucías tan preocupado por mí en el hospital si ni siquiera me conoces? – Quiso saber Blaine y él sonrió tranquilamente.
– Sí te conozco Blaine, no desde hace mucho tiempo pero lo hago…
– ¿Ah, sí? ¿Y por qué yo no lo recuerdo? – Insistió el moreno.
– Porque no fuimos presentados oficialmente… – Dijo como si nada el castaño.
– Ya veo, entonces hazlo…
– ¿Hacer qué? – Preguntó confundido.
– Preséntanos…
– ¡Oh, claro! Amm… Blaine, yo soy Kurt… – Respondió el ojiazul y el menor lo miró con una ceja levantada.
– ¿Kurt, qué…? – Exigió saber.
– Kurt… Kurt Hummel… – Contestó el ángel decidiendo tomar prestado su apellido de mortal por un tiempo.
– Mucho gusto, ¿estudias aquí también? – Dijo Blaine de pronto y Kurt lo miró confundido.
– Eh, no…
– ¡Claro! Perdón, se me olvidó que eres mayor. Entonces, ¿de verdad haces camas aquí? – Intentó de nuevo el más joven.
– Eh, no…
– Pero sí trabajas en el hospital… – Afirmó el ojimiel sin esperar la respuesta que se venía.
– Eh, no… – Respondió el ángel por tercera vez y los ojos de Blaine se abrieron un poco más de lo habitual.
– Ok, es un hecho que comienzo a asustarme… – Dijo retrocediendo un poco.
– ¡No, no lo hagas! Quiero decir, no tienes por qué temerme… – Le aseguró Kurt.
– Lo intento pero lo único que sé de ti es tu nombre y comienzo a dudar que sea el verdadero… – Comentó Blaine un tanto nervioso por todo lo que estaba pasando, ¿por qué rayos estaba tan lejos de la puerta?
– Lo es, lo juro… – Dijo el castaño con tal sinceridad que el corazón del joven se tranquilizó inmediatamente.
– Está bien, te creo pero entonces dime quién eres realmente… – Se escuchó decir en voz alta y vio a su acompañante negar con la cabeza.
– No creo que sea buena idea. Yo propongo que cuando salga por esa puerta tú olvides todo lo que acaba de pasar y te prometo que nunca nos volveremos a ver… – Dijo el ángel convencido de que esa era la mejor opción pero la mirada de Blaine le transmitía lo contrario.
– No quiero que te vayas aún… – Lo escuchó decir.
– ¿Por qué? – Quiso saber el ojiazul.
– Porque… Porque… Porque hay algo en ti que me… ¡No lo sé! Pero quiero conocerte… – Se encontró diciendo el menor un poco sonrojado y Kurt sonrió tristemente.
– Dudo que eso sea una buena idea…
– ¿Por qué? – Insistió su custodiado.
– Porque lo sé y punto. – Fue su respuesta. – Mejor olvídalo y… ¿Qué haces? – Dijo confundido el castaño al ver que Blaine se movía a su alrededor para llegar a la puerta.
– No te voy a dejar salir… – Sentenció el joven poniendo el seguro a la puerta y Kurt tuvo que contener las ganas de reír a carcajadas.
– No necesito de una puerta para pasar… – Dijo sin pensar y el corazón del menor se aceleró nuevamente.
– ¿Qu-qué dijiste?
– Nada… – Respondió Kurt queriendo darse de golpes en la cabeza, ¿en qué rayos estaba pensando?
– Es oficial, estoy asustado. Dime quién eres o llamo al director en este instante… – Le advirtió el más bajo.
– Blaine… – Intentó persuadirlo por última vez el ángel.
– ¡Dímelo ahora! – Gritó decidido el moreno y eso hizo que Kurt entendiera que esta vez estaba hablando en serio.
– ¡Está bien! Tú ganas pero siéntate en la cama por favor… – Dijo resignado pero el joven no le hizo caso.
– ¿Es una trampa? – Le preguntó con una ceja levantada y Kurt se sintió ofendido.
– ¡No! Sólo… Hazlo, yo sé lo que te digo… – Insistió el ángel y Blaine lo obedeció.
– Listo, habla… – Le exigió al llegar a su lugar y Kurt tomó aire.
– Blaine, tú… – Comenzó a decir pero la mirada del menor lo hizo sentir intimidado así que decidió dejar de verlo. – Tú… ¿Alguna vez escuchaste hablar a alguien sobre los ángeles?
– Sí… – Respondió Blaine cuidadosamente.
– ¿Escuchaste que todos los seres humanos tienen un ángel de la guarda? – Preguntó.
– Ajá pero no entiendo qué tiene que ver… – Comenzó a decir el ojimiel un tanto confundido pero Kurt no lo dejó terminar.
– Blaine, tú… Tú tienes un ángel de la guarda… – Continuó el más alto y una sonrisa se dibujó en el rostro del moreno.
– Sí y también tengo un elfo de la suerte bajo mi cama… – Bromeó el joven hasta que escuchó la respuesta del mayor.
– ¡No te atrevas a comparar a esas cosas con los ángeles!
– ¿Lo siento? – Se encontró diciendo, ¿de verdad se estaba disculpando?
– Blaine, los ángeles son tan reales como tú y tus padres… – Le dijo Kurt seriamente y él rodó los ojos antes de soltar un largo suspiro.
– Está bien, respeto tus creencias pero no entiendo qué tiene que ver todo esto contigo…
– ¿De verdad no lo entiendes? – Preguntó el ángel como si fuera lo más obvio del mundo.
– No…
– Blaine, yo soy tu ángel de la guarda… – Dijo Kurt finalmente y cerró los ojos al pensar en todas las reacciones que podría tener su custodiado, pero de todas jamás imaginó que el pequeño Anderson se echara a reír como si nada. – ¡No te rías! – Lo regañó.
– Lo siento, lo siento pero en verdad me hiciste reír y hace mucho que no lo hacía. – Dijo Blaine limpiándose una lágrima que había salido de su ojo izquierdo.
– Lo sé, desde que Matt murió… – Dijo Kurt seriamente y la expresión del joven cambió drásticamente.
– ¿Quién te dijo eso? – Preguntó casi molesto.
– Ya te lo dije, soy tu ángel guardián y sé ese tipo de cosas… – Insistió el castaño y el menor comenzó a mover la cabeza de un lado a otro.
– No, no es cierto. Pruébame que eres un ángel, vuela o haz algo para que te crea… – Exigió Blaine tan seguro que a Kurt no le pareció una mala idea.
– No creo que sea buena idea eso de volar aquí pero puedo hacer otra cosa… – Dijo mirando a su alrededor y de pronto fijó su mirada en la del ojimiel.
– ¿Qué vas a…? – Comenzó a decir Blaine al sentir la penetrante mirada azul sobre él pero de pronto Kurt ya no estaba, ¿a dónde había ido? Un segundo, ¿se había IDO? – ¡OH, POR EL AMOR DE DIOS! T-tú… ¿Co-cómo fue qu-que desapareciste? – Gritó exaltado en cuanto vio aparecer al castaño un metro más cerca de él y sintió que una parte de él abandonaba su cuerpo.
– Pues verás, la verdad es que no quería hacerlo porque… – Comenzó a decir el ángel pero se detuvo al ver que su custodiado estaba palideciendo. – ¿Blaine, estás bien? – Tuvo que preguntar al notar que el menor parecía realmente perdido. – ¡BLAINE! – Gritó finalmente cuando vio al joven Anderson perder la compostura y caer desmayado en su cama, por suerte.
Tal vez no había sido muy inteligente de su parte quedarse a platicar con el mortal o incluso decirle que era su ángel de la guarda, pero… ¿A quién rayos se le ocurriría desaparecer frente a un ser humano? En ese momento Kurt estaba implorando porque no le hubiera pasado nada grave a Blaine, de lo contrario no sabía qué explicaciones le iba a entregar al Señor una vez que regresara al cielo.
¡Hola! Un capítulo más, por fin... ¡Gracias por todo y hasta pronto!
