Capítulo 6
– Blaine, despierta por favor… – Rogaba el castaño mientras observaba la respiración irregular del joven que tenía recostado sobre la cama de Dalton que le habían asignado horas atrás. – Sabía que no debía hacerte caso… – Decía el ángel mientras se recriminaba por haber hecho semejante locura, ¿a quién se le ocurría desaparecer como si nada frente a un mortal? Si el señor se enteraba seguro lo destituía de su cargo y quién sabe qué más podría hacerle si el chico no reaccionaba. Pero para su suerte, el joven comenzaba a mostrar señales de vida poco a poco.
– ¿Enfermera? Tuve un sueño muy extraño en el que… – Comenzó a balbucear el menor mientras se reincorporaba.
– ¿Hola? – Lo saludó Kurt tímidamente.
– ¡Tú otra vez! – Gritó exaltado Blaine al darse cuenta de que no había sido un sueño o una alucinación lo que había pasado.
– Eh, tal vez yo debería irme… – Comenzó a decir el ojiazul aparentando ser lo más normal posible mientras caminaba hacia la puerta pero la voz de su custodiado no lo dejó seguir con su camino.
– ¡No! ¡No te irás hasta que me expliques cuál fue el truco!
– ¿De qué hablas? – Preguntó fingiendo amnesia.
– ¡No intentes engañarme! Dime qué hiciste para desaparecer como lo hiciste… – Le exigió el chico mirándolo a los ojos y el mayor sólo pudo soltar un suspiro cansado.
– No hay truco Blaine… – Dijo finalmente.
– Es que no, no es posible...
– ¿Qué puedo decir? Ya lo viste, si no lo crees… – Siguió Kurt un tanto cansado.
– Pero… ¿Por qué? ¿Por qué puedo verte? – Preguntó confundido Blaine.
– Eso es curioso, en realidad es un descuido mío… – Respondió el ángel algo apenado.
– ¿Un descuido?
– Sí, tú no deberías verme. Yo debo protegerte y hacerte sentir mejor pero no debería dejar que sepas de mi existencia. – Intentó explicar.
– ¿Por qué? – Insistió el mortal.
– Porque la gente podría tomarte por un loco o qué sé yo. Además, no quiero ni imaginar lo que el Señor podría hacerme si… – Comenzó a decir el castaño pero dejó de hablar al ver la expresión de Blaine.
– ¿El Señor es malo?
– ¡NO! Me refiero a que puede removerme de mi cargo y no cumpliría mi misión… – Aclaró inmediatamente y el gesto del menor se relajó.
– ¿Y cuál es tu misión?
– ¿Justo ahora? Procurar tu bienestar y parece que no lo estoy haciendo bien. Tengo que aprender a controlar mis poderes o sino… – Intentó explicar pero se detuvo en cuanto Blaine se sentó en la cama lentamente. – ¿Blaine? ¿Te encuentras bien? – Le preguntó preocupado mientras caminaba hacia su lado pero no obtuvo respuesta hasta después de un rato.
– Te creo Kurt…
– Yo no pregunté… Espera, ¿lo haces? – Dijo confundido.
– Si, algo me dice que es verdad todo esto y aunque parece muy loco, he decidido creerte. – Le informó el ojimiel y al ver su cara de preocupación le dio una dulce sonrisa. – Y quita esa cara, no lo estás haciendo tan mal. Te aseguro que estoy bien…
– Gracias Blaine, eres un gran chico… – Contestó el ángel un poco más tranquilo mientras se perdía en la mirada del menor hasta que un escalofrío lo hizo regresar a la realidad. – Y apelando a tu buen juicio, creo que comprenderás que debo irme porque si se enteran que vine a la Tierra… – Dijo desviando la mirada y Blaine soltó un suspiro sin saber bien el por qué.
– Está bien, ve y te veo más tarde…
– Gracias Blaine y recuerda que aunque no me veas, siempre estoy contigo… – Le recordó el castaño y el chico sonrió.
– Es bueno saberlo… – Dijo tranquilamente y en cuanto Kurt desapareció el joven se desplomó en su cama.
Lo que acababa de pasar, ¿realmente acababa de pasar? ¡Dios! Un segundo, ¿Dios? ¿A caso ese Dios quería decirle algo a Blaine? Sí, estaba perdido. Para que Blaine Anderson estuviera pensando en Dios, seguramente había sufrido alguna especie de traumatismo cerebral porque sus padres jamás lo habían educado en ese sentido. Para ellos cada una de las personas construía su propio camino y ninguna fuerza misteriosa o algún Dios les ayudaba en esa encomienda.
Por lo tanto, si no existía Dios tampoco existían los seres como Kurt pero, ¿por qué Blaine quería creer que así era? ¿Qué había en ese chico que le llamaba la atención? La verdad es que no tenía ni la más remota idea pero se sentía bien al estar junto a él, el ojiazul le transmitía una paz que no había sentido jamás y sin duda, esa paz era algo que quería conservar. Sobre todo ahora que tenía que iniciar de cero en una escuela que no conocía, con chicos cuyo carácter ignoraba y con todas esas materias extras que seguramente le complicarían un poco la vida.
Sin más, el joven comenzó a recoger sus cosas y salió de su habitación para iniciar su día en Dalton mientras que en ese mismo momento, su ángel guardián se disponía a llegar a su puesto de trabajo. – ¿Otra vez en la Tierra? – Dijo una voz en cuanto el castaño llegó a su destino.
– Eh…
– ¿Qué situación especial fue esta vez Kurt? – Se atrevió a preguntar el ángel que estaba con los brazos cruzados esperando al ojiazul.
– No quiero ser grosero pero no es de tu incumbencia Elliot… – Respondió el susodicho.
– No finjas Kurt, esas situaciones no son tan especiales como dices y creo que alguien debe recordarte las reglas. Si el Señor se entera… – Siguió diciendo el chico de ojos color marrón pero el ángel guardián no lo dejó continuar.
– No tiene por qué hacerlo. – Comentó seriamente.
– No tientes a la suerte Kurt…
– ¿Me estas amenazando? – Preguntó Kurt casi ofendido.
– ¡Claro que no! Soy un ángel, ¿recuerdas? Lo único que estoy diciendo es que no me gustaría que el Señor te mandara a otra misión lejos de aquí… – Le explicó el otro.
– Entiendo que son buenas tus intenciones Elliot pero suenas como el novio celoso de Kurt… – Intervino una tercera voz y ambos voltearon a ver al recién llegado.
– ¿Jeff?
– Te estuve cubriendo mientras estabas fuera amigo, el Señor no se ha enterado de nada… – Informó el rubio.
– Gracias, gracias, ¡gracias! Voy a deberte una… – Dijo el castaño a su amigo y éste lo abrazó.
– No era mi intención sonar de esa forma, lamento si te incomodé Kurt… – Se disculpó Elliot y los tres recordaron que eran amigos.
– No te preocupes Elliot, entiendo que quieres protegerme al igual que Jeff y te lo agradezco mucho… – Respondió el castaño un poco más tranquilo.
– Sólo cuídate Kurt, nos vemos después… – Dijo con un tanto de pesar en la voz antes de esfumarse pero solamente Jeff pareció notarlo.
– Creo que le sigues gustando amigo…
– ¿De qué hablas? Yo no le gusto a Elliot, él sabe que sólo somos amigos… – Se defendió el ángel guardián.
– Aunque si fueran algo más no tendría nada de malo, ¿verdad Jeff? – Dijo seriamente otra voz y los dos se sorprendieron al ver aparecer al Señor detrás de ellos.
– Sí, Señor. No tendría nada de malo… – Respondió Jeff sabiendo que pudo haber estado a punto de meter la pata.
– ¿Cómo han estado chicos? Hace mucho que no los veía juntos… – Comentó el hombre con una sonrisa.
– Bien y ya que lo menciona, yo solo venía a preguntarle algo a Kurt pero ahora que ya sé la respuesta debo irme… – Decidió decir el rubio.
– Está bien Jeff, ve a seguir con tus tareas…
– Si, adiós Kurt… – Soltó el ángel antes de que su amigo pudiera decir algo y desapareció.
– Es un buen chico, ¿no lo cree? – Le comentó el castaño al Señor y él sonrió.
– Por supuesto, es de mis mejores ángeles… – Le aseguró. – Al igual que tú…
– Gracias Señor… – Contestó el castaño.
– Cuéntame Kurt, ¿cómo te está yendo con Blaine? ¿Ya descubriste tu poder? – Le preguntó el hombre mientras se acomodaba en una nube.
– Eh… Creo que vamos bien a pesar de que su papá se empeña en complicarle la vida y…
– No has descubierto tu poder, ¿cierto? – Dijo el Señor un tanto divertido al adivinar las palabras del ángel.
– No Señor… – Confesó el ojiazul..
– Tú tienes la capacidad de sanar a tu custodiado Kurt pero tienes que ser muy cuidadoso… – Le explicó el hombre tranquilamente.
– Ahora entiendo… – Dijo Kurt al recordar que la mano de Blaine se había sanado ante su toque. – Disculpe, ¿a qué se refiere con que debo ser cuidadoso? – Quiso saber.
– A que no tienes que utilizar tu poder sin medidas. Puedes usarlo siempre y cuando sea una urgencia, y de preferencia cuando los humanos no puedan hacer nada al respecto. – Respondió el Señor.
– Entiendo…
– Me alegra que lo hagas, y Kurt… – Lo llamó el hombre mientras se levantaba para seguir su camino.
– ¿Si?
– Sigue haciendo tu trabajo como hasta ahora, Blaine se ve muy feliz a pesar de lo que le está pasando… – Dijo con una sonrisa y el castaño se la devolvió.
– Así lo haré Señor… – Contestó muy seguro de sí mismo y el Señor lo miró a los ojos fijamente.
– Por cierto, estas dos semanas tengo algo importante que hacer en la Tierra así que nadie puede bajar desde esta noche hasta que yo no regrese. Si ves a los demás pasa el mensaje, ¿quieres?
– Cl-claro Señor… – Respondió Kurt un tanto nervioso al recordar las palabras de Blaine: Está bien, ve y te veo más tarde… ¿Cómo le haría para comunicarse con su custodiado desde ahí arriba?
– Nos vemos pronto Kurt. – Dijo antes de desaparecer frente a los ojos del ángel y a éste no le quedó de otra más que resignarse a no bajar a la Tierra en un tiempo.
– Sí Señor, pronto… – Fue lo único que pudo decir ante la ausencia del hombre y sin dudarlo se asomó para ver cómo le estaba yendo a su custodiado.
La verdad era que no tenía nada de qué preocuparse porque en esa escuela Blaine estaba completamente a salvo y en pocos días estaría más que adaptado a sus nuevos compañeros. De hecho, esa mañana en sus primeras clases había conocido a Thad y a David, dos chicos que sin duda serían de los mejores amigos del ojimiel una vez que se conocieran más. Además, ambos estaban en los Warblers y lo estaban animando para que realizara una prueba y así pasara más tiempo con ellos.
A la larga el moreno tomaría una decisión y les había prometido a sus nuevos amigos que consideraría la oferta, pero lo único que quería en aquel momento en el que terminaron sus clases era regresar a su habitación y contarle a Kurt sobre todo lo que le había pasado en el día con sus nuevos maestros. Ninguno lo había tratado mal ni le habían cargado la mano por ser el nuevo, al contrario, todos estaban dispuestos a ayudarlo y eso lo hacía sentir en el mismísimo cielo. Bueno no, porque sólo Kurt sabía lo que se sentía estar ahí.
Y hablando de su ángel guardián, el joven Anderson comenzó a llamarlo una vez que llegó a su habitación pero no había señales del castaño por ninguna parte. ¿Acaso había alucinado todo en la mañana? No, claro que no lo había hecho. Pero… ¿Dónde estaba Kurt que no respondía a su llamado? Blaine esperaba con todo su ser no estar volviéndose loco porque de ser así su madre lo había enviado al lugar equivocado.
¡Hola! Agradecimiento especial a Starcriiss que me motiva a seguir con esta historia, últimamente me las he visto difícil con la trama pero me alegra saber que está divirtiendo a alguien. ¡Gracias por leer y comentar! ;)
